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martes, 1 de julio de 2025

LA SEÑORA DEL MUNDO. GALA PLACIDIA, REINA DE GODOS Y AUGUSTA DE ROMANOS.

 Gala Placidia fue una de las figuras más extraordinarias y decisivas de la Antigüedad Tardía. Reina de godos, hija, hermana, esposa y madre de emperadores, vivió en carne propia el colapso del Imperio romano de Occidente y trató de ejercer y conservar el poder de su familia con inteligencia y firmeza en medio de un mundo sumido en el caos. Su vida, marcada por cautiverios, alianzas con reyes bárbaros, exilios y conspiraciones palaciegas, refleja como pocas un mundo agitado, la antigüedad tardía. Fue una mujer culta, política hábil, regente eficaz y mecenas activa de la Roma cristiana que nunca se conformó con adoptar un papel secundario en el juego del poder, muy al contrario trató de moldear su mundo a la medidas de su proyecto político. En una época dominada por señores de la guerra y emperadores, Gala Placidia se convirtió en la figura clave del gobierno imperial en Occidente durante más de dos décadas. Su legado perdura como símbolo de resistencia, adaptación y poder femenino en uno de los periodos clave de la historia de Europa.

IMAGEN DE GALA PLACIDIA EXTRAIDA DE REINAS Y REBELDES II 2022 Nº 039( RBA)

Infancia y formación: una princesa valentiniano-teodosiana.

Gala Placidia nació hacia el año 390 en Constantinopla, fruto del segundo matrimonio del emperador Teodosio I con Gala, hija del emperador Valentiniano I y Justina. Fue por tanto medio hermana de Arcadio (emperador de Oriente) y de Honorio (emperador de Occidente), y miembro destacado de la dinastía Valentiniano-Teodosiana. Tras la muerte de Teodosio en el 395, Gala fue enviada a Roma, donde al igual que su hermano Honorio, se estableció bajo la tutela de su tía Serena, esposa del generalísimo de Occidente, Estilicón. Serena actuó como madre adoptiva, pero la relación entre ambas, a juzgar por los hechos posteriores, fue distante. 

Estilicón en la batalla de Pollentia. Obra da Jacopo da Aurocastro

 La caída de Roma y la captura por Alarico.

Tras el asesinato de Estilicón en el 408, fruto de una conspiración palaciega que apoyó Honorio. En las ciudades del norte de Italia tuvo lugar una auténtica masacre entre las familias de los bárbaros que habían servido con lealtad al magister militum in praesentis de Occidente. Los supervivientes se unieron al godo Alarico en su empeño de sitiar Roma, que fue asediada en tres ocasiones por Alarico: en el 408, en el 409 y en el 410. Dentro del Senado surgió la idea de calmar al pueblo con la vida de un blanco fácil en ese momento: Serena, viuda de Estilicón y sobrina de Teodosio que fue acusada de connivencia con los sitiadores. La presencia de la hermana de Honorio, Gala Placidia dentro de los muros de la ciudad dio una apariencia de legalidad a lo decidido por el Senado que, ante la pasividad de Gala Placidia, decretó la muerte de Serena por el delito de alta traición.


                 Posible representación de Serena
                 a partir de AI.   
                   

En agosto del año 410, Roma fue saqueada por las tropas visigodas de Alarico, tras otros dos asedios y varios fracasos diplomáticos. Gala Placidia, que no huyó de la ciudad a tiempo, fue tomada como rehén, depende de la fuente en el 409 o en el 410. El saqueo marcó un punto de inflexión simbólico: la ciudad eterna caía ante un ejército bárbaro, y la princesa, símbolo viviente del Imperio, se convertía en prisionera de guerra.

Durante tres años, Gala, junto a otros nobles romanos, acompañó en calidad de rehén, a los visigodos en su migración por Italia, Galia e Hispania. Asistió a la muerte de Alarico en el sur de Italia, a su enterramiento en el lecho del río Busento y a la elección de su sucesor, Ataulfo, cuñado del anterior y figura clave en la política de su pueblo. Casi todos los historiadores y las fuentes coinciden en que pudo haber amor entre Gala y Ataulfo, A esas alturas de la historia las romanas de la aristocracia no tenían reparo en contraer matrimonio con bárbaros. Ataulfo era según las fuentes, un hombre apuesto y de buen carácter que supo entenderse con su esposa con la que trató de llevar a cabo un proyecto político que pudo haber cambiado su mundo si hubiera llegado a conseguir la unión del mundo bárbaro y el godo. La condición de rehén de Gala cambió progresivamente: de prisionera pasó a convertirse en figura diplomática y luego en esposa del nuevo rey visigodo con el que concibió a Teodosio II, el bebé que de haber llegado a adulto hubiera, probablemente gobernado sobre todo Occidente.

Olimpiodoro (Frag. 25-29), cercano a los hecho, pone el peso de la decisión en Ataúlfo aunque ninguna fuente recoge rebeldía u oposición por parte de Gala al enlace. Al contrario Orosio (VII, 46,5-6) habla de la armonía de la relación entre ambos y de la ayuda que Gala ofrecía a Ataúlfo. Jordanes en el pasaje antes citado califica además el matrimonio de legal (consensum) ya desde cuando se celebró la unión —se supone carnal y posiblemente mediante una ceremonia goda— en Forum Iulii (Forli, en la Emilia) ya en el 411.

Olimpiodoro deja constancia de una ceremonia posterior en Narbona, no solo legal y acorde con el rito romano, sino con el boato y los requisitos de un matrimonio imperial, en la que tuvo un papel primordial Candidiano, uno de los soportes familiares de Gala Placidia y el general que algunos años después le iba a facilitar el acceso al trono. Con la ayuda y el consejo de Candidiano, Ataúlfo se casó con Placidia. Tenemos una descripción muy detallada del enlace que tuvo lugar en Narbona, al inicio de enero, en casa de un tal Ingenio, notable de la ciudad. Allí Placidia fue conducida a una estancia nupcial adornada a la moda romana y con ornamentos imperiales. Ataúlfo sentado al lado de ella con un manto y otros vestidos de tipo romano. Ataúlfo presentó cincuenta jóvenes vestidos de seda, algunos llevaban en la mano dos grandes fuentes, una llena de oro, la otra de piedras preciosas y por mejor decir, sin precio, fruto del saqueo de Roma. El matrimonio se llevó a cabo con la participación en la fiesta de bárbaros y romanos juntos. La ceremonia de Narbona se organizó para sancionar una primera unión y después del largo recorrido de la formación de romanos y godos por la Galia buscando un lugar para vivir no exento de episodios violentos en ciudades como Burdigala y Massalia que se les resistieron. El matrimonio legalizaba lo que era obvio para todos, al parecer incluso Placidia había curado las heridas de Ataúlfo tras el asedio de Marsella.

Además, por esas mismas fuentes podemos deducir que durante los años de su matrimonio Gala jugó un importante papel como consejera de Ataulfo que al parecer y según nos cuenta Jordanes era:

“famoso por su inteligencia y su belleza, pues, aunque no era de gran estatura, se distinguía por la belleza de su cuerpo y de su rostro” 

Emma Southom (2024), p 358).


En cierto modo la unión de un rey godo y una princesa imperial era algo revolucionario ya que unía a dos mundos en un matrimonio que no podía ser aceptado por los más tradicionalistas de ambos ámbitos. Lo que nos debe quedar claro es que este enlace tuvo un fuerte impacto en la opinión pública, si es que de algo así podemos hablar en la Roma del siglo V. Orosio supo ver este aspecto político del enlace y lo describe así:

“...Placidia, hija del emperador Teodosio y hermana de los emperadores Arcadio y Honorio, fue capturada y desposada por Ataulfo, pariente de Alarico; unida de esta forma en influyente matrimonio con el rey bárbaro fue de mucha utilidad al estado dando la impresión de que Roma, por decisión divina, había entregado a esta como rehén en una especie de garantía particular.”

Orosio, Historia contra los paganos, VII 40, 2.

Este matrimonio tuvo un enorme impacto simbólico: por primera vez una princesa teodosiana se unía a un rey germánico. El historiador Orosio interpretó el hecho como un designio divino: Roma entregaba a Gala como rehén de paz a los godos. Sin embargo, la corte de Rávena, encabezada por Honorio y su nuevo hombre de confianza y generalísimo de Occidente, Constancio, rechazó reconocer la validez de la unión. Constancio, además, deseaba casarse con Gala y bloqueó a los visigodos, obligándolos a moverse hacia Hispania.

El amor entre Ataulfo y Gala dio fruto en Barcino (Barcelona), en 415, Gala dio a luz a un hijo llamado Teodosio, como su abuelo, bautizado en Pascua. Su nombre indicaba la voluntad de fundir la herencia goda e imperial, algo que de haberse llevado a buen término habría cambiado su mundo. Pero el niño murió meses después, y poco tiempo después Ataulfo fue asesinado en una conspiración interna liderada por seguidores de Sigerico, del linaje de los rosomones, rivales de Alarico y Ataulfo.

Asesinato de Ataulfo ( grabado del S.XIX coloreado por A.I)

Humillación y regreso a Roma

El sucesor inmediato, Sigerico, hermano de Saro, asesinó a la familia de Ataulfo y humilló a Gala públicamente, obligándola a desfilar a pie delante de su caballo como botín de guerra. Fue derrocado a los pocos días por la facción de Ataulfo, ahora encabezada por Walia, quien firmó un tratado con Roma: los visigodos recibirían alimentos y tierras en Hispania a cambio de liberar a Gala y convertirse en federados del Imperio.

Gala regresó a Rávena escoltada por una nutrida guardia goda que actuó como su escolta personal, repitiendo el precedente de Justina, madre de Valentiniano II. Sin embargo, apenas un año después de su vuelta y tras seis años de vivir entre los visigodos, fue forzada a casarse con el general Constancio, que ya había recibido los máximos honores militares y políticos del Imperio convirtiéndose en el brazo armado del emperador Honorio. 

De Augusta a exiliada: la pugna con Honorio

Con Constancio, Gala tuvo dos hijos: Justa Grata Honoria y Valentiniano. En 421, Honorio elevó a Constancio a co-emperador, y Gala recibió el título de Augusta. Pero Constancio, que descubrió que ser emperador no le gustaba nada, murió apenas siete meses después. Entonces, las relaciones entre Honorio y su hermana se deterioraron drásticamente, algunas de las fuentes nos hablan de un comportamiento indecoroso y de cierta obsesión de Honorio hacia su hermana. Puede que en realidad fuera una cuestión política ya que Gala encabezaba una facción política diferente a la de Castino, el hombre de confianza de Honorio. Gala acabó exiliándose en Constantinopla con sus hijos.

Los favoritos del emperador Honorio de J.W.Waterhouse 1883.

En Constantinopla entabló una estrecha relación con su sobrino Teodosio II y con su esposa Pulqueria. Tras la muerte de Honorio en 423, el poder en Occidente fue usurpado por el funcionario Juan. Gala y su hijo fueron reconocidos como herederos legítimos por Teodosio II, que envió un ejército al mando de Ardabur y Aspar para restaurar la autoridad imperial.

En julio del 425, el usurpador Juan fue capturado en Aquilea, Juan fue hecho prisionero y llevado a Aquilea donde fue arrojado a los pies de Gala Placidia y su hijo. Juan sufrió un tormento que hasta ahora no se había visto nunca en la ejecución de un usurpador. Lo llevaron al circo de la ciudad y le amputaron la mano derecha. Y así mutilado, fue desnudado, subido a un asno y paseado por la arena en medio de las burlas y el escarnio de los actores, mimos y el público. Finalmente fue decapitado. (Procopio de Cesarea. Historia de las guerras. III 3.9). Curiosamente Castino, que había prestado apoyo encubierto al usurpador, salvó la vida conformándose Gala con enviarle al exilio.

Aecio, que había acudido en apoyo del usurpador con 60.000 hunos llegó tarde. Tras algunos enfrentamientos  con las fuerzas orientales capitaneadas por los bárbaros imperiales de origen alano Ardabur y su hijo Aspar para respaldar a Valentiniano III, sin un vencedor claro, se llegó a un acuerdo y Aecio fue integrado en el sistema con el cargo de magister equitum per Gallias y sus mercenarios hunos fueron recompensados con tierras y dinero.

 Regencia de Gala Placidia: poder y conflictos

Desde 425 hasta 437, Gala gobernó como regente de su hijo Valentiniano III. Su gobierno se centró en restaurar la autoridad imperial, reconstruir Roma, fortalecer Rávena y consolidar su poder frente a los grandes generales. Recobró la vieja tradición de que su hijo se proclamara emperador en las calles de una Roma recuperada del saqueo godo y restaurada con su dinero Favoreció especialmente a la Iglesia y a la aristocracia senatorial romana convirtiéndose en protectora de sus privilegios frente a los intentos de implicarlos económicamente en la hacienda del estado que realizaba Aecio.

Sus principales rivales fueron Bonifacio, Félix y Flavio Aecio. Gala intentó contrapesarlos enfrentándolos entre sí, en una táctica que, aunque efectiva a corto plazo, debilitó el control imperial a largo plazo. Bonifacio fue rehabilitado tras una serie de malentendidos, pero la falta de coordinación entre generales permitió la entrada de los vándalos en África en 429.

El papel de Gala no solo fue político. Se convirtió en defensora del cristianismo teniendo un papel brillante como mecenas, aunque también como mediadora en diferentes conflictos religiosos. Rávena, sede de la corte, fue reforzada con sus espléndidas murallas valentinianas. Allí se construyó por iniciativa de la augusta. Mandó edificar la iglesia de la Santa Cruz de la que queda la sala conocida( incorrectamente) como el Mausoleo de Gala Placidia que cuenta con unos mosaicos vitreos impresionantes y la de San Juan Evangelista. También hizo construir en Rávena consagrada a San Esteban En Roma, Gala impulsó la construcción de iglesias como San Juan Evangelista y San Pablo Extramuros. Su mecenazgo cultural y religioso fortaleció el prestigio de la dinastía teodosiana. En el 437 su hijo Valentiniano III se casa con la hija de Teodosio II y finaliza la regencia de Gala, aunque continuó siendo una figura importante en el gobierno de Occidente.

Salida matutina de la reina bizantina a las tumbas de sus antepasados . V.S. Smirnov , 1890

Últimos años: crisis familiar y muerte.

Poco antes de su muerte, Gala enfrentó una nueva crisis familiar en el 449: su hija Honoria, nombrada Augusta, quedó embarazada tras una relación con su chambelán Eugenio. Para evitar el escándalo, se intentó casarla con un senador, pero Honoria —fiel a la tradición de mujeres teodosianas decididas— recurrió a Atila, el rey de los hunos. Le envió su anillo como señal de alianza, lo que Atila interpretó como una petición de matrimonio. Este hecho provocó la invasión de Italia y la batalla de los Campos Cataláunicos, solo la intervención de Gala pudo evitar que su hijo Valentiniano condenara a muerte a Honoria.


Colina Vaticana y la antigua Basílica de San Pedro, en Roma. Il. de las Crónicas de Nuremberg (1490). La gran estructura abovedada con ventanas a la izquierda representa el Mausoleo de Honorio.

Gala Placidia murió en 450 mientras dormía. Poco antes había mandado exhumar el cadáver de su pequeño hijo, el que concibió con Ataulfo, Teodosio en la basílica de Barcelona para que fuera enterrado en la Basílica de san Pedro de Roma, posiblemente porque pensaba que así podría su bebé llegar al cielo con más facilidad. Tras ella, nadie se dedicó a la Roma con el mismo empeño, ninguno vivió en ella voluntariamente, ni murió pacíficamente entre sus muros, ni la convirtió en el lugar donde el emperador debía ser coronado. Con Gala Placidia muere la ultima gran valedora de la ciudad de Roma.

Con ella desapareció la última gran figura femenina del linaje teodosiano. Había sido rehén, reina, emperatriz, exiliada, madre del emperador y gobernante efectiva durante más de una década. Pocas figuras del siglo V conjugaron tan intensamente la política imperial con la frontera bárbara. Reina de bárbaros, augusta de romanos, señora del mundo.

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jueves, 1 de agosto de 2024

LAS MURALLAS AURELIANAS. LOS MUROS GUARDIANES DE LA HISTORIA ROMANA

Un artículo de Federico Romero Díaz para Historia y Roma Antigua

En el siglo III se introduce una terrible novedad para el Imperio romano, ya que pasa de ser el depredador al que sus vecinos deben temer, a ser la presa que  debe defenderse. Francos, vándalos, godos, hérulos, persas entre otros muchos pueblos, rompen las fronteras e incursionan en territorio imperial sembrando la destrucción a su paso. Las fuerzas romanas, debilitadas por las continuas guerras civiles y la crisis económica, poco pueden hacer para detener a los invasores que, a veces penetran profundamente en zonas que hasta ese momento siempre habían permanecido libres de este tipo de calamidades como Hispania, Grecia o la propia Italia. La situación era francamente mala y a ello no ayudaban los continuos cambios que se producían en el trono imperial. Los emperadores, uno tras otro, tras breves periodos de gobierno, eran asesinados para ser sustituidos por otros candidatos más del gusto de sus soldados. El de emperador era un oficio con muy poca esperanza de vida en ese medio siglo que podemos situar entre el 235 (fecha del asesinato de Alejandro Severo, el último de su dinastía y el 284, momento en el que asciende al trono Diocleciano). Es en este contexto en el que Lucio Domicio Aureliano tiene que gobernar. Consiguió hacerlo durante cinco años (270-275) durante los cuales reunificó el Imperio romano, dividido en tres grandes partes (Imperio galo, Imperio romano e Imperio de Palmira) y realizó múltiples reformas que contribuyeron al fin de la anarquía militar. También construyó importantes infraestructuras entre las que destacan sobre el resto las conocidas como Murallas Aurelianas.

Puerta de Ostia hacia el 400. Il. Peter Dennis.

LA CONSTRUCCIÓN DE LAS MURALLAS AURELIANAS.

Es en este contexto de invasiones y problemas internos es en el que surge la necesidad de construir un potente cinturón de murallas que protegiera de invasores externos el corazón del Imperio. En el 271 estallaron terribles revueltas en Roma, provocadas entre otros factores por el miedo ante el acercamiento de un poderoso contingente de germanos que ya ha habían asolado el norte de Italia. El temor de los romanos estaba justificado ya que la ciudad se encontraba indefensa. Hasta ese momento el tamaño del Imperio y la fuerza de sus ejércitos la habían protegido de los bárbaros, pero eso era cosa del pasado, ya ninguna ciudad estaba realmente segura y se fomentaba, sobre todo en las más expuestas o más cercanas al limes, la construcción de murallas que le proporcionaran a las poblaciones seguridad frente a unos invasores que carecían de la habilidad de expugnar ciudades fortificadas.

Aureliano era consciente de que no podía permitirse dejar un ejército lo suficientemente grande como para proteger la capital, pero tampoco podía abandonar la ciudad y dejarla desprotegida frente a una nueva amenaza de invasión germánica. Lo más práctico era la construcción de un potente círculo de murallas que ofrecieran la sensación de seguridad que anhelaban los habitantes de la Urbs. Roma en el siglo III era una gran ciudad 
Estudio Randone, interior de la Muralla Aureliana

Ninguna población la superó en extensión hasta el Londres del siglo XVIII. No era factible amurallarla en su totalidad, por lo que se diseñó un cinturón amurallado de unos 19 kilómetros que protegía las 14 regiones augustas y las estructuras más importantes de la ciudad. Al norte y al sur seguía el antiguo límite aduanero de la ciudad de tiempos de Vespasiano. Un saliente al sur incorporó una parte de la Vía Appia para proteger el Aqua Antonina y el valle del Almo. Así se evitaba que desde allí se pudieran dominar las defensas de la ciudad. Al oeste un saliente protegía el actual Trastevere y el Janículo. El motivo era que en esa zona se encontraban los molinos de grano de la ciudad y que desde el Janículo se podía controlar la Isla Tiberina y sus puentes. En el Este se amplió el antiguo límite aduanero y se protegió una considerable área adicional en la que se encontraban acueductos importantes para Roma. La orilla del río también fue fortificada, incorporando todos los puentes urbanos. Es probable que el mausoleo de Adriano estuviera incorporado a las fortificaciones como cabeza de puente del sistema defensivo de la ciudad.


Mapa del área que protegen las Murallas Aurelianas.

Su construcción exigió un gran esfuerzo de planificación y preparación previa (trazar la línea que debían seguir los muros, aprobar los planos, organizar la mano de obra y los materiales necesarios, etc). Antes de irse a los Balcanes donde debía hacer frente a la invasión goda,  el emperador quería dejar cerrados todos estos aspectos. Solo el trabajo de demolición y de excavación de los cimientos llevó un tiempo considerable. A la muerte del emperador en el 275 los trabajos de construcción aún no estaban acabados. Zósimo nos cuenta que se acabaron bajo el gobierno de Probo( 276-282).

En condiciones normales hubieran sido los propios soldados los encargados de realizar una obra de esta magnitud, sin embargo Aureliano necesitaba a sus soldados para luchar primero en los Balcanes y después en Oriente, así que decidió encomendar la tarea a los gremios de la ciudad que probablemente contarían en su labor con la dirección de un pequeño contingente de expertos y técnicos militares. A cambio, les concedió el privilegio de llevar el nombre de Aureliani en sus títulos oficiales.

El general Belisario ante las murallas de Roma, conquistada a los ostrogodos en el 536. Autor Pavel Simak

Las circunstancias que obligaron a la construcción de estos muros determinaron en gran manera su naturaleza. Debían construirse rápido y con mano de obra esencialmente no militar y al menor coste posible. Los muros debían ser imponentes y funcionales, no ostentosos. Por ello solo en los muros de las puertas principales podemos encontrar algún intento de embellecimiento estético. La principal finalidad con la que se construyeron fue la de proteger a Roma de una invasión germánica dando el tiempo necesario al Imperio para responder y enviar una fuerza de auxilio. No fueron concebidas para resistir el ataque concentrado de un ejército con maquinaria de asedio sofisticada. Los muros tenían una doble función de disuasión tanto física como psicológica. Otro de sus propósitos era el económico. Las murallas sirvieron para mejorar el control aduanero de los productos que entraban y salían de la ciudad limitando en gran medida el contrabando del pasado.

Estructura de las Murallas Aurelianas.

En cuanto a la estructura constructiva de los muros debemos decir que era sencilla. A base de cemento de cal y arena puzolana revestido por dentro y por fuera, con tejas o ladrillos rotos en piezas triangulares colocadas en mortero. A diferencia de las murallas de otras ciudades en las que se utilizó de forma sistemática materiales reciclados, incluso estatuas y columnas de otros edificios, en estas murallas se utilizó material nuevo. Los cimientos tenían 4 metros de ancho y la profundidad variaba en función del terreno. Sostenían unos muros imponentes de 3.6 metros de espesor y 6.1 de altura. El muro contaba con un paseo amurallado de cemento fino y almenas que elevaban la altura final del conjunto a los 8 metros. A cada 30 metros se elevaba una torre, había 381 en total. Caso todas eran rectangulares y tenían 7.6 metros de ancho y sobresalían 3.5 metros del muro del que se elevaban en unos 4.5 metros. Contaban con ventanas que permitían el uso de ballestas que podían disparar en un giro de 90 grados. El acceso a las murallas solo se podía realizar a través de las torres de las puertas, lo que era práctico ya que así se impedía el paso de civiles no autorizados a los muros.


Porta de San Sebastiano que se corresponde con antigua Porta Appia

Las murallas se caracterizan por su simplicidad en el diseño y concepción y por la notable uniformidad aportada por la dirección del proyecto que se vio obligada a utilizar trabajadores que carecían de la experiencia de las unidades militares habituadas a este tipo de trabajos. Esta uniformidad no impidió que algunas estructuras preexistentes fueran incorporadas a las murallas. Son varios los ejemplos que podemos aportar. por ejemplo los muros de contención de los Horti Aciliorum y Horti Sallustiani en el norte. También los muros del campamento pretoriano, el lado de un bloque de viviendas en la pared este con sus ventanas tapadas, el muro sur del anfiteatro castrense con sus arcadas tapiadas y varias tumbas, la más importante de ellas la pirámide de Caius Cestius cerca de Porta Ostiensis. En total una décima parte del circuito contaba con elementos preexistentes a la construcción de las murallas.


Tumba de Caius Cestius en la que se pude apreciar su incorporación a la muralla (derruida en parte para permitir el tráfico).

Uno de los puntos débiles que ofrecían era, en opinión de Procopio que en la orilla del Tíber las murallas estaban desprovistas, casi totalmente de torres defensivas. 

Tipos de puertas de las Murallas Aurelianas.

En cuanto a las entradas, las Murallas Aurelianas originales contaban con 29 puertas de diferentes categorías que podemos dividir en cuatro niveles:

1.- Estaban flanqueadas por dos grandes torres semicirculares. En este nivel se encuentran las cuatro grandes puertas que se correspondían con los cuatro caminos principales que llegaban a la ciudad: Vía Flaminia desde el norte, la Vía Appia desde el sur, Vía Ostiensis en la orilla este y la Vía Portuensis en la orilla oeste.

2.- En este caso se trataban de puertas únicas flanqueadas también por torres circulares. Daban servicio a vías de importancia secundaria como la Vía Salaria, Nomentana, Tiburtina  Latina.

3.- Daban servicio a caminos secundarios. Las puertas consistían en un solo arco entre dos torres del muro cuadradas, espaciadas en el intervalo habitual. Eran poco más que simples poternas aunque algunas de ellas fueron reformadas con posterioridad como la Porta Asiniaria o la Metrobia, ambas en la zona sur.
                                                          La Porta Tiburtina de las murallas aurelianas

4.- Había numerosas puertas, postigos y poternas que en muchos casos daban un servicio privado. La gran mayoría fueron bloqueadas poco tiempo después aunque otras se crearon con posterioridad a la construcción de las murallas. Al menos cinco de ellas se realizaron en el tramo del río para dar servicio a los muelles del Tíber de gran importancia económica para Roma.

Las Murallas Aurelianas a lo largo de la historia.

Las murallas que Aureliano mandó construir fueron evolucionando a lo largo de la historia de la ciudad. Sufrieron sucesivas remodelaciones y refuerzos que modificaron su función inicial y las adaptaron a las necesidades de cada momento.

A principios del siglo IV, solo 30 años después de su finalización, el usurpador Magencio, que preveía que su capital iba a ser asediada por un ejército romano, reforzó todo el circuito. Duplicó la altura de los muros y comenzó a excavar un foso alrededor del recinto, cerro varias puertas secundarias y reforzó la defensa de las restantes. Honorio de la mano de Estilicón, ya en la primera década del V, reforzó de nuevo las murallas y puertas. Doblaron la altura de algunas partes de la muralla y reemplazaron el anterior camino de ronda al descubierto por corredores cubiertos. También se creó un nuevo adarve abierto con almenas, donde se podían colocar las máquinas de guerra. Estas murallas reforzadas aguantaron en el 408 y 409 dos asedios consecutivos de los godos de Alarico. Es cierto que finalmente, en el 410, saquearon la ciudad, pero no fue gracias a que vencieron la resistencia de los defensores de las Murallas Aurelianas, sino a que probablemente sus puertas fueron abiertas desde dentro por unos habitantes desesperados por el hambre.

A lo largo del siglo V y principios del VI. Las murallas fueron reparadas en dos ocasiones jugando un papel importante en las guerras góticas de Justiniano, cuyo general, el gran Belisario las reparó y fortaleció en el 536 y en el 547.

Durante la Edad Media y el Renacimiento fueron mantenidas y ampliadas, principalmente por el papado. Ya en el siglo XIX las fuerzas nacionalistas de Garibaldi resistieron algunos días tras ellas el ataque francés. Afortunadamente, hoy aún podemos disfrutar de la grandiosidad de parte de esos muros levantados por el gran Aureliano, testigos de toda una era.






La brecha de Porta Pia, pintura de Carlo Ademollo.

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sábado, 15 de julio de 2023

VIGILES DE ROMA. LOS PROTECTORES DEL CORAZON DEL IMPERIO.

Octavio, mas tarde conocido como Augusto, fue el gran organizador de las estructuras sobre las que crecerá y se desarrollará el Imperio Romano. Fueron muchos los campos en los que introdujo modificaciones e innovaciones y uno de ellos fué el de la seguridad, protección y planificación urbanística de la ciudad de Roma. Fue el responsable de la creación del cuerpo de los Vigiles, una fuerza de bomberos y policía nocturna encargada de prevenir y combatir los incendios que solían azotar una ciudad cuyos edificios se construían con ladrillos baratos y vigas de madera. 

                                             Vigil romano. IL. Ugo Pinson                                   
 

En ellos se hacinaban numerosas personas siendo los que vivían en los pisos más altos, generalmente las más pobres, los más vulnerables en caso de incendio, mientras que los más acomodados, que habitaban los pisos inferiores, con acceso a agua corriente y una fácil salida corrían mucho menos peligro.

Los incendios, a veces fortuitos pero en otras ocasiones claramente intencionados, fueron una amenaza constante para Roma durante casi toda la Antigüedad, debido a la densidad de su población y a la falta de infraestructuras adecuadas para combatirlos, prevenirlos y controlarlos.

Las insulae, construidas en gran medida con materiales que ardían fácilmente como la madera y el adobe, almacenaban leña en muchos casos, sobre todo en las casas de los pisos de las plantas inferiores, que disponían de cocina. No olvidemos que en la ciudad se encendían a diario miles de fuegos, para cocinar en hornillos, para calentarse, para alumbrarse en hogares, templos, termas, edificios civiles, etc y que era muy fácil que cualquiera de estos pequeños fuegos desencadenara en Roma un desastre difícil de apagar que se llevara la vida de miles de sus habitantes.

Craso hace negocios antes de apagar el incendio.

El poeta Juvenal (Juv. Sat. 3.197-202) en su crítica de la vida en la ciudad nos cuenta en relación a los incendios:

“No, no, debo vivir donde no haya incendios, ni alarmas nocturnas. Ucalegon abajo ya está pidiendo agua a gritos… sale humo de tu ático del tercer piso arriba, pero no sabes nada de eso; porque si la alarma empieza en la planta baja, el último en arder será el que no tenga para resguardarse de la lluvia más que las tejas…”

Los incendios en una ciudad con una relación tan estrecha con el fuego eran numeroso, Rainbird en 1976 escribió que, según sus cálculos,  se producían unos 100 por día, aunque pocos, solo 2 por cien, eran verdaderamente peligrosos.

La creación de los vigiles

La idea no era nueva, ya se le había ocurrido a diferentes personajes como Marco Licinio Craso y  Marco Egnacio Rufo. El primero, era un rico aristócrata que se hizo famoso por acabar con la rebelión de Espartaco (a pesar de que Pompeyo tratara de apropiarse el mérito) y por ser uno de los tres miembros del Primer Triunvirato, junto al mencionado Pompeyo y César. Terminó perdiendo la vida junto a miles de sus legionarios luchando contra los partos en el desastre de Carras( 53 a.C). Craso, con fuertes inversiones inmobiliarias, fundó una brigada antiincendios compuesta por unos 500 hombres, que actuaban sólo si el dueño del edificio en llamas aceptaba venderle su propiedad, ya quemada, a un precio mucho más bajo del real. Autores como Plutarco le acusaban de provocar los fuegos para beneficiarse después.

     Recreación artística de un incendio en Roma. Ralizada por HRA con AI            

Marco Egnacio Rufo, durante su servicio como edil curul, le copió la idea a Craso, pero con el mérito de que el servicio que prestaban sus casi 600 esclavos era público y gratuito. Incendios como el del 23 a.C dejaron de manifiesto la utilidad de este servicio y aumentaron la popularidad de Rufo que pagó con la vida su ambición al tratar de hacerse elegir cónsul sin la aprobación del todopoderoso Augusto que, viendo la popularidad que entre el pueblo tenía este servicio de los vigiles decidió seguir adelante con ella.

Sifona : Reconstrucción moderna de una bomba de agua romana,
Museo Arqueológico Nacional, Madrid.


En el año 6 aC, se fundaron los Vigiles, un cuerpo de bomberos y policía nocturna compuesto inicialmente por esclavos y libertos aunque con el paso del tiempo sus integrantes serán ciudadanos romanos de pleno derecho atraídos por la paga y las ventajas de servir en la capital. Su principal responsabilidad era la prevención y extinción de incendios, así como el mantenimiento del orden público durante la noche. Desde ese cuerpo se les ofrecía facilidades para ingresar en otros cuerpos al servicio de la ciudad o el Emperador como la Guardia Urbana o la Guardia Pretoriana. Su número pasó de los 600 iniciales a los 3.500 hombres

La organización y funcionamiento de los Vigiles:

Los Vigiles fueron organizados en siete cohortes, cada una encargada de la protección de dos de los catorce distritos de la urbs. Cada cohorte formada por unos 500 hombres estaba dirigida por un prefecto. Cada distrito estaba equipado con estaciones de bomberos, ubicadas estratégicamente, que permitían una respuesta rápida y eficiente ante cualquier emergencia relacionada con el fuego. Su lema "Ubi dolor, ubi vigiles" (donde hay dolor, están los vigiles) se podía leer en la fachada de sus estaciones

Plano que muestra la distribución de las cohortes de vigiles en Roma.

Estaban equipadas con material específico como: baldes, esponjas, escobas, hachas, cuerdas, escalas, garfios, esteras, grandes mangueras y bombas(sifona) para echar agua que podían alcanzar hasta los  treinta metros. Incluso disponían de ballestas( un arma de artillería que los vigiles utilizaban para lanzar agua y vinagre contra el fuego, en vez de grandes proyectiles y jabalinas que era para lo que estaban concebidas originalmente. Existían dentro de este cuerpo diferentes niveles de especialización: los aquarii  manejaban las bombas de agua, los siphonarii se ocupaban de empapar mantas con vinagre para ahogar las llamas y los centones iluminaban con antorchas para facilitar el trabajo de sus compañeros. Además, los Vigiles patrullaban las calles durante la noche para prevenir la delincuencia nocturna y llevaban a los detenidos ante el praefectus urbis, encargado de juzgarlos.

Excubitorium (caseta de vigilancia) de la VII Cohorte Vigilum( Wikimedia Commons)

Las Cohortes Vigilum estaban dirigidas por un praefectus vigilum, normalmente un militar experimentado del orden ecuestre al principio y después a veces también del orden senatorial, en cualquier caso y dado el poder que suponía dirigir un cuerpo de este tipo en Roma, siempre era un hombre de la confianza del Emperador que era el que tenía la potestad de nombrarlo o destituirlo. A efectos de organización, el superior inmediato del preafectus vigilum era el praefectus urbi . En varios casos como en la caída del todo poderoso Sejano en tiempos de Tiberio, este cuerpo jugó un papel clave, sobre todo como contrapoder a la Guardia Pretoriana. Septimio Severo integró estas cohortes en el ejército y algunos de sus miembros fueron eximidos del pago de impuestos en agradecimiento a los servicios prestados.

Vigiles del grupo de recreación Legio XI CPF

Su vestimenta, por las lápidas que se conservan, era muy similar al del resto de los militares. Vestían paenula (similar a un poncho con capucha), túnica y espada corta para desenvolverse es sus funciones como guardias nocturnos. Con el tiempo, ya en pleno siglo II, incluso se les encargaron tareas como antidisturbios y policía.

     Relieve de un vigile ataviado con paénula , túnica y espada corta.              

Gracias a su popularidad Claudio decidió "exportar" la idea al importante puerto de Ostia, donde servían como vigiles, en el año 50 alrededor de  setecientos hombres. Muchas otras poblaciones, a instancia de sus ciudadanos más ricos o de los colegios de artesanos y comerciantes, irán creando sus respectivos cuerpos de vigiles que harán de estos lugares, sitios más seguros frente al fuego y la delincuencia.

Augusto no se conformó solo con la creación de los Vigiles, también trató de mejorar la prevención de los incendios mediante la promulgación de normas y reglamentos para el uso de materiales de construcción más resistentes al fuego, así como para la instalación y el correcto mantenimiento de todos los sistemas de agua, como acueductos y cisternas, para abastecer a los bomberos y sobre todo sobre la manera en la que debían construirse esos edificios( insulae): limitando la altura de los bloques de viviendas, aumentando el espacio entre los edificios y el ancho de las calles, etc.. Estas medidas también ayudaron a reducir la frecuencia y la gravedad de los incendios en Roma.

Conclusión

Gracias a los vigiles la Ciudad Eterna pudo enfrentar de manera más efectiva la amenaza constante de los incendios que, de todas maneras, nunca dejaron de ser una amenaza terrible para los romanos no debemos olvidar los devastadores efectos de incendios como el del 64 o el del año 80 que destruyeron una parte muy importante de la Urbs y segó la vida de miles de sus habitantes. Los Vigiles no solo extinguieron el fuego, sino que también trabajaron en la prevención y mantenimiento del orden público. El papel de Octavio Augusto en la creación de esta institución demuestró su preocupación por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos romanos, y su legado perduraría a lo largo de los siglos como un ejemplo de planificación urbana y protección contra incendios.

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BIBLIOGRAFÍA

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Veleyo Paterculo.-- Historia Romana.

Suetonio, P.-- Vida de los doce césares.

Beard, M.--SPQR: Una historia de la antigua Roma.-- CRÍTICA, 2016

Hopkins, Keith.--Conquistadores y esclavos: estudios sociológicos en la historia romana. Edicions 62, 2002

 Sánchez Sanz, A.-- Pretorianos. La élite del ejército Romano.-- Esfera de los Libros, 2017.

https://ancient-history-blog.mq.edu.au/cityOfRome/Vigiles




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