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viernes, 5 de junio de 2026

EL DERRUMBE DE LA BRITANIA ROMANA. ASÍ COMENZÓ "LA EDAD OSCURA Y LA BRITANIA POSROMANA"

Foto del casco de Sutton Hoo
 vista desde el frente
A principios del siglo VII, el momento en el que aproximadamente se data el enterramiento de Sutton Hoo, Britania solo era una sombra de lo que había sido en el siglo IV. La isla era un confuso conjunto de pequeños reinos, en algunos casos simples señoríos, en competencia entre sí. Ninguna de las poblaciones parecía superar el millar de habitantes, la moneda de plata ya no se acuñaba y el comercio apenas tenía importancia. El cristianismo no estaba organizado y la mayor parte de la población era pagana y rezaba a dioses como Wotan. ¿Qué había pasado para que de la floreciente Britania romana del siglo IV se hubiera llegado a semejante estado de barbarie? Vamos a hacer una crónica de la caída de la Britania romana.

Hay un indicativo muy seguro de la existencia de conflictividad en un territorio: los enterramientos de monedas y de los bienes preciosos. Un ejemplo interesante: el conocido como tesoro de Hoxne. Son más de 584 monedas de oro y más de 14.000 monedas de plata además de vajillas de platas, cucharones, cubiertos, etc. En varios de estos valiosos utensilios de cocina aparece el nombre de un tal Aurelio Víctor ¿Tal vez el propietario de los objetos y de las monedas enterradas?

 En Britania se han encontrado más de mil enterramientos sobre todos en Anglia Oriental, Mildenhall, Eve, etc. Una idea importante, la mayoría de estos enterramientos se han realizado en el siglo IV y sobre todo en el V a medida. ¿Qué estaba pasando en la isla?¿ Por qué las personas que realizaron estos ocultamientos no llegaron nunca a recuperar sus propiedades?

Objetos de oro del tesoro de Hoxne enterrados en una caja de madera que contenía joyas preciosas, cucharas, vajilla y 15.000 monedas, algunas de ellas del Gobierno de Magnus Maximus. Suffolk, Inglaterra, principios del siglo V d. C. British Museum

Si juzgamos dejándonos llevar por la opulencia de las villas romanas de esta época, la isla conoció, durante el siglo IV, uno de los momentos más prósperos de su economía, lo que no quiere decir que la riqueza estuviera repartida de una manera justa. La mayor parte de la población era explotada muy duramente. El las afueras de la ciudad romana de Dorchester, se encontró en los años 60 un cementerio con más de 1.200 enterramientos que podemos fechar en el siglo IV. La mayoría de los huesos encontrados mostraban indicios de desgaste asociados a la práctica de un duro trabajo y a una mala nutrición. Esto no quiere decir que la colonización romana de la isla no supuso un aumento de la calidad de vida de la población a medio y largo plazo. 


Recreación ( con IA) del día a día en una ciudad britana

La esclavitud, de hecho ya existía en el mundo celta. Sin embargo, Roma introdujo la cerámica fabricada a escala industrial accesible a la mayor parte de los britano-romanos, los edificios en su mayor parte disponían de tejados cubiertos con tejas que, al igual que la mayor parte de los artículos más comunes de consumo, se producían en masa. En el aspecto agrícola la situación mejoró sensiblemente gracias a la introducción del arado pesado con vertedera que removía la tierra más profundamente que los modelos utilizados por los celtas. Además se drenaron pantanos, se aumentaron las tierras de uso agrícola talando bosques. Las ciudades y pueblos romanos minuciosamente diseñados disponían de desagües y alcantarillado. La población en un porcentaje muy elevado estaba alfabetizada y la moneda circulaba en un porcentaje mucho mayor. La isla estaba surcada por calzadas que, pensadas con una finalidad militar, también conectaban los diferentes territorios, favoreciendo el comercio y el intercambio entre las diferentes partes de la isla. A partir del siglo III y de la Constitutio Antoniana, emitida por Caracalla en el 212, todos los habitantes libres del Imperio, los de Britania incluidos, eran ciudadanos. Todo ello hizo posible que la población en la isla se elevara a un número de entre dos y seis millones de personas, depende del historiador que se consulte. Los romanos pensaban que su Imperio sería eterno, sin embargo, en apenas una sola generación todo esto que hemos descrito desapareció. Los pueblos y ciudades se arruinaron, las monedas dejaron de acuñarse y de circular y los productos normales, antes en los mercados, dejaron de circular, desaparecieron, lo que forzó a los britanos a rebuscar entre los escombros para reutilizar y reparar aquello que aún podía tener uso. Otros, con menos escrúpulos aprovecharon la desaparición de la autoridad del Estado para aprovecharse de los más débiles. ¿Qué había pasado?

Los Antecedentes del Declive y las Crisis del Siglo IV

Para comprender la profunda transformación que experimentó la provincia de Britania durante el siglo V, es imperativo analizar el deterioro estructural y las amenazas externas que se manifestaron a lo largo de las décadas precedentes.

A finales del siglo III, específicamente en el año 286 d. C., el vasto Imperio romano se dividió formalmente en dos mitades debido a la imposibilidad material de gobernarlo desde una sola capital: la oriental y la occidental, integrando esta última a Italia, Hispania, la Galia y Britania. A partir de ese momento, salvo breves periodos excepcionales, el territorio se rigió bajo el mandato de dos emperadores en imperios separados con ejércitos diferenciados.

A pesar de su plena integración en el bloque imperial de Occidente, los estudios arqueológicos de los yacimientos romanos sugieren que Britania se hallaba en un franco declive a finales del siglo IV. Hacia el año 375 d. C., la ocupación de las villas rurales se había reducido ya en un tercio, mientras que en las ciudades la actividad cayó a la mitad. Las clases populares se vieron gravemente golpeadas por repetidas incursiones bárbaras, aunque el factor desencadenante definitivo para todo el entramado imperial occidental fue la irrupción de los hunos en el este de Europa hacia el año 376 d. C., provocando desplazamientos masivos de pueblos como los godos y la subsiguiente catástrofe militar de Adrianópolis en 378 d. C.. Las consecuencias de este desastre obligaron a desviar tropas desde el occidente hacia el oriente y a ir confiando progresivamente la defensa del limes del Rin a foederati germanos que cultivaban sus provisiones en las tierras que les cedía el Imperio haciendo innecesario el suministro del limes del Rin, producido y enviado desde época de Constantino  en las ricas haciendas de Britania que, usando los cauce del Támesis, el mar y la desembocadura del Rin llegaba fácil y económicamente a las guarniciones  fronterizas romanas.

Las Amenazas Marítimas y Terrestres

Hacia mediados del siglo III surgió una nueva amenaza para la provincia: invasores procedentes de Germania, al norte de los ríos Rin y Danubio y al oeste del Vístula, a quienes los romanos englobaban bajo el término genérico de «sajones». Estos grupos comenzaron a atacar y saquear la costa sudoriental de la isla.

Para contrarrestar la amenaza, el Estado romano realizó una descomunal inversión económica destinada a levantar las murallas de las ciudades y a construir un elaborado sistema de fortalezas a lo largo de las costas del sur y del este, fortificaciones conocidas en su conjunto como los *fuertes de la costa sajona*. 

En enclaves estratégicos como Richborough (Kent), Portchester, Pevensey y Caister-on-Sea se erigieron baluartes formidables. En el caso de Richborough, un bullicioso puerto devastado previamente por las incursiones, se transformó a finales del siglo III en una fortaleza rodeada por una triple línea de fosos y muros de piedra de siete metros de altura y más de diez de grosor.

Reconstrucción del fuerte de Richborough

Paralelamente, el norte de la provincia sufría la presión de los pictos. En el año 343 d. C., el emperador Constante dirigió personalmente una expedición defensiva, y las fortificaciones del Muro de Adriano debieron ser recompuestas de forma repetida. 

En la década de 360 d. C. la crisis se agravó notablemente con la llegada coordinada de invasores que cruzaban el mar desde Irlanda: los escotos y los attacotti. Esta presión culminó en el año 367 d. C. con un motín generalizado en el propio Ejército romano de Britania, forzando el envío de una nueva expedición militar desde el continente para restablecer el orden político.

Inestabilidad Política, Usurpaciones y el Fin del Flujo Monetario

La guarnición militar de Britania, descontenta y asilada, se convirtió en un foco constante de usurpaciones y alzamientos militares que terminaron por desestabilizar la relación de la isla con la administración central del Imperio de Occidente.

Las Usurpaciones militares

El primer gran episodio desestabilizador se produjo en el año 383 d. C., cuando el ejército estacionado en Britania se rebeló contra el emperador Graciano y aclamó como líder a Magno Máximo que cruzó al continente con una parte sustancial de las tropas britanas, invadió la Galia, derrotó a Graciano y estableció su corte imperial en Tréveris protagonizando una de las usurpaciones más exitosas y duraderas de ese siglo. Cinco años más tarde, en el 388 d. C., Máximo fue derrotado y muerto por el emperador de Oriente, Teodosio I. Las consecuencias para Britania fueron desastrosas: las tropas que marcharon con él jamás regresaron, debilitando severamente la defensa de la provincia. Documentos como la *Notitia Dignitatum* reflejan que unidades anteriormente acantonadas en Gales y en el norte de la isla habían sido permanentemente trasladadas al continente europeo o reubicadas en el sudeste, como la Legio II Augusta, desplazada de Caerleon a Richborough.


A la muerte de Teodosio en el 395 d. C., el Imperio quedó dividido definitivamente entre sus hijos Arcadio que asumió el gobierno de Oriente y Honorio en Occidente. En la nochevieja del año 406 al 407, la crisis militar en el continente estalló con la invasión de la frontera del Rin por una confederación de pueblos bárbaros (vándalos, alanos y suevos). Ante el pánico de una invasión inminente y la aparente inacción del gobierno central, las tropas de Britania se rebelaron y proclamaron de forma sucesiva a tres emperadores en apenas unos meses: primero a un soldado llamado Marco, inmediatamente asesinado; luego a un civil de la aristocracia local llamado Graciano, ejecutado cuatro meses después; y finalmente, en el año 407 d. C., a un soldado llamado Constantino III.
Constantino III, emulando a Magno Máximo, reunió a las fuerzas regulares que quedaban en la isla y cruzó la Mancha hacia la Galia con el propósito de combatir a los bárbaros y deponer al emperador Honorio. Aunque obtuvo éxitos iniciales, Constantino III fue finalmente capturado por las tropas leales a Honorio y ejecutado en el año 411 d. C.. Su aventura militar dejó como grave consecuencia,  entre otras, a Britania desprovista de guarniciones defensivas organizadas. Los días de la britania romana estaban contados.

El Colapso de la Economía Monetaria

El reflejo más nítido y drástico del fin de la administración romana en Britania es el cese fulminante de la llegada de moneda. La economía de la provincia dependía por entero del dinero enviado mensualmente por el Estado para pagar a los soldados y funcionarios; este numerario, a su vez, estimulaba los mercados locales y la producción artesanal.

El registro arqueológico demuestra con exactitud que el año 402 d. C. es el último en el que las monedas romanas entraron en cantidades significativas a la isla. Tras ese año, las emisiones procedentes de las cecas occidentales, especialmente de Milán y Tréveris, cesaron por completo debido a las guerras civiles y las invasiones en el continente. En la práctica esto nos indica que desde Ravena, dejaron  de abonar la paga a los soldados romanos en Britania y sin salario no habia ejército.  Sin la paga militar, las autoridades britanas carecieron de incentivos y de medios para sostener el aparato burocrático. El célebre Tesoro de Hoxne (Suffolk), ocultado con posterioridad al año 407 d. C., ilustra perfectamente este periodo de incertidumbre: contiene 14.865 monedas de plata mezcladas con piezas recortadas en sus bordes, una práctica desesperada de los habitantes locales para multiplicar el circulante ante la falta total de remesas oficiales.

La Ruptura con Roma y el Colapso Material de la Sociedad

La falta de protección militar y el desabastecimiento financiero empujaron a la población civil a tomar una decisión drástica e irreversible respecto a sus vínculos con el Imperio romano.

Según relata el historiador griego Zósimo, en el año 408 d. C. Britania sufrió una devastadora invasión sajona que las mermadas defensas locales no pudieron contener. Ante la total desatención de Constantino III y del gobierno legítimo de Rávena, los britanos adoptaron una medida excepcional en el año 409 d. C.: se rebelaron formalmente contra la administración romana, expulsaron a los magistrados e intendentes imperiales que pretendían seguir recaudando impuestos, y tomaron las armas por su propia iniciativa para defender sus ciudades de los ataques bárbaros. Zósimo señala explícitamente que:

«La autodefensa era sinónimo de autogobierno [...] se sintieron entonces libres de los bárbaros que los amenazaban [...] al tiempo que expulsaban a los magistrados e instituían a su albedrío formas propias de gobierno».

En respuesta a esta situación, en el año 410 d. C., el emperador Honorio remitió una famosa misiva (conocida como el *Rescripto de Honorio*) dirigida directamente a las ciudades de Britania, exhortándolas a que se defendieran por sus propios medios. Lo que en principio pudo interpretarse como una medida temporal de emergencia se convirtió en una separación definitiva: el dominio romano sobre la isla jamás volvió a restablecerse.

John William Waterhouse - The Favorites of the Emperor Honorius - 1883

El Rápido Colapso de la Cultura Material

Una vez cortados los vínculos políticos y económicos con el Imperio, la compleja sociedad urbana de Britania se desmoronó a una velocidad pasmosa, en un proceso que los historiadores modernos describen como un auténtico abismo material. En el transcurso de una sola generación, entre el 410 d. C. y aproximadamente el 430 d. C., la civilización romana de la isla desapareció prácticamente sin dejar rastro:

   ***La industria cerámica:** Las grandes alfarerías colapsaron por completo; la cerámica manufacturada a torno y de alta calidad desapareció de forma repentina, siendo sustituida por toscas vasijas elaboradas a mano o por la carencia total de recipientes cerámicos.

 ***La producción metalúrgica:** Artículos de forja cotidianos y esenciales, tales como los clavos de hierro, dejaron de fabricarse en masa.

  ***El abandono de los núcleos urbanos:** Las villas rurales y las ciudades romanas fueron sistemáticamente abandonadas o cayeron en la ruina. Los complejos sistemas de alcantarillado, calefacción y la infraestructura hidráulica dejaron de funcionar.

  ***La crisis demográfica y comercial:** El colapso del transporte y el comercio terrestre provocó hambrunas generalizadas. La población urbana se vio obligada a deambular hacia el campo en busca de sustento básico, desarticulando la estructura social y dando paso a un escenario dominado por los saqueos, el pillaje y la violencia. Una nueva realidad, mucho mas amenazante se adueñado de la isla.

El Advenimiento de los Sajones y la Nueva Realidad Arqueológica

A mediados del siglo V, la desamparada población britana recurrió al empleo de tropas mercenarias germánicas para contener los asaltos de los pueblos del norte, una decisión que alteró de forma definitiva la composición étnica y cultural de la isla.


      El Relato Tradicional: Gildas y Beda

De acuerdo con las fuentes literarias tradicionales —encabezadas por la crónica *De Excidio et Conquestu Britanniae* del monje Gildas (siglo VI) y expandidas posteriormente por Beda el Venerable en su *Historia Ecclesiastica* (siglo VIII)—, los dirigentes britanos, sumidos en el caos y acosados por pictos y escotos, celebraron un consejo general encabezado por un líder supremo llamado Vortigerno. En dicho consejo se acordó contratar a contingentes de guerreros sajones como mercenarios (*foederati*), ofreciéndoles tierras en la zona oriental de la isla a cambio de su protección militar. Nada extraño en la historia reciente del Imperio romano.

La tradición relata que los primeros contingentes llegaron a mediados del siglo V a bordo de tres barcos (*ciulae*), comandados por dos hermanos cuyos nombres eran Hengist y Horsa, posiblemente son nombres inventados. Tras cumplir inicialmente con su labor defensiva repeliendo a los enemigos del norte, los sajones exigieron provisiones y raciones cada vez mayores. Ante la imposibilidad de los britanos de satisfacer sus demandas, los mercenarios rompieron los pactos, forjaron alianzas con los pictos y desataron una rebelión sangrienta que asoló la isla de costa a costa, destruyendo ciudades y masacrando a la población civil. Si bien autores como Beda sitúan de forma precisa la llegada de los sajones en torno a los años 446 a 449 d. C. —vinculándola al consulado de Aecio y al reinado del emperador Marciano—, fuentes alternativas como la *Crónica Gala del año 452* sugieren que Britania ya había caído bajo el dominio sajón bastantes años antes, hacia el 441 d. C..

      Batalla del monte Badon o de Badon Hill (500?)                                                                            
       entre las fuerzas britano-romanas derrotaron a una incursión anglosajona                                


Frente al catastrofista relato literario de una invasión militar fulminante y un exterminio biológico total de la población romano-britana, el registro arqueológico contemporáneo ofrece una visión sustancialmente diferente y compleja de la realidad en las décadas centrales del siglo V (especialmente a partir del 430-440 d. C.), el este y el sur de Britania registran la aparición abrupta de cementerios asociados a una cultura material netamente germánica, con paralelismos exactos en las regiones del norte de Alemania y la península de Jutlandia. Los yacimientos arqueológicos documentan dos novedades fundamentales en las prácticas funerarias que rompen por completo con las costumbres romanas previas:

 **La cremación en urnas:** Grandes necrópolis de cremación, como la de Spong Hill (Norfolk), muestran la introducción de enterramientos donde los restos incinerados se depositaban en vasijas globulares decoradas con motivos geométricos y estampados, idénticas a las halladas entre los ríos Elba y Weser.

El cementerio de Spong Hill (Norfolk) alberga 2259 cremaciones y 57 inhumaciones. Estuvo en uso durante aproximadamente 150 años, tiempo durante el cual se enterraron entre 2500 y 3000 personas. Esto implica que daba servicio a una población de alrededor de 750 personas.

 **La inhumación con ajuares:** Se generaliza la sepultura de individuos vestidos acompañados de objetos personales de uso cotidiano y suntuario que reflejan su identidad cultural. Entre estos objetos destacan peines de hueso, armas (lanzas y escudos) y, de forma muy representativa, broches metálicos utilizados para sujetar la vestimenta femenina.


Distribución de los cementerios anglianos primitivos, donde predominaba la cremación (representados por cuadrados rellenos), comparados con los artefactos sajones de la segunda mitad del siglo V (representados por estrellas) y los límites provinciales del Imperio Romano tardío. Crédito de la imagen: CR Green; publicada en Green, Britons and Anglo-Saxons , 2012, fig. 21a.

Esta distribución del registro material corrobora que la ocupación germánica del siglo V no respondió a un mandato unificado, sino a un flujo constante e inconexo de diversas tribus —sajones, anglos, jutos y, según menciona Beda, también frisones y francos— que se asentaron e interactuaron de formas muy diversas con los reductos de la población local, asimilando o desplazando las viejas fronteras políticas de las antiguas provincias romanas de la isla que va a dejar su pasado romano atrás y a comenzar un difícil camino hacia una nueva realidad que tardará siglos en igualar los niveles de vida que, como parte del Imperio romano, llegó a alcanzar la isla.


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