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viernes, 20 de febrero de 2026

LA MORTAL LUCHA POR EL PODER EN EL TARDOIMPERIO ROMANO. CRIMEN, POLÍTICA Y DINASTIA EN LA CASA DE CONSTANTINO.

Un artículo de Federico Romero Díaz para HRA.

La historiografía tradicional ha presentado a menudo el siglo IV como una era de renovación espiritual, económica y administrativa. Y hasta cierto punto, es una afirmación cierta. Bajo la dirección de hombres como Galerio, Constantino el Grande o Licinio, el Imperio romano abandonó las persecuciones religiosas y se refundó en una nueva capital, Constantinopla. También se llevaron a cabo numerosas reformas en todos los ámbitos, algunas ya iniciadas por emperadores anteriores como Galieno, Aureliano o Diocleciano. 

Helena exige la vida de Fausta (arrodillada ante su marido) a su hijo el emperador Constantino, apenado por haber ordenado la muerte de crispo.

La brillante retórica de los panegíricos -un instrumento de propaganda imperial dedicado a glorificar al emperador gobernante y a envilecer a sus enemigos-- despliega una realidad mucho más sombría. La lucha por el poder en el Imperio romano siempre fue un juego en el que se podía llegar a pagar con la vida perder la partida. Sin embargo en esta época las condiciones del juego se endurecen aún más y se llega a niveles de crueldad difíciles de asimilar. La desaparición de la Tetrarquía —el sistema de gobierno compartido ideado por Diocleciano para evitar guerras civiles— no dio paso a una era de concordia, sino a una lucha darwiniana donde la proximidad biológica al emperador podía convertirse, paradójicamente, en una sentencia de muerte inapelable.

 1. Constantino I: El arquitecto del absolutismo y sus sacrificios familiares

                                  Estatua de Constantino en Roma.            

Constantino I, es recordado como el primer emperador cristiano, pero su ascenso al poder absoluto fue un camino jalonado por la eliminación física de sus rivales, tanto políticos como consanguíneos. Para que Constantino sobreviviera debía convertirse en el contexto político en el que desarrolló su carrera en el único en la cima del poder, el sistema tetrárquico, o cualquier otro que supusiera compartir el poder, debía ser derribado y con él, todos aquellos que pudieran reclamar una legitimidad que rivalizara de cualquier manera con la suya.

   Su suegro Maximiniano. El gran militar pero un fracaso como conspirador. 

El primer gran crimen dentro del círculo familiar fue el de su suegro, el emperador Maximiano. En el año 310, tras una serie de complejas maniobras políticas, Maximiano, un gran militar pero un pésimo conspirador, trató de arrebatarle el poder a Constantino contándole a los soldados que este había muerto en el Rin, mientras luchaba contra los germanos. Se rebeló en la corte de Arlés pero pronto tuvo que huir a Marsella ante la rápida respuesta de su yerno que se apresuró en sofocar la intentona. Al ser capturado, Constantino  mostró piedad hacia su suegro que no fue inmediatamente ajusticiado. Al fin y al cabo era el padre de su esposa Fausta. Parece que Maximiniano no aprendió la lección y al poco tiempo volvió a conspirar. En esta ocasión fue su propia hija, la que le denunció a Constantino que ya no mostró piedad con el viejo augusto que, a pesar de sus grandes victorias en los campos de batalla, fue un fracasado en el mundo de las conspiraciones --que sepamos también fracasó en su intento de derrocar a su propio hijo Majencio--.  Aunque la propaganda constantiniana, interesada en limpiar la imagen del emperador, hablaron de un suicidio por remordimiento, la realidad histórica sugiere una ejecución forzada. Maximiano fue "invitado" a quitarse la vida, eliminando así a un veterano que aún gozaba de gran prestigio entre las legiones pero que al parecer no podía evitar conspirar contra aquellos que le acogían en su corte.



    La muerte de Majencio, el cuñado de Constantino. 

Reconstrucción (con IA) del rostro de Maximiniano
 a partir del colosal busto en mármol del museo Saint-Raymond en Toulouse.
Tras la muerte de Maximiniano y la reincorporación de Constantino como césar a la esfera de poder de la Tetrarquía, encabezada ahora por Galerio y Licinio, el enfrentamiento con Majencio se hizo inevitable. Majencio partía de una posición de desventaja, pues debía de protegerse en el norte de Italia de los posibles ataques de Licinio por el este y de Constantino por el oeste. Finalmente, sin permiso de sus superiores jerárquicos, el ambicioso Constantino invadió Italia por la zona oeste de los Alpes y pronto se hizo con el control de toda la región derrotando a las tropas de Majencio y matando en la batalla de Verona a Pompeyo Pompeyano, el prefecto del pretorio de su cuñado.

El enfrentamiento definitivo entre Constantino y Majencio, culminado en la batalla del Puente Milvio en octubre de 312, representó el colapso final del sistema tetrárquico y el nacimiento de una nueva legitimidad monárquica basada en la victoria militar y el favor divino. Según su propia propaganda, asumida por los historiadores posteriores como Zósimo, en realidad Constantino emprendió una valiente campaña deliberación de una oprimida 

Italia desde la Galia, superando obstáculos militares para desafiar al "tirano" que controlaba Roma. Este conflicto fue presentado no como una simple guerra civil, sino como una misión de liberación, donde la legitimidad de Constantino se construyó a través de la derrota física de su tiránico rival. 

El desastre para Majencio se consumó cuando decidió abandonar la seguridad de las murallas de Roma para presentar batalla en campo abierto. En medio de la retirada caótica de sus tropas, la estructura provisional de barcas que se había dispuesto para sustituir al destruido puente Milvio, colapsó, provocando que Majencio, abrumado por el peso de su propia armadura, muriera ahogado en las aguas del río Tíber. En la victoria fue importante la cohesión de las tropas, muchas de origen germano, que acompañaban a Constantino y que resultaron decisivas frente a las fuerzas más heterogéneas de Majencio. 

Visión de Constantino y la batalla del Puente Milvio en un manuscrito bizantino del siglo IX.

Al día siguiente de la batalla, el cuerpo del caído fue recuperado y su cabeza exhibida en una pica durante la entrada triunfal de Constantino en la ciudad, marcando el inicio de una era donde el poder absoluto se revestiría de una nueva sacralidad religiosa y política que transformaría el Imperio para siempre.

Constantino entra triunfante en Roma, por Peter Paul Rubens (ca. 1621).


    Licinio, el augusto de Oriente, debe morir.

Las relaciones entre Constantino y Licinio, antes de su enfrentamiento final en Crisópolis (324), estuvieron marcadas por una tensa alternancia entre la colaboración estratégica y la ambición dinástica. Inicialmente, forjaron una alianza crucial en Milán (313), sellada con el matrimonio de Constancia, hermana de Constantino, con Licinio, y la promulgación de políticas de tolerancia religiosa. A pesar de loslazos familiares, del nacimiento de un heredero del matrimonio entre Licinio y la hermana de Constantino llamdo Licinio que pudo unir ambas familias pronto acabó la armonía debido a la desconfianza mutua y a incidentes como la conocida conspiración de Basiano. La conocida como conspiración de Basiano ocurrió tras nombrar a su cuñado Basiano como César para una zona que estaba bajo la influencia de Constantino, los Balcanes. El nombramiento dejó de tener sentido para Constantino cuando su joven esposa, Fausta, dio a luz a un nuevo heredero- ya tenía a Crispo de un enlace anterior con una mujer llamada Minervina que probablemente falleció poco después de dar a luz-- Instigado por Licinio a través de su hermano Senecio, el inquieto Basiano planeó rebelarse contra Constantino, pero el complot fue descubierto antes de que pudiera llevarse a cabo. La traición terminó con la ejecución de Basiano y la exigencia a Licinio de la entrega de Senecio. El rechazo de tal exigencia proporcionó a Constantino el pretexto legal para iniciar la primera guerra civil contra Licinio en el año 316.

Pintura de Rubens de principios del siglo XVII que representa el matrimonio de Constantino con Fausta y el de Licinio con Flavia Julia Constancia, hermana de Constantino. Se trata de una licencia de Rubens porque los dos desposorios no se celebraron juntos, sino en años y lugares diferentes. A la izquierda un toro que va a ser sacrificado en honor de los dioses Júpiter y Juno cuyas estatuas presiden la ceremonia. La obra forma parte de las pinturas que realizó Rubens para la serie de tapices encargados por el rey de Francia Luis XIII conocida como La historia de Constantino.

Este episodio, marcó el punto de ruptura definitivo de la alianza sellada anteriormente en el acuerdo de Milán. Se desencadenó una primera guerra civil entre 316 y 317, con batallas en Cibalae y Campus Ardiensis. Aunque la paz de Serdica (317) detuvo temporalmente las hostilidades y repartió el control territorial —obligando a Licinio a ceder gran parte de los Balcanes—, la rivalidad se profundizó por sus divergentes enfoques religiosos y el deseo de Constantino de alcanzar el poder absoluto. Para el año 324, la fachada de la concordia se había desmoronado completamente, transformando al antiguo aliado y cuñado en el último obstáculo para la unificación del Imperio bajo una sola corona.

Tras la victoria definitiva en la batalla de Crisópolis (324) contra Licinio, Constantino prometió a su hermana Constancia que respetaría la vida de su marido. Licinio fue enviado al exilio en Tesalónica, pero la clemencia de Constantino era un recurso temporal. En 325, bajo una vaga acusación de conspiración con bárbaros del Danubio, Constantino ordenó su estrangulamiento. La purga se extendió rápidamente a su sobrino, Liciniano. Constantino no dejaba cabos sueltos. A pesar de ser solo un niño y tener su sangre, fue ejecutado para asegurar que no quedara rastro de la línea sucesoria de su rival. No sería el último familiar consanguíneo al que ordenara asesinar.

     El misterio de Pola: Las ejecuciones de Crispo y Fausta.

El episodio más oscuro y debatido de su gobierno ocurrió en el año 326. Constantino ordenó la ejecución de su hijo primogénito, Crispo, un joven brillante, destinado a sucederle que había demostrado ser un general brillante en la guerra contra Licinio. Crispo fue ejecutado en Pola sin un juicio público. Poco después, la emperatriz Fausta, esposa de Constantino y madre de sus otros tres hijos, fue asfixiada o invitada a suicidarse en un baño de vapor excesivamente caliente.


No debemos entender estas muertes como meros arrebatos de celos (como sugieren algunas fuentes sobre un supuesto romance entre madrastra y ahijado), sino una fría decisión dinástica. Crispo, hijo de una relación anterior de Constantino con Minervina, era un obstáculo para la sucesión de los hijos de Fausta. ES posible que Fausta, con el fin de eliminar al hermanastro de sus hijos de la línea de sucesión le denunciara falsamente. Al parecer Constantino la creyó y decretó la muerte de su primogénito. Helena, la madre de Constantino al conocer el asunto alertó a su hijo de la falsedad de las acusaciones pero ya era tarde. Solo puedo invitar a Fausta a morir, posiblemente al igual que muchos conspiradores de la historia romana a abrirse las venas en un baño de vapor. Después la historia deformó el relato afirmando que la mató metiéndola en agua hirviendo.

2. Los crímenes de Licinio: La aniquilación de la vieja Tetrarquía

El exterminio del rival político no fue, ni mucho menos, un invento de Constantino, fue una práctica habitual en la lucha por el poder practicada desde el mismo origen del Imperio romano. Sin embargo, fue a partir en estos comienzos de la cuarta centuria cuando observamos un aumento en la crueldad de estas persecuiones que abarcan ahora no solo al rival político y a sus seguidores más cercanos, sino a su circulo familiar al completo, incluyendo ancianos, mujeres y niños. Antes de su caída definitiva, Licinio fue el ejecutor de una política de exterminio contra las familias de los emperadores que le precedieron. Si Constantino purgó a su propia familia para asegurar el futuro, Licinio purgó a las familias de los demás para impedir hipotéticas usurpaciones de algunos de los familiares de estos.

Tras la muerte de Galerio y la derrota de Maximino Daya en 313, Licinio se convirtió en el amo absoluto de Oriente. Su prioridad fue erradicar cualquier semilla de legitimidad que no emanara de él mismo. Ordenó la ejecución de los hijos de Maximino: un niño de ocho años y una niña de siete. Sus muertes fueron calculadas para evitar que, en el futuro, algún general descontento pudiera alzarse en nombre de la estirpe de Day

     Busto de Maximino, Museo Pushkin           

a.

    El trágico destino de Valeria y Prisca

El crimen que más manchó la reputación de Licinio fue el trato dado a Valeria, hija del gran Diocleciano y viuda de Galerio, y a su madre Prisca. Estas mujeres representaban el vínculo directo con el fundador de la Tetrarquía, es decir un valioso agente de legitimidad para cualquier hombre ambicioso que tratara de arrebatarle el poder. Tras la muerte de Galerio, Valeria se negó a casarse con Maximino Daia, lo que la llevó al exilio. Cuando Licinio tomó el control, las mujeres esperaban encontrar protección en su corte. En lugar de ello, Licinio las persiguió con saña. Después de vivir quince meses escondidas y disfrazadas entre la población, fueron capturadas en Tesalónica en el año 314. Licinio ordenó que fueran decapitadas y sus cuerpos arrojados al mar ante la mirada de la multitud. Con este acto de crueldad extrema, Licinio puso fin de forma violenta a la dinastía de Diocleciano.

Es curioso ver como el mismo y su propio hijo acabaron por experimentar el trágico final que el mismo había decretado para tantas personas.

Diocleciano rodeado de su guardia personal es
             saludado por varios cortesanos. Agnus Mc Bride                    



 3. Constancio II: La paranoia como política de Estado

A la muerte de Constantino en 337, su hijo **Constancio II** llevó el juego de poder a un nivel de eficiencia sangrienta que superó incluso a su padre. La muerte del patriarca desató un vacío de poder que solo pudo llenarse con una masacre familiar sin precedentes.

     La Gran Purga de 337

Inmediatamente después del funeral de Constantino, el ejército —probablemente instigado por Constancio II y sus hermanos— se amotinó en Constantinopla. El pretexto era que los soldados solo aceptarían a los hijos directos de Constantino en el trono. El resultado fue el asesinato de casi todos los parientes varones de la rama lateral de la familia (los descendientes de Constancio Cloro y su segunda esposa Teodora). Entre las víctimas se encontraban dos tíos de Constancio II (Julio Constancio y Dalmacio el Mayor) y varios primos, incluyendo a Dalmacio el César, a quien su tío Constantino había confiado el control de la frontera danubiana, y a Anibaliano, el esposo de su propia hermana Constantina. Esta carnicería dejó a Constancio II y sus hermanos Constantino II y Constante como los únicos dueños del Imperio. De esta purga solo sobrevivieron dos niños: Galo y el futuro emperador Juliano, salvados únicamente por su corta edad.

    La ejecución de Galo César

La desconfianza de Constancio II no se mitigó con los años. el ambiente en su corte destacó por las continuas conspiraciones, reales o ficticias , que se desarrollaban en torno al augusto. En 351, necesitando ayuda para gobernar un imperio asediado por usurpadores y bárbaros, elevó a su primo superviviente, Galo, al rango de César en el este y lo casó con su hermana Constancia. Sin embargo, la gestión de Galo en Antioquía fue caótica y violenta. Temiendo que Galo pudiera convertirse en un rival o que su impopularidad provocara una revuelta, Constancio lo llamó a Occidente con promesas de amistad.

En el trayecto, Galo fue despojado de sus insignias imperiales, arrestado y enviado a Pola (el mismo escenario de la muerte de Crispo). Allí fue interrogado y ejecutado por orden de Constancio en 354. Constancio II operaba bajo una paranoia constante, exacerbada por la influencia de eunucos y cortesanos que veían en cualquier miembro de la familia imperial a un traidor potencial. Al final este miedo a un posible rival dentro de la familia se materializó en un trato inmerecido a su sobrino Juliano, hermano de Galo y brillante estratega que acabó por usurpar el poder y rebelarse contra su tío. Solo la oportuna muerte de Constancio II y su generosidad al nombrar a Juliano sucesor, evitaron una nueva y sangrienta guerra civil en el 361.

     Representación de Juliano,   el Apóstata                                        
                                                                                     

El sangriento equilibrio del siglo IV

La transición del sistema colegiado de la Tetrarquía a la monarquía hereditaria no fue un proceso de pacificación, sino una lucha de "suma cero". El siglo IV fue una época donde la legitimidad se escribía con sangre. Constantino eliminó a su suegro, a su cuñado, a su hijo y a su esposa para forjar un imperio unido. Licinio aniquiló a las familias de sus predecesores para borrar la competencia y acabó siendo víctima de su cuñado Constantino. Y finalmente, Constancio II masacró a sus tíos y primos para que el poder no se fragmentara y para evitar que nadie, a parte de sus hermanos estuviera a su mismo nivel en el sistema de    poder imperial.

Este "sangriento juego de poder" transformó la naturaleza del emperador: ya no era solo el primer ciudadano o el general supremo, sino un monarca sagrado cuya seguridad dependía del aislamiento de su entorno. El hecho de que la Iglesia y los panegiristas posteriores silenciaran o justificaran estos crímenes solo es la prueba del éxito de la dinastía constantiniana en imponer su narrativa. Sin embargo, los hechos descritos en estos textos nos recuerdan que la "Paz de Constantino" fue, en realidad, una paz construida sobre las cenizas de su propia familia.

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martes, 10 de febrero de 2026

LA GEOGRAFÍA MITOLÓGICA DE LA ANTIGUA GRECIA

 Un texto de Rebeca Arranz para Historia y Roma Antigua.

Debemos tener en cuenta que el estudio de los lugares míticos nunca fue relevante, ni si quiera para los antiguos, dado que estos daban la geografía por entendida dentro de la esencia de la historia del mito. Heródoto fue el autor que mejor transmitió la idea de la existencia de un contexto en el que tienen lugar el mito en la antigüedad, aun cuando sus datos son incompletos, y muchas veces sus argumentaciones fueron contradictorias, algo que, no obstante, es una características natural del mito y de aquello que lo envuelve. Así, cuando leemos un mito, debemos pensar que muchos de los lugares en que trascurren las narraciones son inventados, por lo que su rastreo por el globo terráqueo es imposible. Los datos que nos acercan a su geolocalización suelen ser simbólicos o directamente elucubraciones, la cronología de las historias míticas nos hablan siempre de “tiempos muy lejanos” y estos episodios, casualmente, tienen lugar en “la región más alejada” o en el lugar más inaccesible o peligroso del mundo conocido o desconocido.

 Reconstrucción hipotética del mapamundi perdido de Hecateo. Fuente. Wikimedia Commons

Si volvemos a las fuentes, observamos; que tampoco los poetas y autores antiguos tuvieron la necesidad de esclarecer geográficamente los lugares mitológicos. Es por ello por lo que, ninguna de las obras de viajes (Odisea, Argonáutica, o Los trabajos de Heracles) describen una ruta de viaje precisa, sino que solo dan algunas descripciones de un mundo imaginario o real, distinción que no se puede aclarar. Parece ser que las coordenadas seguidas por los héroes de las leyendas mitológicas se encuentran en un mundo antigeográfico.

Las características de la geografía mítica parece que estuvieron asimiladas por la sociedad, y se centraban en un factor común: la idealización, en su dualidad positiva y negativa, siendo junto al misterio la pareja perfecta que describe al locus mitológico. Un escenario mítico puede ser terrorífico o el mismo paraíso, en ambos casos plagado de caracteres maravillosos; a pesar de esta dicotomía los lugares de acción de los mitos pueden ser conocidos o no, reales o imaginarios, lugares visitados o lugares de ensoñación. El caso más característico es el que se da con la idealización de lugares lejanos por parte de los antiguos griegos, quienes observaban con el prisma de la idealización mítica las tierras de Egipto y Creta.

Otra de las características que son comunes a la mayoría de los espacios de las hazañas míticas es su carácter de “aislamiento”: los espacios en que se desarrolla la trama se encuentran fuera de nuestra realidad, aun cuando son descritos como espacios propios de nuestro mundo, aunque siempre alejados, de ahí la habitual presencia de fórmulas: “en una orilla… en un rio… o en una montaña”. Y una vez que dotamos al lugar donde trascurre la acción mitológica de este carácter de aislamiento, se convierte en un lugar privilegiado, un lugar solo existente por y para la sucesión del mito, ya sea en su vertiente positiva -un paraíso- o negativa -un lugar monstruoso. Esos lugares de aislamiento privilegiado pueden, igualmente, estar habitados o no, y sus habitantes poseer dimensiones humanas o no, pero tampoco tienen porque estar sujetos al espacio-tiempo de la historia mítica o de la realidad del tiempo cronológico. Por lo tanto, si unimos la idealización con esta temporalidad, obtenemos lo que ha sido denominado por los mitógrafos de la antigüedad como “neutralización meteorológica” y que en realidad no es sino una lógica consecuencia de esa neutralización temporal; por eso en estos lugares las estaciones del año pueden ser eternas, o pueden vivir con una luz solar perpetua o en una noche continua.

Otro de los lugares más peculiares que se suelen repetir en la geografía mitológica, es la existencia de lugares conocidos por la historiografía moderna como “dorados”, pues su principal aportación estética es la de ser lugares de lujo o de gran atractivo económico que se contraponen a la realidad histórica de los habitantes que escuchan las historias. En muchas ocasiones se relatan estos lugares dorados en relación a las historias de colonización de nuevas tierras por parte de ciudades-estado griegas. Pero si además de contar una historia mítica que tiene lugar en un espacio lejano y este a su vez se idealiza como “dorado”, entonces da la impresión adicional de que la acción tiene lugar donde el tiempo se ha detenido. Esta idealización extrema convierte al viaje en

Representación de los doce trabajos de Hércules.

el desarrollo de las leyendas míticas, y el dorado se convierte en la meta, como lugar de ensoñación imposible de alcanzar, que solo se encuentra en manos de unos pocos privilegiados que deben enfrentarse a numerosos peligros, pues la recompensa así lo merece.

En el mundo de los antiguos griegos, la realidad mítica y la realidad histórica supieron convivir a la perfección; sin embargo, no puede decirse lo mismo con la geografía, pues la real y la mítica, por razones obvias se excluían y contradecían. De hecho, una comienza donde acaba la otra y viceversa, ambas no pueden convivir de forma paralela. Con todos, lo cierto es que el espacio geográfico mítico está marcado por una línea invisible del espacio geográfico real, como la línea del horizonte que separa el cielo del mar. Tomemos como ejemplo los viajes de Odiseo, donde el héroe desarrolla su periplo pasando de una geografía a la otra con naturalidad. Aun con todo, debe precisarse que, los países míticos no forman parte de un mundo paralelo, sino que tienen cavidad en la geografía real, y así ha quedado ejemplificado, de nuevo, por la Odisea, donde los barcos de Odiseo pueden moverse por el Egeo, y de repente encontrarse en aguas desconocidas y desembarcar en islas u orillas donde habitan poblaciones míticas. El límite entre la realidad y la ficción mitológica, suele ser una frontera tangible: este será el caso del Sáhara como barrera africana, de los Montes Ripeos como frontera con el Norte mítico o de los estrechos mismos hacia el Ponto Euximo que se pueden identificar con las míticas “Rocas entrechocantes”.

Mapamundi de Eratóstenes. Fuente. Wikimedia Commons

La geografía mítica, por su carácter de alejamiento, es totalmente anacrónica, independientemente del momento en el que transcurra o sea contada la historia en cuestión. Este anacronismo solo es visible para nosotros, dado que somos capaces de distinguir entre la realidad mítica y la histórica, algo que no les sucedía a los antiguos griegos. Por otra parte, la geografía mitológica ha dejado algún vestigio en la geografía real; es el caso de la utilización de la toponimia mítica que en algunas ocasiones originó los topónimos de lugares reales que aún hoy usamos. Algo que no debería extrañarnos si tenemos en cuenta la estrecha relación ya apuntada, entre la geografía mítica y los viajes de colonización griegos.


Para comprender la concepción espacial de los antiguos griegos debemos entender como ellos veían y concebían su alrededor. Los griegos antiguos eran antropocentristas, por lo que entendían que ellos mismos, el Egeo y el Mediterráneo eran el centro mismo del mundo conocido, pero además entendían que el mundo era el centro del universo entorno al cual orbita el Cosmos. Pero este pensamiento no es del todo alejado para nosotros, desde apenas el inicio de su existencia el hombre se ha centrado en su persona, y de ella han radiado todas las demás existencias. Así lo entendieron también los griegos que, como pueblo marino, se dedicaron a hacer exploraciones, colonizaciones, comercio y conexiones con las demás culturas que se desarrollaban “a su alrededor”.


Imagen 1. El ónfalo. Según la mitología, sería la piedra dejada por Zeus en el centro (ombligo) del mundo. Fuente. Wikimedia Commons


La idea de “centro” para el mundo griego antiguo ha sido durante largo tiempo un campo de estudio por los mitólogos modernos, pues a partir de este concepto parecen haber encontrado la clave para comprender completamente la estructura del pensamiento griego. Por lo tanto, estos investigadores van a diferenciar entre dos tipos distintos de “centro”: por un lado, el “centro geográfico”, es decir, el espacio donde interactúa el ser humano, como si del centro geométrico del mundo se tratase; y el “centro religioso”. Pero esta división de “centros” era imposible de establecer en el pensamiento de los griegos antiguos, quienes crearon un lugar geográfico, a caballo entre el mito y la realidad, donde se daba esta dicotomía, Delfos. El conocido por las fuentes como “el ombligo del mundo” representaba geográficamente el centro del territorio griego; además su poder oracular le daba la visión de lugar de peregrinación, y como el lugar donde los dioses autorizaban las nuevas empresas de colonización. La mitología apoya también esta idea, pues fue aquí donde se posaron las dos águilas que Zeus hizo volar desde ambos extremos del mundo para determinar el centro de este. Así, para los antiguos griegos Delfos fue como Babilonia para los mesopotámicos, el Vaticano para los cristianos, La Meca para los musulmanes o como una Jerusalén para los judíos.

Maqueta del Santuario de Delfos( Wikimedia Commons)

Dicho esto, es de destacar que la geografía griega era mucho más reducida que la actual, como es evidente. Si observamos el mapamundi dibujado por el geógrafo griego Eratóstenes, el Cosmos, y en su centro la Tierra, compartían las mismas proporciones. Una concepción que, no obstante, se vería superada por la de diversos matemáticos. De acuerdo con estos geómetras la esfera terrestre debía ser el doble de la proporción que actualmente conocemos una opinión que, más allá de su error, es de valorar pues con ellas comienzan a darse explicaciones más racionalistas de la realidad. El mundo para los antiguos griegos estaba reducido a tres continentes, en muchas ocasiones se llegaron a considerar solo dos, y por supuesto ninguno de ellos era contemplado en sus dimensiones reales sino mucho más pequeñas. Consecuentemente los límites del mundo se encontraban relativamente cerca del mundo de los griegos, y no fueron pocos los exploradores que se aventuraron a buscar sus límites navegando por el Mediterráneo. Unas aventuras en busca del más allá que en ocasiones, llegaron hasta el estrecho de Gibraltar, pues se han conservado evidencias de los contactos de estos griegos con Tartessos.

A tenor de los límites del mundo, desde antiguo tenían los griegos la percepción de que existía vida más allá del Este, es decir, más allá del límite que marcaban las aguas del Mediterráneo. Unas exploraciones que se vehicularon mitológicamente con las aventuras de Jasón y los Argonautas. La parte central del mar Mediterráneo también era parte de la geografía mítica, pues parecía ser casi imposible atravesar el mar sin bordear los tres continentes que lo contemplaban. De igual modo, viajar haciendo cabotaje por el mediterráneo era bastante peligroso (tanto en el mundo real como en el mitológico) tan solo hemos conservado unas palabras de Heródoto que hablan de como unos marineros fenicios (al servicio de Egipto) habían conseguido circunnavegar África, pero posiblemente se tratara de una fábula; por otra parte el explorador Eutímenes de Masalia comenzó una expedición similar, pero no hemos conservado los datos de su recorrido y llegada; hacia el 330 a. C., tampoco parece que Piteas llegara a recorrer toda la costa Norte de Europa, aunque sí pudo desmentir del ideario la no habitabilidad de aquellas tierras. Podemos concluir, que las exploraciones y la expansión del mundo griego antiguo se dio, sobre todo, dentro del Mediterráneo, con la excepción del Mar Negro, y siempre en un sentido “horizontal” por tierra, hacia el interior del continente, pero sobre todo por mar.

El mundo heleno es necesariamente marino, pero entre sus ciudades-estado se encontraban grandes extensiones de terreno que no tenían un contacto directo con la costa. Sin embargo, estas tierras interiores, junto con las propias islas, tenían la concepción espacial de estar envueltas por un gran rio, el Océano. Por eso los griegos se han visto siempre a sí mismos como un civilización insular. El océano es un lugar geográfico mítico que está siempre ahí, y dentro de él se encuentran otros lugares mitológicos de difusa precisión. Así, por ejemplo, la Odisea, nos narra como la isla de Calipso está en el “ombligo del mar”, por lo que podemos deducir que se encuentra en el centro de este.


El océano es concebido como un gran rio circular, que envuelve con sus aguas la tierra en su totalidad; pues bien, en una de sus orillas se encuentra el límite de mundo, pero ¿qué se encuentra en el otro límite del mundo?, racionalmente es una pregunta sin respuesta, pues si el océano es circula sólo existe un límite del mundo; quien se aventura a navegar por el Océano solo puede desembarcar en la orilla de acá (el punto de partida de su viaje), pero nunca en la de allá, puesto que no se contempla que ese fin del mundo se encuentre en tierra firme, sino que se trataría de nuevo del océano que conecta circularmente el mundo conocido. Sin embargo, esta idea no causa ningún problema en la cultura griega, pues como sabemos siguen formulando frases tales como “un lugar más allá del océano” o “atravesar el océano hasta llegar al más allá” (Hesíodo, Teogonía 215). Es un ejemplo más del tránsito sin solución de continuidad entre el mundo real y el mitológico tan impregnado en la cultura griega.

El océano es también el lugar mítico donde descienden y ascienden las estrellas del firmamento que funciona como línea fronteriza entre la tierra y la bóveda celeste. Cabe destacar como los griegos nunca se pusieron de acuerdo para narrar la salida y puesta del Sol, según algunas fuentes antiguas el Sol atraviesa el océano y se esconde dentro de él durante la noche, mientras que otros autores dicen que el Sol realiza un viaje marítimo que comienza en el Oeste con la puesta del Sol y que finaliza en el Este con su salida de nuevo a la bóveda celeste. Se han conservado algunos textos que hablan sobre el viaje nocturno del Sol, pero son bastante simplistas; vienen a contar que el océano es un elemento que está prácticamente prohibido para los hombres, a excepción de ciertos personajes como Odiseo, dado que en su orilla del más allá se encuentra el reino de Hades, es decir, el mundo de los muertos. Paralelamente el Océano, fue el origen de “todos los ríos, todo mar, todas las fuentes y todos los pozos profundos” es también “el origen de todos los seres”, posiblemente porque es concebido como el origen de todas las aguas y, quizás como un antecedente del planteamiento de Tales (624- 546 a. C), porque a éstas se asociaba el fenómeno de la existencia primaria del universo.

Réplica a tamaño real del Pecio de Uluburun. Museo de arqueología submarina de Bodrum, Turquía( Wikimedioa Commons)

La vinculación del océano con el mundo del más allá no es casual, pues ambos parecen ser lugares mitológicos vetados para el ser humano. Puede que no sea una coincidencia el hecho de que la llegada de los navegantes odiseicos a la entrada del Hades se produzca durante la puesta del Sol y que a la vez los Cimerios sean un pueblo que vive en una especie de crepúsculo o noche perenne. Desde tiempos muy tempranos se conoce la relación del viaje nocturno del sol, pues el Hades de Homero y Hesíodo ya contempla esta realidad mítica; pues bien, debemos recordar que en tiempos antiguos y durante la colonización jónica (siglos VIII - VI a. C) la tierra era imaginada como un disco plano, y solo a partir del siglo V a. C., está atestiguada la hipótesis de la esfericidad terrestre. Por tanto, no sabemos bien cómo era concebido ese viaje del Sol durante la noche, del que se habla como una navegación, del mismo modo que se describe en la mitología egipcia. La idea de una vía de Oeste a Este por debajo de la tierra, escrita por Estesícoro, alude a cómo el Sol en una copa de oro navega simplemente “atravesando el Océano”. Por su parte Hesíodo destaca como la luz y la oscuridad quedan entonces compensados, y así tiene lugar el fenómeno del Día y la Noche. A su vez, Homero en la Ilíada, cuenta como Zeus amenaza con arrojar a los dioses desobedientes: “al brumoso Tártaro, allá bien lejos, donde está la más profunda sima bajo la tierra, donde las puertas de hierro y el umbral de bronce', tan por debajo del Hades cuanto el cielo dista de la tierra”. Por lo tanto, en el fondo de este abismo es donde, según Homero, debemos situar geográficamente al Tártaro, que no se encuentra en el Mas allá, en el mundo de los muertos, si no que parece situarse en una estratigrafía aún más profunda que el propio Hades, posiblemente en el lugar reservado para los grandes condenados y los Titanes.

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domingo, 1 de febrero de 2026

SAN LUCIFER. DE PORTADOR DE LUZ A NOMBRE DEMONIACO. EL OBISPO ULTRA QUE SE ENFRENTÓ AL EMPERADOR CONSTANCIO II..

El siglo IV d.C. no fue solo la época de la recuperación de las fronteras romanas y de la superación de la conocida como Anarquía Militar del siglo III.  Fue también un siglo de lucha religiosa del cristianismo contra el paganismo y de las diferentes maneras en las que el mensaje de Cristo fue interpretado dentro de la propia iglesia cristiana. Nicenos y arrianos, favorecidos por las ideas del emperador de turno -- los arrianos por emperadores como Valente o Constancio II y los nicenos por otros como Teodosio-- se enfrentaron en varios concilios por la supremacía entre los cristianos En medio de este agitado ambiente religioso, destaca una figura cuyo nombre hoy resulta chocante para muchos: Lucifer de Cagliari (C. 300-370). No no hablamos de ningún ser demoniaco, hablamos de un santo de la Iglesia Católica, aunque bueno lleva pensándose su santidad desde el siglo XVII. Este obispo fue el "martillo de herejes" más radical de su tiempo, un obispo que prefirió el exilio y el aislamiento antes que ceder un milímetro en su interpretación de la fe.



 
Representación ficticia (IA) de San Lucifer, basada en
las imágenes conservadas del santo del siglo XVI y XVII .
Para entender a Lucifer, debemos entender el ambiente en el que se desarrolló su actividad religiosa y la doctrina que pretendía combatir: en arrianismo. era una corriente cristiana, impulsada por el presbítero Arrio que sugería que Jesucristo no era "de la misma sustancia" que Dios Padre, sino una criatura creada.

El emperador Constancio II, hijo del gran Constantino, a pesar de que su padre, había presidido el célebre primer concilio de Nicea en el 325, en el que se condenaron las doctrinas arrianas, fue un ferviente arriano y siempre vio en esta corriente cristiana una herramienta política perfecta que favoreció frente a la versión nicena de múltiples maneras. 

Sin embargo, en el año 354, se encontró con un duro opositor a su política religiosa, llegado      desde la isla de Cerdeña. Lucifer, obispo de Cagliari, no veía en el arrianismo una opción teológica, sino una blasfemia absoluta. Su nombre, Lux-ferre (portador de   z), era para él una misión: iluminar la oscuridad del error imperial, defender la ortodoxia católica. Sabemos que en el año 355 fue enviado por el papa Liberio al Concilio de Milán como defensor de San Atanasio

Lucifer frente a Constancio II

Este concilio fue el momento cumbre de su vida . El emperador Constancio II, actuando como un "obispo de obispos", exigió que todos los presentes firmaran la condena de San Atanasio, el gran defensor de la ortodoxia nicena frente a otras corrientes como el arrianismo. Mientras muchos obispos vacilaron ante el poder del augusto y se plegaron a sus exigencias doctrinales, Lucifer se mantuvo firme. Las crónicas nos dejan constancia de su violencia verbal que era tal que enojó al propio Emperador. Lucifer sentenciaba en sus discursos. Para él, Constancio no era solo un político equivocado, era el Anticristo. Como resultado de su insolencia, fue desterrado junto a otros obispos nicenos como Osio de Córdoba, Dionisio de Milán, Hilario de Poitiers, Eusebio de Vercelli e incluso el mismo papa Liberio. Pero el destierro fue su combustible. Durante su cautiverio en Palestina y Egipto, escribió tratados con títulos que hoy consideraríamos "ataques de odio" contra la máxima autoridad del mundo romano. Su pluma era un estilete cargado de citas bíblicas utilizadas como proyectiles en obras como Ad Constanetium Augustum pro Sancto Athanasio Libri II. En el 361, en un contexto de enfrentamiento civil entre Constancio II y su sobrino Juliano,  conocido después como el Apostata, muere Constancio y se inicia un periodo de tolerancia hacia las corrientes cristianas y hacia el propio paganismo que permitirá la vuelta de los exiliados nicenos.

        Busto de Constancio II,                   .

El Cisma Luciferino

El regreso de los exiliados. La Iglesia, liderada ahora por figuras más diplomáticas como Atanasio o Hilario de Poitiers, decidió perdonar a los obispos que habían sido "arrianos por miedo" o conveniencia. Algo que entraba en confrontación con las creencias de los más ortodoxos nicenos como Lucifer.

En el concilio de Alejandría (362), Atanasio defendió una actitud de perdón respecto a numerosos obispos que habían suscrito fórmulas arrianas, Lucifer montó en cólera. ¿Cómo podía la Iglesia pura mezclarse con los traidores? Para él, la comunión con un obispo arrepentido era lo mismo que hacerla con un hereje y contaminaba a toda la congregación. Se separó de la corriente principal y fundó su propio movimiento: los **Luciferinos**. No eran herejes en la doctrina (creían lo mismo que Roma determinaba como correcto dogmáticamente hablando), pero si que tenían una visión totalmente distinta sobre como tratar a los antiguos arrianos o a los nicenos que se habían plegado a las amenazas de Constancio II. Si un obispo había apostatado de su fe nicena debía perder su poder en la Iglesia, independientemente de la sinceridad de su arrepentimiento. LA falta de apoyos desde la Iglesia le llevó a refugiarse en su isla con su congregación. Se convirtieron en una secta de "puros", convencidos de que ellos eran los únicos que no habían doblado la rodilla ante el emperador. Este rigorismo extremo lo llevó a morir aislado en su Cerdeña natal hacia el año 370, separado de la misma Iglesia que él creía estar protegiendo. Murió en el 370 convencido de la rectitud de sus ideas

La Paradoja de su Santidad y el Estigma del Nombre

¿Cómo es posible que un hombre que murió en cisma sea hoy "San Lucifer"? La respuesta reside en la geografía y la identidad sarda. En Cerdeña, Lucifer fue visto siempre como un héroe local que plantó cara a la tiranía extranjera (la de Constantinopla y Milán).

En el siglo XVII, durante una fiebre de excavaciones arqueológicas en Cagliari para encontrar reliquias paleocristianas (en competencia con otras diócesis), se halló una losa que rezaba: *"Hic jacet B. Luciferus Eps"* (Aquí yace el Bienaventurado Lucifer, Obispo). Este hallazgo "rehabilitó" oficialmente su figura.

Sin embargo, a medida que la lengua evolucionó y el nombre "Lucifer" se convirtió en el nombre propio del Diablo en el imaginario colectivo (debido a interpretaciones medievales de Isaías 14:12), la figura del santo quedó relegada a la oscuridad de los archivos.

Hoy, San Lucifer es una curiosidad histórica que nos recuerda que, en el mundo romano, el siglo IV fue un siglo no solo de luchas civiles y contra los bárbaros, también lo fue de confrontaciones religiosas fratricidas, del cristianismo contra otras religiones y , sobre todo dentro del propio cristianismo.


Obra escrita

Lucifer fue un escritor prolífico. de entre sus obras hay que destacar:

Epistola ad Eusebium (355): Defensa ferrea de Atanasio y crítica a los obispos arrianos o cómplices del arrianismo.

De non conveniendo cum Haereticis (357): Argumenta contra el diálogo y cualquier tipo de cesión con los herejes.

Ad Constantium Augustum pro Sancto Athanasio, Libri II (360): Una diatriba contra el emperador Constancio II al que acusa de tiranía religiosa.

Es curioso ver como sus textos, combinaban un estilosencillo con un tono airado, lo que le valió tanto detractores como seguidores entre sus contemporáneos.

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miércoles, 21 de enero de 2026

CIUDADES DEL LIMES. LA VIDA COTIDIANA EN LOS CONFINES DEL IMPERIO.

Un artículo de Federico Romero Díaz.

La imagen tradicional de la situación en los territorios fronterizos entre Roma y el barbáricum suele estar poblada de hordas salvajes que cruzan ríos helados para saquear ciudades indefensas. Sin embargo, la historia que nos revelan los textos y la arqueología sobre los siglos IV y V es diferente, al menos bastante más complicada. En los limes del Rin y el Danubio, lo que existió no fue solo frontera que separaba dos mundos antagónicos, sino un escenario físico y cultural único que va a generar un mundo mestizo que se convirtió en la base de la cultura europea durante la Edad Media.

Creación de ( Alberto Martínez Díaz) con IA de Vida cotidiana en una ciudad del limes.

En este escenario, el limes dejó de ser una línea divisoria para convertirse en un espejo: un lugar donde la cultura romana se proyectaba hacia el exterior y, al mismo tiempo, absorbía muchas influencias de sus vecinos del norte.

Las ciudades del Limes: Espejo de Roma y centros de poder y civilización

Durante el siglo IV, las ciudades situadas a lo largo de los ejes fluviales del Rin y el Danubio vivieron una etapa de transformación crítica. Lugares como Tréveris (*Augusta Treverorum*), Colonia, Maguncia (*Mogontiacum*), Viena (*Vindobona*) o Aquincum eran mucho más que simples localidades en las que asentaban sus campamentos las diferentes legiones que protegían el Imperio romano. 

Fueron diseñadas como el escaparate de la grandeza de Roma. Cumplían una función fundamental. Para el bárbaro que miraba desde la otra orilla, la ciudad romana —con sus murallas de piedra tallada, sus foros monumentales y sus ingeniosas obras hidráulicas— representaba un orden muy superior al existente en el barbaricum, que era el inmenso territorio en el que vivían los bárbaros libres. El Estado romano invirtió sumas astronómicas en mantener estas infraestructuras, en especial tras el fin de la conocida como crisis del Siglo III (235-284). Con emperadores como Diocleciano, Valentiniano I o Constantino, se repararon calzadas que conectaban los puertos fluviales con el interior y se construyeron puentes permanentes, como el de Colonia o el de Maguncia, que servían tanto para el paso de legiones como para el tránsito de mercancías.

La vida urbana en estas metrópolis fronterizas era una mezcla curiosa de rigor militar y sofisticación civil. En sus calles convivían oficiales de alto rango, funcionarios imperiales, artesanos locales, bárbaros que acudían a sus mercados a vender o a comprar y comerciantes o lixae  que un día estaban territorio romano y otro atravesaban la frontera para comerciar con sus vecinos bárbaros. La arqueología nos muestra que incluso en los  peores momentos de la crisis del siglo III los usos urbanos no se abandonaron: las termas siguieron funcionando y los anfiteatros continuaron con sus espectáculos, siendo lugares importantes lugares de reunión de la plebe, aunque cada vez más la defensa de las murallas que rodearon las ciudades romanas se convirtiera en la prioridad absoluta. 

Creación de ( Alberto Martínez Díaz) con IA de Vida cotidiana en una ciudad del limes.

Para ello estas ciudades tuvieron que transformarse para convertirse en refugio seguro de gran parte de la población rural que huía de saqueos de las incursiones bárbaras, del bandidaje que se aprovechaba del desorden reinante para atacar a los indefensos aldeanos o de los propios ejércitos romanos en su ir y venir por el territorio en sus campañas y guerras civiles.

De entre algunas de estas ciudades espejo de romanidad podemos citar a:

Sirmium: Destacó como lugar de nacimiento de varios emperadores, como Decio y Diocleciano .

Maqueta de Sirmium en el centro
 de visitantes en Sremska Mitrovica.


Carnutum: Capital de Panonia, prosperó gracias a la ruta del ámbar y fue ascendida a colonia por Septimio Severo. Sufrió graves daños por terremotos y ataques de cuados y yacigios en el 374, y finalmente fue abandonada en el siglo V .

Aquincum: Con una población de hasta 40,000 habitantes, fue capital de la Panonia Inferior. Al igual que otras ciudades, fue fortificada y dotada de servicios como anfiteatro, acueductos y termas. Cayó ante los vándalos en el 376 y estaba casi despoblada cuando llegaron los hunos .

Singidunum: Originada en un asentamiento celta, se convirtió en una importante base militar y sede de la classis pannonica. Alcanzó el estatus de colonia con Gordiano III, pero sufrió los saqueos de hunos y ávaros en el siglo V .

Noviomagus Batavorum: Una ciudad en el limes de Germania Superior, que fue abandonada por la presión franca, recuperada por Diocleciano y finalmente cedida a los francos como territorio de asentamiento.

Castra Vetera: Destruida en el 275 por los francos, fue sustituida por una ciudad más pequeña y fortificada (Tricésimae), que también fue destruida varias veces por los francos.

Colonia Agripina: Capital de la Germania Inferior, con poderosas murallas, se convirtió en un refugio para la población rural que huía de la inseguridad . Fue una de las residencias de los emperadores del Imperio Galo y fue recuperada y perdida varias veces entre romanos y francos a lo largo de los siglos IV y V .

Reconstrucción de la Colonia en el siglo III.

Mogontiacum: Sede legionaria clave para la defensa tras el desastre de Teutoburgo, fue escenario del asesinato de Alejandro Severo y sufrió múltiples ocupaciones alamanas hasta ser arrasada en la Nochevieja del 406 al407.

 La "frontera incierta": Un espacio de intercambio.

Uno de los conceptos más fascinantes de este periodo es el de la "frontera incierta". Lejos de ser un muro infranqueable, el limes* funcionaba como un filtro permeable. Los ríos eran autopistas de información y suministros. Las flotas fluviales romanas classis patrullaban las aguas, pero no solo para impedir invasiones, sino para controlar y cobrar impuestos a una actividad comercial que nunca se detuvo.

El intercambio económico era vital para ambos lados. Los romanos exportaban vino, aceite de oliva (productos esenciales para la dieta y el estatus romano que se transportaban en ánforas desde el sur), cerámica de lujo terra sigillata  y objetos de vidrio. A cambio, del barbáricum llegaban materias primas que el Imperio necesitaba: pieles, madera de alta calidad, esclavos, ganado, el preciado ámbar del Báltico, etc.

Campamento romano en la orilla del Rin. Graham Sumner.

Esta relación de vecindad, de comercio fomentó un mestizaje cultural visible en los hallazgos arqueológicos. Un ejemplo emblemático son los complementos de vestimenta militar, como los cinturones decorados con la técnica de talla profunda chip-carving. Estos objetos, que mezclaban gustos estéticos germanos con la simbología del rango romano, eran lucidos con orgullo tanto por soldados de origen romano como por federados bárbaros, demostrando que en la frontera, la identidad era algo flexible.

Cabezas de delfines decoran la hebilla del cinturón del tipo chip-varving.(Crédito de la imagen: Universidad de Leicester)


El extremo de la correa del cinturón tiene perros agachados en cada lado. Algo típico de este tipo de cinturones de tradición germánica.

 La vida en el medio rural: El desafío de la producción

Si las ciudades eran el espejo de Roma, el medio rural era el motor que permitía que todo el sistema siguiera funcionando. La supervivencia del ejército fronterizo dependía directamente de la capacidad de las provincias para producir alimentos. Sin embargo, el campo romano del siglo IV se enfrentaba a retos colosales derivados de las crisis del siglo anterior.

Las villae (explotaciones agrícolas) sufrieron profundamente el impacto de las guerras civiles y las incursiones. El problema no era solo la destrucción física de los cultivos, sino la desarticulación de la mano de obra. La presión fiscal para mantener al ejército y las levas forzosas de campesinos para las legiones dejaron muchos campos abandonados agri deserti.

Visión moderna de una villa romana (Vue d'une villa romaine,
Jean-Achille Benouville,​ 1844).

Para solucionar este vacío, el Imperio recurrió a una solución pragmática: el asentamiento de grupos bárbaros en calidad de colonos, con diferentes categorías jurídicas (laeti, foederati, gentiles, deditici, etc). Estos nuevos habitantes, bajo la supervisión de un funcionario imperial normalmente de carácter militar(praepositi) recibían tierras a cambio de cultivarlas y, en muchos casos, de prestar servicio militar si era necesario. Esta medida no solo recuperó la productividad agrícola en zonas como la Galia o Panonia, sino que aceleró la integración social de estas masas de bárbaros que asumieron su romanidad sin problemas, mostrándose dispuestos a luchar contra otros bárbaros para defender sus tierras o al Imperio si acababan por alistarse en las legiones. 

Escaramuza en la orilla del Rin antes de la
 batalla de Estrasburgo , 357. Gerry Embleton.
El paisaje rural se transformó en un mosaico donde las tradiciones agrícolas romanas se mezclaban con nuevas formas de asentamiento de tradición germánica, más sencillas y funcionales. No hay testimonio en las fuentes de conflictos entre estos bárbaros asentados en territorio imperial y los provinciales o con los propietarios romanos de las zonas en las que se asentaban. Seguramente lo hicieron en tierras que habían quedado abandonadas o en territorio de propiedad imperial.

La vida en el medio rural, especialmente en la Galia, era precaria e inestable. Se caracterizaba por la creciente acumulación de tierras en manos de los poderosos y una opresión fiscal sobre el campesinado. La inflación y la devaluación de la moneda, especialmente aguda durante la segunda mita del siglo III, llevaron a una pérdida del valor real del dinero, empobreciendo a los humildes y enriqueciendo a los terratenientes que acumulaban oro y plata. La economía en el mundo rural durante los siglos IV y V, era muy precaria e inestable, caracterizada por una crisis monetaria y el auge de la autosuficiencia y el trueque.

La fuerte inflación y la devaluación de la moneda romana, que contenía cada vez menos metal precioso, provocaron una considerable pérdida de su valor real. Como resultado, el papel de la moneda se fue reduciendo al mínimo en el mundo rural, donde muchos sectores de la economía se desmonetizaron. Para la supervivencia de los pequeños campesinos, el intercambio era casi más importante que el comercio formal. Este intercambio solía realizarse con otros productores vecinos o comunidades cercanas mediante el trueque, evitando así el uso de la moneda devaluada.

Existía también un fuerte componente de autoconsumo. Los pequeños propietarios diversificaban sus actividades para satisfacer sus propias necesidades y reducir los riesgos de perder toda la cosecha ante saqueos o desastres.


Tipos de Cultivo y Producción

Los pequeños propietarios y granjeros diversificaban sus cultivos y producciones: Cultivo de legumbres y cereales, arboricultura, cría de animales como cerdos, gansos, gallinas, vacas, ovejas o bueyes para arar, abejas para producir miel, etc.

Las grandes villae (centros de explotación agrícola) orientaban su producción a las necesidades del ejército romano, pero muchas fueron abandonadas cuando las guarniciones militares disminuyeron y el mercado se redujo 

La inseguridad debido a las incursiones bárbaras y el bandolerismo provocó el abandono de muchas villae (grandes centros de explotación agrícola), aunque algunas se fortificaron para proteger a los campesinos bajo un sistema de patrocinio. Los pequeños propietarios diversificaron sus cultivos y dependieron más del trueque e intercambio local que del comercio monetario.

La presión fiscal era tan alta que muchos campesinos libres optaban por huir, refugiarse entre los bárbaros o unirse a la bagauda (grupos de rebeldes o bandidos). El traslado de la sede del prefecto del pretorio de Trier a Arles también contribuyó al declive económico y demográfico de las zonas rurales del norte de la Galia.


Un sistema en equilibrio precario

A pesar de la los buenos y rápidos frutos de este sistema, la presión era constante. El mantenimiento de las defensas requería un suministro ininterrumpido de materiales: piedra para las murallas, hierro para las armas y madera para los barcos, dinero para la administración del Imperio en la zona. La economía del limes era, en esencia, una economía de guerra sostenida por el Estado que con sus recursos convirtió esa zona en un territorio peligroso, pero lleno de oportunidades para los más aventureros.

Cuando el flujo de dinero o de suministros desde el centro del Imperio flaqueaba, el equilibrio de la frontera se resentía. Sin embargo, es notable observar cómo, incluso en momentos de gran inestabilidad, la estructura social de las ciudades y la jerarquía de las villas rurales preservaron el modus vivendi romano. La élite local, compuesta por terratenientes y altos oficiales, seguía emulando las modas de Roma o Constantinopla, incluso cuando el peligro acechaba a pocos kilómetros de sus propiedades.

En conclusión, la frontera renano-danubiana no fue el escenario de un choque repentino, entre dos mundos distintos, y antagónicos, sino lugar de una convivencia prolongada y tensa. En las ciudades y en los campos de cultivo se estaba gestando el mundo que vendría después. El Limes fue el laboratorio donde se ensayó la integración de los pueblos germánicos en la estructura militar y social de Roma, un proceso que, aunque salpicado de violencia, dejó una huella imborrable en la configuración de la Europa que hoy conocemos.

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