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lunes, 27 de septiembre de 2021

LOS VIAJES DEL PEQUEÑO "CALIGULA"

Escrito por Federico Romero Díaz

En esta ocasión vamos a hablar de los viajes que en su infancia hizo uno de los emperadores más conocidos del imperio romano Calígula. La visión que de él tenemos esta marcada por la locura, el desenfreno sexual, y la crueldad más absoluta. La responsabilidad de que tengamos esta visión tan negativa del personaje la tienen fundamentalmente dos historiadores pro-senatoriales: Suetonio y Dión Casio. Séneca, que estuvo condenado a muerte por Calígula tampoco dijo mucho positivo y para colmo de males la parte de la obra que Tácito escribió sobre Calígula se ha perdido. Para tener una visión más objetiva hay que conformarse con los testimonios de Flavio Josefo, Filón de Alejandría que habló varias veces con él o con Plinio en Viejo.

Ilustración del juego "Calígula" de PierLuca Zizzi

Esta visión tan negativa se ha perpetuado en nuestro presente con Calígula creado en Yo Claudio por el novelista Robert Graves, que sirvió de base a la serie de la BBC del mismo título o al depravado e insaciable personaje de la película de Malcolm McDowell de 1979, realizada con el respaldo de la revista Playboy. En nuestros días varios autores tratan de ofrecernos una imagen más real de este emperador, tratando de separar lo real de lo ficticio. Nosotros ahora vamos a centrarnos en una faceta poco explicada y muy curiosa de su vida : los viajes que realizó a lo largo de su infancia. 

Según Suetonio, Cayo Julio Cesar Germánico "Calígula" nació en Italia, la ciudad costera de Anzio en el año 12, en el seno de una familia “feliz”. Pocas personas podían jactarse de tener una sangre tan azul como nuestro personaje Su padre era Germánico Julio Cesar, sobrino-nieto de Augusto, hijo de Antonia la Menor, la hija de Marco Antonio. Era a la vez sobrino e hijo adoptivo del actual emperador Tiberio. Por su carácter y méritos era uno de los hombres más admirados y queridos del Imperio. Se había casado con Agripina la Mayor, hija de la mano derecha de Augusto: Marco Vipsanio Agripa y Julia. Al nacimiento de Cayo Julio Cesar Germánico, el verdadero nombre de Calígula, la pareja ya había tenido otros dos hijos varones Nerón César y Druso César. Su matrimonio suponía la reconciliación de dos de las grandes familias romanas de su época, la estirpe de Marco Antonio y la de Augusto.

Agripina y Germánico. Retrato por Pedro Pablo Rubens.
1614. Galería Nacional de Arte. Washington

Vamos a ponernos un poco en antecedentes. En el año 14 Augusto fallece y Tiberio debe abandonar la frontera del Limes renano-danubiano para ser nombrado emperador. Germánico es enviado a sustituirlo al frente de las legiones del limes germano. La herida del desastre de Teutoburgo(9 d.C) seguía abierta. A Roma no le era fácil olvidar la desaparición, a manos de las tribus dirigidas por Arminio, de tres de sus legiones y la humillación que le había supuesto tener que replegarse a la nueva frontera de las orillas del Rin. Su hijo pequeño, Calígula de dos años y su esposa Agripina, de nuevo embarazada, siguieron a Germánico. Agripina le confeccionaba al niño pequeños uniformes de legionario, con los que se paseaba por el campamento. Los soldados veían en el pequeño como una especie de amuleto. Los zapateros de la legión le elaboraron unas pequeñas "caligae", a imitación de las que llevaban los legionarios, de dónde le viene a Cayo el apodo de Calígula (botitas) con el que tanto sus padres como los legionarios le llamaban. Siendo ya adulto rechazará que le llamen con ese apodo infantil, por considerarlo indigno de su condición imperial. Ante la amenaza y el deshonor que a los legionarios les suponía obligar a su comandante a mandar a su familia fuera del campamento por falta de confianza en ellos, cedieron en su rebelión, entregando a los cabecillas para que fueran juzgados sumariamente. Al inicio del verano del 17 Germánico, tras sus victoriosas campañas contra los germanos, es reclamado para celebrar un triunfo en Roma a donde acude para el desfile triunfal que será un recuerdo muy importante para Calígula, un niño de cinco años, siempre recordará esos momentos junto a sus padres y hermanos--todos ellos subidos en un solo carro-- desfilando juntos en medio de la admiración y de las aclamaciones del pueblo romano.

Tras unos meses en Roma, Tiberio envía a Germánico a poner orden en las provincias orientales del Imperio. En este viaje lo acompañarán de nuevo el pequeño Cayo y su esposa Agripina, quedando sus otros cuatro hermanos en Roma.

Germánico, además de un excelente militar, era un hombre con inquietudes culturales, que incluso había escrito alguna obra de teatro. El viaje a Oriente lo hacen sin prisa, visitando a su paso los lugares y monumentos más importantes y recibiendo en todos ellos el cariño de la población local. Tras navegar or el Adriático,  llegaron al escenario de la batalla naval de Accio, situado en la costa occidental de Grecia, donde la flota de Cleopatra y Marco Antonio, abuelo de Germánico, fue derrotada por Octavio, el día 2 de septiembre del 31 a.C. Allí, en una capilla dedicada a Apolo, conmemoraron la batalla. Pasaron por Atenas, la isla de Eubea, dejando a Agripina en la isla de Lesbos y llevándose con él a Calígula, Germánico continuó su viaje de turismo,  por la ciudad de Aso. 

Batalla de Accio

Ubicada en la península de Tróade, al otro lado de Lesbos. En el Templo de Apolo Clario cercano a la ciudad de Colofón en la misma costa jónica, Germánico consultó al famoso oráculo que se encontraba en la oscura cripta bajo el templo, Tácito escribió que corría el rumor de que le había profetizado una «muerte temprana». Otras paradas de su largo viaje fueron Bizancio, el Mar Negro, o el Egeo. También visitaron las míticas ruinas de Troya, la isla de Rodas llegando por fin a Siria, donde tanto a él como a su familia se le rendirán los máximos honores.

Tras una breve estancia de Germánico en Capadocia donde reorganizó la administración romana, la familia viaja a Egipto para tratar de paliar la hambruna que sufría esa provincia. Llega a Alejandría para visitar los palacios en los que César, Marco Antonio, Cleopatra y los reyes ptolemaicos habían gobernado las tierras de Egipto. Allí fueron de nuevo agasajados con múltiples fiestas y recibimientos y Germánico, viajero insaciable, decidió partir en una travesía por el Nilo en medio de la adoración popular que su padre y, por extensión él, disfrutaban en todos los lugares a los que llegaban. En las  ruinas de Tebas, un sacerdote egipcio le tradujo unas antiguas inscripciones que hablaban de un ejército de 700.000 hombres dirigidos por el faraón Ramsés que había conquistado el norte de África, Persia y gran parte de Oriente Próximo. Germánico visitó las pirámides y la estatua de Memnón, y, antes de volver, viajó por el Nilo hasta Elefantina y Siena, que entonces marcaban la frontera sur del Imperio Romano.

Viajes-de-Germanico-por-Oriente-y-Egipto-17-19-dC-Mapa-CGEAE-J-I. Wikimedia

Tras el fin de la travesía volvieron a Siria, en el 19 para hacerse cargo de las tareas de gobierno que se le habían encomendado a Germánico que morirá al poco tiempo, con 33 años, muy posiblemente envenenado por Pisón el gobernador romano de Siria. Nuestro Calígula de apenas siete años, volvía a Roma, junto a su madre y al cadáver de su padre. A la llegada de su barco, en Brindisi, fueron recibidos con todos los honores por parte de la Guardia Pretoriana y, ya cerca de Roma, le salió al encuentro una delegación compuesta entre otros por Druso el hijo de Tiberio, el futuro emperador Claudio, y sus cuatro hermanos. El pequeño Cayo, solo un niño despreocupado al que le encantaba cantar y bailar, pasará de ser reverenciado como hijo del gran Germánico a una etapa bien diferente al cuidado de su madre primero y de las ancianas Livia y Antonia después. Es un momento muy peligroso para su familia ahora en el punto de mira de Tiberio y de su prefecto del pretorio Sejano.

Agripina llega a Brindisi con las cenizas de Germánico, donde es recibida por una delegación romana

Nuestro personaje quedó al cuidado de su bisabuela Livia que no sentía ninguna simpatía hacia la familia de Germánico y Agripina. No debieron ser años fáciles los de su adolescencia. En el 31, con 19 años se le notificó su traslado a Capri, junto al Emperador. Es difícil saber cuánto hay de verdad y de exageración malintencionada en las noticias que nos han llegado sobre las depravaciones sexuales y la crueldad que allí presenció Calígula y el impacto que sobre su personalidad pudieron tener . Calígula se coronó como emperador a los 24 años. Hasta los siete podemos decir que disfrutó de una infancia feliz, rodeado del cariño de sus padres, de los legionarios y del pueblo que adoraba a su familia. Tras el fallecimiento de su padre su vida se transformó en un ejercicio de supervivencia en el que se vio obligado a tratar de pasar inadvertido ante aquellos que lo observaban con sospecha deseosos de despertar la desconfianza de Tiberio y Sejano  

¿Fue realmente Calígula el loco cruel y depravado que nos cuentan las fuentes? Probablemente no, el pueblo siempre estuvo a su favor y lloró su asesinato tras cuatro años de gobierno. En la actualidad muchos piensan que no fue realmente un loco cuel, aunque sí que se comportó como un joven arrogante y soberbio, demasiado engreído en su dignidad imperial e inexperto y falto de preparación para la difícil tarea de gobernar el gigantesco y complejo Imperio de Roma. Incapaz de controlar su ira, acabó volviéndose impredecible y peligroso para aquellos que lo rodeaban y eso acabó costándole la vida

Para ampliar la información te puede interesar:

EL DURO CAMINO DE LA FELICIDAD A LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA(Casa del Recreador)

domingo, 19 de septiembre de 2021

¿CÓMO ERA ROMA EN EL SIGLO VI D.C? ITALIA EN EL SIGLO VI Y PRIMERA MITAD DEL VII

Tendemos a pensar que el último momento del siglo V y el siglo siguiente, ya desaparecido el Imperio Romano de Occidente, son momentos de pobreza y destrucción . Al fin y al cabo es lógico imaginar que una vez desaparecido el emperador en Roma, también cayeron las estructuras administrativas y económicas que se sustentaban en él. Las cosas no fueron exactamente así, en muchos casos, los reinos que sustituyeron a Roma mantuvieron casi intacta la estructura administrativa y sobre todo la fiscal, limitándose a cambiar a las personas que ocupaban los puestos más elevados de esa organización pero manteniendo casi iguales los impuestos y el esquema administrativo imperial que habían heredado. Gracias a ello, las infraestructuras más importantes pudieron seguir funcionando y abasteciendo de agua las ciudades, las calzadas comunicaban unas poblaciones con otras, manteniéndose las instalaciones portuarias en buen estado para garantizar el continuo funcionamiento de las rutas comerciales, etc. Un buen ejemplo en el que podemos observar el mantenimiento de las estructuras romanas fue la Italia de los ostrogodos. 

El reino ostrogodo de Italia, desaparecido tras la invasión bizantina, fue un reino próspero capaz de levantar una armada potente y mantener grandes ejércitos que intervinieron en la Galia o en Hispania; de construir monumentos de la calidad del Mausoleo de Teodorico y de mantener el complicado sistema administrativo del Imperio, poniendo al frente de esa administración a algunos de los más destacados miembros de la nobleza senatorial romana. Su reino se convirtió en la primera potencia en Occidente a lo largo de casi 25 años. Sus ciudades eran prosperas y estaban densamente pobladas, por ejemplo Milán contaba con casi 100.000 habitantes, Rávena posiblemente superaba esta cantidad y otras como Nápoles superaban los 50.000. Si es cierto, son ciudades más pequeñas que las del siglo II y principios del III, pero seguían siendo lugares muy activos que estaban muy lejos de caer en el abandono y la despoblación. ¿Y Roma? ¿Cómo era la antigua capital del Imperio Romano en esa época?

Ostrogodos asedian las murallas de Roma. Autor José Daniel Cabrera Peña

Pues teniendo en cuenta las descripciones de algunas fuentes italianas y las noticias que de ella nos da Miguel el Sirio podemos hacernos una idea bastante aproximada de como era la ciudad justo antes de su asedio y conquista por el rey ostrogodo Totila(549-550). Tenía una población de 100.000 habitantes aproximadamente, una cantidad que si bien esta muy lejos del casi millón de habitantes que llegó a tener seguía siendo un número muy considerable.

El profesor José Soto Chica en "Bizancio y la Persia Sasánida: dos imperios frente a frente", nos ofrece una relación detallada del tamaño de la ciudad en el 546. Roma contaba con 46.000 casas comunes, 1797 canales o instalaciones hidráulicas, 56 casas de baños y 254 letrinas públicas, 274 hornos de pan, 2.300 locales donde repartir las entregas gratuitas de pan, aceite, la carne, etc. Tenía 324 calles principales( es decir de cierta anchura) 24 iglesias y dos basílicas destinadas al emperador y al senado. Casi 700 personas dirigidas por siete funcionarios se encargaban del orden público de la ciudad. El perímetro amurallado era de casi 20 millas y tenía 37 puertas. En cuanto a las estatuas y a pesar de los dos grandes saqueos que había sufrido en el siglo anterior la ciudad seguía contando con 22 estatuas ecuestres de gran tamaño, 3875 estatuas de bronce, y en el capitolio 80 estatuas de oro y 60 de marfil.  tres teatros y dos circos.

Tropas de Belisario defienden las murallas de Roma

Aceptando alguna exageración de las fuentes en esta descripción, es evidente que Roma era una ciudad grande y activa, a pesar de los duros golpes que supusieron el asedio de 536-537 y la toma del rey Totila en el 546. Justiniano en el 554 decidió restaurar gran parte de esos daños y devolver parte de su antiguo esplendor a la Urbs. Usando su propio tesoro personal restauró acueductos, monumentos, fuentes, etc, así como las entregas gratuitas de alimentos a sus ciudadanos( anona). Justiniano también se ocupó de abonar sus sueldos a profesores, filósofos, rétores, médicos, matemáticos, juristas etc que restauraron parte del esplendor cultural de una ciudad a la que acudían estudiantes francos, galos, anglosajones, eslavos, etc y del mundo romano en busca de sabiduría. Roma se convertirá en el siglo VI en un lugar cosmopolita en el que se refugiaban primero muchos de los huidos de las ciudades arrasadas por los persas en Oriente y ya en el VII un gran número de personas que escapaban del avance de los musulmanes en África y Oriente Próximo

Los dueños de las grandes explotaciones agrícolas del valle del Po, de Calabria, de la Apulia podían permitirse pagar fuertes cantidades al fisco de Constantinopla a cambio de verse libres de la obligación de vender parte de sus productos al ejército a precios tasados. La intención de estos latifundistas era la de vender sus productos en el circuito comercial orientado a la exportación que les producía mayores rendimientos.


Por Juan de Chipre sabemos que todos los años llegaban a Italia los barcos de la flota del Patriarca de Alejandría con unos 50.000 modios de mercancía tanto de alimentos como de productos de lujo, que encontraban buenos compradores en suelo italiano, sobre todo entre los grandes propietarios de Apulia, Emilia, Piceno o Rávena.

Los hallazgos arqueológicos de la cripta de los Balbi han demostrado que durante el sigo VI y VII el comercio mediterráneo siguió activo a una escala más que considerable y que nutría a la ciudad de Roma de alimentos básicos como el aceite africano. En la capital se siguió acuñando moneda de cobre y usando teja y ladrillo como elementos constructivos. Hasta la segunda mitad del siglo VII sabemos que Italia contaba con prósperos banqueros como Juliano, capaces de patrocinar la construcción de edificios como San Vital de Rávena, que supuso un gasto de 26.000 sólidos de oro. Italia seguía siendo un, lugar rentable y atractivo desde un punto de vista económico. Incluso el trigo de Sicilia y el sur de Italia era codiciado por los comerciantes egipcios que acudían a sus puertos a adquirirlo. Todos estos indicios demuestran la existencia de prósperos circuitos comerciales entre Oriente, Italia, Sicilia, África y Egipto durante la segunda mitad del siglo VI y la primera del VII, favorecido por la recuperación del control de los romanos de las orillas del Mediterráneo tras la recuperatio imperii llevada a cabo bajo el gobierno de Justiniano.

Tras la captura del tesoro real de Amalasunta en el 535 valorado en unos 2.880.000 sólidos de oro, Narsés en el 553 se hizo con el de Totila y el de su breve sucesor Teya. Ambos reyes se habían dedicado a confiscar la riqueza de buena parte de la nobleza italiana fiel a Justiniano y habían conseguido acumular en poco tiempo una cantidad similar a la de Amalasunta. Estas inmensas cantidades de dinero, las tierras y las rentas de la corona ostrogoda en Italia junto a lo aportado anualmente en concepto de impuestos supusieron al fisco y al tesoro de Justiniano unas enormes cantidades que hicieron más que rentable para Constantinopla la larga guerra en una Italia bastante más prospera de lo que hasta ahora nos han contado.

BIBLIOGRAFÏA

Este artículo esta basado en:

José Soto Chica, "Bizancio y la Persia Sasánida: dos imperios frente a frente". Universidad de Granada.


jueves, 16 de septiembre de 2021

LA VERDAD SOBRE LOS GLADIADORES. BREVE RESEÑA A "GLADIADORES. UNA BREVE INTRODUCCIÓN"

Aunque no superaron en publico asistente a las carreras del circo, las luchas gladiatorias gozaron en la antigua Roma de una gran popularidad. La gente esperaba con ansia a que llegara el día en el que poder asistir a las luchas del anfiteatro. Allí se entusiasmaban al contemplar la destreza de los gladiadores y siempre era posible descubrir alguna novedad con respecto a otros combates presenciados con anterioridad. San Agustín nos describe muy bien el enorme poder de atracción de este espectáculo al narrarnos lo sucedido a un joven que acudió por primera vez a presenciarlas:

".. cuando vio aquella sangre se empapó a la vez de la monstruosidad y no apartó su rostro, sino que fijó su mirada y se bebía las furias ¡y no lo sabía! Y se deleitaba en el crimen del combate, ¡ con cuanto placer se emborrachaba.  Y ya no era aquel que había venido, sino uno más de la multitud a la que había venido, y un auténtico compinche de aquellos por los que se había dejado llevar."

El este fragmento es solo un buen ejemplo del enorme poder que este espectáculo ejercía sobre las masas, un ejemplo de lo que debían sentir aquellas personas que llenaban las gradas de los  numerosos anfiteatros de las ciudades del mundo romano. Era una de las pocas cosas en las que los miembros de esa sociedad independiente de su condición, edad o sexo compartían. La afición a estos espectáculos era utilizada desde el poder como una poderosa herramienta de influencia en función de sus intereses personales y políticos para medrar en sus carreras. esto hizo posible que los juegos gladiatorios fueran aumentando el espacio que ocupaban en el calendario de las festividades públicas. Por ejemplo de los diez días al año que ocupaban en el siglo I a.C hasta el siglo III o IV cuando ocupaban uno de cada diez días del calendario.

A pesar de no contar con una obra monográfica escrita en la Antigüedad sobre este tema sabemos mucho sobre la materia gracias a las inscripciones de las tumbas de los gladiadores, a las representaciones que de ellas se hicieron en multitud de mosaicos y frescos que han llegado hasta nuestros días, testimonios literarios, críticas morales a su celebración, etc. Gracias a toda esta información sabemos mucho sobre sus edades, procedencias, estructura familiar, armas y vestimenta, emparejamientos en la arena y de otros personajes secundarios de este espectáculo como árbitros, los músicos, etc.


Para poner orden en este conocimiento tan fragmentado nada como la visión de una experta en historia antigua: la doctora en Historia Antigua Amparo Mateo Donet, que apoyada en las excelentes ilustraciones de Leire Blasco Guati ha publicado con la editorial Alianza un ensayo introductorio sobre los gladiadores y el mundo que les rodeaba titulado "Gladiadores una breve introducción". Una obra ideal al conjuntar el conocimiento más riguroso con un afán narrativo que hace accesible su lectura a cualquier público.

El libro desde un punto de vista material no es muy extenso, 256 páginas en las que se nota que se ha pensado en el lector,  ya que es muy sencillo de leer y la información viene siempre ilustrada con excelentes imágenes y acertadas notas explicativas. Es un libro de pequeño formato, cómodo por u escaso peso de llevar encima. A lo largo del ensayo la información se agrupa en tres grandes bloques:

-- En el primero la autora nos responde a preguntas sobre los gladiadores como individuos. ¿ Donde se les reclutaba?, ¿Qué tipo de vida llevaban una vez enrolados como gladiadores?, ¿Qué tipos de armas tenían? ¿Había mujeres gladiadoras?, etc.

-- En el segundo bloque nos explica el fenómeno en si mismo: cuales fueron los orígenes de este espectáculo que llegará a ser de masas; que tipos de gladiadores había; como se organizaban, en que espacios se ofrecían sus combates, etc.

-- Por último en el tercer bloque nos habla de como era su mundo: como se relacionaban con su público, como algunos acababan sirviendo de guardaespaldas de poderosos personajes, como era su mundo religioso y las prácticas mágicas que utilizaban para atraerse el favor de los dioses y un punto que me ha parecido de lo más interesante, las causas que llevaron a que dejaran de celebrarse las luchas de gladiadores.

Estamos en conclusión ante un ensayo imprescindible para todo aquel que pretenda iniciarse en el conocimiento de este espectáculo, que a pesar de dejar de celebrarse ha ya muchos siglos ha dejado una impronta muy presente en nuestra cultura . Os dejo unos enlaces para empezar a leerlo o para que si aún no lo habéis comprado os podáis hacer con un ejemplar.

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viernes, 10 de septiembre de 2021

TORPEDOS HUMANOS ITALIANOS FRENTE A LA ROYAL NAVY EN EL PUERTO DE ALEJANDRÍA.

La Segunda Guerra Mundial es una fuente inagotable de historias curiosas, en este caso caso vamos a relatar una que recuerda a la lucha entre David y Goliat. Un suceso en el que  unos comandos italianos a bordo de unos sorprendentes torpedos tripulados van a poner en jaque a la poderosa Marina Real Británica en el Mediterráneo.

Un buzo italiano escapa tras conseguir volar un barco de la Royal Navy

Estamos a finales de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Italia, alineada con las Potencias del Eje, ocupaba Libia y Abisinia, mientras que Reino Unido dominaba militarmente Egipto. Ambos bandos competían duramente por el dominio del Norte de África y por la supremacía en el Mediterráneo. En tierra las fuerzas combinadas de la Italia de Mussolini junto a los alemanes del Afrika Korps del general Erwin Rommel luchaban encarnizadamente contra las tropas británicas. El principal problema con el que se encontraban italianos y alemanes era la falta de suministros derivada del dominio británico del mar. La Royal Navy desde sus bases en Malta y Gibraltar dominaban la navegación mediterránea e impedían el normal abastecimiento de alemanes e italianos. En 1940 habían atacado en Tarento a la flota italiana que había perdido un acorazado y había visto seriamente dañado otros dos. Los italianos, a pesar del rearme de su flota tras la llegada al poder de Mussolini,  ni siquiera contaban con un portaviones y se habían visto obligados a adoptar una táctica defensiva manteniendo a sus buques en puerto, con el fin de tenerlos a salvo de la superioridad del enemigo en combate. Para las potencias del Eje era importante mantener el control del Norte de África para prevenir una posible invasión de Italia que será lo que acabe pasando.


Campañas africanas 1941/1942

Las maneras que tenía la Regia Marina de contrarrestar la ventaja de la Royal Navy no eran muchas aunque tenían en su historia reciente ejemplos en los que inspirarse. Durante la Primera Guerra Mundial, usando por sorpresa lanchas rápidas y mediante acciones de comando habían conseguido hundir varios acorazados austrohúngaros mientras estaban en puerto. El plan de los italianos era sencillo pero tenía posibilidades de éxito: tratarían de dejar fuera de combate el mayor número de barcos del Reino Unido mientras estos estuvieran en puerto. Era un momento perfecto porque en noviembre de 1941 un submarino alemán había conseguido hundir el acorazado HMS Barham cerca de las costas de Creta. Algunos de los buques más importantes de la flota británica como el Valiant o el Queen Elizabeth estaban además en el puerto egipcio de Alejandría. Si conseguían su objetivo, la flota italiana tendría una seria posibilidad de acabar plantar cara con garantías de éxito a la Royal Navy en el Mediterráneo.

Mapa de la acción contra el puerto de Alejandría en 1941( Bellumartis)

Los encargados de afrontar tan arriesgada misión serán los integrantes de la Décima Flotilla Ligera conocida también como la Décima Mas. Se seleccionaron a seis buzos voluntarios. Debían ser solteros y dejar testamento antes de iniciar una misión en la que tenían muchas posibilidades de perder la vida. El instrumento para conseguirlo eran los SLS más conocidos como "maiali" que significa "carne de cerdo", tal vez llamados así por sus formas redondeadas. Eran básicamente torpedos tripulados, modificados con la incorporación de un motor eléctrico y acondicionados para transportar a dos buzos cada uno. La cabeza del torpedo era la ojiva, que se podía desprender para colocarla en el casco elegido como objetivo. Para conseguirlo debían superar las redes metálicas que protegían la entrada a los puertos y la vigilancia en superficie de la Royal Navy. Una vez colocado el explosivo, el buzo que disponía de un sistema de retardo podía escapar de nuevo hacia el submarino nodriza que previamente les había acercado todo lo posible al objetivo. Los SLS tenían 6 metros de largo, unos 300 kilos de explosivos y unos 15 kilómetros de capacidad operativa.

Dos buzos italianos a bordo de un SLS cortan la red metálica que protege el puerto para entrar en la rada.

El submarino Sirah dejó a los buzos a una distancia cercana a su objetivo en Alejandría. Pero el puerto  estaba protegido por redes metálicas y posiblemente explosivos, por lo que los seis buzos italianos debieron esperar una oportunidad para penetrar en el interior. Un golpe de suerte se lo permitió, porque mientras decidían que hacer las redes se abrieron para permitir el paso de tres grandes buques de la Royal Navy. Los buzos italianos no lo dudaron y sumergidos a bordo de sus SLS entraron en las aguas del puerto. Una vez dentro se separaron en busca de los objetivos que cada pareja se le habían marcado. El líder del grupo: Luigi Durand de La Penne y su compañero Bianci buscaron el casco del Valiant y se sumergieron en busca del mejor lugar para colocar el explosivo. La pareja debió enfrentarse a varios problemas. Bianci se quedó sin oxigeno y se vio obligado a subir a la superficie medio asfixiado. Para colmo de males a su SLS se le averió el motor y cayó al fondo marino. De La Penne se vio obligado a arrastrar como pudo la ojiva explosiva hasta colocarla a 1.5 metros debajo del casco. Ya sin fuerzas subió a la superficie donde encontró a su compañero Bianci agarrado a una boya seminconsciente. Allí fueron descubiertos por los vigilantes del puerto y arrestados llevándolos paradójicamente como prisioneros al barco que pretendían volar.

Los seis buzos italianos: Luigi Durand de la Penne, Emilio Bianchi, Antonio Marceglia, Spartaco Schergat, Vincenzo Martellotta y Mario Marino(De izquierda a derecha y de arriba a abajo) Wikimedia commons

Las explosiones estaban sincronizadas: el Vailant debía explosionar a las 5:55 de la mañana; el Queen Elizabeth  a las 6:05 y el petrolero a las 6:15. Diez minutos antes de la primera explosión De La Penne, que no deseaba muertes innecesarias, la suya y la de su compañero incluidas, informó al capitán del Vaillant, Chales Morgan de la inminente explosión de su barco y de la necesidad de evacuarlo, pero ante la negativa del italiano a decir exactamente donde se había colocado la carga explosiva los dejó prisioneros en la sala de máquinas. Gracias a un golpe de suerte, los italianos sobrevivieron a la explosión del Valiant, logrando ser puestos a salvo con algunas heridas, fuera del barco. Tal y como estaba planeado los otros dos barcos estallaron a la hora planeada.

Los tres grandes buques habían sufrido graves daños. La poca profundidad del puerto favorecerá su recuperación.  El Valiant que se hundió, estará en dique seco cerca de seis meses; el Queen Elizabeth, escorado sobre un costado 17 meses, el acorazado Jervis que estaba repostando al lado del petrolero ya estaba operativo en enero. Estas importantes pérdidas unidas al hundimiento del HMS Barham por el submarino alemán mermaban considerablemente la capacidad naval de Reino Unido en el Mediterráneo. Los buzos de la Decima Mas con esta acción dieron la oportunidad a los italianos de hacerse con el control del Marenostrum y retomar así la posibilidad de abastecer adecuadamente a sus exhaustas tropas en África, pero Mussolini, a pesar de conocer el éxito de sus soldados no explotó la ventaja que se le ofrecía para cambiar el curso de la guerra al no sacar a su flota de sus puertos.

Un SLC del Museo Sacrario delle Bandiere delle Forze Armate, en Roma

De La Penne se vio libre de su cautiverio cuando Italia en 1943 se pasa al bando aliado, alistándose para servir contra Alemania. Conseguirá en el puerto de La Specia que los alemanes no bloqueen el puerto con unos navíos que él se encargó de hundir previamente. El príncipe Humberto, le premió con la medalla de Oro, máxima condecoración al valor en Italia, que curiosamente le fue impuesta por el antiguo comandante del barco que había hundido, Charles Morgan, ahora jefe de la flota británica en el Mediterráneo.

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