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jueves, 17 de marzo de 2022

ROMA VICTA EST. VIDA Y VIAJES DE ALARICO, EL GODO, CONQUISTADOR DE ATENAS Y ROMA, EL BÁRBARO QUE ACAMPÓ SU EJERCITO FRENTE A LAS MURALLAS DE CONSTANTINOPLA, RÁVENA Y MILÁN.

Un texto de Federico Romero Díaz

La historia del Imperio Romano a finales del siglo IV y principios del V esta estrechamente ligada a la biografía de Alarico y esta, a su vez, la podemos resumir en la historia de sus viajes. Recorrió miles de kilómetros. Primero de Tracia a Macedonia, después llegó a las puertas de la imponente Constantinopla, la nueva Roma. Desde allí atraviesa la Tesalia griega atravesando el paso de las Termópilas, aquel famoso lugar en el que en el siglo V a.C el rey Leónidas dejó su vida luchando contra el invasor persa junto a otros 300 espartanos y unos miles de aliados de otras ciudades griegas. Finalmente llegará a la antigua y sabia Atenas atravesando Beocia. De allí llegará a la poderosa Corinto y al Peloponeso pasando por ciudades como Esparta o Argos. Se asentará en Epiro, desde donde marcha al Illyricum. Saqueó el norte de Italia, Liguria, Rávena y por fin, tras dos asedios fallidos, en el 410 entrará en Roma. Desde la Urbs desciende al sur, hasta Cosenza, donde en el 410 encontrará un final teñido de leyenda.



Son miles de kilómetros hechos junto a sus guerreros que, poco a poco, se irán convirtiendo en su pueblo. Le han nombrado rey y se desplazan en carromatos llenos con sus mujeres y niños, con sus rehenes y esclavos, sus provisiones y los tesoros que han ido saqueando en su viaje por un Imperio que a veces se muestra hospitalario y casi siempre hostil.


Las diferentes invasiones godas, la de Alarico incluida, al Imperio Romano.

Orígenes de Alarico

No se conoce con exactitud la fecha exacta del nacimiento de Alarico, se considera que debió nacer entre el 365 o el 370. Claudiano, el poeta romano contemporáneo del godo, nos cuenta que nació en la isla de Peuke, en la desembocadura del Danubio, en la actual Rumanía, fuera de lo que eran las fronteras del Imperio Romano. Algunos autores lo emparentan con Alavivo, el rey que llevó a los godos tervingos a la frontera romana del Danubio en el 376, huyendo del acoso de los hunos y Jordanes le hace descender de la poderosa familia de los Baltos. En cualquier caso sabemos que se casó con la hermana de Ataulfo y tuvo con ella una hija que a su vez, contraerá matrimonio con el rey visigodo Teodorico (418-451). La infancia y la adolescencia de Alarico debió ser similar a la de otros jóvenes godos entregados al entrenamiento en el uso de las armas y en la guerra. El joven debió ir adquiriendo una buena posición entre los nobles godos junto a sus seguidores, como foederati de Teodosio, en el territorio imperial de  Mesia desde al menos el 382. Aparece por primera vez en  la historia encabezando un contingente de godos y otros bárbaros que derrota en un enfrentamiento de carácter menor, posiblemente una escaramuza, a las tropas encabezadas por el propio emperador Teodosio en el río Hebro en el 382. Al año siguiente Alarico y sus seguidores son derrotados por el mismísimo Estilicón que, tras la derrota integra a este contingente de guerreros al servicio imperial. En ese desempeño continuará hasta el 394, tras la batalla del río Frígido.

Isla de Peuke.
Jordanes e Isidoro, que escribieron mas de un siglo después de la muerte de Alarico, nos informan de que "Alaricus creatus est rex" es decir que fue elegido rey por los suyos. Otros autores más cercanos en el tiempo como Olimpiodoro de Tebas lo llama filarchos o jefe de tribu, Zósimo hegemon, etc. Lo que si sabemos por Hidacio es que tras su muerte su sucesor Ataulfo, también fue nombrado rey. La elección de Alarico como rey en torno al 394 pudo deberse a varias causas como su rebelión contra el poder romano tras la masacre de sus seguidores en la batalla del Frígido en ese mismo año que costó la vida a unos 10.000 de sus seguidores, según Orosio, la muerte de otros líderes como Fravita o Eriulfo en enfrentamientos internos y a otros factores como a su capacidad de liderazgo tanto en la batalla como frente al poder romano.

¿Quiénes seguían al rex Alarico?

Teodosio tras el sacrificio hecho en batalla no recompensó, al menos como el godo esperaba, la sangre de sus seguidores, limitándose el Emperador a otorgarle el título de comes rei militari insuficiente para un general que aspiraba a comandar no solo a foederati, sino también a tropas regulares romanas. Esta disconformidad con el poder romano fue una constante en la vida de Alarico, en especial con el emperador Honorio o con sus consejeros y generales que se negaron a concederle las tierras, dinero y alimentos que reclamaba para su pueblo. Fue esa insatisfacción la que le llevó a emprender la guerra contra los romanos, a saquear sus tierras y asediar sus ciudades a lo largo de toda su vida. 

Godos, cruzando un rio  Evariste Vital Luminais
Los seguidores de Alarico, ese conglomerado que algunos calculan en 40.000 personas y que vamos a conocer como visigodos, eran un heterogéneo conjunto de godos de su gens que aumentó con la suma de las gentes que se les iban uniendo a lo largo de su  camino por las calzadas romanas. Sabemos que tras la muerte de Estilicón en el 408 y la masacre de las familias de sus foederati, el número de sus seguidores se incrementó considerablemente con la adicción de estos soldados godos tervingos, hunos, vándalos, celtas y muchos provinciales romanos(casi todos antiguos soldados del godo Radagasio, indignados por el asesinato de su general, y de sus mujeres e hijos). En el 409 durante el segundo asedio a Roma se le unieron casi todos los esclavos bárbaros de la ciudad. A su muerte, tras 25 años de lucha por todo el Imperio el grupo que seguía a Alarico, los visigodos eran muy distintos y de origen muy variado al núcleo inicial de godos con los que el joven había iniciado su aventura en el Imperio Romano.

Como ya hemos mencionado en el 394 lo encontramos en la batalla del Frígido que enfrentó al ejército del emperador Teodosio contra las tropas del usurpador Eugenio. Tras la decepción por la falta de una recompensa adecuada a su sacrificio, Alarico se rebela contra el poder romano y marcha hacia Oriente. Ya en Grecia acampa frente a las murallas de Constantinopla. Frente a la capital romana de Oriente, en su campamento, se entrevista con el poderoso Rufino el secretario de Arcadio y parece que llega a algún tipo de acuerdo con él.

Primer día de la batalla del río frígido. Alarico atacan frontalmente a las de Argobastro y pierde un gran número de seguidores.


En Grecia, desde Tesalia se dirige hacia Atenas, atravesando las Termópilas donde parece que las tropas romanas, tal vez por orden de Rufino, le dejan el paso libre a la fértil Beocia que devastaron a placer, siendo los daños causados en esa ocasión todavía visibles muchos años después Solo la fortificada Tebas pudo escapar a la destrucción. Desde allí, ya en el 396 se dirigió al puerto de Atenas, El Pireo. Su intención era cortar el abastecimiento de la ciudad y rendirla por hambre, algo que repetirá en su asedio de Roma. Atenas ya no era la ciudad esplendorosa que había sido siglos atrás pero conservaba su prestigio como centro intelectual del paganismo tradicional. Atraía aún a escritores, pensadores y juristas de todo el Imperio que acudían allí para formarse en sus escuelas.

Aunque hay división entre los historiadores, parece que todos los indicios apuntan a que Alarico pactó con los dirigentes de Atenas una fuerte compensación económica por no saquear y destruir la ciudad, siendo tratado con respeto y diplomacia por la élite ateniense. Desde Atenas se dirigirá a Eleusis que albergaba el santuario de la diosa Demeter, después a Megara y por último pasará al Peloponeso donde Corinto, Argos y Esparta serán tomadas por la fuerza. Tras el saqueo del Peloponeso se dirige a una zona montañosa del norte de la Arcadia, Pholoe, donde es acorralado por una fuerza expedicionaria al mando del mismísimo Estilicón que, obedeciendo órdenes o por la urgencia de acabar con la rebelión de Gildón en África, abandona el cerco al que tenía sometido a Alarico que pacta con Constantinopla su asentamiento en Epiro, donde permanecerá desde el 397 casi cuatro años. 
 Viaje de Alarico por Grecia            

Allí por fin consigue la satisfacción a sus demandas, siendo nombrado Magister militum per Illyricum o jefe de todos los ejércitos romanos en Iliria con derecho a una paga, a recaudar tasas, controlar las fábricas romanas de armamento para equipar sus tropas y tierras para el asentamiento de sus seguidores.

Alarico invade Italia

Parecía que Alarico tras muchos años de viaje y saqueo, de enfrentamiento con el poder romano había conseguido de este lo que buscaba: el reconocimiento de un puesto en el escalafón del ejército que le facilitaba el acceso a los recursos que necesitaba para mantener a sus seguidores. Sin embargo, en el 401, tras casi cuatro años dedicado a recomponer y equipar sus fuerzas en el Épiro, reclama a Honorio, el Emperador de Occidente una fuerte suma y tierras en el Nórico, Dalmacia y Venecia para asentarse.



¿Qué pasó para que se produjera ese cambo de actitud? Posiblemente dio este paso obligado por Constantinopla donde el poderoso prefecto del pretorio Aureliano lideraba una facción antigermánica que no veía con buenos ojos que un "bárbaro" como Alarico ostentara un cargo de tanta importancia.

Sus peticiones son rechazadas por la Corte de Milán, por lo que invade el norte de Italia saqueando Aquilea, la zona de la Venetia y otras ciudades del Norte de Italia de camino a su verdadero objetivo, Mediolanum (Milán) la sede del emperador Honorio. Alarico se entretuvo en Mediolanum en largas negociaciones en las que se determinó el asentamiento de los visigodos de Alarico en la Galia e Hispania. Hacia allí se dirigían cuando fueron sorprendidos por las fuerzas de Estilicón que les derrotan en Pollentía (actual Pollenzo a 60 km de Asti) en el 402. Alarico sufrió una severa derrota, perdió gran parte de su tesoro, producto de años de rapiña. Incluso parte de su familia fue capturada en esa batalla. A los pocos meses fue derrotado de nuevo cerca de Verona, pero Estilicón le dejó escapar de nuevo, pactando con él su regreso a Epiro. Allí recuperando su puesto de magister militum per Illyricum, aunque esta vez el título fue concedido por Honorio desde Occidente, no por Arcadio desde Constantinopla.

En el 405 se produce la famosa invasión de Italia por el contingente encabezado por otro godo, Radagasio. Se reforzaron las murallas de las ciudades, las de Roma incluidas. Estilicón rodeó a las tropas de Radagasio que se encontraban frente a las murallas de Florencia. El ejército compuesto por godos, hunos y otros pueblos se vio aislado por muros y terraplenes y falto de provisiones. Finalmente se rindió tras ser derrotado en la batalla de Fiesiloe en Agosto del 406. Radagasio fue ejecutado y sus seguidores convertidos a la esclavitud o en nuevos foederati al servicio de Occidente.
Radagasio es apresado tras la batalla de Fiesiloe(406). Salón de los Quinientos, en el Palazzo Vecchio, 1563-1565.
A Estilicón  se le multiplicaban los frentes: a la invasión de Italia por Radagasio se sumaba la irrupción en la Galia de vándalos, suevos, alanos y otros pueblos la noche de fin de año del 406; en Occidente hay un nuevo usurpador que se hace llamar Constantino III y además Alarico reclama de nuevo el pago por sus servicios durante los dos años que ha estado en el Epiro sirviendo a Honorio.

PRIMER CERCO DE ROMA (408)

En el 408 Estilicón convence a Honorio para que pague a Alarico lo que pide. La idea es que a cambio,  Alarico y sus guerreros acudan a luchar contra el usurpador Constantino III. 
Estilicón acudiría a Constantinopla, donde había muerto Arcadio, para proteger al nuevo emperador Teodosio II, aún un niño. Sin embargo, debido a las maquinaciones del magister officiorum de Honorio, Olympius se produce una gran masacre de todos los funcionarios partidarios de Estilicón que es detenido y ejecutado mediante engaños. Los siguientes en morir serán las familias de los foederati de Estilicón residentes en el las ciudades del norte de Italia que son asesinados por miles. Los antiguos soldados de Radagasio, que ahora lo eran de Estilicón, indignados por la muerte de su general y de sus esposas e hijos, se pasarán en bloque al servicio de Alarico que verá aumentado su ejército con estos experimentados soldados. Honorio, influido por Olympius, rechaza el pacto anterior alcanzado con Alarico que desde el Nórico, penetra de nuevo por Aquilea en Italia y avanza con su pueblo devastando las ciudades y campos que encuentra en su camino con un nuevo objetivo: Roma la capital del Imperio en Occidente y donde se atesoraba gran parte de su riqueza. Asentó su campamento antes las puertas de la ciudad y bloqueó el aprovisionamiento de trigo de los romanos desde el puerto de Ostia. Para reforzar aún más sus fuerzas, pidió ayuda a su cuñado Ataulfo que acudió con un considerable ejército de godos y hunos.

Vista aérea de Roma a principios del siglo V.

Pronto se dejo sentir el hambre entre el casi medio millón de habitantes de Roma. Las raciones fueron reducidas. La miseria  y las epidemias se hicieron dueñas de sus calles. El Senado envió a dos representantes, el hispano Basilio y el jefe de los secretarios llamado Juan. Los sitiadores  demandaron 5.000 libras de oro, 30.000 libras de plata, 4.000 vestidos de seda, 3.000 pieles teñidas de rojo escarlata y 3.000 libras de pimienta. Aunque nos parezca una enormidad debemos tener en cuenta que un senador romano tenía un beneficio anual de unas 1.000 o 2.000 libras de oro al año, por lo que podían permitirse, entre todos, satisfacer las exigencias del rey de los visigodos. La difícil labor de determinar cuanto tenía que pagar cada ciudadano se le encomendó a Pallatius el comes sacrarum largitionum, encargado de las finanzas. Ante las reticencias de muchos senadores a declarar su autentica riqueza, se acabó recurriendo a despojar de todos los adornos de oro, plata y joyas a las estatuas de la ciudad para fundirlas. Entre ellas se fundió la joya que representaba la virtus, es decir el valor, lo que para el historiador pagano Zósimo supuso una catástrofe completa que alejó a la ciudad de sus dioses ancestrales.

Reunido el montante total exigido por Alarico, este permitió a los romanos abastecerse y se retiró a Etruria, más hacia el norte junto a miles de esclavos romanos que huyeron de la ciudad para integrarse en el pueblo del rey godo que había sometido a Roma.

SEGUNDO CERCO DE ROMA 409

A pesar de haberse retirado de Roma, el contingente del godo seguía en Italia y las conversaciones con Rávena sobre la entrega mutua de rehenes y los acuerdos de paz continuaban sin obtener ningún fruto. Honorio, sordo al consejo del Senado, que ya poco contaba, estaba totalmente dominado por la corriente antigermánica de su corte se obstinaba en no conceder ningún cargo militar romano a Alarico, a pesar de las promesas de este de ayudarle contra Constantino III y los invasores de la Galia e Hispania. Cansado de las continuas negativas de Honorio, Alarico pone de nuevo cerco a la ciudad y derrota al contingente de 6.000 soldados que se envía desde Rávena a socorrer a Roma.

Tras el fracaso de una nueva embajada compuesta ahora por un grupo de obispos que presentan las nuevas peticiones del godo, razonablemente rebajadas, Alarico bloquea de nuevo Portus(Ostia) y corta la entrada de alimentos en la ciudad.

El Senado se ve obligado a acceder a la nueva exigencia de Alarico: nombrar como nuevo emperador a Priscus Attalus, un influyente senador que en ese momento desempeñaba en Roma el cargo de Praefectus Urbis.
Moneda de oro de Prisco Atalo

El nuevo emperador, como no podía ser de otra manera, nombra a Alarico magister militum utriusque militae y a Ataulfo comes domesticorum, los dos puestos militares más importantes en el ejército romano. Roma está hambrienta de nuevo y se siente abandonada por Honorio y no opone resistencia al nuevo "régimen". Atalo y Alarico se dirigen a Rávena al frente de un ejército a presionar a Honorio que parece ahora más inclinado a compartir el poder. Alarico trata de enviar otro  ejército a África, donde Heracliano, fiel a Honorio, bloquea el envío de trigo a Roma, pero Atalo se niega a enviar bárbaros a una zona del Imperio que no ha conocido hasta el momento invasión alguna e impone unas duras condiciones a Honorio que se salva en el último momento gracias al envío desde Oriente de un ejército de más de 40.000 soldados que le hacen replantearse la huida a Constantinopla que tenía planeada. El bloqueo de los envíos de grano de África hacen que Roma caiga de nuevo en el hambre y la miseria más profunda. Alarico defraudado con Atalo que sigue negándose a enviar tropas bárbaras a África acaba llegando a un acuerdo con el reforzado Honorio. Desposee a Atalo de sus prerrogativas imperiales y marcha al norte de Italia.

TERCER SITIO DE ROMA Y SU SAQUEO. 410

No se sabe exactamente el motivo de la ruptura del acuerdo entre Alarico y Honorio. Ambos parecían ultimar un acuerdo que llevaría a los visigodos a asentarse en la Galia e Hispania, donde combatirían juntos al usurpador Constantino III. Sin embargo en medio de estas negociaciones el campamento de Alarico es atacado por un contingente de unos 300 godos al servicio de Honorio y al mando de Saro, antiguo rival de Alarico y Ataulfo.


Alarico, cansado ya de tantos fracasos y traiciones, en las negociaciones con Honorio se retira a Piceno y desde allí decide marchar nuevamente contra Roma. No podía tomarla al asalto, la ciudad gozaba de poderosas murallas y estaba bien defendida, así que decidió sitiarla de nuevo esperando que el hambre convenciera a los romanos de su derrota. No tenemos fuentes contemporáneas a este tercer asedio y posterior saqueo de la ciudad. Tenemos que fiarnos de la arqueología y del testimonio de Procopio. Tampoco sabemos exactamente como entra Alarico en la ciudad. Al parecer las puertas fueron abiertas desde dentro. Procopio nos ofrece dos posibilidades, una es que la abrieran algunos de los 300 jóvenes que el autor cuenta que envió a la ciudad para que se infiltraran al servicio de familias nobles, la otra es que la rica dama romana Anicia Faltonia Proba, profundamente cristiana y movida por la caridad  abrió las puertas ella misma para poner fin al sufrimiento de los habitantes de Roma.

Por las fuentes da la sensación de que se llegó a algún tipo de acuerdo con el rey de los visigodos. Si bien es cierto que hubo abusos y la ciudad fue despojada de gran parte de sus riquezas durante los tres días que van del 24 al 27 de agosto del 410, también lo es que se evitaron destrucciones generalizadas en la ciudad y masacres innecesarias, respetándose el derecho de asilo en las iglesias de la ciudad. Las fuentes más cercanas al acontecimiento como Sozomeno o Philostorgio hacen hincapié en que algunos edificios se vieron afectados, que las riquezas de la ciudad fueron saqueadas aunque Roma no tardó en recuperarse. En el 414 en un informe al emperador Honorio el prefecto de la ciudad Cacina Decius Aguralis Albinus solicita un aumento del canon frumentario, al parecer la población había aumentado. Si en el 410 los ciudadanos con derecho a la annona eran 106.000, en el 14, solo cuatro años después, habían aumentado a 120.000. En cuanto a los destrozos materiales no parecen tampoco excesivos. El objetivo de Alarico era hacerse con la riqueza de la ciudad, no destruirla ni masacrar a sus habitantes. Se aprecian daños que podrían corresponderse con esa fecha en los Horti Sallustiani que estaban al lado de la Porta Salaria, el lugar por el que pudieron entrar los godos. Se aprecian daños también en la domus Pinciana y la domus Sallustiana( donde estaban las residencias de Vespasiano, Nerva y Aureliano). En el Celio algunas casas como la de los Valerios  fueron destruidas . También la de Marcella (en el Aventino) donde se encontró un tesorillo de 1.800 sólidos de oro o la de Anicia Proba y una iglesia llamada Basilica Iulii. Otros lugares que también pudieron verse afectados fueron las Termas de Constantino, el Templum Pacis en el Foro de Vespasiano, un lugar lleno de obras de arte como el gran candelabro de siete brazos y otros objetos como la mesa de Salomón que Tito saqueó en el Templo de Jerusalén.

En conclusión parece que la arqueología respalda el testimonio de las fuentes escritas que nos hablan de destrucciones parciales y saqueos durante los tres días que duró la presencia de los visigodos en la ciudad. Acuciado, muy posiblemente por la falta de suministros, marchó hacia el sur saqueando a su paso por la Campania los recursos que encontraba. La negociación con Honorio era después del saqueo de Roma imposible, había que buscarse otro lugar para vivir y el mejor para hacerlo parecía la rica y próspera África romana.

A la caída de Roma se le dio, por muchos autores, un significado simbólico. San Jerónimo ve en ello el fin del poder de Roma, más aún, el fin del mundo " Que puede estar a salvo si Roma perece?

"Quid salvum est si Roma perit" .

MUERTE DE ALARICO

Tras el saqueo de Roma Alarico y su pueblo se dirigen al sur de Italia, su intención es pasar a Sicilia y desde allí alcanzar África, el granero del Imperio. En su camino Nola y otras ciudades son saqueadas y desde Regium(actual Regio) tratan de pasar en una flota a Sicilia, sin embargo una tormenta hunde parte de la flota y dispersa al resto. Su pueblo compuesto ahora por una amalgama de godos, esclavos, vándalos, romanos, hunos, y gentes de otros pueblos que se habían cohesionado bajo su liderazgo no sabe ahora cual será su futuro. Junto a él viajan Ataulfo, Gala Placidia, la hermana de Honorio que había sido apresada en Roma, el depuesto emperador Atalo, obispos como el arriano Sigesarus. Todos ellos junto a sus carromatos llenos de los tesoros, saqueados a lo largo de años de viaje, se desplazan ahora hacia el norte. Alarico, ante el naufragio de sus naves, desiste de sus intenciones de establecerse en África y se dirige a Consenza, donde con tan solo 40 o 45 años encontrará inesperadamente la muerte. Y digo inesperadamente porque lo normal es que un rey guerrero como lo fue Alarico muriera en una conspiración o en el campo de batalla, sin embargo fallecerá, por lo que parece, de muerte natural. 
Representación del entierro de Alarico en el río Busento.

Nos cuenta Jordanes, que escribió mas de ciento cincuenta años después que al ser un rey sin reino, sin capital en el que enterrarlo Ataulfo y sus oficiales decidieron enterrarlo allí mismo, pero en un lugar secreto donde nadie pudiera profanar su tumba ni ofender su descanso. Se desvió el río Busento y se cavó una gran tumba en su lecho. Una vez depositado Alarico con los objetos que se consideraron necesarios a su dignidad real, se hizo pasar de nuevo el río por su cauce natural y se mató a los prisioneros que habían intervenido en la realización del enterramiento. El relato de Jordanes ha dado lugar a toda clase de composiciones poéticas y románticas tanto literarias como musicales y han sido numerosos los que proponen excavar el el lecho del río, aunque el Busento continua guardando celosamente el secreto y los tesoros del primero de los reyes  visigodos, Alarico.

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FUENTES PRIMARIAS. 

Zósimo.-- Nueva Historia.-- Madrid: Gredos, 2016
Jordanes.-- Orígenes y gestas de los godos.-- Madrid: Cátedra 2001
Isidoro de Sevilla.-- Historia de los godos, vándalos y suevos.
Orosio, P .-- Historiae adversus paganos.
Claudiano, C.-- Poemas.-- Madrid: Gredos, 1993

BIBLIOGRAFÍA

Heather, P.-- La caída del imperio romano.-- Barcelona: Crítica, 1990
Arce, J.-- Alarico. La integración frustrada.--Madrid: Marcial Pons Historia, 2018
Soto Chica, J.-- Visigodos. Hijos de un dios furioso.-- Madrid. Despertaferro-Ediciones, 2020
Ward-Perkins, w.-- La caída de Roma y el fin de la civilización.-- Barcelona: Espasa, 2007
Goldsworthy, A.-- La caída del Imperio romano.-- Madrid: Esfera de los Libros, 2009




miércoles, 16 de marzo de 2022

LA RISA EN LA ANTIGUA ROMA. SOBRE CONTAR CHISTES, HACER COSQUILLAS Y REíRSE A CARCAJADAS . BREVE RESEÑA AL NUEVO ENSAYO DE MARY BEARD.

A veces el humor en Roma adopta tintes trágicos. Nos cuenta Suetonio que Calígula una mañana obligó a un hombre a presenciar la muerte de su propio hijo. Por la tarde lo invitó a comer y lo obligó a reír y a bromear.

Escena de la película "La Vida de Brian(1979)"

Dión Casio recuerda en su obra como en el 192, siendo un joven senador acudió al anfiteatro a presenciar un espectáculo en el que el protagonista era nada mas y nada menos que Cómodo. El Emperador, apasionado de la lucha gladiatoria y de la caza de animales se planta frente a los asientos reservados a los miembros del Senado, los más próximos a la arena, tal y como correspondía a su elevado rango. Cómodo sostiene en una de sus manos la cabeza de una pobre avestruz que acaba de matar mientras que en la otra esgrime su ensangrentada espada. Mira directamente a los senadores y en un claro gesto de amenaza, sin palabras, les indica que los próximos en ser decapitados pueden ser ellos. Curiosamente esto despierta hilaridad entre los amenazados, tal vez por lo ridículo de ver a un emperador en esas circunstancias. Para disimular su risa, a Dión se le ocurre masticar alguna de las hojas de laurel de su corona y les pasa otras a sus compañeros para que hagan lo mismo y puedan así librarse de la ira de Cómodo que, creyéndose un gran gladiador,  no toleraría de ninguna manera semejante mofa. Tanto Dion como el resto de sus compañeros consiguieron salir airosos y con la cabeza sobre sus hombros de esa situación. 

Cómodo con una estaua dela victoria y una hoja de palma deja la arena liderando un grupo de gladiadores. Dipinto di E.H. Blashfield. Hermitage Foundation Museum, Norfolk

No les sucedió lo mismo a los magistrados de la ciudad de Tarento a finales del siglo III. En esta ocasión  se pagará un precio mucho más alto por la risa. La ciudad, rival de Roma recibía a los más altos emisarios romanos cuando uno de ellos tuvo que sufrir que su inmaculada toga fuera manchada intencionadamente con excrementos. La cosa que les hizo mucha gracia a los tarentinos que se rieron abiertamente ante los emisarios de Roma. Lucio Postumio Megelo, el principal de entre los romanos les dijo que se rieran mientras pudieran, que ya llorarían cuando tuvieran que lavar su propia sangre. La amenaza se hizo real cuando los romanos conquistaron por la fuerza la ciudad.

Cuando nos planteamos el tema del humor en Roma nos asaltan múltiples interrogantes: ¿Podemos llegar a saber cómo o por qué se reía la gente en el pasado? ¿Existía la risa romana en contraposición a la griega?¿Era la risa una forma de rebelarse contra el poder establecido? ¿Qué contenidos ideológicos o políticos tenía? ¿Cómo se controlaba desde el poder?¿ qué tiene de común y de diferente con nuestro humor actual? Comprender y contestar estas preguntas es importante porque nos ayudará a comprender mejor la sociedad y la cultura de la Antigua Roma. La conocida historiadora Mary Beard, (Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016), analiza en "La risa en la Antigua Roma. Sobre contar chistes, hacer cosquillas y reírse a carcajadas" uno de los temas históricos más complejos: de qué y cómo se reían los antiguos romanos.

En este ensayo se aborda el tema de la risa como una forma cultural cambiante y adaptable y como ha ido variando y cambiando. Mary Beard ha basado su investigación sobre una amplia variedad de escritos de la época, que van de ensayos sobre retórica a la primera antología de chistes, Philogelos, algunos de los cuales ilustran su análisis a lo largo del libro.

Esta dividida claramente en dos partes bien diferenciadas. En la primera la autora nos introduce de una manera general  en la historia de la risa, en cuales eran los chistes más comunes tanto en latín como en griego. También rastrea la huella que ha dejado ese humor en la literatura romana y griega en obras como El asno de oro de Apuleyo, o en la obra de otros autores como Virgilio, Terencio, etc. Se nos explica también como era el humor romano, bastante distinto y a la vez bastante similar al nuestro en muchos aspectos, que cosas eran las que mas gracia hacían a los romanos, etc Es curioso ya que lo que podemos conocer sobre este último punto es fundamentalmente quew era lo que hacía gracia a los romanos hombres de clase elevada, ya que han sido estos testimonios y no otros los que han llegado a nuestros días, no conocemos lo que hacía reír a un esclavo o a un campesino o a las mujeres o a los más pobres. Es muy posible que un senador y un arriero se rieran de cosas muy diferentes y manifestaran esa alegría de maneras distintas también.

En la segunda encontramos un enfoque menos teórico que se centra en cuestiones más concretas como el humor de cicerón, los consejos de Quintiliano al orador bromista, las diferencias entre el humor de las altas y de las bajas esferas, los emperadores y sus bufones, los chistes romanos, etc.

En conclusión creo que estamos ante una obra necesaria para cualquier amante de la Antigüedad que quiera conocer mejor la mentalidad de los romanos y los valores que les movían. Conocer el humor de los romanos  es conocernos a nosotros mismos mejor ya que además del Derecho Romano, las lenguas latinas y todo lo que hemos heredado de la Antigua Roma, tenemos un elemento más de esa herencia : la idea de "chiste" moderno y, con éste, un peculiar y compartido sentido del humor.

Si queréis empezar a leerla o saber más pincha en el enlace o en la imagen



jueves, 10 de marzo de 2022

GERMÁNICO. ¿EL MÁS QUERIDO Y LLORADO DE LOS GENERALES ROMANOS?

Un texto de Iván la Cioppa para HRA

Julio Cesar Germánico era de noble linaje y moralidad inquebrantable, ejemplo de valor, lealtad y templanza. En vida, se convirtió en una leyenda y después de su muerte fue entregado al mito. Nadie fue tan grande en todo lo que hizo como él.

Germánico en la batalla de Idistaviso. Obra de Iván la Cioppa.

La sangre de Augusto, Marco Antonio y los Claudio corría por sus venas, quizás por eso cuando todos sus descendientes murieron, Augusto pensó en él como su sucesor. Nunca buscó el poder y pasó toda su vida luchando por la gloria de Roma siempre en primera línea. Sus hijos crecieron en los campamentos militares, siguiendo a las legiones. Su propia esposa, Agripina la Mayor, nunca lo dejó solo, acompañándolo en todas las campañas que lideró victoriosamente. Sin embargo, al final, el «Princeps», presionado por su esposa Livia, abuela de Germánico, no lo eligió a él sino a su tío Tiberio como su sucesor, bajo la única condición que adoptara a su sobrino, que se convertiría en su heredero por derecho. La prueba de fuego para el joven Germánico fue la rebelión dálmata-panónica en el año 7 d.C. bajo el mando de su tío Tiberio, nada menos. En resumen, a pesar de su falta de experiencia, se cubrió de gloria derrotando a la tribu iliria de los Mazaei y conquistando Raetinum, Splonum, Seretium, Arduba y muchas otras ciudades.

Legado romano al frente de sus tropas(Giuseppe Rava)

Pronto el eco de sus victorias llegó a Roma pero un hecho nefasto sacudió los cimientos del imperio: estamos hablando del desastre de Teutoburgo, cuando tres legiones completas, lideradas por Publio Quintilio Varo, fueron aniquiladas por una coalición de germanos encabezada por Arminio, príncipe de los Queruscos. Augusto empezó a temer que la frontera del Rin pudiera ceder y entonces para reafirmar el poder de Roma envió a aquellas tierras a sus generales más talentosos, Tiberio y Germánico. En el año 12 d.C. el joven general fue llamado a Roma para ocupar el cargo de cónsul. Poco después fue nombrado procónsul de Germania, con ocho legiones bajo su mando e inmediatamente partió hacia la frontera norte.

Lamentablemente, justo en el 14 d.C. Augusto murió y el Senado proclamó a Tiberio como nuevo emperador. Acto seguido, las legiones estacionadas en el Rin se amotinaron, aprovechando el cambio de liderazgo. Tal sedición volvió a poner en peligro la defensa del Imperio en ese sector que ya estaba bastante revolucionado. Era necesario restablecer el orden ¿y quién podía lograrlo si no Germánico, general condecorado y héroe del ejército romano? El joven procónsul llegó por el Rin y, gracias al respeto del que gozaba entre las legiones, tras varios intentos, consiguió sofocar la revuelta. Fue en esta ocasión cuando volvió a mostrar su extraordinario sentido del deber al rechazar la púrpura que le ofrecían los legionarios que se habían sublevado. Su honor como romano le impuso lealtad absoluta al nuevo emperador, Tiberio. Después de restablecer el orden, Germánico decidió que era hora de recuperar el control de las tierras más allá del Rin y reafirmar el poder de Roma, socavado por la derrota de Teutoburgo. Se lo debía a los miles de soldados que murieron a manos de los germanos liderados por el traidor Arminio y se lo debía a su padre Druso, el primero de los generales romanos que marchó con sus legiones hasta el océano.


La campaña duró dos años, con una serie de victorias que confirmaron su genio militar pero también su postura despiadada hacia el enemigo. Los germanos intentaron resistir, emboscando a los romanos más de una vez, pero Germánico no era Varo. El joven general persiguió sin descanso a Arminio y al final ambos se enfrentaron en la batalla decisiva, en Idistaviso. Aquí, finalmente, se vengó la matanza de Teutoburgo. Aquí los miles de soldados romanos masacrados por los bárbaros seis años antes encontraron la paz. La batalla fue sangrienta pero las legiones triunfaron, poniendo en fuga al enemigo y al mismo Arminio. Poco después, los vencidos intentaron atacar a los romanos cerca del Muro Angrivario pero ya nada pudieron hacer contra el poder de Roma. Germánico era incontenible e incluso consiguió rescatar dos de las tres águilas robadas a las legiones de Varo como botín de guerra. Gracias a ello, más que por el resto de las circunstancias, toda la campaña fue un éxito. En ese momento, después de aniquilar toda resistencia, Germánico quería continuar con la conquista por la gloria del Imperio pero Tiberio, celoso del enorme éxito alcanzado por su sobrino, le ordenó regresar a Roma para celebrar su Triunfo.
Germánico ante los restos de los caídos en Teutoburgo

A regañadientes, el joven tuvo que aceptar su voluntad. En Roma, la figura de Germánico resultaba cada vez más incómoda. Entonces Tiberio decidió enviarlo a Oriente, ofreciéndole el mando supremo sobre todas las provincias orientales. Para mantenerlo aún más controlado, envió junto a él a un hombre de su confianza, Cneo Calpurnio Pisón, quien fue nombrado gobernador de Siria. A pesar de los planes de su tío, Germánico, con su nuevo mandato, demostró que no solo era un gran general sino también un hábil diplomático. 


De hecho, la forma en que logró resolver la crisis tras la muerte de los reyes de Armenia, Cilicia, Capadocia y Comagene, estados vasallos de Roma y objetivo de los partos, fue extraordinaria. Germánico logró instalar un nuevo rey amigo de Roma en Armenia; transformó Capadocia y Comagene en provincias romanas y anexó Cilicia a la provincia de Siria. Y realizó esta obra maestra diplomática con el consentimiento de los partos, siempre dispuestos a oponerse a Roma. Desafortunadamente, el destino fue muy duro con él. En la flor de su juventud y gozando de inmensa fama, Germánico contrajo una grave enfermedad y murió en Antioquía a la edad de 33 años. Muchos acusaron al mismo Pisón de haberlo envenenado por orden de Tiberio, pero no se encontraron pruebas que respaldaran tal acusación. La muerte de Germánico se lloró en todo el Imperio. Su recuerdo quedó grabado en el corazón de todos los romanos. Se esculpieron estatuas que lo representaban y muchas se colocaron en los «aedes» de las fortalezas legionarias, junto a las de los emperadores y dioses deificados, un caso único en la historia de Roma. Se erigieron tres arcos en su memoria: en Roma, en el Rin y en Asia.
Muerte de germánico. JeanBaptisteDebret. (WahooArt.com)
Germánico también fue un gran orador y un erudito destacado. Ha llegado hasta nosotros su traducción al latín del poema «Phaenomena» de Arato, al que también añadió sus conocimientos sobre las constelaciones.

martes, 8 de marzo de 2022

LA MUJER ROMANA

Un texto de Ivan La Cioppa 

En la sociedad romana, las mujeres ocupaban una posición de inferioridad respecto a los hombres. Para empezar, el nacimiento de una niña no era un evento para celebrar. De hecho, el padre, a través del “ius exponendi”, tenía derecho a no reconocerla y exponerla de la misma manera que a los niños que nacían con deformidades. Además, mientras que en el segundo caso se necesitaban dos testigos para dar fe del defecto, con una hija el padre podía actuar directamente.

Calpurnia, esposa y viuda  de Julio Cesar ( Serie Rome(HBO))

La mujer, a lo largo de su vida, según la ley, debía someterse a la potestad de un hombre que podía ser el padre, el marido o incluso un hijo adulto. Podía heredar o tener propiedades pero siempre mediante la intervención de su tutor. Además, no tenía derecho a votar ni podía presentarse como candidato a cargos públicos.

Para las mujeres de clase alta la educación era muy importante, porque con ella adquirían las habilidades para administrar su casa y ser más útiles a sus maridos. Algunas mujeres no se limitaron al mínimo de conocimientos exigido por la moral común, convirtiéndose en intelectuales destacadas. Podemos recordar a Agripina la Menor, que escribió un libro de memorias y a Hortensia, hija de Quinto Hortensio Hórtalo, rival de Cicerón, que fue una oradora extraordinaria. Fue ella quien, en el año 42 a. C., desde el estrado de los oradores, con su extraordinaria elocuencia, criticó duramente una ley que imponía un fuerte impuesto a las mujeres más ricas para subvencionar la guerra.

Desde temprana edad, a la mujer se le enseñaban a ser una buena madre y esposa, una perfecta matrona romana y nada más. El propósito de su vida era tener hijos y servir lo mejor posible a su esposo.

En este sentido, es muy interesante el hallazgo del sarcófago de Crepereia Tryphaena, una niña que murió en el siglo II. En él, entre los diversos componentes de su ajuar funerario, también se halló una muñeca de marfil con brazos y piernas articuladas, de caderas anchas y vientre prominente. De esta manera las niñas, jugando, comenzaban a familiarizarse con su futuro rol de madre.

Muñeca de Crepereia Tryphaena

A los 12 años la mujer ya podía casarse mientras que a los 20 se consideraba indecoroso no haberse casado todavía. Augusto incluso promulgó una ley que castigaba a quienes seguían solteras después de los 20 años de edad.

Con el matrimonio la situación podría mejorar dependiendo del marido que pudiera concederle más o menos libertad.

Una vez embarazada, la esposa no podía abortar por ningún motivo sin el consentimiento de su cónyuge quien, por otra parte, podía obligarla a interrumpir el embarazo a su discreción. 

Después de dar a luz, no tenía ningún derecho sobre su descendencia, que por ejemplo tras un divorcio se quedaba con la familia del padre.

Podemos recordar el caso de Escribonia, la segunda esposa de Augusto, que tuvo que abandonar a su hija Julia, recién nacida, cuando el “prínceps” se casó con Livia Drusilla. Años más tarde, la misma Escribonia, que nunca había dejado de amar a su hija, la acompañaría en su exilio en la isla de Ventotene.

A menudo, las mujeres, obligadas a casarse demasiado jóvenes, morían en el parto y tenemos constancia de ello en varias estelas funerarias. Célebre es el caso de Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, que murió de parto a los 17 años.

También con respecto al adulterio había una diferencia abismal entre los dos sexos.

Según Catón el Censor, el marido podía traicionar con impunidad, mientras que la esposa infiel podía ser asesinada sin juicio previo. Aunque solo existiera una sospecha de traición, el esposo podía repudiar a su mujer directamente. Augusto trató de regular el asunto, prohibiendo al marido matar a la adúltera que, en cambio, podía ser condenada al destierro en una isla, a la confiscación de la mitad de su dote y la tercera parte del patrimonio. Por un extraño giro del destino, una de las ilustres matronas que incurrió en este castigo fue Julia, la hija del “prínceps”.

Julia (Vittoria Belvedere) es llevada al exilio en la miniserie Augusto, el primer emperador. 2004

Otras limitaciones se referían a la vida cotidiana. Era indecoroso que una mujer bebiera vino porque su efecto de romper las inhibiciones habría favorecido el adulterio o habría resultado en un aborto. Varrón nos habla de un tal Egnazio Metenio que sorprendió a su mujer bebiendo vino y la azotó hasta matarla. Además, la mujer debía comportarse de forma austera y discreta y no hacer alarde de lujos. No sorprende que, en el 215 a.C. se promulgara la Lex Oppia que limitaba la riqueza de la mujer a media onza de oro e imponía el uso de ropa de colores discretos. Esta regla fue derogada más tarde en 195 a.C. gracias a una auténtica rebelión de las mujeres que denunciaron su iniquidad.

Familia romana,  pater familias Lucio Voreno y su esposa, hijas y esclava ( Roma, HBO)

El ejemplo de matrona romana en la que todas debían inspirarse era Cornelia, hija de Escipión el Africano y madre de Tiberio y Cayo Graco. Llevó una vida austera y frugal. Tuvo 12 hijos de los cuales solo sobrevivieron tres. Despreciaba el lujo y según el relato de Valerio Massimo, a una mujer que ostentaba sus magníficas joyas, le respondió que sus hijos eran sus joyas.

Tras la muerte de su marido decidió permanecer viuda y fiel a su memoria, dedicándose por completo a sus hijos.

Su ejemplo fue seguido años después por Antonia la Menor, viuda del gran Druso, conquistador de Germania y hermano del emperador Tiberio.

Otro ejemplo de compostura y moralidad fue Calpurnia, la esposa de César, quien siempre estuvo cerca de su esposo a pesar de sus traiciones, además en el fatídico día de los idus de marzo lo instó en repetidas ocasiones a no acudir al Senado por un nefasto presentimiento que había tenido esa misma mañana.

Con la República tardía y el advenimiento del Imperio, la condición de la mujer mejoró en parte. Augusto, de hecho, para aumentar la tasa de natalidad, muy baja debido a la alta mortalidad de la mujer en el parto, concedió la emancipación de la potestad del marido a todas las mujeres después de tres embarazos y le concedió el derecho al divorcio, con el fin de anular las uniones estériles.

Otro recurso para la autodeterminación de la mujer fue la posibilidad de elegir un tutor complaciente que, de hecho, solo hacía de testaferro. Esta práctica fue duramente denunciada y criticada por Cicerón. También fue decisiva la ley dictada por la dinastía Severa: gracias a ella, una mujer divorciada podía adquirir la protección de sus hijos si el padre era negligente.

Independientemente de la tradición y los límites legales, las mujeres siempre han jugado un papel importante en la historia de Roma. Ya en sus albores, fueron las Sabinas, esposas de los romanos encabezadas por Ersilia, quienes evitaron una cruenta guerra entre los dos pueblos.

La propia República se instauró gracias al sacrificio de Lucrecia que, violada por Sexto, hijo del rey Tarquinio el Soberbio, prefirió suicidarse por deshonra, a pesar de no tener culpa. Su decisión asestó el golpe final a una monarquía ya débil. Las mujeres también jugaron un papel importante en las últimas etapas de la República. Por ejemplo, Porcia, esposa de Bruto, lo convenció de abrazar la causa de los conspiradores y asesinar a César. Muchos emperadores afirmaron su poder gracias también a los excelentes consejos de sus esposas, como Livia para Augusto y Julia Domna para Septimio Severo.

Para terminar, Tito Livio nos informa de una afirmación de Catón que no deja lugar a dudas sobre la consideración de la que realmente gozaban las mujeres entre los romanos y que puede explicar la continua limitación de sus derechos:

“Ex tempo simul pares esse coeperint, superiores erunt"

“En cuanto sean iguales, serán superiores a nosotros”

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Os dejamos un enlace por si queréis haceros con un ejemplar de "La legión que vino del mar" de Iván La Cioppa.

lunes, 7 de marzo de 2022

79 d.C. LAS VICTIMAS DEL VESUBIO EN HERCULANO.

Texto de Maribel Velasco.

Un breve apunte de la historia de Herculano. 

Según una leyenda recogida por Dionisio de Halicarnaso, Herculano habría sido fundada por Hércules a la vuelta de su fabuloso viaje a Iberia, lo que, sin tener en cuenta el mito, equivaldría a convertirla en una ciudad de nombre y de origen griego. De hecho, en la primera mención que hace Teofrasto (314 a. C.) la llama ‘Heràcleion’. Pero los restos monumentales descubiertos hasta ahora no nos dicen nada de la época más antigua y solo excavaciones recientes han puesto al descubierto parte de la muralla circundante, los ‘parva moenia’ citados por Sisenna. Observamos sin embargo que su planta, por su regularidad y la orientación de los decumanos y cardos, es similar a la de Neápolis (Nápoles), lo que sugiere que el desarrollo de la ciudad debió seguir el de la gran ciudad griega vecina. Por eso, solo en parte se puede creer lo que cuenta Estrabón, según el cual la ciudad habría estado bajo el dominio primero de los oscos, luego de los tirrenos y pelasgos y, finalmente, de los samnitas.

En el siglo VI a.C., la nueva aglomeración urbana cayó bajo la hegemonía de los griegos de Nápoles y Cumas que habían extendido su dominio a toda la costa de Campania. Durante la segunda guerra samnita, sufrió la suerte de Nápoles, sometida en el 326 a.C., o más bien la de Nocera y Pompeya (307 a.C.). Lo cierto es que durante el último intento de insurrección de los itálicos contra Roma, Herculano, rebelde como Pompeya y Nola, fue derrotada y subyugada por un lugarteniente de Sila (89 a C.) y, a partir de ese momento, perdió toda autonomía y pasó a ser municipio romano. Probablemente también tuvo, como Pompeya y Sorrento, una colonia de veteranos del ejército de Sila.


El Vesubio

En el 79 d.C. el Vesubio no se veía como hoy, el cono actual no existía, el volcán que vemos no es el que destruyó la población del Golfo de Nápoles. En el mismo punto donde aparece el cono amenazante había otro volcán mucho más antiguo: el Somma. El promontorio que se ve al lado del Vesubio en realidad forma parte de una amplia cresta circular que lo rodea, que es lo que queda del primitivo volcán cuyo conducto estuvo obstruido durante siglos, hasta que el 24 de octubre del 79 d.C. entró en erupción matando a miles de personas que habitaban en sus laderas y destruyó Pompeya, Herculano, Terzigno, Boscoreale, Oplontis y Estabia.

El gran cono del Vesubio se formó en el centro de la caldera del Somma, digamos que es hijo de la tragedia. Desde entonces ha necesitado siglos para alcanzar las dimensiones actuales.

Una curiosidad: los romanos no llamaban al antiguo volcán Somma como lo llamamos hoy, sino Vesuvius o Vesbius, y después pasó este nombre antiguo al nuevo cono. Lo veían solo como un monte más bajo, aplanado en el centro con algún relieve en los márgenes y con las laderas fértiles cubiertas de bosques, escondiendo así su verdadera identidad. Solo su zona central era árida y sin vida, precisamente donde comenzó la erupción. Algunos estudiosos de la época comprendieron la naturaleza real del lugar: Estrabón, famoso geógrafo muerto cincuenta años antes de la erupción, intuyó la realidad del relieve, pero ni siquiera Plinio el Viejo, naturalista y uno de los mayores eruditos de su tiempo, se dio cuenta del peligro que corría viviendo en las pendientes del volcán.


Interpretación de la antigua playa de Herculano con los cobertizos para las barcas bajo las terrazas de Nonio Balbo y el Área Sacra. A la derecha el edificio de las Termas Suburbanas. Imagen: “I fuggiaschi di Ercolano”. Giuseppe Maggi


En el año 79 d.C. el Vesubio rugió con una furia colosal. Sepultó ciudades y campiñas del Golfo de Nápoles con una gruesa capa de lava, rocas y ceniza. Pero la erupción no causó tantas muertes como cabría suponer en un principio. Tras el terremoto del 62 d.C., Herculano, como Pompeya, había quedado muy afectada, se perdieron muchas estatuas y bastantes edificios, muchas casas no estaban habitadas mientras se realizaban los trabajos de restauración y eso redujo el número de víctimas. Antes de la erupción, en esta zona volcánica ya había comenzado un fenómeno de bradisismo, es decir, el ascenso y descenso periódicos del nivel del mar y de la tierra, ligado al vulcanismo (como ocurre actualmente en los Campos Flégreos), y también se había producido un enjambre sísmico (como sucedió en La Palma antes de la erupción de 2021). Es probable que, atendiendo a estas señales previas, muchas personas decidirían abandonar sus casas y partir con su familia y enseres a ciudades más seguras.

La tragedia empieza sobre la 1 de la tarde del 79 d.C., cuando el volcán explota y manda el gas y una serie de materiales hasta la estratosfera. Empiezan a caer piedras y los habitantes se dan cuenta de que hay algo que no va bien. En Herculano, las rocas son muy pocas, por lo que, probablemente, una parte de la población consigue huir; otra parte se dirige a la antigua playa, en espera de una misión de rescate que el general de la flota, Plinio el Viejo, había enviado. A la 1 de la madrugada llega el primer flujo piroclástico (surge 1), una mezcla de gas, lodo y material volcánico, y 300 personas que estaban esperando se encuentran atrapadas en este fango en ebullición capturando para siempre, como en una instantánea macabra, su último gesto.

Tras la tragedia, Tito tomó medidas especiales. En Pompeya se recuperaron estatuas y escritos oficiales porque eran muy importantes. Pero en Herculano nada se podía salvar porque había desaparecido completamente de la faz de la Tierra.

Desde el punto de vista de la destrucción, hay diferencias con Pompeya. Esta fue sepultada por 6 metros de rocas, mientras Herculano quedó enterrada bajo 26 metros de ceniza y lodo volcánico tras seis oleadas piroclásticas. La masa de fango volcánico era muy densa y, aunque alcanzase los 300 o 400 grados, la falta de oxígeno ha permitido la conservación del material orgánico (madera, tejido, comida…).

Las víctimas

Herculano era una ciudad pequeña del Imperio, con unas 20 hectáreas de superficie y una población que se calcula de unos 4000 habitantes, de los que 1200 eran ciudadanos de pleno derecho, y el resto, en su mayoría, serían esclavos.

Las excavaciones de Herculano, con 4 hectáreas sacadas a la luz, son una fuente de conocimiento excepcional, sobre todo porque es la única ciudad del mundo romano que conserva todo el paseo marítimo, la arquitectura hasta el tercer piso, la madera como elemento de construcción, y también los muebles, las telas, la comida.

Pero ¿cómo vivían y qué enfermedades sufrían los habitantes de la zona vesubiana? El análisis de la gran cantidad de esqueletos de las víctimas ha permitido conocer el sexo y la edad y muchos aspectos sobre su constitución física, su salud, trabajos que realizaban y hábitos alimentarios. A través de las cañerías se han encontrado los desechos de los alimentos y se han estudiado para entender mejor cuál era su dieta. Partamos desde el principio:

 

Herculano con el Somma-Vesubio al fondo. Foto de Maribel Velasco

Giuseppe Maggi, director de las excavaciones de Herculano, era consciente desde hacía muchos años de que solo continuando los trabajos en dirección al mar era posible confirmar o no si los habitantes habían huido de la ciudad durante la erupción, y si la situación de Herculano descrita por el historiador latino Lucio Cornelio Sisenna con extrema precisión, ‘Quod oppidum tumulo in excelso loco propter mare, parvis moenibus, inter duas fluvias, infra Vesuvium collocatum’ (la ciudad, rodeada por pequeños muros, se alza sobre un promontorio junto al mar entre dos ríos a los pies del Vesubio) podía coincidir con la considerable distancia actual al mar, que es de casi medio kilómetro. El 21 de mayo de 1980, realizando los trabajos de drenaje del lado meridional de las Termas Suburbanas, encuentra el primer esqueleto en el sector frontal, liberando así la cota de doce arcadas sobre las que descansaban respectivamente la terraza de Marco Nonio Balbo (sobre la que se abren las Termas Suburbanas) y el Recinto Sagrado suburbano, y se abre así una gran extensión de la antigua playa formada por arena negra.


En los cobertizos abovedados de la izquierda se pueden ver las copias de esqueletos de las víctimas del Vesubio, en la antigua playa de Herculano. Foto Maribel Velasco.

El 16 de enero de 1981 se descubrió un primer grupo de esqueletos. La exploración arqueológica, que continuó de forma intermitente hasta 1992, sacó a la luz en la playa y en 9 de los 12 cobertizos abovedados, que se utilizaban para guardar las embarcaciones y los útiles de pesca, los esqueletos de unos 300 individuos y una barca de 9 metros.

Así narra Guiseppe Maggi los acontecimientos de aquellos días:

«El superintendente Martuscelli ha estado desecando el sitio desde los primeros días de 1982. También logra drenar el área frente a las Termas instalando un sistema temporal de bombas de drenaje de gran potencia. Aparecen fragmentos secos de yeso pintados de rojo, losas de mármol de diferentes colores y texturas, trozos de tejas, partes de vigas, algunas con rastros de combustión. (…) El 11 de enero se decidió iniciar la excavación del cuarto cobertizo entre la escalinata y el edificio termal, es decir, la tercera desde la esquina con las Termas Suburbanas. Se elimina material muy duro, por lo que se recomienda a los trabajadores descender con la máxima precaución. Cuando al cabo de unos días el vaciado supera los dos metros y medio, se encuentra más material quebradizo. Al hundir las manos en él se tiene la sensación de tocar los huesos de un gran animal de la antigüedad. Con sumo cuidado se aísla del barro una forma redonda que produce angustia. Utilizando cepillos de dientes y soplando para eliminar el polvo residual, nos encontramos ante una calavera con la boca muy abierta, dientes brillantes, cuencas vacías. Es un momento solemne. 

Trabajos de excavación para liberar el frente de las terrazas suburbanas en Herculano. 1982. Foto Giuseppe Maggi

 

La emoción se apodera de todos cuando resulta que nos encontramos con un grupo de personas que se habían apiñado en un acto instintivo de consuelo, como para protegerse de la Muerte. La fecha, cuidadosamente anotada, es el 16 de enero. Nos damos cuenta de que también hay niños en el grupo. Un fragmento de una lucerna sugiere que aquellos desdichados abandonaron sus casas por la noche para buscar refugio en la playa, bajando los escalones mientras el cielo se enrojecía por la erupción del volcán. El vaciado del entorno continúa durante dos semanas. En una gruesa capa de arena hay doce víctimas apoyadas contra el muro occidental. El estado de conservación es excepcional: restos de ropa, dientes intactos.

Era la primera vez que una escena de tan sobrecogedor patetismo surgía desde la antigüedad, sacando a la luz protagonistas reales, no fantasmas de yeso como en Pompeya. Los gestos revelaron los sentimientos, las creencias religiosas. Estaban los que yacían con la cabeza reclinada sobre los brazos cruzados, en actitud de aceptación resignada de la tragedia, y los que con los últimos espasmos habían cavado surcos en la arena con sus dedos encogidos. Eran cuatro muchachos. Una mujer joven intentaba consolar a uno de ellos acariciando su cabeza, mientras que con la otra mano estrechaba un niño muy pequeño contra su mejilla.


La noticia del descubrimiento, que se difundió rápidamente, suscita una enorme sensación. (…) Periodistas de todo el mundo acuden a Herculano, incluso de Hong Kong y Pekín. (…) Los invitados son testigos de la excavación en curso de la tercera sala al este de la escalera, que comenzó el 3 de febrero. Removiendo el material muy duro que lo sellaba, salió a la luz una cesta de paja, quizás perteneciente a un pescador, y muchas víctimas, una de las cuales con la cabeza cubierta por un gorro de fieltro. También había aparecido un caballo. A diferencia del entorno anterior, este resultó estar lleno de una maraña de cuerpos en varias capas, unos cuarenta en total. Nos hacían imaginar un violento empuje desde el exterior, un torbellino de lodo que los había amontonado o el terror enloquecido de unas personas que querían entrar a la fuerza pisoteando otros cuerpos. El caballo, desbocado por el miedo, había actuado como una cuña destrozando los cuerpos.

        Interior del cobertizo 12. Foto MAribel Velasco

 Ahora estaba claro que Herculano, en el 79, había sufrido un cataclismo rápido y violento que difícilmente habría permitido a la población encontrar un escape excepto, quizá, haciéndose a la mar cuando estuviera calmada. La búsqueda de un refugio temporal en la playa correspondía a la esperanza de huir por mar, suponiendo que hubiera suficientes barcos para todos. De unos agujeros encontrados en las paredes de los cobertizos excavados se deduce que habían sido utilizados para albergar barcos en el invierno izándolos sobre tablas, como todavía es costumbre en muchos pueblos de Sorrento y Costa de Amalfi. Ya no había ninguna duda de que el antiguo mar había estado justo allí, frente a una empinada rampa paralela a la elevación sur de las Termas Suburbanas. Las olas lamían los últimos peldaños de la bajada a la playa, bajo los cuales se podía reconocer la prehistórica base de lava sobre la que se había asentado la ciudad. El fondo marino era casi cinco metros más bajo que el actual debido a un fenómeno de bradisismo en el arco oriental del golfo hasta ahora poco conocido. (…) Esa mezcla de emociones se esparce entre los periodistas que acudieron de todas partes del mundo, se refleja en los flashes cruzados, en el zumbido incesante de las cámaras, en las exclamaciones incrédulas de altos diplomáticos extranjeros, que son embajadores conscientes de este mensaje cultural una vez evocado de nuevo por la antigüedad de Herculano».

Los esqueletos que se pueden admirar en los arcos numerados del 7 al 12, tras unos años de restauración, son ahora copias realizadas en el laboratorio de los huesos originales. Hasta ahora se han encontrado 340 esqueletos.

 


Esquema de la disposición de los cadáveres en la playa de Herculano. Imagen de Luigi Capasso

Esqueletos estudiados: Cobertizo 312 individuos, 4→40 y un caballo, 5→26, 7→9, 8→12, 9→23, 10→23, 11→18, 12→19. En la playa→229 individuos, un caballo y un perro (datos de 2001).

 

No sabemos con seguridad cuántos habitantes llegaron a la playa. También parece verosímil admitir que muchos intentaron la fuga por tierra, aunque es necesario recordar que las posibilidades prácticas eran escasas: hacia el noroeste la ciudad estaba delimitada por una profunda cañada por donde discurría un torrente que la separaba de la Villa de los Papiros y para atravesarlo no hay evidencia de ningún puente, al menos en la parte excavada actualmente, y hacia el nordeste amenazaba el volcán en erupción. En la vía de tierra en dirección a Pompeya, al sudeste, los habitantes de Herculano habían visto caer la fuerte nube de piedras pómez, por lo tanto solo quedaba huir por mar, al suroeste de la ciudad, cuya desembocadura tenía la ventaja psicológica de encontrarse en la dirección opuesta de la que provenía el peligro. Además, no podemos olvidar que Herculano era una ciudad habitada también por una numerosa comunidad de pescadores locales con una flota que, formada por pequeñas embarcaciones, podía representar en esos momentos la única posibilidad de alejarse rápidamente de la ciudad. Por otra parte, dos esqueletos de caballos encontrados junto a los restos humanos (uno junto a la orilla y otro en la arcada 4) indican que también sus dueños, disponiendo de un medio alternativo de fuga por medio del mar, debieron encontrar o presuponer un fuerte impedimento la fuga por tierra cuando ya era demasiado tarde.


Situación de Herculano. La única vía de salida por razones topográficas era el mar. Imagen de Mario Pagano 1997

 

De los 4000 habitantes que se supone que contaba la ciudad, pocos quedaron en sus casas. La misma situación se verifica también para los animales domésticos, que evidentemente debieron alejarse de la ciudad, como es significativa la ausencia de pequeños animales como los gatos o, incluso, los topos: no se ha encontrado ningún resto óseo de estos pequeños mamíferos abundantes en las comunidades humanas en más de 250 años de excavaciones de Herculano, solo apareció uno en la playa junto a los “fugitivos”. Es revelador el caso de un pobre asno, cuyo esqueleto se encontró atado a la muela del molino en el pistrinum (panadería) y que el pistor C. Iunius Serentiolus olvidó liberar. En el peristilo de la Casa de Argos se recogieron los huesos de un caballo y, quizás, de un perro, y en el sótano de la Casa de Aristide, huesos humanos y de animales, probablemente para resguardarse de la erupción en espera de atravesar las puertas de las murallas que daban a la playa.

Se puede asegurar, pues, que las personas cuyos huesos se encontraron en la ciudad podrían haber tenido impedimentos para poder huir:

Dos probables servidores públicos encargados del mantenimiento se encontraban en el tepidarium de las Termas del Foro, quizá quedaron atrapadas víctimas de algún accidente.

Un hombre, que se supone que era el custodio del Colegio de los Augustales, estaba en la celda, sobre su cama.

Otras dos personas, un adolescente y un adulto, se encontraban dentro de las casas. No se excluye que se hubieran demorado por recoger sus pertenencias o se hubieran separado de la multitud o quedado en casa esperando a los familiares.

Otro individuo adulto apareció en el piso superior de la Casa del Esqueleto. Podría haber sufrido un desmayo, como también sucede hoy en los momentos de dramatismo que afectan a las multitudes.

Más dramático fue el caso de un bebé, todavía en su cuna con su mantita de lana en la Casa de la Gema (¿dejaron sus padres dormir al bebé mientras buscaban ayuda o quizá ya estaba muerto?).


Cuna encontrada en la Casa de la Gema. Se encuentra, junto con otros muebles de madera, en los depósitos del Parque Arqueológico de Herculano.

 

Muchos tendrían tiempo para alcanzar las barcas de los pescadores que estaban atracadas en la orilla, entre la escollera y en el muelle. De hecho, sabemos que la playa era el puerto de pequeñas embarcaciones de pescadores porque se encontraron grandes cantidades de sogas, artes de pesca, anzuelos, tanto en las arcadas como en otros lugares del área marítima de la ciudad. A pesar de ello no apareció ninguna embarcación en los cobertizos de la playa y en la línea de la costa solo se encontró una barca. Todo hace suponer, por tanto, que las numerosas embarcaciones se habían hecho a la mar con muchos “fugitivos” a bordo. Nunca sabremos si consiguieron poner a salvo a sus ocupantes o si, al contrario, fueron embestidas por la primera nube ardiente que se extendió también hacia el mar frente al pequeño puerto de Herculano. No obstante, quedaban en la playa unas 300 personas, dos caballos, un perro y una sola embarcación. Algunos hombres estaban junto a la gruesa barca que se encontró volcada en la playa frente a las Termas Suburbanas, quizá intentando sacarla al mar. Es en este momento cuando sobrevino la “nube asesina”.

 

Tras seis oleadas de flujo piroclástico, Herculano quedó sepultada bajo una capa de 26 metros de fango volcánico solidificado. Foto de la antigua playa de Herculano. La playa actual está a medio kilómetro de distancia.

  Bibliografía:

I Fuggiaschi di Ercolano. Paleobiologia delle vittime dell’eruzione vesuviana del 79 d.C. Luigi Capasso. 2001

Case abitanti e culti di Ercolano. Virgilio Catalano, L. García y G. Panzera. 2002

Appunti di storia e riflessioni a tre secoli dalla scoperta della città di Ercolano. Guiseppe Maggi. 2009

Ercolano. Seconda revisione. Guiseppe Maggi. 2020

I tre giorni di Pompei. Alberto Angela. 2014

Enciclopedia Treccani

Artículos de periódicos digitales

Parco archeologico di Ercolano: https://ercolano.beniculturali.it/

https://herculaneum.uk/

http://www.vesuvioweb.com/it/

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miércoles, 2 de marzo de 2022

CASTRA. EL CAMPAMENTO ROMANO. ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN

UNA COLABORACIÓN DE IVAN LA CIOPPA PARA HRA.

Entre los temas sobre el ejercito romano, muy interesante es el del campamento romano, llamado «castra». A menudo se utiliza erróneamente el singular «castrum», con el que los romanos no indicaban el fuerte militar sino más bien las estructuras civiles de defensa.

Reconstrucción de Isca y la canabae del sur (© 7reasons) ( fuente gladiatrixenlaarena.com)

El ejército romano era una máquina de guerra extraordinaria. Todo estaba calculado y establecido con reglas y protocolos muy estrictos, gracias a ello, Roma llegó a crear su vasto imperio. Una de las costumbres más peculiares era la construcción de campamentos temporales, que se realizaba cada vez que una legión terminaba su sesión de marcha diaria. Los legionarios eran tan competentes y hábiles que suscitaron una gran admiración entre los pueblos contra los que lucharon. Y es precisamente gracias a los escritores no romanos que podemos darnos cuenta de ello. Recordamos por ejemplo al griego Polibio y al judío Flavio Josefo, que en sus obras muestran su admiración por la disciplina y el rigor con que los soldados romanos atendían a sus tareas.

La obra fundamental sobre este tema es sin duda el «De Munitionibus castrorum», publicado hacia finales del siglo II d.C. y atribuido a un autor desconocido, identificado con el nombre de Hyginus. Este manual describe con gran detalle todas las fases de construcción y las distintas estructuras internas con todas sus cifras y medidas. De estas fuentes se desprende que el legionario romano típico no solo sabía luchar sino que tenía muchas otras habilidades y estaba preparado para resolver cualquier problema que se le presentase. No es casualidad que el equipamiento de cada soldado incluyera herramientas como la dolabra y la pala, indispensables para la construcción del fuerte. Otra peculiaridad de los fuertes romanos fue su uniformidad. Todos los campamentos tenían la misma forma (cuadrada en la época republicana, rectangular en la época imperial baja y media y circular en la época imperial tardía) y, en el interior, cada tienda o edificio se encontraban siempre en el mismo lugar. Siempre había dos vías principales que se cruzaban, la «via praetoria» y la «via principalis», flanqueadas por otras vías secundarias como la «via quintana». Esto permitía ahorrar mucho tiempo. En el territorio enemigo era necesario actuar con rapidez y un buen campamento, construido como es debido y en poco tiempo podía salvar la vida de miles de soldados de emboscadas o ataques repentinos.

Los enemigos atacaban a menudo mientras los romanos trabajaban en la construcción del fuerte y, mientras una parte de los legionarios ahuyentaba a los atacantes, sus compañeros continuaban sin inmutarse con su trabajo. Sin embargo, no era infrecuente que los bárbaros fueran más agresivos que de costumbre y superiores en número. Entonces, los constructores también tenían que dejar de lado la dolabra y blandir el gladius del que nunca se desprendían. Algunos ejemplos se pueden encontrar en el «De Bello Gallico» de Julio César.

Gracias a las fuentes, sabemos que el tiempo necesario para levantar el campamento era de 4-5 horas o incluso 3 horas si todas las condiciones eran favorables. Su tamaño oscilaba entre una y cincuenta hectáreas, pudiendo acoger hasta dos legiones.

Bajo el gobierno de Augusto, muchos campamentos, construidos en lugares estratégicos, se convirtieron en permanentes y todas sus partes fueron reconstruidas en mampostería. Las paredes podrían alcanzar un grosor de 3,5 metros. Las fortalezas albergaban anfiteatros, balnearios, hospitales y mucho más, como el fuerte de Brigetio, sede de la «Legio I Adiutrix« que se narra en la novela. Alrededor de estos imponentes edificios nacieron pequeñas aglomeraciones urbanas llamadas «canabae», habitadas por todos aquellos que, de una forma u otra, prestaban servicios al ejército como comerciantes y prostitutas pero también familiares que seguían a sus maridos y a sus padres en sus campañas. Muchos de estos poblados pronto se expandieron cada vez más para convertirse en verdaderas ciudades como Turín, Florencia, Estrasburgo o Maguncia. En Gran Bretaña, muchas ciudades como Manchester y Lancaster aún conservan el término «castra» en el nombre, transformado en "chester" o "caster", en recuerdo de su origen: un fuerte romano.
Maqueta que muestra el antiguo campamento romano. Está en el Centro de Interpretación del León Romano, en la Casona de Puerta Castillo.

Traducción del italiano por Alice Croce Ortega

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