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lunes, 14 de octubre de 2024

SUETONIO. EL TESTIGO DE LA HISTORIA. VIDA Y OBRA.

Una colaboración de  Francisco Jesús Calvo Falce para Historia y Roma Antigua.

Hoy gracias al impecable trabajo de uno de nuestros colaboradores vamos a cambiar el objetivo de la Historia y lo vamos a fijar en aquel que dedicó parte de si vida a dejar testimonio de ella. Hoy vamos a centrarnos en la vida y obra de Cayo Suetonio Tranquilo, el autor, entre otras, de Vidas de los doce césares.

En el presente estudio será objeto de análisis tanto la vida pública y privada del autor Suetonio, como una de sus grandes obras, Vidas de los doce Césares. Con respecto a la vida del autor existen pocos datos directos, la mayor parte de los cuales se llegan a obtener del propio autor, de Plinio el Joven y de autores posteriores como Juan Lido o Suidas. Historiográficamente hablando, la obra de Suetonio tiene la base oficial, como veremos en momentos posteriores de este estudio, de haber podido acceder a los archivos oficiales del Imperio, debido a los diferentes cargos que ocupó durante los mandatos de los emperadores Trajano y Adriano. 

  

Imágenes 1 y 2: Suetonio (izquierda) y Plinio el Joven - Santa María la Mayor de Como (derecha).

Como primera medida a tener en cuenta para desarrollar el análisis comentado se realizará un breve estudio de la vida del autor junto con su obra, sin dejar de lado el estilo que utilizaba a la hora de plasmar sus conocimientos sobre la vida oficial de palacio y la vida pública y civil de Roma. Nos acercaremos también a la época en la que vivió el autor y el modo en el que ésta pudo influenciar en el desarrollo de sus textos.

A continuación, en un primer acercamiento a la obra objeto de análisis, se estudiará el contenido de dicha obra en su conjunto y haremos hincapié en el modo en el que fue escrita y en cómo fueron distribuidos los diferentes apuntes que se realizan en cada una de las doce biografías.

1. CAYO SUETONIO TRANQUILO

1.1. Vida y época1

Cayo Suetonio Tranquilo nació posiblemente en Roma, alrededor del año 69-70 d.C., si bien puede que sus padres no fueran oriundos de la capital del imperio. Como su padre, Suetonio Leto, perteneció al orden ecuestre2. En una primera etapa de juventud, en torno a los años 97-98, comenzó a moverse en el círculo de Plinio el Joven, relación que se vio recogida en diversas cartas de éste último3. Realizó estudios en materias como la gramática, la retórica, la filosofía, la historia o la música. Llegó a ejercer la abogacía, que decidió abandonar para alistarse en el ejército como tribuno militar4, cargo que consiguió gracias a Plinio, aunque también optó por abandonarlo5. Prefería, antes que seguir en la vida militar, vivir en una casa de campo, adquirida gracias a la intervención de Plinio el Joven a Bebio Hispano, en la que escribir e investigar, alternando su actividad pública con tranquilos paseos por sus tierras6.

  


Imágenes 3 y 4: Trajano - Glipsoteca de Munich (Fuente: De Desconocido (izquierda) y Adriano - Museos Capitolinos (derecha).

En la correspondencia entre Trajano y Plinio el Joven se puede observar la idea que el emperador tiene de Suetonio al exponer que “es hombre muy honrado, íntegro, erudito, con quién, teniendo en cuenta su carácter y su gusto por las letras, ya hace tiempo trabé con él íntima amistad y cuanto más le trato más estimación le tengo”7. Según Plinio, se puede llegar a suponer que Suetonio casó con una mujer no muy adinerada, bien humilde o de poca fortuna, ya que por tener tres hijos, le solicitó privilegios, subsidios y exclusiones para él al emperador Trajano, que éste no dudó en conceder8.

Tras el fallecimiento de Plinio (112-113), Suetonio comenzó a relacionarse con el círculo de Septicio Claro, a quien dedicó la obra objeto de análisis en el presente estudio y que ejercía el cargo de segundo prefecto del pretorio de Adriano en el año 1199. Sobrevino a partir de aquí el culmen de su carrera administrativa, que empezaría con el emperador Trajano y alcanzó sus máximas cotas con Adriano. En estos momentos obtuvo la Prefectura del Pretorio, ya durante el reinado de Adriano. Ocupó los cargos de flamen10, juez y pontífice máximo de Vulcano, si bien los nombramientos públicos que le ayudaron en mayor medida a la hora de desarrollar su labor literaria fueron los nombramientos para diferentes procuradurías, desempeñadas entre los años 117-118 a 128. 

  


Imágenes 5 y 6: Julio César - Museo Arqueológico Nacional de  Nápoles (izquierda) y Octavio Augusto de Prima Porta - Museo Chiaramonti de Ciudad del Vaticano (derecha).

Fue sucesivamente, durante el reinado de Trajano, procurador a studiis (de los estudios) con el cargo de supervisar la biblioteca privada del emperador, asesorarle en materias literarias y científicas y redactar sus escritos o decretos; y procurador a bibliothecis (de las bibliotecas), que le permitía controlar y supervisar todas las bibliotecas, con poder para seleccionar y admitir o no los ejemplares presentados; por último, fue procurador ab epistulis11 (de la correspondencia) durante el reinado de Adriano, con lo que se llegó a convertir en lo que en la actualidad sería un jefe de relaciones públicas. Estos tres nombramientos le permitieron dirigir los archivos imperiales, supervisar la biblioteca del emperador o atender y dirigir la correspondencia administrativa del Imperio, entre otras actividades. Posiblemente formara parte del consilium principis(12), con lo cual participaba en las deliberaciones secretas sobre los asuntos de Estado13. 

El año 128, durante el reinado de Adriano, fue destituido de sus cargos públicos junto con Septicio Claro y ocupó el resto de sus días en su labor literaria. No existe certeza del motivo real de su destitución. Según algunos autores pudiera ser, bien, por un trato inadecuado a la esposa de Adriano, o bien, por haber sido relacionado con ciertas confabulaciones contra el emperador14. No se tiene certeza de la fecha de defunción de Suetonio, aunque debió de morir sobre el año 141.

  


Imágenes 7 y 8: Tiberio - Museo Arqueológico Nacional de Venecia (izquierda) y Calígula - Gliptoteca Ny Carlsberg (derecha).

1.2. Obra(15)

● Pratum. 20 tratados de los que se conservan los títulos y algunos fragmentos:

○ I-III. Los reyes.

○ IV. La institución de los cargos públicos.

○ V-VI. Historia de los juegos públicos.

○ VIII. El año de los romanos.

○ IX. Naturaleza de las cosas/del mundo.

○ X. Naturaleza de los animales.

○ XI. Las abreviaturas.

○ XII. La república de Cicerón.

○ XIII. Clases de vestidos.

○ XIV. Las palabras malsonantes y obscenas.

○ XV-XVI. Roma.

○ XVII. La genealogía.

○ XVIII. Cortesanas famosas.

○ XIX. Los vicios corporales.

○ XX. Hechos diversos(16). 

● Da viris ilustribus (Hombres ilustres). Tratado que incluía seis libros de biografías (poetas, oradores, historiadores, filósofos, gramáticos y retóricos), de los que sólo se conservan los dos últimos.

● Vidas de los doce Césares. Obra objeto de análisis en el presente estudio.

  


Imágenes 9 y 10: Claudio (izquierda) y Nerón - Museos Capitolinos (derecha). 

2. VIDAS DE LOS DOCE CÉSARES(17)

2.1. Argumento

A lo largo de los ocho libros de que se compone la obra Suetonio mostró la biografía de los doce primeros Césares (Julio César, Octavio Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito y Domiciano) en un periodo que abarca desde el año 100 a.C., fecha de nacimiento de César, hasta el año 96 d.C., año de la muerte de Domiciano. Se ha de tener en cuenta en la composición que Suetonio incluye entre los Césares al mismo Julio César, considerándose en la actualidad a Octavio Augusto como el primer emperador romano.

2.2. Estructura de las vidas

Cada una de las biografías de los emperadores posee una división parecida respecto a su distribución, que parte de los antecedentes familiares, su nacimiento, cómo llegó al poder, su vida pública, su vida privada, incluyendo sus hábitos, complexión física y vestimenta, así como su ética y su moral, para finalizar con la pérdida del poder y su muerte, todo ello mezclado con numerosas anécdotas y con prodigios y vaticinios, propios de la religión de la época, que auguraban y vaticinaban sus buenos y malos momentos. Un rasgo fundamental en cada biografía es el hecho de que el papel central de cada una de ellas se centra en su aspecto público, privilegiando el acceso, desempeño y pérdida del poder.

  


Imágenes 11 y 12: Galba - Museo de Antigüedades del Palacio Real de Stockholm (izquierda) y Otón - Museos Capitolinos (derecha)

Así, cada una de las vidas expuestas trata de desgranar a cada gobernante en función de la exposición de sus virtudes y sus defectos, de sus logros y sus fracasos. Tanto es así, que autores como Cizek18, tras analizar las características que definen a cada uno de los doce césares los divide en cuatro categorías y los muestra en el siguiente orden:

● Los mejores: Augusto, Otón y Tito.

● Los buenos: César y Vespasiano.

● Los malos: Tiberio, Galba y Domiciano.

● Los peores: Calígula, Nerón y Vitelio.

● A Claudio lo incluye en un lugar intermedio en torno a la tercera clasificación.

Aun así, la extensión de las distintas biografías varió en función del periodo durante el que cada emperador gobernó. Con respecto a ello, podemos comprobar tal hecho al estudiar la composición de cada uno de los ocho libros de que consta la obra. Las biografías de seis primeros de los doce emperadores sobre los que escribió Suetonio, concretamente los de la dinastía Julia-Claudia (Julio César, Octavio Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón), ocupan seis de los ocho libros mencionados, mientras que las biografías de los seis restantes, bien porque tuvieron reinados muy cortos, bien por otros motivos ocuparon los dos libros restantes (Galba, Otón y Vitelio el libro VII, y Vespasiano, Tito y Domiciano el libro VIII). 

  


Imágenes 13 y 14: Vitelio - Colección Grimani de Venecia (izquierda) y Vespasiano - Museo Pushkin (derecha).

El motivo para la brevedad de la narración de estos últimos reinados obedece a una serie de razones, según los casos. Para los emperadores cuya vida conforma el libro VII se trata de los tres primeros gobernantes que desempeñaron el imperio durante el año en que gobernaron los cuatro emperadores. Por lo tanto, su mandato duró meses, lo cual explica la brevedad de la narración de sus mandatos. En el caso de los emperadores del libro VIII, los flavios, se puede deber a dos razones, que bien pudieron afectar de manera separada al autor, o ser el motivo de su brevedad el resultado conjunto de ambas. Por un lado, puede ser que al escribir tales biografías ya no ocupara un cargo público adecuado para la consulta de los archivos y poseyera, por lo tanto, menos datos para llevar a cabo tal cometido, o, por otro lado, que se diera el hecho de que el gobierno de estos tres emperadores estuviera aún reciente y evitara así el autor el tratamiento de determinados asuntos con mayor profundidad.

2.3. Estilo

Suetonio escribió con un estilo directo y sencillo, sin importarle pulir una y otra vez la obra, lo cual llevó a escribir con brevedad, claridad y concisión en su desarrollo. De hecho, existe constancia de que Plinio le instó en determinados momentos a dar por finalizadas sus obras para ser publicadas19. Con frecuencia, donde podían existir descripciones amplias, el autor utilizaba construcciones simples y con una exposición bien estructurada; los discursos eran obviados con el uso de las palabras directas de los biografiados. Por ello su estilo ha sido considerado frío, seco, falto de sentimientos. Ha sido acusado de imparcialidad, aunque no por ello sus textos dejaban de distinguir entre las actitudes y decisiones acertadas y las perversidades de los emperadores, siempre sin llegar el autor sus propia opiniones.

  


Imágenes 15 y 16: Tito - Museo del Louvre (izquierda) y Domiciano - Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (derecha).

Mezclaba grandes acontecimientos con anécdotas insignificantes, con falta de precisión histórica y carencia de fechas, ya que con frecuencia tan sólo hacía referencia a los datos de fechas del nacimiento, acceso al poder y muerte de los emperadores. Hizo uso de un estilo, a veces, cargado de participios, conjunciones y adverbios, así como terminaciones superlativas ([40] Ius laboriosissime ac severissime dixit...) y algunos helenismos. Se trataba de un estilo ameno y familiar que le permitía, al crear el contexto histórico en el que había vivido el protagonista, cada emperador, dar a conocer la evolución de su persona y de su mandato con un razonamiento más cercano al lector.

En definitiva, se puede ser decir que su estilo, además de simple y sencillo, se caracteriza por realizar una exposición de hechos sin ofrecer una opinión determinada sobre cada una de las cuestiones expuestas, a diferencia de otros autores contemporáneos de él, que ofrecen su opinión sobre los acontecimientos descritos. De ese modo, Suetonio sencillamente cuenta al lector lo ocurrido, sin colocar texto adicional que pueda llegar a orientar la idea que aquél que lee su texto pueda llegar a tener de cada uno de los gobernantes.

2.4. Valor histórico

El hecho de ocupar diferentes cargos públicos durante el reinado de los emperadores Trajano y Adriano permitió a Suetonio acceder a documentación oficial, como pueden ser los testamentos de Julio César y de Octavio Augusto, que, junto con otras fuentes de las que bebió el autor, le inspiraron para escribir la obra. Una obra que se enmarca en un periodo similar al descrito en la obra de autores como Tácito o Plutarco, aunque, como hemos comentado, el estilo sencillo y directo de Suetonio, sin rodeos (aunque no falto de numerosas anécdotas), para describir las diferentes acciones históricas que acaecían, difería del de éstos autores, que no dudaban en describir amplios discursos o desarrolladas descripciones. A pesar de esta sencillez de la obra, se podría decir que, en cómputo general, la obra de Suetonio, aunque poseía algunas lagunas e imprecisiones, se adaptó mejor a la realidad que la obra de otros autores contemporáneos.

3. CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, en atención a lo anteriormente expuesto, cabe decir que Cayo Suetonio Tranquilo compuso una colosal obra, trabajada en extremo, donde no dudó en incluir tanto datos formales de cada uno de los césares, como cuantiosas anécdotas sobre el mandato de cada uno de ellos, que, en definitiva, ayudaron a conocer de forma directa cómo fueron y actuaron cada uno de ellos. Esto permite a la persona interesada en su obra conocer cómo evolucionaron en sus gobiernos y cómo personas estos gobernantes de la antigua Roma, con los césares como verdaderos protagonistas.

No se han de obviar los errores, en algunos casos desorden e imprecisiones ocasionados por el hecho de que las únicas fechas manejadas en la mayoría de los casos fueran las de nacimiento, subida al poder y fallecimiento de los diferentes césares; pero todo ello fue obviado por la claridad de su exposición y por las numerosas revisiones realizadas previamente a la publicación de la obra, que se entiende tuvo lugar en torno al año 122.

Su obra marcó un antes y un después en el modo de escribir la Historia. Se podría decir que dio origen a la biografía, no como se conocía hasta el momento, sino como un conjunto de acontecimientos con un personaje como protagonista. Así, aunque debido a la estructura de cada narración (familia, nacimiento, subida al poder, vida pública, vida privada, pérdida del poder y fallecimiento), podían aparecer datos de un mismo periodo en diferentes ubicaciones en el texto, la forma de realizar la exposición, directa y sencilla, permitía al lector analizar al personaje y crear un ideario de cómo era en la realidad, según los datos expuestos, sin sufrir una orientación determinada debida a la opinión que se encontraba en textos de otros autores.

Así, la obra Vida de los doce Césares o Historia y vida de los Césares, de Cayo Suetonio Tranquilo, ha sido objeto de estudio por otros autores desde el mismo momento de su publicación, con numerosas transcripciones durante la Edad Media que se vieron acrecentadas con el nacimiento de la imprenta ya en el siglo XV, con gran difusión y numerosas ediciones durante la época moderna y contemporánea. 

NOTAS

[1] Para detalles de la vida de Suetonio se han utilizado las siguientes obras:

SUETONIO: Vidas de los Césares. Cátedra, 1998, pp. 9-125 (introducción de Picón García, V.).

SUETONIO: Vidas de los doce Césares. Vol. I. Barcelona, Editorial Gredos S.A., 2008, pp. V-VIII (introducción de Picón García V.).

SUETONIO: Historia y vida de los Césares. Colección Olimpo-Mitología e Historia. Barcelona, Edicomunicación, S.A. 1999, pp. 6-8.

[2] Grupo social romano con rentas por encima de los 400.000 sestercios.

[3] PLINIO EL JOVEN: Cartas. I1; I24,1,3; III8; V10,3; IX34; X94,1; X95. Barcelona, Editorial Gredos, S.A., 2008, pp. 51, 95-96, 160, 261-262, 458 y 547-548.

[4] "...Un hijo de senador que aspirase a una carrera pública servía normalmente como magistrado menor al final de su adolescencia. La mayoría llegaban a pertenecer al "consejo de los veinte" (vigintiviri) en Roma, antes de recibir su primera experiencia militar como tribunus latisclavius en una de las legiones. Parece haber sido relativamente común que estos hombres sirvieran en unidades establecidas en una provincia gobernada por un miembro de su  familia o un amigo íntimo..." (GOLDSWORTHY, A.: El ejército romano, Madrid, Ed. Akal, 2005, p. 60).

[5] PLINIO EL JOVEN: op. cit., 2008. Libro III Carta 8, p. 160.

[6] PLINIO EL JOVEN: op. cit., 2008. Libro I Carta 24, pp. 95-96.

[7] SUETONIO: op. cit., 1999, p. 7.

[8] Idem; y SUETONIO: op. cit., 2008, pp. VII y VIII; PLINIO EL JOVEN: op. cit., Libro X Cartas 94 y 95, pp. 547 y 548.

[9] PLINIO EL JOVEN: op. ci., 2008, Libro I Carta 1, p. 51, nota 1.

[10] Sacerdote. El conjunto de estos cargos públicos ocupados por Suetonio han sido obtenidos de una inscripción hallada en Hipona.

[11] "...Della Corte's impulse to produce this account was of course the publication of the inscription from Hippo Regius, L'Ann'ee Épigraphique, 1953, nº. 73, which reveals that Suetonius was a studiis and a bybliothecis before he became  ab espitulis..." (comentario realizado por J. Crook en 1969 sobre el libro Suetonio eques Romanus de Francesco della Corte en The Classical Review –Cambrigde University Press).

[12] Consejo Imperial.

[13] CORTE, F. della: Suetonio eques Romanus, Florencia, 1967, pp. 26-27.

[14] SUETONIO: op. cit., 1999, p. 8.

[15] Para detalles de la obra de Suetonio han sido utilizadas las siguientes obras:

SUETONIO: op. cit. 1999, pp. 8-9.

SUETONIO: op. cit. 2008, pp. VIII-X.

[16] CORTE, F. della: op. cit. 1967, pp. 233-245.

[17] Para detalles tanto de la obra Vidas de los doce Césares, como del estilo en el que está escrita han sido utilizadas las siguientes obras:

SUETONIO: op. cit. 1999, pp. 9-15.

SUETONIO: op. cit., 2008, pp. X-XXXI.

[18] CIZEK, E.: Structures et Idéologie dans les «Vies des douze Césars» de Suétone, Les Belles Lettres, Bucarest-París, 1977, pp. 65-105, 199-245.

[19] PLINIO EL JOVEN: op. cit., Libro V Carta 10, pp. 261-262.

 

BIBLIOGRAFÍA

Textos clásicos griego-latinos:

SUETONIO: Vidas de las Césares. Cátedra, 1998, pp. 9-125 (introducción de Picón García, V.).

Vidas de los doce Césares. Vol. I. Barcelona, Editorial Gredos S.A., 2008, pp. V-XXXI (introducción de Picón García, V.) y 3-101.

Historia y vida de los Césares. Colección Olimpo-Mitología e Historia. Barcelona, Edicomunicación, S.A., 1999, 5-17.

PLINIO EL JOVEN: Cartas. I1; I24,1,3; III8; V10; X94; X95. Barcelona, Editorial Gredos, S.A., 2008, pp. 51, 95-96, 160, 261-262 y 547-548. 

Otra bibliografía:

CIZEK, E.: Structures et Idéologie dans les «Vies des douze Césars» de Suétone. Les Belles Lettres, Bucarest-París, 1977, pp. 65-105, 199-245

CORTE, F. della: Suetonio eques Romanus, Florencia, 1967, pp. 26-27, 233-245.

CROOK, J. (1969) ‘Suetonius - Corte, Francesco Della: Suetonio, eques romanus. Pp. 273. Florence: La Nuova Italia, 1967. Paper, L. 2,400.’, The Classical Review, 19(1), pp. 62–63.

 (https://www.cambridge.org/core/journals/classical-review/article/abs/suetonius-cortefrancesco-della-suetonio-eques-romanus-pp-273-florence-la-nuova-italia-1967-paper-l-2400/F55D5AF735FE605C194B7F9DB70C7078) (consultado el 08/09/2024).

GOLDSWORTHY, A.: El ejército romano, Madrid, Ed. Akal, 2005. p. 60.

ROLDÁN, J.M.: Césares. Madrid, La Esfera de Libros, 2008.

Introducción a la Historia Antigua. Madrid, Itsmo, 1974.


sábado, 15 de julio de 2023

VIGILES DE ROMA. LOS PROTECTORES DEL CORAZON DEL IMPERIO.

Octavio, mas tarde conocido como Augusto, fue el gran organizador de las estructuras sobre las que crecerá y se desarrollará el Imperio Romano. Fueron muchos los campos en los que introdujo modificaciones e innovaciones y uno de ellos fué el de la seguridad, protección y planificación urbanística de la ciudad de Roma. Fue el responsable de la creación del cuerpo de los Vigiles, una fuerza de bomberos y policía nocturna encargada de prevenir y combatir los incendios que solían azotar una ciudad cuyos edificios se construían con ladrillos baratos y vigas de madera. 

                                             Vigil romano. IL. Ugo Pinson                                   
 

En ellos se hacinaban numerosas personas siendo los que vivían en los pisos más altos, generalmente las más pobres, los más vulnerables en caso de incendio, mientras que los más acomodados, que habitaban los pisos inferiores, con acceso a agua corriente y una fácil salida corrían mucho menos peligro.

Los incendios, a veces fortuitos pero en otras ocasiones claramente intencionados, fueron una amenaza constante para Roma durante casi toda la Antigüedad, debido a la densidad de su población y a la falta de infraestructuras adecuadas para combatirlos, prevenirlos y controlarlos.

Las insulae, construidas en gran medida con materiales que ardían fácilmente como la madera y el adobe, almacenaban leña en muchos casos, sobre todo en las casas de los pisos de las plantas inferiores, que disponían de cocina. No olvidemos que en la ciudad se encendían a diario miles de fuegos, para cocinar en hornillos, para calentarse, para alumbrarse en hogares, templos, termas, edificios civiles, etc y que era muy fácil que cualquiera de estos pequeños fuegos desencadenara en Roma un desastre difícil de apagar que se llevara la vida de miles de sus habitantes.

Craso hace negocios antes de apagar el incendio.

El poeta Juvenal (Juv. Sat. 3.197-202) en su crítica de la vida en la ciudad nos cuenta en relación a los incendios:

“No, no, debo vivir donde no haya incendios, ni alarmas nocturnas. Ucalegon abajo ya está pidiendo agua a gritos… sale humo de tu ático del tercer piso arriba, pero no sabes nada de eso; porque si la alarma empieza en la planta baja, el último en arder será el que no tenga para resguardarse de la lluvia más que las tejas…”

Los incendios en una ciudad con una relación tan estrecha con el fuego eran numeroso, Rainbird en 1976 escribió que, según sus cálculos,  se producían unos 100 por día, aunque pocos, solo 2 por cien, eran verdaderamente peligrosos.

La creación de los vigiles

La idea no era nueva, ya se le había ocurrido a diferentes personajes como Marco Licinio Craso y  Marco Egnacio Rufo. El primero, era un rico aristócrata que se hizo famoso por acabar con la rebelión de Espartaco (a pesar de que Pompeyo tratara de apropiarse el mérito) y por ser uno de los tres miembros del Primer Triunvirato, junto al mencionado Pompeyo y César. Terminó perdiendo la vida junto a miles de sus legionarios luchando contra los partos en el desastre de Carras( 53 a.C). Craso, con fuertes inversiones inmobiliarias, fundó una brigada antiincendios compuesta por unos 500 hombres, que actuaban sólo si el dueño del edificio en llamas aceptaba venderle su propiedad, ya quemada, a un precio mucho más bajo del real. Autores como Plutarco le acusaban de provocar los fuegos para beneficiarse después.

     Recreación artística de un incendio en Roma. Ralizada por HRA con AI            

Marco Egnacio Rufo, durante su servicio como edil curul, le copió la idea a Craso, pero con el mérito de que el servicio que prestaban sus casi 600 esclavos era público y gratuito. Incendios como el del 23 a.C dejaron de manifiesto la utilidad de este servicio y aumentaron la popularidad de Rufo que pagó con la vida su ambición al tratar de hacerse elegir cónsul sin la aprobación del todopoderoso Augusto que, viendo la popularidad que entre el pueblo tenía este servicio de los vigiles decidió seguir adelante con ella.

Sifona : Reconstrucción moderna de una bomba de agua romana,
Museo Arqueológico Nacional, Madrid.


En el año 6 aC, se fundaron los Vigiles, un cuerpo de bomberos y policía nocturna compuesto inicialmente por esclavos y libertos aunque con el paso del tiempo sus integrantes serán ciudadanos romanos de pleno derecho atraídos por la paga y las ventajas de servir en la capital. Su principal responsabilidad era la prevención y extinción de incendios, así como el mantenimiento del orden público durante la noche. Desde ese cuerpo se les ofrecía facilidades para ingresar en otros cuerpos al servicio de la ciudad o el Emperador como la Guardia Urbana o la Guardia Pretoriana. Su número pasó de los 600 iniciales a los 3.500 hombres

La organización y funcionamiento de los Vigiles:

Los Vigiles fueron organizados en siete cohortes, cada una encargada de la protección de dos de los catorce distritos de la urbs. Cada cohorte formada por unos 500 hombres estaba dirigida por un prefecto. Cada distrito estaba equipado con estaciones de bomberos, ubicadas estratégicamente, que permitían una respuesta rápida y eficiente ante cualquier emergencia relacionada con el fuego. Su lema "Ubi dolor, ubi vigiles" (donde hay dolor, están los vigiles) se podía leer en la fachada de sus estaciones

Plano que muestra la distribución de las cohortes de vigiles en Roma.

Estaban equipadas con material específico como: baldes, esponjas, escobas, hachas, cuerdas, escalas, garfios, esteras, grandes mangueras y bombas(sifona) para echar agua que podían alcanzar hasta los  treinta metros. Incluso disponían de ballestas( un arma de artillería que los vigiles utilizaban para lanzar agua y vinagre contra el fuego, en vez de grandes proyectiles y jabalinas que era para lo que estaban concebidas originalmente. Existían dentro de este cuerpo diferentes niveles de especialización: los aquarii  manejaban las bombas de agua, los siphonarii se ocupaban de empapar mantas con vinagre para ahogar las llamas y los centones iluminaban con antorchas para facilitar el trabajo de sus compañeros. Además, los Vigiles patrullaban las calles durante la noche para prevenir la delincuencia nocturna y llevaban a los detenidos ante el praefectus urbis, encargado de juzgarlos.

Excubitorium (caseta de vigilancia) de la VII Cohorte Vigilum( Wikimedia Commons)

Las Cohortes Vigilum estaban dirigidas por un praefectus vigilum, normalmente un militar experimentado del orden ecuestre al principio y después a veces también del orden senatorial, en cualquier caso y dado el poder que suponía dirigir un cuerpo de este tipo en Roma, siempre era un hombre de la confianza del Emperador que era el que tenía la potestad de nombrarlo o destituirlo. A efectos de organización, el superior inmediato del preafectus vigilum era el praefectus urbi . En varios casos como en la caída del todo poderoso Sejano en tiempos de Tiberio, este cuerpo jugó un papel clave, sobre todo como contrapoder a la Guardia Pretoriana. Septimio Severo integró estas cohortes en el ejército y algunos de sus miembros fueron eximidos del pago de impuestos en agradecimiento a los servicios prestados.

Vigiles del grupo de recreación Legio XI CPF

Su vestimenta, por las lápidas que se conservan, era muy similar al del resto de los militares. Vestían paenula (similar a un poncho con capucha), túnica y espada corta para desenvolverse es sus funciones como guardias nocturnos. Con el tiempo, ya en pleno siglo II, incluso se les encargaron tareas como antidisturbios y policía.

     Relieve de un vigile ataviado con paénula , túnica y espada corta.              

Gracias a su popularidad Claudio decidió "exportar" la idea al importante puerto de Ostia, donde servían como vigiles, en el año 50 alrededor de  setecientos hombres. Muchas otras poblaciones, a instancia de sus ciudadanos más ricos o de los colegios de artesanos y comerciantes, irán creando sus respectivos cuerpos de vigiles que harán de estos lugares, sitios más seguros frente al fuego y la delincuencia.

Augusto no se conformó solo con la creación de los Vigiles, también trató de mejorar la prevención de los incendios mediante la promulgación de normas y reglamentos para el uso de materiales de construcción más resistentes al fuego, así como para la instalación y el correcto mantenimiento de todos los sistemas de agua, como acueductos y cisternas, para abastecer a los bomberos y sobre todo sobre la manera en la que debían construirse esos edificios( insulae): limitando la altura de los bloques de viviendas, aumentando el espacio entre los edificios y el ancho de las calles, etc.. Estas medidas también ayudaron a reducir la frecuencia y la gravedad de los incendios en Roma.

Conclusión

Gracias a los vigiles la Ciudad Eterna pudo enfrentar de manera más efectiva la amenaza constante de los incendios que, de todas maneras, nunca dejaron de ser una amenaza terrible para los romanos no debemos olvidar los devastadores efectos de incendios como el del 64 o el del año 80 que destruyeron una parte muy importante de la Urbs y segó la vida de miles de sus habitantes. Los Vigiles no solo extinguieron el fuego, sino que también trabajaron en la prevención y mantenimiento del orden público. El papel de Octavio Augusto en la creación de esta institución demuestró su preocupación por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos romanos, y su legado perduraría a lo largo de los siglos como un ejemplo de planificación urbana y protección contra incendios.

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BIBLIOGRAFÍA

Plutarco.-- Vidas paralelas( Nicias-Craso)

Veleyo Paterculo.-- Historia Romana.

Suetonio, P.-- Vida de los doce césares.

Beard, M.--SPQR: Una historia de la antigua Roma.-- CRÍTICA, 2016

Hopkins, Keith.--Conquistadores y esclavos: estudios sociológicos en la historia romana. Edicions 62, 2002

 Sánchez Sanz, A.-- Pretorianos. La élite del ejército Romano.-- Esfera de los Libros, 2017.

https://ancient-history-blog.mq.edu.au/cityOfRome/Vigiles




domingo, 25 de julio de 2021

TEUTOBURGO, AÑO 9 D.C. CRÓNICA DE UN DESASTRE

Un texto de Federico Romero Díaz 

LA BATALLA DE TEUTOBURGO(9 d.C). CRÓNICA DE UN DESASTRE.

La Batalla de Teutoburgo, no fue un simple revés militar. Fue un desastre desde varios puntos de vista. No solo supuso la desaparición casi completa de tres legiones romanas, fue la primera gran derrota a la que el jovencísimo Imperio romano, dirigido por Augusto debía enfrentarse.

Estado del campo de batalla cuando Germánico años después consiguió llegar a allí.

¿Qué fuerzas del bando romano y de los germanos se enfrentaron en los bosques de Teutoburgo? Por un lado lucharon tres legiones romanas (la XVII con su campamento en Novaesium, actual Neuss; la XVIII con sede en Castra Vetera (Xantem), la XIX en Colonia. A estas tres legiones hay que añadir seis cohortes auxiliares y tres alas de caballería. Se calcula en unos 15.000 efectivos, teniendo en cuenta que las legiones habían dejado a una parte de sus componentes como guarnición en sus cuarteles de invierno y en algunos fuertes diseminados por el territorio como guarniciones de control y vigilancia. A la cifra de combatientes, hay que sumar varios miles de civiles romanos: mercaderes, prostitutas, familias de los legionarios, taberneros, etc que inevitablemente acompañaban a las legiones en sus desplazamientos.

Las fuerzas romanas se enfrentaron a una confederación de pueblos germanos formada por unos 15 o 20.000 guerreros, fundamentalmente queruscos, bructeros y angrivarios aunque había presencia de otras tribus germanas. Iban mal armados con escudos de madera o mimbre, jabalinas, hachas y lanzas y solo en el caso de los nobles y de los guerreros profesionales de las bandas leales a los caudillos encontraremos cotas de malla, cascos de bronce y espadas.

Vistas las fuerzas que se van a encontrar mirar hacia atrás, a los antecedentes del conflicto. Los romanos, gracias a las campañas de hombres como Lucio Domicio Enobardo (3 d.C), Marco Vinicio y sobre todo el futuro emperador Tiberio(4 al 7 d.C) habían ido extendiendo su dominio desde la orilla oeste del Rin hacia las tierras occidentales de los germanos llegando a las orillas del Elba y del Weser. Las victorias se sucedían sobre los desorganizados y divididos germanos y ya solo el rey de los marcomanos Marbod al sureste de Germania parecía una seria amenaza. Fue Tiberio el encargado de someterle, sin embargo una gran rebelión en Iliria obligó a Augusto a retirarle de Germania para sofocar ese alzamiento. A pesar de Marbod y sus marcomanos, para los romanos y su emperador Augusto Germania era ya una tierra sometida. Tal vez por eso envió a un hombre como Publio Quintilio Varo, emparentado con la familia imperial, que hasta ese momento había tenido un brillante desempeño en el gobierno de África y de Siria, a la nueva provincia como legatus Augusti pro praetore para un periodo de unos 3 años( del 7 al 10). Tenía  la misión de integrar a la pacificada Germania en la administración imperial, suprimir las luchas entre tribus, el establecimiento de un sistema de justicia romana, el aumento de la actividad económica, la construcción de calzadas, etc. Sin embargo los germanos seguían muy apegados a sus tradiciones y se resistían a ser romanizados. Habían sido derrotados en repetidas ocasiones pero como veremos, no habían sido sometidos.

Situación en Germania del 7 al 9 d.C

Varo tenía más el perfil de un político o el de un funcionario que el de un militar. Puede que por eso Augusto decidiera mandarle como asesor de confianza en temas militares a Arminio. Era un joven príncipe querusco, hijo del noble Seguimer, que fue entregado a los romanos como rehén. Allí había recibido la misma educación que cualquier noble romano y obtenido la ciudadanía y el rango ecuestre entre otras cosas por su brillante desempeño como jefe de la caballería auxiliar romana en Iliria. Una vez en Germania, se ganó rápidamente la confianza de Varo, que en realidad le necesitaba para atraerse a otros nobles germanos y hacer frente con el apoyo de los queruscos a otras tribus más hostiles como los suevos, los sicambros, etc. A espaldas del gobernador romano conspiraba con los jefes de las principales tribus germanas. ¿Por qué Arminio traicionó a los romanos? Hay diversas teorías aunque la mayoría de los autores coinciden en que fue pura y simple ambición personal y que el papel de gobernante supremo de los germanos al que aspiraba era incompatible con una fuerte presencia romana al este del Rin.

Vamos con el desarrollo de la batalla, ¿Cómo fue posible que los germanos acabaran con casi tres legiones? Varo reunió el ejército en Castra Vetera, cruzó el Rin con rumbo hacia el río Lipe y después se aprestaron para penetrar en lo que ellos llamaban el barbaricum, es decir en territorio no dominado permanentemente por Roma. Antes se preocupó de ir dejando guarniciones en diferentes fuertes a lo largo de su ruta. Se pasó el verano administrando justicia y mediando en los diferentes conflictos de las tribus. A la llegada del otoño todo parecía en orden por lo que dio orden a sus legiones de que se preparasen para volver a sus cuarteles de invierno, en torno a la orilla del Rin.

Las legiones romanas avanzan por los bosques germanos( Serie Bárbaros)

La columna de las tres legiones con sus auxiliares y los miles de civiles que las seguían era enorme y su avance muy lento, 15 o 20 kilómetros diarios como máximo. Se puso en marcha el 7 de septiembre. Arminio informó a Varo de una falsa rebelión tribal en una zona cercana al camino de las legiones, que tan solo debían desviarse un par de días de su ruta. Le pidió permiso para adelantarse con su caballería auxiliar a reconocer el terreno, lo que aprovechó para ir acabando a traición con todos los fuertes y destacamentos que los romanos tenían.

El día 8 en medio de la marcha por terreno boscoso y pantanos la columna fue sorprendida por una fuerte tormenta que fraccionó aún más el paso de la columna. A su alrededor comenzaron a concentrarse miles de germanos. Los brúcteros fueron los primeros en atacar la vanguardia de la larga columna. A continuación fue el centro de la columna el que sufrió la carga de los germanos que  habían escogido cuidadosamente el escenario muy cerca del actual Kalkriese, atrapando a los legionarios entre una zona pantanosa y una fuerte pendiente fortificada. A costa de muchas bajas causadas por los proyectiles de los germanos, los legionarios pudieron por fin llegar a terreno abierto y formar, rechazaron a sus enemigos y construyeron un campamento donde los supervivientes pudieron refugiarse y pasar la noche.

Esquema de la batalla( Wikimedia commons) 

El día 9, nada más amanecer enviaron mensajeros en busca de Arminio y a reconocer el terreno. Varo aún no se creía que el querusco le había traicionado. Pero el día pasó y ninguno de los mensajeros volvió. Era hora de asumir la traición y pensar en cómo salir de aquel infierno. Para tener más posibilidades de escapar, decidieron deshacerse de los carromatos. Todo aquello que no fuera esencial para la marcha fue quemado en una enorme pira para que el enemigo no lo aprovechara. Por último se armó a los civiles, dándoles de esta manera una oportunidad de defenderse y de luchar por su vida y por último se tomó la más difícil de todas las decisiones, dejar atrás a los heridos.

Justo antes de la madrugada del 10 de septiembre se pusieron en marcha hacia el oeste de nuevo con el objetivo de alcanzar la frontera del Rin lo antes posible. Ante los ataques germanos la columna se fragmentó y desorganizó con rapidez. Los germanos, conocedores del terreno y armados a la ligera, se movían con agilidad en el frío y húmedo bosque. Ante la perspectiva de botín fácil el número de los atacantes no dejaba de aumentar (se unieron otras tribus reacias inicialmente a unirse a los planes de Arminio como los catos, caucos, marsos, usipetes, etc) las bajas fueron muchas esa jornada y los heridos abandonados en el campamento del día anterior fueron masacrados sin ninguna piedad. Cuando la diezmada columna pudo por fin llegar a un nuevo claro, formó y rechazó como el día anterior a los germanos, pudiendo construir un nuevo campamento en la actual colina de Felsenfeld (al este de Kalkriese).

Al amanecer del día 11 de septiembre los romanos supervivientes mandaron exploradores desde el campamento. Comprobaron que los germanos les habían bloqueado los caminos al norte y al sur más abiertos, obligándoles a continuar por el terreno boscoso, hacia el oeste, donde estaban en desventaja. Aprovechando una terrible tormenta salieron del campamento agrupados en dos grandes formaciones de unos 4.000 supervivientes cada uno. El primer grupo pronto se encontró con el camino defendido por numerosos germanos guerreros que les lanzaban proyectiles desde una empalizada. Mientras que el segundo grupo fue atacado por  la caballería querusca. Muchos mandos viéndose rodeados optaron por el suicidio, otros simplemente se dejaron matar. Uno de los grupos estaba liderado por un tal Lucio Egio y el segundo por otro oficial llamado Cejonio. El primero trató de negociar con los germanos pero murió tras ser traicionado por estos. El segundo murió defendiendo el campamento al que se había retirado de nuevo. Pequeños grupos trataron de escabullirse por el bosque donde fueron en su mayoría capturados y muertos. Solo algunos supervivientes llegaron a Castra Vetera, junto al Rin y comunicaron lo sucedido a los oficiales que allí quedaban.

Los romanos tratan de asaltar las posiciones de los germanos que protegidos les lanzan proyectiles

Hay debate sobre el número de víctimas romanas totales entre civiles y militares, Adrian Goldswothy deja la cifra entre 15.000 y 20.000. Los romanos hechos prisioneros fueron torturados, sacrificados en altares en el mismo bosque y dejados sobre el campo de batalla. El cuerpo de Varo que había sido enterrado por sus soldados fue sacado de su tumba, quemado y decapitado. Su cabeza fue enviada por orden de Arminio al rey Marbod, tal vez para intimidarlo. Este se la envió a Augusto para que tuviera un entierro digno de su cargo. Varo se convirtió en chivo expiatorio. No debemos olvidar que, a pesar de sus errores en Germania, en sus anteriores puestos de responsabilidad se había mostrado como un soldado y sobre todo como un político competente. Tal vez para Augusto era más fácil responsabilizarle, al fin y al cabo ya estaba muerto y no podía defenderse, que asumir que su política de expansión fronteriza a cualquier precio era errónea. Augusto prohibió todo tipo de festejos y temiendo que los germanos desbordasen el Rin y que incluso amenazaran Italia. Decretó la expulsión de los germanos de Roma y una movilización forzosa enviando a los nuevos reclutas a Tiberio que de nuevo fue puesto al frente de la situación en Germania. Nos cuenta Suetonio y Dion Casio que durante meses se negó a afeitarse y a cortarse el pelo y que a veces se golpeaba la cabeza contra las puertas gritando “Quintilio Varo, devuélveme mis legiones”

Roma perdió todos sus fuertes y puestos avanzados al este del Rin, ahora territorio hostil. Solo el fuerte de Aliso resistió. El oficial al mando Lucio Cedicio, alertado por algunos supervivientes de la masacre, al mando de dos cohortes y un par de unidades auxiliares plantó cara a los germanos durante semanas. Al comprender que desde la frontera no iba a recibir provisiones ni refuerzos evacuó el fuerte, llegando a salvo a la frontera gracias a la ayuda enviada por Lucio Nonio Asprenas, sobrino de Varo.

Estabilizada la frontera con los germanos, y tras asegurarse de que no iban a atravesar el Rin Tiberio se dedicó a lanzar expediciones de castigo contra las tribus germanas, que, divididas de nuevo fueron derrotadas repetidamente. Los romanos renunciaron a las tierras más al oeste del Rin pero no a la venganza.

Expediciones de Tiberio tras el desastre" Wikimedia commons)

A partir del año 14 es puesto al frente de las tropas el popular Tiberio Druso Cesar Germánico, que adoptó una política más agresiva. Arrasó todos los asentamientos que encontró a su paso y logró llegar al campo de batalla, que había sido dejado tal cual por los germanos. Nos cuenta Tácito que:

“Había huesos blanquecinos al aire libre, desparramados donde los hombres habían huido y amontonados donde habían resistido y luchado. Se veían fragmentos de lanzas, miembros de caballos, además de calaveras humanas atadas a los troncos de los árboles. Cerca de allí, en una arboleda se encontraron los extraños altares en los que los germanos habían masacrado a los oficiales romanos”

El general romano dio sepultura a los cadáveres de los legionarios caídos y retiró los despojos de aquellos cuyos cráneos habían sido clavados en los troncos de los árboles, o esparcidos por los altares donde habían sido sacrificados.

Germánico llega al campo de batalla y contempla los restos de los legionarios caidos.

Rescatará dos de las tres águilas pérdidas, un gran logro para el pisoteado orgullo romano. También capturó a Tusnelda, la esposa embarazada de Arminio, que será enviada a Italia. Su padre Seguestes, un noble querusco, había advertido a Varo de la traición de su yerno, pero este pensando que simplemente estaba resentido por el rapto de su hija Tusnelda, no quiso creerle. Arminio no conseguirá su sueño de unificar a las diferentes tribus germanas bajo su mando. Fue derrotado en dos batallas por las tropas de Germánico y sus últimos años los dedicó a huir de los romanos hasta que en el 21, traicionado por los suyos es asesinado. Su hermano Flavus, por el contrario siempre se mostrará fiel a Roma y a su condición de ciudadano romano. Acompañará a Germánico en sus campañas contra Arminio.

En el año 19, muerto Augusto y siendo ya emperador Tiberio se renuncia al control territorial directo de Germania por el enorme coste que le suponía al erario romano. Las tropas romanas se retiran definitivamente al Rin, se olvida llegar al límite del río Elba y se comienza a fortificar el Limes.

Arminio fracaso en su intento de gobernar a las tribus de Germania. No obstante 15 siglos después ya será usado por Lutero como símbolo de la oposición germana contra los dictados de Roma. Será, no obstante en la segunda mitad del siglo XIX cuando el reino de Prusia, que lideraba el proceso de reunificación alemana, enarbolando la bandera del nacionalismo alemán enaltezca la figura del caudillo germano como símbolo alemán opuesto a lo latino, en este caso en referencia a su rival Francia, hacia donde curiosamente apunta la espada de la gran estatua que en su honor se levantó en Teutoburgo.

Estatua de Arminio, Bosque de Teutoburgo.

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BIBLIOGRAFÍA

Goldsworthy, A.--En el nombre de Roma.—Booket

Bertolini, F.—Historia de Roma.—Edimat, 1992

Everitt, A.—Augusto, el primer Emperador.—Ariel, 2008

Tácito.—Anales.

Suetonio.—Vidas de los doce césares.


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