| Foto del casco de Sutton Hoo vista desde el frente |
Hay un indicativo muy seguro de la existencia de conflictividad en un territorio: los enterramientos de monedas y de los bienes preciosos. Un ejemplo interesante: el conocido como tesoro de Hoxne. Son más de 584 monedas de oro y más de 14.000 monedas de plata además de vajillas de platas, cucharones, cubiertos, etc. En varios de estos valiosos utensilios de cocina aparece el nombre de un tal Aurelio Víctor ¿Tal vez el propietario de los objetos y de las monedas enterradas?
En Britania se han encontrado más de mil enterramientos sobre todos en Anglia Oriental, Mildenhall, Eve, etc. Una idea importante, la mayoría de estos enterramientos se han realizado en el siglo IV y sobre todo en el V a medida. ¿Qué estaba pasando en la isla?¿ Por qué las personas que realizaron estos ocultamientos no llegaron nunca a recuperar sus propiedades?
Si juzgamos dejándonos llevar por la opulencia de las villas romanas de esta época, la isla conoció, durante el siglo IV, uno de los momentos más prósperos de su economía, lo que no quiere decir que la riqueza estuviera repartida de una manera justa. La mayor parte de la población era explotada muy duramente. El las afueras de la ciudad romana de Dorchester, se encontró en los años 60 un cementerio con más de 1.200 enterramientos que podemos fechar en el siglo IV. La mayoría de los huesos encontrados mostraban indicios de desgaste asociados a la práctica de un duro trabajo y a una mala nutrición. Esto no quiere decir que la colonización romana de la isla no supuso un aumento de la calidad de vida de la población a medio y largo plazo.
| Recreación ( con IA) del día a día en una ciudad britana |
La esclavitud, de hecho ya existía en el mundo celta. Sin embargo, Roma introdujo la cerámica fabricada a escala industrial accesible a la mayor parte de los britano-romanos, los edificios en su mayor parte disponían de tejados cubiertos con tejas que, al igual que la mayor parte de los artículos más comunes de consumo, se producían en masa. En el aspecto agrícola la situación mejoró sensiblemente gracias a la introducción del arado pesado con vertedera que removía la tierra más profundamente que los modelos utilizados por los celtas. Además se drenaron pantanos, se aumentaron las tierras de uso agrícola talando bosques. Las ciudades y pueblos romanos minuciosamente diseñados disponían de desagües y alcantarillado. La población en un porcentaje muy elevado estaba alfabetizada y la moneda circulaba en un porcentaje mucho mayor. La isla estaba surcada por calzadas que, pensadas con una finalidad militar, también conectaban los diferentes territorios, favoreciendo el comercio y el intercambio entre las diferentes partes de la isla. A partir del siglo III y de la Constitutio Antoniana, emitida por Caracalla en el 212, todos los habitantes libres del Imperio, los de Britania incluidos, eran ciudadanos. Todo ello hizo posible que la población en la isla se elevara a un número de entre dos y seis millones de personas, depende del historiador que se consulte. Los romanos pensaban que su Imperio sería eterno, sin embargo, en apenas una sola generación todo esto que hemos descrito desapareció. Los pueblos y ciudades se arruinaron, las monedas dejaron de acuñarse y de circular y los productos normales, antes en los mercados, dejaron de circular, desaparecieron, lo que forzó a los britanos a rebuscar entre los escombros para reutilizar y reparar aquello que aún podía tener uso. Otros, con menos escrúpulos aprovecharon la desaparición de la autoridad del Estado para aprovecharse de los más débiles. ¿Qué había pasado?
Los Antecedentes del Declive y las Crisis del
Siglo IV
Para comprender la profunda transformación que experimentó la
provincia de Britania durante el siglo V, es imperativo analizar el deterioro
estructural y las amenazas externas que se manifestaron a lo largo de las
décadas precedentes.
A finales del siglo III, específicamente en el año 286 d. C., el
vasto Imperio romano se dividió formalmente en dos mitades debido a la
imposibilidad material de gobernarlo desde una sola capital: la oriental y la
occidental, integrando esta última a Italia, Hispania, la Galia y Britania. A
partir de ese momento, salvo breves periodos excepcionales, el territorio se
rigió bajo el mandato de dos emperadores en imperios separados con ejércitos
diferenciados.
A pesar de su plena integración en el bloque imperial de
Occidente, los estudios arqueológicos de los yacimientos romanos sugieren que
Britania se hallaba en un franco declive a finales del siglo IV. Hacia el año
375 d. C., la ocupación de las villas rurales se había reducido ya en un
tercio, mientras que en las ciudades la actividad cayó a la mitad. Las clases
populares se vieron gravemente golpeadas por repetidas incursiones bárbaras,
aunque el factor desencadenante definitivo para todo el entramado imperial
occidental fue la irrupción de los hunos en el este de Europa hacia el año 376
d. C., provocando desplazamientos masivos de pueblos como los godos y la
subsiguiente catástrofe militar de Adrianópolis en 378 d. C.. Las consecuencias
de este desastre obligaron a desviar tropas desde el occidente hacia el oriente
y a ir confiando progresivamente la defensa del limes del Rin a foederati
germanos que cultivaban sus provisiones en las tierras que les cedía el Imperio
haciendo innecesario el suministro del limes del Rin, producido y enviado desde
época de Constantino en las ricas haciendas de Britania que, usando los
cauce del Támesis, el mar y la desembocadura del Rin llegaba fácil y
económicamente a las guarniciones fronterizas romanas.
Las Amenazas Marítimas y Terrestres
Hacia mediados del siglo III surgió una nueva amenaza para la provincia: invasores procedentes de Germania, al norte de los ríos Rin y Danubio y al oeste del Vístula, a quienes los romanos englobaban bajo el término genérico de «sajones». Estos grupos comenzaron a atacar y saquear la costa sudoriental de la isla.
Para contrarrestar la amenaza, el Estado romano realizó una descomunal inversión económica destinada a levantar las murallas de las ciudades y a construir un elaborado sistema de fortalezas a lo largo de las costas del sur y del este, fortificaciones conocidas en su conjunto como los *fuertes de la costa sajona*.
En enclaves estratégicos como Richborough (Kent), Portchester, Pevensey y Caister-on-Sea se erigieron baluartes formidables. En el caso de Richborough, un bullicioso puerto devastado previamente por las incursiones, se transformó a finales del siglo III en una fortaleza rodeada por una triple línea de fosos y muros de piedra de siete metros de altura y más de diez de grosor.
Reconstrucción del fuerte de Richborough
Paralelamente, el norte de la provincia sufría la presión de los
pictos. En el año 343 d. C., el emperador Constante dirigió personalmente una
expedición defensiva, y las fortificaciones del Muro de Adriano debieron ser recompuestas
de forma repetida.
En la década de 360 d. C. la crisis se agravó notablemente con la
llegada coordinada de invasores que cruzaban el mar desde Irlanda: los escotos
y los attacotti. Esta presión culminó en el año 367 d. C. con un motín
generalizado en el propio Ejército romano de Britania, forzando el envío de una
nueva expedición militar desde el continente para restablecer el orden
político.
Inestabilidad Política, Usurpaciones y el Fin
del Flujo Monetario
La guarnición militar de Britania, descontenta y asilada, se
convirtió en un foco constante de usurpaciones y alzamientos militares que
terminaron por desestabilizar la relación de la isla con la administración
central del Imperio de Occidente.
Las Usurpaciones militares
El primer gran episodio desestabilizador se produjo en el año 383
d. C., cuando el ejército estacionado en Britania se rebeló contra el emperador
Graciano y aclamó como líder a Magno Máximo que cruzó al continente con una
parte sustancial de las tropas britanas, invadió la Galia, derrotó a Graciano y
estableció su corte imperial en Tréveris protagonizando una de las usurpaciones
más exitosas y duraderas de ese siglo. Cinco años más tarde, en el 388 d. C.,
Máximo fue derrotado y muerto por el emperador de Oriente, Teodosio I. Las
consecuencias para Britania fueron desastrosas: las tropas que marcharon con él
jamás regresaron, debilitando severamente la defensa de la provincia.
Documentos como la *Notitia Dignitatum* reflejan que unidades anteriormente
acantonadas en Gales y en el norte de la isla habían sido permanentemente
trasladadas al continente europeo o reubicadas en el sudeste, como la Legio II
Augusta, desplazada de Caerleon a Richborough.
A la muerte de Teodosio en el 395 d. C., el Imperio quedó dividido definitivamente entre sus hijos Arcadio que asumió el gobierno de Oriente y Honorio en Occidente. En la nochevieja del año 406 al 407, la crisis militar en el continente estalló con la invasión de la frontera del Rin por una confederación de pueblos bárbaros (vándalos, alanos y suevos). Ante el pánico de una invasión inminente y la aparente inacción del gobierno central, las tropas de Britania se rebelaron y proclamaron de forma sucesiva a tres emperadores en apenas unos meses: primero a un soldado llamado Marco, inmediatamente asesinado; luego a un civil de la aristocracia local llamado Graciano, ejecutado cuatro meses después; y finalmente, en el año 407 d. C., a un soldado llamado Constantino III.
El Colapso de la Economía Monetaria
El reflejo más nítido y drástico del fin de la administración
romana en Britania es el cese fulminante de la llegada de moneda. La economía
de la provincia dependía por entero del dinero enviado mensualmente por el
Estado para pagar a los soldados y funcionarios; este numerario, a su vez,
estimulaba los mercados locales y la producción artesanal.
El registro arqueológico demuestra con exactitud que el año 402 d.
C. es el último en el que las monedas romanas entraron en cantidades
significativas a la isla. Tras ese año, las emisiones procedentes de las cecas
occidentales, especialmente de Milán y Tréveris, cesaron por completo debido a
las guerras civiles y las invasiones en el continente. En la práctica esto nos
indica que desde Ravena, dejaron de abonar la paga a los soldados romanos
en Britania y sin salario no habia ejército. Sin la paga militar, las
autoridades britanas carecieron de incentivos y de medios para sostener el
aparato burocrático. El célebre Tesoro de Hoxne (Suffolk), ocultado con
posterioridad al año 407 d. C., ilustra perfectamente este periodo de
incertidumbre: contiene 14.865 monedas de plata mezcladas con piezas recortadas
en sus bordes, una práctica desesperada de los habitantes locales para
multiplicar el circulante ante la falta total de remesas oficiales.
La Ruptura con Roma y el Colapso Material de la
Sociedad
La falta de protección militar y el desabastecimiento financiero
empujaron a la población civil a tomar una decisión drástica e irreversible
respecto a sus vínculos con el Imperio romano.
Según relata el historiador griego Zósimo, en el año 408 d. C.
Britania sufrió una devastadora invasión sajona que las mermadas defensas
locales no pudieron contener. Ante la total desatención de Constantino III y
del gobierno legítimo de Rávena, los britanos adoptaron una medida excepcional
en el año 409 d. C.: se rebelaron formalmente contra la administración romana,
expulsaron a los magistrados e intendentes imperiales que pretendían seguir
recaudando impuestos, y tomaron las armas por su propia iniciativa para
defender sus ciudades de los ataques bárbaros. Zósimo señala explícitamente
que:
«La autodefensa era sinónimo de autogobierno
[...] se sintieron entonces libres de los bárbaros que los amenazaban [...] al
tiempo que expulsaban a los magistrados e instituían a su albedrío formas
propias de gobierno».
En respuesta a esta situación, en el año 410 d. C., el emperador
Honorio remitió una famosa misiva (conocida como el *Rescripto de Honorio*)
dirigida directamente a las ciudades de Britania, exhortándolas a que se
defendieran por sus propios medios. Lo que en principio pudo interpretarse como
una medida temporal de emergencia se convirtió en una separación definitiva: el
dominio romano sobre la isla jamás volvió a restablecerse.
John William Waterhouse - The Favorites of the Emperor Honorius - 1883
El Rápido Colapso de la Cultura Material
Una vez cortados los vínculos políticos y económicos con el
Imperio, la compleja sociedad urbana de Britania se desmoronó a una velocidad
pasmosa, en un proceso que los historiadores modernos describen como un
auténtico abismo material. En el transcurso de una sola generación, entre el
410 d. C. y aproximadamente el 430 d. C., la civilización romana de la isla
desapareció prácticamente sin dejar rastro:
***La industria cerámica:** Las grandes alfarerías
colapsaron por completo; la cerámica manufacturada a torno y de alta calidad
desapareció de forma repentina, siendo sustituida por toscas vasijas elaboradas
a mano o por la carencia total de recipientes cerámicos.
***La producción metalúrgica:** Artículos de forja
cotidianos y esenciales, tales como los clavos de hierro, dejaron de fabricarse
en masa.
***El abandono de los núcleos urbanos:** Las villas rurales
y las ciudades romanas fueron sistemáticamente abandonadas o cayeron en la
ruina. Los complejos sistemas de alcantarillado, calefacción y la infraestructura
hidráulica dejaron de funcionar.
***La crisis demográfica y comercial:** El colapso del
transporte y el comercio terrestre provocó hambrunas generalizadas. La
población urbana se vio obligada a deambular hacia el campo en busca de
sustento básico, desarticulando la estructura social y dando paso a un
escenario dominado por los saqueos, el pillaje y la violencia. Una nueva
realidad, mucho mas amenazante se adueñado de la isla.
El Advenimiento de los Sajones y la Nueva
Realidad Arqueológica
A mediados del siglo V, la desamparada población britana recurrió
al empleo de tropas mercenarias germánicas para contener los asaltos de los
pueblos del norte, una decisión que alteró de forma definitiva la composición
étnica y cultural de la isla.
El Relato Tradicional: Gildas y Beda
De acuerdo con las fuentes literarias tradicionales —encabezadas
por la crónica *De Excidio et Conquestu Britanniae* del monje Gildas (siglo VI)
y expandidas posteriormente por Beda el Venerable en su *Historia
Ecclesiastica* (siglo VIII)—, los dirigentes britanos, sumidos en el caos y
acosados por pictos y escotos, celebraron un consejo general encabezado por un
líder supremo llamado Vortigerno. En dicho consejo se acordó contratar a
contingentes de guerreros sajones como mercenarios (*foederati*), ofreciéndoles
tierras en la zona oriental de la isla a cambio de su protección militar. Nada
extraño en la historia reciente del Imperio romano.
La tradición relata que los primeros contingentes llegaron a
mediados del siglo V a bordo de tres barcos (*ciulae*), comandados por dos
hermanos cuyos nombres eran Hengist y Horsa, posiblemente son nombres
inventados. Tras cumplir inicialmente con su labor defensiva repeliendo a los
enemigos del norte, los sajones exigieron provisiones y raciones cada vez
mayores. Ante la imposibilidad de los britanos de satisfacer sus demandas, los
mercenarios rompieron los pactos, forjaron alianzas con los pictos y desataron
una rebelión sangrienta que asoló la isla de costa a costa, destruyendo
ciudades y masacrando a la población civil. Si bien autores como Beda sitúan de
forma precisa la llegada de los sajones en torno a los años 446 a 449 d. C.
—vinculándola al consulado de Aecio y al reinado del emperador Marciano—,
fuentes alternativas como la *Crónica Gala del año 452* sugieren que Britania
ya había caído bajo el dominio sajón bastantes años antes, hacia el 441 d. C..
Batalla del monte Badon o de Badon Hill (500?)
entre las fuerzas britano-romanas derrotaron a una incursión anglosajona
Frente al catastrofista relato literario de una invasión militar
fulminante y un exterminio biológico total de la población romano-britana, el
registro arqueológico contemporáneo ofrece una visión sustancialmente diferente
y compleja de la realidad en las décadas centrales del siglo V
(especialmente a partir del 430-440 d. C.), el este y el sur de Britania
registran la aparición abrupta de cementerios asociados a una cultura material
netamente germánica, con paralelismos exactos en las regiones del norte de
Alemania y la península de Jutlandia. Los yacimientos arqueológicos documentan
dos novedades fundamentales en las prácticas funerarias que rompen por completo
con las costumbres romanas previas:
**La cremación en urnas:** Grandes necrópolis de cremación,
como la de Spong Hill (Norfolk), muestran la introducción de enterramientos
donde los restos incinerados se depositaban en vasijas globulares decoradas con
motivos geométricos y estampados, idénticas a las halladas entre los ríos Elba
y Weser.
El cementerio de Spong Hill (Norfolk) alberga 2259 cremaciones y 57 inhumaciones. Estuvo en uso durante aproximadamente 150 años, tiempo durante el cual se enterraron entre 2500 y 3000 personas. Esto implica que daba servicio a una población de alrededor de 750 personas.
**La inhumación con ajuares:** Se generaliza la sepultura de
individuos vestidos acompañados de objetos personales de uso cotidiano y
suntuario que reflejan su identidad cultural. Entre estos objetos destacan
peines de hueso, armas (lanzas y escudos) y, de forma muy representativa,
broches metálicos utilizados para sujetar la vestimenta femenina.
Distribución de los cementerios anglianos primitivos, donde predominaba la cremación (representados por cuadrados rellenos), comparados con los artefactos sajones de la segunda mitad del siglo V (representados por estrellas) y los límites provinciales del Imperio Romano tardío. Crédito de la imagen: CR Green; publicada en Green, Britons and Anglo-Saxons , 2012, fig. 21a.
Esta distribución del registro material corrobora que la ocupación germánica del siglo V no respondió a un mandato unificado, sino a un flujo constante e inconexo de diversas tribus —sajones, anglos, jutos y, según menciona Beda, también frisones y francos— que se asentaron e interactuaron de formas muy diversas con los reductos de la población local, asimilando o desplazando las viejas fronteras políticas de las antiguas provincias romanas de la isla que va a dejar su pasado romano atrás y a comenzar un difícil camino hacia una nueva realidad que tardará siglos en igualar los niveles de vida que, como parte del Imperio romano, llegó a alcanzar la isla.
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