AGRIPINA LA MAYOR.
LA MUJER QUE DESAFIÓ A UN EMPERADOR Y AL IMPERIO
Un texto de Marcos Uyá Esteban para Historia y Roma Antigua.
Trece
años después de que Octavio se convirtiera de manera triunfante en Augusto y en
el flamante primer emperador de Roma, y ésta dejara de ser una república para
convertirse en el imperio más importante de la Antigüedad, vino al mundo
Agripina la Mayor en Atenas, la cuarta hija de Julia la Mayor, hija de Augusto,
y de Marco Vipsanio Agripa, compañero de fatigas y batallas del citado Augusto,
y también experto en traer niños al mundo de una manera prodigiosa y asombrosa,
tantos, que ni siquiera las fuentes de la época, como la de Suetonio en su Vida
de los Doce Césares, o investigadores de renombre tales como Reinhold o Pollini se
ponen de acuerdo en el número de descendientes que tuvo y con quién.
Encadenada
a una sociedad patriarcal
No en
vano, para Agripa, era la tercera vez que contraía nupcias después de los
matrimonios fallidos con Cecilia Ática y Marcela la Mayor, sobrina de Augusto,
hasta que por orden del emperador finalmente casó con Julia. Como veis,
Augusto no solo ponía orden en la escena política, sino que también dirigía los
entresijos familiares y ordenaba casamientos a discreción, y en los que nadie
era capaz de cuestionar las decisiones que tomaba al respecto el también
llamado “primero entre iguales”, en las que entre ellas estaba la de fomentar
la natalidad fuese al precio que fuese.
La
infancia de nuestra protagonista no fue en exceso feliz. A los dos años murió
su padre y creció en una estricta familia en la que Augusto siempre estaba
pendiente de lo que las mujeres debían de hacer o no, debido a su excesivo celo
y control para que moralmente llevasen una vida intachable y no cayesen en las
garras del adulterio, cuyas leyes en contra eran bastante severas, incluyendo
destierros y desaprobación social.
 |
| Agripina llega a Italia con las cenizas de Germánico y su pequeño hijo Cayo( Calígula) |
En este contexto, Agripina, junto con su
hermana Julia la Menor, fueron educadas de manera estricta, aprendiendo cómo
ser una buena ama de casa y todas las materias asociadas a la vida doméstica,
en especial la de tejer lana, ya que Augusto vestía con prendas sólo hechas por las mujeres de su familia.
Tuvo que soportar como su hermana, y también su hermano, Agripa
Póstumo, que nació después de la muerte su padre, de ahí su sobrenombre, fueron
enviados al exilio. La primera, por tener una supuesta aventura amorosa con un
senador romano, lo que chocaba con la moralidad que predicaba Augusto, y el
segundo por conspirar contra el emperador, aunque existe la posibilidad de que
Livia, la esposa de Augusto, pensase que era un rival por el trono en contra de
su hijo Tiberio e interviniera para alejarlo de una posible sucesión. Por si
fuese poco, Agripina también hubo de soportar el exilio de su madre, que tuvo
relaciones con Julo Antonio, hombre de confianza de Augusto. Todo esto forjó
el carácter de Agripina, una mujer que, en el futuro,
demostraría que no estaría
bajo el dominio del paternalismo familiar que tanto pregonaba Augusto.
Su
idilio con Germánico
Con
apenas 18 años se casaría con Germánico, nieto de Livia y sobrino de Tiberio.
Augusto siempre tuvo ojitos para él, y llegó a considerarlo como su sucesor,
aunque finalmente adoptaría a Tiberio con la condición de que este tuviese a
Germánico como el siguiente heredero al trono imperial. Lo bueno de este
matrimonio, y algo nada común, es que ambos estaban enamorados, y fruto de esa
relación llegaron a tener hasta nueve hijos, de los cuales sólo seis llegaron a
la edad adulta, destacando Nerón César, que acabaría siendo desterrado por
traición, Agripina la Menor, futura esposa del emperador Claudio y madre de
Nerón, y el siempre controvertido Calígula que también llegaría al trono
imperial.
Germánico,
que estaba construyendo un brillante cursus honorum a través de sus campañas
militares,
como la de Panonia o ejerciendo el consulado en Roma, pasaba mucho
tiempo fuera del hogar, y Agripina, consciente de ello, tomó la drástica
decisión de acompañarlo, contando, todo hay que decirlo, con el permiso del
emperador Tiberio. Aún así, en la sociedad romana de la época y más tras las leyes de marcado carácter moral y tradicional de Augusto, era visto como algo impropio
para una mujer acompañar a su esposo al campo de batalla, ya que debía de estar
en el hogar al cuidado de los hijos y haciendo actividades domésticas. Esto le
granjeó simpatía y animadversión a partes iguales, pero gracias a su fuerte
carácter e independencia, se saltó los convencionalismos de la época y estuvo
siempre con su marido.
Dotes
de mando e inteligencia
De
hecho, la estancia en Germania de Agripina hace que podamos observar el
verdadero carácter de esta mujer adelantada a su tiempo. En aquel momento, Roma
clamaba venganza tras el desastre de Teutoburgo acaecido en el año 9 d. C., en donde
el infame Publio Quintilio Varo perdió para siempre tres legiones romanas.
Augusto murió en el año 14, y Tiberio, su sucesor, tardó en tomar el poder,
hecho que propició que algunas legiones se rebelasen tras conocer que Augusto,
antes de morir, había ampliado el servicio en el ejército romano de dieciséis a
veinte años. Germánico, entonces gobernador de la Galia, tuvo que poner orden
con éxito. En aquel momento, Agripina, teniendo en su regazo a Calígula con
apenas dos años y embarazada de Cayo, quiso seguir a su marido con vehemencia,
pero por seguridad fue enviada a la Galia Bélgica junto con los tréveros, si
bien Dion Casio, en su Historia Romana, cuenta que Agripina y Calígula
fueron cogidos como rehenes por parte de los soldados amotinados y liberaron a
Agripina por estar embarazada. Tras estos levantamientos, Germánico después
lanzaría una ofensiva contra las tribus germanas.

En
una de ellas se desencadenó la conocida batalla de los Puentes Largos, llamada
así porque décadas atrás había sido construida una calzada de tablones de
madera en un lugar pantanoso, ideal para emboscadas. En la mencionada batalla,
cuatro legiones dirigidas por Aulo Cecina Severo se enfrentaron a Arminio, el
héroe de Teutoburgo. Los romanos fueron emboscados pero lograron salvarse y
ganar la batalla. Es aquí donde Agripina entra en escena. Las cuatro legiones,
exhaustas, volvieron hacia el Rin, concretamente a Castra Vetera, y tenían que
atravesar el río, unido en ese momento sus dos extremos a través de un puente
de botes, que eran puentes militares en donde se alineaban pequeños botes en
paralelo y en ellos se ponían tablones de madera para crear un paso estable.
Sin embargo, corrió el rumor de que dichas legiones habían perdido la batalla y
el comandante romano de Vetera pensó que lo mejor era destruir el puente,
temiendo que Arminio lo usase. Según Tácito en sus Anales, Agripina se
opuso y esperó en la orilla pacientemente a que los romanos regresaran, en
donde los recibió junto con Calígula para repartir ropa y medicinas a los
extenuados y heridos soldados. Tácito cuenta que cuando llegó esta noticia al
emperador Tiberio, lo tomó casi como una ofensa, ya que consideraba que
Agripina tenía más autoridad y poder que los propios generales y legados
romanos, y eso en una mujer, estaba muy mal visto. Tácito también estaba de
acuerdo con esta postura.
Las
campañas en Germania acabaron con la victoria romana y la celebración de un
triunfo en la capital del imperio en honor a Germánico. Sin embargo, la
creciente popularidad del general y de su esposa, muy queridos por el pueblo,
no sentó nada bien a Tiberio, quién ordenó enviar a Germánico a Siria con la
supervisión de un hombre de confianza del emperador: Cneo Calpurnio Pisón,
acompañado de su esposa Munacia Plancina. Una vez allí, Agripina y Plancina no
se toleraron y esa incipiente enemistad también caló entre Germánico y Pisón.
Se cree, según Tácito, que Livia estuvo detrás de todo ello y que, a través de
Tiberio, envió expresamente a Plancina para que Agripina no volviese a ser de
nuevo protagonista como lo había sido en el Rin, y crear un cisma entre su
marido y Germánico.
Tras un recorrido por las provincias orientales para su
supervisión, Germánico enfermó tras su vuelta a Siria, y los rumores de
envenenamiento no tardaron en aparecer, siendo los principales sospechosos
Pisón y Plancina como Germánico señaló en su lecho de muerte. Sea como fuere,
ya que tampoco es descartable que muriese por disentería, pidió que vengaran su
muerte, algo que Agripina, consciente de lo que se jugaba, estaba dispuesta a
hacer a cualquier precio.
Envidiada
por Tiberio
El
regreso a Roma de Agripina con las cenizas de Germánico fue apoteósico. El
pueblo romano lloraba la muerte del general y Tiberio y Livia no acudieron al
funeral, avivando los rumores de que realmente el fallecimiento no fue de
manera natural. Agripina, compungida, desconsolada y deseosa de cumplir los
deseos de su difunto marido, instó a Tiberio a que Pisón y Plancina fueran
juzgados y condenados.

El emperador, si no quería levantar sospechas, no tuvo
más remedio que aceptar el juicio, y Pisón fue obligado finalmente a suicidarse
mientras que Plancina fue salvada por intervención de Livia, lo que desató de
nuevo los rumores de que la viuda de Augusto estaba detrás de todo el complot.
El juicio contra Pisón distorsionó por completo las relaciones entre Agripina y
Tiberio, que quedaron rotas para siempre, relaciones que ya venían
deterioradas, puesto que, justo tras la muerte de Augusto y la llegada de
Tiberio al trono, sucedieron las muertes de Julia la Mayor, su madre, y de su
hermano Agripa Póstumo, ambas en extrañas circunstancias y tal vez por órdenes
del propio Tiberio, aprovechando el vacío de poder dejado por su antecesor y
por estar resentido aún del matrimonio que tuvo con Julia, obligado por Augusto
a casarse con ella tras la muerte de Agripa.
En
efecto, los siguientes años fueron un auténtico suplicio para Agripina. La
desconfianza hacia el emperador no dejó de acrecentarse, más cuando el prefecto
del pretorio de aquel entonces, el infame Lucio Elio Sejano, intercedía para
que la relación entre ambos, si es que aún existía, cada vez fuera más
distante. De hecho, la nieta de Augusto, a pesar de que a veces acudía a los
banquetes oficiados por Tiberio, jamás probaba plato pensando en un posible
envenenamiento. En una ocasión, el mismo Tiberio le ofreció una manzana y
Agripina, sin probarla, se la dio a uno de sus esclavos. Tiberio se enfadó
profusamente, pero ella no confiaba en él. Sejano pudo estar detrás del complot
en confabulación con Tiberio con el objetivo de eliminar a Agripina.
 |
| Tiberio y Sejano en la serie Yo Claudio. |
Otro
episodio, recogido también por Tácito, que mostró la enorme distancia sideral
entre ambos, ocurrió cuando el propio emperador veneraba una estatua de
Augusto. Agripina, en un ataque de orgullo, lo tachó de hipócrita, ya que le
ofendía que le ofreciera sus respetos pero a la vez, siendo ella la única
descendiente directa de Augusto viva, le hiciera la vida imposible. Tiberio, en
un momento de lucidez, le contestó, según Suetonio, a través de un verso griego
la siguiente frase: “si no reinas, ¿te das por ofendida?”. Había un trasfondo
en todo ello, la lucha por la sucesión imperial. Agripina intentó que su hijo
Nerón César (no confundirlo con el emperador Nerón) fuera nombrado sucesor, pero
entre que Sejano se lo impedía y había otro candidato, Druso Gemelo, nieto de
Tiberio, y por tanto, descendiente directo, era muy difícil tal apuesta.
Si
te opones, te destierro
Y
llegó el fatal desenlace para Agripina en el año 29. Tiberio, junto con Sejano,
acusaron a ella y su hijo Nerón César, a través de varias cartas, como
traidores ante el Estado romano, con el agravante de que además a Nerón lo
tacharon de homosexual, pero el Senado rechazó tales cargos y el emperador,
movido por la ira y la envidia, reclamó el juicio para sí mismo, y ambos
acabaron condenados al exilio en la isla de Pandataria, el mismo lugar en donde
su madre Julia la Menor y Agripa Póstumo pasaron sus últimos días.
Pandataria, rodeada de aguas turquesas, dentro del
archipiélago de las islas Pontinas, situada en el mar Tirreno y cerca de la
región de Campania. Un lugar paradisíaco en teoría, pero convertido en una
cárcel al aire libre sin salida.
 |
| Agripina, interpretada por Fiona Walker en Yo Claudio |
Allí,
Agripina siguió mostrando su gran carácter y firmeza. Escribía cartas a Tiberio
reprochando su infame comportamiento y eso le valió que el emperador mandase
azotarla y perdiera un ojo a manos de un centurión. Como protesta quiso dejarse
morir de hambre, pero fue alimentada a la fuerza, aunque finalmente logró
alcanzar su propósito. Su hijo Nerón César también murió de hambre, mientras
que otro de sus hijos, Druso César, posteriormente también acusado de traición
por Tiberio, murió de la misma manera encerrado en la cueva del monte Palatino,
aunque se cuenta que para intentar sobrevivir, según Suetonio, intentó comerse
las plumas de su colchón.
Y así
acabó la vida de esta increíble mujer valiente, independiente, culta y
decidida, muy querida por el pueblo romano pero desgraciada ante los ojos de
quién mandaba, el emperador, encarnado en las figuras de Augusto y Tiberio.
Giovanni Boccacio en el siglo XIV en su obra De mulieribus claris y Robert
Graves en la archiconocida novela adapatada a la televisión Yo, Claudio,
nos dejaron el legado de esta mujer fascinante, fiel a la dinastía creada por
Augusto, pero con una determinación ciega a la hora de intentar que su esposo
Germánico, primero, y su hijo Nerón César, después, llegaran a ser emperadores.
No lo consiguió, pero dejó su huella en la historia como una de las mujeres que
pervivieron en la memoria de un pueblo, el romano, que tanto la amaba y la
quería.
OTROS ARTÍCULOS DE MARCOS UYÁ ESTEBAN
LA DESCENDENCIA DE MARCO AURELIO Y FAUSTINA MENOR. UNA CUESTIÓN PARA RESOLVER
HISTORIA DE LOS PICTOS
CAYO APULEYO DIOCLES, LA LEYENDA DEL AURIGA HISPANO QUE CONQUISTÓ ROMA
OBRA DEL AUTOR