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martes, 3 de octubre de 2017

EXPEDICIONES ROMANAS AL CORAZÓN DE ÁFRICA.

EXPEDICIONES ROMANAS AL CORAZÓN DE ÁFRICA.

Escrito por Federico Romero Díaz



David Livingstone, Richard Burton, Jhon Speke, James Grant o Baker Stanley son algunos de los nombres, curiosamente anglosajones, que todos pensamos al tratar el tema de la exploración y el “descubrimiento” del interior del continente africano. ¿Estamos en lo cierto al hacerlo?. Por supuesto que no.

En las obras de Plinio, Tolomeo o Herodoto, encontramos los nombres de al menos cinco militares y exploradores romanos que más de 1700 años atrás iniciaron esta aventura.


Antecedentes

Con anterioridad al dominio romano del Norte de África hay constancia de expediciones de exploración de la costa africana. Según Herodoto, los fenicios,  a instancia del Faraón Necao II, emprendieron lacircunnavegación de África partiendo del golfo Arábigo. La leyenda cuenta que al tercer año de viaje consiguieron alcanzar el estrecho de las Columnas de Hércules y penetrar en el Mediterráneo. El propio Herodoto duda de la veracidad del relato, aunque sí que hay certeza de que los fenicios, habituados a surcar el Mar Rojo, llegaron a las costas de Somalia, fuente de valiosas mercancías para el comercio como perfumes y animales exóticos.

viernes, 22 de septiembre de 2017

MARX, ROMA Y LOS GRACO

MARX, ROMA Y LOS GRACO. 

Escrito por Federico Romero Díaz.

Hay una tendencia teórica, dentro de la ciencia de la Historia, muy influida por el marxismo, que enfoca el estudio histórico a través de la lucha de clases y de las variaciones en las relaciones de producción. Esta corriente teórica, predominante entre los historiadores hasta los años 80 del siglo XX se denomina “ "Materialismo histórico” otros lo reconocen como " Marxismo histórico" y suele dar un pobre resultado en el análisis del pasado porque da poca importancia a factores como el peso de las corrientes ideológicas, religiosas o al sentimiento patriótico de las personas, entre otros factores ignorados o minusvalorados por este enfoque.

Los pensadores marxistas fueron apasionados conocedores de la Historia de Roma. La analizaron en profundidad, utilizando muchos de sus sucesos como explicación del presente histórico que les tocó vivir y como demostración de sus teorías sociales, políticas o económicas. Asuntos de caracter social como las rebeliones de esclavos en Sicilia o el alzamiento de Espartaco contra el poder romano, o las luchas sociales en la época de los Graco les fascinaban por la fácil proyección que tenían en su época.

Cornelia con sus hijos. Angelica Kauffman


En “ Historia de Roma” de Kovaliov , muerto en 1960, se hace un profundo análisis, desde un punto de vista marxista de todo el periodo histórico romano ( Monarquía, República e Imperio).



 En este artículo me he querido parar en la explicación que ofrece del carácter político de las reformas sociales emprendidas por los conocidos hermanos Graco. Ambos muertos en su empeño de llevarlas a termino.

 El autor concluye que más que revolucionarios fueron reformadores del Estado esclavista romano ya que la finalidad que perseguían en su afán de repartir las tierras públicas, en manos de los senadores y caballeros más ricos,  entre el subproletariado urbano era precisamente la de fortalecer militar y económicamente a Roma, convirtiendo a la enorme masa de desocupados que vivían del reparto público de alimentos en pequeños granjeros y legionarios que harían más fuerte a la República romana. No querían acabar con el Estado esclavista, ni cambiar radicalmente su organización, sino reformarlo para hacerlo más poderoso y justo.

Muerte de Cayo Graco. Francois Topino-Lebrún(1798)


La idea de que la historia de Roma se explica permanentemente en ese conflicto o lucha de clases, le sirve hasta para justificar algo tan complejo como la caída del Imperio Romano de occidente en 476 d. C:

"Roma fue saqueada despiadadamente. (...) La toma de Roma no tenía, en aquellos tiempos, ningún significado estratégico, pero la impresión moral y política de este acontecimiento fue enorme. Desde el 390 a. C., la "ciudad eterna" había permanecido inviolable durante 800 años, su poder había dejado una huella profunda sobre todo el mundo civilizado: el Mediterráneo; parecía imposible que existieran fuerzas capaces de dominar a la dueña del universo. Y he aquí que la alianza de esos mismos esclavos y bárbaros que durante muchos siglos habían sido el objeto de la explotación romana, había hecho precipitar al soberbio coloso" (pág. 835-836).


 Si deseáis conocer en detalle la obra política de los hermanos Graco os recomiendo este enlace :



miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA PRIMERA “CAZA DE BRUJAS” DE LA HISTORIA EUROPEA. AÑO 186 A.C, LOS SEGUIDORES DE BACO SERÁN PERSEGUIDOS SIN PIEDAD POR ROMA.



Escrito por Federico Romero Díaz.

La verdad, es que la historia cuenta con todos los elementos de una tragicomedia. En esta narración, que parece fruto de la mente de un literato, nos encontraremos a un joven de clase ecuestre y huérfano de padre, Ebucio. El patrimonio que le corresponde por herencia ha sido dilapidado por su madre y por su padrastro Tito Sempronio Rutilio que, tratando de hacer más manejable al joven, lo inducen a iniciarse en los misterios báquicos. En este momento entran en escena nuevos personajes: una liberta, prostituta y amante de Ebucio, llamada Hispala Fecenia, que le disuade de participar en unos ritos que ella dice conocer y que considera perversos. A continuación aparecen en la narración la respetable anciana Ebucia, tía paterna del joven, que le da cobijo tras ser expulsado de su hogar y finalmente el cónsul Espurio Postumio Albino ante el que son denunciados los hechos. A pesar de las apariencias teatrales del relato, los hechos fueron reales y le costaron la vida a miles de personas.

Representación de bacanal.



Antecedentes

El culto de Baco en sus orígenes estaba reservado en exclusiva a las mujeres, Se reunían tan solo tres días al año para adorar a su dios. Suponía una buena válvula de escape para las romanas, obligadas a vivir en una sociedad que les supeditaba al hombre en todos los aspectos, teniendo incluso prohibido el consumo de vino.
Los cambios que supusieron el éxito social de esta religión, los introdujo una sacerdotisa de Campania llamada Pácula Annia aproximadamente en el 188 a. C y consistieron en: el aumento del número de días de celebración; la participación de hombres en los ritos; la apertura a todas las clases sociales; la desmesurada ingesta de vino; la promiscuidad entre los devotos; su carácter secreto; etc. Las reformas tuvieron un doble efecto: por un lado el número de seguidores aumentó exponenciálmente, pero por otro comenzó a despertar el recelo de la sociedad y de las autoridades romanas que veían en esta religión a un peligroso grupo de extranjeros e incluso numerosos ciudadanos romanos de todas las clases cuyos integrantes se entregaban enloquecidos al desenfreno y al libertinaje. En algunas de las obras de Plauto, famoso autor de obras teatrales como Miles gloriosus; Aulularia; etc, son numerosas las referencias a este grupo religioso aludiéndose siempre a ellos como a una secta violenta, secreta y criminal.
Esta negativa imagen será fundamental en su posterior represión que, será justificada en la salvaguarda de la tradición romana y en la defensa del propio Estado pues se temía de la existencia de conspiraciones políticas contra altos cargos de la República.

Baco-Donisios.


Desarrollo de los acontecimientos

La mejor manera de conocer como se inició la persecución es la de leer a nuestra principal fuente en esta historia, Tito Livio. Su relato sobre los sucesos tiene todos los ingredientes de un drama:
 “Publio Ebucio, cuyo padre había servido en la caballería con montura pública, había muerto, dejándole huérfano a edad temprana y al cuidado de tutores. Muertos estos también, se había educado bajo la tutela de Duronia, su madre, y de su padrastro, Tito Sempronio Rútilo. Como, por una parte, la madre estaba completamente sometida a su marido y, por la otra, su padrastro había ejercido su tutela de tal manera que no estaba en condiciones de dar cuentas adecuadamente de la misma, deseaba este quitarse de en medio a su pupilo o bien ponerlo a su merced mediante algo de lo que acusarlo. La única manera de corromper al joven eran las Bacanales. La madre dijo al muchacho que había hecho un voto en su nombre durante una enfermedad, a saber, que en cuanto se recuperase lo iniciaría en los misterios báquicos; ahora, comprometida por su voto por la bondad de los dioses, estaba obligada a cumplir con aquél. Él debía preservar su castidad durante diez días; tras la cena del décimo día, una vez bañado en agua pura, ella lo llevaría al lugar sagrado. Había una liberta de nombre Hispala Feccennia que había sido una famosa cortesana y que no resultó digna de ser liberada pues, acostumbrada desde su niñez a tal actividad, incluso tras su manumisión siguió dedicándose a ella. Como sus casas estaban cerca una de la otra, había surgido cierta intimidad entre ella y Ebucio, que no resultaba en absoluto perjudicial ni para la reputación de él ni para su hacienda, pues ella buscaba su compañía y su amor desinteresadamente, manteniéndolo por su generosidad mientras sus padres se lo escatimaban todo. Su pasión por él había ido tan lejos que, una vez muerto su tutor y no estando ya bajo la tutela de nadie, solicitó a los tribunos y al pretor que nombraran un tutor para ella. Entonces, hizo testamento nombrando a Ebucio su único heredero. Con estas pruebas de su amor, ya no tenían secretos entre ellos y el joven le dijo en tono jocoso que no se sorprendiera si se ausentaba de ella durante algunas noches, pues tenía que cumplir un deber religioso: el cumplimiento de una promesa, hecha mientras estaba enfermo, por la que quería ser iniciado en los misterios de Baco. Al oír esto, quedó ella muy perturbada y exclamó “¡no lo consientan los dioses! Mejor nos sería morir ambos antes que hagas tal cosa!”.
Lanzó luego maldiciones e imprecaciones sobre la cabeza de quien le hubiera aconsejado así. El joven, asombrado ante sus palabras y su gran emoción, le pidió que cesara en sus maldiciones, pues había sido su madre quien se lo había ordenado, con el consentimiento de su padrastro. “Pues entonces, tu padrastro -respondió ella- ya que puede que no sea justo acusar a tu madre, tiene prisa por arruinar con este acto tu virtud, tu reputación, tus esperanzas y tu vida”. Aún más asombrado, él le preguntó qué quería decir. Rogando a los dioses que la perdonaran si, llevada por su amor hacía él, revelaba lo que se debía callar, le descubrió cuando era una sierva había acompañado a su ama a aquel lugar de iniciación, pero que nunca se había acercado por allí desde que era libre. Sabía que aquella era oficina para toda clase de corruptelas, teniendo constancia de que en los últimos dos años no se había iniciado a nadie mayor de veinte años. Cuando alguien era llevado allí se le entregaba como una víctima a los sacerdotes, quienes lo llevaban a un lugar que resonaba con gritos, cánticos y el percutir de címbalos y tímpanos, de modo que no se podían oír los gritos de auxilio de aquel a quien sometían a violencia sexual. Le rogaba y le suplicaba, por ello, que se saliera del asunto lo mejor que pudiese y que no se precipitase a ciegas en un lugar en el que habría de soportar, y luego cometer, toda clase de ultrajes concebibles. No le dejó marchar hasta que él no le hubo dado su palabra de que no tomaría parte en aquellos ritos. Después de llegar a casa, su madre trajo a colación el tema de la iniciación, diciéndole lo que tenía que hacer ese día y los días siguientes. Él le dijo que no haría nada de aquello y que no tenía intención de ser iniciado. Su padrastro estaba presente en la conversación. De inmediato, la madre exclamó que él no podía pasar diez noches fuera de los brazos de Hispala; tan hechizado estaba por los encantos venenosos de aquella víbora que no respetaba ni a su madre, ni a su padrastro ni a los dioses. Entre los reproches de su madre, por un lado, y su padrastro, por otro, con la ayuda de cuatro esclavos lo echaron de la casa. El joven, entonces, se marcho a casa de una tía paterna, Ebucia, y le explicó por qué había sido expulsado de su casa; por consejo de ella, al día siguiente informó sin testigos al cónsul Postumio sobre el asunto. Postumio le dijo que regresara nuevamente a los dos días; al mismo tiempo, preguntó a su suegra Sulpicia, mujer respetable y juiciosa, si conocía a una anciana llamada Ebucia, que vivía en el Aventino. Ella le respondió que la conocía como una mujer respetable y de estricta moral a la antigua usanza; el cónsul le dijo que era importante que se entrevistara con ella y que Sulpicia debía mandarle recado para que viniera. Ebucia vino a ver a Sulpicia y el cónsul, entrando como por casualidad, llevó la conversación hacia Ebucio, el hijo de su hermano. La mujer estalló en lágrimas y comenzó a lamentase de la desgracia del joven, a quien habían despojado de su fortuna los que menos debían haberlo hecho.
 TITO LIVIO, Historia de Roma. Libros XXXVI-XL…cit.

El cónsul expuso ante el Senado el caso y los senadores escandalizados ante las imágenes que pintaba en su discurso Espurio Postumio Albino  aprobaron un senado-consulto o decreto (Senatus consultum de Bacchanalibus) sobre la materia. Se describía el culto a Baco como una falsa religión causante de libertinaje, lujuria y crímenes y denunció la “impía conjura” de los seguidores de ese “culto extranjero” integrado por “hombres afeminados, corrompidos y corruptores”, en los que las mujeres “son el origen del mal”. 

Discurso ante el Senado.


Se calculó en unos siete mil el número total de adeptos y se ofrecieron recompensas a aquellos que les delataran. Los sospechosos eran citados ante las autoridades y si no acudían se les consideraba en rebeldía. Si se consideraba que habían profanado sus cuerpos eran condenados a muerte, en caso contrario se les condenaba a penas de prisión. 




No obstante Tito Livio nos cuenta que los condenados a muerte fueron mucho más numerosos que los encarcelados. A las mujeres se las entregaba a sus familias para que las eliminaran discretamente en el seno de sus casas. Se prohibieron las cofradías de adoradores de Baco pero no su culto, que quedó condicionado al cumplimiento de una serie de requisitos de muy difícil cumplimiento.  Los santuarios tanto de Roma, como del resto de Italia fueron destruidos, exceptuando aquellos en los que existiera un altar o imagen consagrada desde hace muchos años.

Conclusión

Publio Ebucio y su amante la liberta Hispala Fecenia fueron generosamente recompensados cada uno con la cantidad de cien mil ases.

Tras la emisión de este senatus consultum estaba la facción que en ese momento tenía más influencia en Roma: un grupo de senadores radicalmente conservadores agrupados en torno al célebre Marco Porcio Catón, opuestos a las corrientes helenísticas, cada vez más fuertes, que favorecían los senadores agrupados en torno a los Escipiones.


Tras la persecución, el culto a Baco, muy arraigado especialmente en el Sur de Italia, no desapareció, simplemente fue adecuado a lo aceptable para los valores más tradicionales de la sociedad y el Estado romano. 

Templo de Baco ( Balbeek, Líbano)


El rechazo a las prácticas homosexuales que se producían en las bacanales reafirmó el antiguo valor de la virilidad romana. Las mujeres romanas, tras los desastres de la larga guerra contra Cartago y la gran mortandad masculina que este enfrentamiento bélico implicó a Roma, habían ganado en independencia y autoridad. No obstante, tras la persecución, quedaron de nuevo claramente sometidas a la autoridad masculina del pater familias.



BIBLIOGRAFÍA

Historia de Roma. Tito Livio. Libros XXXVI-XL.

Plauto y el Dios de la libertad y del vino: Liber-Dionisio-Baco.  Manuel a. Marcos Casquero. Universidad de León.

El consumo de vino en el mundo romano. Gema Vallejo Pérez. Universidad de León..

Bacanales, el escándalo que sacudió Roma. Pedro Ángel Fernández Vega. National Geographic  España.

lunes, 31 de julio de 2017

LOS MÁRTIRES DEL EMPERADOR FILÓSOFO. LAS PERSECUCIONES DE LYON Y VIENNE

Escrito por Federico Romero Díaz

La visión general que los historiadores dan de los casi cien años que la dinastía Antonina gobernó Roma es muy positiva. Es común encontrarse con la expresión "La edad de Oro" o frases como "La época más feliz de la historia de la humanidad" (Edward Gibbon).

Como todas las visiones generales, ver estos casi 100 años como un siglo de prosperidad, paz y progreso ininterrumpidos, es un error en el que todo amante de la Antigüedad debe evitar caer. A pesar de ser un periodo de progreso con respecto a otros anteriores, no debemos dejar de tener presente que en estos años hubo graves conflictos bélicos con otras potencias en Dacia, Persia y también con las tribus bárbaras, cada vez más fuertes, del Danubio y del Rhin. La sociedad presentaba graves problemas de desigualdad y miseria .Políticas como las de Nerva o Trajano intentaron sacar del desamparo a los niños más pobres de Italia. Al final de esta época se extenderá por el Imperio la conocida como "peste antonina" (165-180 d.C), posiblemente una epidemia de varicela o de sarampión, que costó la vida a millones de personas y que debilitó gravemente amplias zonas del territorio romano.

Casi todos estos temas son ampliamente conocidos por el público en general, aunque hay un aspecto de este periodo que, sin embargo, se trata poco por los historiadores: las fuertes tensiones religiosas que comienzan a hacerse patentes en el seno de la sociedad.

El crecimiento en número e influencia de los cristianos provocará una reacción de desconfianza de las autoridades y del pueblo hacia este grupo religioso que se traducirá en un aumento progresivo del odio hacia los seguidores de Cristo que se desbordará con fuerza en situaciones y lugares puntuales, en especial bajo el gobierno de Marco Aurelio (161-180 d. C).



ANTECEDENTES.

A lo largo del gobierno de la dinastía, con algunos matices, el procedimiento seguido por todas las autoridades romanas con respecto a los cristianos vino marcado por las famosas directrices que Trajano dio en una famosa carta (pincha aquí si quieres leer el texto completo de la carta.) en respuesta a Plinio, el Joven, su gobernador en Bitinia y Ponto, alrededor del año 112 d. C. en las que básicamente se decía que:

     1.-Los cristianos no deben ser perseguidos por los representantes imperiales por propia iniciativa.
     2.-No se deben admitir denuncias anónimas.
    3.-Si el cristiano llevado ante el tribunal no se declara cristiano o se retracta y hace un sacrificio a los dioses romanos que, normalmente, consiste en quemar algo de incienso en honor al Emperador, debe ser liberado.
     4.-Si el cristiano persiste y se niega a sacrificar y a adorar a otros dioses debe ser castigado.

Estas pautas de actuación permitieron la supervivencia de la Iglesia primitiva, pero no evitaron la persecución de sus miembros por parte de algunos poderes locales que actuaban en ocasiones por exceso de celo, por denuncias particulares y en otros muchos casos, por presión popular. Se les acusaba de canibalismo, de ateísmo, al negarse a aceptar a los dioses romanos e incluso "de odio al genero humano" (Tácito). 

Trajano (98-117d. C).

Bajo su gobierno Plinio, el Joven, ordenó la ejecución de varios cristianos que se negaron a sacrificar ante los dioses. El propio Papa Clemente fue una de las primeras víctimas. Simeón, obispo de Jerusalén fue crucificado. También Ignacio, obispo de Antioquía fué arrojado a los leones en Roma.


                                                   Simeón, obispo de Jerusalén es crucificado.

 Adriano (117-138)

En estos años se condenó a Telesforo, Papa de Roma, a Sinforosa y a sus siete hijos . 
El Emperador ordenó que sobre el lugar en el que anteriormente se levantaba el Templo de Jerusalén, incendiado en el 70 d. C., se levantara un templo dedicado a la triada capitolina (Jupiter, Juno y Minerva) y en el sitio del Gólgota y del Santo  Sepulcro mandó construir otro dedicado a Venus.
No obstante, bajo su mandato emitió una respuesta al procónsul de Asia, Minucio Fundano, en el que se ordenaba acabar con las ejecuciones sumarias de cristianos, sin interrogatorio judicial previo y sin comprobar el delito. El procónsul no debía ceder a la presión popular. Ordenó que:
     1.- La condena a los cristianos debe ser emitida tras un correcto y completo proceso judicial.
     2.-Esta condena solo está permitida si se ha probado que los cristianos acusados han ido en contra de las leyes romanas.
     3.- El castigo debe ser proporcionado al delito.
     4.-La acusación en falso debe ser severamente castigada.
Estas reglas mejoraron sensiblemente la situación, en especial en Asia.

                                              Incendio y saqueo del Templo de Jerusalén. 70 d.C.



Antonino Pío (138-161 d. C.)

Fue un verdadero devoto del culto tradicional romano que siguió las pautas marcadas por sus antecesores con respecto a los cristianos. Entre los martirizados destacaron el obispo de Esmirna Policarpo, que en el 155 d.C. murió en la hoguera a los 86 años de vida, tras un proceso llevado a término por el procónsul Estacio Cuadrato en el que la presión popular para que fuera ejecutado fue considerable.

Marco Aurelio (161-180 d. C.)

Bajo su gobierno se produjo un agravamiento de la persecución contra los seguidores de Cristo, debido a la suma de dos factores clave:
     
      1.- La actitud personal del Emperador. En sus escritos se puede apreciar el desprecio que sentía hacia esta religión. Al parecer consideraba el sacrificio de los cristianos en lo que ellos llamaban "martirio", como una ilusión falsa y necia. No obstante su administración seguirá ateniéndose, en lineas generales, a las pautas dictadas por Trajano.
      2.- El malestar generalizado que comienza a instalarse en la sociedad romana, debido a las continuas guerras que Marco Aurelio debe mantener frente a los bárbaros, a las catástrofes naturales y a la terrible peste antonina que costará la vida a millones de habitantes del Imperio debilitándolo gravemente.En esta situación el pueblo utilizará a los cristianos, cada vez más numerosos y visibles, como una válvula de escape, culpándoles de todos los males que se van sucediendo. Según Tertuliano (apologetium, V, XII) el clamor en situación de crisis era siempre el mismo: " Cristianos a los leones".

                                                            Ejecución de una joven.

Algunos autores cristianos como Melitón de Sardes o Atenágoras se atreverán a  protestar ante Marco Aurelio por la expoliación de las propiedades de los devotos de Cristo en diferentes partes del Imperio. En Asia Menor, el populacho saqueó el patrimonio de los cristianos, siendo ejecutados en Pérgamo el obispo Carpo, el diacono Papilo y Agatonice. En Laodicea sufrirá el martirio el obispo Sagarís.

En Roma se incrementa el odio del pueblo y la desconfianza de las autoridades imperiales y de los intelectuales hacia ellos. Se desarrollará una activa propaganda literaria dirigida por personas muy próximas y apreciadas por el Emperador. Por ejemplo, Luciano de Samosata les satiriza como si fueran un grupo de fanáticos ignorantes. También Fronto, el preceptor y amigo íntimo de Marco Aurelio, les denunció en un discurso formal y el filosofo Crescencio, intervino en una disputa pública con el pensador cristiano Justino, que al parecer había fundado en la capital imperial el Didascáleo romano, una escuela de filosofía cristiana. La polémica le costó la vida a Justino, que fué ejecutado en el 165 d. C. siendo el prefecto Junio Rústico, que también condenó a Caritón, a Caridad, al esclavo imperial Evelpisto, a Hiera y a Liberiano.

                                                                  Ejecución de Justino.
   
Persecución de Lyon y Vienne(177 d. C).                                        

Esta persecución, tal y como nos la cuenta Eusebio de Cesarea (H.E.5.1.7), estuvo precedida por la violencia colectiva contra los cristianos que sufrieron robos, asaltos y lapidaciones previas a la apertura del proceso que llevaría a la mayor parte de los seguidores de Cristo de esas dos ciudades a la muerte. Al parecer estaban excluidos de las plazas y de los baños, les sorprendían y les perseguían a gritos.Toda esta situación estalla en el verano del 177. Se habían reunido en Lyon representantes de toda la Galia para las fiestas del culto imperial. Es en este contexto cuando explota el furor contra esos cristianos considerados por los demás como un verdadero problema para el buen funcionamiento del Imperio.
El numero de cristianos en ambas ciudades era importante. Una parte muy importante de la comunidad de esas dos ciudades provenía de Oriente, siendo su nivel social muy variado. Entre ellos había esclavos, nobles, médicos, artesanos, etc. La mayor parte de ellos fueron sometidos a tortura, siendo solo diez, según Eusebio de Cesarea los que se retractaron de su fe y sacrificaron en honor del Emperador. Con respecto al número total de ejecutados se calculan que fueron unas 70 personas. Analizaremos brevemente los casos mejor conocidos:


                                                Seis de los mártires más conocidos de Lyon y Vienne.
                                               Blandina, Pontico, Atalo, Alejandro,Maturo y Sanctus

          El obispo de Lyon, Potino( ca. 87-177 d.C)
 Era una persona de casi noventa años que fue llevado ante el tribunal. Al no renegar de sus creencias fue golpeado y encerrado en una mazmorra donde murió a los dos días por sus heridas.

         Blandina, la joven esclava.
Es una de las mártires de Lyon más conocidas. Era cristiana, esclava de una dama, también cristiana. Según Eusebio de Cesarea fue llevada ante el tribunal y sometida a todo tipo de tormentos. Primero fue violada, a continuación puesta sobre una parrilla de ardiente, arrojada después envuelta en una red a los toros para ser corneada. Finalmente fue degollada.

                                          Blandina, envuelta en una red es corneada por los toros.
         
          Póntico, el joven.
Murió junto con Blandina, el último día de las fiestas. Su corta edad de 15 años no le libró de la tortura que, debido a su juventud no pudo el  aguantar el tormento al que fue somentido demasiado tiempo.
       
         Sanctus, el diacono de Vienne.
Se negó a dar su nombre, procedencia o condición social al  tribunal. Se limitaba a responder "soy cristiano". Fue condenado a tortura en la parrilla ardiente y a ser arrojado a las fieras en el anfiteatro donde finalmente encontró la muerte.

         Maturo, el neófito.
Maturo, no es una de las personalidades más destacadas de la iglesia de Lyon o Vienne. Le tocó sufrir los diferentes tormentos junto a Sanctus. Tras las torturas del interrogatorio, fueron sometidos a pasar entre dos filas de hombres provistos de látigos. Sufrieron el suplicio de la silla ardiente de hierro, para ser finalmente degollados

         Biblis, la arrepentida.
Era una dama de origen oriental, que por miedo a las consecuencias, negó su condición de cristiana ante el tribunal. Según Eusebio de Cesarea, cuando fue sometida a tortura para que declarara que los cristianos se alimentaban de carne humana afirmó ser cristiana e increpó a sus interrogadores."¿Como pueden los cristianos devorar a los niños, si ni siquiera comen la sangre de los animales?". De esta afirmación se desprende que muchos judeo-cristianos de Oriente, como Biblis, respetaban la prohibición del Sínodo de Jerusalén de alimentarse de animales ahogados y de la sangre de cualquier animal."
   .
        Atalo, el noble de Pérgamo y Alejandro, el médico frigio.
Ambos provenían de Oriente. Atalo era una persona de buena posición social y ciudadano romano. Fué sacado con los demás a las fieras del anfiteatro, pero cuando el legado imperial supo de su condición legal como ciudadano romano, le hizo volver al calabozo, junto a los demás cristianos que ostentaban esa condición y que por lo tanto tenían derecho a no ser torturados y a que se les ejecutara por decapitación. Sin embargo el representante imperial, para satisfacer a la multitud cambió de opinión y condenó a Atalo al suplicio en la arena del anfiteatro, junto al médico Alejandro, que se había delatado así mismo al protestar ante las autoridades por el trato dado a sus compañeros de fe. Ambos fueron sometidos a tormento y ejecutados públicamente para divertimento de la muchedumbre.

     
Los cuerpos de todos ellos fueron arrojados al Ródano.

Con respecto a la responsabilidad de los representantes imperiales y del propio Marco Aurelio en lo sucedido, debemos aclarar que hubo mucha presión popular sobre las autoridades para que actuaran contra los cristianos. El legado imperial consultó a Marco Aurelio sobre la forma de proceder contra estos seguidores de Cristo, algunos de los cuales eran además ciudadanos romanos y que por lo tanto gozaban de ciertos derechos legales. La respuesta de Marco Aurelio fue clara. Había que devolver la libertad a los que abjuraran. A los que persistían, decapitarlos si eran ciudadanos romanos y si no lo eran, había que condenarlos a morir en el anfiteatro.

CONCLUSIÓN.

Tras dar un repaso a la persecución de los cristianos desde Trajano hasta Marco Antonio podemos concluir que:
          1.- Los emperadores de esta dinastía se atuvieron, con algunos matices, a las instrucciones que Trajano le dio a Plinio, el Joven, Gobernador de Bitinia y Ponto.
              2.- La actitud hostil de la población "pagana" creó un ambiente y un modo de interpretar la realidad ,según la cual, ser cristiano era incompatible con el estilo de vida en el Imperio Romano.
               3.- De esa creencia nació una especie de aforismo legal que permitirá a las autoridades el castigo a los cristianos, por el simple hecho de serlo.
        4.- Las persecuciones que se produjeron tuvieron un cacárter local. No fueron impulsadas o coordinadas desde Roma. Surgieron de forma esporádica, a veces provocadas por el celo de los gobernadores locales que reaccionaban ante la denuncia de algún particular, a veces por el pueblo que les culpaba de diversas calamidades del momento histórico.





BIBLIOGRAFIA

Eusebio de Cesarea.- HIST. ECCL; IV y V)
Eusebio, Historia de la Iglesia.- Paul Maier.-Portavoz, 1999.
Plinio, el Joven.(Epistolae X.96).
Historia del cristianismo.- Alain Corbin et. al..-Ariel 2013.
Historia de la Iglesia Primitiva. Desde el siglo I hasta la muerte de Constantino.-E. Bachousey, C. Tylo. Edit CLIO, 2004.








jueves, 6 de julio de 2017

AÑO 80 D.C. EL OTRO GRAN INCENDIO DE ROMA

Escrito por Federico Romero Díaz, autor de la novela No lleves flores a mi tumba.



De todos es conocido el gran incendio que asoló Roma bajo el gobierno de Nerón, el mes de julio del año 64. d.C.. La literatura, el cine y la pintura se han encargado de representar ampliamente este suceso que ha quedado grabado en nuestro imaginario colectivo. Por poner un ejemplo, todos recordamos la escena de la película “Quo Vadis” en la que Nerón, encarnado por el actor Peter Ustinov, canta mientras Roma es quemada por sus hombres.

Lo verdaderamente extraño es que en el año 80 d.C.., tan solo dieciséis años después, siendo emperador el breveTito Flavio Sabino Vespasiano, se produjo uno de similar magnitud que apenas conocemos, a pesar de ser mencionado en diversas fuentes.




Leer el artículo completo en Arraona romana.

martes, 4 de julio de 2017

BREVE RESEÑA DE LA CAÍDA DE LA REPÚBLICA, DE JOSÉ BARROSO.

Escrita por Federico Romero Díaz.

Tras la lectura de la novela de José Barroso "La Caída de la República" he considerado que se merece una reseña, para que el mayor numero de personas conozcan más detalles sobre la obra y el autor.

José Barroso es un escritor granadino, que como muchos de nosotros, tiene que repartir su tiempo entre otro trabajo, que es el que nos da de comer, y su pasión por escribir. " La caída de la República ", no es su primera novela, antes ha escrito otras dos: " El secreto de Arunda" que está ambientada en Ronda, durante su reconquista por los Reyes Católicos, y "El ocaso de Alejandría" que abre la saga centrada en la transición de la República de Roma al Principado primero y al Imperio después. "La caída de la República" sería la segunda entrega de esta saga.



Centrándonos en esta obra, he de decir que es de una prosa muy fácil y narrativa, siendo su lectura fluida y sin complicaciones. José le ha dado prioridad a lo narrativo evitando las largas disquisiciones filosóficas y las detalladas descripciones, enemigas mortales de una novela entretenida.En este relato predomina la acción, consiguiendo el autor que el lector no desconecte de la historia en ningún momento.

Esta claro que la obra debe ser enmarcada dentro del género de la novela histórica, aunque a mí, personalmente me gustaría incluirla dentro del grupo de la historia novelada. José Barroso es un escritor que se documenta muy a fondo, casi nada de lo que dice es propio, todo sale de las fuentes clásicas, de Plinio, de Tito Livío, etc. Lo sé con certeza porque en esta misma página he tenido el honor de publicar un par de artículos suyos en los que destaca lo exhaustivo de su documentación. Yo pensaba que esta manera de escribir era propia solo de sus artículos sobre historia, pero me equivocaba, lo lleva también a la novela. Lo que consigue José en esta narración es novelar la historia de Octavio Augusto, no hay licencias a la fantasía, ni a prácticamente ningún personaje ficticio. Hasta el orden de la historia es cronológico. La novela es pura historia documentada muy a fondo, pero magistralmente novelada. He leído mucho a lo largo de mi vida y solo he visto narrar tan bien la historia pura y dura, sin concesiones a la ficción, al gran periodista italiano Indro Montanelli, autor de Historia de Roma, uno de mis libros más queridos. José Barroso tiene el don de contarnos la historia más rigurosa como si fuera un relato apasionado y ficticio. Espero poder disfrutar pronto de ese don en la tercera entrega de su saga.

lunes, 26 de junio de 2017

Ensayo sobre la belleza de Cleopatra VII Filopátor Nea Thea o sencillamente: Cleopatra

Cleopatra VII Filopátor Nea Thea o sencillamente: Cleopatra.

Escrito por José Barroso. Autor de Ocaso de Alejandría y La caída de la República.

Una de las figuras más atractivas, sugestivas e hipnóticas de la historia. Sedujo a los hombres más poderosos de su tiempo y a cientos de generaciones futuras. Su leyenda ha llegado intacta hasta nuestros días y sigue siendo un referente de refinamiento y belleza. ¿Pero era tan bella realmente? ¿Qué pruebas tenemos sobre su verdadero aspecto físico? ¿Qué hay de cierto en la corriente que dice que en realidad no era agraciada físicamente?

Ensayo sobre la belleza (de Cleopatra).
No son pocas las mujeres que han pasado a la historia por su extraordinaria belleza, Nefertiti, la Reina de Saba, Helena de Troya, Friné… Las que consiguieron unir a su aspecto físico la sabiduría como gobernantes, la inteligencia y el coraje de sobresalir en un mundo de hombres no son muchas. Pero si hay una figura que ha quedado por encima de ese reducido grupo, esa es Cleopatra.
La reina del Nilo es una fuente inagotable para el cine y la literatura universal. Siempre representada por actrices de belleza sobresaliente —decían de Liz Taylor que era la actriz más bella de su generación— y pocos son los autores que no se detienen a recrearse en su mítico aspecto físico.
Vamos a intentar desentrañar cuánto hay de cierto y cuanto de mito en la belleza de Cleopatra.
Las Hipótesis:
1ª- Era bellísima.
La más aceptada por el público en general y la idea que reside en el imaginario popular. Una mujer de formas apetecibles y rostro sereno y agraciado. Alguien que deslumbraba por su belleza y que incluso destacaría si nos cruzásemos con ella hoy en día en cualquier esquina. A todo ello sería justo añadir la erótica del poder que irradia su figura pero, en cualquier caso, alguien ante quien los hombres caían rendidos.

2ª- No era agraciada físicamente.
Una hipótesis que ha ganado fuerza en los últimos treinta años tras el descubrimiento de una serie de monedas con su efigie en distintas partes del mundo. Dado que no se le da credibilidad prácticamente a ninguno de sus bustos, estas monedas representan las únicas imágenes que tenemos de la reina del Nilo.

3ª- Era bella según los cánones de belleza de su época.
Y dichos cánones han sufrido numerosos cambios a lo largo de los siglos. Mujeres que fueron consideradas bellísimas en su tiempo, como Maria Antonieta, Lucrecia Borgia o Aldonza de Ivorra, difícilmente tendrían cabida en las revista de moda de hoy en día. Los cánones de belleza han cambiado y mucho en veinte siglos pero ¿Han cambiado tanto como para volver a los parámetros de hace dos mil años?
Los Hechos:
Cleopatra fue la séptima reina egipcia de su nombre. Perteneció a la última dinastía que gobernó Egipto como país independiente antes de convertirse en provincia de Roma, los Ptolomeos. Y como primer dato importante hay que decir que los Ptolomeos no eran egipcios, eran Griegos Macedónicos. No había una sola gota de sangre egipcia en Cleopatra y por lo tanto debemos alejar su imagen del icónico busto de Nefertiti, al que si damos veracidad histórica dado que su esposo, Akenaton, prohibió las representaciones irreales de la familia faraónica. Las esculturas, pinturas y bustos de Nefertiti, el propio Akenaton, Tutankamon y otros miembros de su familia, representan de forma fiel su aspecto físico y la imagen de la reina es sorprendentemente cercana al canon de belleza actual.  Es una mujer morena, delgada, de cuello estilizado, pómulos marcados y labios carnosos. Por desgracia no pudo ser una antepasada lejana de la reina objeto de estudio hoy.



Cleopatra accedió al trono en el año 51 antes de nuestra era. Fue una gobernante cuya principal preocupación fue mantenerse en el poder entre las insidias de una corte ciertamente hostil y la sombra de Roma, que amenazaba con anexionar los territorios de Egipto.
Para ello hizo uso de todas las armas que tenía a su alcance, y desde luego una de ellas fue su presencia y su aspecto físico.
Plutarco dice sobre Cleopatra:
Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje"
Plutarco. Vidas. Paralelas. Marco Antonio. XXVII.
"Platón reconoce cuatro tipos de halagos, pero ella tenía mil."
Plutarco. Vidas Paralelas. Marco Antonio. XXIX.
Y sobre el momento en que Cleopatra y Marco Antonio se conocieron:
Éste iba a verle en aquella edad en que la belleza de las mujeres está en todo su esplendor y la penetración en su mayor fuerza.”
Plutarco. Vidas Paralelas. Marco Antonio. XXV.
Dion Casio dice sobre ella:
Su irresistible forma de hablar parecía que conquistara a su interlocutor”
Dion Casio. Historia de Roma. Libros XLVI-XLIX.
Sobre su intelecto nos cuenta Plutarco:
Respondía por sí misma, como a los Etíopes, Trogloditas, Hebreos, Árabes, Sirios, Medos y Partos. Dícese que había aprendido otras muchas lenguas cuando los que la habían precedido en el reino ni siquiera se habían dedicado a aprender la egipcia, y algunos aun a la macedonia habían dado de mano.”
Plutarco. Vidas Paralelas. Marco Antonio. XXVII.
Suetonio sobre la relación de Julio César y Cleopatra:
“Pero a la que más amó fue a Cleopatra, con la que frecuentemente prolongó festines hasta la nueva aurora”
Suetonio. Vida de los Doce Césares. Julio César. LII.



De los relatos clásicos, aun dudando de Dion Casio, que escribiría 250 años de la muerte de Cleopatra, podemos deducir que destacaba más por su intelecto, su personalidad arrolladora y su cultura que por su físico. Aunque desde luego era agraciada.
Por increíble que parezca, dada la extensa literatura sobre Cleopatra, son muy pocos más los autores clásicos a los que podemos recurrir para hacernos una idea de la imagen de la reina del Nilo. Posteriormente Horacio, Virgilio, Flavio Josefo, Apiano o Plinio, mencionaran a Cleopatra en sus escritos en varias ocasiones pero siempre centrados en su debilidades —o directamente vicios— y casi siempre infligiendo duros ataques contra su personalidad, arrogancia, voracidad sexual o derroches económicos. Hay que aclarar que todos estos autores pretenden congraciarse con el poder dominante en el Mediterráneo, personificado en Octavio Augusto y sus posteriores sucesores. Fue el propio Octavio el que declaró la guerra a Cleopatra y a su ya esposo Marco Antonio y por lo tanto el que fomentó buena parte de su leyenda negra.
Así, autores como Plinio “el viejo” que nació cincuenta años después de morir Cleopatra, nos relata el famoso pasaje de la disolución de las perlas en vinagre que, aunque químicamente podría ser cierto, se convierte en despropósito tal y como nos lo cuenta el historiador. La historia solo pretende dar una imagen de una Cleopatra derrochadora, caprichosa, infantil e indolente, y para ello Plinio no duda en alterar la realidad a su antojo.
Plinio “el viejo”. Historia Universal. Capítulo LVIII.
Los ataques de Flavio Josefo que vivió entre los años 37 y 100 de nuestra era, también son muy duros y centrados en la voracidad sexual de Cleopatra. Cabe decir que Josefo era judío y la enemistad de la reina del Nilo con Judea y sus gobernantes fue manifiesta, sobre todo con Herodes por las reservas de betún de las que gozaba la zona.
Flavio Josefo. Antigüedades Judías. Tomo II.
Para poder concluir con el aspecto físico de la reina según los autores clásicos, no debemos obviar a Cicerón. El filósofo y Cleopatra se conocieron personalmente durante la estancia en Roma de la reina y precisamente a este encuentro debemos las obras completas de Cicerón que han llegado hasta nuestros días. Cleopatra encargó al filósofo una compilación de sus obras y discursos para la biblioteca de Alejandría. Sin embargo, tras el asesinato de Julio César, Cleopatra abandonó precipitadamente Roma y no se llevó aquella cuidada compilación consigo. La obra quedó depositada en las bibliotecas de Roma y sobrevivió a las sucesivas destrucciones de la Biblioteca de Alejandría. Hay una frase atribuida a Cicerón —aunque imposible de contextualizar o verificar— que dice: “si tuviese otra nariz, habría conquistado el mundo”. En realidad, esta frase constituye la única mención a la nariz de Cleopatra y, conociendo el carácter teatral de Cicerón, bien podía referirse al instinto, al olfato, de la reina para elegir a sus partidarios. Muerto Julio César, la reina podía haber confraternizado tanto con Marco Antonio como con Octavio Augusto y la historia hubiese sido muy distinta de haber elegido al segundo. Además Octavio era de edad similar y mucho más influenciable que el curtido y experimentado Marco Antonio, por el que acabaría decantándose Cleopatra. Es solo una interpretación, pero dado que no hay otras fuentes, no debemos dar por sentado que la nariz de la reina era prominente o simplemente desproporcionada para con el resto de su rostro.
Son varias las esculturas que quieren representar a la reina del Nilo aunque dudamos de la veracidad de todas ellas y diversas pruebas han demostrado que su confección es posterior a la vida de Cleopatra. Aunque si nos han llegado algunas monedas con su efigie, en ella podemos ver a una mujer con una tiara, pelo rizado, labios carnosos, ojos muy grandes y cuello estilizado aunque con cierta corpulencia. Se deja adivinar una barbilla prominente y unas formas proporcionadas. Si bien es cierto que de todo ello tampoco podemos sacar una opinión inamovible. No hay más que ver la absolutamente irreconocible efigie de la reina Letizia en las monedas conmemorativas de 12€ de la fábrica nacional de moneda y timbre.
De sus relaciones y el comportamiento de los hombres que la rodearon, también podemos sacar algunas conclusiones:
Tanto Plutarco como el propio Julio César, nos cuentan en sus escritos que el general romano y la reina del Nilo se conocieron al atardecer en Alejandría y esa misma noche ya yacieron juntos. Plutarco en “Vidas Paralelas” (Julio César. IL) nos cuenta el episodio de la reina accediendo a hurtadillas al palacio envuelta en una alfombra, de la que surgió totalmente desnuda. La anécdota podría ser un buen ejemplo de la personalidad y seguridad de Cleopatra, pero lamentablemente tenemos que pensar que es falsa. Primero por lo innecesario de aparecer desnuda y en segundo lugar —y más revelador— porque Julio César no hace mención al episodio en su “BellumAlexandrinum”. No parece una anécdota como para pasar por alto en alguien de la personalidad del general romano. Por lo tanto, desconocemos la forma en que se conocieron Cleopatra y Julio César, pero todas las fuentes apuntan a que estaban compartiendo lecho pocas horas después de verse por primera vez. La reina contaría 18 años y Julio César 52. Parece difícil pensar que hubo un conocimiento profundo entre ambos del que surgió la atracción. Más bien podemos concluir que se produjo una inmediata atracción meramente física entre ambos.



Posteriormente Julio César abandona a su amante habitual en Roma, ServiliaCepionis e invita a la propia Cleopatra a la ciudad donde la colma de honores. En esta época es más que probable que hubiese surgido el amor entre ambos. Si bien es cierto que la mujer que enamorase a Julio César debía mostrar habilidades políticas e intelectuales sobresalientes. No podemoscircunscribir el amor entre ambos a sus característicasfísicas. Suetonio llegará a decir que César pretendía legalizar la poligamia en Roma para poder hacer oficial su relación con Cleopatra, pero esta información es imposible de contrastar y de dudosa credibilidad. Suetonio. Vida de los Doce Césares. Julio César. LII.
Un episodio parecido ocurrirá siete años después en la ciudad de Tarso (actual Turquía). Marco Antonio hace llamar a Cleopatra para ser juzgada por ayudar a los asesinos de Julio César y la reina pasa tan solo cuatro días en la ciudad. En esos cuatro días no solo evita el juicio, sino que seduce a Marco Antonio hasta conseguir que éste caiga rendido a sus pies. El romano le ofrece la cabeza de Arsinoe, hermana de la reina y por lo tanto amenaza para el trono, y traslada su gobierno a Alejandría.
De tal manera avasalló a Antonio que, a pesar de haberse puesto en guerra con Octavio,Fulvia su mujer por sus propios negocios y de amenazar por la Macedonia el ejército de los Partos, del que los reyes habían nombrado generalísimo Labieno, y con el que iban a invadir la Siria, se marchó, arrastrado por ella, a Alejandría”
Plutarco. Vidas Paralelas. Antonio XXVIII.
La relación entre Cleopatra y Marco Antonio es diferente a la que mantiene unos años antes con Julio César. Marco Antonio y Cleopatra se enamoraron perdidamente hasta el punto de que el romano hace numerosas concesiones territoriales —conocidas como las Donaciones de Alejandría (Plutarco. Vidas Paralelas. Antonio. LIV)— a su ya esposa y a los hijos en común, y llega a renegar de Roma en su testamento. Declara a Alejandría capital del imperio y a Cesarión, el hijo de Cleopatra y Julio César, rey de Roma. La publicación prematura de este testamento precipita la guerra contra Octavio Augusto y el trágico fin de los amantes.
De la rápida seducción con la que somete a Julio César y Marco Antonio nos surge una pregunta evidente: ¿Qué tipo de mujer era del gusto de los romanos en el siglo I antes de nuestra era?
En este caso nos encontramos una importante similitud entre los textos clásicos y las pinturas y sobre todo esculturas que nos han llegado de la época. Normalmente los artistas idealizan los cuerpos haciéndolos semejantes a la concepción de los dioses del Olimpo y, desde luego son favorecedores. Es conocido que Octavio Augusto prohibió representaciones de sí mismo con más de cuarenta años y en el caso de las mujeres, son prácticamente inexistentes las esculturas femeninas donde puedan apreciarse los efectos de la edad.
Sin embargo podemos sacar conclusiones importantes. La mujer que hace que los hombres giren sus cuellos al cruzarse con ella por el foro de Roma es de piel clara, caderas anchas, voluptuosa e incluso con sobrepeso, preferiblemente rubia y de pelo rizado. (Los tirabuzones que parten del flequillo son recurrentes en la moda romana). Es un canon de belleza que se repetiría durante varios siglos. La piel tostada era sinónimo de trabajar largas jornadas en el campo y la delgadez es señal de hambre. Las caderas anchas ayudan a dar a luz y el cabello rubio asemeja a las mujeres a Diana Cazadora o Afrodita. El genial Rubens nos legó para la posteridad en su obra “Las Tres Gracias”, una imagen imperecedera de ese canon de belleza.
¿Podemos identificar a Cleopatra con este canon de belleza? Probablemente si. La reina del Nilo, como hemos dicho antes, era griega de ascendencia macedónica, donde predomina el cabello rubio. Seducir en una sola noche a los dos hombres más poderosos de su tiempo, ambos con un amplio historial de conquistas amorosas, nos indica que debía ser de su agrado físicamente. E incluso ha llegado hasta nuestros días algún relieve egipcio donde Cleopatra es representada con cierta tripa y anchura en sus caderas. Tampoco existe mención alguna en los textos clásicos a una cierta delgadez, lo que en su momento, hubiese llamado la atención de los autores.



La reina debía ser coqueta y desde luego cuidaba su aspecto. Existió en Alejandría un tratado de belleza con consejos de maquillaje que se atribuía a la propia Cleopatra. El texto no ha llegado hasta nuestros días y no hay forma de afirmar o desmentir su autenticidad, aunque no cabe duda de que la reina hubiese sido capaz de escribir un tratado sobre tales materias.
Por otra parte, Cleopatra fue reconocida por los alejandrinos como la encarnación de Isis, que además de la protección y la sabiduría, representaba también la belleza. Estas deificaciones populares no deben ser menospreciadas. La plebe no era fácil de manejar e intoxicar en el siglo I antes de nuestra era ante una determinada idea. No había medios de comunicación o grupos de presión y en el mismo instante en que Cleopatra es identificada con Isis, Marco Antonio es comparado con Dionisios, el dios de vendimia y el vino, de la locura ritual y el éxtasis. Comparación no muy agradable y contra la que la pareja intentó luchar —con poco éxito, dadas las interminables fiestas y bacanales de Marco Antonio en Alejandría—. Del mismo modo, unos años antes, Julio César es mitificado como Osiris y existe cierta documentación del fracaso de Cleopatra al intentar que la plebe identifique a su hijo Cesarión con Horus. Parece claro que en todos los casos, la plebe hace sus propias elecciones y en ocasiones en contra de lo que querrían sus gobernantes. Que Cleopatra sea identificada con la belleza no parece casualidad. Eso sí: con el canon de belleza de su época.
Cleopatra VII fue la mujer más poderosa de su tiempo y una de las más importantes de la historia. Consiguió anteponer sus deseos y los intereses de Egipto al todopoderoso Imperio Romano durante buena parte de su vida y sin apenas desenvainar un arma. Usó su inteligencia, su don de gentes, su cultura, y su belleza para conseguir sus fines y a punto estuvo de derribar el poder de Roma y convertir a Alejandría en la capital del imperio.

Jose Barroso.
Autor de El Ocaso de Alejandría.
Ediciones Áltera.
Biografía novelada de Cleopatra.


Pie de foto 1: Busto de Nefertiti, conservado en el Museo de Berlín.
Pie de foto 2: Busto de Cleopatra sin autentificar conservado en el museo de Berlín.
Pie de foto 3: Figura de alabastro negro representando a Cleopatra con estilo egipcio. Museo Hermitageen. San Petersburgo.
Pie de foto 4: Tetradracma de Cleopatra VII.

viernes, 9 de junio de 2017

BREVE HISTORIA DE ESPARTACO.(113a.c-71 a.C). UN MITO MUY REAL.

BREVE HISTORIA DE ESPARTACO.(113a.c-71 a.C). UN MITO MUY REAL.

Escrito por Federico Romero Díaz.

Hay personas que aún piensan que estamos ante un personaje cinematográfico. Sin embargo Espartaco fue un hombre de carne y hueso, con una trayectoria ampliamente documentada por historiadores romanos como Apiano, entre otros.



Todos coinciden que estamos ante un mercenario tracio, miembro de las auxilia de las legiones de Roma, que desertó. Capturado, es convertido en esclavo.



 Se le compra para trabajar en las minas de yeso, pero allí lo descubre Batiato, un lanista de Capua que lo adquiere para su escuela de gladiadores. No tarda, en asociación con los galos Crixo y Enomao, en amotinarse. Junto a otros 70 gladiadores escapa de la escuela, se hacen con armamento y derrotan una confiada milicia enviada desde Capua para capturarlos, dedicándose desde su seguro refugio de los bosques, al pie del Vesubio, a devastar la campiña circundante.



Roma en ese momento no cuenta con demasiadas fuerzas que enviar. Lo mejor de sus tropas se encuentran en Hispania y en el Ponto luchando contra Sertorio y Mitridates respectivamente. Envían al pretor Claudio Glabro al frente de unas cuantas cohortes urbanas para reprimir la revuelta. Su ineptitud al valorar las fuerzas de los esclavos le hace sufrir una vergonzosa derrota, y la misma suerte corre el siguiente pretor, Varinio al frente de mayores fuerzas. Espartaco a esas alturas cuenta con más de 70.000 seguidores a los que comienza a formar militarmente.




Exceptuando una derrota que acaba con la muerte del galo Crixus, Espartaco acumula una victoria tras otra sobre las legiones de Publicola y Longino. Algunos de sus hombres le plantean el saqueo de Roma, donde el Senado alarmado nombra a Marco Licinio Craso imperator para hacer frente al tracio. Espartaco sabe que su derrota es cuestión de tiempo y que deben escapar del territorio romano. Entra en contacto con los piratas cilicios para que les ayuden en su huida con sus barcos, pero estos, posiblemente sobornados por Verres, el corrupto gobernador de Sicilia, traicionan a los esclavos dejándolos en la estacada. Acorralado en Regio, logra escapar gracias a sus tretas en una ocasión, pero acorralado entre las legiones de Craso y Pompeyo se ve obligado a presentar batalla en el Valle del Sele, donde el junto a otros 60.000 de sus seguidores encuentra la muerte. El resto serán crucificados a lo largo de la Vía Apia. Pompeyo que se precipita a comunicar al Senado la buena nueva será el que inmerecidamente obtenga todo el beneficio de la derrota del gran tracio Espartaco.


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