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lunes, 11 de julio de 2022

TURISMO EN EL IMPERIO ROMANO

Texto de Fernando Lillo Redonet, doctor en Filología Clásica, catedrático de Instituto y autor de Hotel Roma. Turismo en el imperio romano (Confluencias, 2022)

Es evidente que el turismo de masas es un invento del siglo XX, pero en el Imperio romano existían desplazamientos que hoy podríamos calificar de turísticos. Los romanos viajaban, entre otras cosas, para descansar, para conocer destinos culturales, visitar reliquias y santuarios, recobrar la salud o acudir a eventos deportivos. Ciertamente las clases más acomodadas eran las que tenían más tiempo y posibilidades para ello. Sin embargo, tenemos testimonios de gente corriente que también se desplazaba y dejaba constancia de ello en inscripciones y grafitis. 

Columna y basílica del Foro de Trajano, uno de los espacios más fastuosos de la Roma imperial.

La Roma imperial era un hervidero de personas procedentes de todas partes animadas por diversas motivaciones. Una de ellas podía ser contemplar sus maravillas. Tal como el turista moderno queda extasiado ante la grandeza del Panteón, el enorme tamaño del Coliseo y del estadio de Domiciano (hoy Piazza Navona), el visitante antiguo admiraba estos lugares que entonces lucían en todo su esplendor. El foro de Trajano, del que conservamos su famosa columna y restos de su basílica, era uno de los lugares más bellos de la urbe en el siglo IV d. C. con una estatua ecuestre de Trajano que causaba admiración en el centro de la plaza. Pero Roma era también un lugar para abandonar cuando apretaba el calor o se quería reposar tranquilo lejos del tráfico, los ruidos y los malos olores de una urbe masificada. Los que podían se retiraban a una villa de recreo en las cercanías, buscando el fresco y el silencio. Los menos pudientes también poseían pequeñas fincas más modestas. 

Para los más viajeros existían paraísos cercanos como el golfo de Nápoles, que podríamos considerar la Costa Azul de los romanos. Allí se emplazaban lujosas villas, establecimientos balnearios de aguas salutíferas y lagos para paseos en barca que hacían las delicias de los visitantes y eran el blanco de las críticas de los moralistas. Como souvenir de tan hermoso lugar los más ricos se llevaban botellas de cristal que contenían grabados con las vistas de los atractivos de la zona. Más al sur Sicilia tenía no solo atractivos culturales, sino también naturales. A la belleza de Siracusa con sus misteriosas latomías, una cantera convertida en cárcel que aún hoy es objeto de visita, o la fuente Aretusa, un manantial de agua dulce que se decía corría bajo el mar desde Grecia, se añadía la visita al volcán Etna y a los lagos Palicos, dos géiseres de los que todavía nos queda uno. 

Grecia era un destino cultural de primer orden. Los aristócratas romanos que podían permitírselo ampliaban allí sus estudios con los mejores maestros de retóricas como hicieron Cicerón y Julio César. El general Paulo Emilio en el 168 a. C. realizó una visita política y cultural que constituye un verdadero tour: Atenas, Delfos, Corinto, Olimpia…

Templo de Lindos en la isla de Rodas que fue en la Antigüedad un verdadero museo de reliquias mitológicas.

Todavía más lejos, Egipto constituía el destino exótico por excelencia con grandes atractivos turísticos que se ofrecían al visitante ilustre y a la gente corriente. Usualmente se comenzaba por Alejandría, con su puerto muy bien comunicado con Roma y el famoso faro, una de las siete maravillas del mundo. Luego se bajaba hasta las pirámides y la esfinge donde los turistas dejaban inscripciones y grafitis como memoria de su paso. No faltaban los espectáculos para turistas como el ofrecido en las pirámides por gente de una población cercana que subía por ellas hasta la cima con gran habilidad o el cocodrilo sagrado de Cocodrilópolis al que se le ofrecían dulces, vino y frutas. Los famosos Colosos de Memnón era visitados por los turistas romanos, sobre todo uno de ellos, el situado al norte, porque se creía que era la estatua de Memnón, hijo de la Aurora. El atractivo del lugar era que al amanecer se podía escuchar la voz de Memnón. La estatua emitía un sonido extraño producido por la dilatación por el calor o por el viento entre las rendijas. Si uno lo oía, dejaba constancia escrita de ello en inscripciones que todavía pueden verse en los pies y piernas del coloso. El propio emperador Adriano acudió al lugar y no solo escucho la voz de Memnón, sino que lo hizo tres veces. En la actualidad se visitan las tumbas del Valle de los Reyes. También se hacía con algunas en la Antigüedad e incluso una se creía que era la del legendario Memnón. Les llamaban “siringes”, galerías, por su forma, y los turistas, acompañados por un guía a la luz de las antorchas, escuchaban extasiados las explicaciones sobre las pinturas y los misteriosos jeroglíficos. Luego algunos dejaban en las paredes expresiones de admiración sobre la maravilla que habían visto. Como última etapa, la isla de File, sede de un santuario de Isis, era un destino frecuentado por peregrinos que iban en busca de buena suerte, salud, riqueza y larga vida. 

Uno de los Colosos de Memnón identificado en la Antigüedad              
 con el personaje mitológico del mismo nombre.

El turismo cultural incluía la visita a reliquias mitológicas que estaban custodiadas en los templos, verdaderos museos de la época. En Sición, cerca de Corinto, el templo de Apolo albergaba la tela de Penélope y la clámide y coraza de Ulises, entre otros tesoros. En Lindos (Rodas) el templo de Atenea custodiaba los brazaletes de Helena de Troya y armas de Hércules. Un templo de Metaponto tenía las herramientas con las que Epeo había construido el caballo de Troya. 

Con la llegada del cristianismo comenzaron las peregrinaciones, bien a Roma para visitar las basílicas de san Pedro y san Pablo y los restos de los primeros mártires, bien a Tierra Santa para visitar los Santos Lugares. En el último caso tenemos el precioso testimonio de Egeria, una mujer del siglo IV d. C., que dejó escrito su viaje, el primero que tenemos de manos de una mujer, mostrando las hondas impresiones que le causaban los lugares y paisajes. 

   El proceso de curación por “incubación”.
Relieve del santuario de Anfiarao en Oropo.
Museo Arqueológico de Atenas
Además del turismo cultural, abundaba el de salud. Los santuarios de aguas salutíferas estaban llenos de peregrinos que buscaban recuperarse. Al final, si lo conseguían, dejaban un exvoto o un ara que certificara que las divinidades asociadas a las aguas habían sido propicias. Los santuarios de Asclepio (Esculapio), dios de la medicina, como los de Epidauro, Cos o Pérgamo acogían a multitud de personas, a veces venidas de lugares muy lejanos. Los peregrinos dormían en un pórtico y el dios se les aparecía en sueños curándolos o dictándoles un remedio. Algunos, como el de Pérgamo, eran verdaderos complejos de salud incluyendo una biblioteca, un teatro, templos, fuentes y edificios para técnicas curativas. También aquí un   exvoto era la prueba de la salud recuperada y había también inscripciones que contaban historias de los “milagros” ocurridos en ellos. En Epidauro a un hombre calvo le había crecido el pelo tras dormir en el santuario porque el dios le había frotado la cabeza con un ungüento; otro, que era de naturaleza débil, se había curado y como prueba había transportado una gran piedra hasta el santuario que todos podían contemplar in situ.

Por último, el turismo deportivo era un fenómeno ya conocido en la Antigüedad. Infinidad de gente acudía al santuario de Olimpia para contemplar cada cuatro años los Juegos Olímpicos y también había muchos fans que se desplazaban para ver juegos de gladiadores en las localidades vecinas.

Fuera rico o del montón, el turista romano tenía muchos motivos para viajar y volver distinto a su lugar de origen. Y como puede deducirse de lo expuesto, estas motivaciones siguen en gran medida presentes en nuestro tiempo con algunos cambios. No hay duda de que seguimos siendo muy romanos en nuestros gustos turísticos. 

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jueves, 7 de julio de 2022

"LOS ANTIGUOS ESLAVOS". LOS GRANDES DESCONOCIDOS DE LA HISTORIA EUROPEA. BREVE RESEÑA.


Los eslavos son el pueblo más numeroso de Europa en el presente y sin embargo su historia es  desconocida en Occidente, especialmente su historia antigua. Es por ello que obras como "Los antiguos eslavos" de la profesora Susana Torres Prieto publicado por la editorial Síntesis en su colección "Temas de Historia Antigua" adquieran una importancia especial al darnos a conocer el pasado de este pueblo que dio lugar, con el paso de los siglos al nacimiento de muchos de los países que componen el mosaico europeo. 

En la obra se nos tratan de explicar las diferencias culturales, políticas y religiosas entre Europa Oriental y Occidental y de la aportación de los eslavos a la historia europea en la Edad Media, acabando por construir un mundo mucho más próximo al occidental del que podríamos imaginar.

No son fuentes lo que nos falta sobre los eslavos, estas son numerosas y de procedencia variada por ejemplo las bizantinas como Procopio que escribió que los eslavos "pelean a pie, avanzando sobre el enemigo, llevando en sus manos pequeños escudos y lanzas, pero nunca llevan armadura". El Strategikon dice que los eslavos “Están armados con lanzas cortas, cada uno lleva dos, uno de ellos con un gran escudo”.

El armamento de los primeros eslavos consistía en tres jabalinas o lanzas cortas, y también algún cuchillo o un hacha, ondas y arcos similares a las utilizadas por los nómadas de la estepa.Con el paso del tiempo en su avance hacia el oeste evolucionan y ya durante los siglos VI y VII y cada guerrero lleva a la batalla su propio escudo, espadas y las primeras protecciones, en muchos casos capturadas a sus rivales..



Procopio escribió que los eslavos «pelean a pie, avanzando sobre el enemigo, llevando en sus manos pequeños escudos y lanzas, pero nunca llevan armadura«. El Strategikon dice que los eslavos “Están armados con lanzas cortas, cada uno lleva dos, uno de ellos con un gran escudo”.





Ahora hablemos de la autora: Susana Torres Prieto, ha desarrollado su carrera académica como docente e investigadora en la áreas de Estudios Medievales y Eslavos. Es especialista en la literatura y cultura de Rusia desde la Edad media hasta nuestros días, así como en los medios y contextos de transmisión del conocimiento. Ha sido profesora en diferentes universidades españolas y extranjeras y, miembro de varios equipos de investigación internacionales y directora del suyo propio, es en la actualidad Investigadora de la Cátedra de Management Fundación Bancaria ‘La Caixa’. Es asimismo miembro de varias sociedades científicas internacionales.

La obra comienza con las primeras noticias que las fuentes que el imperio romano nos ofrece sobre los eslavos en el siglo VI, aunque no serán ni mucho menos las únicas. También se tratan las francas y carolinas, las del clero alemán, las que dan los viajeros árabes, la evidencia lingüística y la arqueológica, etc. Es en este aspecto una obra de fuertes y sólidos pilares académicos pero que no pierde la amenidad en la narración, siendo accesible para casi todos los públicos.

La obra hace un barrido histórico muy completo abarcando desde su llagada desde el Este y sus relaciones con Constantinopla. Nos habla de los primeros estados eslavos, de su relación con los ávaros, de la Confederación del Samo, de la gran Moravia, del primer Imperio Búlgaro, de los enclaves de los rus, del paso del paganismo al cristianismo, de como les afectó la llegada de los nuevos invasores desde el Este: la Horda de Oro primero y los otomanos, después, de los países, etc

Me ha gustado especialmente, y esto no es una cosa corriente que se pueda ver mucho en los ensayos históricos, la inserción de algunos textos traducidos de esas fuentes, antes mencionadas, al final de la obra. Su lectura permitirá al lector curioso llegar a sus propias conclusiones sobre numerosos aspectos y detalles con ellos relacionados.

 Para concluir no nos queda más que recomendar "Los antiguos eslavos" como un libro imprescindible y muy valioso que nos permite dedicar una tranquila mirada a un pueblo que compone hoy más de la mitad de la Unión Europea y que apenas conocemos y que viene a cubrir las carencias que sobre este pueblo existen en la bibliografía en castellano.

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martes, 5 de julio de 2022

LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO DEL 79 TUVO LUGAR EN OCTUBRE. NUEVA CONFIRMACIÓN

 La erupción de Vesubio del 79 d.C. tuvo lugar en octubre

Un texto de Maribel Velasco.

Se confirma que la terrible erupción del Vesubio del 79 d.C. no se produjo entre el 24 y el 25 de agosto, como se pensaba, sino entre el 24 y el 25 de octubre. Así lo indica la investigación multidisciplinar e internacional liderada por Italia y que se ha publicado en la revista Earth-Science Reviews. 

 


El trabajo examina diferentes aspectos de la erupción del 79 d.C., integrando datos históricos, estratigráficos, sedimentológicos, petrológicos, geofísicos, paleoclimáticos y de modelado de los procesos magmáticos y eruptivos de uno de los sucesos más famosos y devastadores que han afectado la zona volcánica. El artículo parte de la redefinición de la fecha de la erupción, que habría ocurrido en el otoño del 79 d.C. y no el 24 agosto, como se suponía en el pasado, y continúa con el análisis vulcanológico de sitios cercanos al volcán y luego progresivamente trasladados hasta miles de kilómetros de distancia, donde se encontraron rastros de la erupción en forma de finas cenizas.

 


Distribución de la ceniza en el Mediterráneo durante la erupción del 79 d.C.

El estudio "La erupción del Vesubio en el año 79 EC: una lección del pasado y la necesidad de un enfoque multidisciplinar para el desarrollo de la vulcanología” fue realizado por el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (Ingv) en colaboración con el Instituto de Geología Ambiental y Geoingeniería del Consejo Nacional de Investigaciones (Igag-Cnr), el Centro Interdepartamental para el Estudio de los Efectos del Cambio Climático (Cirsec) y el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Pisa, el Laboratoire Magmas et Volcans de Clermont-Ferrand (Lmv) en Francia y la Escuela de Ingeniería y Ciencias Físicas (Eps) de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo en el Reino Unido. La investigación se realizó en el contexto del proyecto de investigación 'Pianeta Dinamico' financiado por el Ingv.

Tras casi 2.000 años, las investigaciones de campo, análisis de laboratorio y relectura de fuentes históricas han permitido establecer que la erupción se produjo en 8 fases y reconstruirlas. La primera, por ejemplo, muy violenta, levantó una columna de hasta 8 kilómetros de altura que esparció el material piroclástico en zonas cercanas. Las cenizas cayeron hasta Grecia y la caldera, al colapsar, generó otros fenómenos como el desplazamiento de flujos piroclásticos de alta densidad y coladas de fango volcánico.

La reconstrucción, la más detallada hasta ahora, abre el camino a nuevos frentes de investigación sobre eventos similares. 


Desde el siglo XIII, la fecha del 24 de agosto ha sido objeto de debate entre historiadores, y posteriormente también entre arqueólogos y geólogos, pero resulta inconsistente por muchas evidencias. Por ejemplo, quedaban como interrogantes los hallazgos de frutos típicamente otoñales, las gruesas túnicas que vestían los habitantes o el vino almacenado ya en las dolia (tinajas) que no concordaban con la fecha del 24-25 de agosto. La pista más importante sobre la inexactitud de la fecha surgió en 2018 con el descubrimiento de una inscripción en el muro del atrio de la llamada “Casa con Jardín” de Pompeya, durante las excavaciones que se realizaban en la Regio V, en donde se lee: XVI (ante) K(alendas) Nov(embres) in[d]ulsit pro masumis esurit[ioni], “el decimosexto día antes de las calendas de noviembre se entregó una gran cantidad de comida”. La escritura realizada a carboncillo, frágil y evanescente, no hubiera podido durar mucho tiempo, lo que indica que fue hecha unos días antes de la erupción y que esta, ciertamente, ocurrió después del 17 de octubre.

 

Grafito en la pared de la Casa con Jardín.         

La teoría de la erupción del 24 de agosto proviene del único relato de un testigo ocular del suceso, descrito por Plinio el Joven en dos cartas a Tácito muchos años después. El escritor romano, entonces de 17 años, observó la erupción a unos 30 kilómetros en el cabo Miseno, al otro lado del golfo de Nápoles. En una de las cartas, Plinio el Joven especificó la fecha de la erupción, pero lo hizo "a la romana": Non[um] Kal[endas] septembres, "nueve días antes de las calendas de septiembre". Por "calendas" se entendía el primer día de cada mes en el calendario romano, por tanto, las calendas de septiembre eran el 1 de septiembre, y retrocediendo nueve días llegamos efectivamente al 24 de agosto. Es preciso tener en cuenta que los romanos contaban todos los días, tanto el inicial como el final.

Las cartas originales de Plinio el Joven no se conservan, solo sus copias realizadas durante la Edad Media por amanuenses y que hoy se guardan en algunas bibliotecas, como la vaticana, donde en el folio 87 del códice Laurenciano Mediceo, de 1498, se lee, precisamente, la fecha del 24 de agosto. En la quietud de los monasterios, durante generaciones, los monjes transcribían a mano innumerables obras de autores antiguos, salvando así un patrimonio extraordinario a lo largo de los siglos. Pero, como es natural, en ocasiones cometían errores de transcripción. 

La Biblioteca Girolamini de Nápoles alberga cerca de 170.00 obras, entre las que se encuentran numerosos manuscritos, 120 incunables, 5.000 cinquecentinas y unas 6.500 composiciones musicales del siglo XIV al XIX. Entre todos esos volúmenes antiguos, hay uno realmente hermoso, el códice Oratorianus, que data de 1501. En él también se pueden leer las palabras de Plinio el Joven en otra copia, pero… la fecha es diferente. No se mencionan las calendas de septiembre, ¡sino las calendas de noviembre! El texto es claro: … Kl. Nove(m)bris… 

¿Qué había pasado? Pues que se hicieron copias de las copias e, indudablemente, con el tiempo se irían añadiendo errores aleatorios en los textos, a veces incluso en la fecha de la erupción. De hecho, existen hasta tres grandes familias de copias. De los ejemplares de los que se disponían, los estudiosos confiaron en el más antiguo, que teóricamente estaría libre de errores. Por eso, durante generaciones y siglos se ha considerado válida la fecha del 24 al 25 de agosto como la de la erupción, y escuelas enteras de eruditos la han tomado como referencia. Pero, evidentemente, ya era el resultado de un error de los escribas con respecto a la fecha original indicada por Plinio el Joven.


Fuentes:

I tre giorni di Pompei. Angela Alberto (2016)

rainews.it

ansa.it

ilfattostorico.com

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domingo, 3 de julio de 2022

LA BARBA EN LA ANTIGUA ROMA. MUCHO MÁS QUE UNA OPCIÓN ESTÉTICA.

Una colaboración de Iván La Cioppa

En el imaginario colectivo, siempre imaginamos al antiguo romano con el pelo corto y el rostro afeitado. Bueno, pues no fue siempre así. Al principio, durante la época más antigua, los romanos portaban una barba de longitud mediana, al estilo etrusco, según confirman varias fuentes.

Varrón, en su «De re rustica» (II, 11, 10), hace referencia a estatuas masculinas de largas barbas que denotan la antigüedad de las obras.

Tito Livio nos cuenta que, durante el saqueo de Roma en el 387 a.C., uno de los galos invasores tiró de la barba al senador Marco Papirio.


También en la onomástica tenemos referencias a la barba. Basta con pensar en la familia Domicio Enobarbo, así llamada aludiendo a su característica barba rojiza: familia de la que formaba parte el emperador Nerón, nacido como Lucio Domicio Enobarbo.

Otro ejemplo ligado al nombre fue Escipión Barbato, abuelo de Escipión el Africano quien, diferenciándose de su antepasado, según Plinio el Viejo («Naturalis Historia», VII, 211) introdujo una auténtica revolución en la moda de la época, luciendo siempre un afeitado impecable. Muchos comenzaron a seguir el ejemplo de este héroe y gran líder, y uno de ellos fue su ilustre sobrino Escipión Emiliano: éste lucía un rostro lampiño incluso durante un juicio, donde, según la costumbre, el acusado se presentaba con una barba descuidada como un signo de contrición por la falsedad de los cargos.

Pronto, por tanto, la barba se dejó de lado hasta ser considerada un signo distintivo de los bárbaros. Los Escipiones, por ejemplo, exhibían sus lisas mejillas comparándose con los barbudos cartagineses, contra los que luchaban.

Esta tradición se observa por ejemplo en una moneda del siglo I con la efigie de Marco Claudio Marcelo, conquistador de Sicilia, el primero en ser retratado sin barba.

Debido a esta moda, se instauró el ritual de la «Depositio Barbae», con el que todo joven romano, a quien Cicerón llamaba «iuvenis barbatulus», se afeitaba por primera vez y ofrecía a los dioses su primera barba, llamada «vel lanugo», encerrada en un píxide. La ceremonia solía tener lugar alrededor de los 21 años de edad, como lo demuestra el epitafio del joven Laetilio Gallo, fallecido poco antes de esta edad.



"Llevaba una barba sin afeitar cuando me enfrenté a mi muerte".  Augusto fue una excepción a la regla, según Dion Casio, porque realizó su ritual a la edad de 25 años, muy posiblemente porque padecía de escaso crecimiento del vello facial. Sin embargo, Suetonio afirma que, en la vejez, al enterarse de la masacre de Teutoburgo, de la desesperación, se dejó crecer la barba y el pelo en señal de luto.

En cuanto a la «Depositio Barbae», es curiosa la anécdota del emperador Claudio que, debido a la falta de consideración y desprecio que le tenía su propia familia, celebró su ritual a medianoche y escondido en un palanquín en el Capitolio.

La moda del rostro sin vello hizo la fortuna de los «tonsores» (barberos), traídos por primera vez de Sicilia a Roma por Publio Ticino Menea en el 299 a.C.

Los ricos podían beneficiarse de «tonsores» personales, a menudo de verdaderos artistas como el de Augusto y el de Marcial, famosos por la delicadeza y precisión de su toque.

Los menos pudientes, en cambio, debían contentarse con las «tonstrinae», que eran barberías públicas. Lamentablemente, la navaja utilizada para el afeitado era muy rudimentaria: consistía en una media luna de bronce o hierro afilada en piedras que a menudo perdían el filo. No se utilizaban ungüentos ni nada que suavizara la piel, como mucho se humedecía un poco el rostro con agua fresca. De forma que los cortes y excoriaciones como consecuencia del afeitado se volvieron muy comunes.

Navaja romana

En este tema, los versos de Marcial son ejemplares:

"Las estigmas que tengo en mi barbilla son tantas como ostenta el  hocico de un boxeador jubilado, y no me las hizo mi mujer, loca de furor, con sus uñas, sino el brazo perverso de Antíoco y su maldita cuchilla".

Precisamente por eso los militares, enzarzados en marchas y batallas, no solían afeitarse, y preferían portar una barba corta y ordenada que cuidaban con unas tijeras, menos peligrosas que la navaja. De esta forma, evitaban ir a la batalla ya heridos por haberse afeitado y también gozaban de una protección adicional contra el frío que, además, hacía que la piel  se volviera aún más seca y menos propensa al afeitado.                                                                         

Algunas fuentes informan, sin embargo, que los legionarios de César se afeitaban puntualmente pero sólo para seguir el ejemplo de su carismático comandante. Así que no era una regla definitiva.

Generalmente se cree que Adriano restauró la moda de la barba, debido a su pasión por la filosofía griega.

Sin embargo, sabemos que Nerón ya lucía una barba corta que se unía a las patillas por debajo del mentón. No se sabe si su elección estuvo ligada a su pasión por la filosofía griega o al deseo de evitar las cicatrices del «tonsor».

Además, en algunas escenas de la Columna de Trajano, podemos ver legionarios con barba corta que confirman esta costumbre incluso antes del advenimiento de Adriano.

Legionarios con barba en la columna de Trajano.

Afeitarse más tarde volvió a estar de moda con Constantino y sus sucesores. La única excepción fue su sobrino Juliano que, yendo a contracorriente, luce su barba al estilo de los filósofos griegos. Por ello fue duramente criticado por los cristianos de Antioquía que consideraban su barba pasada de moda, además de un símbolo de paganismo. Juliano respondió a estas invectivas escribiendo una obra satírica titulada «Misopògon» (Μισοπώγων), el enemigo de la barba.

Paradójicamente, los propios cristianos llevaban barba, eso sí, siguiendo ejemplos totalmente distintos.

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios, por Edward Armitage (1875).

Podemos afirmar sin lugar a duda que, a lo largo de los siglos, llevar o no barba siempre ha tenido un significado muy concreto, ya sea espiritual, político o social.

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LOS AFEITADOS EN LA ANTIGUA ROMA




martes, 28 de junio de 2022

EL IMPERIO HUNO DE ATILA. NI TAN BÁRBARO NI TAN CRUEL. BREVE RESEÑA.

 

Una reseña de Federico Romero Díaz

Toda obra que ilumine la Tardo Antigüedad es bien recibida pues nos ayuda a comprender mejor como fue el paso de la Antigüedad a la Edad Media y como se fue forjando alguno de los mitos que han llegado hasta nuestra época como el de que Atila fue simplemente un bárbaro cruel y ansioso de poder responsable de la caída del Imperio Romano  en Occidente. O la versión de los autores cristianos que lo veían como el castigo que Dios les había enviado por los pecados de los romanos.

             Atila y sus hunos invaden Italia,  Ulpiano Checa en 1887 (Fuente: Wikimedia Commons)

En este manual iremos descubriendo como tras entrar en contacto con Roma en el siglo IV d.C y servir en sus ejércitos como mercenarios, los hunos fueron experimentando un progresivo proceso de unificación entre sus diferentes clanes y tribus que culminó poniendo a la inmensa mayoría de ese pueblo bajo el mando de un único jefe, Atila.  Se nos describe como el caudillo dominaba un vasto imperio de miles de kilómetros cuadrados en el que no solo se encontraban los hunos sino multitud de pueblos que habían cedido ante su avance como los godos, los hérulos, los gépidos, los sármatas, los alanos, los esciros, los rugios, etc. Puso a los dos imperios romanos contra las cuerdas exigiéndoles enormes tributos y saqueando sus ciudades y territorios cuando se negaban a pagarlos. A pesar de su derrota en la Batalla de los Campos Cataláunicos en el 451 el jefe de los hunos aún se permitió devastar todo el norte de Italia al año siguiente. Solo la inesperada muerte de Atila en el 453, en su noche de bodas, pudo aliviar la presión sobre los romanos.

Morte di Attila, Ferenc Paczka. Wikimedia Commons


A pesar de la brevedad de su dominio, los hunos, dejaron una profunda huella en nuestra memoria colectiva que les hace merecedores de un estudio serio y riguroso como este que deje claro la diferencia entre la realidad y el mito sobre una figura cuya imagen en esencia ha sido generada por sus enemigos, es decir por las fuentes chinas y romanas que intencionadamente nos lo describen junto a su pueblo como un feroz y ambicioso bárbaro ansioso de riqueza y poder. En realidad Atila nunca buscó la supresión del Imperio Romano, al contrario siempre lo vio como una fuente de prestigio y recursos con la que le interesaba coexistir, eso si desde una posición de dominio. Su inesperada muerte y su fracaso en planificar una sucesión efectiva a su desaparición hicieron que tras su muerte sus hijos se repartieran sus dominios y que en dos generaciones los hunos acabaran disolviéndose entre otros pueblos y que dejaran de ser un problema para los romanos  que, en algunos casos, volvieron a emplearlos como mercenarios en sus ejércitos.

En la obra el autor sabe ponernos en antecedentes para explicar al lector cuales fueron los antecedentes en el mundo romano "Antes de la tormenta", es decir el sistema de la tetrarquía y a los antecedentes de la expansión huna, de como era el barbaricum antes de que fuera invadido por Atila que se impone a alanos, a los godos y a un sin fin de tribus más. Me ha llamado la atención el apartado que le dedica a estudiar lo dicho por las fuentes chinas de este pueblo y la selección de textos al final del libro.

Estamos, en definitiva, ante una obra que nos acerca a ese siglo V,  que nos ayuda a hacernos una idea lo más exacta posible, de como se desarrolló ese breve imperio al calor de las victorias Atila y lo que me parece muy curioso: de las incipientes estructuras que se fueron desarrollando para administrar y gobernar unos dominios tan vastos con una población compuesta por numerosos pueblos y culturas en los que los hunos, jugando un papel de preponderancia, eran no obstante solo un pueblo uno entre muchos. El autor nos cuenta como en torno a su corte Atila supo crear un variado mosaico compuesto por sus hunos, los lideres de las tribus que fue sometiendo y numerosos desertores romanos. En esa corte se hablaban numerosos idiomas y se compuso un abigarrado y curioso mosaico digno de mencionar y conocer a fondo.

Creo que para todo amante de la Antigüedad  “El imperio huno de Atila” escrito por el profesor José Antonio Molina Gómez, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Murcia, es un imprescindible, sobre todo porque llena un hueco en nuestra historiografía que necesitaba un libro realmente serio y riguroso sobre un tema poco tratado y menos conocido en sus detalles más importantes.

Pinchad en este enlace por si queréis haceros con un ejemplar o comenzar a leer las primeras páginas.

sábado, 28 de mayo de 2022

El SACRAMENTUM, LA CEREMONIA MÁS IMPORTANTE PARA UN LEGIONARIO ROMANO.

Un texto de Iván La Cioppa 

La ceremonia más importante en la carrera de un soldado romano era probablemente el juramento (Sacramentum militiae).

Después del alistamiento y entrenamiento, todos aquellos que habían sido considerados aptos para el servicio, después de los 4 meses de prueba, juraban lealtad absoluta a su general, en la época republicana, y al emperador, en la época imperial.
Escena de una lustratio en las legiones proveniente del Arco de Constantino   


El ritual era de hecho una ceremonia religiosa porque los reclutas eran primero purificados con la “lustratio” y luego juraban ante las insignias sagradas y los dioses.

No ha llegado hasta nosotros ningún texto con la fórmula del juramento, probablemente porque cambiaba de una legión a la otra. Autores como Tito Livio, Tácito, Vegecio y Diodoro Sículo nos han transmitido los aspectos más destacados y, cruzando sus datos, podemos imaginar la letra de un posible juramento de la época alto-imperial, el mismo que, probablemente, habrán recitado Cayo Flavio Áquila y sus compañeros, protagonistas de mi novela "La legión que vino del mar".
"Juro por Júpiter Capitolino, Juno, Marte, Minerva, Vesta, por Hércules, por los semidioses que fundaron Roma y por los héroes que contribuyeron al crecimiento de su dominio, obedecer a Tito Flavio César Vespasiano Augusto, nuestro emperador, para cumplir fielmente sus órdenes hasta donde yo sepa y en la medida de mis posibilidades, y seguirlo donde quiera que me lleve. Juro nunca abandonar las insignias, no huir, y no dejar mi línea por miedo o cobardía, sino solo para asir un arma, golpear a un enemigo o salvar a un compañero. Además, prometo ser fiel al Senado y al Pueblo Romano, y no hacer nada que pueda perjudicar la fidelidad que les es debida”
Tras pronunciar estas palabras, los reclutas (tirones) se convertían en legionarios, guerreros indomables e implacables consagrados a Roma.

Traducción del italiano por Alice Croce Ortega
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viernes, 27 de mayo de 2022

El retrato que el ADN nos ofrece de la pareja encontrada la Casa del Herrero o de Marco Volusio, en Pompeya.

Un texto de Maribel Velasco

Las recientes investigaciones llevadas a cabo por un equipo internacional han conseguido secuenciar el ADN de una víctima de la erupción del Vesubio en Pompeya en el 79 d.C. Se trata de una investigación realizada por un equipo internacional de la Universidad de Copenhague, la Universidad de Roma Tor Vergata, la Universidad de Salento en Lecce, la Universidad de California en Irvine y el federal brasileña de Minas Gerais en Belo Horizonte, en colaboración con el Parque Arqueológico de Pompeya.


El estudio se ha publicado en la revista Scientific Reports.

Es una primicia absoluta porque hasta ahora solo se habían analizado fragmentos de ADN mitocondrial, es decir, el ADN no contenido en el núcleo de las células, extraído tanto de humanos como de animales de Pompeya.

Las muestras de material genético las obtuvieron de la porción pétrea, la parte del hueso temporal, el que rodea al oído. El estado de conservación de los restos era excelente, no debían haber estado en contacto con temperaturas demasiado altas. En cambio, el ADN estaba muy degradado, pero aun así consiguieron extraerlo, quizá porque la ceniza lo mantuvo en un ambiente anóxico (sin oxígeno), ralentizando así su degradación. Sin embargo, no fue posible secuenciar el ADN de la mujer. 

Fotografía realizada en 1933 que muestra la posición en la que fue encontrada la pareja

Los datos obtenidos por los científicos han permitido averiguar que el antiguo pompeyano tenía muchos elementos genéticos similares a los de los habitantes de la Italia central y de otros individuos que vivieron en Italia en tiempos del Imperio Romano. En el estudio óseo se han encontrado restos de una enfermedad similar a la tuberculosis, el llamado mal de Pott, que ataca a la columna vertebral, por lo que sufriría grandes dolores y tendría limitada su movilidad. La mujer sufría artrosis.

Se trata de un hombre de unos 35-40 años y 164 cm. de altura, y una mujer de más de 50 y 153 cm. que perdieron la vida en la llamada Casa del Herrero o de Marco Volusio Iuvenco. Es una morada modesta pero digna, adornada con unos elegantes frescos. En ella se encontraron una serie de herramientas de trabajo: catorce cinceles, martillos, una sierra, dos compases, instrumentos de escritura, una regla plegable de 0,295 m (un pie romano) y diversos elementos para el acabado de muebles, pero también varias cerraduras para cajas de madera y un carrulus para niños (una carretilla). El carácter artístico de los muebles, la calidad de los materiales encontrados y el juego de herramientas propias de un herrero, sugieren que los últimos tiempos la casa estuvo habitada por un faber arcarius, un fabricante de arcones y muebles. 

La mujer tenía en una mesa frascos de perfume y varias joyas, una de cuales es un collar que consta de veintisiete amuletos de bronce, hueso y pasta de vidrio que representan diversas divinidades. 

Ejemplo de casa pompeyana. Casa de la Diana Arcaizante, reconstruida
por el equipo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 

Los esqueletos se encontraron en 1933 en el triclinio (comedor). Allí se refugiaron, quizá pensando que era el lugar más seguro de la casa o porque tenían dificultad para huir: el hombre estaba en el suelo, con los brazos agarrados al borde del lecho triclinar, entre los pies, una bolsita de tela que contenía un pequeño tesoro de 26 monedas de plata, equivalentes a 104 sestercios y todavía con algún resto de las sandalias (apareció un clavo de la suela). La mujer tenía los brazos doblados bajo la cabeza rodeando otro montoncito de monedas.


miércoles, 18 de mayo de 2022

LA AVENTURA DE UN GRUPO DE BÁRBAROS USÍPETES (O USIPOS) DESERTORES DE LAS LEGIONES ROMANAS. CANÍBALES, DESERTORES, PIRATAS, SAQUEADORES.

A veces la realidad hace innecesaria la imaginación a la hora de crear un relato que interese al público. Tácito nos ofrece un ejemplo perfecto al hablarnos en su obra conocida como "Agricola" de la increíble aventura de un grupo de germanos del Rin, los usipos, en la Britania romana del siglo I d.C. Aunque antes que nada es conveniente explicar, aunque sea de una manera superficial quienes eran estos germanos y cual era la situación en la Isla en la década delos 80 d.C que es cuando tiene lugar este suceso.


Los usipos o usípetes formaban parte de un grupo de germanos que, junto a los téncteros invadieron la Galia en el 55 a.C. Parece que estaban siendo presionados por los suevos, otra poderosa tribu germana. Tras cruzar el Rin ocuparon las tierras y las villas de los menapios y desde el territorio de estos atacaron a los eubrones, aliados de Roma. Cayo Julio César inquieto por las consecuencias de esta invasión en el norte de la Galia decidió intervenir rápidamente. El resultado final fue la derrota y la masacre de un gran número de estos germanos que al parecer tenían una caballería poderosa. Fueron rechazados de nuevo a la orilla germana del Rin. César los persiguió también en ese territorio, gracias a la construcción de un puente que dio acceso a sus legiones al territorio del barbáricum germano

  Posible localización de la batalla de Cesar contra los usipos         

Ante la retirada de estos hacia las tierras boscosas del oeste y, tras unos días saqueando la región, volvió a la orilla romana del Rin y desmontó el puente para evitar que los germanos lo utilizaran para penetrar en la Galia. Los supervivientes se refugiaron más al sur donde fueron acogidos en tierras de los sicambros al norte del río Luppia. Sabemos que un contingente de estos germanos participó en el asedio de los auxiliares bátavos a Moguntiacum en el año 70 y que será en torno al 83 aproximadamente cuando sucedan los hechos que os vamos a referir. A partir del siglo II no encontramos testimonio alguno sobre estos germanos que desaparecen de las fuentes para siempre.

   Pueblos germanos hacia el año 50                   

En cuanto a Britania, tras las invasiones de tanteo de Cayo Julio Cesar, deberemos esperar al envío en el 43 d.C de una fuerza de invasión romana a la isla y tras la gran rebelión liderada por Boudica en el 60 los romanos se pudieron considerar dueños de Britania, sin apenas resistencia digna de tal nombre. Tan solo en el Norte siempre hubo oposición al dominio romano que entre los años 70 y 80 se va a imponer en la zona que es conquistada, construyéndose fuertes para la instalación de unas tropas que . Debido a las necesidades creadas por las guerras con Dacia se retirarán gradualmente tropas de la zona que finalmente queda libre de la presencia de tropas romanas que irán replegándose sobre una línea de fortificaciones y una calzada que comunicaba Carliste y Corbrige, conocida hoy como Stanegate o "Camino de piedra". Estas fortificaciones y calzada servirán de base para la construcción en el 122 d.C el Muro de Adriano.


Y ahora que hemos hablado del escenario y de los protagonistas de nuestra historia podemos dar paso a Tácito para que nos relate la interesante aventura de este grupo de bárbaros. Tácito  era suegro de Cneo Agricola el legado del emperador en Britania entre el 78 y el 84 d.C. Al parecer, el texto que conservamos no ha llegado muy bien conservado y a veces es algo confuso, pero también nos permite seguir el hilo de la historia que protagonizaron.

"Ese mismo verano, una cohorte de usipos reclutados a la fuerza en las provincias de Germania y enviadas a Britania cometió un terrible e infame crimen. Después de matar al centurión y a los soldados que habían sido destacados con ellos para enseñarles disciplina, servir de ejemplo e instruirles se hicieron con tres naves de guerra ligeras (liburnas)"

Es posible que por algún motivo que ignoramos puede que una rebelión, o una expedición de saqueo o el incumplimiento de los acuerdos previos. Roma decidiera castigar a los usipos imponiéndoles el castigo de servir en sus legiones como auxiliares, formando una cohorte, que contaba con casi 500 integrantes. Es bien conocida la predilección de los romanos por utilizar auxiliares germanos en sus legiones. Un claro ejemplo son los famosos bátavos, sin embargo es más extraño que los reclutaran a la fuerza, como castigo integrando una cohorte completa.

Guerrero germánico. Obra de Johnny Shumate



Tampoco conocemos el motivo concreto de su rebelión, solo cabe suponer que es posible que se debiera a un exceso en la aplicación de la disciplina por parte del mencionado centurión o simplemente a que los usipos se negaron a aceptar el destino que Roma les había asignado dentro de sus legiones.Lo que nos queda claro es que los amotinados se dirigieron desde su campamento hasta la costa del oeste de Britania, donde se hicieron con tres embarcaciones militares romanas de las más ligeras del tipo liburna. Posiblemente obligaron a las tripulaciones y a los pilotos a unirse a ellos:

"....haciendo que los pilotos les obedecieran por fuerza; más huyéndoles uno, y teniendo por sospechosos a los otros dos (pilotos) y habiéndolos muerto por eso, no habiéndose aún divulgado la nueva iban pasando adelante vistos y mirados como un milagro....peleando con muchos de los "

Al parecer uno de los pilotos se escapó y los otros dos, al no fiarse los usipos de ellos fueron asesinados. A partir de ese momento tuvieron que pilotar ellos mismos las naves por la peligrosa costa de Britania sin tener los conocimientos necesarios para hacerlo. Conseguir sustento saqueando las poblaciones de la costa debió hacerse cada vez más complicado una vez pasada la sorpresa inicial es probable que la noticia de su presencia se fuera extendiendo a medida que avanzaban en su viaje, llegando a un extremo de suma necesidad:

"Después arrebatados del mar y viento, y llevados de acá y allá,; y peleando con muchos de los britanos que defendían su hacienda, venciendo muchas veces, y algunas hallando resistencia, y siendo rechazados en sus ataques, vinieron a tanto extremo de necesidad que comenzaron a comerse primero a los más flacos de entre ellos y después a sortearlo"

Liburna romana

Como indica el texto claramente, su estado se fue deteriorando y acabaron recurriendo al canibalismo para sobrevivir en un viaje que aún les deparaba nuevas sorpresas:

" Y de esta manera, habiendo rodeado Britania, y perdido los navios por no saber gobernarlos, fueron tewnidos por salteadores; y los prendieron los primero los suevos y después los frisios. Y hubo algunos, que siendo en los tratos y mercancía vendidos, y con la mudanza de los dueños que los compraban, traidos hasta nuestra ribera(en referencia al lado romano del Rin) los ilustró dar nueva de un caso tan grande".

Al parecer tras circunnavegar toda la isla de Britania acabaron arribando a las costas germanas, donde fueron apresados y esclavizados, posiblemente por sus depredaciones en la costa germana, por los suevos primero y por los frisios después. Al final algunos fueron vendidos a amos del lado romano del Rin que escucharon de sus esclavos la asombrosa aventura que les había llevado a la esclavitud en algunos casos y a la muerte en otros.





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