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viernes, 5 de junio de 2026

EL DERRUMBE DE LA BRITANIA ROMANA. ASÍ COMENZÓ "LA EDAD OSCURA Y LA BRITANIA POSROMANA"

Foto del casco de Sutton Hoo
 vista desde el frente
A principios del siglo VII, el momento en el que aproximadamente se data el enterramiento de Sutton Hoo, Britania solo era una sombra de lo que había sido en el siglo IV. La isla era un confuso conjunto de pequeños reinos, en algunos casos simples señoríos, en competencia entre sí. Ninguna de las poblaciones parecía superar el millar de habitantes, la moneda de plata ya no se acuñaba y el comercio apenas tenía importancia. El cristianismo no estaba organizado y la mayor parte de la población era pagana y rezaba a dioses como Wotan. ¿Qué había pasado para que de la floreciente Britania romana del siglo IV se hubiera llegado a semejante estado de barbarie? Vamos a hacer una crónica de la caída de la Britania romana.

Hay un indicativo muy seguro de la existencia de conflictividad en un territorio: los enterramientos de monedas y de los bienes preciosos. Un ejemplo interesante: el conocido como tesoro de Hoxne. Son más de 584 monedas de oro y más de 14.000 monedas de plata además de vajillas de platas, cucharones, cubiertos, etc. En varios de estos valiosos utensilios de cocina aparece el nombre de un tal Aurelio Víctor ¿Tal vez el propietario de los objetos y de las monedas enterradas?

 En Britania se han encontrado más de mil enterramientos sobre todos en Anglia Oriental, Mildenhall, Eve, etc. Una idea importante, la mayoría de estos enterramientos se han realizado en el siglo IV y sobre todo en el V a medida. ¿Qué estaba pasando en la isla?¿ Por qué las personas que realizaron estos ocultamientos no llegaron nunca a recuperar sus propiedades?

Objetos de oro del tesoro de Hoxne enterrados en una caja de madera que contenía joyas preciosas, cucharas, vajilla y 15.000 monedas, algunas de ellas del Gobierno de Magnus Maximus. Suffolk, Inglaterra, principios del siglo V d. C. British Museum

Si juzgamos dejándonos llevar por la opulencia de las villas romanas de esta época, la isla conoció, durante el siglo IV, uno de los momentos más prósperos de su economía, lo que no quiere decir que la riqueza estuviera repartida de una manera justa. La mayor parte de la población era explotada muy duramente. El las afueras de la ciudad romana de Dorchester, se encontró en los años 60 un cementerio con más de 1.200 enterramientos que podemos fechar en el siglo IV. La mayoría de los huesos encontrados mostraban indicios de desgaste asociados a la práctica de un duro trabajo y a una mala nutrición. Esto no quiere decir que la colonización romana de la isla no supuso un aumento de la calidad de vida de la población a medio y largo plazo. 


Recreación ( con IA) del día a día en una ciudad britana

La esclavitud, de hecho ya existía en el mundo celta. Sin embargo, Roma introdujo la cerámica fabricada a escala industrial accesible a la mayor parte de los britano-romanos, los edificios en su mayor parte disponían de tejados cubiertos con tejas que, al igual que la mayor parte de los artículos más comunes de consumo, se producían en masa. En el aspecto agrícola la situación mejoró sensiblemente gracias a la introducción del arado pesado con vertedera que removía la tierra más profundamente que los modelos utilizados por los celtas. Además se drenaron pantanos, se aumentaron las tierras de uso agrícola talando bosques. Las ciudades y pueblos romanos minuciosamente diseñados disponían de desagües y alcantarillado. La población en un porcentaje muy elevado estaba alfabetizada y la moneda circulaba en un porcentaje mucho mayor. La isla estaba surcada por calzadas que, pensadas con una finalidad militar, también conectaban los diferentes territorios, favoreciendo el comercio y el intercambio entre las diferentes partes de la isla. A partir del siglo III y de la Constitutio Antoniana, emitida por Caracalla en el 212, todos los habitantes libres del Imperio, los de Britania incluidos, eran ciudadanos. Todo ello hizo posible que la población en la isla se elevara a un número de entre dos y seis millones de personas, depende del historiador que se consulte. Los romanos pensaban que su Imperio sería eterno, sin embargo, en apenas una sola generación todo esto que hemos descrito desapareció. Los pueblos y ciudades se arruinaron, las monedas dejaron de acuñarse y de circular y los productos normales, antes en los mercados, dejaron de circular, desaparecieron, lo que forzó a los britanos a rebuscar entre los escombros para reutilizar y reparar aquello que aún podía tener uso. Otros, con menos escrúpulos aprovecharon la desaparición de la autoridad del Estado para aprovecharse de los más débiles. ¿Qué había pasado?

Los Antecedentes del Declive y las Crisis del Siglo IV

Para comprender la profunda transformación que experimentó la provincia de Britania durante el siglo V, es imperativo analizar el deterioro estructural y las amenazas externas que se manifestaron a lo largo de las décadas precedentes.

A finales del siglo III, específicamente en el año 286 d. C., el vasto Imperio romano se dividió formalmente en dos mitades debido a la imposibilidad material de gobernarlo desde una sola capital: la oriental y la occidental, integrando esta última a Italia, Hispania, la Galia y Britania. A partir de ese momento, salvo breves periodos excepcionales, el territorio se rigió bajo el mandato de dos emperadores en imperios separados con ejércitos diferenciados.

A pesar de su plena integración en el bloque imperial de Occidente, los estudios arqueológicos de los yacimientos romanos sugieren que Britania se hallaba en un franco declive a finales del siglo IV. Hacia el año 375 d. C., la ocupación de las villas rurales se había reducido ya en un tercio, mientras que en las ciudades la actividad cayó a la mitad. Las clases populares se vieron gravemente golpeadas por repetidas incursiones bárbaras, aunque el factor desencadenante definitivo para todo el entramado imperial occidental fue la irrupción de los hunos en el este de Europa hacia el año 376 d. C., provocando desplazamientos masivos de pueblos como los godos y la subsiguiente catástrofe militar de Adrianópolis en 378 d. C.. Las consecuencias de este desastre obligaron a desviar tropas desde el occidente hacia el oriente y a ir confiando progresivamente la defensa del limes del Rin a foederati germanos que cultivaban sus provisiones en las tierras que les cedía el Imperio haciendo innecesario el suministro del limes del Rin, producido y enviado desde época de Constantino  en las ricas haciendas de Britania que, usando los cauce del Támesis, el mar y la desembocadura del Rin llegaba fácil y económicamente a las guarniciones  fronterizas romanas.

Las Amenazas Marítimas y Terrestres

Hacia mediados del siglo III surgió una nueva amenaza para la provincia: invasores procedentes de Germania, al norte de los ríos Rin y Danubio y al oeste del Vístula, a quienes los romanos englobaban bajo el término genérico de «sajones». Estos grupos comenzaron a atacar y saquear la costa sudoriental de la isla.

Para contrarrestar la amenaza, el Estado romano realizó una descomunal inversión económica destinada a levantar las murallas de las ciudades y a construir un elaborado sistema de fortalezas a lo largo de las costas del sur y del este, fortificaciones conocidas en su conjunto como los *fuertes de la costa sajona*. 

En enclaves estratégicos como Richborough (Kent), Portchester, Pevensey y Caister-on-Sea se erigieron baluartes formidables. En el caso de Richborough, un bullicioso puerto devastado previamente por las incursiones, se transformó a finales del siglo III en una fortaleza rodeada por una triple línea de fosos y muros de piedra de siete metros de altura y más de diez de grosor.

Reconstrucción del fuerte de Richborough

Paralelamente, el norte de la provincia sufría la presión de los pictos. En el año 343 d. C., el emperador Constante dirigió personalmente una expedición defensiva, y las fortificaciones del Muro de Adriano debieron ser recompuestas de forma repetida. 

En la década de 360 d. C. la crisis se agravó notablemente con la llegada coordinada de invasores que cruzaban el mar desde Irlanda: los escotos y los attacotti. Esta presión culminó en el año 367 d. C. con un motín generalizado en el propio Ejército romano de Britania, forzando el envío de una nueva expedición militar desde el continente para restablecer el orden político.

Inestabilidad Política, Usurpaciones y el Fin del Flujo Monetario

La guarnición militar de Britania, descontenta y asilada, se convirtió en un foco constante de usurpaciones y alzamientos militares que terminaron por desestabilizar la relación de la isla con la administración central del Imperio de Occidente.

Las Usurpaciones militares

El primer gran episodio desestabilizador se produjo en el año 383 d. C., cuando el ejército estacionado en Britania se rebeló contra el emperador Graciano y aclamó como líder a Magno Máximo que cruzó al continente con una parte sustancial de las tropas britanas, invadió la Galia, derrotó a Graciano y estableció su corte imperial en Tréveris protagonizando una de las usurpaciones más exitosas y duraderas de ese siglo. Cinco años más tarde, en el 388 d. C., Máximo fue derrotado y muerto por el emperador de Oriente, Teodosio I. Las consecuencias para Britania fueron desastrosas: las tropas que marcharon con él jamás regresaron, debilitando severamente la defensa de la provincia. Documentos como la *Notitia Dignitatum* reflejan que unidades anteriormente acantonadas en Gales y en el norte de la isla habían sido permanentemente trasladadas al continente europeo o reubicadas en el sudeste, como la Legio II Augusta, desplazada de Caerleon a Richborough.


A la muerte de Teodosio en el 395 d. C., el Imperio quedó dividido definitivamente entre sus hijos Arcadio que asumió el gobierno de Oriente y Honorio en Occidente. En la nochevieja del año 406 al 407, la crisis militar en el continente estalló con la invasión de la frontera del Rin por una confederación de pueblos bárbaros (vándalos, alanos y suevos). Ante el pánico de una invasión inminente y la aparente inacción del gobierno central, las tropas de Britania se rebelaron y proclamaron de forma sucesiva a tres emperadores en apenas unos meses: primero a un soldado llamado Marco, inmediatamente asesinado; luego a un civil de la aristocracia local llamado Graciano, ejecutado cuatro meses después; y finalmente, en el año 407 d. C., a un soldado llamado Constantino III.
Constantino III, emulando a Magno Máximo, reunió a las fuerzas regulares que quedaban en la isla y cruzó la Mancha hacia la Galia con el propósito de combatir a los bárbaros y deponer al emperador Honorio. Aunque obtuvo éxitos iniciales, Constantino III fue finalmente capturado por las tropas leales a Honorio y ejecutado en el año 411 d. C.. Su aventura militar dejó como grave consecuencia,  entre otras, a Britania desprovista de guarniciones defensivas organizadas. Los días de la britania romana estaban contados.

El Colapso de la Economía Monetaria

El reflejo más nítido y drástico del fin de la administración romana en Britania es el cese fulminante de la llegada de moneda. La economía de la provincia dependía por entero del dinero enviado mensualmente por el Estado para pagar a los soldados y funcionarios; este numerario, a su vez, estimulaba los mercados locales y la producción artesanal.

El registro arqueológico demuestra con exactitud que el año 402 d. C. es el último en el que las monedas romanas entraron en cantidades significativas a la isla. Tras ese año, las emisiones procedentes de las cecas occidentales, especialmente de Milán y Tréveris, cesaron por completo debido a las guerras civiles y las invasiones en el continente. En la práctica esto nos indica que desde Ravena, dejaron  de abonar la paga a los soldados romanos en Britania y sin salario no habia ejército.  Sin la paga militar, las autoridades britanas carecieron de incentivos y de medios para sostener el aparato burocrático. El célebre Tesoro de Hoxne (Suffolk), ocultado con posterioridad al año 407 d. C., ilustra perfectamente este periodo de incertidumbre: contiene 14.865 monedas de plata mezcladas con piezas recortadas en sus bordes, una práctica desesperada de los habitantes locales para multiplicar el circulante ante la falta total de remesas oficiales.

La Ruptura con Roma y el Colapso Material de la Sociedad

La falta de protección militar y el desabastecimiento financiero empujaron a la población civil a tomar una decisión drástica e irreversible respecto a sus vínculos con el Imperio romano.

Según relata el historiador griego Zósimo, en el año 408 d. C. Britania sufrió una devastadora invasión sajona que las mermadas defensas locales no pudieron contener. Ante la total desatención de Constantino III y del gobierno legítimo de Rávena, los britanos adoptaron una medida excepcional en el año 409 d. C.: se rebelaron formalmente contra la administración romana, expulsaron a los magistrados e intendentes imperiales que pretendían seguir recaudando impuestos, y tomaron las armas por su propia iniciativa para defender sus ciudades de los ataques bárbaros. Zósimo señala explícitamente que:

«La autodefensa era sinónimo de autogobierno [...] se sintieron entonces libres de los bárbaros que los amenazaban [...] al tiempo que expulsaban a los magistrados e instituían a su albedrío formas propias de gobierno».

En respuesta a esta situación, en el año 410 d. C., el emperador Honorio remitió una famosa misiva (conocida como el *Rescripto de Honorio*) dirigida directamente a las ciudades de Britania, exhortándolas a que se defendieran por sus propios medios. Lo que en principio pudo interpretarse como una medida temporal de emergencia se convirtió en una separación definitiva: el dominio romano sobre la isla jamás volvió a restablecerse.

John William Waterhouse - The Favorites of the Emperor Honorius - 1883

El Rápido Colapso de la Cultura Material

Una vez cortados los vínculos políticos y económicos con el Imperio, la compleja sociedad urbana de Britania se desmoronó a una velocidad pasmosa, en un proceso que los historiadores modernos describen como un auténtico abismo material. En el transcurso de una sola generación, entre el 410 d. C. y aproximadamente el 430 d. C., la civilización romana de la isla desapareció prácticamente sin dejar rastro:

   ***La industria cerámica:** Las grandes alfarerías colapsaron por completo; la cerámica manufacturada a torno y de alta calidad desapareció de forma repentina, siendo sustituida por toscas vasijas elaboradas a mano o por la carencia total de recipientes cerámicos.

 ***La producción metalúrgica:** Artículos de forja cotidianos y esenciales, tales como los clavos de hierro, dejaron de fabricarse en masa.

  ***El abandono de los núcleos urbanos:** Las villas rurales y las ciudades romanas fueron sistemáticamente abandonadas o cayeron en la ruina. Los complejos sistemas de alcantarillado, calefacción y la infraestructura hidráulica dejaron de funcionar.

  ***La crisis demográfica y comercial:** El colapso del transporte y el comercio terrestre provocó hambrunas generalizadas. La población urbana se vio obligada a deambular hacia el campo en busca de sustento básico, desarticulando la estructura social y dando paso a un escenario dominado por los saqueos, el pillaje y la violencia. Una nueva realidad, mucho mas amenazante se adueñado de la isla.

El Advenimiento de los Sajones y la Nueva Realidad Arqueológica

A mediados del siglo V, la desamparada población britana recurrió al empleo de tropas mercenarias germánicas para contener los asaltos de los pueblos del norte, una decisión que alteró de forma definitiva la composición étnica y cultural de la isla.


      El Relato Tradicional: Gildas y Beda

De acuerdo con las fuentes literarias tradicionales —encabezadas por la crónica *De Excidio et Conquestu Britanniae* del monje Gildas (siglo VI) y expandidas posteriormente por Beda el Venerable en su *Historia Ecclesiastica* (siglo VIII)—, los dirigentes britanos, sumidos en el caos y acosados por pictos y escotos, celebraron un consejo general encabezado por un líder supremo llamado Vortigerno. En dicho consejo se acordó contratar a contingentes de guerreros sajones como mercenarios (*foederati*), ofreciéndoles tierras en la zona oriental de la isla a cambio de su protección militar. Nada extraño en la historia reciente del Imperio romano.

La tradición relata que los primeros contingentes llegaron a mediados del siglo V a bordo de tres barcos (*ciulae*), comandados por dos hermanos cuyos nombres eran Hengist y Horsa, posiblemente son nombres inventados. Tras cumplir inicialmente con su labor defensiva repeliendo a los enemigos del norte, los sajones exigieron provisiones y raciones cada vez mayores. Ante la imposibilidad de los britanos de satisfacer sus demandas, los mercenarios rompieron los pactos, forjaron alianzas con los pictos y desataron una rebelión sangrienta que asoló la isla de costa a costa, destruyendo ciudades y masacrando a la población civil. Si bien autores como Beda sitúan de forma precisa la llegada de los sajones en torno a los años 446 a 449 d. C. —vinculándola al consulado de Aecio y al reinado del emperador Marciano—, fuentes alternativas como la *Crónica Gala del año 452* sugieren que Britania ya había caído bajo el dominio sajón bastantes años antes, hacia el 441 d. C..

      Batalla del monte Badon o de Badon Hill (500?)                                                                            
       entre las fuerzas britano-romanas derrotaron a una incursión anglosajona                                


Frente al catastrofista relato literario de una invasión militar fulminante y un exterminio biológico total de la población romano-britana, el registro arqueológico contemporáneo ofrece una visión sustancialmente diferente y compleja de la realidad en las décadas centrales del siglo V (especialmente a partir del 430-440 d. C.), el este y el sur de Britania registran la aparición abrupta de cementerios asociados a una cultura material netamente germánica, con paralelismos exactos en las regiones del norte de Alemania y la península de Jutlandia. Los yacimientos arqueológicos documentan dos novedades fundamentales en las prácticas funerarias que rompen por completo con las costumbres romanas previas:

 **La cremación en urnas:** Grandes necrópolis de cremación, como la de Spong Hill (Norfolk), muestran la introducción de enterramientos donde los restos incinerados se depositaban en vasijas globulares decoradas con motivos geométricos y estampados, idénticas a las halladas entre los ríos Elba y Weser.

El cementerio de Spong Hill (Norfolk) alberga 2259 cremaciones y 57 inhumaciones. Estuvo en uso durante aproximadamente 150 años, tiempo durante el cual se enterraron entre 2500 y 3000 personas. Esto implica que daba servicio a una población de alrededor de 750 personas.

 **La inhumación con ajuares:** Se generaliza la sepultura de individuos vestidos acompañados de objetos personales de uso cotidiano y suntuario que reflejan su identidad cultural. Entre estos objetos destacan peines de hueso, armas (lanzas y escudos) y, de forma muy representativa, broches metálicos utilizados para sujetar la vestimenta femenina.


Distribución de los cementerios anglianos primitivos, donde predominaba la cremación (representados por cuadrados rellenos), comparados con los artefactos sajones de la segunda mitad del siglo V (representados por estrellas) y los límites provinciales del Imperio Romano tardío. Crédito de la imagen: CR Green; publicada en Green, Britons and Anglo-Saxons , 2012, fig. 21a.

Esta distribución del registro material corrobora que la ocupación germánica del siglo V no respondió a un mandato unificado, sino a un flujo constante e inconexo de diversas tribus —sajones, anglos, jutos y, según menciona Beda, también frisones y francos— que se asentaron e interactuaron de formas muy diversas con los reductos de la población local, asimilando o desplazando las viejas fronteras políticas de las antiguas provincias romanas de la isla que va a dejar su pasado romano atrás y a comenzar un difícil camino hacia una nueva realidad que tardará siglos en igualar los niveles de vida que, como parte del Imperio romano, llegó a alcanzar la isla.


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martes, 12 de mayo de 2026

EL PULSO VITAL DE LA HISPALIS DEL SIGLO III LATE BAJO EL ASFALTO DE SEVILLA

 

Hispalis en el Siglo III: luces y sombras de una metrópolis romana en transformación


Un texto de Francisco Jesús Calvo Falce para Historia y Roma Antigua.

La historia de Sevilla, la antigua Hispalis, no es solo una sucesión de estratos geológicos y cerámicos, sino un relato vivo que se hunde en las raíces de la mitología mediterránea. Antes de que las legiones de Roma impusieran su orden de piedra y derecho, la leyenda ya habitaba estas tierras. Se dice que Melkart, el incansable héroe fenicio —a quien los griegos llamarían Heracles y los romanos Hércules—, tras fundar la mítica Gades, navegó aguas arriba por el Betis. 

Recreación de la ciudad en maqueta.

En un promontorio estratégico, a salvo de las periódicas y violentas embestidas del río, dio vida a Spal. Siglos más tarde, sería el propio Julio César quien, según la tradición recogida por San Isidoro, refundaría el asentamiento bajo el pomposo nombre de Colonia Iulia Romula Hispalis. Un nombre que era, en sí mismo, una declaración de intenciones: "Iulia" por el linaje del dictador, "Romula" como un eco de la Ciudad Eterna, e "Hispalis" como la necesaria herencia del topónimo indígena. Y como recuerdo a ambos personajes históricos se presentan sendas imágenes que coronan las dos columnas existentes en la llamada Alameda de Hércules, que podemos ver en la imagen anexa (imagen: Francisco Calvo).

Sin embargo, el siglo III d.C. representa un capítulo singular en esta biografía urbana. Es un tiempo de "claro-oscuros", una época donde la monumentalidad del Alto Imperio comenzaba a convivir con las tensiones de la crisis del siglo III y el surgimiento de nuevas espiritualidades que desafiaban el orden establecido. Es el siglo de Diogeniano, el prefecto romano, y de dos hermanas alfareras, según la leyenda, del arrabal de Triana, Justa y Rufina, cuyo sacrificio marcaría el inicio del fin de una era. En las siguientes líneas, nos sumergiremos en la topografía, la arquitectura y el pulso vital de aquella Hispalis que aún hoy, bajo el asfalto de la Sevilla moderna, guarda secretos por revelar.

La Trama Urbana: El Esqueleto de la Ciudad

Para comprender la Hispalis del siglo III, debemos despojarnos de la imagen actual de Sevilla. El urbanismo romano era un ejercicio de geometría y jerarquía. El diseño de la ciudad se articulaba sobre dos ejes fundamentales: el Cardo Maximus (norte-sur) y el Decumanus Maximus (este-oeste).

En este periodo, el asentamiento aprovechaba las cotas más altas del terreno para protegerse del Guadalquivir, cuyo cauce antiguo difería notablemente del actual, discurriendo por zonas que hoy ocupan la Alameda o la calle Sierpes. Las investigaciones sugieren que el Cardo Maximus conectaba la zona de la actual Iglesia de Santa Catalina con la calle Abades. Por su parte, el Decumanus principal nacía en la zona de la Iglesia de San Esteban (calle Águilas) y se proyectaba hacia la Plaza del Salvador.



Muralla romana de Hispalis en época imperial. En ella se pueden ver ubicadas la basílica y el foro, así como el templo de la calle Mármoles o las termas bajo el Palacio Arzobispal. También se han señalado la posible ubicación del Foro Portuario, así como del circo y del anfiteatro

Es fascinante observar cómo el centro de gravedad de la ciudad se desplazó. Si bien el foro original se situó en el entorno de las calles Bamberg y Argote de Molina, para el siglo III la vida pública y administrativa se había trasladado hacia la Plaza de la Alfalfa. Este sector representaba el corazón palpitante de la colonia, un espacio de mármol y toga donde se cruzaban los intereses comerciales de la Bética con los mandatos de Roma. Con posterioridad surgió un nuevo Decumanus que pudo discurrir entre la calle Sol y la plaza de la Encarnación. Por último, Hispalis era surtida de agua por un acueducto que traía el agua de la zona de la actual Alcalá de Guadaira, cuyos vestigios son conocidos como Caños de Carmona.



La imagen de la izquierda muestra la situación actual de uno de los dos tramos que persisten del acueducto romano que surtía de agua a la Hispalis romana, agua que provenía de Alcalá de Guadaira. Se conoce como los Caños de Carmona (imagen: Francisco Calvo). La imagen de arriba muestra cómo era la situación del acueducto a principios del siglo XX, antes de ser derruido (fuente: 1911-05-20, La Hormiga de Oro, Los caños de Carmona (recortado).jpg, disponible en el enlace, consultado el 6 de mayo de 2026.

El Cinturón de Piedra: Las Murallas

Uno de los mayores debates arqueológicos de Sevilla ha sido la ubicación y cronología de sus defensas. Durante mucho tiempo se creyó que los lienzos visibles hoy en la Macarena o los Jardines del Valle eran romanos, cuando en realidad son obra almohade. No obstante, el siglo III contaba con su propia muralla, un recinto que protegía la riqueza generada por el comercio del aceite y el vino.

Recientes excavaciones, como las del Antiquarium bajo la Plaza de la Encarnación, han arrojado luz sobre este perímetro. Se han hallado restos que podrían corresponder a la cara norte del recinto, que buscaría el cierre hacia Santa Catalina y que pudo llegar a extenderse hasta la calle San Luis y la iglesia de San Martín, donde existía a extramuros una necrópolis, a las afueras de la puerta aquí situada.

En la zona oriental de la ciudad, la muralla pudo discurrir, según la opinión de los investigadores, por San Leandro y hasta la zona donde se ubica la actual iglesia de San Esteban. Allí cambiaba de dirección y daba lugar a una zona triangular en el extremo sureste de la ciudad. El hecho de existir una calzadas extramuros de la ciudad y por zonas suburbiales elevadas junto al arroyo Tagarete, en torno a la calle San Fernando, lo cual implicaría que la muralla podría llegar a la calle San Gregorio.

En el frente fluvial, la arqueología ha revelado muros de gran potencia, como los encontrados recientemente en la Plaza de San Francisco, si bien, ya en los años 50, en el eje Cuna-Orfila-Villacís, Collantes de Terán encontró los primeros hallazgos. Estas estructuras no solo tenían una función defensiva contra enemigos externos, sino que eran auténticos diques de contención diseñados para resistir las embestidas de un río Betis que, en el siglo III, era un vecino caprichoso y peligroso.

La Vida Privada: El Lujo tras los Muros

Si la calle era el espacio de la representación, la domus era el refugio del estatus. En el siglo III, Hispalis experimentó un fenómeno de concentración de la propiedad. Las élites locales, beneficiadas por la exportación de productos agrícolas, construyeron residencias de una sofisticación asombrosa.

El yacimiento del Antiquarium es el mejor ejemplo de esta opulencia. Allí, la "Casa de las Columnas" o la "Casa de la Ninfa" nos muestran viviendas que absorbieron solares vecinos para expandirse. Los suelos se cubrieron con mosaicos polícromos de una calidad técnica excepcional, representando escenas mitológicas y motivos geométricos que no solo decoraban, sino que enviaban un mensaje de cultura y poder. Estas casas contaban con avanzados sistemas de alcantarillado y suministro de agua, un lujo que recordaba a los habitantes que, pese a estar en el confín de Europa, eran ciudadanos de pleno derecho del Imperio.


 Casa de la Ninfa del siglo III d.C. - Antiquarium de Sevilla (imagen: Francisco Calvo)



Espacios Sagrados y Centros de Poder

La religión en la Hispalis del siglo III era un complejo mosaico de cultos oficiales y ritos orientales. Las tres columnas visibles en la calle Mármoles son los testigos mudos de esta grandiosidad. Aunque tradicionalmente se atribuyeron a un templo de Hércules, investigaciones actuales sugieren que formaban parte del acceso a una plaza porticada dedicada al Liber Pater (Baco), una deidad estrechamente ligada a la fertilidad y la vida, pilares de la economía bética. Otras dos columnas fueron trasladadas a la Alameda de Hércules, donde continúan en la actualidad, mientras que una sexta columna ya no existe ante el gran deterioro sufrido durante su traslado.

Cerca del foro, en la zona de la Alfalfa y el Salvador, se levantaban edificios monumentales como la Basílica, donde se administraba justicia y se cerraban tratos comerciales, ubicada en el solar que ocupó la Mezquita Mayor, con posterioridad la Iglesia Colegial del Divino Salvador. Ahora bien, tras las excavaciones llevadas a cabo bajo la Iglesia del Salvador es difícil afirmar la existencia de tal basílica al no haberse encontrado restos romanos.

Tras esta zona, en torno a la Alfalfa se han encontrado restos de unas termas, así como un Castellum Aquae o cisterna de tres naves, en la llamada plaza de la Pescadería, en una zona de gran desnivel. Tal circunstancia podría llevar a la idea de que pudiera existir un foro en la zona de la Alfalfa.

Es aquí donde la historia se cruza con la hagiografía. En el año 287, durante las fiestas de las Adonías y la procesión de la diosa Salambó (la Astarté fenicia), las hermanas Justa y Rufina se negaron a rendir culto a los ídolos. Este acto de rebeldía cristiana desencadenó la ira de Diogeniano, el representante de Roma.

Columnas romanas que persisten en la C/ Mármoles (imagen: Francisco Calvo)

Hispalis tenía la categoría de ciudad romana; una ciudad de la Bética romana. Y como tal, existía un representante del poder de Roma en ella, más aún, si se considera que la ciudad hispalense era un importante centro productivo de la Bética. Los representantes de tal poder tenían los edificios que constituían su sede a la afueras de la ciudad. Dos grandes centros de poder fueron la curia, lugar de reunión del órgano de gobierno ciudadano, y el tabulario o archivo documental, si bien, aún no han sido ubicados arqueológicamente hablando.

Sagradas Cárceles de Santas Justa y Rufina. Izquierda: entrada actual desde el Patio Domingo Savio. Superior derecha: bóveda principal con el altar de las Santas Justa y Rufina al fondo. Inferior derecha: celda lateral donde se puede observar la antigua escalera de acceso al interior de la Iglesia. Según la leyenda, en el pasillo de la otra celda fueron arrojados el cuerpo de Santa Justa y la cabeza de Santa Rufina, brotando un pozo donde cayó (imágenes: Francisco Calvo)

El Palacio de Diogeniano, representante en Hispalis del gobierno de Roma, según crónicas antiguas como las de Alonso de Morgado, se situaba en el solar que hoy ocupa la Basílica de María Auxiliadora, antiguo convento de los Trinitarios. Bajo este templo se conservan las "Sagradas Cárceles", criptas donde, según la tradición, sufrieron cautiverio los mártires. Aunque la estructura ha sido modificada con los siglos, el lugar sigue evocando la tensión entre el viejo orden pagano y la fe emergente que terminaría por transformar el Imperio. El antiguo acceso por una escalera rodeada por una reja que permitía bajar a la cripta en el centro de la Iglesia ha sido sustituido por una escalera lateral desde el Patio de Domingo Sabio. La antigua oquedad ha quedado reducida a una pequeña rejilla de ventilación de unos treinta centímetros de lado.


Comercio, Industria y el Puerto

Hispalis no se entendía sin su río. El siglo III fue una era de intensa actividad industrial. En el Antiquarium podemos ver hoy las pozas de una fábrica de salazón de pescado, lo que demuestra que la ciudad no solo consumía, sino que procesaba productos para la exportación.

Otra gran industria de la ciudad fue la fabricación de lucernas (como la de la imagen. Autor: Francisco Calvo), visitable en el Antiquarium, sin dejar de lado, el comercio del aceite, el oro verde, muy presente en Sevilla, con grandes depósitos aceiteros hallados en la calle Francos. El aceite llegaba a Hispalis desde numerosos pequeños puertos ubicados en el curso alto del Betis, llegando a la ciudad a través de los numerosos postes de atraque ubicados junto a la muralla occidental, en la zona del Salvador y de Plaza Nueva, donde se encontraron embarcaciones, y en las zonas de Cuna y Sierpes, y junto a la muralla norte, en la zona de la Plaza de la Encarnación. También se encontraron postes para atraque. Desde Hispalis el aceite se embarcaba en barcos de mayor calado para enviarlo a Roma.


Cubetas de salazón en la fábrica ubicada en el Antiquarium de Sevilla (imagen: Francisco Calvo)

Otra industria de la ciudad eran los alfares donde se creaban diferentes tipos de cerámica. Estaban distribuidos en diferentes ubicaciones a las afueras de la ciudad en zonas como el entorno del Hospital de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía o la calle Esperanza, junto con los hornos y almacenes de la zona de San Luis, del entorno de la Diputación o de la avenida de Roma, donde junto a los restos de una pequeña calzada aparecen edificios porticados a ambos lados, bien tabernae (establecimientos de comida) y horrea (almacenes). A partir de este siglo III la ubicación portuaria no es conocida.

El puerto, situado en la zona de la actual Plaza de la Contratación y el entorno de la Torre de la Plata, abarcando hasta el Palacio Arzobispal, Placentines y Francos. La confluencia del río Betis y del arroyo Tagarete era un hervidero de galeras y barcos de carga que partían hacia Ostia cargados de ánforas de aceite (las famosas Dressel 20). En esta zona portuaria, en el entorno del actual Patio de Banderas de los Reales Alcázares, se han encontrado restos que pudieran pertenecer a un horreum o almacén de granos. Diversas inscripciones epigráficas permiten vislumbrar la existencia de corporaciones profesionales operativas en el puerto de Hispalis, tales como el corpus oleariorum, que trabajaba para la tahona, entidad que se encargaba del envío de grano y otras materias primas a Roma. Quizás fuera un pequeño foro con representaciones de los colegios profesionales o una simple statuo Romulensis, con inscripciones y estatuas a Minerva Augusta a Venus Augusta. Quizás actuara como centro de negocios del puerto.

El ocio en la ciudad de Hispalis

La riqueza que entraba por el puerto y el comercio financiaba el ocio de la ciudad. Así, en una ciudad de su índole no faltaban lugares de relax y de ocio, como las termas existentes en la zona del actual Palacio Arzobispal, junto a la zona portuaria, así como, espacios para los juegos, probablemente en las zonas de expansión extramuros.

Aunque Sevilla no conserva un teatro, un circo o un anfiteatro visible como los de Itálica, los historiadores postulan su existencia basándose en el rango de la ciudad. Así, Alonso de Morgado, en su Historia de Sevilla, mencionó que Santa Rufina fue arrojada a un león en el anfiteatro de la ciudad, si bien, el animal la trató como si de su dueña se tratara, sin ocasionarle daño alguno. Según los arqueólogos e investigadores el teatro podría haberse encontrado en la zona del Convento de Madre de Dios y el circo y el anfiteatro entre el Palacio del Procurador y el arroyo Tagarete, entre las actuales zonas del Centro de Salud de María Auxiliadora y el barrio de la Calzada, entre las dos salidas de ambos decumanus.

El Mundo de los Muertos y los Arrabales

La ley romana prohibía los enterramientos dentro del recinto urbano por motivos sanitarios y religiosos. Por ello, las necrópolis de Hispalis se extendían a lo largo de las principales vías de salida. Se han localizado importantes áreas funerarias en la calle San Luis, en la Puerta de la Carne y en el entorno del Salvador (lo que sugiere que, en algún momento, el límite de la ciudad estuvo allí). Pero no fueron éstos los únicos. Extramuros se encontraban también las áreas de la Trinidad-Carretera de Carmona-La Colza, el Campo de los Mártires y el Campo de Santa Justa, la de San Bernardo, la de San Agustín y la Puerta de la Carne y la de San Telmo-Fábrica de Tabacos. Aunque también existieron otras menos suntuosas, como la del Tamarguillo o la de Ronda de Capuchinos.

Las vías de acceso y los arrabales de Hispalis

Extramuros también florecían los arrabales y las villas suburbanas. Estos asentamientos eran fundamentales para la economía, ya que albergaban los alfares donde se fabricaban las ánforas y la cerámica común. El acceso a la ciudad se realizaba a través de una red viaria perfectamente planificada. El Itinerario de Antonino, de inicios del siglo IV d.C., nos revela que Hispalis era un nudo de comunicaciones vital: por un lado, conectaba con Gades y Corduba a través de la Vía Augusta. Se accedía desde ella a la ciudad por la zona de la actual Puerta de la Carne y otra cercana a la actual Puerta de Carmona.

Por otro lado, hacia el oeste, se abría el camino hacia Onuba (Huelva). Salía de Sevilla la puerta ubicada en la zona de Santa Catalina, para dirigirse a la Encarnación, camino de la actual calle Alfonso XII, futura Puerta de Goles de la muralla almohade, y, cruzando el vado del río (cerca de la actual Cartuja), enlazaba con la Vía de la Plata hacia Emérita Augusta. Esto implicaba que no fuera necesario un puente para cruzar el río Betis a la altura de Sevilla. Al llegar a la cañada que va de Castilleja de Guzmán a Camas se dividía en dos. Una se dirigía hacia Onuba y la otra hacia Itálica por la calzada conocida como Vía de la Plata, en dirección norte, hacia Emérita Augusta. Desde la puerta de la zona de Santa Catalina el viario actual permite ver la posible ramificación del viario también hacia Sol, San Luis y centro.

En cuanto a los arrabales y villas existentes extramuros de Hispalis fueron muy numerosos y, tanto en unos como en otros, era normal que en muchas de ellas existieran alfares donde se producían las piezas que permitirían el comercio y almacenamiento de la producción agrícola, tanto aceite como vino, para su consumo y comercio. Algunas de estas villae dieron lugar a municipios. A modo de ejemplo, podríamos citar topónimos acabados en -ana (Coriana), -ena (Gerena) o -ina (Valencina). Así, quizás fuera ese el origen del nombre de Triana, donde existían numerosos caminos entre huertas, de donde partía el camino hacia Aznalcázar, la actual Avenida de Coria, o el camino que pasaba por Tejares y San Vicente de Paúl. En una zona elevada, al norte de la cava, confluían estos caminos. Quizás allí existiera una villa que fuera origen de la alquería islámica, aunque aún no se han hallado restos de tal construcción.

Conclusión: El Legado de una Incógnita

La Hispalis del siglo III es una ciudad en transición. Es la urbe que aún brilla con el mármol del foro, pero que ya empieza a sentir las grietas de un sistema que cambia. Es la ciudad de los grandes mosaicos y las fábricas de salazón, pero también la de las catacumbas y el martirio. Ciudad que se vio reducida al final del siglo III debido, entre otras causas a inundaciones del Tagarete, por lo que la ciudad se redujo en la zona de San Leandro, con una vivencia difícil, tal como queda presente en los análisis de los restos funerarios hallados en algunas tumbas.

Revisitar este periodo a través de sus restos arqueológicos es un ejercicio de justicia histórica. Cada vez que una excavación en el centro de Sevilla saca a la luz un nuevo lienzo de muralla o un tramo de calzada, estamos completando ese "claro-oscuro" de una incógnita que se resiste a ser olvidada. Sevilla no es solo lo que vemos; es, sobre todo, lo que subyace. Y en ese subsuelo del siglo III, Hispalis sigue esperando a que terminemos de descubrir su verdadera magnitud; a que se muestre cómo fue la vivencia real de esa época que daría paso al resurgir de la ciudad, a un nuevo esplendor con la llegada de los pueblos godos, con figuras como Recaredo, San Hermenegildo o Fray Isidoro de Sevilla.

Bibliografía:

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        COLLANTES DE TERÁN DELORME, F.: Contribución al estudio de la topografía sevillana en la Antigüedad y en la Edad Media, Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 1977.

        CORTIJO CEREZO, María Luisa: “El itinerario de Antonino y la provincia Baetica”, Habis, 39 (2008), pp. 285-308.

        DÍAZ GARRIDO, Mercedes: Triana y la orilla derecha del Guadalquivir. Evolución de una forma urbana desde sus orígenes hasta mediados del siglo XX, Sevilla, Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones – Fundación Focus-Abengoa, 2010, pp. 69-74 y 101-110.

        EXOJO PINO, Antonio José: Reconstrucción virtual de la almazara romana del Cerro el Lucerico de Fuente-Töjar (Córdoba), Córdoba, Universidad de Córdoba, 2013, p. 3 (trabajo Fin de Máster), disponible en https://helvia.uco.es/bitstream/handle/10396/ 12821/FIN_MASTER__Antonio%20Jose%20Exojo%20Pino.pdf?sequence=1&isAllowed=y (consultada el 02/01/2024).

        GARCÍA VARGAS, Enrique: “La Sevilla tardoantigua. Diez años después (2000-2010)”, en BELTRÁN FORTES, José y RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Oliva (Coord. científicos): Hispaniae Vrbes. Investigaciones arqueológicas en ciudades históricas, Sevilla, Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones, 2013, pp. 881-926.

        MORGADO, Alonso de: Historia de Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla – Instituto de Cultura y las Artes (ICAS), 2017, Libro I, pp. 8(r)-12(r) y Libro II, p. 129(v).

 

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