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sábado, 22 de agosto de 2020

POMPEYA Y LA CRUEL NATURALEZA

POMPEYA Y LA CRUEL NATURALEZA

Escrito por Marcos Uyá Esteban

Mercado de Pompeya el amanecer antes de la erupción(IL. Bence Száraz)

Aquel 24 de agosto (u octubre) del año 79, la vida para los habitantes de Pompeya y la ciudad misma cambió para siempre. El azar y el destino quisieron que uno de los mayores volcanes con más actividad del planeta rugiera con todo su poder aquella mañana de tal manera que no solo llegaría a sepultar Pompeya, sino a la vecina ciudad de Herculano, también a Oplontis y causaría daños graves en Estabia.

El horror de aquellos habitantes que intentaban huir despavoridos a todas direcciones para salvar su vida, fue uno de los episodios más trágicos y negros de la historia de Roma, una puñalada mortal en pleno corazón de Italia, y más para la capital, Roma, que estaba expectante para la inauguración del flamante Anfiteatro Flavio, conocido como el Coliseo. En este pequeño artículo vamos a desgranar qué es lo que ocurrió exactamente.

Una tambaleante ciudad

La ciudad de Pompeya tuvo sus orígenes probablemente en el siglo VI a. C. Situada en la región de Campania, en las fértiles faldas del monte Vesubio y resguardada por el golfo de Nápoles, fue construida encima de restos de erupciones anteriores y tenía al río Sarno como eje hacia el mar, protegido por lagunas que propiciaban el desembarco de mercancías, que en aquellos tiempos estaba más cerca que en la actualidad. Alcanzó cierta relevancia hacia el año 80 a. C. cuando el dictador Lucio Cornelio Sila, la convirtió en colonia con el nombre de Colonia Cornelia Veneria Pompeiorum, a pesar de que sus habitantes habían luchado en contra de él, pero fue el método de ganarse adeptos, transformando la ciudad con un estatus jurídico superior y dando la ciudadanía romana a todos sus componentes.

Durante los ciento cincuenta años siguientes la ciudad distó de ser tranquila en términos sismológicos, puesto que los terremotos sacudían sus cimientos cada cierto tiempo, como si Pompeya estuviese encima de unos delgados y endebles zancos, siendo los más conocidos los acaecidos en marzo del año 37 d. C., en febrero del año 62 o 63, el del 64 en la vecina Nápoles, cuando su teatro colapsó coincidiendo con una visita del emperador Nerón que acostumbraba a dar recitales interminables a base de rapsodas, y los “temblores” de los días previos a la catástrofe del año 79.

La naturaleza a veces da señales, y es conveniente no ignorarlas. Los días anteriores al fatídico desenlace, una serie de indicios presagiaban lo peor. En aquel momento Pompeya, con una población de entre diez y veinte mil habitantes, estaba llena de andamios cuyos obreros, que reparaban los daños acaecidos casi dos décadas antes cubriendo paredes con yeso fresco, debieron de quedarse absolutamente perplejos cuando el acueducto dejó de transportar agua, y es que las sacudidas habían desviado la pendiente del mismo enderezándolo, dejando a las fuentes sin suministro de agua. Pero una de las señales que jamás se deben de ignorar, son la de los animales. Los gatos, como si fueran una especie de “detectores sísmicos”, empezaron a huir, los perros a aullar lastimosamente de manera inquieta e incansable y las aves migratorias levantaron el vuelo y a huir de la zona. 

El despertar de un gigante dormido

A la una de la tarde (hora séptima para los romanos) del día 24 todo cambió. El desarrollo de la erupción y todos los detalles asociados a la misma lo conocemos gracias al impagable testimonio de Plinio el Joven, que en aquel momento era un imberbe adolescente ávido de aprender nuevas cosas que dejó en dos cartas escritas al historiador Tácito la magnitud de la tragedia (Epístolas 6, 16 y 6, 20). En el día de los acontecimientos, se encontraba junto a su madre y su tío Plinio el Viejo en Miseno, situado a unos 31 km al oeste de Pompeya, en la otra punta de la bahía de Nápoles. Plinio el Viejo, otro hombre inquieto, era el prefecto de la flota marítima de Miseno, que controlaba la parte occidental del mar Mediterráneo. Ambos fueron testigos a distancia de lo que se estaba desarrollando y el testimonio de Plinio el Joven contiene una descripción pormenorizada paso por paso del avance de la erupción, lo que sería bautizado posteriormente por los vulcanólogos como de tipo pliniana, dentro de la clasificación de las llamadas erupciones magmáticas. 


Plinio el Joven y su madre en Miseno. Pintura de Angelica Kauffmann (1785)

Lo primero que ocurrió en el Vesubio es que el tapón que bloqueaba la salida del cráter explotó por los aires, dando lugar a una enorme columna de humo, anunciando la erupción volcánica, de materias volcánicas y gas, más livianos que el aire, que se elevaban hacia al cielo, agrandando la columna en su parte más alta, dando la forma, como diría Plinio el Joven, de un pino gigante, y alcanzó la nada desdeñable altura de 32 km, oscureciendo el cielo y tapando la luz del Sol. Esto convirtió los alrededores en un manto de tinieblas propio de la llegada del Apocalipsis, para un cristiano, o el despertar de Vulcano, el dios romano del fuego, visiblemente encolerizado.

Poco después, una lluvia de cenizas y lapilli empezó a caer sobre Pompeya, puesto que el viento, de componente sureste, arrastraba estos materiales hacía allí. El lapilli es un material poco pesado, y probablemente no hiciera mucho daño, pero la acumulación del mismo, no dejó de caer incesantemente durante ocho horas, más la ceniza, debió de ser muy molesto para los habitantes, aunque no tenían la idea de que lo peor estaba por llegar. En efecto, tras estos lapilli, empezaron a caer piedras pómez, que a pesar de ser una roca volcánica porosa de baja densidad, puede alcanzar grandes tamaños y varios kilogramos de peso, los suficientes para aplastar la cabeza o cuerpo de una persona. Además, esa piedra pómez empezó a acumularse sobre los tejados de las casas, acumulando peso en la misma, y provocando derrumbes que provocaron la muerte de los habitantes que se habían refugiado en el interior en pos de intentar ponerse a salvo de la erupción. Los que permanecían fuera, aparte de soportar la lluvia, cada vez les costaba más y más coger aire, puesto que las finas cenizas más las emanaciones gaseosas penetraban en los pulmones dificultando el proceso respiratorio y provocando episodios de asfixia.

Mapa de la expansión de la erupción del Vesubio del año 79 d.C

El flujo piroclástico: un enemigo letal

Mientras tanto, en Herculano, ciudad en donde vivían las clases más pudientes en grandes y fastuosas casas y villas, unos cinco mil habitantes en total, las cosas eran diferentes. Al estar más cerca del cráter, apenas 5 km, y dada la dirección del viento, no sufrió la lluvia de ceniza, lapilli y piedra pómez, pero sí que sería presa de uno de los efectos más devastadores de la erupción: el famoso y temido flujo piroclástico, una nube de gas muy caliente, ceniza y roca que se desliza por las laderas de los volcanes, alcanzando una velocidad de más de 300 km por hora. Y lo que ocurrió es que empezaron a sucederse oleadas de este flujo que alcanzó primero Herculano, unas doce horas después de la erupción, convirtiendo a la ciudad en una ratonera. Un testimonio de ello son los restos de una veintena de esqueletos apiñados en los cobertizos donde se amarraban los barcos, que en su vano intento de protegerse, fueron abrasados irremediablemente por el flujo, que estaría a unos 500 grados centígrados, y tuvieron una muerte instantánea, aunque estudios recientes sugieren que en esos cobertizos en realidad fueron una especie de horno y las personas alojadas allí murieran cocidas de manera más lenta y dolorosa.

Esqueletos de las víctimas que intentaron ocultarse bajo las bóvedas de los cobertizos
En Pompeya, se sucedieron oleadas del flujo que no alcanzaron la ciudad, hasta que la cuarta y la más devastadora, que ocurrió ya al día siguiente sobre las 7:30 de la mañana, penetraría a gran velocidad derribando parcial o totalmente todas las estructuras que encontraba en su camino. La diferencia con respecto a Herculano es que este flujo estaba a menor temperatura, unos 300 grados, debido a que Pompeya está al doble de distancia del Vesubio que Herculano, lo que proporcionó la famosa estampa de las figuras conservadas en el último instante de su vida, como si fueran fotografías de la época. La temperatura no tan elevada hizo que las personas muriesen al instante pero no para vaporizar la carne de sus cuerpos, al contrario que en Herculano. La lenta desaparición de la carne, hizo que quedase una capa vacía entre el ropaje que llevaban y el esqueleto, lo que fue aprovechado en el siglo XIX por el arqueólogo y numismático italiano Fiorelli para verter yeso líquido en la capa vacía, dejándolo endurecer y retirando las cenizas sobrantes, dando el aspecto actual de las figuras que revelan los detalles de su último aliento antes de morir.

 “Víctima sentada” de Pompeya, por la postura en la que se encontró el cuerpo.


En Miseno, Plinio el Viejo, como comandante de la flota, tomó una decisión, ir a socorrer a aquellos que habían podido escapar de la ciudad y se amontonaban en las playas gritando desesperadamente en busca de auxilio y también, de paso, estudiar el fenómeno más de cerca. Usando los barcos de la armada, intentó atravesar la bahía de Nápoles, pero el fuerte oleaje propiciado por pequeños seísmos, más la lluvia de cenizas y lapilli que se sucedían cada vez que se acercaba más y más la zona, le obligaron a hacer noche en Estabia con la intención de partir al día siguiente, pero, cuando iba a hacerlo, murió asfixiado por emanar dióxido de azufre, cuando se dirigía al barco. A pesar de no conseguir su objetivo, la valentía de Plinio el Viejo hizo que fuera uno de los precursores de la protección civil en casos de situaciones de emergencia ante desastres naturales.

La duración de la erupción fue de casi dos días. El día 26 ya no quedaba rastro.  Si alguien hubiese pasado por allí sin tener constancia de la existencia de una ciudad, habría seguido su camino sin percatarse. Es imposible calcular el número de víctimas, aunque en Pompeya se han recuperado 1150 cuerpos y en Herculano unos 350. Y aunque hubo supervivientes, tanto Pompeya como Herculano, también Oplontis, cayeron en el olvido durante más de 1500 años, a pesar de que posteriores autores latinos hablasen de estas ciudades. Estabia, poco tiempo más tarde, volvería a ser habitada. Habría que esperar al siglo XVIII con los redescubrimientos de Herculano primero y Pompeya después, para dar cuenta de la magnitud de la catástrofe y para entender el estilo de vida de los ciudadanos romanos en el día a día.

La controversia de la fecha

La última erupción del Vesubio fue en 1944 y por ahora permanece dormido, pero una de las cuestiones más controvertidas, y que se acentúa cada vez más hoy en día, es saber con exactitud si la catástrofe ocurrió el 24 de agosto o, como muchos piensan a través de evidencias descubiertas en los últimos años, el 24 de octubre. Las pruebas inclinan a pensar en la segunda fecha a pesar de que en el relato de Plinio el Joven establece la fecha el 24 de agosto (nueve días antes de las kalendas de septiembre), pero quizás se debe a un error de transcripción en la Edad Media. Muchos arqueólogos y expertos en Historia creen que sucedió en octubre puesto que se han encontrado frutos más propios del otoño (nueces, higos o castañas), ánforas con la recogida de la vendimia, algunos braseros y estufas que indican que a finales de octubre las noches eran ya frías, y, lo más importante, una moneda romana que indica la XV salutación imperial de Tito, el emperador romano de entonces, cuya datación no podría ser antes del 7 de septiembre del 79. Pero por si fuera poco, una inscripción hallada en 2018 escrita en carbón que pone la fecha de 16 días antes de las kalendas de noviembre, es decir, el 17 de octubre, una semana antes de la erupción, parece dar el espaldarazo definitivo a la cuestión. Sea como fuere, Pompeya siempre quedará en nuestras retinas como el fin de una ciudad y el nacimiento de un mito legendario que ha servido para la creación de numerosas obras artísticas, cinematográficas y literarias.

Estatua del emperador Tito. Museo del Louvre.

jueves, 22 de abril de 2021

UN DÍA EN POMPEYA. EL SORPRENDENTE RELATO DE LO COTIDIANO. BREVE RESEÑA.

A través de diferentes medios, fundamentalmente los libros y la pantalla de la televisión, hemos recibido muchísima información sobre el desastre que supuso la erupción del Vesubio en el 79 d.C. Una catástrofe que supuso la desaparición de las ciudades de Pompeya, Herculano y Estabía y la muerte de cientos de personas que no pudieron o no quisieron alejarse de sus hogares, antes de que estos quedaran sepultados bajo la lava. A pesar de eso "Un día en Pompeya" de Fernando Lillo Redonet (Espasa, 2020) ha demostrado que todavía se puede aportar mucho en la divulgación de lo sucedido en las faldas del Vesubio en el 79 d.C.
Panorámica de la ciudad de Pompeya.

Es un libro sorprendente por su enfoque. El autor ha conseguido aunar el inmenso volumen de información, recibido a través de las fuentes históricas, y sobre todo arqueológicas, para construir un relato de la vida cotidiana de estas personas, reales en la mayoría de los casos, en la primavera previa a la erupción. Para ello utiliza un curioso recurso que le da al relato una estructura de "docudrama". Desde que sale el sol, pasearemos por la ciudad acompañando a alguno de sus habitantes concretos, como Eufemo que junto a su hijo Félix, se acerca a la ciudad a vender los productos de su granja en el mercado, allí estará defendiendo su candidatura a edil el joven Cuspio Pansa, a quien el panadero Terencio Neón le ofrecerá apoyo en su candidatura. Conoceremos el día a día de otros personajes como el banquero Lucio Cecilio Jucundo o al profesor Gayo Julio Heleno. Sabremos como funcionaba la lavandería de Estéfano, el día a día de Popidio Natal el adorador de Isis, etc. Aunque no todo va ser trabajo, los pompeyanos también se relajaban en las termas donde actuaban ladrones como Ladícula, en establecimientos como el bar de Aselina y sus chicas, o los próstíbulos donde trabajaban mujeres como Fortunata. No se olvida de los venatores y gladiadores como Celado " el gladiador rompecorazones, ni de una compañía de actores de paso por Pompeya esos días.

Foro de Pompeya

Al final veremos como cada uno de ellos vive la erupción y si escapa o no de ella. A todos ellos y a muchos más los iremos conociendo a lo largo de sus 200 páginas que leeremos con una facilidad pasmosa gracias a la sorprendente habilidad narrativa de Fernando Lillo Redonet, el autor, (Castellón de la Plana, 1969) que es Doctor en Filología Clásica, profesor de latín y griego  autor de numerosos libros como Eucro, el arquero de Troya (2004); Medulio. El Norte contra Roma (2005); Séneca. El camino del sabio (2006);Los jinetes del mar. El secreto de Cartago (2018);Héroes de Grecia y Roma en la pantalla (2010);Gladiadores: Mito y realidad (2011);Fantasmas, brujas y magos de Grecia y Roma (2013);Hijos de Ben-Hur.Las carreras del circo en la antigua Roma (2016) y artículos sobre el Mundo Antiguo. Fernando ha sido pionero en España en los estudios sobre el cine de romanos con sus obras El cine de romanos y su aplicación didáctica (1994) y El cine de tema griego y su aplicación didáctica (1997). Es autor también de guías didácticas de películas como Gladiator, Troya o Alejandro Magno. Ha sido miembro del comité científico del Congreso Internacional Imagines.
Fernando Lillo Redonet, el autor
La Antigüedad en las Artes Escénicas y Visuales (Universidad de la Rioja, 2007) y colaborador en el volumen Hellas on Screen. Cinematic Receptions of Ancient History, Literature and Myth (2008). Ha impartido conferencias en Universidades españolas y extranjeras sobre el cine de romanos e igualmente numerosos cursos de formación del profesorado sobre el mismo tema. Es colaborador habitual de Historia National Geographic, revista en la que ha publicado artículos y reseñas sobre el mundo griego y romano.

Un aspecto a destacar es lo riguroso de la información que el autor maneja. Se ha documentado sobre todos los aspectos de los que habla, estando al tanto de lo último en cada una de las cuestiones, por ejemplo el debate sobre si el mes de la erupción fue agosto u octubre, las continuas referencias al terremoto del 63 d.C y sus consecuencias, etc. Es de mucha utilidad al final del libro el apartado en el que se explica lo que es estrictamente histórico y lo que es fruto de su imaginación.

En conclusión creo que estamos ante una de las mejores obras de divulgación en castellano sobre Pompeya. Una obra accesible a todos los públicos. Rigurosa por la información que se nos ofrece y muy entretenida por el formato en la que se nos ofrece. Un imprescindible para todos aquellos amantes de la Antigüedad en general y de la Historia romana en particular.

Si aún no tienes un ejemplar, pincha aquí:


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viernes, 27 de mayo de 2022

El retrato que el ADN nos ofrece de la pareja encontrada la Casa del Herrero o de Marco Volusio, en Pompeya.

Un texto de Maribel Velasco

Las recientes investigaciones llevadas a cabo por un equipo internacional han conseguido secuenciar el ADN de una víctima de la erupción del Vesubio en Pompeya en el 79 d.C. Se trata de una investigación realizada por un equipo internacional de la Universidad de Copenhague, la Universidad de Roma Tor Vergata, la Universidad de Salento en Lecce, la Universidad de California en Irvine y el federal brasileña de Minas Gerais en Belo Horizonte, en colaboración con el Parque Arqueológico de Pompeya.


El estudio se ha publicado en la revista Scientific Reports.

Es una primicia absoluta porque hasta ahora solo se habían analizado fragmentos de ADN mitocondrial, es decir, el ADN no contenido en el núcleo de las células, extraído tanto de humanos como de animales de Pompeya.

Las muestras de material genético las obtuvieron de la porción pétrea, la parte del hueso temporal, el que rodea al oído. El estado de conservación de los restos era excelente, no debían haber estado en contacto con temperaturas demasiado altas. En cambio, el ADN estaba muy degradado, pero aun así consiguieron extraerlo, quizá porque la ceniza lo mantuvo en un ambiente anóxico (sin oxígeno), ralentizando así su degradación. Sin embargo, no fue posible secuenciar el ADN de la mujer. 

Fotografía realizada en 1933 que muestra la posición en la que fue encontrada la pareja

Los datos obtenidos por los científicos han permitido averiguar que el antiguo pompeyano tenía muchos elementos genéticos similares a los de los habitantes de la Italia central y de otros individuos que vivieron en Italia en tiempos del Imperio Romano. En el estudio óseo se han encontrado restos de una enfermedad similar a la tuberculosis, el llamado mal de Pott, que ataca a la columna vertebral, por lo que sufriría grandes dolores y tendría limitada su movilidad. La mujer sufría artrosis.

Se trata de un hombre de unos 35-40 años y 164 cm. de altura, y una mujer de más de 50 y 153 cm. que perdieron la vida en la llamada Casa del Herrero o de Marco Volusio Iuvenco. Es una morada modesta pero digna, adornada con unos elegantes frescos. En ella se encontraron una serie de herramientas de trabajo: catorce cinceles, martillos, una sierra, dos compases, instrumentos de escritura, una regla plegable de 0,295 m (un pie romano) y diversos elementos para el acabado de muebles, pero también varias cerraduras para cajas de madera y un carrulus para niños (una carretilla). El carácter artístico de los muebles, la calidad de los materiales encontrados y el juego de herramientas propias de un herrero, sugieren que los últimos tiempos la casa estuvo habitada por un faber arcarius, un fabricante de arcones y muebles. 

La mujer tenía en una mesa frascos de perfume y varias joyas, una de cuales es un collar que consta de veintisiete amuletos de bronce, hueso y pasta de vidrio que representan diversas divinidades. 

Ejemplo de casa pompeyana. Casa de la Diana Arcaizante, reconstruida
por el equipo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 

Los esqueletos se encontraron en 1933 en el triclinio (comedor). Allí se refugiaron, quizá pensando que era el lugar más seguro de la casa o porque tenían dificultad para huir: el hombre estaba en el suelo, con los brazos agarrados al borde del lecho triclinar, entre los pies, una bolsita de tela que contenía un pequeño tesoro de 26 monedas de plata, equivalentes a 104 sestercios y todavía con algún resto de las sandalias (apareció un clavo de la suela). La mujer tenía los brazos doblados bajo la cabeza rodeando otro montoncito de monedas.


martes, 23 de febrero de 2021

TERREMOTOS MÁS IMPORTANTES DE LA ANTIGUEDAD. LOS SEISMOS EN POMPEYA DURANTE EL SIGLO I.



¿Qué papel jugaron los terremotos en la Antigüedad?¿Cuales fueron los más graves y que consecuencias tuvieron? El Mediterráneo es una zona de elevada actividad sísmica donde entran en colisión en su desplazamiento la placa africana con la euroasiática. Este contacto ha creado un gran número de fallas en torno a este área que son las responsables de los frecuentes terremotos que históricamente han afectado a toda la cuenca del Marenostrum.


¿COMO LOS EXPLICABAN LOS CIENTÍFICOS EN LA ANTIGUEDAD?

Muchas personas atribuían los terremotos y otras catástrofes naturales a la la voluntad de los dioses. Estos enojados con las personas o a las ciudades en las que habitaban por su comportamiento, decidían castigarles de varias maneras: plagas, guerras, hambre, catástrofes naturales, etc. No obstante, siempre hubo científicos capaces de dejar esta explicación de lado, que construían complejas teorías para explicar los terremotos.

Según Tales de Mileto, que desarrolló su obra científica entre finales del siglo VI a.C y la primera mitad del V, la Tierra flota sobre el agua. En las ocasiones en que la Tierra experimenta un terremoto, en realidad está fluctuando debido a la aspereza de los océanos. Esta explicación, aunque equivocada, es la primera en explicar este fenómeno natural sin invocar entidades sobrenaturales o místicas.

Ya en "De mundo" que es una recopilación de diversos temas científicos del famoso autor teatral Apuleyo( siglo II a.C), aparece una clasificación de ese fenómeno. Nos cuenta que :

"La tierra abunda en su interior en exhalaciones y fuego"

"Tellus(...)spiritu et ignifecunda est"

Estas exhalaciones al desplazarse por las concavidades del interior de la Tierra golpean la parte compacta de la misma:

"Saepe accidit ut natiui spiritus, per terrae concauas partes errantes, concuterent solida terrarum(....)

Y que al tratar de pasar por lugares más estrechos y no encontrar salida acaban produciendo movimientos telúricos. A continuación propone una clasificación de siete tipos de terremotos basándose en las consecuencias de cada clase( variación en el cauce de los ríos, si se abre la tierra, si salen gases, etc)

"Saepius ut spíritus, cescente uidentia et insinuantes se telluris angustis nec inuentes exitum, terra moverent"

Otros científicos como Anáxagoras( siglo VI a. C), Demócrito de Abdera (siglo VI y V a.C) o Anaxímenes de Mileto( siglo VI) tratan de explicar los seísmos bajo un punto de vista meteorológico. Aristóteles( siglo IV a.C) descarta este enfoque porque piensa que la causa es el desequilibrio entre dos tipos distintos de exhalaciones de la tierra que producen violentos movimientos de viento en el interior de la corteza terrestre. Tito Lucrecio Caro lo achaca al derrumbamiento de grandes masas en el interior de la Tierra provocadas por el hundimiento de las grandes cavernas que hay en su interior. Plinio el Viejo más en la línea de Aristóteles hace otra curiosa clasificación:

" Los hay que, en un lugar, derriban murallas, en otras producen profundos socavones que lo engullen todo, en otras vomita enormes masas de material, en otras hacen brotar ríos..."( Nat.2.193.80)






Da una serie de síntomas premonitorios como que los animales y las aves marinas se porten de una manera extraña, que los pozos se enturbien, etc y ofrece medidas de protección como situarse, en caso de vivir un terremoto, debajo de los arcos de las puertas, cerca de las esquinas, construir mejor con ladrillo y adobe que con piedra, etc. Séneca le dedico a los seísmos un libro completo en sus "Naturales Quaestiones". Atribuye a las grandes corrientes que existen debajo de la tierra los terremotos al comprimir el aire con su movimiento. Además añade que el aire del interior de la Tierra, enrarecido, al ser liberado por los temblores puede provocar pestes y epidemias.

EL CASO DE POMPEYA. TERREMOTOS PREVIOS A LA GRAN EURUPCIÓN DEL 79.

Todos conocemos la gran erupción del Vesubio del año 79 d.C y las nefastas consecuencias que tuvo para la existencia de ciudades como Pompeya o Herculano. Sin embargo están muy poco divulgados los terremotos que a lo largo del siglo I fueron azotando esta zona del sur de Italia como un nefasto aviso de lo que estaba por venir

El primero que conocemos es el terremoto del año 37. Suetonio, en su "Vida de Tiberio" hace referencia a un terremoto que sucedió en marzo del 37. El Emperador estaba de vuelta de Roma a su villa en Capri. También Tácito, al situar la muerte de Tiberio, nos cuenta que aconteció en este viaje en él que que el terremoto obligó al sequito imperial a refugiarse en la Villa de Lúculo, en el monte Miseno, que está en el cabo del mismo nombre. Sabemos que a consecuencia del temblor el faro de Capri se derrumbó y por los versos de Estacio, un poeta de la corte de Domiciano, sabemos que ya estaba reconstruido bajo ese gobierno.

Tácito también nos cuenta que bajo el gobierno de Nerón hacia el 62 Pompeya fue destruida parcialmente por un fuerte temblor. Es decir que estamos hablando de aproximadamente 16 años antes de la gran erupción del Vesubio, digo aproximadamente porque Séneca sitúa este temblor en el 63. Nos cuenta que :

"El temblor sepultó Pompeya e hizo temblar a las comarcas inmediatas"

Describe además daños importantes en Herculano y Nuceria que se encuentran a unos 13 kilómetros, e incluso en Nápoles que se encuentra a 25. Podemos concluir que el terremoto causó graves daños en Pompeya y Herculano, siendo más leves en Nuceria. En Nápoles parece ser que solo afectó a algunas casas particulares. Cita Séneca el episodio curioso de la muerte de un rebaño de unos 600 corderos en las laderas del Vesubio que él atribuye a la liberación de gases venenosos que provocan epidemias en personas y animales al ser liberados del interior de la Tierra. También nos cuenta que hubo repetidas réplicas de menor intensidad, contándonos el caso de un hombre que encontrándose en el baño, aseguraba haber visto los ladrillos del suelo separarse y volver a unirse y como en el momento de la separación pudo ver el agua en los intersticios y como esta hervía cuando se estaban reuniendo. Es posible que a raíz de este terremoto, como pasó en otros casos como Corinto o Pafos, se le concediera a Pompeya la condición jurídica de colonia romana.

Según los expertos este terremoto pudo tener su epicentro cerca de Estabía a unos 5 kilómetros de profundidad y una intensidad de 5 a 6 en la escala de Richter. Según la arqueología casi todos los edificios resultaron afectados en mayor o menor medida. En Pompeya edificios como el anfiteatro, el foro, el edificio de Eumachia, el macellum, las puertas monumentales de entrada a la ciudad, la basílica o la curia municipal fueron muy dañados por los temblores que también interrumpieron el suministro de agua. En el 79 algunos edificios ya estaban reparados aunque otros como el templo de Apolo, el pavimento y el pórtico del foro se encontraban aún en restauración. Algunos edificios fueron demolidos y en su lugar se construyeron otros nuevos o simplemente se quedaron como simples solares. Es curioso el papel que los comerciantes jugaron en esta reconstrucción, según un estudio de 1973 surgieron 16 nuevos talleres, cuatro molinos de pan, cuatro batanes, tintorerías, fabricas de cuero, herrerías y tiendas de aceite.
Molino romano



En la reconstrucción se usó preferentemente el ladrillo como sustituto de la piedra ya que era más barato, flexible y adecuado para aguantar nuevos terremotos.
Columnas del Foro de Pompeya reconstruidas con opus latericum( ladrillo grueso recubriendo un núcleo de cemento)


Este terremoto fue representado en dos bajorrelieves de mármol del lararium del atrio de la casa de Lucius Caecilius Iucundis, un banquero pompeyano. Uno de estos mármoles se conserva en el Museo Nacional de Nápoles y en el se representa la parte norte del Foro de la ciudad: hay un arco y el Templo de Júpiter con dos estatuas ecuestres, todos estos elementos se tambalean en la representación.
Primer bajorrelieve de la casa de Lucius Caecilius Iucundis.


En el segundo se muestra la Puerta Vesubiana desplomada y como casi aplasta un carro. hay varios autores que piensan que Lucius Caecilius Iucundis encargó estos mármoles en agradecimiento por haberse salvado de los efectos del terremoto.



Segundo bajorrelieve de la casa de Lucius Caecilius Iucundis


Los arqueólogos nos cuentan que estos temblores afectaron al nivel del suelo de la zona provocando que el acueducto que alimentaba Pompeya dejara de funcionar. Tras el gran terremoto del 63 Séneca nos cuenta como la anarquía, los robos y el hambre se adueñaron de las calles. Parte de la clase dirigente se fue para no volver. Los que permanecieron acabaron por acostumbrarse a los débiles y continuos temblores de tierra. Tal vez esto jugó en contra de los habitantes de Pompeya cuando no se tomaron en serio la advertencia de los temblores de los días previos a la gran erupción del 79. Estaban demasiado acostumbrados a estos fenómenos.


Según Tácito después de este gran terremoto hubo nuevos temblores en el 64 que provocaron el derrumbe del teatro de Nápoles, al parecer poco después de un recital de Nerón en ese edificio. Suetonio más sensacionalista hace coincidir el temblor con la actuación del Emperador que en medio del temblor siguió cantando sin permitir la evacuación hasta que no acabó su actuación. Fuera de esta mención no contamos con más datos para determinar la importancia de este nuevo temblor aunque sabemos por la arqueología que entre el gran temblor del 63 y la erupción del 79 hubo otros temblores que afectaron a diversos edificios en Pompeya. Por ejemplo a las Termas Centrales en su muro este del caldarium o en la Casa de los Amores Dorados cuya decoración presenta daños posteriores al 63.


En cuanto a la reparación de los daños tenemos varios datos curiosos: sabemos que las autoridades locales huyeron del desastre, pero que sin embargo una autoridad administrativa si que permaneció en Pompeya, donde la actividad de reconstrucción fue liderada principalmente por comerciantes y artesanos.



Pronto se comenzaron los trabajos de reparación en el Templo de Isis, que fue reconstruido y ampliado con la financiación de un particular "privatus" llamado Numerius Popidius Ampliatis. En agradecimiento a esta generosidad su hijo será admitido en senado de la ciudad de forma gratuita( para entrar era necesario un pago previo). Es muy posible que estemos ante un nuevo rico, posiblemente un liberto que con esta actividad benéfica se asegurara el acceso de su hijo a la clase más privilegiada políticamente de la ciudad. No encontramos pruebas de que Nerón hiciera aportaciones del erario imperial para ayudar en la reparación de los daños. Nos consta que Vespasiano si que aportó dinero para esta labor. Nos consta que se ocupó del Templo de la Mater Deum en Herculano en el 76 d.C En esta ciudad podemos ver la importancia de las aportaciones de sus ricos ciudadanos en la reconstrucción. En este caso podemos citar el ejemplo de Nonius Balbus que se encargó de la financiación de las puertas de al ciudad y de la basílica. En el mismo año 80, ya bajo el gobierno de Tito, después de la erupción del Vesubio, la epigrafía nos demuestra como el Emperador contribuyó activamente a reparar diferentes daños causados por los temblores en Sorrento, Nápoles y Nola. Suetonio nos dibuja a un Nerón dilapidador del presupuesto y que por lo tanto es incapaz de ayudar económicamente en la reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto. Por el contrario nos dibuja a los flavios mucho más eficientes en la administración presupuestaria. Nos cuenta junto a Dion Casio que Tito se preocupó por la reconstrucción de la Campania tras la erupción del 79, legando a nombrar excónsules para la reconstrucción de la zona que se financiaría en parte con los fondos de los fallecidos sin herederos.


OTROS GRANDES TERREMOTOS DE LA ANTIGUEDAD.


El Golfo de Nápoles no fue ni mucho menos la única zona con actividad en el Mediterráneo. Dos de las maravillas de la Antigüedad, El Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría se derrumbaron en terremotos en el 225 y en el 800 respectivamente. Sabemos que durante los siglos IV y III a.C hubo una intensa actividad sísmica en el Mediterráneo oriental. Curio, al sur de la isla de Chipre sufrió hasta cinco seísmos en apenas 80 años quedando la ciudad finalmente destruida y abandonada. En el 464 a.C un terremoto destruye Esparta dejando unos 20.000 muertos en su territorio. Los ilotas que vivían en estado de servidumbre aprovecharán para sublevarse. Atenas envía ayuda militar a Esparta, pero esta no se fía de las "buenas" intenciones de la otra gran potencia en Grecia y rechaza la ayuda. Los atenienses se lo toman como un insulto siendo un factor más que se sumaba a otros varios que acabaron por desencadenar la Guerra del Peloponeso.


Sabemos que el 13 de diciembre del 115 en Antioquía mientras sus ciudadanos dormían se desató un terrible terremoto de 7.5 en la escala de Richter que dejó miles de muertos. El seísmo fue vivido en primera persona por el emperador Trajano y el que será su sucesor Adriano que estaban preparando la campaña contra Persia. Ambos escaparon con unas pocas heridas de sus residencias dirigiéndose al circo de la ciudad a cielo abierto para estar a salvo de las réplicas que durante días se sucedieron. Ellos escaparon con vida pero miles de ciudadanos de la ciudad y el cónsul de Roma Marco Pedón Vergiliano falleció en el seísmo. Lo cita Dion Casio:


"Mientras el emperador se quedaba en Antioquía ocurrió un terrible terremoto; muchas ciudades sufrieron daños, pero Antioquía fue la más desafortunada de todas. Como Trajano pasaba allí el invierno y muchos soldados y civiles habían acudido allí de todas partes en relación con pleitos, embajadas, negocios o visitas turísticas, no hubo ninguna nación que saliera indemne; y así, en Antioquía, todo el mundo bajo la influencia romana sufrió un desastre. Hubo muchas tormentas y vientos portentosos, pero nadie hubiera esperado que tantos males resultaran de ellos"


Dión Casio, Historia Romana 68.24


La mayor calle porticada de la Antigüedad con casi 2.5 kilómetros de longitud quedó reducida a escombros. Tres cuartos de la ciudad fueron reducidos a cascotes y miles de víctimas quedaron sepultadas en las ruinas.


"Cuando por fin el mal se había calmado, alguien que se aventuró a escudriñar las ruinas vio a una mujer todavía viva. No estaba sola, sino que tenía un bebé; y había sobrevivido alimentándose a sí misma y a su hijo con su leche. La desenterraron y la resucitaron junto con su bebé, y después buscaron en los otros montículos, pero no pudieron encontrar en ellos a nadie que siguiera vivo, salvo un niño que mamaba del pecho de su madre, que estaba muerta. Mientras sacaban los cadáveres ya no podían sentir ningún placer ni siquiera en su propia huida."


Dión Casio, Historia Romana 68.25




Ruinas del Circo de Antioquía.

El seísmo provocó un Tsunami que devastó algunas ciudades de la costa como Cesarea Marítima, algunas fuentes estiman en 260.000 las víctimas de este temblor, aunque otras lo consideran exagerado. Nosotros preferimos quedarnos con la idea de la enorme mortalidad que causó sin estar en una guerra de datos inútil. En el 458 otro pero esta vez de 6.5 vuelve a sacudir la ciudad y a dejar miles de muertos. En el 525 o 526 se repite el terremoto y de nuevo Antioquía es destruida con decenas de miles de muertos no solo en la ciudad sino también en otras de la costa mediterránea.


Por las fuentes sabemos que en medio de los preparativos del emperador Juliano contra Persia un terrible terremoto afectó a las ciudades de Nicomedia y Nicea No será el único que sufra la zona en los años posteriores. Es posible que este temblor o sus replicas estén detrás del fracaso en la reconstrucción del Templo de Jerusalén ordenada por este emperador, según las fuentes, en el 363.


En el 365 d. C un terremoto de al menos 8.5 sacudió la isla de Creta y desencadenó un enorme tsunami de varios metros que llegó a las costas de Egipto, destruyendo Alejandría. Partes de la isla de Creta se vieron inmersas en el mar y otras se elevaron hasta 9 metros. La fecha exacta fue el 21 de Julio. Al parecer Creta se eleva sobre una gran falla que está en lo que podemos llamar punto caliente en el que la placa africana se hunde bajo la anatólica, provocándose por el roce entre ambas seísmos con cierta periodicidad. El terremoto fue estudiado en el 2001 estableciéndose que fue de 8.6 en la escala de Richter, el más fuerte ocurrido en el Mediterráneo, al menos que nosotros sepamos. En un solo minuto de duración destruyó todas las poblaciones de la costa de Creta y muchas de la costa griega, Turquía, Chipre, Sicilia, Palestina, Hispania Norte de África en donde por ejemplo sabemos que la ciudad de Apolonia quedó sumergida. Se piensa que ha sido el terremoto más fuerte de la Antigüedad en el Mediterráneo.


La propia ciudad de Roma sufrió hasta cinco terremotos entre el final de la Antigüedad y la Edad Media(443,484 o 508, 618, 801 y 847. En los Fasti vindobonenses posteriores(publicados por primera vez en el 1553) y en otras fuentes se narra el colapso de las casas, la caída de las estatuas, pórticos, edificios públicos incluso daños en el Coliseo. Este temblor afecto a un área próxima al Campo de Marte Lo sucedido en el 484 o 508 lo sabemos por dos inscripciones que hay a la entrada del Coliseo en las que se mencionan importantes restauraciones en el edificio financiadas por Marius Venantius Basilus después de un terremoto que se califica de "repugnante" el problema es que no sabemos cual de los dos senadores con el mismo nombre fue el mecenas, si es el Venantius que fue cónsul en el 484 o el del 508.


Inscripción del Coliseo que menciona a Venantius y que recuerda el terremoto


No fueron los únicos grandes temblores de la Antigüedad, tenemos constancia de muchos, pero mucho peor documentados, a veces simplemente no tenemos constancia arqueológica o solo una mención en las fuentes asociándolo a otro hecho que se considera más importante.. Por ejemplo sabemos que en la antigua Ugarit, en la actual Siria, hubo un gran temblor que desencadenó un tsunami que afectó a numerosas poblaciones costeras del Mediterráneo en el 1365 a. C. En Atenas y en la isla de Salamina sufrieron otro en el 480 que desencadenó un tsunami. Curiosamente en este caso fue considerado de buen augurio por los griegos más religiosos ya que al día siguiente vencieron a los persas en la Batalla de Salamina. Otro curioso fue el que se produjo en Makram, Pakistán en el 325 a. C que provocó un tsunami que afectó a la flota de Alejandro Magno, que en esa época estaba en las cercanías del delta del río Indo. Tito Livio nos cuenta que durante la emboscada de las tropas de Aníbal a los romanos en la batalla del lago Trasimeno en el 217 a. C


(en Ab urbe condita, 22.5) declaró: «Con una conmoción horrible, niveló montañas, modificó el curso de ríos, y derrumbó grandes zonas de muchas de las ciudades de Italia».


Según Filóstrato en el 93, las ciudades del lado izquierdo de los Dardanelos fueron visitadas por terremotos aunque desconocemos el número de muertos que provocó. Ya más avanzados en el tiempo en el 509 en Acre se produce la destrucción total de esta localidad. De acuerdo a los registros arqueológicos, se destruye la mitad de Tiro, Sidón , Beirut y Safad .


Los terremotos están asociados íntimamente a la historia del ser humano y desde la misma Antigüedad aparecen referencias a ellos que nos recuerdan que no debemos dejar de estar alerta y tener en cuenta los avisos previos que la naturaleza nos envía.

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BIBLIOBRAFÍA
Pompeya y los Barreda, A.Sanz, M.--Terremotos precursores de la erupción del Vesubio del año 79. Análisis y catálogo de fuentes interdisciplinares.-- IES Velgite, 2012
Macías, C.--Los terremotos a la luz de la ciencia antigua: el testimonio de Apuleyo.-- Universidad de Málaga, 2011
Bernal. M.-- Pompeya: Historia y leyenda de una ciudad romana. Barcelona: Crítica, 2009
Carbajal, G.-- Identifican la falla que causó los terremotos que sacudieron Roma a finales de la antigüedad
Beny, J-- Pompeya.-- Madrid: Akal, 2009
Séneca.-- Naturales Quastiones
Romero, M.-- Vida, muerte y resurrección de la ciudad sepultada por el Vesubio.-- Madrid: La Esfera de los Libros


WEBGRAFÍA
https://www.labrujulaverde.com/2020/10/cuando-trajano-y-adriano-tuvieron-que-saltar-por-la-ventana-durante-el-terremoto-de-antioquia-en-el-ano-115-d-c


https://www.labrujulaverde.com/2019/02/identifican-la-falla-que-causo-los-terremotos-que-sacudieron-roma-a-finales-de-la-antiguedad








lunes, 7 de marzo de 2022

79 d.C. LAS VICTIMAS DEL VESUBIO EN HERCULANO.

Texto de Maribel Velasco.

Un breve apunte de la historia de Herculano. 

Según una leyenda recogida por Dionisio de Halicarnaso, Herculano habría sido fundada por Hércules a la vuelta de su fabuloso viaje a Iberia, lo que, sin tener en cuenta el mito, equivaldría a convertirla en una ciudad de nombre y de origen griego. De hecho, en la primera mención que hace Teofrasto (314 a. C.) la llama ‘Heràcleion’. Pero los restos monumentales descubiertos hasta ahora no nos dicen nada de la época más antigua y solo excavaciones recientes han puesto al descubierto parte de la muralla circundante, los ‘parva moenia’ citados por Sisenna. Observamos sin embargo que su planta, por su regularidad y la orientación de los decumanos y cardos, es similar a la de Neápolis (Nápoles), lo que sugiere que el desarrollo de la ciudad debió seguir el de la gran ciudad griega vecina. Por eso, solo en parte se puede creer lo que cuenta Estrabón, según el cual la ciudad habría estado bajo el dominio primero de los oscos, luego de los tirrenos y pelasgos y, finalmente, de los samnitas.

En el siglo VI a.C., la nueva aglomeración urbana cayó bajo la hegemonía de los griegos de Nápoles y Cumas que habían extendido su dominio a toda la costa de Campania. Durante la segunda guerra samnita, sufrió la suerte de Nápoles, sometida en el 326 a.C., o más bien la de Nocera y Pompeya (307 a.C.). Lo cierto es que durante el último intento de insurrección de los itálicos contra Roma, Herculano, rebelde como Pompeya y Nola, fue derrotada y subyugada por un lugarteniente de Sila (89 a C.) y, a partir de ese momento, perdió toda autonomía y pasó a ser municipio romano. Probablemente también tuvo, como Pompeya y Sorrento, una colonia de veteranos del ejército de Sila.


El Vesubio

En el 79 d.C. el Vesubio no se veía como hoy, el cono actual no existía, el volcán que vemos no es el que destruyó la población del Golfo de Nápoles. En el mismo punto donde aparece el cono amenazante había otro volcán mucho más antiguo: el Somma. El promontorio que se ve al lado del Vesubio en realidad forma parte de una amplia cresta circular que lo rodea, que es lo que queda del primitivo volcán cuyo conducto estuvo obstruido durante siglos, hasta que el 24 de octubre del 79 d.C. entró en erupción matando a miles de personas que habitaban en sus laderas y destruyó Pompeya, Herculano, Terzigno, Boscoreale, Oplontis y Estabia.

El gran cono del Vesubio se formó en el centro de la caldera del Somma, digamos que es hijo de la tragedia. Desde entonces ha necesitado siglos para alcanzar las dimensiones actuales.

Una curiosidad: los romanos no llamaban al antiguo volcán Somma como lo llamamos hoy, sino Vesuvius o Vesbius, y después pasó este nombre antiguo al nuevo cono. Lo veían solo como un monte más bajo, aplanado en el centro con algún relieve en los márgenes y con las laderas fértiles cubiertas de bosques, escondiendo así su verdadera identidad. Solo su zona central era árida y sin vida, precisamente donde comenzó la erupción. Algunos estudiosos de la época comprendieron la naturaleza real del lugar: Estrabón, famoso geógrafo muerto cincuenta años antes de la erupción, intuyó la realidad del relieve, pero ni siquiera Plinio el Viejo, naturalista y uno de los mayores eruditos de su tiempo, se dio cuenta del peligro que corría viviendo en las pendientes del volcán.


Interpretación de la antigua playa de Herculano con los cobertizos para las barcas bajo las terrazas de Nonio Balbo y el Área Sacra. A la derecha el edificio de las Termas Suburbanas. Imagen: “I fuggiaschi di Ercolano”. Giuseppe Maggi


En el año 79 d.C. el Vesubio rugió con una furia colosal. Sepultó ciudades y campiñas del Golfo de Nápoles con una gruesa capa de lava, rocas y ceniza. Pero la erupción no causó tantas muertes como cabría suponer en un principio. Tras el terremoto del 62 d.C., Herculano, como Pompeya, había quedado muy afectada, se perdieron muchas estatuas y bastantes edificios, muchas casas no estaban habitadas mientras se realizaban los trabajos de restauración y eso redujo el número de víctimas. Antes de la erupción, en esta zona volcánica ya había comenzado un fenómeno de bradisismo, es decir, el ascenso y descenso periódicos del nivel del mar y de la tierra, ligado al vulcanismo (como ocurre actualmente en los Campos Flégreos), y también se había producido un enjambre sísmico (como sucedió en La Palma antes de la erupción de 2021). Es probable que, atendiendo a estas señales previas, muchas personas decidirían abandonar sus casas y partir con su familia y enseres a ciudades más seguras.

La tragedia empieza sobre la 1 de la tarde del 79 d.C., cuando el volcán explota y manda el gas y una serie de materiales hasta la estratosfera. Empiezan a caer piedras y los habitantes se dan cuenta de que hay algo que no va bien. En Herculano, las rocas son muy pocas, por lo que, probablemente, una parte de la población consigue huir; otra parte se dirige a la antigua playa, en espera de una misión de rescate que el general de la flota, Plinio el Viejo, había enviado. A la 1 de la madrugada llega el primer flujo piroclástico (surge 1), una mezcla de gas, lodo y material volcánico, y 300 personas que estaban esperando se encuentran atrapadas en este fango en ebullición capturando para siempre, como en una instantánea macabra, su último gesto.

Tras la tragedia, Tito tomó medidas especiales. En Pompeya se recuperaron estatuas y escritos oficiales porque eran muy importantes. Pero en Herculano nada se podía salvar porque había desaparecido completamente de la faz de la Tierra.

Desde el punto de vista de la destrucción, hay diferencias con Pompeya. Esta fue sepultada por 6 metros de rocas, mientras Herculano quedó enterrada bajo 26 metros de ceniza y lodo volcánico tras seis oleadas piroclásticas. La masa de fango volcánico era muy densa y, aunque alcanzase los 300 o 400 grados, la falta de oxígeno ha permitido la conservación del material orgánico (madera, tejido, comida…).

Las víctimas

Herculano era una ciudad pequeña del Imperio, con unas 20 hectáreas de superficie y una población que se calcula de unos 4000 habitantes, de los que 1200 eran ciudadanos de pleno derecho, y el resto, en su mayoría, serían esclavos.

Las excavaciones de Herculano, con 4 hectáreas sacadas a la luz, son una fuente de conocimiento excepcional, sobre todo porque es la única ciudad del mundo romano que conserva todo el paseo marítimo, la arquitectura hasta el tercer piso, la madera como elemento de construcción, y también los muebles, las telas, la comida.

Pero ¿cómo vivían y qué enfermedades sufrían los habitantes de la zona vesubiana? El análisis de la gran cantidad de esqueletos de las víctimas ha permitido conocer el sexo y la edad y muchos aspectos sobre su constitución física, su salud, trabajos que realizaban y hábitos alimentarios. A través de las cañerías se han encontrado los desechos de los alimentos y se han estudiado para entender mejor cuál era su dieta. Partamos desde el principio:

 

Herculano con el Somma-Vesubio al fondo. Foto de Maribel Velasco

Giuseppe Maggi, director de las excavaciones de Herculano, era consciente desde hacía muchos años de que solo continuando los trabajos en dirección al mar era posible confirmar o no si los habitantes habían huido de la ciudad durante la erupción, y si la situación de Herculano descrita por el historiador latino Lucio Cornelio Sisenna con extrema precisión, ‘Quod oppidum tumulo in excelso loco propter mare, parvis moenibus, inter duas fluvias, infra Vesuvium collocatum’ (la ciudad, rodeada por pequeños muros, se alza sobre un promontorio junto al mar entre dos ríos a los pies del Vesubio) podía coincidir con la considerable distancia actual al mar, que es de casi medio kilómetro. El 21 de mayo de 1980, realizando los trabajos de drenaje del lado meridional de las Termas Suburbanas, encuentra el primer esqueleto en el sector frontal, liberando así la cota de doce arcadas sobre las que descansaban respectivamente la terraza de Marco Nonio Balbo (sobre la que se abren las Termas Suburbanas) y el Recinto Sagrado suburbano, y se abre así una gran extensión de la antigua playa formada por arena negra.


En los cobertizos abovedados de la izquierda se pueden ver las copias de esqueletos de las víctimas del Vesubio, en la antigua playa de Herculano. Foto Maribel Velasco.

El 16 de enero de 1981 se descubrió un primer grupo de esqueletos. La exploración arqueológica, que continuó de forma intermitente hasta 1992, sacó a la luz en la playa y en 9 de los 12 cobertizos abovedados, que se utilizaban para guardar las embarcaciones y los útiles de pesca, los esqueletos de unos 300 individuos y una barca de 9 metros.

Así narra Guiseppe Maggi los acontecimientos de aquellos días:

«El superintendente Martuscelli ha estado desecando el sitio desde los primeros días de 1982. También logra drenar el área frente a las Termas instalando un sistema temporal de bombas de drenaje de gran potencia. Aparecen fragmentos secos de yeso pintados de rojo, losas de mármol de diferentes colores y texturas, trozos de tejas, partes de vigas, algunas con rastros de combustión. (…) El 11 de enero se decidió iniciar la excavación del cuarto cobertizo entre la escalinata y el edificio termal, es decir, la tercera desde la esquina con las Termas Suburbanas. Se elimina material muy duro, por lo que se recomienda a los trabajadores descender con la máxima precaución. Cuando al cabo de unos días el vaciado supera los dos metros y medio, se encuentra más material quebradizo. Al hundir las manos en él se tiene la sensación de tocar los huesos de un gran animal de la antigüedad. Con sumo cuidado se aísla del barro una forma redonda que produce angustia. Utilizando cepillos de dientes y soplando para eliminar el polvo residual, nos encontramos ante una calavera con la boca muy abierta, dientes brillantes, cuencas vacías. Es un momento solemne. 

Trabajos de excavación para liberar el frente de las terrazas suburbanas en Herculano. 1982. Foto Giuseppe Maggi

 

La emoción se apodera de todos cuando resulta que nos encontramos con un grupo de personas que se habían apiñado en un acto instintivo de consuelo, como para protegerse de la Muerte. La fecha, cuidadosamente anotada, es el 16 de enero. Nos damos cuenta de que también hay niños en el grupo. Un fragmento de una lucerna sugiere que aquellos desdichados abandonaron sus casas por la noche para buscar refugio en la playa, bajando los escalones mientras el cielo se enrojecía por la erupción del volcán. El vaciado del entorno continúa durante dos semanas. En una gruesa capa de arena hay doce víctimas apoyadas contra el muro occidental. El estado de conservación es excepcional: restos de ropa, dientes intactos.

Era la primera vez que una escena de tan sobrecogedor patetismo surgía desde la antigüedad, sacando a la luz protagonistas reales, no fantasmas de yeso como en Pompeya. Los gestos revelaron los sentimientos, las creencias religiosas. Estaban los que yacían con la cabeza reclinada sobre los brazos cruzados, en actitud de aceptación resignada de la tragedia, y los que con los últimos espasmos habían cavado surcos en la arena con sus dedos encogidos. Eran cuatro muchachos. Una mujer joven intentaba consolar a uno de ellos acariciando su cabeza, mientras que con la otra mano estrechaba un niño muy pequeño contra su mejilla.


La noticia del descubrimiento, que se difundió rápidamente, suscita una enorme sensación. (…) Periodistas de todo el mundo acuden a Herculano, incluso de Hong Kong y Pekín. (…) Los invitados son testigos de la excavación en curso de la tercera sala al este de la escalera, que comenzó el 3 de febrero. Removiendo el material muy duro que lo sellaba, salió a la luz una cesta de paja, quizás perteneciente a un pescador, y muchas víctimas, una de las cuales con la cabeza cubierta por un gorro de fieltro. También había aparecido un caballo. A diferencia del entorno anterior, este resultó estar lleno de una maraña de cuerpos en varias capas, unos cuarenta en total. Nos hacían imaginar un violento empuje desde el exterior, un torbellino de lodo que los había amontonado o el terror enloquecido de unas personas que querían entrar a la fuerza pisoteando otros cuerpos. El caballo, desbocado por el miedo, había actuado como una cuña destrozando los cuerpos.

        Interior del cobertizo 12. Foto MAribel Velasco

 Ahora estaba claro que Herculano, en el 79, había sufrido un cataclismo rápido y violento que difícilmente habría permitido a la población encontrar un escape excepto, quizá, haciéndose a la mar cuando estuviera calmada. La búsqueda de un refugio temporal en la playa correspondía a la esperanza de huir por mar, suponiendo que hubiera suficientes barcos para todos. De unos agujeros encontrados en las paredes de los cobertizos excavados se deduce que habían sido utilizados para albergar barcos en el invierno izándolos sobre tablas, como todavía es costumbre en muchos pueblos de Sorrento y Costa de Amalfi. Ya no había ninguna duda de que el antiguo mar había estado justo allí, frente a una empinada rampa paralela a la elevación sur de las Termas Suburbanas. Las olas lamían los últimos peldaños de la bajada a la playa, bajo los cuales se podía reconocer la prehistórica base de lava sobre la que se había asentado la ciudad. El fondo marino era casi cinco metros más bajo que el actual debido a un fenómeno de bradisismo en el arco oriental del golfo hasta ahora poco conocido. (…) Esa mezcla de emociones se esparce entre los periodistas que acudieron de todas partes del mundo, se refleja en los flashes cruzados, en el zumbido incesante de las cámaras, en las exclamaciones incrédulas de altos diplomáticos extranjeros, que son embajadores conscientes de este mensaje cultural una vez evocado de nuevo por la antigüedad de Herculano».

Los esqueletos que se pueden admirar en los arcos numerados del 7 al 12, tras unos años de restauración, son ahora copias realizadas en el laboratorio de los huesos originales. Hasta ahora se han encontrado 340 esqueletos.

 


Esquema de la disposición de los cadáveres en la playa de Herculano. Imagen de Luigi Capasso

Esqueletos estudiados: Cobertizo 3→12 individuos, 4→40 y un caballo, 5→26, 7→9, 8→12, 9→23, 10→23, 11→18, 12→19. En la playa→229 individuos, un caballo y un perro (datos de 2001).

 

No sabemos con seguridad cuántos habitantes llegaron a la playa. También parece verosímil admitir que muchos intentaron la fuga por tierra, aunque es necesario recordar que las posibilidades prácticas eran escasas: hacia el noroeste la ciudad estaba delimitada por una profunda cañada por donde discurría un torrente que la separaba de la Villa de los Papiros y para atravesarlo no hay evidencia de ningún puente, al menos en la parte excavada actualmente, y hacia el nordeste amenazaba el volcán en erupción. En la vía de tierra en dirección a Pompeya, al sudeste, los habitantes de Herculano habían visto caer la fuerte nube de piedras pómez, por lo tanto solo quedaba huir por mar, al suroeste de la ciudad, cuya desembocadura tenía la ventaja psicológica de encontrarse en la dirección opuesta de la que provenía el peligro. Además, no podemos olvidar que Herculano era una ciudad habitada también por una numerosa comunidad de pescadores locales con una flota que, formada por pequeñas embarcaciones, podía representar en esos momentos la única posibilidad de alejarse rápidamente de la ciudad. Por otra parte, dos esqueletos de caballos encontrados junto a los restos humanos (uno junto a la orilla y otro en la arcada 4) indican que también sus dueños, disponiendo de un medio alternativo de fuga por medio del mar, debieron encontrar o presuponer un fuerte impedimento la fuga por tierra cuando ya era demasiado tarde.


Situación de Herculano. La única vía de salida por razones topográficas era el mar. Imagen de Mario Pagano 1997

 

De los 4000 habitantes que se supone que contaba la ciudad, pocos quedaron en sus casas. La misma situación se verifica también para los animales domésticos, que evidentemente debieron alejarse de la ciudad, como es significativa la ausencia de pequeños animales como los gatos o, incluso, los topos: no se ha encontrado ningún resto óseo de estos pequeños mamíferos abundantes en las comunidades humanas en más de 250 años de excavaciones de Herculano, solo apareció uno en la playa junto a los “fugitivos”. Es revelador el caso de un pobre asno, cuyo esqueleto se encontró atado a la muela del molino en el pistrinum (panadería) y que el pistor C. Iunius Serentiolus olvidó liberar. En el peristilo de la Casa de Argos se recogieron los huesos de un caballo y, quizás, de un perro, y en el sótano de la Casa de Aristide, huesos humanos y de animales, probablemente para resguardarse de la erupción en espera de atravesar las puertas de las murallas que daban a la playa.

Se puede asegurar, pues, que las personas cuyos huesos se encontraron en la ciudad podrían haber tenido impedimentos para poder huir:

Dos probables servidores públicos encargados del mantenimiento se encontraban en el tepidarium de las Termas del Foro, quizá quedaron atrapadas víctimas de algún accidente.

Un hombre, que se supone que era el custodio del Colegio de los Augustales, estaba en la celda, sobre su cama.

Otras dos personas, un adolescente y un adulto, se encontraban dentro de las casas. No se excluye que se hubieran demorado por recoger sus pertenencias o se hubieran separado de la multitud o quedado en casa esperando a los familiares.

Otro individuo adulto apareció en el piso superior de la Casa del Esqueleto. Podría haber sufrido un desmayo, como también sucede hoy en los momentos de dramatismo que afectan a las multitudes.

Más dramático fue el caso de un bebé, todavía en su cuna con su mantita de lana en la Casa de la Gema (¿dejaron sus padres dormir al bebé mientras buscaban ayuda o quizá ya estaba muerto?).


Cuna encontrada en la Casa de la Gema. Se encuentra, junto con otros muebles de madera, en los depósitos del Parque Arqueológico de Herculano.

 

Muchos tendrían tiempo para alcanzar las barcas de los pescadores que estaban atracadas en la orilla, entre la escollera y en el muelle. De hecho, sabemos que la playa era el puerto de pequeñas embarcaciones de pescadores porque se encontraron grandes cantidades de sogas, artes de pesca, anzuelos, tanto en las arcadas como en otros lugares del área marítima de la ciudad. A pesar de ello no apareció ninguna embarcación en los cobertizos de la playa y en la línea de la costa solo se encontró una barca. Todo hace suponer, por tanto, que las numerosas embarcaciones se habían hecho a la mar con muchos “fugitivos” a bordo. Nunca sabremos si consiguieron poner a salvo a sus ocupantes o si, al contrario, fueron embestidas por la primera nube ardiente que se extendió también hacia el mar frente al pequeño puerto de Herculano. No obstante, quedaban en la playa unas 300 personas, dos caballos, un perro y una sola embarcación. Algunos hombres estaban junto a la gruesa barca que se encontró volcada en la playa frente a las Termas Suburbanas, quizá intentando sacarla al mar. Es en este momento cuando sobrevino la “nube asesina”.

 

Tras seis oleadas de flujo piroclástico, Herculano quedó sepultada bajo una capa de 26 metros de fango volcánico solidificado. Foto de la antigua playa de Herculano. La playa actual está a medio kilómetro de distancia.

  Bibliografía:

I Fuggiaschi di Ercolano. Paleobiologia delle vittime dell’eruzione vesuviana del 79 d.C. Luigi Capasso. 2001

Case abitanti e culti di Ercolano. Virgilio Catalano, L. García y G. Panzera. 2002

Appunti di storia e riflessioni a tre secoli dalla scoperta della città di Ercolano. Guiseppe Maggi. 2009

Ercolano. Seconda revisione. Guiseppe Maggi. 2020

I tre giorni di Pompei. Alberto Angela. 2014

Enciclopedia Treccani

Artículos de periódicos digitales

Parco archeologico di Ercolano: https://ercolano.beniculturali.it/

https://herculaneum.uk/

http://www.vesuvioweb.com/it/

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