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lunes, 22 de junio de 2026

LA EXTRAORDINARIA VIDA DE AGRIPINA LA MAYOR. ODIADA POR TIBERIO PERO AMADA Y RECORDADA POR LOS ROMANOS

 

AGRIPINA LA MAYOR. LA MUJER QUE DESAFIÓ A UN EMPERADOR Y AL IMPERIO

 Un texto de Marcos Uyá Esteban para Historia y Roma Antigua.

Trece años después de que Octavio se convirtiera de manera triunfante en Augusto y en el flamante primer emperador de Roma, y ésta dejara de ser una república para convertirse en el imperio más importante de la Antigüedad, vino al mundo Agripina la Mayor en Atenas, la cuarta hija de Julia la Mayor, hija de Augusto, y de Marco Vipsanio Agripa, compañero de fatigas y batallas del citado Augusto, y también experto en traer niños al mundo de una manera prodigiosa y asombrosa, tantos, que ni siquiera las fuentes de la época, como la de Suetonio en su Vida de los Doce Césares, o investigadores de renombre tales como Reinhold o Pollini se ponen de acuerdo en el número de descendientes que tuvo y con quién.


 Encadenada a una sociedad patriarcal

No en vano, para Agripa, era la tercera vez que contraía nupcias después de los matrimonios fallidos con Cecilia Ática y Marcela la Mayor, sobrina de Augusto, hasta que por orden del emperador finalmente casó con Julia. Como veis, Augusto no solo ponía orden en la escena política, sino que también dirigía los entresijos familiares y ordenaba casamientos a discreción, y en los que nadie era capaz de cuestionar las decisiones que tomaba al respecto el también llamado “primero entre iguales”, en las que entre ellas estaba la de fomentar la natalidad fuese al precio que fuese.

La infancia de nuestra protagonista no fue en exceso feliz. A los dos años murió su padre y creció en una estricta familia en la que Augusto siempre estaba pendiente de lo que las mujeres debían de hacer o no, debido a su excesivo celo y control para que moralmente llevasen una vida intachable y no cayesen en las garras del adulterio, cuyas leyes en contra eran bastante severas, incluyendo destierros y desaprobación social. 

Agripina llega a Italia con las cenizas de Germánico y su pequeño hijo Cayo( Calígula)

En este contexto, Agripina, junto con su hermana Julia la Menor, fueron educadas de manera estricta, aprendiendo cómo ser una buena ama de casa y todas las materias asociadas a la vida doméstica, en especial la de tejer lana, ya que Augusto vestía con prendas sólo hechas por las mujeres de su familia.

Tuvo que soportar como su hermana, y también su hermano, Agripa Póstumo, que nació después de la muerte su padre, de ahí su sobrenombre, fueron enviados al exilio. La primera, por tener una supuesta aventura amorosa con un senador romano, lo que chocaba con la moralidad que predicaba Augusto, y el segundo por conspirar contra el emperador, aunque existe la posibilidad de que Livia, la esposa de Augusto, pensase que era un rival por el trono en contra de su hijo Tiberio e interviniera para alejarlo de una posible sucesión. Por si fuese poco, Agripina también hubo de soportar el exilio de su madre, que tuvo relaciones con Julo Antonio, hombre de confianza de Augusto. Todo esto forjó el carácter de Agripina, una mujer que, en el futuro,
demostraría que no estaría bajo el dominio del paternalismo familiar que tanto pregonaba Augusto.

Su idilio con Germánico

Con apenas 18 años se casaría con Germánico, nieto de Livia y sobrino de Tiberio. Augusto siempre tuvo ojitos para él, y llegó a considerarlo como su sucesor, aunque finalmente adoptaría a Tiberio con la condición de que este tuviese a Germánico como el siguiente heredero al trono imperial. Lo bueno de este matrimonio, y algo nada común, es que ambos estaban enamorados, y fruto de esa relación llegaron a tener hasta nueve hijos, de los cuales sólo seis llegaron a la edad adulta, destacando Nerón César, que acabaría siendo desterrado por traición, Agripina la Menor, futura esposa del emperador Claudio y madre de Nerón, y el siempre controvertido Calígula que también llegaría al trono imperial.

Germánico, que estaba construyendo un brillante cursus honorum a través de sus campañas militares,

como la de Panonia o ejerciendo el consulado en Roma, pasaba mucho tiempo fuera del hogar, y Agripina, consciente de ello, tomó la drástica decisión de acompañarlo, contando, todo hay que decirlo, con el permiso del emperador Tiberio. Aún así, en la sociedad romana de la época y más tras las leyes de marcado carácter moral y tradicional de Augusto, era visto como algo impropio para una mujer acompañar a su esposo al campo de batalla, ya que debía de estar en el hogar al cuidado de los hijos y haciendo actividades domésticas. Esto le granjeó simpatía y animadversión a partes iguales, pero gracias a su fuerte carácter e independencia, se saltó los convencionalismos de la época y estuvo siempre con su marido.

Dotes de mando e inteligencia

De hecho, la estancia en Germania de Agripina hace que podamos observar el verdadero carácter de esta mujer adelantada a su tiempo. En aquel momento, Roma clamaba venganza tras el desastre de Teutoburgo acaecido en el año 9 d. C., en donde el infame Publio Quintilio Varo perdió para siempre tres legiones romanas. Augusto murió en el año 14, y Tiberio, su sucesor, tardó en tomar el poder, hecho que propició que algunas legiones se rebelasen tras conocer que Augusto, antes de morir, había ampliado el servicio en el ejército romano de dieciséis a veinte años. Germánico, entonces gobernador de la Galia, tuvo que poner orden con éxito. En aquel momento, Agripina, teniendo en su regazo a Calígula con apenas dos años y embarazada de Cayo, quiso seguir a su marido con vehemencia, pero por seguridad fue enviada a la Galia Bélgica junto con los tréveros, si bien Dion Casio, en su Historia Romana, cuenta que Agripina y Calígula fueron cogidos como rehenes por parte de los soldados amotinados y liberaron a Agripina por estar embarazada. Tras estos levantamientos, Germánico después lanzaría una ofensiva contra las tribus germanas. 


En una de ellas se desencadenó la conocida batalla de los Puentes Largos, llamada así porque décadas atrás había sido construida una calzada de tablones de madera en un lugar pantanoso, ideal para emboscadas. En la mencionada batalla, cuatro legiones dirigidas por Aulo Cecina Severo se enfrentaron a Arminio, el héroe de Teutoburgo. Los romanos fueron emboscados pero lograron salvarse y ganar la batalla. Es aquí donde Agripina entra en escena. Las cuatro legiones, exhaustas, volvieron hacia el Rin, concretamente a Castra Vetera, y tenían que atravesar el río, unido en ese momento sus dos extremos a través de un puente de botes, que eran puentes militares en donde se alineaban pequeños botes en paralelo y en ellos se ponían tablones de madera para crear un paso estable. Sin embargo, corrió el rumor de que dichas legiones habían perdido la batalla y el comandante romano de Vetera pensó que lo mejor era destruir el puente, temiendo que Arminio lo usase. Según Tácito en sus Anales, Agripina se opuso y esperó en la orilla pacientemente a que los romanos regresaran, en donde los recibió junto con Calígula para repartir ropa y medicinas a los extenuados y heridos soldados. Tácito cuenta que cuando llegó esta noticia al emperador Tiberio, lo tomó casi como una ofensa, ya que consideraba que Agripina tenía más autoridad y poder que los propios generales y legados romanos, y eso en una mujer, estaba muy mal visto. Tácito también estaba de acuerdo con esta postura.

 Las campañas en Germania acabaron con la victoria romana y la celebración de un triunfo en la capital del imperio en honor a Germánico. Sin embargo, la creciente popularidad del general y de su esposa, muy queridos por el pueblo, no sentó nada bien a Tiberio, quién ordenó enviar a Germánico a Siria con la supervisión de un hombre de confianza del emperador: Cneo Calpurnio Pisón, acompañado de su esposa Munacia Plancina. Una vez allí, Agripina y Plancina no se toleraron y esa incipiente enemistad también caló entre Germánico y Pisón. Se cree, según Tácito, que Livia estuvo detrás de todo ello y que, a través de Tiberio, envió expresamente a Plancina para que Agripina no volviese a ser de nuevo protagonista como lo había sido en el Rin, y crear un cisma entre su marido y Germánico.

Tras un recorrido por las provincias orientales para su supervisión, Germánico enfermó tras su vuelta a Siria, y los rumores de envenenamiento no tardaron en aparecer, siendo los principales sospechosos Pisón y Plancina como Germánico señaló en su lecho de muerte. Sea como fuere, ya que tampoco es descartable que muriese por disentería, pidió que vengaran su muerte, algo que Agripina, consciente de lo que se jugaba, estaba dispuesta a hacer a cualquier precio.

Envidiada por Tiberio

El regreso a Roma de Agripina con las cenizas de Germánico fue apoteósico. El pueblo romano lloraba la muerte del general y Tiberio y Livia no acudieron al funeral, avivando los rumores de que realmente el fallecimiento no fue de manera natural. Agripina, compungida, desconsolada y deseosa de cumplir los deseos de su difunto marido, instó a Tiberio a que Pisón y Plancina fueran juzgados y condenados.

El emperador, si no quería levantar sospechas, no tuvo más remedio que aceptar el juicio, y Pisón fue obligado finalmente a suicidarse mientras que Plancina fue salvada por intervención de Livia, lo que desató de nuevo los rumores de que la viuda de Augusto estaba detrás de todo el complot. El juicio contra Pisón distorsionó por completo las relaciones entre Agripina y Tiberio, que quedaron rotas para siempre, relaciones que ya venían deterioradas, puesto que, justo tras la muerte de Augusto y la llegada de Tiberio al trono, sucedieron las muertes de Julia la Mayor, su madre, y de su hermano Agripa Póstumo, ambas en extrañas circunstancias y tal vez por órdenes del propio Tiberio, aprovechando el vacío de poder dejado por su antecesor y por estar resentido aún del matrimonio que tuvo con Julia, obligado por Augusto a casarse con ella tras la muerte de Agripa.

En efecto, los siguientes años fueron un auténtico suplicio para Agripina. La desconfianza hacia el emperador no dejó de acrecentarse, más cuando el prefecto del pretorio de aquel entonces, el infame Lucio Elio Sejano, intercedía para que la relación entre ambos, si es que aún existía, cada vez fuera más distante. De hecho, la nieta de Augusto, a pesar de que a veces acudía a los banquetes oficiados por Tiberio, jamás probaba plato pensando en un posible envenenamiento. En una ocasión, el mismo Tiberio le ofreció una manzana y Agripina, sin probarla, se la dio a uno de sus esclavos. Tiberio se enfadó profusamente, pero ella no confiaba en él. Sejano pudo estar detrás del complot en confabulación con Tiberio con el objetivo de eliminar a Agripina. 

 Tiberio y Sejano en la serie Yo Claudio. 

Otro episodio, recogido también por Tácito, que mostró la enorme distancia sideral entre ambos, ocurrió cuando el propio emperador veneraba una estatua de Augusto. Agripina, en un ataque de orgullo, lo tachó de hipócrita, ya que le ofendía que le ofreciera sus respetos pero a la vez, siendo ella la única descendiente directa de Augusto viva, le hiciera la vida imposible. Tiberio, en un momento de lucidez, le contestó, según  Suetonio, a través de un verso griego la siguiente frase: “si no reinas, ¿te das por ofendida?”. Había un trasfondo en todo ello, la lucha por la sucesión imperial. Agripina intentó que su hijo Nerón César (no confundirlo con el emperador Nerón) fuera nombrado sucesor, pero entre que Sejano se lo impedía y había otro candidato, Druso Gemelo, nieto de Tiberio, y por tanto, descendiente directo, era muy difícil tal apuesta.

 Si te opones, te destierro

Y llegó el fatal desenlace para Agripina en el año 29. Tiberio, junto con Sejano, acusaron a ella y su hijo Nerón César, a través de varias cartas, como traidores ante el Estado romano, con el agravante de que además a Nerón lo tacharon de homosexual, pero el Senado rechazó tales cargos y el emperador, movido por la ira y la envidia, reclamó el juicio para sí mismo, y ambos acabaron condenados al exilio en la isla de Pandataria, el mismo lugar en donde su madre Julia la Menor y Agripa Póstumo pasaron sus últimos días.


 Pandataria, rodeada de aguas turquesas, dentro del archipiélago de las islas Pontinas, situada en el mar Tirreno y cerca de la región de Campania. Un lugar paradisíaco en teoría, pero convertido en una cárcel al aire libre sin salida.

Agripina, interpretada por Fiona Walker en Yo Claudio
Allí, Agripina siguió mostrando su gran carácter y firmeza. Escribía cartas a Tiberio reprochando su infame comportamiento y eso le valió que el emperador mandase azotarla y perdiera un ojo a manos de un centurión. Como protesta quiso dejarse morir de hambre, pero fue alimentada a la fuerza, aunque finalmente logró alcanzar su propósito. Su hijo Nerón César también murió de hambre, mientras que otro de sus hijos, Druso César, posteriormente también acusado de traición por Tiberio, murió de la misma manera encerrado en la cueva del monte Palatino, aunque se cuenta que para intentar sobrevivir, según Suetonio, intentó comerse las plumas de su colchón. 

Y así acabó la vida de esta increíble mujer valiente, independiente, culta y decidida, muy querida por el pueblo romano pero desgraciada ante los ojos de quién mandaba, el emperador, encarnado en las figuras de Augusto y Tiberio. Giovanni Boccacio en el siglo XIV en su obra De mulieribus claris y Robert Graves en la archiconocida novela adapatada a la televisión Yo, Claudio, nos dejaron el legado de esta mujer fascinante, fiel a la dinastía creada por Augusto, pero con una determinación ciega a la hora de intentar que su esposo Germánico, primero, y su hijo Nerón César, después, llegaran a ser emperadores. No lo consiguió, pero dejó su huella en la historia como una de las mujeres que pervivieron en la memoria de un pueblo, el romano, que tanto la amaba y la quería.

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 OBRA DEL AUTOR



 

 

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2020

LA INFANCIA DE AUGUSTO. EL NIÑO QUE CAMBIARÁ EL MUNDO.

Augusto fué una de las personas más trascendentes en la historia de Roma, y por lo tanto de nuestro presente. Continua y desarrolla hasta el más mínimo detalle la obra política de Cayo Julio Cesar, llevando a buen fin el diseño del régimen político del Principado( Princeps: primero entre iguales) imprescindible para una adecuada transición política entre la vieja República y el nuevo Imperio que ya se dibuja claramente en el horizonte .


Imagen del joven  Cayo Octavio Turino. Foto de cesaresderoma.com


El nombre original de nuestro personaje es Cayo Octavio Turino(63 al 14 d.C) Tras la muerte de Cayo Julio Cesar ,en el 44 a.C, es adoptado en su testamento y pasa a llamarse Cayo Julio Cesar Octaviano. No será su último nombre. El 27 a.C, el Senado le concede el título de Augusto  siendo entonces denominado, Cesar Augusto. 

ANTECEDENTES FAMILIARES

Las principales fuentes para este periodo de la vida de Augusto, Suetonio y Nicolás Damasceno que los Octavios eran una vieja familia respetada y con considerables recursos económicos de la ciudad latina de Velletri, situada a unos 40 kilómetros de Roma. La familia tenía tierras y se dedicaba también al comercio. Su casa solariega se encontraba , al parecer en el centro de la ciudad, justo por donde pasa en la actualidad la Via Ottavia.

Sabemos que el bisabuelo paterno luchó en Sicilia, como tribuno militar en la Segunda Guerra Púnica(218-201 a.C) a las órdenes de Lucio Emilio Pupo. A pesar de su riqueza y de sus méritos militares no tenía grandes ambiciones y centró su ambición política en los asuntos locales de Velletri y en sus prósperos negocios. a pesar de los rumores mal intencionados que el propio Suetonio recoge, en los que se le acusa de ser un simple liberto dedicado a la fabricación de cuerdas. También circularon rumores de que Balbo el abuelo materno, padre de Atia, la noble madre de nuestro Octavio, provenía de gente de baja condición. El rumor nos lo ofrece de nuevo Suetonio( Aug, 4.2)

 "De la más grosera tahona de Aricia procede tu harina materna; la amasó con sus manos manchadas por el trasiego de las monedas"

Tal y como nos cuenta el propio Augusto en su biografía la realidad es que los Octavio eran una acaudalada familia ecuestre, de clase media que ocupaba el puesto inmediatamente inferior al de la nobleza senatorial, con la que en numerosas ocasiones se mezclaban.

El padre de Cayo Octavio, nuestro futuro Octavio Augusto, había aumentado la fortuna familiar. Era distinto a sus antepasados mas centrados en la política local de su pequeña ciudad. Tenía ambiciones en Roma y se lanzó a la competencia política. Gracias a sus contactos y a su fortuna, consiguió ser elegido cuestor en el 70 d.C e ingresó en el Senado siendo un gran logro para un caballero de procedencia rural. Se supone aunque no se tiene certeza de que también debió ser edil, un puesto lógico en el cursus honorum que solía ser previo a la pretura, que obtuvo en el 61 a.C.

Los padres del joven Cayo: Octavio y Atia
Parte de su éxito político se lo debió a su nuevo matrimonio, y digo nuevo porque Octavio se casó por primera vez con una mujer de la que solo conocemos su nombre Ancaria, con la que tuvo una hija, Octavia Mayor. Es muy posible que esta mujer falleciera o que simplemente Octavio se divorciara de ella para casarse con Atia, mucho mejor partido para un hombre con ambiciones políticas. Atia era hija de Marco Atio Balbo y de Julia Menor, la hermana de Cayo Julio Cesar, el hombre más poderoso en Roma. Casarse con la sobrina de Cesar era una gran oportunidad que alguien tan ambicioso como Cayo Octavio no iba a dejar escapar.

 La familia Julia había caído en cierto estancamiento y escasez de recursos y emparentar su antiguo y noble linaje con una rica y acaudalada familia ecuestre suponía un balón de oxigeno en su maltrecha economía. Los Julio remontaban su origen nada más y nada menos que a antes de la fundación de Roma en el 753 a.C. Lo remontan a Eneas, hijo de Venus, que escapó de la destrucción de la ciudad de Troya junto a un pequeño grupo d seguidores, con los que tras muchas aventuras arribará a las costas del Lacio italiano. El hijo de Eneas, Julio( aunque también se le llama Eneas) fundó la dinastía Julia que siglos después, hacia mediados del siglo I a.C seguía siendo de las más nobles, pero eso si, algo venida a menos económicamente.

Del matrimonio de Octavio y Atia en el 70 a.C nacerá primero una hija, Octavia Menor y nuestro protagonista, alguien que sentará las bases que el Imperio romano seguirá por siglos, Cayo Octavio Turino.

AUGUSTO NIÑO

Dión Casio(4.5.1) nos cuenta que un astrólogo había pronosticado en contra del bebe, pero Octavio el pater familias decidió ignorar su pronostico y aceptar a su hijo levantando a la criatura en brazos. Nació el 23 de septirembre del 63 a.C, en la casa que su familia poseía en la ladera del Palatino, en la zona conocida como "Cabezas de Buey", muy cerca del Foro. Como Roma era una ciudad que padecía de hacinamiento, epidemias y suciedad se decidió criar a Cayo en la casa de campo familiar, cerca de Velitrae.



Como ya hemos comentado anteriormente, gracias al apoyo de Cesar, Octavio padre siguió progresando y tras su puesto de cuestor, se supone que pudo haber desempeñado el puesto de edil, aunque no nos consta. Si sabemos que ganó las elecciones a pretor en el 61 a.C. Pasado el año de desempeño de esa función, el Senado le asigna gobernar Macedonia en calidad de propretor, en el viaje de ida se le encomendó la tarea de acabar con un grupo de esclavos rebeldes que habían luchado primero en la rebelión de Espartaco y después a favor del golpe de Catilina. Operaban en la región de en torno a Thurii. Tras acabar con ellos, Octavio añadió a su nombre Turino, en recuerdo de la victoria obtenida sobre estos rebeldes. Suetonio nos lo cuenta:

"Cuando era niño(Cayo Octavio)era llamado Turino, tal vez porque su padre había derrotado a los esclavos de ese distrito..."


Fotograma de Espartaco, 1960.


Su hijo heredará el nombre de Turino también, y eso servirá de base para algunas burlas ya que en Roma no se consideraba nada meritorio la victoria sobre un grupo de esclavos rebeldes. Tras el desempeño exitoso de su cargo Octavio regresa a Italia, y en el camino desde el puerto de Brindisi, fallecerá, no se sabe muy bien a causa de qué(¿intoxicación alimentaria, aguas en mal estado, fiebres?).

La joven viuda Atia, madre de nuestro joven Cayo, seguía siendo un excelente partido. Pasados un año o dos contrajo de nuevo matrimonio con un personaje al alza en el panorama político del momento: Lucio Marcio Filipo. Estamos en el 56 a.C y volvía de Roma, tras gobernar Siria, para presentarse al cargo de cónsul. El nuevo marido de la hermana de Cesar era una persona ambigua, poco dada al compromiso político, experta en navegar entre facciones diferentes.

Nuestro Joven Cayo, el futuro Octavio Augusto, no vivirá en la casa de su padrastro. No tenían una mala relación pero mantenían cierta distancia y frialdad. Esto unido a lo insalubre que podía ser la gran Roma para el enfermizo Cayo Octavio hará que se quede en la casa de Julia Menor, madre de Atia y hermana de Cesar, con la que siempre tuvo una relación de afecto muy estrecha.

Sabemos que los niños de buena cuna, cumplidos los siete años pasaban del control materno a ser educados por un hombre de la familia para que se les inculcara las cualidades de un vir bonus un hombre bueno. Cualidades como la pietas(lealtad y respeto a la autoridad y a la tradición); la gravitas(seriedad y solemnidad ante los desafíos de la vida), La fortitudo(virilidad y coraje). El niño era vestido con su toga praetexta que llevaba una franja roja indicativa de que estaba acompañando a su padre en sus obligaciones públicas y religiosas, para aprender así como funcionaba el sistema. Sabemos que un tal Cayo Toranio, amigo del padre del joven Cayo Octavio, ejerció este papel durante un tiempo y que Cayo contó además con el apoyo y la diligencia de un esclavo, llamado Esfero, al que el futuro Augusto siempre tuvo una alta estima y respeto. A pesar de la distancia, Atia nunca se desentendió de su hijo mostrándose con él siempre cariñosa y dura si era necesario. En este punto merece la pena que paremos un momento para conocer mejor el destino del primero de los tutores del joven Octavio, es decir de Cayo Toranio. La amistad con el padre del futuro Augusto proviene del año en el que compartieron cargo de edil en Roma. No sabemos que pasó entre Toranio y el joven Octavio, pero la relación entre ambos no debió ser demasiado buena cuando durante el Segundo Triunvirato que Octavio formó con Lépido y Marco Antonio, este no puso ningún reparo a que su antiguo tutor, a petición de su primogénito, también llamado Toranio, fuese incluido en la lista de proscripciones, capturado y ejecutado.

ADOLESCENCIA

Su abuela Julia Menor muere cuando Cayo Octavio tenía doce años, en el 51 a.C. Se le encarga su panegírico en el funeral, trance del que nuestro protagonista salió victorioso. La muerte de su anfitriona provocó su traslado a Roma, a la casa de Atia y Filipo, donde iniciará su educación secundaria. Cayo pronto demostró ser un joven inteligente y prometedor que se supo rodear de un grupo de jóvenes partidarios. Dos de ellos destacaban sobre los demás: Marcio Vipsanio Agripa, que según Suetonio: "era de origen humilde" y que posiblemente proviniera del Norte de Italia( Venecia e Istria). Según Aulo Gelio, el nombre de Agripa significaba " niño que ha nacido con los pies por delante, en vez de la cabeza" . Era un chico fuerte, dado al ejercicio físico y a todo lo relacionado con la guerra. El otro gran amigo de Cayo, fue Cayo Mecenas, que presumía de estar emparentado con la antigua realeza etrusca de la región de Toscana a través de su madre, que era de la familia de los Cilnios, la dinastía real que gobernó la ciudad etrusca de Aretium siglos atrás. Mecenas tenía un temperamento pacífico, más interesado en las artes y la literatura. Ambos crecieron con el joven Octavio y forjaron una amistad fuerte y duradera.

La educación superior de un joven de buena familia comenzaba en la adolescencia. Los políticos destacados admitían como acompañantes a jóvenes a los que se les permitía asistir  en sus labores públicas diarias, a sus charlas con otros políticos, literatos, filósofos, etc. Los jóvenes como parte de su formación pasaban también largos periodos en una especie de servicio militar en el contingente  de algún militar de alto grado.

Busto de Cayo Julio Cesar. de www.cesares.com

La adolescencia de Cayo se desarrolló en un ambiente político que se degradaba cada vez más por el  enfrentamiento entre los partidarios de Cesar y los del sector más conservador del Senado. Las elecciones se suspendieron, algunos senadores fueron atacados en plena calle. Todo esto empujó a su madre a enviar a Cayo Octavio, ya con 13 años al campo de nuevo, donde estaría a salvo. En la propia familia había división. Claudio Cayo Marcelo que sería cónsul en el 50 a. C a pesar de su relación familiar se mostró como un firme opositor a Cesar. Su propio padrastro era muy ambiguo en su posición política llegando a decantarse inicialmente con el bando de Pompeyo al casar a su hija Marcia con Catón uno de los principales cabecillas de los opositores a Cesar. Sin embargo no llegó nunca a declararse abiertamente por nadie y cuando vio el avance de Cesar en Italia y como Pompeyo se retiraba optó por la neutralidad.

Cayo Octavio no gozaba de buena salud. Fue una constante a lo largo de su dilatada vida, aunque los expertos no se ponen de acuerdo en determinar cual fue exactamente su enfermedad. ES por eso que en este momento de su vida no mostrara mucho entusiasmo por la vida militar. Nunca había estado con su poderoso tío-abuelo que había abandonado Roma cuando el tenía cuatro años. Tras el nombramiento de Cesar como cónsul en el 48 a.C las cosas cambiaron. Filipo y Atia ya habían vuelto a la capital y es muy posible que Cesar y el joven Cayo Octavio que tenía casi 15 años se conocieran por fin. Poco después Cesar se embarca en Brindisi para enfrentarse con Pompeyo, al que derrotará totalmente  en Farsalia. En su huida Pompeyo es asesinado en Egipto.

Ese es el momento en el que el joven Cayo abandonará su niñez y se integrará en la vida adulta. Era el 18 de octubre del 48 a.C, había cumplido los 15 años y se celebraba su paso oficial a la vida adulta. Cayo, rodeado de su familia y amigos, ofreció su bulla, símbolo de su infancia a los dioses lares domésticos en el pequeño santuario que tenía la familia en el atrium de su casa.

Joven Cayo Octavio llevando su bulla colgada del cuello. Seria Rome


Después se fue al Foro de Roma donde cambió su toga de niño por la toga virilis. En aquel momento el pontificex maximus era Cayo Julio Cesar y seguramente será a instancia de este que aprovechando una vacante se nombre al joven Cayo Octavio Turino miembro del Colegio Pontificio. Eso le obligará a cambiar su recién estrenada toga por la indumentaria eclesiástica que su nuevo cargo conllevaba: una mitra de cuero sin tratar y una toga con franja roja. Cayo pronto llevará con éxito su primer sacrifico iniciando así el camino que le llevará a convertirse en el gran Octavio Augusto, en el arquitecto del Imperio romano, en una de las figuras más influyentes de la Antigüedad. Aunque esa ya es otra historia.






BIBLIOGRAFÍA

Suetonio.--Vidas de los cesares
Nicolás Damasceno.-- Vida de Augusto.--
Everitt, Anthony.-- Augusto. El primer emperador. Barcelona: Ariel, 2008.
Augusto. El amanecer de un imperio.-- augusto-imperator.blogspot.com.
El emperador Augusto.-- Radio Uned, 2014.
Tobalina, Eva.--Cayo Julio Cesar Augusto.-- Universidad Internacional de la Rioja.(You Tube)




domingo, 3 de enero de 2021

INFANCIA Y JUVENTUD DE CONSTANTINO "EL GRANDE". CLAVES QUE NOS AYUDARAN A COMPRENDERLE COMO EMPERADOR.

Constantino fue un emperador de una importancia histórica enorme. Tras imponerse a sus numerosos rivales por el trono, fundó una nueva capital: Constantinopla, sobre la antigua ciudad de Bizancio. Los siguientes trece años vivió en la corte imperial, defendiendo el Imperio de sus enemigos exteriores. Volcado sinceramente en crear una sociedad más justa y ordenada para sus súbditos era el dueño de una poderosa y compleja personalidad que le llevo a la violencia contra alguno de sus seres queridos más próximos. Era dueño de una energía poco común que le ayudo en su incesante actividad de gobierno y será recordado, a pesar de no haberse convertido al cristianismo hasta estar al borde de la muerte como el primer emperador cristiano. La pregunta es ¿Que elementos perfilaron esta personalidad tan poco común?. Para responder a ello debemos buscar en su infancia y adolescencia.

La vida que se lleva en los primeros años de existencia de una persona, en la niñez y la adolescencia es clave en el desarrollo de su personalidad, en la buena cimentación de la autoestima, del sentimiento de seguridad, los valores morales que van a regir el comportamiento, etc. Por eso es importante profundizar en el conocimiento de esas etapas de la vida en personajes que han sido claves en la historia, eso nos ayudará a comprender mejor sus decisiones como adultos que ostentan poder. Ya lo he hecho en un artículo anterior sobre la infancia de Augusto, un hombre clave en la historia romana y ahora lo vamos a centrarnos en la infancia y juventud de una figura histórica trascendental en el devenir del bajo imperio romano, Constantino.

Es muy posible que Constantino visitara con frecuencia los cuarteles en los que se encontraba su padre Constancio

La Tetrarquía fue el régimen político que tras la anarquía del siglo III consiguió dar al imperio romano 20 años de estabilidad. En ella había dos augustos, Diocleciano y su amigo Maximiniano que tenían subordinados a dos cesares Galerio y Constancio Cloro respectivamente. Esto suponía una división del poder en cuatro pedazos, aunque la supremacía, la última palabra siempre la tuvo Diocleciano que eligió por sus méritos a los componentes, todos militares de probada experiencia, de este sistema basado en el mérito no en un principio hereditario.

Mapa de la tetrarquía. Territorios asignados a cada tetrarca.

Tal vez ese fue el error que la hizo fracasar. Los cesares  y augustos tenían hijos que se habían criado en la corte, preparados en las conspiraciones cortesanas y por lo tanto ambiciosos. Majencio, hijo de Maximino y Constantino hijo de Constancio Cloro, son dos perfectos ejemplos de como no se van a resignar a ser apartados del poder.

De la infancia y juventud de Constantino sabemos poco, tal vez se deba a la enorme talla que el personaje adquiere una vez que es proclamado augusto por las legiones de su padre en York en el 306. Con él, el Imperio toma el camino del cristianismo y se recupera el principio dinástico en la sucesión al trono. No sabemos a ciencia cierta el año de su nacimiento, posiblemente tal y como defiende David Stone Potter en la biografía que escribió sobre nuestro personaje nació hacia el 272. Años difíciles en los que el Imperio estaba dividido entre el Imperio Galo, Oriente dominado por Palmira y el resto por Roma. En una de esas campañas contra Zenobia de Palmira el joven Constancio Cloro, miembro de la guardia personal de Aureliano conoce a Elena en Bitinia. Hay división en las fuentes sobre el origen de Elena y la legalidad de la unión con Constancio.

Algunas fuentes, especialmente los historiadores paganos, son especialmente duras con el origen de esta mujer que siempre tuvo mucho influjo sobre su hijo, incluso siendo emperador. Nos cuenta Zósimo

".... cuando Constantino(habido por el emperador Constancio del trato con una mujer ni reputada, ni legalmente desposada), ....."

No sabemos si la relación entre Constancio y Elena fue un simple concubinato de unos meses o realmente se casaron. Lo que si conocemos con certeza es que Constancio reconoció como hijo legítimo a Constantino. Lo más probable que Elena perteneciera a una familia respetable de Drepana, en el noroeste de Turquía, que será rebautizada por su hijo, cuando este sea emperador, como Helenópolis.

Vamos a hacer una cronología aproximada de como pudieron ser los primeros años del niño que fue Constantino:

271. El ejército del emperador Aureliano, y del cual formaba parte Constancio de la guardia personal(protectores augusti) del emperador Aureliano, salió de Roma a finales de año para enfrentarse y vencer a los godos en la frontera Danubiana. Después continuó hacia Sérdica y Bizancio, atravesó el Bósforo, y desembarcó en Asia Menor.

272. En la primavera el emperador Aureliano con su ejército prosiguió su guerra por la ruta hacia Antioquía. Al atravesar Bitinia, pasó por Drépano (Drepanum), actual Trapani, en Turquía donde Constancio conoció a Elena, oriunda del lugar. No tenemos seguridad de si Constancio adoptó como compañera o concubina a Elena, madre de Constantino. Después de esta unión conyugal y con Elena embarazada es probable que no acompañara a Constancio, sino que se quedara allí a la espera de su pareja. Tras la victoria sobre Palmira, Aureliano y sus tropas volvieron a Drépano. Es probable que Elena continuara camino con su esposo. Al llegar a Naissus, ciudad de origen de Constancio y su familia, Elena se estableció en este lugar para dar a luz a su hijo Constantino en el 272-273. siendo reconocido como propio por Constancio. En eso si parecen estar de acuerdo las fuentes: Constantino legítimo desde su nacimiento.

Aspecto de un tribuno de las legiones de principios del siglo IV.

275- 284. Constancio, Elena y su hijo Constantino establecieron su residencia en Naissus. Lugar desde donde le quedaba fácil a Constancio desplazarse a Guntia en el marco de las campañas de Maximiano.

284-287. Constancio siguió con su prometedora carrera militar, fue nombrado tribuno en la Galia y en el 287 continuó bajo las órdenes de Maximiano, luchando contra los alamanes otras tribus bárbaras llega a cruzar el Rin y el Danubio para atacarles en su propio territorio. En el 289 Constancio se separó de Elena, y contrajo matrimonio con la hija del augusto Maximiano, Flavia Maximiana Teodora con quien tuvo seis hijos. La carrera militar de Constancio no dejaba de ir a más aumentando su estatus social, es posible que llegado un momento su matrimonio con una mujer de condición social inferior ya no fuera conveniente.

Influencia de Elena y Constancio en la educación de Constantino


El niño, nacido en Nasius, actual Serbia, será criado por su madre ya que Constancio, militar de carrera, estaba ausente de campaña en campaña. Algunos autores afirman que si bien reconoció a su hijo, después se olvidó directamente de él continuando una prometedora carrera militar que le llevará a desempeñar puestos de responsabilidad como el de praeses de Dalmacia. No sabemos si el padre ayudó económicamente a Elena. Varios autores nos refieren la infancia de Constantino como un momento duro en el que debía ayudar a su madre en la cría y cuidado del ganado, o que incluso a veces Elena tuvo que emplearse como prostituta ocasional para sobrevivir. El propio Ambrosio de Milán la cita como stabularia( que hace referencia tanto al cuidado de animales y al oficio de posadera también) Según esta visión, en medio de un mundo convulso y de crisis económica Constancio Cloro va trepando en la administración y en el ejército mientras Elena y Constantino, privados de su apoyo, hacen lo que deben y pueden para ir sobreviviendo. Es posible que esta historia sobre una infancia difícil de Constantino sea falsa, que la intención sea la de engrandecer la figura del futuro emperador, mostrándole en su infancia como una persona que empezó desde lo más bajo. Lo más probable es que efectivamente el Constantino niño se criara la mayor parte de su tiempo con su madre, ya que su padre estaba ausente de campaña en campaña o concentrado en sus importantes responsabilidades, aunque resulta complicado y poco lógico que el hijo legítimo del Praeses de Dalmacia, que además vivía en la ciudad de origen de Constancio viviera en su niñez una infancia de estrecheces económicas. Lo más probable es que viviera cómodamente con su madre, viendo a su padre poco debido a su oficio, aunque visitando a Constancio cuando fuera posible en los cuarteles en los que se desarrollaba su trabajo como militar de alta graduación. Esto explicaría el respeto y cariño que a lo largo de toda su vida demostró a Elena y la distancia con un padre que acabará fundando por razones políticas una nueva familia.

Su suerte va a cambiar cuando Constancio en el 293 es nombrado Cesar de Occidente. Diocleciano el Augusto de Oriente, señor e ideólogo de la tetrarquía, tiene noticia de la existencia del joven Constantino. Diocleciano reclama al joven, que apenas tenía 20 años, a la corte de Nicomedia con el pretexto de educarle en política y en las artes militares de acuerdo con el estatus del hijo de un cesar. En la práctica Diocleciano conseguía un rehén valioso y se aseguraba la fidelidad del Cesar de Occidente.

Diocleciano rodeado de su guardia personal es saludado por varios cortesanos.

Nos cuenta el cristiano Eusebio de Cesarea:

"Y en medio de ellos, Constantino, que pronto se convertiría en su destructor, pero en ese momento de tierna edad, y floreciendo con el plumón de la primera juventud, habitaba, como lo había hecho ese otro siervo de Dios, en la misma casa de los tiranos, aunque joven como él, no compartían la forma de vida de los impíos: porque desde ese período temprano su naturaleza noble, bajo la dirección del Espíritu Divino, lo inclinó a la piedad y una vida agradable a Dios "

Allí desarrolló sus conocimientos de latín y griego los mejores maestros de retórica , entre ellos el cristiano Lactancio que será una de nuestras mejores fuentes para conocerle, y que años después será el maestro de su hijo Crispo. La vida en la corte será itinerante por las necesidades políticas y militares. Cientos de personas que la integraban marchaban de un lugar a otro al compás de los acontecimientos.

Según David Potter, esta corte y por lo tanto Constantino no pararán de viajar: en Egipto desde el 297 al 298; En Siria, concretamente en Antioquía, junto a Galerio que luchaba contra los persas de Narses en el 299 hasta julio del 301; después vuelta a Egipto hasta el 302 y después a Nicomedia hasta marzo del 303 cuando marchará a Italia donde estará hasta diciembre del 303 de allí a Nicomedia donde Diocleciano abdicará en el 305 para pasar sus últimos años en Salona. Fue testigo de las revueltas egipcias de finales del siglo III, viajó hasta Nisivis como parte de la legación de los romanos para firmar el tratado de paz con los persas en el 299, llegando a visitar la fastuosa Babilonia . En este ambiente itinerante se formó cultural y políticamente, también como militar siendo esta experiencia muy valiosa en su futuro.

Caballería romana siglo III-IV. Catafractas con lanza larga o kontos .

Constantino en estos años se casará con una joven de Antioquía llamada Minervina, posiblemente de una buena familia de esa ciudad, donde estuvo entre 299-301. Ambos tuvieron un hijo hacía el 303, Crispo, primogénito de Constantino, que será reconocido como hijo legítimo y primogénito a pesar de que años después, Constantino se casará con una mujer de noble ascendencia, la hija del Augusto de Occidente Máximo. Es posible que Minervina muriera en el parto porque no volvemos a saber nada más de ella. 

La abdicación solemne de Nicomedia y Milán supone que Diocleciano y Máximo se retiren del panorama político y que los antiguos cesares sean proclamados Augustos. Ahora el padre de Constantino era el Augusto de Occidente y Galerio el de Oriente. Es precisamente Galerio el que tiene ahora el poder en la Tetrarquía y elige a un compañero de armas, Severo como cesar de Occidente, y a Maximino Daya, su sobrino, como cesar de Oriente. La relación entre ambos augustos no era buena y Constancio Cloro, que se sabe enfermo, reclama a su colega que permita a su hijo Constantino abandonar la corte de Nicomedia y viajar a Occidente para que se reúna con él. Galerio decide incluir a Italia como zona que también debía contribuir a los gastos del Imperio, de los que hasta ahora había sido eximida. Creando en Roma un clima desfavorable a su poder que favorecerá futuras rebeliones. 

Galerio esperaba que Constancio, aislado frente a los tres tretarcas acabara por fallecer para nombrar cesar a otro de sus amigos llamado Licinio. Era cuestión de tiempo que todo el Imperio quedara bajo el dominio de Galerio, aunque Constantino no pensaba resignarse ni mucho menos.

Según Lactancio, Constancio envió una nueva petición para que su hijo se reuniera con él. Es probable que temiera por la vida de su hijo, pero Galerio, sabedor del valor que como rehén tenía el joven se resistía a dejarlo marchar. Finalmente accedió en una cena a que se fuera a la mañana siguiente. Constantino que se sospechaba algún ardid del augusto, nada más retirarse de la cena salió precipitadamente para encontrarse con su padre. Para evitar ser capturado, nos cuentan algunas fuentes que al llegar a las postas, mataba o hería a los caballos de refresco para evitar que sus perseguidores le alcanzaran. Mucho se ha debatido de esta precipitada marcha, aunque si podemos estar seguros de que la relación entre ambos augustos no era bueno y que nuestro protagonista abandona la corte de Galerio para acudir junto a su padre. Es posible que Severo, el Cesar de Occidente, recibiera órdenes de acabar discretamente con Constantino que logra evitar ser capturado y llegar al territorio seguro de Constancio Cloro. Estas versiones novelescas tienen como objetivo acrecentar la figura de Constantino y cuestionar la legitimidad de Galerio y la elección de Severo como  Cesar de Occidente, cuando el verdadero merecedor del puesto era el hijo legítimo del Augusto, Constantino. Estas versiones también acortan los meses que Constantino pasó con su padre en Britania, contando el suceso en algunos casos casi como que llegó a su lecho de muerte, de esta manera, la elección de Constantino como emperador en Britania  no sería producto de una conspiración, de un plan preestablecido sino como algo espontaneo, no planeado y que responde a la iniciativa de las tropas y del pueblo ante los méritos del joven hijo de su augusto. Esta versión evita que Constantino sea presentado como lo que era en ese momento: un usurpador.

Posiblemente el viaje de Constantino a Occidente fue menos aventurero, viajando incluso con su pequeño hijo Crispo de tres años de edad, Se encontró con su padre en el puerto de Gesoriacum en el lado de la Galia del Canal de la Mancha, convertido en la base de Constancio para la reconquista de Britania, en enero año del 306.

Constantino tendría posiblemente unos 25 años, ambos llevaban mucho tiempo sin verse y ahora el viejo Augusto conocía no solo a su hijo sino a su pequeño nieto, Crispo. Ahora el Augusto estaba casado con Flavia Teodora Maximiniana con la que había tenido seis hijos, medios hermanos de Constantino, el primogénito. 

Tras el encuentro, se desata una campaña contra los pictos de más allá del Muro de Adriano. En el 306 habían invadido territorio romano, atacando ciudades como York. Son meses de dura campaña en la que Constantino se luce como militar y líder frente a las tropas y frente a su padre Constancio Cloro que muere en junio de ese año. En esos escasos meses se ha ganado la voluntad de los legionarios. Probablemente el propio Constancio en su lecho de muerte recomendara a los mandos reconocerle como Augusto, así rompería los planes de Galerio y así sucederá, siendo nuestro joven Constantino nombrado Augusto, ignorando la legalidad tretárquica, que Constantino con su usurpación trata de sustituir por el principio dinástico que, tras su triunfo, será predominante durante prácticamente todo el siglo IV en el Imperio. 



Constantino se mueve rápido y envía tropas para asegurar los pasos alpinos al sur de la Galia que será su centro de poder. Galerio demostró ser pragmático y reconoce a Constantino como Cesar en Occidente bajo el mando de su hombre Severo que es ascendido como Augusto. Ambos contendientes necesitan ganar tiempo y aceptan el pacto como algo meramente temporal. Majencio, el hijo de Maximino se alza también, con el apoyo de la Guardia urbana y la pretoriana de Roma,  como Augusto. 

Casi 20 años sin guerras civiles van a ver su fin para abrir un nuevo periodo de enfrentamientos de los que solo uno de los contendientes puede salir victorioso, aunque esa, es ya otra historia.



ARTÍCULOS RELACIONADOS


BIBLIOGRAFÍA

Potter, David.-- Constantino el Grande.-- Barcelona: Crítica

Cesárea, Eusebio de.-- Vida de Constantino.-- Madrid: Gredos

Lactancio.--De Mortibus Persecutorum.( Dialnet)

Zósimo.-- Nueva Historia.-- Madrid: Gredos, 1992

WEBGRAFÍA

https://elocasoderoma.com/2020/12/11/episodio-53-el-joven-constantino/




























lunes, 13 de marzo de 2023

EL CABALLERO DE LA LEGIO VIIII HISPANIENSIS MARCO EMILIO SOTERIA. LEGIONARIO DE OSCA A CALES. ESTELA FUNERARIA


 




 La estela funeraria de Marco Emilio Soteria

 

Un texto de Ivan La Cioppa para HRA

El estudio de una estela funeraria es un apasionante viaje a través de los eones de la historia y el epigrafista un pionero que descubre mundos desconocidos sacando a la luz sus incontables riquezas. A veces surgen obstáculos que parecen insuperables pero, con sacrificio y pasión, la gruesa capa del tiempo acaba por desvanecerse y la aventura puede continuar. Una locución o una simple palabra que, a primera vista, parezca insignificante, podría resultar crucial para conocer al difunto o a quienes lo rodeaban. Un error o una marca aparentemente sin sentido puede, al contrario, dar lugar a descubrimientos sorprendentes. A continuación presentamos el estudio de una particular estela que, a ojos de un profano, podría parecer anónima y poco interesante pero que, en realidad, representa un hallazgo fundamental y bastante peculiar para conocer mejor un período concreto de la historia romana.

La estela en cuestión (EE VIII 530), de lapis Tiburtinus, rematada en punta con acroteras, sin bajorrelieves ni decoraciones, lleva un epígrafe formada de letras de tipo capital. Encontrada en la Cueva de Palombara, cerca de la antigua Cales, se conserva en el Museo Provincial de Campania, dentro del Lapidarium Mommsen.

M(arci) Aemili M(arci) f(ilii) Pob(lilia) / Soteriae equitis domo / Oscensis torquibus armill(is) / phaleris ab Imperatore / donatus(!) militis missici / veterani leg(ionis) VIIII Hispanie(n)s(is) / hic ossa sita sunt

“Aquí descansan los huesos de Marco Emilio Soteria, hijo de Marco, de la tribu Poblilia, caballero de Osca, soldado licenciado, veterano de la Legio VIIII Hispaniensis, condecorado con armillas, phalerae y torques por el Emperador.”

 


La inscripción nos da poca información pero, mediante el estudio de fuentes colaterales, podemos trazar una biografía del legionario.

Empecemos por el lugar de nacimiento. Marco Emilio Soteria era natural de Osca, en Hispania Citerior: sobre los restos de esta antigua ciudad romana se alza la ciudad de Huesca. En la zona, como narra Plinio el Viejo (Naturalis Historia III.3.4) estaban asentados los Oscenses, que dieron el nombre a la ciudad. Plutarco (Vida de Sertorio, 100.14) narra que en el siglo I a.C. era una ciudad grande, tanto que Quinto Sertorio la eligió su cuartel general y aquí murió en el 72 a.C..

Gran comandante militar y excelente gobernante, Sertorio había tomado las partes de Mario y, cuando Sila se hizo con el poder tras varias vicisitudes, se refugió en Hispania donde creó una entidad estatal independiente de Roma. Aquí emprendió una  política de integración y colaboración con los Hispánicos, tanto que instituyó en la misma Osca hasta una escuela de latín y cultura romana. Todo ello nos confirma que este centro en la primera mitad del siglo I a.C. ya tenía una fuerte conexión con Roma, así que no tiene por qué sorprendernos que un joven como Soteria deseara alistarse en el ejército romano. 

Mapa de la Península Iberica hacia la mitad del siglo I a.C

Nótese el uso preferente del término «Oscensis», usado a menudo, por ejemplo, por Tito Livio (Ab Urbe condita XXXIV.10,46; XL.43) para indicar los habitantes de esta ciudad y las minas de plata de la región. Esto explica que en el epígrafe no se cite directamente el nombre de la ciudad de Osca (como suele pasar con las ciudades de origen de los difuntos) sino el gentilicio.

La ciudad de Osca nos explica también por qué Marco Emilio Soteria estaba encuadrado entre los caballeros romanos que formaban parte de la legión. Según varios escritores como por ejemplo César los Hispánicos eran excelentes jinetes, y entre ellos sobresalían los Oscenses, tanto que en su ciudad acuñaban monedas que representaban un jinete al galope armado con una lanza. Por lo visto, Soteria pertenecía a la estirpe de estos grandes guerreros a caballo y, cuando se alistó, no pudieron sino encuadrarle en la caballería romana, una unidad en la que los romanos no destacaban y por eso confiaban a menudo en los auxiliares.

Probablemente, el difunto quiso ser identificado en su lápida como «eques oscensis» precisamente para recordar y subrayar la tradición militar de su lugar de origen.

Denario de plata, acuñado en Osca entre el 204 y el 154 a.C. En el reverso, un caballero a la carga y la inscripción “Bolskan” (antiguo nombre de Osca) en caracteres celtíberos .

Tratemos ahora de identificar el arco temporal en el que vivió Soteria: para ello es fundamental su nomen, «Aemilius». Sabemos que la ciudad de Osca estaba situada dentro de la provincia de Hispania Citerior cuya capital era Tarraco, la actual Tarragona. Como atestiguan las fuentes, entre ellas Apiano (Guerras civiles II.48), en el 48 a.C. Marco Emilio Lépido, futuro triunviro con Octavio y Marco Antonio, se convirtió en gobernador de la provincia. En el 44 a. C., fue investido de nuevo con el mismo cargo. Probablemente fue durante su segundo mandato cuando Lépido se dedicó a continuar la política de integración hispana iniciada por César, destinada a socavar la influencia predominante de los pompeyanos en la Península Ibérica. Un instrumento fundamental fue la concesión de la ciudadanía romana, muy deseada por los múltiples beneficios que conllevaba. Fue muy posiblemente en el contexto de esta política que Lépido concedió la ciudadanía al abuelo o al padre de Soteria. Concretamente, un peregrinus, era al convertirse en civis cuando asumía los tria nomina, de los cuales el segundo, el nomen, era el del potentado que le había concedido la ciudadanía. Siendo así, podemos situar el nacimiento del difunto después del 48 a. C.

A la luz de estos estudios, el nacimiento de Soteria tampoco debe dilatarse más allá de unas décadas ya que, a través del epígrafe, percibimos que la tradición y la cultura hispánicas siguen vivas en él, al reiterar su condición de «eques oscensis» y su destreza como caballero, legado de su tierra. Una romanización prolongada hubiera disminuido inevitablemente esta conciencia étnica.

 

Para acotar aún más el lapso temporal, pasemos a examinar la legión a la que nuestro jinete perteneció: la Legio VIIII Hispaniensis o Hispana: una unidad que tiene una larga historia, famosa porque durante muchos años se creyó erróneamente que había desaparecido sin dejar rastro en Gran Britania en el siglo II d.C. Aquí nos ocuparemos sólo de una parte de su epopeya, la relativa a la época que nos interesa.

La Legio VIIII citada en la inscripción es probablemente la que Octavio reconstruyó con los veteranos de César en Italia. Al principio tomó el nombre de Macedónica, como se relata en la estela de Turciano (CIL III 551), por la victoriosa batalla de Filipos en el 42 a.C. en la que participó, como afirma Mommsen (RGDA 2 p.68). En el 29 a. C. estalló la revuelta en Cantabria (Floro, Epítome de Tito Livio, II, 33): la situación era grave y Octavio, que entre tanto había asumido el título vitalicio de Augusto e Imperator (Dion Casio, Historia romana, XLIII, 44, 2), en el año 26 decidió participar personalmente en el conflicto llevando consigo algunas legiones de refuerzo, entre ellas la VIIII, como testifica Floro (Epítome de Tito Livio, II, 33; 46-47). El Princeps y sus tropas se instalaron primero en Segisama y luego en Tarraco, como cuenta Suetonio (Vida de Augusto, 26).

Probablemente fue entonces cuando Soteria se alistó en la Legio VIIII que estaba asentada en la zona. Osca estaba, de hecho, a medio camino entre Segisama y Tarraco. Además, la legión romana siempre necesitaba buenos equites para integrar las alae que la apoyaban y, como ya mencionamos, los Hispanos Oscenses eran conocidos por ser excelentes jinetes.

La Legión permaneció en Hispania hasta el 19 a. C.: quizás precisamente por su participación en esta campaña, tomó el nombre de Hispaniensis. De aquí se trasladó a Illyricum, donde diversos hallazgos prueban su presencia en el lugar en este período: entre ellos, por ejemplo, la inscripción de Sexto Cornelio (CIL III, 13977), hallada en la zona del antiguo Tilurium, hoy Gardun, en Dalmacia. Gracias a ella, la presencia de la legión en Iliria se puede fechar entre el 19 a. C. y el 9 d. C.

Pero volvamos a Soteria: la inscripción enumera varias condecoraciones que recibió. Este dato es importante porque podemos relacionar fácilmente las acciones heroicas, precursoras de estas condecoraciones, ya sea con las guerras cántabras como con las posteriores en Illyricum.

Esta tesis podría estar relacionada con otra estela hallada en Cremona (AE 1975, 0446), que probablemente pertenezca a un conmilitón de Soteria. En algunos aspectos su epitafio es muy similar al que nos ocupa:

 T(itus) Aponius P(ubli) f(ilius) / Ani(ensis) signifer / leg(ionis) IX Hispanien(sis) / vetera(nus) dona(tus) torq(uibus) / armillis phaleris / L(ucius) Aponius P(ubli) f(ilius) / fratri fecit

Por la inscripción sabemos que Tito Aponio fue un legionario de la IX Hispaniensis y era natural de Cesaraugusta (hoy Zaragoza, cuyos ciudadanos se adscribían a la tribu Aniense que fue a identificarlos) en la Tarraconensis (antigua Hispania Citerior). Es probable que él también se alistara durante las guerras cántabras por las mismas razones que se dieron para Soteria. Y como él se habrá distinguido en alguna de las dos grandes campañas militares, recibiendo los mismos honores. La investigación sobre Aponio, por tanto, no hace más que confirmar la historia de nuestro caballero de Osca.

En la inscripción de este último figura, además, la expresión «ab Imperatore» indicando que probablemente recibió sus condecoraciones directamente de manos de Augusto, que estuvo en la guerra del Cantábrico y en Illyricum en persona, donde dirigió operaciones desde Aquilea, aunque fuera por poco tiempo (Suetonio, Vida de Augusto, 20). Suetonio (Vida de Augusto, 25.3) y Dion Casio (Historia romana IL.14.2) también apoyan nuestra tesis, afirmando que el Princeps fue muy generoso en otorgar condecoraciones militares, una política dictada por el deseo de estimular el orgullo de los soldados y hacerlos aún más leales y menos inclinados a la rebelión. Sin embargo, la identificación de Augusto con el Imperator de la estela también está respaldada por otros elementos.

Estela de Tiberio Claudio Máximo


En primer lugar, sabemos que los dona militaria en la época imperial también podían ser otorgados por comandantes militares (Tácito, Annales. III, 21; Flavio Josefo, Antigüedades judías, VII, 1.3.13-17.). Cuando era un emperador quien lo hacía, entonces este acto se subrayaba por el gran honor que conllevaba. Tenemos ejemplos de ello en la estela de Tiberio Claudio Máximo (AE 1969/70, 00583), condecorado por Domiciano en la primera guerra dacia, y Publio Casio Segundo (Lupa 9473), recompensado por Trajano en una de sus campañas. Esto puede significar que Soteria en realidad fue condecorado nada menos que por Augusto, pues el término «imperator», que antes identificaba al comandante victorioso, sin embargo ahora fue adquirido de por vida por Augusto y entró a formar parte de su onomástica como «praenomen» con su nuevo significado, el que todos conocemos, que identificaba su nuevo rol institucional.

Por si es poco, recordemos que Tiberio, Claudio y Calígula, los siguientes emperadores, no usaron «imperator» en su titulación, un término que reapareció solo con Nerón y Vespasiano, por lo tanto después del período de datación de la estela. Al cruzar esta información, podemos afirmar que el término «imperator», sin especificar el nombre, podría ser un claro indicio de que Soteria solo conocía a Augusto como Emperador, en el significado antes mencionado. En otros casos, como el de Máximo y Segundo, si pospusiéramos la datación de la estela más allá de la primera mitad del siglo I, también habría aparecido el nombre del soberano.

Áureo de Nerón con el término "Imp." forma abreviada de Imperator, que vuelve en su titulación y en la de sus sucesores.

La cuestión de las condecoraciones y la relación con Augusto también quedaría confirmada por la presencia de la expresión «miles missicius veteranus». «Missicius» es una forma derivada del verbo «mittere» que en nuestro caso significa “despedir”. El término debe situarse en un contexto preciso. El Princeps, en el 13 a. C., llevó a cabo una importante reforma del ejército, aumentando el servicio de los legionarios de 16 a 20 años (Dion Casio, Historia romana, LIV.25.6; Tácito, Annales, I.17.2). Para evitar disturbios y descontento, Augusto dividió el servicio en 16 años “canónicos” y 4 “especiales” llamados «sub vexillum», durante los cuales los legionarios eran relevados de muchas de las funciones obligatorias en los años precedentes. «Missicius» podría referirse al soldado dado de baja inmediatamente después de este último período de servicio, mientras que «veteranus» al soldado que había completado los dieciséis años ordinarios. En la segunda mitad del siglo I esta distinción se perdió, y los dos términos se fusionaron en un solo servicio de veinte años obligatorios (afirmación respaldada por múltiples evidencias epigráficas).

En cuanto a Soteria, la presencia de ambos términos podría validar la ubicación temporal del caballero en época augustea. Pudo haber servido, primero durante los 16 años iniciales, logrando la calificación de veterano, y luego durante los 4 adicionales, luego de lo cual también asumió el estatus de «missicius». Otro dato interesante sobre el significado de este término es que Marco Emilio Soteria resulta ser el único miembro de una legión calificado como «missicius» en Italia. El término, en efecto, parece haber sido utilizado sólo en las provincias.

 

Ahora hablemos del lugar donde Soteria terminó sus días: Cales.




Mapa del Lazio y de la Campania en la época de Augusto, ha sido evidenciada la ciudad de Cales

¿Cómo un jinete de Osca de la Legio VIIII Hispaniensis se encontró viviendo en esta ciudad de Campania? Tenemos dos posibles respuestas. La primera tiene que ver con el reparto de las tierras del ager Campanus realizado por Augusto a favor de los veteranos (Dion Casio, Historia romana, XLIX, 14.5; Veleyo Patérculo, Historia romana, II, 81): Soteria pudo formar parte de esta operación. La segunda respuesta, mucho más compleja, se vincula a una figura importante de la época augustea: Marco Vinicio, gran general de Augusto (Dion Casio, Historia romana, LIII, 26.4) e íntimo amigo suyo (Suetonio, Vida de Augusto, 27). Entre las diversas tareas que se le encomendaron, una fue la gobernación de Illyricum del 14 al 10 a. (AE 1895.122, Inscripción de Tusculum) y el liderazgo de la correspondiente campaña de paz en la que también participó la Legio VIIII de Soteria. Probablemente se le otorgó un segundo mando en Iliria desde el 3 a. al 1 d.C. Pues bien, Marco Vinicio era natural de Cales (Tácito, Annales, VI, 15.1). Soteria pudo haber entrado en contacto con él gracias a que era un caballero, un rol mucho más prestigioso que el de legionario (César, De bello civili, III. 71). Como caballero pudo haber realizado tareas de escolta del comandante (Flavio Josefo, Antigüedades judías, III, 5.5.93-97) o de exploración y reconocimiento (Tácito, Historiae, III, 16) cuyos resultados se solían llevar al conocimiento directo de los mandos. Es posible que Soteria oyera hablar de Cales directamente de Vinicio, quien lo habría elogiado como uno de los lugares más encantadores del Imperio. Esta reputación de la ciudad de Campania fue compartida por varios autores antiguos amantes de su paisaje y buen vino, así como de su gente (Cicerón, Epistulae ad familiares, IX, 13; Epistulae ad Atticum XVI, 11; Estrabón, Geografía, V, 3.9.; Horacio, Odas, IV, 12). Como alternativa, Soteria pudo haber conocido, si no directamente a Vinicio, a alguien de su círculo íntimo, natural de la misma ciudad. Es posible que las historias sobre la magnífica Cales hayan persuadido al caballero oscense a trasladarse a esa ciudad para vivir su merecida licencia. Una vez allí, Soteria cambió su tribu de la Galeria de Osca a la Poblilia de Cales, algo que confirma que se había integrado perfectamente en su nueva ciudad.

Finalmente, hablemos del cognomen del jinete: Soteria.

Este término parece depender de la posible ascendencia griega del oscense. “Soteria” podría derivar del griego «Σωτήρ» que significa “salvador”. El origen de nuestro jinete podría estar relacionado con la ciudad de Ἐμπόριον (en latín Emporiae, hoy Empúries), fundada en el siglo VI a.C. en las costas de Cataluña (Livio, Ab Urbe Condita, XXXIV, 9). La ciudad se convirtió en un gran centro comercial que atraía a gente de todo el imperio. Quizás los griegos supieron de las minas de plata en la tierra de los Oscenses. El encuentro entre los antepasados griegos e hispanos de Soteria podría haberse producido como un resultado de estas hipótesis.




Conclusiones

Del examen de las fuentes y de toda la información obtenida, podemos incluso atrevernos a perfilar la personalidad de Marco Emilio Soteria. Su estela, esencial y sin adornos, podría reflejar un alma sencilla dedicada únicamente al deber y al amor por Roma. El caballero vivió posiblemente de acuerdo con el Mos Maiorum, las antiguas tradiciones romanas que se basaban en la austeridad y en una moral rígida e inflexible que rechazaba la comodidad y el lujo. Sus orígenes hispanos, junto con una vida vivida como soldado romano, se encuentran en perfecta armonía con este particular estilo de vida.

La inscripción también confirma este análisis. En primer lugar, el propio trabajo del cantero parece un poco ordinario, tosco. De hecho, parece ser el trabajo de dos manos diferentes. Soteria no se preocupa por una membresía de alta calidad, solo por lo que representa. El texto parece centrarse en un punto fundamental: «ab imperator donatus». El orgullo y el honor de haber sido condecorado por el propio Emperador, por Augusto, es para él el único motivo de jactancia que le ha recompensado de una vida de sacrificios y privaciones en los campos de batalla, como parte de la Legio VIIII Hispaniensis. Tras su muerte, sólo quiere ser recordado por un motivo, por haber cumplido con su deber de soldado romano gracias a sus dotes de caballero, herencia de sus orígenes oscenses. Todo lo demás es superfluo.

En la inscripción no se menciona a nadie que encargara la obra, elemento que suele comparecer en las estelas funerarias. Esto podría significar que Soteria terminó sus días en soledad, posiblemente sobreviviendo a su esposa e hijos. Quizás un carácter duro y poco entrañable, debido a tantos años de vida militar y a las demasiadas masacres de las que había sido testigo, podría haberle retirado la simpatía de amigos y conocidos.

Sea cual sea su historia, Marco Emilio Soteria será recordado para siempre como un héroe condecorado del ejército romano gracias a su sencilla estela funeraria, única prueba de su existencia. Si estás de visita en el Museo Provincial de Campania, pasa al Lapidarium de Mommsen y detente unos momentos para rendir homenaje a un hombre que contribuyó a la grandeza del Imperio Romano.

 

EL AUTOR


Ivan La Cioppa

Nació en Santa Maria Capua Vetere (CE, Italia) en 1981, tras un bachiller en literatura y letras se ha licenciado en derecho. Escritor, divulgador y experto en historia de Roma, ha publicado dos novelas históricas: “La legión que vino del mar” y “Una legión por Trajano”, disponibles también en español, y una novela de fantasía, “I figli di Akilon”. Sus obras han tenido éxito tanto en Italia como en España y en América Latina. Colabora con museos, asociaciones culturales y blogs de divulgación histórica tanto en Italia como en España.



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