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lunes, 6 de febrero de 2023

DECIO MAGIO, EL CAPUANO FIEL A ROMA QUE NO SE DOBLEGÓ ANTE EL PODER DE ANIBAL.

Un texto de Iván La Cioppa para  Historia y Roma Antigua

Capua fue una de las ciudades más ricas e importantes de la historia de Roma. 

El mismo Cicerón la llamaba «Altera Roma». Sin embargo, Capua, durante la segunda guerra púnica, cometió acto de traición contra la ciudad que siempre la había protegido, o esto es lo que leemos a menudo en los libros de historia.  

Entre las páginas de «Ab Urbe Condita» de Tito Livio encontramos, inesperadamente, una verdad parcialmente diferente que salva el honor de una parte de los habitantes de Capua: no todos cedieron ante Aníbal cuando se presentó a las puertas de la ciudad, no todos se abandonaron a ese miedo tan arraigado en el ser humano como para anular la dignidad y el orgullo, haciendo que el hombre pierda su humanidad. 

Entrada triunfal de Anibal en Capua(Peter Connolly)


Livio nos dice que un ilustre Capuano, desdeñoso de la muerte y la ira de Aníbal, se mantuvo fiel a Roma (XXIII, 7-10): su nombre era Decio Magio, hombre cuyo honor hizo que el historiador Velleio Patercolo, su descendiente, en su "Historia romana", lo llamara «Campanorum princeps celeberrimus et nobilissimus vir»: "Primero entre los Campanos, hombre muy ilustre y noble". 

Un hombre de tal calado moral, entregado a su patria ya la justicia, no podía permanecer indiferente ante la noticia de que su ciudad había decidido traicionar a Roma y aliarse con los cartagineses. Intentó por todos los medios oponerse a ella, pero sin éxito alguno.

Mientras los senadores de Capua y los demás notables corrían a inclinarse ante Aníbal, cuando éste se presentó en la ciudad para ser honrado, Magio mantuvo su dignidad, mostrando la mayor indiferencia, paseándose por el foro, sin importarle el ilustre huésped que ya se comportaba como un gobernante La actitud de Magio enfureció al comandante cartaginés que exigió su arresto. El senado de la ciudad, ahora una mezcolanza de lacayos a sueldo de los Púnicos, cumplió con este deseo, ordenando capturar a Magio, dándole la oportunidad de defenderse ante el magistrado. Se negó a rogar por su salvación frente a sus conciudadanos que lo habían traicionado y, con la cabeza alta y descubierta, fue escoltado por las calles de su amada Capua, hacia el campamento de Aníbal. De pie y orgulloso, Magio no renunció a expresar su pensamiento por última vez frente a la gente que se había reunido para despedirse de él. Y fue entonces cuando sucedió lo impredecible: los Capuanos, arengados por sus palabras, estuvieron a punto de rebelarse y liberarlo (XXIII, 10).


Los soldados que lo escoltaban tuvieron que obligarlo a cubrirse la cabeza y, a toda prisa, lo llevaron al campamento púnico. Aníbal, consciente de ese principio de amotinamiento y habiendo observado el carisma de Magio, juzgó conveniente deshacerse inmediatamente del prisionero, enviándolo a Cartago. 

Estas páginas de Tito Livio avaloran aún más la tesis de que muchos fueron los Capuanos que hubieran preferido ser fieles a Roma.

El destino, sin embargo, premió a Decio Magio por su sentido del honor y la justicia.


El buque en el que viajaba nunca llegó a Cartago porque una tormenta lo arrastró a la costa de Cirene, donde fue liberado y recibido como huésped. El rey de Egipto, Ptolomeo Filopátor, impresionado por su historia, le concedió la libertad de elegir a dónde ir. El noble de Capua era consciente de que no podía vivir ni en Capua ni en Roma y al final se quedó en Egipto donde acabó sus días.


Decio Magio no pudo evitar la traición de su ciudad, pero su ejemplo le dio a Aníbal una lección de honor y respeto por la palabra dada.

¡ABRAN PASO A MI AMO! . LA FIGURA DEL ANTEÁMBULO.

TITO FLAVIO VESPASIANO.EL JOVEN LEGADO DE LA LEGIO II AUGUSTA EN BRITANIA

LOS ROMANOS Y EL ACEITE DE OLIVA. UNA HISTORIA DE AMOR

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EL LOBO Y LA LICANTROPÍA. SU SIMBOLISMO EN LA ANTIGUA ROMA.


miércoles, 18 de enero de 2023

VOZ Y VIDA DE UNA VESTAL. BREVE RESEÑA A "ESCLAVA DE VESTA" DE MIREIA GALLEGO VERDEJO.

Resumiendo mucho, podemos decir que las vestales estaban consagradas a la diosa Vesta y que pasaron de ser dos en los primeros tiempos (aunque de eso no hay certeza) a ser ya cuatro siglos después y seis en sus últimas etapas. Estaban consideradas fundamentales para la continuidad y la seguridad de Roma. Debían ser vírgenes, de buena familia y hermosas. Eran seleccionadas por el pontífice máximo en la edad de seis a diez años. Entre sus labores destacaban: la de cuidar del fuego sagrado de Vesta que siempre debía permanecer encendido; debían permanecer vírgenes y participar en los ritos religiosos, a los que su privilegiada posición social  les obligaba, como la elaboración de la mola salsa que se usaba en los sacrificios estatales.

Su servicio duraba treinta años, los primeros diez se dedicaban al aprendizaje, los siguientes diez al servicio religioso y los últimos a la formación de las nuevas vestales. Después eran libres de volver a la normalidad o permanecer célibes en el templo que era la opción más frecuentemente elegida.

Gozaban de numerosos privilegios que el resto de las romanas no disfrutaban. De entre esas ventajas destacaba la capacidad de tener patrimonio propio sin tutor, lugar preeminente en las ceremonias y espectáculos públicos, inviolabilidad de su persona, etc. El perder la virginidad era considerado el delito más grave que podía cometer una vestal ya que ponía en peligro la continuidad de Roma. Esa falta era más grave incluso que dejar que se apagara la llama sagrada. Como la vestal era considerada hija de Roma, cualquier relación sexual que mantuviera  era considerada incesto.

Los textos sobre las vírgenes vestales en general,  son muy numerosos, y en algunos casos excelentes. Sin embargo las publicaciones que hablan de las vestales en concreto, de quienes eran, de cómo pensaban y sentían, de que les pasó, de porqué hemos conocido tan pocos nombres de estas sacerdotisas a lo largo de la historia, son muy escasas. No son muchos los nombres que han sobrevivido al paso de los siglos. Tanto es así que ya hace unos años me animé, en colaboración con el gran Francesc Sánchez( recientemente fallecido) de la web Arraona Romana a recopilar en  un artículo  gran parte de las historias y algunos de los pocos nombres conservados de esas mujeres como un homenaje a su generosidad y a la vida de servicio que rindieron a la Ciudad Eterna. Tampoco son muy abundantes los relatos literarios en los que ellas tengan la voz cantante, el papel de protagonistas. Mireia Gallego Verdejo, la escritora y divulgadora, miembro fundador de Divulgadores de la Historia y administradora del excelente y veterano blog Atenea Nike, ha venido a poner remedio a la situación con su nueva novela "Esclava de Vesta".

Es un excelente relato de la vida de una vestal(ficticia) Occia, de la familia de los Valerio que sufre la inquina y el desprecio más profundo de su hermana mayor, Claudia que, con sus intrigas y maquinaciones, irá trayendo la desgracia más absoluta no solo a nuestra joven protagonista, sino prácticamente a todos aquellos a los que ama. Occia, a causa de las maniobras de su cuñado, resulta elegida siendo muy niña para ser vestal y en contra de su voluntad, ingresa en la Casa de las Vestales. Allí transcurrirá su vida austera y plenamente dedicada al culto a la diosa. El relato, además del componente humano que lleva aparejado, resulta de lo más interesante para cualquier amante de la antigua Roma, pues sirve de pretexto a la autora para contarnos, con una habilidad narrativa sorprendente, no solo los grandes momentos políticos de los gobiernos de Calígula o Claudio sino también aspectos más costumbristas de la sociedad romana en general y sobre todo de las vestales: como era la vida de estas mujeres; en que consistía el culto a Vesta; cuales eran los privilegios y obligaciones de ser vestal; que comían; como se organizaban para el culto; cuales eran los castigos que sufrían si faltaban a sus deberes, etc. No se piense el lector de estas líneas que le estoy recomendando una novela tierna y divertida sobre la vida de una joven Vestal. En absoluto, la novela como ya he indicado es rigurosa hablando desde un punto de vista histórico y a veces refleja de una manera brutal y descarnada lo dura que podía ser la vida y la muerte en esa ciudad. Es sorprendente también y eso que ya me pasó con su novela anterior, lo rápido y fácil que se leen sus poco más de 300 páginas, te quedas con ganas de seguir leyendo sobre Occia y sobre esa Roma, ya dueña de casi todo el mundo, al menos del conocido, de la primera mitad del siglo I.

Es, en definitiva mi fórmula favorita para la novela histórica( diversión + rigor histórico), mezclar la vida de un personaje real o ficticio(eso da igual) con la narración seria y rigurosa del contexto histórico en los que se desenvuelve la intriga. He leído a algunos divulgadores, "profetas de la verdad" decir que con la novela histórica no se puede aprender historia. Yo sinceramente creo que eso no es cierto, en especial si leemos las novelas de Mireia que, siempre son divertidas pero fieles al contexto histórico en el que se desarrolla. Un perfecto ejemplo de ello es su anterior novela "Servilia: La mujer que cambió el destino de Roma", que hemos reseñado ya en este blog.

En conclusión y con ánimo de no aburrir al lector de estas líneas solo me queda animarle a hacerse con una novela en la que la diversión y el aprendizaje están garantizados. Una inversión perfecta ¿No os parece?

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jueves, 5 de enero de 2023

¡ABRAN PASO A MI AMO! . LA FIGURA DEL ANTEÁMBULO.

 Un texto de Iván La Cioppa para HRA

¿Cuántas veces hemos visto a personas serviles, auténticos lacayos ponerse a las órdenes de los así llamados poderosos y acabar, al final, haciendo el ridículo? Bien, pues son personajes que ya existían en la antigua Roma y se les llamaba “anteámbulo”, que significa literalmente “aquel que camina por delante”. 


En la vida real, el “anteámbulo” solía ser un esclavo o un liberto que, por la calle, caminaba delante de su amo (o de su patrón, si era un liberto) y le abría literalmente paso por la muchedumbre, si era necesario incluso a empujones y codazos, gritando «fate locum domino meo» (abran paso a mi amo). 

Calles romanas( Serie Rome, HBO)
Tenemos constancia de esta figura en la obra de Suetonio, Marcial, Juvenal y Plinio el Joven. 

El caso es que a veces el “anteámbulo” se esmeraba tanto que daba lugar a situaciones embarazosas, como podemos leer en una epístola de Plinio (Ep. 3.14, 7.).

El abogado, magistrado y escritor romano nos cuenta una anécdota cuyo protagonista es un tal Larcio Macedón, ex juez, hombre altivo e intransigente, sobre todo con sus esclavos. El hombre estaba paseando por las termas, en Roma, precedido por su “anteámbulo” que, ni corto ni perezoso, tuvo el valor de pretender que un caballero, un exponente de la prestigiosa Clase Ecuestre, le cediera el paso a su amo, y le rozó una mano. 

Este último, airado, se dio la vuelta de pronto y abofeteó no el siervo, el responsable de la ofensa, sino a su amo, el pobre Larcio: algo que lo hirió en el honor, además de dolerle.

 Curiosamente, Larcio Macedón años después halló la muerte en las termas (las de su mansión en Formia) a manos de sus esclavos quienes, cansados del trato inhumano que les daba su amo, lo mataron de una forma especialmente cruel.



TITO FLAVIO VESPASIANO.EL JOVEN LEGADO DE LA LEGIO II AUGUSTA EN BRITANIA

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viernes, 30 de diciembre de 2022

TITO FLAVIO VESPASIANO.EL JOVEN LEGADO DE LA LEGIO II AUGUSTA EN BRITANIA

Texto de Iván La Cioppa para Historia y Roma Antigua.

43 d.C. El ejército de Roma desembarca en la costa de Britania

Nada menos que cuatro legiones se despliegan bajo el mando de Aulo Plaucio Silvano: la II «Augusta», la XIV «Gemina», la XX «Valeria Victrix» y la IX «Hispana». También hay diversas unidades auxiliares como la de los Bátavos. Los Romanos buscan batalla pero los Britanos no aparecen por ninguna parte.
En breve los exploradores regresan y traen noticias que, por fin, resuelven el misterio: los bárbaros se han retirado a la otra orilla del río Medway donde han formado su línea de defensa principal con un ejército de 150.000 hombres a las órdenes de Togodumno y Carataco, hermanos y jefes de los Catuvellaunos. 

Las huestes del Imperio avanzan hacia el enemigo y en breve las dos formaciones se encuentran frente a frente, a las orillas opuestas del río. Sus aguas son traicioneras pero es preciso actuar y pasar al otro lado para entablar el combate. 


Los primeros en atreverse a cruzar el río son los auxiliares bátavos que causan estragos en las líneas enemigas, pero sin decidir la batalla. Ya es hora de que las legiones espabilen y den prueba de su valentía y potencia, sin embargo los legionarios dudan: temen ahogarse debido a su pesado equipo.

Tito Flavio Vespasiano, legato della Legio II Augusta. Batalla del Medway. 43 d.C. Figura pintanda con acrilicos y oleos

 Al final un joven legado de la Legio II «Augusta», Tito Flavio Vespasiano, toma la iniciativa. Gracias a su perspicacia y destreza, localiza el lugar donde el cauce del río se ensancha y se vuelve menos profundo. Arriesgándolo todo, ordena a sus hombres vadear el Medway. En breve los Britanos se quedan helados: los legionarios de la II «Augusta», empapados pero armados hasta los dientes, están frente a ellos, dispuestos a causar una masacre. Se desata una batalla sangrienta y los Romanos se adjudican una victoria decisiva.

Nadie puede imaginar que en veintiséis años ese valiente legado de la II «Augusta» se convertirá en emperador y dejará su nombre imprimido en letras de fuego en la historia de Roma.

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miércoles, 21 de diciembre de 2022

LA EJECUCIÓN DEL GENERAL RAFAEL DEL RIEGO ( "CABEZA DE FIERRO"

Un texto de Pedro J. Villanueva para HRA.

El general Rafael del Riego fue un oficial de la Guardia Real que abrió las puertas al liberalismo europeo con su alzamiento. Contrario al Rey absoluto Fernando VII, alzó al pueblo y a la mayoría de un ejército descontento, a favor de la Constitución española de 1812. Su levantamiento, trajo consigo nuevos derechos, pero también muchas envidias; tres años denominados como el "Trienio Liberal" (1820-1823) que acabaron de una forma violenta con la entrada de Los Cien Mil Hijos de San Luis desde Francia y la ejecución de nuestro protagonista. Vamos a saber más sobre este personaje, clave en el transcurso del siglo XIX español.

Momento en que la Constitución de Cádiz es proclamada en la Plaza Mayor de Madrid en 1820.
Fuente: Museo de Historia, Madrid.

El día 9 de abril de 1784, nace Raphael Joseph María Manuel Antonio, conocido en los años siguientes como General Riego; el 14 de octubre del mismo año, viene al mundo quien será su antagonista: Fernando VII. El rey nunca será enemigo para Riego, que siempre fue un liberal, constitucional aunque no republicano, mito y víctima de su propia fama.

Riego, debió ser testarudo y obstinado—de ahí el sobrenombre de "cabeza de fierro" —obstinación que le llevó a ser traicionado y engañado en multitud de ocasiones, cayendo en una utopía, las más de las veces, difícil de entender en la época que le tocó vivir. Y es que el Trienio Liberal ha dado mucho de qué hablar, y nuestro paisano asturiano, Riego, ha sido personaje principal en la deriva política, llena de conspiraciones, que finalizó con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis a España.

Retrato de Rafael Riego

Unamuno, define a Riego de forma magistral:

Un hombre que lo fue de carne y hueso, y sangre y alma que se ha convertido en un himno”

Este himno ha sido motivo de polémica, tanto por su autoría como por las implicaciones políticas que posee, siendo el himno nacional durante la Primera República Española (1873-1874) e incluso de manera no oficial, también se le atribuye a la Segunda República (1931-1939). A este respecto, mucha gente piensa que el himno de Riego fue compuesto después de su muerte, y es lógico, ya que algunas de sus letras hacen referencia a su ejecución:

“Aunque Riego murió en el Cadalso, no murió por ningún honor, Que murió con la espada en la mano defendiendo la Constitución” 


Pero lo cierto, es que el himno fue compuesto para alentar al levantamiento, y para dar a conocer a las poblaciones por donde pasaba la columna móvil de las tropas Riego, lo que estaba pasando, en ese invierno de 1820. La mayoría de expertos coinciden en que el autor mayoritario de la letra del himno fue su amigo y compañero de armas, Evaristo San Miguel, de sobra conocido por la facilidad de su pluma y conocimientos políticos de la situación; y la música se le atribuye en mayoría a José Melchor Gomis. Partes de su letra han sido cambiadas en numerosas ocasiones y adaptada a cada circunstancia, pero en su esencia ha conservado lo importante: Libertad, Constitución y derechos de los ciudadanos.

Riego, fue católico. Rezaba diariamente el Credo, tal y como había sido norma en la familia; y lo hizo el día de su muerte, de camino al cadalso asustado y humillado.

Hay mucho escrito sobre el famoso General, y no sería justo con su memoria continuar en el mismo punto sin aportar nada nuevo. Las historias son como ovillos de lana que, aunque parezcan perfectamente atados, muestran pequeños hilos de los que tirar para enseñarnos lo que esconde en su interior; la figura de Riego mantiene muchos de ellos a la vista, invitándonos a descubrir, y este artículo desentraña alguno de ellos ¿y si comenzamos por el final?

María Teresa del Riego

Como si se tratase de los relatos de Edgar Alan Poe, el fúnebre final de Riego no pierde su fragancia romántica. Casado con su sobrina, Teresa del Riego, tan sólo disfrutan unos meses de paz y compañía mutua durante su matrimonio; de hecho, hubieron de casarse por poderes en Cangas de Tineo (actual Cangas del Narcea, donde actualmente una placa recuerda este hecho).

La deriva de la guerra, con la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis en España, obliga a María Teresa del Riego a embarcarse desde Andalucía rumbo a Inglaterra, mientras Riego se queda para luchar en defensa de la Constitución.

La noche antes de su ejecución, Rafael del Riego, recibe la visita de su sirviente y amigo, Ramón. A este, le hace entrega del pañuelo negro que llevaba anudado al cuello, para que lo hiciese llegar a su Teresina. 

Después de la ejecución de Riego en Madrid—luego volveremos a ella—Teresa fallece, tras una penosa enfermedad, a los pocos meses cerca de Londres. El hermano del General, Miguel del Riego (eclesiástico de profesión y hombre culto) acompañaba a Teresa en esos sus últimos días; antes de darle sepultura, corta varios mechones de pelo a su sobrina, para llevarlos a su familia y alguna de sus mejores amigas en España. Puede parecer grotesco, e incluso macabro, pero era una costumbre largamente extendida en la época, sobre todo entre las familias pudientes. 

Los avatares del destino, y donaciones hechas a la Biblioteca Nacional en Madrid, hacen que el mechón de pelo de Teresa, y un trozo del pañuelo negro de Rafael, terminen reposando juntos dentro de un sobre en uno de los archivos de la Sala Cervantes. La fragancia de romanticismo acompaña su final, y si obviamos la parte más tenebrosa, es un bello final que ambos reposen juntos—de algún modo— entre estantes de cultura y libertad. Pero volvamos a la ejecución de Riego y olvidemos por un momento a nuestros desdichados amantes.

Mechón de pelo de Teresa del Riego y fragmento del pañuelo negro de Rafael de Riego. Imagen de la Biblioteca Nacional de España.
El joven general asturiano, sufrió muchas heridas, confió demasiado, y tomó decisiones contradictorias, y si me permiten, se ablandó en numerosas ocasiones. Para mí, la más llamativa acontece al final del Trienio, en una conversación ante el Rey. Este se quejaba de alborotos, y de lo difícil que era para él, tener que soportar el ¡Viva Riego! a su paso, y que le cantasen el Trágala; manifestaba que esas situaciones provocaban tumultos y peleas entre los madrileños. Riego, conciliador, prohibió al momento las dos cosas: el ¡viva Riego! y que se entonase el Trágala de los liberales; lo que desconocía—o no quería ver el General—es que el Rey y sus realistas, conspiraban a su espalda en Europa para derrocar la Constitución.

No hay duda que el juicio de Riego fue del todo injusto y fuera de todo Derecho. Todos—el Rey más que nadie—querían su ejecución; Riego debía ser el que pagase por todo, y quién mejor que él, para que cundiese el ejemplo entre los que se atrevieron a intentar cambiar el orden natural de las cosas: Dios y Rey; que mejor golpe a los constitucionales que ejecutar a su héroe. Ya Riego atisbaba, en pleno Trienio Liberal, que las cosas no iban por buen camino, y que las dificultades políticas eran palpables; un cambio de régimen no se hace en tres años; decía:

La libertad se pierde, estamos rodeados de precipicios

Fernando VII

La sentencia: muerte en la horca y su cuerpo desmembrado. Fueron muchos los que escribieron que así fue su ejecución, incluso en los escritos que se publicaron en el extranjero, mencionaron todo ello aderezado de literatura novelesca; se llegó a decir que los ciudadanos jugaron al balón con la cabeza de Riego. Busquemos un poco de luz en el asunto.

¿Qué significaba para un oficial del ejército morir en el cadalso? 

Un deshonor, la mayor humillación que se podía dar a un soldado; lo habitual era la pena de garrote vil, en el que el reo o condenado moría sentado; la muerte por colgamiento quedaba reservada a los criminales de peor ralea, y Riego fue sentenciado a ello.

Mucho se ha dicho sobre la altura del cadalso, una altura que supuestamente se debió a que el Rey, Fernando VII, así lo ordenó para que todos viesen como se ejecutaba a Riego; lo cierto es que la altura de los cadalsos se fue modificando debido a que muchos de los condenados, saltaban de la escalera y huían corriendo maniatados entre la gente, y esto derivó en que se aumentase la altura del mismo; el caso más sonado aconteció durante la ejecución del “Empecinado”—años después de la muerte de Riego— que huyó de esta manera.

Con treinta y nueve años, el siete de noviembre de 1823, Rafael del Riego, es llevado al cadalso; la pena de descuartizamiento fue retirada por el benevolente Tribunal. Herido, enfermo y moralmente muerto, es conducido junto a un piquete de caballería, clérigos, religiosos dominicos, y hermanos de la Paz y Caridad, desde la cárcel de la Corona a la Plaza de la Cebada donde le esperaban los verdugos; arrastrado en un serón de paja por una mula aparece ante la multitud.

Después de besar el crucifijo, y con los ojos vendados, recibe el dogal en su cuello; el verdugo, colgado de sus hombros, lo lanza al vacío, mientras sus ayudantes tiran de las piernas del infeliz…El vuelo del verdugo y un latigazo de terror, hace estremecer al populacho acabando con la vida de Rafael… Pero ¿Qué fue de su cadáver?

El general Riego es conducido al cadalso de firma humillante.
Tras su muerte, su hermano Miguel viaja a España para localizar el cuerpo; el resultado es infructuoso. No es de extrañar, si buscamos un poco y documentamos que se hacía con los cadáveres de los ejecutados de la Plaza de la Cebada. Al final del reinado de Carlos IV, por motivos de higiene, se tuvo que planificar que hacer con los restos de tanto infeliz muerto por hambrunas, epidemias y guerras. Por este motivo se crean los cementerios públicos o extramuros; en Madrid se construyen el Cementerio General Norte y el del Sur o Puerta de Toledo, a la otra orilla del Manzanares. Sin embargo, debido a la cantidad de entierros, las clases pudientes comenzaron a buscar descanso en otros cementerios privados (parroquiales), alejados de la plebe, llamados cementerios sacramentales.  El Cementerio Norte y el del Sur, se convierten en la morada para las clases menos favorecidas, y se cuentan en las noticias como era la situación de los mismos:

Sin nadie que lo custodiara, sus puertas abiertas permitían el paso a los perros, dando lugar a increíbles escenas de estar devorando los restos cristianos fuera del recinto del cementerio.»  

Es en el cementerio del Sur, donde fueron a parar los restos del General asturiano. Allí había una fosa denominada: Fosa de los Ejecutados, donde iban a parar los restos de los penados de la Plaza de la Cebada. Imaginemos el estado que pudo hallar el hermano de Rafael a la llegada a este lugar, intentando buscar los restos de su hermano entre tanta inmundicia, ya que no solo había cuerpos enteros, sino que abundaban restos de otros descuartizados que no habían sido perdonados benevolentemente por el tribunal. Como es obvio, las gestiones para dar sepultura digna a Rafael, fueron imposibles. Hay casos de otros cementerios, como el de La Patriarcal, al otro lado de la ciudad, dignos de novelar; se cuenta que ya en el siglo XX, como niños que jugaban al balón en la explanada que ocupó dicho cementerio, encontraban restos óseos de los allí sepultados; el lugar fue conocido como el Campo de las Calaveras. El mismo caso corrió el cementerio del Sur y la Fosa de los Ejecutados; hoy su lugar es ocupado por un aparcamiento moderno, y los restos de sus moradores—seguro que no los de todos—y también los de Riego, fueron llevados a una fosa común en el conocido cementerio de La Almudena.

Y es que la figura de Riego tiene aún mucho que contar; y si apartamos los enfrentamientos ideológicos y centramos nuestra vista en lo real y palpable, la historia de nuestro insigne paisano da para muchos capítulos. Finalicemos este, con la frase del Rey Fernando VI cuando recibió noticia de la ejecución de Riego mientras viajaba en su carruaje:

“Que griten ahora esos liberales: ¡Viva Riego!”

(Queridos lectores, informaros que en la actualidad, tras la aparición de material inédito( cartas y memorias del militar José O¨Donnell sobre la campaña que dirigió contra Riego) Pedro J. Villanueva sigue investigando el tema y esperemos que en breve ampliaremos este artículo)



Otras colaboraciones de Pedro J. Villanueva n HRA.

EL QUIJOTE TIENE ACUEDUCTO. EL ACUEDUCTO DE CONSUEGRA, TOLEDO.

LA HUELLA MÁS DESCONOCIDA DE ROMA EN NUESTRO PRESENTE. DOMANDO EL RÍO SIL.


sábado, 29 de octubre de 2022

EL LOBO Y LA LICANTROPÍA. SU SIMBOLISMO EN LA ANTIGUA ROMA.

 Una colaboración de Iván La Cioppa para HRA.

El lobo, un animal orgulloso y salvaje, siempre ha estado en el centro de mitos y leyendas encarnando la naturaleza salvaje y ancestral de los pueblos primitivos que vivían en estrecho contacto con la naturaleza.

Como símbolo de fuerza, ferocidad e instinto depredador, pronto se convirtió en el animal sagrado del dios de la guerra, Marte que, y no es de extrañar, también era considerado dios de los rebaños y las cosechas, como lo demuestra una oración contenida en «De agri cultura» de Catón el Viejo.

Varios autores antiguos nos confirman el estrecho vínculo entre Marte y el lobo. Livio nos cuenta que en la Vía Apia había una estatua de Marte con lobos, y Virgilio en la Eneida se refiere al lobo con el nombre de «martius» mientras que Horacio habla de «martialis lupus».

Nacida de una comunidad de pastores y cazadores, Roma adoptó de inmediato al lobo como símbolo y animal sagrado, un estrecho vínculo que encontramos en la misma leyenda de la fundación de Roma donde Rómulo y Remo son hijos de Marte y son amamantados por una loba, enviada por el dios para ayudar a su propia descendencia. El mito quiere ante todo celebrar la grandeza del linaje de Roma que, además de ser hija de un dios, había "mamado" de la loba sus extraordinarias cualidades con las que Roma se identificaba, especialmente en el ámbito militar. 

En los estandartes y escudos de muchas legiones y cohortes auxiliares, de hecho, aparecía la imagen del lobo como símbolo de su identidad y herencia. Los vélites en la época republicana, los «signiferi» y los músicos vestían una piel de lobo para congraciarse con el dios Marte y adquirir el gran poder de la fiera más querida por los romanos.

Una de las fiestas más famosas del calendario romano eran los «Lupercalia», que se desarrollaban en torno al mito del lobo y más precisamente al dios Fauno llamado Luperco, término que hacía referencia al lobo por su aspecto y naturaleza salvaje, indisolublemente unida a la potencia sexual que lo convertía en el dios de la fertilidad. Según otra tesis, el nombre hacía referencia a su papel como protector de las manadas de lobos depredadores. Según otras fuentes, Luperco era el nombre del lobo sagrado de Marte. De hecho, las diversas teorías podrían estar vinculadas por la creencia de que Fauno era nieto de Marte. También hay que decir que el ritual central de la fiesta se realizaba en el “Lupercale”, la cueva donde se cree que la loba había amamantado a Rómulo y Remo. Al final, todo gira en torno a la figura del lobo.

En el pensamiento romano, la idea que se tenía de este animal era muy peculiar. De hecho, era tan adorado como temido: cabe señalar que la figura del lobo también estaba vinculada al inframundo, como se puede observar en las urnas funerarias etruscas halladas en Perugia y Volterra, donde se esculpieron demonios con rasgos de lobo. El matiz negativo dependía de su papel de depredador: la sociedad pastoril y campesina lo veía como una amenaza para los rebaños. De ahí surgieron muchas creencias relacionadas con el "mal" del animal.

Es turbador el fragmento de las Geórgicas donde Virgilio describe el gran temor y el horror que despertaba el aullido de los lobos que, según Columela, sólo podían combatir perros fuertes y sanos. Esto nos lleva de vuelta a los «Lupercalia» donde precisamente un perro, enemigo tradicional del lobo, se sacrificaba al dios.

Plinio el Viejo, que dedicó un capítulo entero de su «Naturalis Historia» al lobo, recuerda una leyenda itálica según la cual quien mira a los ojos a un lobo pierde la voz y, por eso, cuando alguien se quedaba sin palabras, le decían «lupus est tibi visus» (has visto un lobo).

Ver un lobo también podía considerarse un buen presagio: como en el relato de Tito Livio de la batalla de Sentinum en 295 a.C. entre los Romanos y una coalición de Samnitas y Senones.

«Una cierva, perseguida por un lobo que la había obligado a escapar de las montañas, huyó por la llanura y corrió entre las dos hileras enfrentadas; de pronto el lobo y la cierva giraron en direcciones opuestas... el lobo hacia los romanos. Para el lobo se abrió un pasaje entre las filas, sin embargo la cierva fue muerta por los galos... La parte romana gritó: 'así la huida y la matanza han formado su curso, donde yace la bestia consagrada a Diana; de este lado el lobo, consagrado a Marte, ileso y sano, nos ha recordado la raza marciana y a nuestro Fundador» (Ab Urbe condita, X, 27). 

Livio a menudo en su grandiosa obra historiográfica, menciona a un lobo merodeando por alguna ciudad y, según la situación, lo interpreta de una forma u otra.

Para Cicerón fue presagio de grandes calamidades cuando, durante una fuerte tormenta, un rayo cayó sobre la efigie de la loba amamantando a Rómulo y Remo.

Con el cristianismo se acentuó la acepción negativa del lobo, que representaba plenamente el paganismo que impregnaba Roma desde sus orígenes.

El instinto primordial, la voracidad, el apetito sexual, la fuerza eran, en efecto, características aborrecidas por la naciente religión que predicaba la templanza y el dominio de las pasiones. Con la afirmación del cristianismo en los niveles más altos de las clases dominantes se inició una campaña para eliminar a los lobos, perpetrando una auténtica masacre.

A pesar de todo, la figura del lobo permanece ligada aún hoy a la grandeza de Roma y sus orígenes legendarios, convirtiéndose también en un símbolo de arrojo y valentía en la sociedad moderna.

LA LICANTROPÍA EN LA ANTIGUA ROMA.

El hombre lobo, un ser fantástico que siempre ha fascinado al ser humano de todas las épocas, despertaba mucho interés también entre las fuentes romanas. Muchos autores de la literatura latina han tratado el tema: en primer lugar, Plinio el Viejo que habla de ello en profundidad en el capítulo dedicado a los lobos en su «Naturalis historia».

“Según el griego Evante, un miembro de la familia de un tal Anto en Arcadia fue elegido en un sorteo y llevado a un estanque; aquí colgó su ropa de un roble, cruzó a nado el estanque llegando a lugares deshabitados y se transformó él mismo en lobo. Permaneció entre los otros lobos durante nueve años, después de los cuales, si no había tocado carne humana, podía regresar al estanque y a su vida” (NH, VIII, 81).


Petronio también menciona un caso en el «Satyricon»:

“... Convencí a un soldado nuestro huésped, fuerte como un ogro, para que me acompañara. Cuando llegué en medio de un cementerio, mi compañero comenzó a mear entre las piedras, mientras yo canturreaba intentando armarme de valor e iba contando las tumbas. Después de un rato, volviéndome, vi que el soldado se había desnudado y había dejado su ropa al borde del camino. Con el corazón en un puño me quedé mirándolo: orinando dibujó un círculo alrededor de su ropa y de inmediato se transformó en un lobo...” (Sat., 62)

Virgilio nos cuenta otro episodio en las Bucólicas:

Estas hierbas y venenos recolectados en el Ponto, Meri mismo me los dio: en el Ponto nacen muchos. Vi a Meri, gracias a esas pócimas, con frecuencia transformarse en lobo y esconderse en los bosques, a menudo lo vi evocar almas de tumbas profundas y transportar las cosechas de un campo a otro” (Ecl. VIII, 96-100)

También es interesante el mito de Licaón mencionado en las Metamorfosis de Ovidio (I, 209-241), que nos cuenta la historia del rey de Arcadia que, dudando de su identidad, pone a prueba a Zeus dándole de comer carne humana.

...Pero como si eso no fuera suficiente, degolla con su espada a un rehén que le envió el pueblo de los Molosos, y esos miembros aún medio vivos en parte los hierve en agua, en parte los asa a la brasa...”

El castigo del padre por los enfurecidos dioses no se hace esperar y será inexorable.

Aterrorizado, huye y al llegar al silencio de la campiña empieza a lanzar aullidos, tratando de hablar. La ira se le sube a la cara desde lo más profundo y, sanguinario como siempre, se vuelve contra los rebaños y, como de costumbre, disfruta de la sangre. La ropa se transforma en vello, los brazos en patas: y es lobo, pero tiene rastros de su forma antigua. El cabello cano sigue siendo el mismo, la furia del rostro es la misma, como la luz siniestra de sus ojos y el gesto feroz”.

Cruzando las diversas fuentes, podemos rastrear el perfil del hombre lobo en la cultura romana.


El término utilizado para indicar al hombre lobo era «Versipellis», como lo atestigua Petronio, y literalmente significa “con la piel del revés”, algo que indica una transformación reversible. Es decir que un hombre puede transformarse y luego volver a su forma humana. La transformación no se produce necesariamente con la luna llena sino a través de rituales o pócimas mágicas, la voluntad divina o el contacto con la naturaleza, o en lugares vinculados a la muerte.

Otra peculiaridad: los hombres lobo mencionados en las fuentes son todos hombres. Nunca se habla de mujeres.

Muchos intelectuales romanos consideraban estas historias como fruto de la fantasía, como el propio Plinio. Galeno, en su «Ars medica» va más allá, considerando la licantropía como una enfermedad, una forma de melancolía, que se podía tratar:

Sí es oportuno saber que esta enfermedad es parecida a la melancolía: que se puede curar abriendo la vena durante el período de acceso y evacuando la sangre hasta la pérdida del conocimiento, y el paciente será alimentado de alimentos muy jugosos. También se puede hacer uso de baños de agua dulce: posteriormente el suero durante un período de tres días; también se purgará con el coloquín de Rufo, de Arquígenes o de Justo, tomado con varios intervalos. Después de la purgación, también se puede usar la triaca extraída de las víboras y los demás tratamientos de la melancolía ya mencionada anteriormente”.

Realidad o ficción, el mito del hombre lobo ha llegado hasta nuestros días con toda su potencia y nos fascina de una forma extraordinaria, como en su momento fascinó a los antiguos romanos, a pesar de haber pasado tanto tiempo.

Traducción del italiano por Alice Croce Ortega

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DECÉBALO. EL REY "CON UN CORAZÓN VALIENTE"

miércoles, 19 de octubre de 2022

DECÉBALO. EL REY "CON UN CORAZÓN VALIENTE"

Una colaboración de Iván La Cioppa para  Historia y Roma Antigua

"Con un corazón valiente": este es el significado del nombre de uno de los mayores enemigos de la historia de Roma: Decébalo, rey de los Dacios. La fuente principal sobre su vida es Dión Casio, quien nos deja una peculiar descripción del soberano dacio:

"Era doblemente astuto, tanto en la táctica como en las acciones de guerra; diestro tanto en lanzar el ataque como en elegir el mejor momento para retirarse; experto en emboscadas y maestro de las batallas campales; no sólo sabía bien cómo explotar la victoria, sino que también fue capaz de limitar el daño en caso de derrota".



Estas palabras revelan el respeto que el mundo romano sentía hacia él, a pesar de ser un enemigo y lo mismo se puede apreciar en la Columna de Trajano donde se le representa como un gran comandante militar.

Los datos que tenemos sobre la biografía de Decébalo son, sin embargo, muy escasos. No sabemos nada de su juventud. Aparece por primera vez en el año 85 d.C. como general del séquito del rey Douras que lanzó una ofensiva masiva contra la frontera romana de Mesia, matando incluso al gobernador Sabino. Un acto de semejante gravedad no podía quedar impune: en el 87 d.C. Domiciano movilizó un gran ejército y marchó hacia Dacia que ya no estaba gobernada por Douras sino por Decébalo, quien lo había sucedido mientras tanto. El nuevo rey no había perdido el tiempo y había reforzado las fortificaciones y preparado su ejército para la inevitable ofensiva romana. Seguro de su posición, según Dión Casio incluso se atrevió a burlarse del emperador, a quien ordenó pagarle un tributo y regresar a Roma. Domiciano, furioso, organizó la ofensiva encabezada por el jefe del Pretorio Cornelio Fusco que lamentablemente pereció cerca de Tapae con gran parte del ejército romano. 

Mapa de las campañas de Domiciano contra Dacia. Autor Roger M Kean

Fue entonces cuando el rey, cuyo nombre era Diurpaneo, fue apodado Decébalo, debido a su gran hazaña. Sin embargo, Domiciano no se desanimó y envió otro ejército bajo el mando de Tetio Juliano que por fin derrotó a los Dacios, siempre cerca de Tapae. Fue un duro golpe para Decébalo, pero la suerte seguía de su lado: los Marcomanos habían causado una gran derrota al Imperio y el gobernador de Germania Superior, Saturnino, se había amotinado contra Domiciano que se vio obligado a concentrar todas sus fuerzas para sofocar la revuelta, así que, a regañadientes, tuvo que firmar las paces con el reino de Dacia: una paz degradante para Roma que se comprometía a enviar instructores militares, arquitectos, artesanos y una cuantiosa suma anual equivalente a ocho millones de sestercios a cambio de sumisión, sólo formal, como estado cliente. Decébalo, de hecho, había logrado un gran éxito que hizo que fuera aún más querido por su pueblo. En los años siguientes, su corte se convirtió en el refugio de muchos desertores romanos y opositores de su autoridad. 

Poblado dacio. Autor Radu Oltean

Pero la situación llegaría pronto a un punto crítico. Domiciano fue asesinado en el 97 d.C. y, tras el breve gobierno de Nerva, Marco Ulpio Trajano se convirtió en emperador. El nuevo «Princeps» no perdió tiempo y, temeroso del creciente poder del reino de Dacia y al considerar indigno el pago de un tributo, organizó una gran campaña para reafirmar el poder de Roma sobre aquellas tierras. La guerra pronto se volvió a favor de los romanos que llegaron bajo las murallas de Sarmizegetusa. Decébalo se apresuró a pedir la paz de inmediato, consciente de la superioridad de las tropas imperiales e impulsado por la captura de su hermana. Trajano aceptó la rendición e impuso condiciones muy duras como una guarnición romana en Sarmizegetusa, la cesión de algunos territorios y el derribo de algunas fortificaciones.En esta coyuntura también destacamos la gran personalidad de Decébalo que, a pesar de su orgullo, se postró ante Trajano, consciente de la derrota y no queriendo provocar más duelos a su pueblo.

Primera campaña dacia de Trajano. Wikimedia Commons

Sin embargo, ya estaba planeando contratacar, solo estaba ganando tiempo para reconstruir sus fortalezas, forjar nuevas alianzas y reunir tropas. Nunca abandonaría su sueño de una Dacia fuerte y poderosa, libre del yugo romano. Trajano pronto descubrió el complot que se organizaba en su contra y, furioso, organizó una segunda campaña, decidido a acabar de una vez por todas con aquel reino bárbaro que insistía en desafiar al Imperio. 


Los ejércitos romanos volvieron a cruzar el Danubio en el año 105 d.C. Decébalo sabía que el ejército romano era muy superior al suyo y por eso trató de usar toda su astucia. Consciente de que el poder de Roma residía en su emperador, envió asesinos para eliminarlo. Lamentablemente, su plan falló. Así que intentó otro plan: capturar a uno de los generales más talentosos del «Princeps», Cayo Casio Longino, y usarlo para pedirle a Trajano que se retirara. Esta vez su plan tuvo éxito. Le tendieron una emboscada y fue capturado pero poco después, a pesar de los planes del rey dacio, el general se suicidó. Sin desanimarse, Trajano continuó la invasión hasta la capital, que fue conquistada y arrasada como advertencia. Mientras tanto, Decébalo había decidido retirarse y organizar la resistencia, perseguido por los auxiliares romanos que conocían bien esas tierras.

Desgraciadamente, la suerte había abandonado al rey de los Dacios: consciente del inminente final, organizó un gran banquete en una de las últimas fortalezas que quedaban en pie y se suicidó. Justo en ese momento, para gran sorpresa de los asistentes, un decurión de caballería con sus hombres irrumpió en la sala, cortó la cabeza del rey y se la llevó a Trajano. El nombre del decurión era Tiberio Claudio Máximo, cuya estela funeraria donde se recuerdan sus hazañas ha llegado hasta nosotros. También está inmortalizado en la Columna de Trajano, en el acto de entregar la cabeza de Decébalo al emperador.

Representación de la muerte de Decébalo en la Columna Trajana.

Así se concluye la epopeya de un gran guerrero y un rey extraordinario que había intentado oponerse a un destino ineluctable. En los siglos siguientes, el recuerdo de sus hazañas se perdió salvo reaparecer en el siglo XIX con el despertar del orgullo nacional rumano que buscaba un héroe en su pasado. ¿Y quién mejor que Decébalo podría representar el orgullo y el espíritu de revancha de un Pueblo?



Traducción del italiano por Alice Croce Ortega 

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