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jueves, 13 de agosto de 2026

AECIO, DE AMIGO DE LOS HUNOS A ENEMIGO DE ATILA. LA HISTORIA DEL ÚLTIMO ROMANO.

Un texto de Federico Romero Díaz

Pocos personajes de la historia del Imperio romano de Occidente encarnan mejor que Flavio Aecio el complejo universo que era el mundo romano en el siglo V. General, político, diplomático y hombre de frontera, Aecio fue durante más de veinte años la principal autoridad militar de Occidente. Pero hay un aspecto de su trayectoria que resulta especialmente revelador: su relación con los bárbaros en general y con los hunos en concreto.

A primera vista parece una paradoja. Aecio pasó buena parte de su vida combatiendo contra los pueblos bárbaros que amenazaban las fronteras del Imperio ( y otra tan importante o más que esa contra sus enemigos y rivales políticos), pero los hunos fueron durante décadas sus aliados más importantes. Gracias a ellos pudo regresar del exilio, recuperar el poder y sostener su posición como generalísimo de Occidente. Y, sin embargo, al final de su vida tuvo que enfrentarse al hombre que encabezaba aquel mismo pueblo: Atila.

La historia de Aecio y los hunos va mucho más allá, del relato de dos enemigos que se encontraron en los Campos Cataláunicos en el 451. Es la historia de una relación de amistad y mutua dependencia que comenzó mucho antes de que Atila fuera el gran rey de los hunos. La alianza con este pueblo se convirtió en el pilar fundamental del éxito de la carrera militar y política de Aecio que siempre supo entenderse con ellos para combatir a sus enemigos, ya fueran romanos o bárbaros. La perdida de la alianza huna, le supuso al ultimo romano el final de su carrera y de su propia vida.

 Un romano entre bárbaros

Aecio nació hacia el año 395 y, desde muy joven, quedó vinculado al mundo bárbaro. Su trayectoria resulta especialmente interesante porque pasó parte de su adolescencia y juventud entre godos y hunos en calidad de rehén.

Aquella experiencia marcaría profundamente su vida y su manera de entender el mundo. Aecio aprendió a hablar tanto la lengua de los godos como la de los hunos. Para un romano de alto rango aquello suponía una ventaja considerable. No se trataba solamente de poder comunicarse con ellos, sino de comprender mejor su mentalidad y los valores que regían a aquellos pueblos guerreros. En las conversaciones diplomáticas podía dirigirse a ellos en su propia lengua, algo que no era habitual entre los altos oficiales romanos y que impresionaba a los bárbaros que siempre que podían le preferían como interlocutor.

Durante su estancia entre los hunos conoció a cuatro príncipes hunos que resultarían fundamentales para su futuro: Ruga, Octhar, Beoidic y Munyuk. Eran jóvenes aproximadamente de su misma edad y Aecio trabó amistad con ellos. Munyuk tiene una importancia especial en esta historia porque era el padre de Rua y de Atila, los reyes del Imperio huno en el apogeo de su poder.

Aecio no fue simplemente un rehén que pasó por la corte huna. Allí aprendió a montar a caballo y a combatir, desarrollando habilidades militares propias de aquellos nómadas. Su contacto con ellos le permitió conocer desde dentro una sociedad que para la inmensa mayoría de la sociedad romana resultaba completamente extraña. Aquellos años en la corte huna fueron una de las claves de su extraordinaria carrera.

Aecio seguía sintiéndose romano. Nunca dejó de serlo. Pero había aprendido algo que muchos otros dirigentes romanos no comprendían: los pueblos que vivían más allá del limes no eran únicamente enemigos a los que había que derrotar. También podían ser aliados, soldados, interlocutores diplomáticos e incluso compañeros de armas en los que apoyarse en las turbulentas aguas de la historia de esa primera mitad del siglo V.

 Ruga, Octhar y la amistad que sostuvo una carrera

Cuando murió Charatón en el 419, los hunos volvieron a dividirse en dos grandes grupos. Uno estaba dirigido por Ruga y se movía entre las orillas del Danubio y del Dniéster; el otro, más importante, estaba asentado en la llanura panónica y era dirigido por Octhar, hermano de Ruga. Aecio había conocido personalmente a ambos. Esta relación adquirió una importancia enorme cuando regresó a la escena política romana.

Tras la muerte de Honorio en 423 se abrió una lucha por el poder en Occidente. Aecio apoyó al usurpador Juan y recibió el encargo de conseguir ayuda de los hunos. Era una misión lógica para alguien que había pasado sus años de juventud entre ellos y que mantenía relaciones personales con sus dirigentes. La cuestión no era simplemente que Aecio supiera dónde encontrar guerreros hunos. Lo importante era que podía recurrir a personas que conocía y que lo conocían a él para reunir un contingente de mercenarios escitas que resultaran decisivos en esta nueva guerra civil de los romanos.


La situación de Juan se deterioró rápidamente. El usurpador fue capturado y ejecutado en 425. Pero tres días después de aquella ejecución, Aecio apareció al frente de un enorme contingente de mercenarios hunos. ES posible que se tratara de un ejército en sesenta mil hombres. Las tropas hunas de Aecio llegaron a enfrentarse con las fuerzas orientales, encabezadas por otros dos destacados bárbaros orientales de origen alano, Ardabur y sus hijo Aspar, que protegían a Gala Placidia y a Valentiniano III. Ninguno de los dos bandos consiguió imponerse y finalmente se llegó a un acuerdo. Los hunos recibieron oro y tierras en Panonia, mientras Aecio fue nombrado magister equitum per Gallias. A partir de ese momento comenzaría su ascenso imparable.

 Los hunos como el gran apoyo de Aecio

Durante las dos décadas siguientes, la relación entre Aecio y los hunos se convirtió en uno de los pilares de la política occidental.

Aecio no solo empleó contingentes hunos contra enemigos externos. También recurrió a ellos en los conflictos internos del propio Imperio. Los hunos eran una fuerza militar disponible y, además, Aecio tenía con ellos unas relaciones personales privilegiadas. En 432 ocurrió algo que demuestra hasta qué punto aquella relación era importante. Aecio se enfrentó a Bonifacio en la batalla de Rímini. Bonifacio venció, aunque resultó herido y murió tres meses después como consecuencia de sus heridas. Aecio pudo retirarse inicialmente a sus propiedades en Italia, pero tras la muerte de Bonifacio tuvo que enfrentarse a un nuevo problema: Sebastián, yerno y sucesor de su antiguo rival, comenzó a perseguirlo. Fue entonces cuando Aecio recurrió nuevamente a sus viejos amigos.

Aecio abandonó su retiro en sus tierras en Italia y huyó hacia los dominios del rey huno Rua. Los hunos no solo lo acogieron: le proporcionaron miles de guerreros. Con aquel ejército pudo regresar a Italia y enfrentarse a Sebastián, que terminó huyendo de Italia. Gala Placidia no tuvo más remedio que llegar a un nuevo entendimiento con un Aecio respaldado por miles de mercenarios hunos. 



A lo largo de los veinte años de predominio político de Aecio, los hunos siempre fueron su gran apoyo. Incluso en el momento más delicado de su carrera, cuando tuvo que exiliarse, fueron ellos quienes le dieron refugio y quienes le proporcionaron el ejército con el que pudo regresar y recuperar el poder. 

Resulta imposible entender al Aecio político y militar sin conocer su amistad con los hunos. No eran un elemento secundario de su estrategia. Eran una de las bases de su poder.

 Los hunos de Aecio contra los enemigos de Roma

La relación tampoco debe entenderse como si Aecio hubiera utilizado a los hunos únicamente para conquistar el poder dentro del Imperio. Durante años también los empleó para defender los intereses de Roma.

En la Galia, por ejemplo, los guerreros hunos auxiliaron a Aecio contra los visigodos rebeldes y contra los burgundios. En 437, precisamente, un contingente huno había participado en la terrible derrota de los burgundios, en la que murió su rey Guntario y alrededor de veinte mil miembros de este pueblo. Los supervivientes pidieron la paz a Aecio y fueron asentados alrededor del lago Ginebra y del alto Ródano, pasando después a comportarse como federados leales a Rávena. La masacre fue tan terrible que dejo una huella imborrable en su memoria colectiva que se refleja en manifestaciones culturales como el célebre Cantar de los nibelungos.

La paradoja es evidente: los mismos hunos que aterrorizaban a otros pueblos podían convertirse en una terrible espada al servicio de Roma. Aquello era posible, en buena medida, porque el generalísimo entendía a los bárbaros de una forma diferente. Su experiencia personal le había enseñado que el mundo situado más allá del limes no era simplemente un bloque enemigo. Había pueblos enfrentados entre sí, dirigentes que buscaban alianzas, guerreros dispuestos a combatir por Roma y grupos que podían convertirse en enemigos si cambiaban las circunstancias. Aecio sabía moverse en ese mundo.

Y durante mucho tiempo los hunos estuvieron de su lado.

Cuando los amigos de Aecio se convirtieron en los señores de la estepa

 los años no pasan en valde y la generación de Ruga y Octhar fue desapareciendo. Octhar murió hacia el 432. Ruga quedó entonces al frente de la mayoría de los hunos occidentales, aunque en torno al final del 435 también murió.Fue entonces cuando apareció en primer plano una nueva generación. Los sucesores fueron sus sobrinos Bleda y Atila, hijos de Munyuk, uno de los príncipes amigos de Aecio durante sus años como rehén. 



Este detalle resulta fundamental para comprender la relación posterior entre Aecio y Atila. Atila no era un completo desconocido para el generalísimo romano. Era el hijo de uno de aquellos príncipes hunos con los que el romano había convivido y combatido durante su juventud. Pero la relación personal que Aecio había construido pertenecía fundamentalmente a la generación anterior. El mundo había cambiado: Ruga y Octhar habían desaparecido y ahora gobernaban Bleda y Atila.Y con ellos el poder huno alcanzaría unas dimensiones desconocidas hasta entonces.



 Aecio y Atila: una alianza todavía posible

Durante los primeros años del gobierno conjunto de Bleda y Atila, la relación con Aecio siguió siendo positiva. Mientras los hunos presionaban con enorme dureza al Imperio de Oriente, en Occidente la situación era diferente. Entre 435 y 440, guerreros hunos continuaron auxiliando a Aecio en sus campañas contra visigodos y burgundios. La alianza no había desaparecido. De hecho, en 443 se produjo un nuevo pacto entre Aecio y Atila que recibió una parte de Panonia y fue nombrado honoríficamente *magister militum*. Es curioso ver como alguien que ha pasado a la historia como el gran enemigo de Roma, fuera en su tiempo honrado por los romanos de esta manera. Roma envió además personal administrativo a su corte y el hijo mayor de Aecio, Carpilio, fue enviado como rehén. El generalísimo romano tenía a su hijo en la corte del hombre que, pocos años después, se convertiría en el mayor enemigo militar de Occidente.

La relación entre ambos mundos todavía podía funcionar. Atila podía ser aliado de Roma. Pero las circunstancias estaban cambiando rápidamente y Atila tenía otros planes para el mundo.

Atila, señor único.

En 444 Atila pasó a controlar en solitario el poder huno después de asesinar a su hermano Bleda en el 445. Ambos ya habían mantenido diferencias, en especial en el enfoque de la política exterior del Imperio huno con respecto al trato que había que dar a los romanos.

A partir de entonces, Atila se convirtió en el señor único de un enorme imperio. Durante los años siguientes consolidó sus dominios y extendió su autoridad sobre un territorio inmenso. El problema fundamental era que cuanto mayor era su poder, más guerreros tenía que mantener y, por tanto, mayor era su necesidad de obtener riquezas mediante tributos y saqueos. El cambio de Atila afectó primero al rico Imperio de Oriente. Pero finalmente acabaría alcanzando también a Occidente.

Y aquí se encuentra el punto de ruptura de la relación entre Aecio y los hunos.

 De aliado al enemigo

Hasta alrededor del año 450, los hunos habían sido un apoyo fundamental para Aecio. Pero entonces se produjo el giro.

La llegada de Marciano, un halcón militar partidario de la mano dura, al trono de Constantinopla y su decisión de abandonar la política de concesiones a los hunos modificaron el equilibrio. Atila comenzó a buscar nuevas vías de enriquecimiento de los hunos y Occidente era más débil que Oriente, casi 30 años de colaboración de los hunos con Roma iban a ver su final. La petición de ayuda de Honoria, hermana de Valentiniano III, proporcionó una excusa para dirigir sus ataques hacia Occidente. A partir de ese momento, la relación entre Aecio y el mundo huno quedó definitivamente rota. Los antiguos aliados se convirtieron en enemigos. Aecio tuvo que enfrentarse a un hombre que representaba una nueva generación de aquel mismo pueblo con el que había compartido su juventud.

 Atila entra en la Galia

En 451 Atila invadió la Galia y arrasó numerosas ciudades. Su objetivo era Orleans, que fue sitiada. Controlar ese nudo de comunicaciones suponía interponerse entre los romanos y sus aliados los visigodos de Tolosa. Aecio tuvo que reunir las fuerzas disponibles y buscar aliados. Y aquí se produjo otra de las grandes paradojas de su carrera: para combatir a los hunos tuvo que apoyarse en otros pueblos bárbaros. Los visigodos, que comprendieron que bajo Atila solo les esperaba sometimiento, al igual que a sus hermanos ostrogodos, se unieron a él.

Godos y romanos marcharon juntos contra Atila, levantaron el asedio de Orleans y comenzaron a perseguir al ejército huno en su retirada hacia el este. La antigua lógica de Roma contra los bárbaros había quedado superada por una realidad mucho más compleja.

Aecio era romano. Sus enemigos eran los hunos. Pero parte de su ejército estaba formado por godos. Y durante años los hunos habían formado parte de sus propias fuerzas. Así de complejo era el mundo de la Antigüedad tardía.

Los Campos Cataláunicos

Finalmente, Atila, tras fracasar en el asedio de Orleans, perseguido por las tropas romanas y godas,  tuvo que detener su retirada y volverse a pelear.

El ejército huno había sido derrotado, perseguido y estaba agotado. Era algo a lo que los hunos no estaban demasiado acostumbrados. Aecio, para enfrentarse a los hunos y a los contingentes aportados por los pueblos que habían sometido( ostrogodos, alanos, sármatas, francos rupiarios, etc) reunió a su vez un ejército muy variado étnicamente( godos, britanos, sajones, francos salios, etc). En esta batalla prácticamente todos los pueblos vecinos del mundo romano( tal vez exceptuando a los vándalos tuvieron su representación). La batalla de los Campos Cataláunicos tuvo lugar en junio del 451.

El propio relato de la obra muestra a Atila en una situación difícil. El ejército romano lo perseguía y el terreno elegido era adecuado para la caballería huna, pero los guerreros estaban cansados y habían sufrido pérdidas. La batalla terminó con la derrota de Atila. Pero Aecio no destruyó al ejército huno. Atila consiguió retirarse con el beneplácito de Aecio que tal vez, pensaba que los hunos podían volver a la sensatez de la tradicional alianza con el Imperio romano de Occidente. Un error que Aecio acabó pagando con su vida y que muchos romanos del norte de Italia pagarían con su vida al año siguiente, cuando Atila arrasó esta rica región.


¿Por qué no acabó Aecio con Atila?

La victoria de los Campos Cataláunicos supuso la cima de la gloria de Aecio, pero también como el principio de su fin. La amenaza huna no desapareció. Como hemos dicho, en 452 Atila volvió a invadir Italia y saqueó Milán. Por fortuna,  el ejército huno estaba debilitado por el acoso de las fuerzas romanas, las enfermedades y la falta de provisiones. Finalmente se retiró de Italia después de su entrevista con el papa León. Aecio había conseguido contener  de nuevo al que había sido su aliado. Pero el coste había sido enorme.

Los senadores romanos, especialmente los más ricos, comenzaron a responsabilizarle de los daños provocados por la invasión huna de Italia. El esfuerzo de las campañas había agravado las dificultades económicas del Imperio y el gobierno necesitaba aumentar los impuestos y el reclutamiento. Sin embargo, los senadores se resistían a aportar los recursos necesarios que el Imperio que les había hecho inmensamente ricos y privilegiados necesitaba para sobrevivir.Así, Aecio se encontró atrapado en una situación paradójica. Durante años había utilizado a los hunos para defender el Imperio. Ahora había tenido que luchar contra ellos. Y los daños producidos por aquella guerra terminaron siendo utilizados políticamente contra él.

El hijo de Aecio en la corte de Atila

Hay un detalle que resume mejor que ningún otro la extraordinaria complejidad de aquella relación. Carpilio, hijo de Aecio, había sido enviado como rehén a la corte de Atila en el marco del acuerdo del 443.

Después de la muerte de Atila, en 453, los acuerdos que este había establecido con los distintos pueblos quedaron anulados y los rehenes regresaron a sus hogares. Entre ellos estaba Carpilio. También regresaron los funcionarios romanos que habían sido enviados a la corte de Atila para ayudar a organizar administrativamente su imperio. Es decir, mientras Aecio se había convertido en el hombre encargado de defender Occidente contra Atila, su propio hijo había permanecido vinculado al mundo huno.

La frontera entre Roma y el mundo bárbaro era mucho más permeable de lo que la imagen tradicional de dos mundos enfrentados podría hacernos pensar.

Aecio había vivido entre los hunos. Había aprendido su lengua. Había aprendido a combatir como ellos. Había sido amigo de sus príncipes. Había regresado del exilio gracias a ellos. Había empleado guerreros hunos para defender Roma. Había pactado con Atila. Había enviado a su hijo a su corte. Y finalmente había tenido que enfrentarse a él en el campo de batalla.

Oficial romano inspeccionando las bajas tras una batalla durante el Bajo Imperio. Autor A. McBride

 La muerte de Atila y el final de la amenaza

Atila murió en 453, durante su noche de bodas. Su muerte supuso un enorme alivio para Occidente. El imperio que había construido comenzó a desintegrarse rápidamente a causa de las luchas entre sus hijos y de las rebeliones de los pueblos sometidos. En 454, los gépidos derrotaron a los hunos en la batalla de Nedao y dejaron de ser sus vasallos.  Y aquí se produjo una última paradoja. Cuando Atila desapareció, Aecio ya no tenía a su gran enemigo.

Pero tampoco tenía ya el mundo huno que durante veinte años había constituido una de las principales bases de su poder. Después de la victoria de los Campos Cataláunicos, de la retirada de Atila de Italia y de la muerte del rey huno, Aecio estaba políticamente muy debilitado. Los hunos habían sido su gran apoyo durante veinte años; ahora la amenaza que justificaba buena parte de su posición había desaparecido. Los miopes senadores se preguntaban ¿ Y sin la amenaza huna de qué nos sirve Aecio?

El último romano

El generalísimo siempre había teniodo enemigos dentro de la corte, entre los senadores y dentro de la propia familia imperial. Valentiniano III estaba decidido a recuperar el poder personal que durante tantos años había ejercido de hecho Aecio en su nombre. El matrimonio proyectado entre Placidia, hija del emperador, y Gaudencio, hijo de Aecio, había aumentado todavía más los temores de quienes veían en el generalísimo una amenaza para la autoridad imperial. 

Aecio contaba con numerosos bucellarii, miembros de su guardia privada, hunos y godos fundamentalmente, además del respaldo del ejército. Por eso sus enemigos comprendieron que no podían eliminarlo fuera del palacio. Fue convocado por Valentiniano III para hablar de cuestiones relacionadas con los ingresos del Estado. Allí fue asesinado.

El emperador se lanzó contra él con un puñal y Heraclio hizo lo mismo. Aecio murió prácticamente sin posibilidad de defenderse. Su cuerpo fue exhibido posteriormente mientras Valentiniano III denunciaba ante el Senado al generalísimo y a sus partidarios. 

Era septiembre del 454. Poco más de un año después, el propio Valentiniano III moriría asesinado por Optila y Trasutila, antiguos guardianes de Aecio que castigaban así al asesino de su señor. El Occidente romano entraría en una nueva fase.

Después de Aecio

La importancia de Aecio y la escasa visión política de sus asesinos, se comprende todavía mejor al observar lo que sucedió después de su muerte. En septiembre del 454, la Galia estaba de nuevo bajo control, Hispania había sido pacificada, los vándalos mantenían una relación de alianza con Rávena y el Imperio huno se encontraba dividido por una guerra civil. El futuro de Occidente podía parecer, por tanto, relativamente prometedor. Pero todo cambió en pocos meses. Aecio había conseguido mantener a los diferentes pueblos bárbaros sujetos a la autoridad del emperador. Después de su muerte, esa capacidad desapareció.

Godos y vándalos comenzaron a ampliar sus territorios a costa del Imperio. En 455, Genserico llegó incluso a saquear a conciencia Roma y a llevarse incluso como rehenes a miembros de la familia imperial. Con Aecio muerte, ¿Quién habría podido impedir aquello sucediera? 

Genserico después de saquear Roma en el 455 se lleva consigo a Eudoxia, la viuda del emperador Valentiniano III, y a sus hijas. G. Rava

Muchos de los hombres que protagonizarían los acontecimientos posteriores se formaron bajo su mando. Algunos eran romanos y otros tenían origen bárbaro. Entre ellos estaban Egidio, Ricimero, Mayoriano, Avito, Merobaudes o Segisvulto.

Una amistad que terminó en guerra

La relación entre Aecio y los hunos permite entender mejor que ninguna otra historia la complejidad del siglo V. Aecio no fue un romano que simplemente se enfrentó a los hunos. Fue mucho más que eso. Fue un joven romano que vivió entre ellos y aprendió su lengua y sus costumbres. Fue amigo de Ruga, Octhar, Beodic y Munyuk. Aprendió a montar y a luchar entre ellos. Mantuvo después relaciones con sus sucesores y encontró en los hunos refugio cuando perdió una guerra civil contra Bonifacio. Volvió a Occidente al frente de un ejército huno y gracias a ellos, recuperó su posición.

Durante años, aquellos guerreros lucharon a su lado contra godos, burgundios, francos y otros enemigos de Roma. Después, el mundo cambió. Ruga y Octhar murieron. La generación de Aecio desapareció. Munyuk había dejado paso a sus hijos. Bleda y Atila unificaron a todos los hunos de Europa bajo su mando y construyeron un poder mucho mayo que Atila decidió finalmente utilizar contra Occidente.

Entonces el hombre que había aprendido a hablar con los hunos tuvo que levantar un ejército para detenerlos. En los Campos Cataláunicos, Aecio derrotó a Atila.

Pero aquella victoria no fue el final de la historia. Atila sobrevivió, invadió Italia al año siguiente y solo su muerte en 453 permitió que el peligro huno desapareciera rápidamente. Aecio, por su parte, moriría asesinado en 454. Y quizá ahí se encuentre la clave de la figura de Aecio. Su grandeza no reside únicamente en haber derrotado a Atila. Tampoco en haber sido durante veinte años el hombre más poderoso del ejército romano de Occidente. Está en haber entendido su mundo mejor que muchos de sus contemporáneos romanos, demasiado apegados al discurso de contrarios romano-bárbaro que a esas alturas de la historia no se correspondía con la realidad.

Aecio sabía que Roma y los bárbaros no eran dos realidades completamente separadas. Sabía que un huno podía ser enemigo, pero también aliado. Sabía que un godo podía combatir contra Roma y, poco después, luchar en sus filas. Sabía que los mismos hombres que habían nacido más allá del limes podían convertirse en soldados del Imperio y defenderlo.


Y los hunos fueron el mejor ejemplo de esa forma de entender la política. Fueron sus amigos, sus soldados, su refugio, la base de su poder y finalmente fueron sus enemigos.

Aecio, formado entre ellos, terminó enfrentándose a Atila, el hijo del hombre con el que había compartido su juventud. Esa extraordinaria transformación resume, en buena medida, el mundo cambiante y mestizo del siglo V ,porque Aecio fue romano hasta el fina aunque para defender Roma tuvo que aprender a comprender a aquellos que vivían más allá de ella.

Aecio fue , más que él último romano, fue el último gran estratega romano de Occidente. 

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martes, 1 de julio de 2025

LA SEÑORA DEL MUNDO. GALA PLACIDIA, REINA DE GODOS Y AUGUSTA DE ROMANOS.

 Gala Placidia fue una de las figuras más extraordinarias y decisivas de la Antigüedad Tardía. Reina de godos, hija, hermana, esposa y madre de emperadores, vivió en carne propia el colapso del Imperio romano de Occidente y trató de ejercer y conservar el poder de su familia con inteligencia y firmeza en medio de un mundo sumido en el caos. Su vida, marcada por cautiverios, alianzas con reyes bárbaros, exilios y conspiraciones palaciegas, refleja como pocas un mundo agitado, la antigüedad tardía. Fue una mujer culta, política hábil, regente eficaz y mecenas activa de la Roma cristiana que nunca se conformó con adoptar un papel secundario en el juego del poder, muy al contrario trató de moldear su mundo a la medidas de su proyecto político. En una época dominada por señores de la guerra y emperadores, Gala Placidia se convirtió en la figura clave del gobierno imperial en Occidente durante más de dos décadas. Su legado perdura como símbolo de resistencia, adaptación y poder femenino en uno de los periodos clave de la historia de Europa.

IMAGEN DE GALA PLACIDIA EXTRAIDA DE REINAS Y REBELDES II 2022 Nº 039( RBA)

Infancia y formación: una princesa valentiniano-teodosiana.

Gala Placidia nació hacia el año 390 en Constantinopla, fruto del segundo matrimonio del emperador Teodosio I con Gala, hija del emperador Valentiniano I y Justina. Fue por tanto medio hermana de Arcadio (emperador de Oriente) y de Honorio (emperador de Occidente), y miembro destacado de la dinastía Valentiniano-Teodosiana. Tras la muerte de Teodosio en el 395, Gala fue enviada a Roma, donde al igual que su hermano Honorio, se estableció bajo la tutela de su tía Serena, esposa del generalísimo de Occidente, Estilicón. Serena actuó como madre adoptiva, pero la relación entre ambas, a juzgar por los hechos posteriores, fue distante. 

Estilicón en la batalla de Pollentia. Obra da Jacopo da Aurocastro

 La caída de Roma y la captura por Alarico.

Tras el asesinato de Estilicón en el 408, fruto de una conspiración palaciega que apoyó Honorio. En las ciudades del norte de Italia tuvo lugar una auténtica masacre entre las familias de los bárbaros que habían servido con lealtad al magister militum in praesentis de Occidente. Los supervivientes se unieron al godo Alarico en su empeño de sitiar Roma, que fue asediada en tres ocasiones por Alarico: en el 408, en el 409 y en el 410. Dentro del Senado surgió la idea de calmar al pueblo con la vida de un blanco fácil en ese momento: Serena, viuda de Estilicón y sobrina de Teodosio que fue acusada de connivencia con los sitiadores. La presencia de la hermana de Honorio, Gala Placidia dentro de los muros de la ciudad dio una apariencia de legalidad a lo decidido por el Senado que, ante la pasividad de Gala Placidia, decretó la muerte de Serena por el delito de alta traición.


                 Posible representación de Serena
                 a partir de AI.   
                   

En agosto del año 410, Roma fue saqueada por las tropas visigodas de Alarico, tras otros dos asedios y varios fracasos diplomáticos. Gala Placidia, que no huyó de la ciudad a tiempo, fue tomada como rehén, depende de la fuente en el 409 o en el 410. El saqueo marcó un punto de inflexión simbólico: la ciudad eterna caía ante un ejército bárbaro, y la princesa, símbolo viviente del Imperio, se convertía en prisionera de guerra.

Durante tres años, Gala, junto a otros nobles romanos, acompañó en calidad de rehén, a los visigodos en su migración por Italia, Galia e Hispania. Asistió a la muerte de Alarico en el sur de Italia, a su enterramiento en el lecho del río Busento y a la elección de su sucesor, Ataulfo, cuñado del anterior y figura clave en la política de su pueblo. Casi todos los historiadores y las fuentes coinciden en que pudo haber amor entre Gala y Ataulfo, A esas alturas de la historia las romanas de la aristocracia no tenían reparo en contraer matrimonio con bárbaros. Ataulfo era según las fuentes, un hombre apuesto y de buen carácter que supo entenderse con su esposa con la que trató de llevar a cabo un proyecto político que pudo haber cambiado su mundo si hubiera llegado a conseguir la unión del mundo bárbaro y el godo. La condición de rehén de Gala cambió progresivamente: de prisionera pasó a convertirse en figura diplomática y luego en esposa del nuevo rey visigodo con el que concibió a Teodosio II, el bebé que de haber llegado a adulto hubiera, probablemente gobernado sobre todo Occidente.

Olimpiodoro (Frag. 25-29), cercano a los hecho, pone el peso de la decisión en Ataúlfo aunque ninguna fuente recoge rebeldía u oposición por parte de Gala al enlace. Al contrario Orosio (VII, 46,5-6) habla de la armonía de la relación entre ambos y de la ayuda que Gala ofrecía a Ataúlfo. Jordanes en el pasaje antes citado califica además el matrimonio de legal (consensum) ya desde cuando se celebró la unión —se supone carnal y posiblemente mediante una ceremonia goda— en Forum Iulii (Forli, en la Emilia) ya en el 411.

Olimpiodoro deja constancia de una ceremonia posterior en Narbona, no solo legal y acorde con el rito romano, sino con el boato y los requisitos de un matrimonio imperial, en la que tuvo un papel primordial Candidiano, uno de los soportes familiares de Gala Placidia y el general que algunos años después le iba a facilitar el acceso al trono. Con la ayuda y el consejo de Candidiano, Ataúlfo se casó con Placidia. Tenemos una descripción muy detallada del enlace que tuvo lugar en Narbona, al inicio de enero, en casa de un tal Ingenio, notable de la ciudad. Allí Placidia fue conducida a una estancia nupcial adornada a la moda romana y con ornamentos imperiales. Ataúlfo sentado al lado de ella con un manto y otros vestidos de tipo romano. Ataúlfo presentó cincuenta jóvenes vestidos de seda, algunos llevaban en la mano dos grandes fuentes, una llena de oro, la otra de piedras preciosas y por mejor decir, sin precio, fruto del saqueo de Roma. El matrimonio se llevó a cabo con la participación en la fiesta de bárbaros y romanos juntos. La ceremonia de Narbona se organizó para sancionar una primera unión y después del largo recorrido de la formación de romanos y godos por la Galia buscando un lugar para vivir no exento de episodios violentos en ciudades como Burdigala y Massalia que se les resistieron. El matrimonio legalizaba lo que era obvio para todos, al parecer incluso Placidia había curado las heridas de Ataúlfo tras el asedio de Marsella.

Además, por esas mismas fuentes podemos deducir que durante los años de su matrimonio Gala jugó un importante papel como consejera de Ataulfo que al parecer y según nos cuenta Jordanes era:

“famoso por su inteligencia y su belleza, pues, aunque no era de gran estatura, se distinguía por la belleza de su cuerpo y de su rostro” 

Emma Southom (2024), p 358).


En cierto modo la unión de un rey godo y una princesa imperial era algo revolucionario ya que unía a dos mundos en un matrimonio que no podía ser aceptado por los más tradicionalistas de ambos ámbitos. Lo que nos debe quedar claro es que este enlace tuvo un fuerte impacto en la opinión pública, si es que de algo así podemos hablar en la Roma del siglo V. Orosio supo ver este aspecto político del enlace y lo describe así:

“...Placidia, hija del emperador Teodosio y hermana de los emperadores Arcadio y Honorio, fue capturada y desposada por Ataulfo, pariente de Alarico; unida de esta forma en influyente matrimonio con el rey bárbaro fue de mucha utilidad al estado dando la impresión de que Roma, por decisión divina, había entregado a esta como rehén en una especie de garantía particular.”

Orosio, Historia contra los paganos, VII 40, 2.

Este matrimonio tuvo un enorme impacto simbólico: por primera vez una princesa teodosiana se unía a un rey germánico. El historiador Orosio interpretó el hecho como un designio divino: Roma entregaba a Gala como rehén de paz a los godos. Sin embargo, la corte de Rávena, encabezada por Honorio y su nuevo hombre de confianza y generalísimo de Occidente, Constancio, rechazó reconocer la validez de la unión. Constancio, además, deseaba casarse con Gala y bloqueó a los visigodos, obligándolos a moverse hacia Hispania.

El amor entre Ataulfo y Gala dio fruto en Barcino (Barcelona), en 415, Gala dio a luz a un hijo llamado Teodosio, como su abuelo, bautizado en Pascua. Su nombre indicaba la voluntad de fundir la herencia goda e imperial, algo que de haberse llevado a buen término habría cambiado su mundo. Pero el niño murió meses después, y poco tiempo después Ataulfo fue asesinado en una conspiración interna liderada por seguidores de Sigerico, del linaje de los rosomones, rivales de Alarico y Ataulfo.

Asesinato de Ataulfo ( grabado del S.XIX coloreado por A.I)

Humillación y regreso a Roma

El sucesor inmediato, Sigerico, hermano de Saro, asesinó a la familia de Ataulfo y humilló a Gala públicamente, obligándola a desfilar a pie delante de su caballo como botín de guerra. Fue derrocado a los pocos días por la facción de Ataulfo, ahora encabezada por Walia, quien firmó un tratado con Roma: los visigodos recibirían alimentos y tierras en Hispania a cambio de liberar a Gala y convertirse en federados del Imperio.

Gala regresó a Rávena escoltada por una nutrida guardia goda que actuó como su escolta personal, repitiendo el precedente de Justina, madre de Valentiniano II. Sin embargo, apenas un año después de su vuelta y tras seis años de vivir entre los visigodos, fue forzada a casarse con el general Constancio, que ya había recibido los máximos honores militares y políticos del Imperio convirtiéndose en el brazo armado del emperador Honorio. 

De Augusta a exiliada: la pugna con Honorio

Con Constancio, Gala tuvo dos hijos: Justa Grata Honoria y Valentiniano. En 421, Honorio elevó a Constancio a co-emperador, y Gala recibió el título de Augusta. Pero Constancio, que descubrió que ser emperador no le gustaba nada, murió apenas siete meses después. Entonces, las relaciones entre Honorio y su hermana se deterioraron drásticamente, algunas de las fuentes nos hablan de un comportamiento indecoroso y de cierta obsesión de Honorio hacia su hermana. Puede que en realidad fuera una cuestión política ya que Gala encabezaba una facción política diferente a la de Castino, el hombre de confianza de Honorio. Gala acabó exiliándose en Constantinopla con sus hijos.

Los favoritos del emperador Honorio de J.W.Waterhouse 1883.

En Constantinopla entabló una estrecha relación con su sobrino Teodosio II y con su esposa Pulqueria. Tras la muerte de Honorio en 423, el poder en Occidente fue usurpado por el funcionario Juan. Gala y su hijo fueron reconocidos como herederos legítimos por Teodosio II, que envió un ejército al mando de Ardabur y Aspar para restaurar la autoridad imperial.

En julio del 425, el usurpador Juan fue capturado en Aquilea, Juan fue hecho prisionero y llevado a Aquilea donde fue arrojado a los pies de Gala Placidia y su hijo. Juan sufrió un tormento que hasta ahora no se había visto nunca en la ejecución de un usurpador. Lo llevaron al circo de la ciudad y le amputaron la mano derecha. Y así mutilado, fue desnudado, subido a un asno y paseado por la arena en medio de las burlas y el escarnio de los actores, mimos y el público. Finalmente fue decapitado. (Procopio de Cesarea. Historia de las guerras. III 3.9). Curiosamente Castino, que había prestado apoyo encubierto al usurpador, salvó la vida conformándose Gala con enviarle al exilio.

Aecio, que había acudido en apoyo del usurpador con 60.000 hunos llegó tarde. Tras algunos enfrentamientos  con las fuerzas orientales capitaneadas por los bárbaros imperiales de origen alano Ardabur y su hijo Aspar para respaldar a Valentiniano III, sin un vencedor claro, se llegó a un acuerdo y Aecio fue integrado en el sistema con el cargo de magister equitum per Gallias y sus mercenarios hunos fueron recompensados con tierras y dinero.

 Regencia de Gala Placidia: poder y conflictos

Desde 425 hasta 437, Gala gobernó como regente de su hijo Valentiniano III. Su gobierno se centró en restaurar la autoridad imperial, reconstruir Roma, fortalecer Rávena y consolidar su poder frente a los grandes generales. Recobró la vieja tradición de que su hijo se proclamara emperador en las calles de una Roma recuperada del saqueo godo y restaurada con su dinero Favoreció especialmente a la Iglesia y a la aristocracia senatorial romana convirtiéndose en protectora de sus privilegios frente a los intentos de implicarlos económicamente en la hacienda del estado que realizaba Aecio.

Sus principales rivales fueron Bonifacio, Félix y Flavio Aecio. Gala intentó contrapesarlos enfrentándolos entre sí, en una táctica que, aunque efectiva a corto plazo, debilitó el control imperial a largo plazo. Bonifacio fue rehabilitado tras una serie de malentendidos, pero la falta de coordinación entre generales permitió la entrada de los vándalos en África en 429.

El papel de Gala no solo fue político. Se convirtió en defensora del cristianismo teniendo un papel brillante como mecenas, aunque también como mediadora en diferentes conflictos religiosos. Rávena, sede de la corte, fue reforzada con sus espléndidas murallas valentinianas. Allí se construyó por iniciativa de la augusta. Mandó edificar la iglesia de la Santa Cruz de la que queda la sala conocida( incorrectamente) como el Mausoleo de Gala Placidia que cuenta con unos mosaicos vitreos impresionantes y la de San Juan Evangelista. También hizo construir en Rávena consagrada a San Esteban En Roma, Gala impulsó la construcción de iglesias como San Juan Evangelista y San Pablo Extramuros. Su mecenazgo cultural y religioso fortaleció el prestigio de la dinastía teodosiana. En el 437 su hijo Valentiniano III se casa con la hija de Teodosio II y finaliza la regencia de Gala, aunque continuó siendo una figura importante en el gobierno de Occidente.

Salida matutina de la reina bizantina a las tumbas de sus antepasados . V.S. Smirnov , 1890

Últimos años: crisis familiar y muerte.

Poco antes de su muerte, Gala enfrentó una nueva crisis familiar en el 449: su hija Honoria, nombrada Augusta, quedó embarazada tras una relación con su chambelán Eugenio. Para evitar el escándalo, se intentó casarla con un senador, pero Honoria —fiel a la tradición de mujeres teodosianas decididas— recurrió a Atila, el rey de los hunos. Le envió su anillo como señal de alianza, lo que Atila interpretó como una petición de matrimonio. Este hecho provocó la invasión de Italia y la batalla de los Campos Cataláunicos, solo la intervención de Gala pudo evitar que su hijo Valentiniano condenara a muerte a Honoria.


Colina Vaticana y la antigua Basílica de San Pedro, en Roma. Il. de las Crónicas de Nuremberg (1490). La gran estructura abovedada con ventanas a la izquierda representa el Mausoleo de Honorio.

Gala Placidia murió en 450 mientras dormía. Poco antes había mandado exhumar el cadáver de su pequeño hijo, el que concibió con Ataulfo, Teodosio en la basílica de Barcelona para que fuera enterrado en la Basílica de san Pedro de Roma, posiblemente porque pensaba que así podría su bebé llegar al cielo con más facilidad. Tras ella, nadie se dedicó a la Roma con el mismo empeño, ninguno vivió en ella voluntariamente, ni murió pacíficamente entre sus muros, ni la convirtió en el lugar donde el emperador debía ser coronado. Con Gala Placidia muere la ultima gran valedora de la ciudad de Roma.

Con ella desapareció la última gran figura femenina del linaje teodosiano. Había sido rehén, reina, emperatriz, exiliada, madre del emperador y gobernante efectiva durante más de una década. Pocas figuras del siglo V conjugaron tan intensamente la política imperial con la frontera bárbara. Reina de bárbaros, augusta de romanos, señora del mundo.

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miércoles, 11 de junio de 2025

¿DE REHÉN A SALVADOR? CRONOLOGÍA DEL ASCENSO Y CAIDA DE FLAVIO AECIO, EL ULTIMO ROMANO.

Introducción

Flavio Aecio (c. 391 o 395 - 454 d.C.) fue una figura crucial en la defensa del Imperio Romano de Occidente durante el siglo V, un período marcado por invasiones bárbaras y una profunda inestabilidad política. Desde sus primeros años como rehén entre godos y hunos, Aecio adquirió un conocimiento invaluable de las tácticas y culturas de estos pueblos, lo que más tarde le permitió forjar alianzas y enfrentarse a ellos eficazmente, siendo esa, una de las claves de su éxito político. Su carrera lo llevó a ascender hasta convertirse en el generalísimo de Occidente, el poder detrás del trono, defendiendo el Imperio de amenazas internas y externas. Aquí vamos a explorar su trayectoria, sus logros militares y el impacto de su liderazgo en la frágil situación de Roma, ofreciendo una detallada cronología( totalmente discutible en algunos años) de su vida. Aunque antes vamos a hablar de sus orígenes.

Aecio en la batalla de los Campos Cataláunicos, Agnus MC Bridge


Familia y orígenes de Aecio

Muchos historiadores sitúan el origen de Aecio en Durostorum (Silistra, Bulgaria) a orillas del Danubio, en Moesia Secunda hacia el 391, (Jordanes, Gética 176) ya que en el 405 se le describe como “un joven adolescente”. Es más probable que su fecha real de nacimiento sea el 395 y que este ocurriera en Italia. Su padre se llamaba Gaudencio y era miembro de una de las principales familias de la región. Poco se sabe de él. Probablemente fue un militar de alto rango en el ejército oriental, fiel a la familia de Teodosio a quien sirvió en la batalla del Frígido en el 394 y que luchó junto a Estilicón y Flavio Constancio en los años posteriores.



Gaudencio, tras la muerte* c. 391:  de Teodosio, se trasladó al Oeste a las órdenes de Estilicón para servir al nuevo augusto de Occidente, Honorio. Gracias a su elevada posición, pudo contraer matrimonio con una mujer rica de la nobleza romana poseedora de grandes fincas en Italia. Con ella engendró a Flavio Aecio. Por desgracia, eso es lo único que sabemos sobre los orígenes de Aecio.


Tras su servicio en Oriente, Gaudencio probablemente comenzó en el ejército occidental como protector domesticus o guardia personal del emperador, aunque poco después del aplastamiento de la rebelión africana de Gildo (397-398), se le otorgó el puesto de comes Africae. Realizó su labor de manera excelente y volvió a convertir a África en el sostén económico de Occidente. Tras el asesinato de Estilicón, la carrera de Gaudencio no se resintió. Se benefició del favor de su antiguo compañero de armas Flavio Constancio. De hecho se mantuvo como magister equitum per Gallias entre el 404 al 425. En ese cargo permaneció hasta su asesinato en un motín que se produjo en Arelate en el contexto de la usurpación de Juan, del que Gaudencio y su hijo Aecio eran partidarios.

CRONOLOGÍA DE AETIUS.

 c. 390s - 400s: Durante su infancia, Aecio se formó en la corte imperial dentro de los


una unidad militar de élite que servía como guardia personal del emperador y también desempeñaba funciones administrativas.


 405: Siendo aún joven, su linaje y la posición de su padre como magister equitum per Gallias facilitaron que Aecio fuera enviado como rehén a los godos liderados por Alarico I. Este intercambio de rehenes era una práctica común para garantizar el cumplimiento de alianzas o tratados entre Roma y los pueblos bárbaros.

 * 405-408: Aecio permaneció como rehén entre los godos durante aproximadamente tres años, familiarizándose con sus costumbres y organización.

 * c. 408-411: Tras su estancia con los godos, Aecio regresó brevemente al Imperio Romano.


 * c. 411-414: Posteriormente, Aecio fue enviado como rehén a los hunos, durante la parte final del reinado de Uldino y buena parte del de su sucesor, Charatón. Esta experiencia resultó crucial para que Aecio conociera las tácticas bélicas y las costumbres de los hunos, conocimientos que le serían de gran utilidad en el futuro.

 Antes de 423: Sirvió como tribunus praetorianus partis militaris, un cargo militar de cierto rango.

423: Tras la muerte del emperador Honorio, se desató una crisis sucesoria. El patricio Flavio Castino promovió la elección de Juan como nuevo emperador de Occidente. Sin embargo, el emperador de Oriente, Teodosio II, no reconoció a Juan y apoyó a su primo Valentiniano III. Aecio, que en ese momento ostentaba el cargo de curopalate (cura palatii), formaba parte de los defensores de Juan en Rávena.

 424: Juan envió a Aecio a buscar ayuda de los hunos. Aecio logró regresar con un contingente de hunos, pero para entonces Juan ya había sido derrotado y ejecutado y Valentiniano III había sido proclamado emperador de Occidente con el apoyo de Gala Placidia, la madre del joven emperador.

425: Gala Placidia pactó con Aecio el licenciamiento de sus tropas hunas a cambio de su nombramiento como comes rei militaris. Posteriormente, fue nombrado magister equitum per Gallias, el mismo puesto que había ocupado su difunto padre.

 * 425 y 426: derrotó a los visigodos y los ahuyentó de Arelate, a la que habían puesto sitio;

En el 427 derrotó a los francos en el nordeste de las Galias y recuperó varias ciudades que habían caído en sus manos en las Bélgicas y en la Germania Inferior; en el 430 y en el 431 derrotó en Retia a los alamanes jutungos, para luego exterminar a una banda de saqueadores visigodos cerca de Arelate y terminar acudiendo al Nórico en donde aplastó a los suevos e impuso el orden en la provincia; 

En el 432 derrotó de nuevo a los francos y luego acudió a toda prisa a Italia para enfrentarse con Bonifacio que, logró derrotarlo pero a costa de quedar tan gravemente herido que falleció al poco; a finales de ese mismo año 432 o a inicios del siguiente, con apoyo de los hunos, derrotó a Sebastián, hermano y sucesor de Bonifacio. 



 433: Tras la muerte de Bonifacio, Aecio regresó a Italia con el apoyo de los hunos. Expulsó a Sebastiano, el yerno de Bonifacio que lo había sucedido como magister militum, y forzó a Gala Placidia a reconocer su posición como magister militum, convirtiéndose en la figura más poderosa del Imperio de Occidente.


 433-450: Este período marcó el apogeo de Aecio, durante el cual dirigió la defensa del Imperio contra diversas amenazas bárbaras. Actuó como "protector" de Gala Placidia y del joven emperador Valentiniano III.


 435: Los burgundios del rey Gundacar fueron derrotados y obligados a firmar la paz por Aecio y Avito. Aecio recibió el título de magnificus vir parens patriusque noster.

 436: Aecio envió hunos como foederati para atacar y destruir a los burgundios, en un evento que supuestamente causó la muerte de unos 20.000 burgundios y que pudo haber inspirado la épica alemana del Cantar de los Nibelungos. También se cree que estuvo en Armórica con Litorio para sofocar una rebelión de los bagaudas liderados por Tibatto.


437: Aecio fue cónsul por segunda vez. Asistió a la boda del emperador Valentiniano III con Licinia Eudoxia en Constantinopla. Su general Litorio rompió el asedio de Narbona, favoreciendo a los romanos en la guerra contra los visigodos.


 438: Aecio derrotó a los visigodos en la Batalla del Monte Colubrario. Fue honrado con una estatua erigida en Roma por orden del emperador, y el poeta Merobaudes le dedicó un panegírico.

439: Los visigodos derrotaron y mataron a Litorio y a sus tropas hunas foederati. Aecio regresó a la Galia y logró estabilizar la situación, derrotando a los visigodos y firmando un tratado con ellos.

 440: Aecio permitió el asentamiento de los alanos alrededor de Valence, en la Galia.

 442: Asentó a otro grupo de alanos a lo largo del Loira, incluyendo la ciudad de Aurelianum (actual Orleans), para contener los disturbios de la bagauda en Armórica.

443: Los burgundios restantes fueron asentados en Sapaudia (al sur del lago Lemán). Merobaudes derrotó a los bagaudas de la Tarraconense.

445: Mayoriano, otro de los grandes generales de Auecio que posteriormente llegó a emperador, derrotó a los francos en el asedio de Turonum (Tours).

447 o 448: Los bagaudas de Armórica se sublevaron nuevamente, siendo sofocados por los alanos de Goar. El líder de la revuelta, Eudoxio, huyó a la corte de Atila.

Oficial romano inspeccionando las bajas tras una batalla durante el Bajo Imperio. Autor A. McBride

449: Murió Clodio, rey de los francos salios. Aecio apoyó la pretensión al trono de su hijo menor, Meroveo, adoptándolo como hijo propio y enviándolo desde Roma a la corte franca con regalos. Los bagaudas en Hispania se rebelaron y saquearon varias ciudades.

 451: Atila, rey de los hunos, invadió la Galia. Aecio, con la ayuda del senador galorromano Avito, logró formar una coalición de visigodos (liderados por Teodorico I), alanos, francos salios, sajones, sármatas, burgundios y tropas romanas. Se enfrentaron a los hunos y sus aliados en la Batalla de los Campos Cataláunicos (cerca de Châlons-en-Champagne). Aunque la batalla fue tácticamente indecisa, estratégicamente detuvo el avance de Atila en la Galia. Teodorico I murió en la batalla. Aecio convenció a su hijo Turismundo de regresar a Tolosa para asegurar su sucesión, posiblemente para evitar un aumento excesivo del poder visigodo.

 452: Atila invadió Italia, saqueando numerosas ciudades, incluyendo Aquilea. El emperador Valentiniano III huyó de Rávena a Roma. Aecio, con fuerzas insuficientes para enfrentarse directamente a Atila, hostigó al ejército huno, al que bloqueó los pasos hacia Italia central. Atila acabó retirándose probablemente debido a la intervención del papa León I, la escasez de suministros, las enfermedades en su ejército y la amenaza de las fuerzas romanas lideradas por Marciano en Panonia.


Septiembre de 454 (21 o 22): En Rávena, durante una reunión administrativa, el emperador Valentiniano III, influenciado por el temor a la creciente influencia de Aecio y posiblemente instigado por el senador Petronio Máximo y su chambelán Heraclio, asesinó personalmente a Aecio, acusándolo de traición y de aspirar al trono. Este acto tuvo graves consecuencias para el Imperio, que perdió a su líder militar más capaz.

Conclusión

El asesinato de Aecio en el 454 d.C. por el emperador Valentiniano III marcó un punto de inflexión desastroso para el Imperio Romano de Occidente. Con la pérdida de su general más competente, el Imperio quedó vulnerable a las crecientes presiones bárbaras sin un liderazgo militar comparable. La carrera de Aecio, caracterizada por su habilidad estratégica, diplomacia y campañas militares exitosas, fue fundamental para prolongar la existencia del Imperio en un momento de crisis existencial. Sin embargo, su destino subraya la inestabilidad política interna que finalmente contribuyó a la caída de Roma. Su legado, aunque complejo, lo posiciona como  el "último romano" en la defensa de un imperio en declive o al menos como uno de los más importantes ya que hubo otros como Bonifacio,  Mayoriano o Belisario.

lunes, 8 de abril de 2024

EL IMPERIO ROMANO DE OCCIDENTE TRAS EL ASESINATO DE AECIO. LLEGA EL DESASTRE.

Un texto de Federico Romero Díaz

En la larga historia del Imperio romano, pocos personajes destacan con tanta luz propia como Flavio Aecio. Para su desgracia tuvo que gobernar en una periodo período de declive y fragmentación de la Pars Occidentis. Jugó, como generalísimo de Valentiniano III,  un papel clave en un periodo de crisis sin precedentes. Aetius demostró una habilidad militar excepcional desde temprana edad. Su ascenso al poder militar estuvo marcado por su capacidad para forjar alianzas con tribus bárbaras, especialmente con los hunos, que serán su sostén prácticamente durante casi toda su carrera. Aetius no solo se destacó como un comandante militar brillante, sino también como un hábil diplomático y político. Su asesinato fue uno de los hitos que marcó el camino hacia el desastre del Imperio en Occidente.

Genserico después de saquear Roma en el 455 se lleva consigo a Eudoxia, la viuda del emperador Valentiniano III, y a sus hijas. G. Rava

La relación entre Aetius, Valentiniano III y su influyente madre Gala Placidia fue una de las más complejas en la historia imperial romana, caracterizada por, las intrigas, la desconfianza mutua y las rivalidades políticas cuando su colaboración era crucial para mantener la integridad territorial del Imperio Romano de Occidente en un momento en el que su futuro, se veía amenazado por invasiones bárbaras y luchas internas por el poder.

El legado de Aetius ha dejando una marca indeleble en la historia de Roma gracias a  la habilidad demostrada para mantener la cohesión del Imperio Romano de Occidente durante los casi 20 años que su régimen llevó las riendas del poder. 

A la altura del 454, a pesar de su victoria en la Batalla de los Campos Cataláunicos, el año 451, la retirada de Atila del Norte de Italia en el 452 y la muerte del líder huno en el 453 (parece que, por causas naturales, aunque nunca podremos saberlo con certeza) Aecio muy debilitado políticamente.

itinerario de las tropas hunas en la Galia en el 451
Los hunos a lo largo de los 20 años de predominio político de Aecio siempre habían sido su gran apoyo, incluso en los peores momentos, como el de su exilio de Italia tras la derrota ante Bonifacio en la Batalla de Rimini en el 432, cuando tuvo que refugiarse entre los hunos que le proporcionaron un gran ejército de mercenarios con los que pudo volver y recuperar el poder. A partir del 450, con el cambio de timón que Atila realizó a su política, comenzaron los problemas para Occidente y para su generalísimo Aecio, ya que los hunos, ante el advenimiento de un militar de la línea dura como Marciano al trono de Constantinopla decidió cambiar sus exigencias, utilizando la famosa petición de ayuda de la hermana de Valentiniano III, Honoria, como excusa, en la parte occidental . Aunque Aecio había sabido vencer a Atila en la Galia en el 451, los ricos senadores romanos le culparon por los destrozos y graves daños económicos que causó la invasión del norte de Italia de las tropas hunas al año siguiente.

Los hunos en una villa romana, obra de Georges Rochegrosse

La muerte de Atila al año siguiente dio nuevas fuerzas a Aecio, ya que albergaba la esperanza de recibir el apoyo de alguno de los hijos de Atila que ahora se disputaban la primacía entre ellos. No tuvo tiempo de averiguarlo ya que los verdaderos enemigos del generalísimo romano estaban dentro de la corte y habían comenzado a maniobrar para canalizar el descontento general.

Los destrozos que los hunos habían ocasionado a las inmensas propiedades de la aristocracia italiana habían generado rencor, que se había visto acrecentado por los planes fiscales y de reclutamiento que el gobierno de Aecio trataba de implementar. El Imperio no podía sostenerse sin una implicación económica mayor por parte de la clase senatorial romana que en Occidente alcanzó cotas de acumulación de riqueza nunca igualadas con anterioridad. A pesar de ellas y utilizando el poder que su riqueza les prestaba, los senadores se negaron una y otra vez a aportar al Imperio el dinero y los reclutas que Roma necesitaba para garantizar el futuro frente a la amenaza bárbara. La oposición comenzó a articularse en torno a dos figuras, Petronio Máximo y Heraclio.


Sólido de Petronio Máximo

Petronio era un aristócrata que había sido  cónsul en el 433 y en el 443 y que había sido honrado con el título de patricio alrededor del 435. A pesar de que nominalmente era partidario de Aecio, era consciente de que su carrera había tocado techo. Pocos honores podrían corresponderle ya. Solo la muerte de Aecio generaría nuevas posibilidades de promoción. Para ello concentró a personas afines a su alrededor, destacando entre ellas el eunuco Heraclio, primicerius sacri cubiculi, una especie de “gran chambelán” muy próximo a la familia imperial que estaba a cargo de todos los eunucos de la corte. Desde ese puesto Heraclio controlaba los ingresos de proporcionados por las inmensas propiedades del patrimonio imperial. Eso en un contexto de crecientes dificultades económicas le otorgaba un poder considerable.


La otra fuente de peligro para Aecio siempre había sido la familia imperial. Aunque Gala Placidia, su gran rival política, había fallecido en el 450, Valentiniano III después de toda una vida de no poder gobernar por sí mismo, estaba decidido a conseguirlo. Uno de los caminos que su esposa Eudoxia y él eligieron fue la de casar a su hija Placidia con uno de los prometedores oficiales de Aecio, Mayoriano, un joven aristócrata romano que había demostrado su capacidad militar a las órdenes del generalísimo romano. Sin embargo, Aecio que ya llevaba 20 años al mando del ejército, impuso su voluntad a la pareja imperial cambiando los planes de boda. Placidia se casaría con su hijo Gaudencio, lo que convertía a este en el futuro emperador de Occidente, ya que Valentiniano III no tenía hijos varones. Mayoriano enojado por la intromisión dimitió de sus responsabilidades y se retiró a sus propiedades. La pareja imperial tuvo que ceder, pero el rencor no hizo más que crecer y fue presa fácil para las insidias que Heraclio, a instancias de Petronio y del partido senatorial, vertía en sus oídos. El eunuco acabó convenciendo a Valentiniano III de que con la boda entre Placidia y Gaudencio lo que realmente pretendía era derrocarle.


Aecio contaba con la protección de un numeroso y fiel cuerpo de bucellari hunos y godos fundamentalmente, además del respaldo del ejército.






Solo se le podía eliminar en palacio, donde no estaba permitido el ingreso de los guardines del generalísimo. Aecio fue convocado por el augusto para discutir nuevas propuestas orientadas a captar nuevos ingresos. En medio de la reunión Valentiniano III se lanzó contra él esgrimiendo un puñal, a la vez que Heraclio con otra arma le atacaba. Ambos hombres lanzaron una lluvia de golpes contra el desprevenido Aecio que poco pudo hacer para defenderse. El prefecto del pretorio Boecio, antepasado del conocido literato y político de la época de Teodorico, el Amalo, conocido por ser un firme partidario de Aecio fue igualmente asesinado, siendo los cuerpos de ambos exhibidos públicamente mientras Valentiniano III, ante el Senado, daba un discurso denunciando a Aecio y a sus partidarios. 

 

Sólido de Valentiniano III

Era muy probable que los numerosos bucellari hunos de Aecio se alzaran apoyando a un usurpador. Para tratar de eliminar esa amenaza Valentiniano III hizo volver  Mayoriano a la corte y le nombró comes domesticorum o comandante de la guardia imperial. Integró en ella a los antiguos guardias de Aecio esperando que la lealtad que antes le prestaban, se trasfiriera ahora a Mayoriano, su nuevo comandante. Cuando Valentiniano III y Heraclio se opusieron a que se le otorgara a Petronio Máximo el tercer consulado y el título de magister peditum in praesenti volvió a sus intrigas. En esta ocasión convenció a dos de los antiguos guardias hunos de Aecio, Thrasutila y Optila ahora jefes de los comes domesticorum de Mayoriano. El 15 de marzo del 455, cuando Valentiniano III estaba en el Campo de Marte practicando con el arco se acercaron a él y con sus armas le hirieron en la cabeza acabando con su vida. Paradójicamente Valentiniano III acabó sus días de la misma manera en la que asesinó a su hombre más valioso Aecio, muerto a traición.  Sus asesinos, el ejército y el Senado se impusieron a los cortesanos a Mayoriano y a la emperatriz. El 17 de marzo del 455 Petronio Máximo fue elegido emperador y forzó a Eudoxia, la viuda de Valentiniano III a casarse con él. Palladio, su hijo mayor haría lo mismo con la heredera de Valentiniano III. Esto rompía el tratado firmado entre los vándalos y Roma que establecía la futura boda del heredero vándalo Hunerico con la hija mayor de Valentiniano III, Eudocia. Mientras en Roma se ofrecían espectáculos públicos al pueblo para celebrar al nuevo emperador, en Cartago, Genserico se preparaba para la guerra. 

 

Tras Aecio, el desastre.


Antes de septiembre del 454, con la Galia en orden de nuevo, Hispania pacificada, los vándalos de África fieles a su papel de aliados de Rávena, Atila fallecido y los hunos divididos en una guerra civil muy beneficiosa para ambas partes del Imperio se dibujaba un prometedor futuro para la parte occidental del Imperio. Sin embargo, en pocos meses casi todo lo que se podía torcer se torció. Aecio fue asesinado en septiembre del 454, Valentiniano su asesino solo le sobrevivió hasta el 15 de marzo del año siguiente. Para colmo de males, su sucesor empujaba al Imperio a una desastrosa guerra contra los vándalos. El futuro se dibujaba ahora con colores mucho más sombríos que el año anterior y en él tuvieron un papel fundamental romanos como

Hunos atacan una ciudad romana.

Nepociano, Avito y Mayoriano o bárbaros imperiales como Egidio o Ricimero todos ellos formados a la sombra de Aecio.

Tras Aecio llegó el desastre. Se ganó una merecida reputación como general y defensor del Imperio romano. Durante su gobierno supo mantener a los diferentes pueblos bárbaros sujetos a la autoridad del emperador. Tras su muerte, sin el efecto moral de su liderazgo godos y vándalos, principalmente, se vieron libres de la autoridad romana y aumentaron sus posesiones territoriales a costa de Roma. El rey godo Teodorico II no tuvo ningún reparo en proclamar emperador a Avito, su antiguo preceptor. Paradójicamente eran ahora los bárbaros los que elegían al portador de la diadema imperial. Incluso, en el 455 Genserico, el rey de los vándalos y alanos que se había hecho con el control de Cartago y las posesiones romanas en África se atrevió a saquear Roma, el corazón del Imperio y a llevarse como rehenes a la augusta y a sus hijas. En vida de Aecio estos hechos hubieran sido inimaginables, aunque ahora ¿Quién se lo iba a impedir?


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