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sábado, 15 de julio de 2023

VIGILES DE ROMA. LOS PROTECTORES DEL CORAZON DEL IMPERIO.

Octavio, mas tarde conocido como Augusto, fue el gran organizador de las estructuras sobre las que crecerá y se desarrollará el Imperio Romano. Fueron muchos los campos en los que introdujo modificaciones e innovaciones y uno de ellos fué el de la seguridad, protección y planificación urbanística de la ciudad de Roma. Fue el responsable de la creación del cuerpo de los Vigiles, una fuerza de bomberos y policía nocturna encargada de prevenir y combatir los incendios que solían azotar una ciudad cuyos edificios se construían con ladrillos baratos y vigas de madera. 

                                             Vigil romano. IL. Ugo Pinson                                   
 

En ellos se hacinaban numerosas personas siendo los que vivían en los pisos más altos, generalmente las más pobres, los más vulnerables en caso de incendio, mientras que los más acomodados, que habitaban los pisos inferiores, con acceso a agua corriente y una fácil salida corrían mucho menos peligro.

Los incendios, a veces fortuitos pero en otras ocasiones claramente intencionados, fueron una amenaza constante para Roma durante casi toda la Antigüedad, debido a la densidad de su población y a la falta de infraestructuras adecuadas para combatirlos, prevenirlos y controlarlos.

Las insulae, construidas en gran medida con materiales que ardían fácilmente como la madera y el adobe, almacenaban leña en muchos casos, sobre todo en las casas de los pisos de las plantas inferiores, que disponían de cocina. No olvidemos que en la ciudad se encendían a diario miles de fuegos, para cocinar en hornillos, para calentarse, para alumbrarse en hogares, templos, termas, edificios civiles, etc y que era muy fácil que cualquiera de estos pequeños fuegos desencadenara en Roma un desastre difícil de apagar que se llevara la vida de miles de sus habitantes.

Craso hace negocios antes de apagar el incendio.

El poeta Juvenal (Juv. Sat. 3.197-202) en su crítica de la vida en la ciudad nos cuenta en relación a los incendios:

“No, no, debo vivir donde no haya incendios, ni alarmas nocturnas. Ucalegon abajo ya está pidiendo agua a gritos… sale humo de tu ático del tercer piso arriba, pero no sabes nada de eso; porque si la alarma empieza en la planta baja, el último en arder será el que no tenga para resguardarse de la lluvia más que las tejas…”

Los incendios en una ciudad con una relación tan estrecha con el fuego eran numeroso, Rainbird en 1976 escribió que, según sus cálculos,  se producían unos 100 por día, aunque pocos, solo 2 por cien, eran verdaderamente peligrosos.

La creación de los vigiles

La idea no era nueva, ya se le había ocurrido a diferentes personajes como Marco Licinio Craso y  Marco Egnacio Rufo. El primero, era un rico aristócrata que se hizo famoso por acabar con la rebelión de Espartaco (a pesar de que Pompeyo tratara de apropiarse el mérito) y por ser uno de los tres miembros del Primer Triunvirato, junto al mencionado Pompeyo y César. Terminó perdiendo la vida junto a miles de sus legionarios luchando contra los partos en el desastre de Carras( 53 a.C). Craso, con fuertes inversiones inmobiliarias, fundó una brigada antiincendios compuesta por unos 500 hombres, que actuaban sólo si el dueño del edificio en llamas aceptaba venderle su propiedad, ya quemada, a un precio mucho más bajo del real. Autores como Plutarco le acusaban de provocar los fuegos para beneficiarse después.

     Recreación artística de un incendio en Roma. Ralizada por HRA con AI            

Marco Egnacio Rufo, durante su servicio como edil curul, le copió la idea a Craso, pero con el mérito de que el servicio que prestaban sus casi 600 esclavos era público y gratuito. Incendios como el del 23 a.C dejaron de manifiesto la utilidad de este servicio y aumentaron la popularidad de Rufo que pagó con la vida su ambición al tratar de hacerse elegir cónsul sin la aprobación del todopoderoso Augusto que, viendo la popularidad que entre el pueblo tenía este servicio de los vigiles decidió seguir adelante con ella.

Sifona : Reconstrucción moderna de una bomba de agua romana,
Museo Arqueológico Nacional, Madrid.


En el año 6 aC, se fundaron los Vigiles, un cuerpo de bomberos y policía nocturna compuesto inicialmente por esclavos y libertos aunque con el paso del tiempo sus integrantes serán ciudadanos romanos de pleno derecho atraídos por la paga y las ventajas de servir en la capital. Su principal responsabilidad era la prevención y extinción de incendios, así como el mantenimiento del orden público durante la noche. Desde ese cuerpo se les ofrecía facilidades para ingresar en otros cuerpos al servicio de la ciudad o el Emperador como la Guardia Urbana o la Guardia Pretoriana. Su número pasó de los 600 iniciales a los 3.500 hombres

La organización y funcionamiento de los Vigiles:

Los Vigiles fueron organizados en siete cohortes, cada una encargada de la protección de dos de los catorce distritos de la urbs. Cada cohorte formada por unos 500 hombres estaba dirigida por un prefecto. Cada distrito estaba equipado con estaciones de bomberos, ubicadas estratégicamente, que permitían una respuesta rápida y eficiente ante cualquier emergencia relacionada con el fuego. Su lema "Ubi dolor, ubi vigiles" (donde hay dolor, están los vigiles) se podía leer en la fachada de sus estaciones

Plano que muestra la distribución de las cohortes de vigiles en Roma.

Estaban equipadas con material específico como: baldes, esponjas, escobas, hachas, cuerdas, escalas, garfios, esteras, grandes mangueras y bombas(sifona) para echar agua que podían alcanzar hasta los  treinta metros. Incluso disponían de ballestas( un arma de artillería que los vigiles utilizaban para lanzar agua y vinagre contra el fuego, en vez de grandes proyectiles y jabalinas que era para lo que estaban concebidas originalmente. Existían dentro de este cuerpo diferentes niveles de especialización: los aquarii  manejaban las bombas de agua, los siphonarii se ocupaban de empapar mantas con vinagre para ahogar las llamas y los centones iluminaban con antorchas para facilitar el trabajo de sus compañeros. Además, los Vigiles patrullaban las calles durante la noche para prevenir la delincuencia nocturna y llevaban a los detenidos ante el praefectus urbis, encargado de juzgarlos.

Excubitorium (caseta de vigilancia) de la VII Cohorte Vigilum( Wikimedia Commons)

Las Cohortes Vigilum estaban dirigidas por un praefectus vigilum, normalmente un militar experimentado del orden ecuestre al principio y después a veces también del orden senatorial, en cualquier caso y dado el poder que suponía dirigir un cuerpo de este tipo en Roma, siempre era un hombre de la confianza del Emperador que era el que tenía la potestad de nombrarlo o destituirlo. A efectos de organización, el superior inmediato del preafectus vigilum era el praefectus urbi . En varios casos como en la caída del todo poderoso Sejano en tiempos de Tiberio, este cuerpo jugó un papel clave, sobre todo como contrapoder a la Guardia Pretoriana. Septimio Severo integró estas cohortes en el ejército y algunos de sus miembros fueron eximidos del pago de impuestos en agradecimiento a los servicios prestados.

Vigiles del grupo de recreación Legio XI CPF

Su vestimenta, por las lápidas que se conservan, era muy similar al del resto de los militares. Vestían paenula (similar a un poncho con capucha), túnica y espada corta para desenvolverse es sus funciones como guardias nocturnos. Con el tiempo, ya en pleno siglo II, incluso se les encargaron tareas como antidisturbios y policía.

     Relieve de un vigile ataviado con paénula , túnica y espada corta.              

Gracias a su popularidad Claudio decidió "exportar" la idea al importante puerto de Ostia, donde servían como vigiles, en el año 50 alrededor de  setecientos hombres. Muchas otras poblaciones, a instancia de sus ciudadanos más ricos o de los colegios de artesanos y comerciantes, irán creando sus respectivos cuerpos de vigiles que harán de estos lugares, sitios más seguros frente al fuego y la delincuencia.

Augusto no se conformó solo con la creación de los Vigiles, también trató de mejorar la prevención de los incendios mediante la promulgación de normas y reglamentos para el uso de materiales de construcción más resistentes al fuego, así como para la instalación y el correcto mantenimiento de todos los sistemas de agua, como acueductos y cisternas, para abastecer a los bomberos y sobre todo sobre la manera en la que debían construirse esos edificios( insulae): limitando la altura de los bloques de viviendas, aumentando el espacio entre los edificios y el ancho de las calles, etc.. Estas medidas también ayudaron a reducir la frecuencia y la gravedad de los incendios en Roma.

Conclusión

Gracias a los vigiles la Ciudad Eterna pudo enfrentar de manera más efectiva la amenaza constante de los incendios que, de todas maneras, nunca dejaron de ser una amenaza terrible para los romanos no debemos olvidar los devastadores efectos de incendios como el del 64 o el del año 80 que destruyeron una parte muy importante de la Urbs y segó la vida de miles de sus habitantes. Los Vigiles no solo extinguieron el fuego, sino que también trabajaron en la prevención y mantenimiento del orden público. El papel de Octavio Augusto en la creación de esta institución demuestró su preocupación por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos romanos, y su legado perduraría a lo largo de los siglos como un ejemplo de planificación urbana y protección contra incendios.

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BIBLIOGRAFÍA

Plutarco.-- Vidas paralelas( Nicias-Craso)

Veleyo Paterculo.-- Historia Romana.

Suetonio, P.-- Vida de los doce césares.

Beard, M.--SPQR: Una historia de la antigua Roma.-- CRÍTICA, 2016

Hopkins, Keith.--Conquistadores y esclavos: estudios sociológicos en la historia romana. Edicions 62, 2002

 Sánchez Sanz, A.-- Pretorianos. La élite del ejército Romano.-- Esfera de los Libros, 2017.

https://ancient-history-blog.mq.edu.au/cityOfRome/Vigiles




martes, 4 de julio de 2023

LA ROMA DEL SIGLO X. LA NUEVA CIUDAD QUE SURGE DE ENTRE LAS RUINAS.

Un artículo de Federico Romero Díaz para Historia y Roma Antigua.

Durante la Antigüedad tardía y los primeros siglos de la Edad Media, Roma, sufre un proceso de transformación en la distribución de su población. A partir de la segunda mitad del VI siglo d.C., el área del Foro y del Coliseo, junto con las colinas más lejanas del Tíber, son abandonadas. Los acueductos, carentes del mantenimiento y de las reparaciones necesarias ya no pueden abastecer esas zonas de agua. Debido a la acumulación de escombros y depósitos el nivel del suelo se elevó considerablemente, quedando algunas de las ruinas a medio enterrar. La población se concentra preferentemente en las márgenes del río. Allí irán surgiendo muelles comerciales y actividades artesanales que aprovechan la corriente fluvial para alimentar de agua y energía a molinos de cereales, fraguas, almacenes de comercio, etc.

El gran desastre de la segunda mitad del siglo IV. El siglo VII y el VIII.

La desaparición del Imperio Romano de Occidente no supuso, ni mucho menos, la ruina de Roma. la ciudad siguió siendo cuidada y mantenida, tanto por la  próspera clase senatorial romana como por monarquía ostrogoda, en especial de su gran figura, Teodorico el Grande, rey de Italia del 493 al 525). Tras la desaparición de esta gran figura y el comienzo de los problemas internos entre los ostrogodos, las rivalidades con Constantinopla que trata de imponer su dominio en la península italiana y la aparición de los longobardos llega el gran desastre para Roma y casi para todo el resto del territorio italiano.

Démosle un breve repaso a los principales hitos. Roma sufre muchísimo a causa del asedio de los ostrogodos del rey Vitiges a las tropas romano-orientales de Belisario en el 537-538. Durante el asedio los acueductos que alimentaban de agua a los acueductos que proveían a Roma del agua necesaria tanto para beber como para operar los molinos de grano fueron destruidos, los daños en la zona del actual Castillo de Sant'Angelo, que había sido integrado en las murallas romanas en el siglo V fueron importantes. Además, los romanos murieron a causa de las enfermedades y el hambre.

Grabado coloreado del asedio a Roma del rey Vitiges a Roma en el (537-538)

En 546 el nuevo rey ostrogodo Totila, toma de nuevo Roma tras un duro asedio y saquea la ciudad que sufre muchos destrozos en su patrimonio. En el 554 el emperador romano Justiniano, a través de la Pragmática Sanción, restaura en Roma numerosos monumentos y los estudios de teología, de filosofía, medicina y derecho que son de nuevo financiados por el erario público. A partir de la invasión longobarda de 568 llega el verdadero desastre. En un pequeño texto de Menandro Protector, el emperador Tiberio II, devuelve el dinero recaudado a los senadores italianos para que lo empleen como mejor vean en la defensa de Italia contra estos bárbaros. Hay numerosos historiadores que afirman que en este momento si es ya patente la decadencia material y económica causada por la permanente guerra, no solo de la clase senatorial italiana que era l que se solía encargar de mantenimiento de los monumentos de Roma, sino de la población en general. En época e Gregorio Magno, ya en la década del 590 la angustiosa situación vino a agravarse un poco más a causa de una gran inundación, como Roma no ha conocido en toda su historia, que provocó graves daños en una ciudad que a principios del siglo VII era solo una sombra de su pasado. A principios de ese siglo VII, bajo el gobierno del emperador Focas(602-610) el Panteón de Agripa al papa Bonifacio IV para su uso como iglesia. En esa iglesia habrá un "taller de montaje de mártires" donde la iglesia, utilizando cadáveres de los cementerios de la ciudad, convenientemente ataviados y etiquetados con el nombre del santo en cuestión, fabricaba reliquias de que o bien vendía o bien regalaba a altos dignatarios europeos. En honor a Focas se le dedicó en el Foro Romano una estatua dorada encima de la ahora llamada "Columna de Focas", que presentaba una nueva inscripción en su base en honor de este emperador.

Al inicio de la Edad Media también se fue consolidando el culto de los mártires. Las iglesias, monasterios y capillas dedicados a ellos surgen dentro de los edificios de época imperial o se levantan con materiales extraídos de las antiguas ruinas que se convierten ahora en canteras proveedoras de buenos materiales de construcción para construir nuevos edificios en algunos casos o para producir cal, con el antiguo mármol, en otros.

Vista de Campo Vaccino, Roma. Piranesi(1720-1778)

Un buen ejemplo de reutilización: ya en pleno él siglo VIII, la celda del templo de Antonino y Faustina. Se aprovechó para instalar en su recinto la iglesia de San Lorenzo en Miranda. Ello permitió que la columnata del pronaos se conservara prácticamente intacta, sin modificación alguna.

templo de Antonino y Faustina. Canaletto(1740)

El Foro de Augusto se transforma en el Huerto de San Basilio.

Otro buen ejemplo de una construcción religiosa elevada sobre un antiguo templo romano la encontramos en el Foro de Augusto. 

Vista del Foro de Augusto en el siglo X. En elpodio del antiguo templo se eleva el Monasterio de San Basilio
( fuente fori-imperiali.info)
Sobre el podio del Templo dedicado a Marte Ultor, se elevó en pleno siglo X el monasterio de San Basilio desde finales del XII de los Caballeros de Jerusalén, más tarde conocidos como Caballeros de Rodas y hoy Caballeros de Malta). Ya en pleno siglo XVI la edificación era posesión de las Monjas Dominicas de la Anunciación que vivieron allí hasta que en 1920 comenzaron las obras para "limpiar" el Foro de Augusto de construcciones posteriores a la época antigua. Podemos disfrutar de algunos de los restos de estas construcciones demolidas en la Casa de los Caballeros de Malta. El resto del Foro de Augusto, deshabitado por siglos, se convirtió en una zona pantanosa que los romanos conocían como "Orto di San Basilio" la Huerta de San Basilio. La zona permanecerá sin ocupar, hasta finales del XVI, cuando el cardenal Bomelli construya el llamado “Barrio Alejandrino”. .

Es difícil determinar con precisión la cantidad exacta de habitantes que tenía Roma en ese momento por la falta de datos en las fuentes. Los números oscilan bastante de un historiador a otro, aunque sería razonable situar la cifra entre los 20.000 y 30.000 habitantes, muy lejos de los cientos de miles que la ciudad llegó a tener en el siglo II d. C, cuando Roma era una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Aún siendo una población modesta, en plena Edad Media, la Ciudad Eterna seguía provocando fascinación entre aquellos que la visitaban.

La arquitectura y el urbanismo medieval se desarrollaron sobre las ruinas de la Antigüedad, con la construcción de numerosas iglesias, monasterios y fortificaciones que aún hoy se pueden apreciar. El comercio y la economía seguían jugando un papel muy importante en la vida romana del siglo X. La ciudad era un centro de intercambio comercial y albergaba mercados y ferias que atraían a comerciantes de diversas regiones más o menos lejanas.

Edificios que aparecen mencionados en Anónimo de Einssiedeln y los que no. Itinerarios e infraestructuras de la Roma del X

El papel de la Iglesia y el Papado en Roma fue central durante este período ante la desaparición en la práctica de la tutela de los emperadores francos. Las familias de la nobleza romana se disputarán con fiereza el solio papal, lo que originará luchas civiles. Destacan nombres como el de los condes de Túsculo, los Crescencios, los duques de Spoleto. Más adelante serán los Colonna y los Orsini. Estas familias dominaron la política romana durante siglos. Libres de la tutela de los emperadores y reyes carolingios, la nobleza local aumentó su poder hasta límites nunca vistos. Desempeñaron un papel político clave en una ciudad convertida en uno de los centros de peregrinación religiosa más importantes del mundo. La llegada en la segunda mitad del siglo X del Sacro Imperio Romano Germánico marcará un cambio de paradigma en la política romana. Los papas y los nobles locales se subordinarán ahora al poder del emperador que arbitrará con mayor o menor éxito en las aspiraciones de la nobleza romana.

Roma, polo de atracción y punto de referencia para toda la cristiandad ¿Guías turísticas?

La basílica de San Pedro se convirtió en un punto de referencia para los fieles de toda Europa. El siglo X también fue testigo de enfrentamientos armados en Roma. La ciudad sufrió asedios, incursiones y saqueos de grupos invasores como los sarracenos y los normandos que provocaron serios desperfectos en la Ciudad Eterna.


A pesar de todo, la Urbs siguió siendo un polo de atracción para numerosos visitantes que, cuando llegaban a la ciudad, recurrían a compatriotas que estudiaban en las escuelas de extranjeros que había en Roma para que les explicaran la historia de aquellas piedras maravillosas. La mezcla de las imponentes ruinas de su pasado imperial mezcladas con las numerosas construcciones de carácter cristiano hacía que la gente buscara maneras de saber más. Para sacarle el máximo partido a sus visitas, acudían a la Ciudad Eterna armados con breves libros escritos para servir de guía. En sus escasas páginas se trataban los monumentos de la Roma cristiana y de la Roma pagana y se recomendaban itinerarios para visitarlos. Además, se añadían las leyendas a ellos asociadas, incluso noticias, más o menos recientes sobre las cortes papales o imperiales. Un ejemplo de este tipo de guía es el conocido como Anónimo de Einsiedeln que data de fines del siglo VIII y principios del IX y que fue descubierto en el siglo XVIII por un monje francés llamado Jeán  Mabillón. Otro ejemplo es la Graphia.

Mapa de la Roma del siglo X del Anónimo de Einsiedeln.

No conocemos ningún mapa de en esa época. Suponemos que si debían circular mapas del entramado urbano de Roma con las principales calles y monumentos de la Urbs y que estos fueron utilizados para la elaboración de unas valiosas mesas que el papa y la emperatriz Irene regalaron al emperador Carlomagno. En ellas aparecían tallados los panoramas urbanos de Roma y Constantinopla.

El Anónimo de Einsiedeln nos describe como era la Roma de tiempos del emperador Carlomagno(768-814). El desconocido autor nos habla del Anfiteatro Flavio, del VII Lucernarum que era como el pueblo romano llamaba al Arco de Tito en aquella época( debido al relieve del candelabro con los siete brazos), las ruinas de las grandes termas de la Roma pagana y de los considerables restos que aún quedaban del Foro romano y del Foro Trajano.

Representación de Roma en la Edad Media con el Anfiteatro Flavio en el centro.

Menciona el Circo Flaminio y el Máximo, el Teatro de Pompeyo, la inscripción de la estatua ecuestre de Constantino en el Capitolio y el Umbilicus Urbis Romae que aún hoy marca el centro teórico y simbólico de Roma (en el Foro Romano), las columnatas de la Vía Lata, el acueducto de Virgo y Claudio, el Ninfeo de Alejandro y el famoso Septizodium que era una monumental fachada con aspecto de ninfeo, o quizás escena teatral de varios pisos de columnas, construida por orden del emperador Septimio Severo (193–211) al pie del Palatino. A pesar de estar ya en estado de ruina en el siglo VIII, la destrucción y la sustracción de materiales continuaron a lo largo de los siglos. La demolición definitiva se debió al papa Sixto V que reutilizó muchas de sus columnas y piedras en otras construcciones de la ciudad.

Septizonium en su estado original, junto a uno de los extremos del Circo Máximo.

En estos libros que servían como auténticas guías de turismo a los visitantes de esa Roma del siglo IX y X se recogían numerosas leyendas forjadas por los romanos con el paso de los siglos. Este mismo pueblo que ya no recuerda que eran exactamente las ruinas que les rodean, hacen frecuentemente un uso erróneo de términos como palacio templo, teatro, circo, termas, etc, llamando "palacios" a las grandes ruinas independientemente de que en el pasado lo fueran o no. Una de estas leyendas afirmaba que las cenizas de César se guardaban en la esfera dorada que remataba el obelisco del Circo de Cayo y Nerón y que luego adornará la Plaza de San Pedro. Los restos de César, además de estar a salvo de ladrones, a esa inmensa altura, siempre seguirían teniendo el mundo a sus pies, tal y como lo tuvo en vida. Esta creencia persistió durante siglos. Cuando el obelisco fue trasladado a la Plaza de San Pedro en el siglo XVI, no se encontraron restos humanos ni cenizas, solo óxido y algo de tierra.

Representación del antiguo Circo de Cayo y Nerón. En el centro el obelisco con la bola de bronce en la parte superior.

En cuanto a la organización de la ciudad, sabemos que ya en los siglos X y XI la ciudad contaba con doce regiones, trece si contamos el Trastevere. Cada una de ellas se encontraba bajo la autoridad de un capitán o regente. Eran conocidos como decarcones por el pueblo.

En esa época aún se conservaban algunos nombres de la Antigüedad para nombrar calles o zonas de la ciudad como Vía Lata, Caput Africae o Suburra, aunque la mayor parte de las calles habían cambiado su nomenclatura por la de las iglesias o grandes monumentos que en ellas se localizaran (el Coliseo, el Teatro de Marcelo, etc).

  Foro de Nerva: surcos dejados por los carros en el
pavimento 8Fuente 8fori-imperiali.info)
Las calles romanas de la época eran peculiares ya que en ellas se alternaban los restos de los edificios antiguos, mezclados con las viviendas y las iglesias nuevas. En algunas de estas calles el trazado se había realizado sobre las antiguas ruinas que ahora pisaban carros, animales y personas en sus cotidianos asuntos.

La antiguas ruinas de Roma fagocitadas por sus ciudadanos

Aunque aún existían la mayoría de los arcos de triunfo, pórticos, teatros, termas y templos, mostrando el antiguo esplendor a los romanos y visitantes del momento, ya no se cuidaba de los edificios. Los papas que al principio consideraban los grandes monumentos como propiedad del estado, con el tiempo dejaron de conservarlos, tal vez por falta de recursos. Los emperadores tampoco cuidaban de las grandes ruinas, incluso el mismo Carlomagno trasladó columnas y esculturas de Roma a su corte de Aquisgrán. Los edificios que componían la antigua Roma, siglo tras siglo, fueron "fagocitados" por los propios romanos: los sacerdotes se llevaban las columnas para sus iglesias; la nobleza levantaba sus mansiones y torres sobre los más sólidos monumentos de la Antigüedad y los artesanos sus talleres y almacenes en las antiguas termas y foros. Tal vez la gran losa de mármol sobre la que el panadero ofrecía sus productos, había servido en el pasado como asiento en el teatro a algún ciudadano. Los sarcófagos de los más distinguidos romanos servían ahora de abrevadero para el ganado, o como tinas para lavar.


Interior del Foro de Nerva en el siglo X ocupado por diversas construcciones(Fuente fori-imperiali.info)




Viviendas y palacios en la Roma medieval.

Al parecer las viviendas comunes contaban con una escalera exterior de piedra, sus puertas y ventanas eran arqueadas, de estilo románico, los aleros sobresalían bastante de las cornisas, los techos se cubrían con tejas y los muros eran de piedra caliza sin pintar. Las casas contaban por lo general con azotea y eran muy comunes los soportales sostenidos por antiguas columnas extraídas de las ruinas de los antiguos edificios.

Foro de César en el siglo X, con la antigua Curia,
ahora iglesia de San Adrián(Fuente fori-imperiali.info)
Las viviendas de las clases más acomodadas eran más sofisticadas y contaban con diferentes estancias en función de su uso e incluso de la estación del año. Algunos de los antiguos palacios de las grandes familias romanas como los Cetegos, los Anicios, etc se conservaban en el siglo X, aunque transformados por el paso del tiempo, las adaptaciones y diferentes usos que se les fue dando. En otros casos, sirvieron de cantera de materiales para la construcción de nuevos edificios en los que se combinaban el ladrillo y el ornamento procedente de elementos expoliados de las antiguas ruinas.

En Roma, a esas alturas, quedaban ya muy pocas estatuas de bronce sin embargo, seguían siendo abundantes las de mármol. Los romanos de la época veían en estos restos marmóreos un recurso útil, una materia prima gratuita para producir cal. Eran numerosos los diplomas e inscripciones de la época en los que aparecía el nombre de Calcararius, o Calero por ejemplo. Eran denominaciones que indicaban la posesión de hornos de cal o que vivían en las inmediaciones de alguno de ellos. Los romanos estuvieron siglos desmantelando y pulverizando el patrimonio de la Roma antigua sin llegar a acabar con él, afortunadamente para nosotros.

Casa de los Crescenzi.                           
 Un ejemplo perfecto de este tipo de construcción   es la Casa de Cresencio. Esta situada en el Foro   Boario, un área sagrada y comercial de la antigua   Roma, en la orilla izquierda del Tíber. El edificio   incluye en su construcción numerosos elementos   arquitectónicos de antiguos edificios romanos, en   especial de unas termas próximas. La sensación es   de superposición, un tanto caótica, de diferentes   elementos y estilos. Es una característica de la arquitectura de este momento debido a la falta de mano de obra especializada, a la menor riqueza disponible, a la disponibilidad de elementos de construcción de las ruinas vecinas indefensas ante el expolio y la reutilización de sus materiales por los vecinos de la ciudad.
 
 Dentro de estos palacios se seguiría, en la medida  de la economía de cada linaje, las modas  procedentes de Constantinopla que imponían formas fantásticas, una abigarrada decoración, mosaicos, etc. Las habitaciones contarían con pesados muebles tallados en oro, sillones de traza antigua, candelabros de bronce, escudillas de plata para beber(conchae), etc

El Palatino.

La zona del Palatino se conservó al menos en una parte en bastante buenas condiciones durante gran parte del siglo VII, gracias a que era el lugar elegido por el Exarca de Rávena, representante del Emperador Romano de Oriente, para alojarse en sus visitas a la Ciudad Eterna. Incluso sirvió durante su estancia en Roma (666-667).

En tiempos de Otón III (980-1002) el Palatino ofrecía un aspecto bastante desolado. Gran parte de los palacios de la zona aún se mantenían en pie, se podrían ver esculturas olvidadas por el paso de los siglos y algunos aposentos con pinturas en sus muros. En tiempos de Inocencio X (Papa 1644-1655) ,muchos siglos después, se descubrió en aquella zona, una sala adornada con tapices de hilo de oro y planchas de plomo. Había algunas iglesias que se habían construido sobre las antiguas ruinas. Otros grandes edificios como el Arco de Constantino, propiedad de los monjes de San Gregorio, se habían convertido en fortalezas muy necesarias en una época llena de conflictos entre las facciones de la ciudad.
Arco de Constantino(Canaletto)



Inscripciones de Adrasto, guardián de la Columna de Marco Aurelio
El Foro de Trajano es desmantelado.

El Foro de Trajano, que hasta el siglo IX mantuvo un estado aceptable ya debía haber quedado arruinado en el X, porque se le conocía por sus petrae o piedras. Se inició la retirada de las losas de mármol del pavimento de la gran plaza. En el XI la zona será ocupada por viviendas encargadas por un hombre llamado Kaloleus, cuyos restos aún hoy podemos observar en la zona conocida como "Campo Carleo". 

Seguía inmune al paso de los siglos la Columna de Trajano junto a la Iglesia de San Nicolas sub columpnan Trajanam construida casi por completo con materiales extraídos del Foro y demolida en el siglo XVI.

Suerte corrida por otros monumentos.

Otra columna, la de Marco Aurelio era propiedad del monasterio de Silvestre in Capite. Al igual que hoy los visitantes pagaban por poder subir por el interior de estas construcciones hasta la cima para poder disfrutar de las vistas de Roma. Ya desde antiguo se desarrolló la costumbre de edificar junto a ellas una capilla o una casa desde la que poder vigilar el monumento y cobrar la visita a los peregrinos y viajeros que desearan subir hasta lo alto para disfrutar de unas buenas vistas de la ciudad. Hay constancia de que ya en el 193 un liberto de Septimio Severo, llamado Adrasto, construyó cerca una casa para vigilar la columna de Marco Aurelio.
J. Nicholls, capricho romano. Columna de Marco Aurelio                      
El Campo de Marte, conocido ya como Campo Marzo era ,ya en el siglo X, una ciudad de ruinas de mármol, entre las que se podían ver algunos restos apreciables de los antiguos monumentos como la columnata frontal de la Dogana Vecchia, del estadio de Domiciano, del Odeón, etc. la zona se hallaba salpicada de viñedos y huertos. El mausoleo de Augusto había sido convertido en una fortaleza. Otra de las obras de referencia sobre la Roma del siglo X, la Graphia nos cuenta que la actual Porta dei Popolo se denominaba aún Porta Flaminia.
El circo de Domiciano ya estaba en ruinas, era conocido como Circus Agonalis, de ahí el nombre "in Agona" dado a toda la zona y por corrupción con el paso de los años "Navona". Sus materiales habían sido utilizados en varios de los edificios de la zona.

El Panteón, seguía en pie, orgulloso junto a nuevos edificios construidos sobre las ruinas de los antiguos, como el convento de Santa María "in Minervium" construido sobre el antiguo templo de Minerva. Son varias las estatuas de importancia que, procedentes de esa zona, se salvaron por ejemplo los grupos escultóricos del Nilo y el Tíber (Museos Vaticanos) o el conocido como Marforio.

Representación escultórica del Nilo. Museo Vaticano.

Aún podían los romanos del siglo X disfrutar de las ruinas del Teatro de Pompeyo, y otros que se encontraban en mejor estado como el Teatro de Marcelo y, a orillas del Tíber, La Ripa Greca, justo delante de Santa María in Cosmedin y la antigua Marmorata.

Santa María in Cosmedin

En cuanto a la distribución de las construcciones y de los edificios por las diferentes zonas de Roma podemos afirmar que el Campo de Marte contenía bastantes edificaciones. El Quirinal, el Viminal y el Esquilino iban aumentando su importancia año a año. Las zonas junto a las murallas estaban ocupadas por tierras de labranza y viñedos. El Aventino y el Trastevere también aparecían cubiertos de edificios y calles. El barrio de la Subura seguía existiendo. La zona más floreciente era la Vía Lata. León VI creo una nueva zona de poblamiento en el Borgo Vaticano.



La Roma del siglo X era muy distinta a la gran Roma clásica. Su población había disminuido a niveles inimaginables en la Antigüedad. Las ruinas se alternaban con las viviendas, palacios, iglesias y conventos que en muchos casos aprovecharon los materiales antiguos. Era una ciudad dirigida por el papa y un reducido grupo de familias nobles locales, muy poderosas, tuteladas a partir de la segunda mitad de siglo por la figura del Emperador del Sacro Imperio germánico. A pesar de todo, la antigua Urbs, La Ciudad Eterna supo conservar su poder de atracción como centro universal del cristianismo y fue receptora de gran cantidad de visitantes y peregrinos que acudieron para conocer los viejos y los nuevos monumentos, a disfrutar de su historia y de las leyendas que adornaban a muchas de sus antiguas ruinas, atraídos por la fascinación de una ciudad que seguía y sigue siendo eterna.

BIBLIOGRAFIA Y AGRADECIMIENTOS.

Gracias a los consejos del Doctor en Historia Medieval José Soto Chica del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de Granada, un gran amigo que  me ha ayudado con las fuentes y me ha descubierto apasionantes detalles que desconocía.

GREGOROVIUS, F.-- Roma y Atenas en la Edad Media.-- Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 1982.

fori-imperiali.info

Thierry Dutour, La ciudad medieval: orígenes y triunfo de la Europa urbana.--Paidós, Buenos Aires, 2005.

LANCIANI, R.A.-- The destruction of Ancient Rome, (1901) Franklin Classics (2018).

Palladio, A.-- Las antigüedades de Roma.-- Madrid, Akal, 2008


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