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lunes, 8 de abril de 2024

EL IMPERIO ROMANO DE OCCIDENTE TRAS EL ASESINATO DE AECIO. LLEGA EL DESASTRE.

Un texto de Federico Romero Díaz

En la larga historia del Imperio romano, pocos personajes destacan con tanta luz propia como Flavio Aecio. Para su desgracia tuvo que gobernar en una periodo período de declive y fragmentación de la Pars Occidentis. Jugó, como generalísimo de Valentiniano III,  un papel clave en un periodo de crisis sin precedentes. Aetius demostró una habilidad militar excepcional desde temprana edad. Su ascenso al poder militar estuvo marcado por su capacidad para forjar alianzas con tribus bárbaras, especialmente con los hunos, que serán su sostén prácticamente durante casi toda su carrera. Aetius no solo se destacó como un comandante militar brillante, sino también como un hábil diplomático y político. Su asesinato fue uno de los hitos que marcó el camino hacia el desastre del Imperio en Occidente.

Genserico después de saquear Roma en el 455 se lleva consigo a Eudoxia, la viuda del emperador Valentiniano III, y a sus hijas. G. Rava

La relación entre Aetius, Valentiniano III y su influyente madre Gala Placidia fue una de las más complejas en la historia imperial romana, caracterizada por, las intrigas, la desconfianza mutua y las rivalidades políticas cuando su colaboración era crucial para mantener la integridad territorial del Imperio Romano de Occidente en un momento en el que su futuro, se veía amenazado por invasiones bárbaras y luchas internas por el poder.

El legado de Aetius ha dejando una marca indeleble en la historia de Roma gracias a  la habilidad demostrada para mantener la cohesión del Imperio Romano de Occidente durante los casi 20 años que su régimen llevó las riendas del poder. 

A la altura del 454, a pesar de su victoria en la Batalla de los Campos Cataláunicos, el año 451, la retirada de Atila del Norte de Italia en el 452 y la muerte del líder huno en el 453 (parece que, por causas naturales, aunque nunca podremos saberlo con certeza) Aecio muy debilitado políticamente.

itinerario de las tropas hunas en la Galia en el 451
Los hunos a lo largo de los 20 años de predominio político de Aecio siempre habían sido su gran apoyo, incluso en los peores momentos, como el de su exilio de Italia tras la derrota ante Bonifacio en la Batalla de Rimini en el 432, cuando tuvo que refugiarse entre los hunos que le proporcionaron un gran ejército de mercenarios con los que pudo volver y recuperar el poder. A partir del 450, con el cambio de timón que Atila realizó a su política, comenzaron los problemas para Occidente y para su generalísimo Aecio, ya que los hunos, ante el advenimiento de un militar de la línea dura como Marciano al trono de Constantinopla decidió cambiar sus exigencias, utilizando la famosa petición de ayuda de la hermana de Valentiniano III, Honoria, como excusa, en la parte occidental . Aunque Aecio había sabido vencer a Atila en la Galia en el 451, los ricos senadores romanos le culparon por los destrozos y graves daños económicos que causó la invasión del norte de Italia de las tropas hunas al año siguiente.

Los hunos en una villa romana, obra de Georges Rochegrosse

La muerte de Atila al año siguiente dio nuevas fuerzas a Aecio, ya que albergaba la esperanza de recibir el apoyo de alguno de los hijos de Atila que ahora se disputaban la primacía entre ellos. No tuvo tiempo de averiguarlo ya que los verdaderos enemigos del generalísimo romano estaban dentro de la corte y habían comenzado a maniobrar para canalizar el descontento general.

Los destrozos que los hunos habían ocasionado a las inmensas propiedades de la aristocracia italiana habían generado rencor, que se había visto acrecentado por los planes fiscales y de reclutamiento que el gobierno de Aecio trataba de implementar. El Imperio no podía sostenerse sin una implicación económica mayor por parte de la clase senatorial romana que en Occidente alcanzó cotas de acumulación de riqueza nunca igualadas con anterioridad. A pesar de ellas y utilizando el poder que su riqueza les prestaba, los senadores se negaron una y otra vez a aportar al Imperio el dinero y los reclutas que Roma necesitaba para garantizar el futuro frente a la amenaza bárbara. La oposición comenzó a articularse en torno a dos figuras, Petronio Máximo y Heraclio.


Sólido de Petronio Máximo

Petronio era un aristócrata que había sido  cónsul en el 433 y en el 443 y que había sido honrado con el título de patricio alrededor del 435. A pesar de que nominalmente era partidario de Aecio, era consciente de que su carrera había tocado techo. Pocos honores podrían corresponderle ya. Solo la muerte de Aecio generaría nuevas posibilidades de promoción. Para ello concentró a personas afines a su alrededor, destacando entre ellas el eunuco Heraclio, primicerius sacri cubiculi, una especie de “gran chambelán” muy próximo a la familia imperial que estaba a cargo de todos los eunucos de la corte. Desde ese puesto Heraclio controlaba los ingresos de proporcionados por las inmensas propiedades del patrimonio imperial. Eso en un contexto de crecientes dificultades económicas le otorgaba un poder considerable.


La otra fuente de peligro para Aecio siempre había sido la familia imperial. Aunque Gala Placidia, su gran rival política, había fallecido en el 450, Valentiniano III después de toda una vida de no poder gobernar por sí mismo, estaba decidido a conseguirlo. Uno de los caminos que su esposa Eudoxia y él eligieron fue la de casar a su hija Placidia con uno de los prometedores oficiales de Aecio, Mayoriano, un joven aristócrata romano que había demostrado su capacidad militar a las órdenes del generalísimo romano. Sin embargo, Aecio que ya llevaba 20 años al mando del ejército, impuso su voluntad a la pareja imperial cambiando los planes de boda. Placidia se casaría con su hijo Gaudencio, lo que convertía a este en el futuro emperador de Occidente, ya que Valentiniano III no tenía hijos varones. Mayoriano enojado por la intromisión dimitió de sus responsabilidades y se retiró a sus propiedades. La pareja imperial tuvo que ceder, pero el rencor no hizo más que crecer y fue presa fácil para las insidias que Heraclio, a instancias de Petronio y del partido senatorial, vertía en sus oídos. El eunuco acabó convenciendo a Valentiniano III de que con la boda entre Placidia y Gaudencio lo que realmente pretendía era derrocarle.


Aecio contaba con la protección de un numeroso y fiel cuerpo de bucellari hunos y godos fundamentalmente, además del respaldo del ejército.






Solo se le podía eliminar en palacio, donde no estaba permitido el ingreso de los guardines del generalísimo. Aecio fue convocado por el augusto para discutir nuevas propuestas orientadas a captar nuevos ingresos. En medio de la reunión Valentiniano III se lanzó contra él esgrimiendo un puñal, a la vez que Heraclio con otra arma le atacaba. Ambos hombres lanzaron una lluvia de golpes contra el desprevenido Aecio que poco pudo hacer para defenderse. El prefecto del pretorio Boecio, antepasado del conocido literato y político de la época de Teodorico, el Amalo, conocido por ser un firme partidario de Aecio fue igualmente asesinado, siendo los cuerpos de ambos exhibidos públicamente mientras Valentiniano III, ante el Senado, daba un discurso denunciando a Aecio y a sus partidarios. 

 

Sólido de Valentiniano III

Era muy probable que los numerosos bucellari hunos de Aecio se alzaran apoyando a un usurpador. Para tratar de eliminar esa amenaza Valentiniano III hizo volver  Mayoriano a la corte y le nombró comes domesticorum o comandante de la guardia imperial. Integró en ella a los antiguos guardias de Aecio esperando que la lealtad que antes le prestaban, se trasfiriera ahora a Mayoriano, su nuevo comandante. Cuando Valentiniano III y Heraclio se opusieron a que se le otorgara a Petronio Máximo el tercer consulado y el título de magister peditum in praesenti volvió a sus intrigas. En esta ocasión convenció a dos de los antiguos guardias hunos de Aecio, Thrasutila y Optila ahora jefes de los comes domesticorum de Mayoriano. El 15 de marzo del 455, cuando Valentiniano III estaba en el Campo de Marte practicando con el arco se acercaron a él y con sus armas le hirieron en la cabeza acabando con su vida. Paradójicamente Valentiniano III acabó sus días de la misma manera en la que asesinó a su hombre más valioso Aecio, muerto a traición.  Sus asesinos, el ejército y el Senado se impusieron a los cortesanos a Mayoriano y a la emperatriz. El 17 de marzo del 455 Petronio Máximo fue elegido emperador y forzó a Eudoxia, la viuda de Valentiniano III a casarse con él. Palladio, su hijo mayor haría lo mismo con la heredera de Valentiniano III. Esto rompía el tratado firmado entre los vándalos y Roma que establecía la futura boda del heredero vándalo Hunerico con la hija mayor de Valentiniano III, Eudocia. Mientras en Roma se ofrecían espectáculos públicos al pueblo para celebrar al nuevo emperador, en Cartago, Genserico se preparaba para la guerra. 

 

Tras Aecio, el desastre.


Antes de septiembre del 454, con la Galia en orden de nuevo, Hispania pacificada, los vándalos de África fieles a su papel de aliados de Rávena, Atila fallecido y los hunos divididos en una guerra civil muy beneficiosa para ambas partes del Imperio se dibujaba un prometedor futuro para la parte occidental del Imperio. Sin embargo, en pocos meses casi todo lo que se podía torcer se torció. Aecio fue asesinado en septiembre del 454, Valentiniano su asesino solo le sobrevivió hasta el 15 de marzo del año siguiente. Para colmo de males, su sucesor empujaba al Imperio a una desastrosa guerra contra los vándalos. El futuro se dibujaba ahora con colores mucho más sombríos que el año anterior y en él tuvieron un papel fundamental romanos como

Hunos atacan una ciudad romana.

Nepociano, Avito y Mayoriano o bárbaros imperiales como Egidio o Ricimero todos ellos formados a la sombra de Aecio.

Tras Aecio llegó el desastre. Se ganó una merecida reputación como general y defensor del Imperio romano. Durante su gobierno supo mantener a los diferentes pueblos bárbaros sujetos a la autoridad del emperador. Tras su muerte, sin el efecto moral de su liderazgo godos y vándalos, principalmente, se vieron libres de la autoridad romana y aumentaron sus posesiones territoriales a costa de Roma. El rey godo Teodorico II no tuvo ningún reparo en proclamar emperador a Avito, su antiguo preceptor. Paradójicamente eran ahora los bárbaros los que elegían al portador de la diadema imperial. Incluso, en el 455 Genserico, el rey de los vándalos y alanos que se había hecho con el control de Cartago y las posesiones romanas en África se atrevió a saquear Roma, el corazón del Imperio y a llevarse como rehenes a la augusta y a sus hijas. En vida de Aecio estos hechos hubieran sido inimaginables, aunque ahora ¿Quién se lo iba a impedir?


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jueves, 7 de marzo de 2024

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE ADRIANO.EL FINAL DEL TERCERO DE LOS EMPERADORES BUENOS.

 


Publio Elio Adriano accedió al trono en el,117 D.C. como sucesor “natural” de Trajano muerto a causa de las dolencias contraídas en la campaña persa. La simpatía, aunque siempre a cierta distancia, que en vida le mostró el difunto emperador y el apoyo del ejército y sobre todo de la viuda de Trajano, Plotina le garantizaron el puesto, pero no la simpatía de todos.

La personalidad de Adriano, un hombre muy culto y amante de las artes y de la cultura griega era mucho más complicada que la del emperador anterior. Algunas personas de mucho poder eran francamente hostiles, tanto que le calificaban con el apodo despectivo del “pequeño griego”. Antes de la muerte de Trajano se había generado múltiples antipatías en la Corte y es en ese núcleo de personas donde surgirá la conspiración contra el recién nombrado Adriano.


El objetivo era acabar con la vida de Adriano. Un grupo de senadores y altos oficiales del ejército no se resignaban a ser gobernados por alguien a quien no consideraban digno del trono Tenían pensado hacerlo durante una cacería, pero el Prefecto del pretorio, que en ausencia del Emperador gobernaba Roma, descubrió la conspiración ejecutando a todos los implicados sin juicio previo.

Adriano visita Palmira. Marek Skizo.

Adriano siempre se declaró ajeno a estas muertes y a su vuelta a la ciudad eterna destituyó al prefecto, declarándose firme en su intención de no ejecutar nunca a un senador sin juicio previo. Esto unido al perdón de los impuestos a los itálicos, los acostumbrados donativos a las legiones y al pueblo de Roma, al aumento de la munificencia a los huérfanos y a los cambios efectuados en las fronteras aseguraron su continuidad en el trono.


Fue un mal comienzo para un largo gobierno(117-138) lleno de muchos éxitos y algunos fracasos, especialmente al final de su vida. La mayor parte de su su vida como emperador la dedicó a viajar por los diferentes territorios del Imperio romano, Hispania incluida. Cuando al final de su vida se sintió enfermo se retiró a la Villa Adriana, construida a cerca de la antigua Tibur. El complejo tenía unas 120 hectáreas y fue una de las villas más grandiosas de la Roma Imperial, rica en baños, ninfas, pabellones, jardines y estructuras residenciales que representaban las provincias conquistadas por el Imperio Romano.

El 10 de julio del 138, fallecía, en presencia de su sucesor Antonino, el emperador Adriano. Su muerte no fue fácil, ni llegó de una manera inesperada. Algún tiempo atrás había sufrido una hemorragia especialmente grave. Afectado por una enfermedad que le hacía retener líquidos e hincharse, probablemente hidropesía.

Su carácter empeoró, tal vez el dolor hacía que se irritara con facilidad. Se volvió impredecible para su entorno y algunos senadores fueron condenados por traición, haciéndole recordar a muchos patricios los ajusticiamientos de los primeros momentos de su gobierno.

Sus padecimientos le llevaron a buscar su propia muerte. Trató de buscar ayuda en las personas de su entorno. A su ayudante de caza yazigo Masto, le presionó hasta convencerle para que acabara con su vida aunque al final no pudo hacerlo. Entonces recurrió a su médico. Le ordenó que le elaborara una poción que pusiera fin a su sufrimiento. El doctor acabó suicidándose para evitar obedecer a su emperador.

Finalmente decidió ignorar el régimen que se le había recomendado para combatir su enfermedad y tras comer y beber todo lo que tenía prohibido encontró la muerte diciendo según Dion Casio: "Muchos médicos han matado a un rey".

Algunos senadores, resentidos por los asesinatos cometidos tanto al principio de su gobierno como en su última fase trataron, tras su muerte, de emitir una damnatio memoriae sobre su figura, sin embargo Antonino Pío su sucesor, fiel a la memoria de su padre adoptivo y a las disposiciones que este había adoptado con respecto a su sucesión, lo impidió.

Antonino Pío, el sucesor de Adriano

De esta manera falleció uno de los emperadores más admirados de la historia de la antigua Roma. Hacer balance de sus logros y de sus errores no es sencillo.

Por un lado demostró ser un administrador eficiente que implementó reformas administrativas que fortalecieron la burocracia del Imperio Romano, fomentó la construcción de importantes obras públicas, como la reconstrucción del Panteón de Agripa, la renovación de Atenas y la construcción de ciudades como Aelia Capitolina sobre la antigua Jerusalén que realzaron el prestigio del Imperio. Fue un gran admirador de la cultura griega y promovió el desarrollo de las artes y las letras, convirtiéndose en un mecenas de poetas y filósofos. En el aspecto militar destaca su labor de reconstrucción y mantenimiento de los diferentes limes y la construcción del Muro de Adriano.

Como aspectos negativos se le ha achacado el estilo de su gobierno que no respetó en algunos casos las prerrogativas del Senado. También se mostró intransigente con algunas religiones y persiguió a algunos grupos religiosos, como los cristianos. El conflicto judío liderado por Bar Kochba durante su reinado mostró una mala gestión de las tensiones étnicas y religiosas en esa zona. Las grandes obras públicas emprendidas por Adriano llevaron a un aumento significativo en los gastos del Estado, lo que pudo haber contribuido al aumento de las tensiones fiscales. Su relación con el Senado Romano fue a menudo tensa, en especial al principio y al final de su gobierno.

Un patrulla romana es interceptada durante la rebelión judía. Peter Dennis

Este fue el legado que dejó el tercero de los "cinco emperadores buenos", los gobernantes que protagonizaron la edad dorada de la historia de Roma.

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lunes, 15 de enero de 2024

MAXIMINO, EL TRACIO. EL PASTOR, HIJO DE BÁRBAROS QUE LLEGÓ A EMPERADOR.

Un texto de Iván La Cioppa para Historia y Roma Antigua

"Su carácter era tan bárbaro por naturaleza como bárbara su raza"

Con estas palabras Herodiano (Historia del Imperio Romano, VII,1,2), define a uno de los emperadores más polémicos y particulares de la historia de Roma: Cayo Julio Vero Máximo, más conocido como Maximino el Tracio. No conocemos su nombre bárbaro pero es probable que recibiera la ciudadanía romana bajo Cayo Julio Maximino, gobernador de Dacia en el año 208 d.C., y de él recibió sus mismos «tria nomina», como era costumbre.


Él, nacido de padre godo y madre alana, probablemente alrededor del 173 d.C., era un simple pastor y se enroló en el ejército gracias a Septimio Severo, impresionado por su talla descomunal y su fuerza hercúlea (Historia Augusta. Vida de Maximino, II,6).

Se dice, siendo probablemente una exageración, que medía 2,60 m y que su pulgar era tan grueso que llevaba la pulsera de su mujer como un anillo. También se narra que de un solo golpe podía derribar a un caballo y desmenuzar piedras de toba (Historia Augusta, Vida de Maximino, VI, 8).

Toda esta información ha llevado a algunos estudiosos a plantear la hipótesis de que pudo haber padecido gigantismo acromegálico, un trastorno endocrino que provoca un crecimiento exponencial pero proporcionado de todas las partes del cuerpo.

Gracias a la fama que se había ganado, pronto ascendió en el escalafón del ejército (entre ellos, el «custos armorum» de la Legio I «Adiutrix», según consta en una inscripción hallada en Brigetio) hasta el mando supremo del ejército de Alejandro Severo destinado a luchar contra un revuelta de germanos en el frente renano en el año 235 d.C. Aprovechando el descontento de los soldados hacia el último de los Severi, considerado por la tropa débil y cobarde (Herodiano, Historia del Imperio Romano, VI,8,3), encabezó una revuelta que provocó la muerte del joven emperador y el ascenso a la púrpura del tracio..

Maximino el Tracio, como nuevo emperador, tuvo que lidiar inmediatamente con la oposición del Senado: era inaceptable que un bárbaro semianalfabeto pudiera ocupar tal cargo. Fue entonces cuando comenzó a circular la expresión "Caliga de Maximina".

Maximino, por su parte, no se dejó amedrentar y comenzó a realizar purgas entre las filas de los senadores, reemplazándolos por sus hombres de confianza.

El nuevo emperador demostró ser un líder militar formidable, implacable, duro y desdeñoso del peligro: exigía la máxima disciplina de sus soldados y en la batalla siempre estaba en primera línea (Herodiano, Historia del Imperio de la Roma, VII,2,6).

Dirigió victoriosamente campañas militares contra los alamanes, los sármatas iazigios y los Cuados, y por esta razón nunca estuvo en Roma. Lamentablemente, ser un gran general no fue suficiente. Para pagar sus guerras, Maximino había vaciado las arcas del Estado y empobrecido a la clase dominante.

El descontento empezó a extenderse por todo el Imperio y el Senado aprovechó para conspirar contra él. Después de diversos acontecimientos, Maximino tuvo que enfrentarse a varios pretendientes. Primero los dos Gordiano, padre e hijo. Tras la muerte de estos el Sendo eligió a Pupieno y Balbino para que cogobernaran. A Maximino no le quedó más remedio que marchar al sur, contra la rebelde Italia.


En el año 238 d.C, el Tracio sitió Aquilea, que se había negado a abrirle sus puertas (Zósimo, Nueva Historia, I,15,1). En breve, Maximino cayó en la trampa de Pupieno, que dirigía la operaciones desde Rávena (Eutropio, Breviarium ab Urbe Condita, 9,1). Agotados por el largo asedio y por una disciplina demasiado estricta, los legionarios de la Legio II «Parthica» se amotinaron y masacraron tanto a Maximino como a su hijo Máximo (Aurelius Victor. Epitome de Caesaribus, 25.2). Les cortaron la cabeza y las pincharon en picas.


Así terminó el breve pero intenso reinado de un hombre que llegó a lo más alto desde la posición más humilde. Desafió al destino y, más allá de la tradición y las convenciones sociales, supo conquistar el poder absoluto y escribir su nombre en el gran libro de la Historia.


Traducción del italiano por Alice Croce Ortega

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viernes, 24 de noviembre de 2023

¿VAMPIROS EN LA ANTIGUA ROMA? LAS ESTRIGES FRENTE A CARDEA

Un texto de Iván La Cioppa para Historia y Roma Antigua. 

Siguiendo con mis estudios sobre “El Terror en Roma Antigua”, hoy os hablaré de criaturas terroríficas, nunca mejor dicho: los vampiros.


Estos monstruos que conocemos tan bien, tienen sus raíces entre nuestros ancestros, los romanos, si bien con algunas diferencias.  Un testimonio muy importante nos lo da Ovidio (Fastos, VI,131-140).

“Hay pájaros voraces, no los que robaban

la comida de Phineus de la mesa, pero de ahí viene el linaje:

cabeza grande, ojos muy abiertos, pico apto para robar;

plumas blanquecinas, garfio insertado en las uñas;

Vuelan de noche y van buscando a los niños que no tienen niñera.

y desgarran los cuerpos robados de sus cunas;

se dice que con el pico arrancan las entrañas de los infantes,

y sus bocios están llenos de la sangre que han bebido.

Son las estriges, pero el motivo de su nombre es  

que por la noche chillan horriblemente.”


El texto describe a un ser espantoso parecido a un gran pájaro de garras implacables con las que agarra a los recién nacidos y bebe su sangre.

Su nombre es «strix», estrige, que se refiere al abominable ruido que esta criatura emite por las noches.

La estrige, por su valor negativo, es exclusivamente de género femenino, según la mejor tradición misógina romana, heredera de la cultura griega, imbuida de los mismos prejuicios.

De hecho, Antonino Liberal, escritor griego del siglo II, cuenta que la primera «strix» fue Polifontes, nieta de Ares, castigada por el canibalismo practicado por sus dos hijos y transformada por Zeus en un ser parecido a un búho siempre hambriento representado a menudo con la cabeza hacia abajo y las patas arriba (Metamorfosis, 22). En este último detalle podemos encontrar un parecido con el murciélago, el alter ego animal de los vampiros tal y como se describen en la literatura moderna.

Antes de Ovidio, Plauto también menciona la «strix» comparándola, por su forma, a un gran búho (Pseudolos 3,2), algo confirmado por Petronio (Satyricon, 63) quien subraya su estridente grito, elemento heredado por algunos de los vampiros modernos.

La elección del ave no es casualidad pues, en la cultura romana, el búho era considerado portador de desgracias y mala suerte (Ovidio, Metamorfosis, VI, 424-570).

Más allá de las diversas similitudes, el elemento fundamental que une a las estriges y los vampiros modernos es la insaciable sed de sangre o hematofagia, especialmente de bebés.

Detalle Mosaico de Pafos que representa a Aquiles
 recién nacido con su nodriza


Cabe recordar que en la cultura romana existía la creencia de que la sangre tenía un poder regenerador, especialmente si provenía de ciertos sujetos como los gladiadores.

Al respecto, Plinio el Viejo (Historia Naturalis, 28,4) nos cuenta cómo los epilépticos sorbían sangre directamente de las heridas de un gladiador moribundo. Celso también nos confirma esta costumbre (De Medicina, 3,23,7) y, además, aconseja beber de la garganta rebanada del luchador.

Francesco Netti gladiador agasajado después de un combate en una residencia de Pompeya. 1880. Museo Capodimonte, Nápoles.

Esta última aclaración nos recuerda la forma en que los vampiros modernos atacan a sus víctimas, es decir, mordiéndoles la yugular: de hecho, es aquí donde el flujo de sangre es más abundante.

¿Cómo se defendían los romanos de las estriges?

Pues recurriendo a lo que hoy llamaríamos una «cazadora de vampiros»: la diosa Cardea, protectora de las puertas, entradas de las casas y de quienes las habitan, especialmente los niños.


La deidad combate las estriges con un ritual en el que se utiliza una planta sagrada con poderes apotropaicos: el espino (Ovidio, Fastos. VI, 150).Este arbusto, tanto en la cultura celta como en la griega y romana, era considerado como una puerta hacia el más allá por su complejo y espectacular proceso de renacimiento y transformación, además del contraste entre la belleza de sus flores y el peligro de sus espinas. El poder protector del espino era algo muy arraigado, tanto que se plantaba en los bordes de los terrenos. Sus características lo convirtieron en el símbolo ideal de Cardea.  

El ajo como arma formidable contra las estriges, es mencionado en el siglo II por Sereno Sammónico, erudito, tutor de los emperadores Caracalla y Geta, quien a su vez cita el dramaturgo Vetio Titinio (Liber medicinalis, LVIII), quien recomienda colgarlo alrededor del cuello de los niños envenenados con la leche de esas inmundas bestias.

En los siglos siguientes, tras el empeoramiento de la mentalidad misógina debido al cristianismo, la «strix» empezó a confundirse con una figura antropomorfa con poderes mágicos, siempre negativos, que tomó el nombre de «bruja» (término que tiene la misma raíz de la palabra latina). Este ser, sin embargo, conservó algunos rasgos de las estriges como la sed de sangre de niños (principal acusación en los juicios relacionados con la caza de brujas en el siglo XVII) y el rostro tan típico de nariz aguileña, que recuerda el pico de un búho. 

También en la tradición rumana se encuentran lo que pueden considerarse herederos, al menos en parte, de las criaturas romanas: por esos lares «strigoi» se refiere a los muertos vivientes ávidos de sangre humana y capaces de transformarse en animales como los murciélagos, que ya hemos citado y guardan cierto parecido con las estriges.

Traducido del italiano por Alice Croce Ortega 

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sábado, 4 de noviembre de 2023

HISTORIA DE UN CORRUPTO.EL CURSUS HONORUM DE MARCO DIDIO JULIANO. EL SENADOR QUE COPRÓ EL TRONO IMPERIAL.

Un texto de Federico Romero Díaz.

Marco Didio Juliano ha sido recordado por la historia como el hombre que compró en pública subasta el trono de Roma, uno de los imperios más poderosos de su tiempo. Se utiliza su figura como ejemplo de corrupción, como muestra del grado de degradación en todos los aspectos que había alcanzado a finales del siglo II el Imperio Romano. Este suceso aconteció en el conocido como año de los cinco emperadores, aunque realmente sucedió en el periodo de un año entre el 193 y 194 durante el cual se sucederán cinco emperadores (Pertinax, Didio Juliano, Severo, Pescenio Níger y Clodio Albino). 

Juliano se presenta antes las murallas del Castra Praetoria para pujar por el trono.

Este deterioro intolerable de la estructura institucional del Imperio Romano, a los ojos de las fuentes contemporáneas, justificó como algo necesario la dictadura militar que supuso el triunfo de la dinastía de los Severos. Durante el gobierno de los Severos el poder imperial se impuso se impuso gracias al apoyo de las legiones al Senado y al Pueblo de Roma. Docenas de senadores pagarán con sus vidas su reticencias o su oposición a la dinastía de origen norteafricana que ahora gobernaba el Imperio.

Vamos a centrarnos en el cursus honorum de uno de estos emperadores, Didio Juliano. Nació en el año 133 d.C. en la ciudad de Mediolanum, Italia. Descendía de una de las familias más ilustres de la región. Su madre procedía de Hadrumentum, en África. Era el famoso Publio Salvio Juliano, uno de los juristas más prestigiosos de la época de Adriano. Las conexiones políticas del padre permitieron a el joven Didio Juliano educarse en la casa de Domicia Lucila, madre de Marco Aurelio. Su carrera fue modélica. Desarrolló los cargos de edil y cuestor en época del emperador Marco Aurelio  y en el 162 alcanzó el puesto de pretor.

Su carrera militar comenzó en Germania, en Mogotiacum( actual Maguncia). Allí desempeñó con brillante el puesto de legado de la legión XXI, lo que le valió en el 170 un ascenso: el puesto de gobernador de la Gallia Belgica. Allí, durante 5 años, desarrolló su labor con eficacia, frenando las incursiones de la tribu de los caucos, que vivían en las orillas del Elba.

Romanos saquean e incendian un poblado germano 
 (171-180). Milek Jakubiec

Por todo ello en el 175 fue premiado con el consulado. Se mantuvo fiel, durante la rebelión de Avidio Casio contra Marco Aurelio al legítimo emperador, lo que le supuso ser nombrado gobernador e Iliria los dos años siguientes. En el 178 fue enviado como máximo representante de Roma a Germania inferior. Didio Juliano a sus 45 años se encontraba en la cúspide de su carrera, entre los militares favoritos el Marco Aurelio, su futuro se prometía brillante y nada hacía prever su infamia.

¿Didio Juliano toma el mal camino?

A su retorno a Roma, llegaron los cambios. Marco Aurelio había fallecido y ya, con su hijo Cómodo como emperador fue nombrado como nuevo administrador de los alimentos de Italia. Solo le rendía cuentas a él. Gestionaba el suministro de trigo, el transporte, el almacenamiento, la compra de cereales Tenía además la jurisdicción sobre los precios y la potestad de sancionar a los funcionarios encargados de la supervisión del comercio del trigo. Un puesto de enorme responsabilidad pero que ofrecía grandes posibilidades e enriquecimiento personal.

Carga en el barco el trigo. La nave se llamaba Isis Giminiana. Necrópolis de Porta Laurentina (al sur de Ostia)

Es más que posible que fuera en este momento cuando se produce el cambio en Juliano que comienza a entender el desempeño de su servicio público de una manera totalmente distinta, como una forma de enriquecerse ilícitamente. Surgen las dudas sobre la labor de Didio Juliano. Es denunciado por un simple soldado de la flota de conspirar contra la vida de Cómodo. La acusación era muy grave, especialmente al ser realizada ante un emperador que ya había acabado con la vida de muchos senadores y caballeros acusándolos del delito de alta traición. Curiosamente Juliano había sabio ganarse la confianza de Cómodo. El acusador fue condenado a muerte y Didio Juliano quedó libre. De hecho después de este incidente fue honrado con el nombramiento como gobernador de Bitinia, donde ya era pública su fama de corrupto. Al año siguiente fue nombrado cónsul, curiosamente junto a Pertinax, el futuro emperador. Después será procónsul en África y en Asia en dos ocasiones(188-190 y 192-193).

El desarrollo de estos cargos políticos y la impunidad con la que desempeñó su labor, gracias al apoyo imperial, le permitieron enriquecerse hasta límites impensables.

Muertes de Cómodo y Pertinax

Cómodo fue asesinado tras el triunfo de una conspiración orquestada por el prefecto el Pretorio Leto, su amante Marcia y el cortesano Eclecto.

Reconstrucción del rostro de Pertinax
Pertinax, el hijo de un liberto que había llegado a senador gracias a su brillante labor como militar y político en tiempos de Marco Aurelio y Cómodo fue nombrado emperador  por los pretorianos y el Senado a propuesta de los primeros. A su favor estaba el prestigio del que gozaba entre los militares por su pasado como general y entre el Pueblo por su honradez y su fidelidad a los principios morales y de servicio público del emperador filósofo Marco Aurelio.

El gobierno de Pertinax fue muy breve. A pesar de tener el apoyo inicial del Senado y del ejército, gracias a su prestigio como general y como honrado gestor.  duró sólo 86 días, no fue fácil. Pertinax trató de emular la moderación de Marco Aurelio, e hizo un esfuerzo por reformar el alimenta; no obstante, tuvo que hacer frente a la oposición de muchos sectores. A pesar de la venta de los bienes y esclavos de Cómodo n reunió suficiente dinero para satisfacer las exigencias de los pretorianos. También debió hacer frente a una conspiración encabezada por el senador Quinto Pompeyo Sosio Falcón. Siempre trató de recuperar la sobriedad y la moderación practicada por el admirado Marco Aurelio. Perdonó a sus enemigos y trató de restaurar los alimenta creados para ayudar así a los niños de Italia

El 28 de marzo de 193 Pertinax unos centenares de pretorianos se dirigieron al palacio. Al parecer estaban molestos con el Emperador que aún no les había abonado la mitad de la paga prometida.

El prefecto del  Pretorio Leto, experto en traicionar a sus emperadores, en vez de calmar a sus subordinados se unió a ellos. Pertinax no trató de huir. Se dirigió con tranquilidad a los pretorianos y trató de razonar con ellos. Estaba a punto de conseguirlo cuando uno de de ellos le atacó y acabó con su vida.

Didio Juliano se hace con el poder.

Tras el asesinato del bien intencionado Pertinax, los pretorianos perdieron todo tipo de pudor y respeto hacia las formas legales y subastaron públicamente, al mejor postor, el trono de Roma. El ganador de la puja fue nuestro personaje Didio Juliano que se impuso al suegro de Pertinax, Tito Flavio Sulpiciano. Juliano Solo los 25.000 sestercios que prometió a cada legionario hicieron posible que los pretorianos amenazaran al Senado y que Juliano, finalmente, fuera nombrado emperador. No gozaba de las simpatías de ninguno de los poderes fácticos de Roma. Ni el pueblo le quería, ni el Senado le respetaba ni las legiones estacionadas en las provincias estaban dispuestas a aceptar su nombramiento. Consciente de su débil posición Juliano trató de afianzarse en el trono mediante la adopción de varias medidas. Trato de asentar una dinastía y asoció a su esposa,
al trono mediante la concesión a ambas del título de Augusta, emitiendo monedas que las mostraban.

Denario de Didia Clara( W Commons)


Pronto llegaron las malas noticias para Didio Juliano, en pocas semanas se sublevaron tres de sus gobernadores Clodio Albino, Pescenio Niger y Septimio Severo que se asoció con Albino y marchó desde Panonia con parte de las legiones del Rin, Germania y de los Balcanes tropas hacia Roma.

Ante el rápido avance de Severo, que se hizo con facilidad con Rávena y su flota. Didio Juliano trató de fortificarse en la capital, pero una parte de los pretorianos se pasaron a Severo que rechazó desde su posición reforzada la oferta de Didio Juliano de compartir el trono. Severo ofreció el perdón a los pretorianos que le entregaran a los asesinos de Pertinax, y estos no se hicieron de rogar abandonando a Juliano rápidamente. El Senado, acostumbrado ya a reconocer al más fuerte,  se reunió y proclamó a Severo como nuevo dueño del trono imperial.

Imagen de Septimio Severo

Didio Juliano abandonado en el palacio imperial esperó su hora, ya que había sido condenado a muerte aunque sin comprender muy bien cual había sido su falta. Según Dion Casio cuando su verdugo se aproximaba para acabar con su vida solo podía repetir:

"Pero, ¿Qué he hecho mal?¿A quien he matado?"

Una nueva etapa se aproximaba para el Imperio Romano que olvidaba ya su época de máximo esplendor con la dinastía antonina. Ahora la época dorada dejaba paso a la del hierro, a una etapa de abierta dictadura militar en la que el nuevo poder, encarnado en los emperadores de la nueva dinastía severa, darán 

Pretoriano de uniforme(W. Commons)
prioridad absoluta a satisfacer las necesidades del ejército, autentico pilar de su poder. A partir de este momento los legionarios obtendrán reconocimiento a viejas pretensiones como la capacidad de contraer matrimonio legal mientras están en periodo de servicio, cosa prohibida desde Augusto, aumentarán su paga, sus privilegios legales frente a la población civil, etc. 

Los pretorianos pagarán cara su ambición. Fueron desarmados por Severo y licenciados sin honor. El Emperador los sustituyó por soldados de su confianza, veteranos de las guerras del Limes, procedentes de regiones fronterizas como Panonia, que atemorizaban por su aspecto y modos bárbaros a los civilizados habitantes de Roma, la vieja capital imperial. 

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