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viernes, 20 de febrero de 2026

LA MORTAL LUCHA POR EL PODER EN EL TARDOIMPERIO ROMANO. CRIMEN, POLÍTICA Y DINASTIA EN LA CASA DE CONSTANTINO.

Un artículo de Federico Romero Díaz para HRA.

La historiografía tradicional ha presentado a menudo el siglo IV como una era de renovación espiritual, económica y administrativa. Y hasta cierto punto, es una afirmación cierta. Bajo la dirección de hombres como Galerio, Constantino el Grande o Licinio, el Imperio romano abandonó las persecuciones religiosas y se refundó en una nueva capital, Constantinopla. También se llevaron a cabo numerosas reformas en todos los ámbitos, algunas ya iniciadas por emperadores anteriores como Galieno, Aureliano o Diocleciano. 

Helena exige la vida de Fausta (arrodillada ante su marido) a su hijo el emperador Constantino, apenado por haber ordenado la muerte de crispo.

La brillante retórica de los panegíricos -un instrumento de propaganda imperial dedicado a glorificar al emperador gobernante y a envilecer a sus enemigos-- despliega una realidad mucho más sombría. La lucha por el poder en el Imperio romano siempre fue un juego en el que se podía llegar a pagar con la vida perder la partida. Sin embargo en esta época las condiciones del juego se endurecen aún más y se llega a niveles de crueldad difíciles de asimilar. La desaparición de la Tetrarquía —el sistema de gobierno compartido ideado por Diocleciano para evitar guerras civiles— no dio paso a una era de concordia, sino a una lucha darwiniana donde la proximidad biológica al emperador podía convertirse, paradójicamente, en una sentencia de muerte inapelable.

 1. Constantino I: El arquitecto del absolutismo y sus sacrificios familiares

                                  Estatua de Constantino en Roma.            

Constantino I, es recordado como el primer emperador cristiano, pero su ascenso al poder absoluto fue un camino jalonado por la eliminación física de sus rivales, tanto políticos como consanguíneos. Para que Constantino sobreviviera debía convertirse en el contexto político en el que desarrolló su carrera en el único en la cima del poder, el sistema tetrárquico, o cualquier otro que supusiera compartir el poder, debía ser derribado y con él, todos aquellos que pudieran reclamar una legitimidad que rivalizara de cualquier manera con la suya.

   Su suegro Maximiniano. El gran militar pero un fracaso como conspirador. 

El primer gran crimen dentro del círculo familiar fue el de su suegro, el emperador Maximiano. En el año 310, tras una serie de complejas maniobras políticas, Maximiano, un gran militar pero un pésimo conspirador, trató de arrebatarle el poder a Constantino contándole a los soldados que este había muerto en el Rin, mientras luchaba contra los germanos. Se rebeló en la corte de Arlés pero pronto tuvo que huir a Marsella ante la rápida respuesta de su yerno que se apresuró en sofocar la intentona. Al ser capturado, Constantino  mostró piedad hacia su suegro que no fue inmediatamente ajusticiado. Al fin y al cabo era el padre de su esposa Fausta. Parece que Maximiniano no aprendió la lección y al poco tiempo volvió a conspirar. En esta ocasión fue su propia hija, la que le denunció a Constantino que ya no mostró piedad con el viejo augusto que, a pesar de sus grandes victorias en los campos de batalla, fue un fracasado en el mundo de las conspiraciones --que sepamos también fracasó en su intento de derrocar a su propio hijo Majencio--.  Aunque la propaganda constantiniana, interesada en limpiar la imagen del emperador, hablaron de un suicidio por remordimiento, la realidad histórica sugiere una ejecución forzada. Maximiano fue "invitado" a quitarse la vida, eliminando así a un veterano que aún gozaba de gran prestigio entre las legiones pero que al parecer no podía evitar conspirar contra aquellos que le acogían en su corte.



    La muerte de Majencio, el cuñado de Constantino. 

Reconstrucción (con IA) del rostro de Maximiniano
 a partir del colosal busto en mármol del museo Saint-Raymond en Toulouse.
Tras la muerte de Maximiniano y la reincorporación de Constantino como césar a la esfera de poder de la Tetrarquía, encabezada ahora por Galerio y Licinio, el enfrentamiento con Majencio se hizo inevitable. Majencio partía de una posición de desventaja, pues debía de protegerse en el norte de Italia de los posibles ataques de Licinio por el este y de Constantino por el oeste. Finalmente, sin permiso de sus superiores jerárquicos, el ambicioso Constantino invadió Italia por la zona oeste de los Alpes y pronto se hizo con el control de toda la región derrotando a las tropas de Majencio y matando en la batalla de Verona a Pompeyo Pompeyano, el prefecto del pretorio de su cuñado.

El enfrentamiento definitivo entre Constantino y Majencio, culminado en la batalla del Puente Milvio en octubre de 312, representó el colapso final del sistema tetrárquico y el nacimiento de una nueva legitimidad monárquica basada en la victoria militar y el favor divino. Según su propia propaganda, asumida por los historiadores posteriores como Zósimo, en realidad Constantino emprendió una valiente campaña deliberación de una oprimida 

Italia desde la Galia, superando obstáculos militares para desafiar al "tirano" que controlaba Roma. Este conflicto fue presentado no como una simple guerra civil, sino como una misión de liberación, donde la legitimidad de Constantino se construyó a través de la derrota física de su tiránico rival. 

El desastre para Majencio se consumó cuando decidió abandonar la seguridad de las murallas de Roma para presentar batalla en campo abierto. En medio de la retirada caótica de sus tropas, la estructura provisional de barcas que se había dispuesto para sustituir al destruido puente Milvio, colapsó, provocando que Majencio, abrumado por el peso de su propia armadura, muriera ahogado en las aguas del río Tíber. En la victoria fue importante la cohesión de las tropas, muchas de origen germano, que acompañaban a Constantino y que resultaron decisivas frente a las fuerzas más heterogéneas de Majencio. 

Visión de Constantino y la batalla del Puente Milvio en un manuscrito bizantino del siglo IX.

Al día siguiente de la batalla, el cuerpo del caído fue recuperado y su cabeza exhibida en una pica durante la entrada triunfal de Constantino en la ciudad, marcando el inicio de una era donde el poder absoluto se revestiría de una nueva sacralidad religiosa y política que transformaría el Imperio para siempre.

Constantino entra triunfante en Roma, por Peter Paul Rubens (ca. 1621).


    Licinio, el augusto de Oriente, debe morir.

Las relaciones entre Constantino y Licinio, antes de su enfrentamiento final en Crisópolis (324), estuvieron marcadas por una tensa alternancia entre la colaboración estratégica y la ambición dinástica. Inicialmente, forjaron una alianza crucial en Milán (313), sellada con el matrimonio de Constancia, hermana de Constantino, con Licinio, y la promulgación de políticas de tolerancia religiosa. A pesar de loslazos familiares, del nacimiento de un heredero del matrimonio entre Licinio y la hermana de Constantino llamdo Licinio que pudo unir ambas familias pronto acabó la armonía debido a la desconfianza mutua y a incidentes como la conocida conspiración de Basiano. La conocida como conspiración de Basiano ocurrió tras nombrar a su cuñado Basiano como César para una zona que estaba bajo la influencia de Constantino, los Balcanes. El nombramiento dejó de tener sentido para Constantino cuando su joven esposa, Fausta, dio a luz a un nuevo heredero- ya tenía a Crispo de un enlace anterior con una mujer llamada Minervina que probablemente falleció poco después de dar a luz-- Instigado por Licinio a través de su hermano Senecio, el inquieto Basiano planeó rebelarse contra Constantino, pero el complot fue descubierto antes de que pudiera llevarse a cabo. La traición terminó con la ejecución de Basiano y la exigencia a Licinio de la entrega de Senecio. El rechazo de tal exigencia proporcionó a Constantino el pretexto legal para iniciar la primera guerra civil contra Licinio en el año 316.

Pintura de Rubens de principios del siglo XVII que representa el matrimonio de Constantino con Fausta y el de Licinio con Flavia Julia Constancia, hermana de Constantino. Se trata de una licencia de Rubens porque los dos desposorios no se celebraron juntos, sino en años y lugares diferentes. A la izquierda un toro que va a ser sacrificado en honor de los dioses Júpiter y Juno cuyas estatuas presiden la ceremonia. La obra forma parte de las pinturas que realizó Rubens para la serie de tapices encargados por el rey de Francia Luis XIII conocida como La historia de Constantino.

Este episodio, marcó el punto de ruptura definitivo de la alianza sellada anteriormente en el acuerdo de Milán. Se desencadenó una primera guerra civil entre 316 y 317, con batallas en Cibalae y Campus Ardiensis. Aunque la paz de Serdica (317) detuvo temporalmente las hostilidades y repartió el control territorial —obligando a Licinio a ceder gran parte de los Balcanes—, la rivalidad se profundizó por sus divergentes enfoques religiosos y el deseo de Constantino de alcanzar el poder absoluto. Para el año 324, la fachada de la concordia se había desmoronado completamente, transformando al antiguo aliado y cuñado en el último obstáculo para la unificación del Imperio bajo una sola corona.

Tras la victoria definitiva en la batalla de Crisópolis (324) contra Licinio, Constantino prometió a su hermana Constancia que respetaría la vida de su marido. Licinio fue enviado al exilio en Tesalónica, pero la clemencia de Constantino era un recurso temporal. En 325, bajo una vaga acusación de conspiración con bárbaros del Danubio, Constantino ordenó su estrangulamiento. La purga se extendió rápidamente a su sobrino, Liciniano. Constantino no dejaba cabos sueltos. A pesar de ser solo un niño y tener su sangre, fue ejecutado para asegurar que no quedara rastro de la línea sucesoria de su rival. No sería el último familiar consanguíneo al que ordenara asesinar.

     El misterio de Pola: Las ejecuciones de Crispo y Fausta.

El episodio más oscuro y debatido de su gobierno ocurrió en el año 326. Constantino ordenó la ejecución de su hijo primogénito, Crispo, un joven brillante, destinado a sucederle que había demostrado ser un general brillante en la guerra contra Licinio. Crispo fue ejecutado en Pola sin un juicio público. Poco después, la emperatriz Fausta, esposa de Constantino y madre de sus otros tres hijos, fue asfixiada o invitada a suicidarse en un baño de vapor excesivamente caliente.


No debemos entender estas muertes como meros arrebatos de celos (como sugieren algunas fuentes sobre un supuesto romance entre madrastra y ahijado), sino una fría decisión dinástica. Crispo, hijo de una relación anterior de Constantino con Minervina, era un obstáculo para la sucesión de los hijos de Fausta. ES posible que Fausta, con el fin de eliminar al hermanastro de sus hijos de la línea de sucesión le denunciara falsamente. Al parecer Constantino la creyó y decretó la muerte de su primogénito. Helena, la madre de Constantino al conocer el asunto alertó a su hijo de la falsedad de las acusaciones pero ya era tarde. Solo puedo invitar a Fausta a morir, posiblemente al igual que muchos conspiradores de la historia romana a abrirse las venas en un baño de vapor. Después la historia deformó el relato afirmando que la mató metiéndola en agua hirviendo.

2. Los crímenes de Licinio: La aniquilación de la vieja Tetrarquía

El exterminio del rival político no fue, ni mucho menos, un invento de Constantino, fue una práctica habitual en la lucha por el poder practicada desde el mismo origen del Imperio romano. Sin embargo, fue a partir en estos comienzos de la cuarta centuria cuando observamos un aumento en la crueldad de estas persecuiones que abarcan ahora no solo al rival político y a sus seguidores más cercanos, sino a su circulo familiar al completo, incluyendo ancianos, mujeres y niños. Antes de su caída definitiva, Licinio fue el ejecutor de una política de exterminio contra las familias de los emperadores que le precedieron. Si Constantino purgó a su propia familia para asegurar el futuro, Licinio purgó a las familias de los demás para impedir hipotéticas usurpaciones de algunos de los familiares de estos.

Tras la muerte de Galerio y la derrota de Maximino Daya en 313, Licinio se convirtió en el amo absoluto de Oriente. Su prioridad fue erradicar cualquier semilla de legitimidad que no emanara de él mismo. Ordenó la ejecución de los hijos de Maximino: un niño de ocho años y una niña de siete. Sus muertes fueron calculadas para evitar que, en el futuro, algún general descontento pudiera alzarse en nombre de la estirpe de Day

     Busto de Maximino, Museo Pushkin           

a.

    El trágico destino de Valeria y Prisca

El crimen que más manchó la reputación de Licinio fue el trato dado a Valeria, hija del gran Diocleciano y viuda de Galerio, y a su madre Prisca. Estas mujeres representaban el vínculo directo con el fundador de la Tetrarquía, es decir un valioso agente de legitimidad para cualquier hombre ambicioso que tratara de arrebatarle el poder. Tras la muerte de Galerio, Valeria se negó a casarse con Maximino Daia, lo que la llevó al exilio. Cuando Licinio tomó el control, las mujeres esperaban encontrar protección en su corte. En lugar de ello, Licinio las persiguió con saña. Después de vivir quince meses escondidas y disfrazadas entre la población, fueron capturadas en Tesalónica en el año 314. Licinio ordenó que fueran decapitadas y sus cuerpos arrojados al mar ante la mirada de la multitud. Con este acto de crueldad extrema, Licinio puso fin de forma violenta a la dinastía de Diocleciano.

Es curioso ver como el mismo y su propio hijo acabaron por experimentar el trágico final que el mismo había decretado para tantas personas.

Diocleciano rodeado de su guardia personal es
             saludado por varios cortesanos. Agnus Mc Bride                    



 3. Constancio II: La paranoia como política de Estado

A la muerte de Constantino en 337, su hijo **Constancio II** llevó el juego de poder a un nivel de eficiencia sangrienta que superó incluso a su padre. La muerte del patriarca desató un vacío de poder que solo pudo llenarse con una masacre familiar sin precedentes.

     La Gran Purga de 337

Inmediatamente después del funeral de Constantino, el ejército —probablemente instigado por Constancio II y sus hermanos— se amotinó en Constantinopla. El pretexto era que los soldados solo aceptarían a los hijos directos de Constantino en el trono. El resultado fue el asesinato de casi todos los parientes varones de la rama lateral de la familia (los descendientes de Constancio Cloro y su segunda esposa Teodora). Entre las víctimas se encontraban dos tíos de Constancio II (Julio Constancio y Dalmacio el Mayor) y varios primos, incluyendo a Dalmacio el César, a quien su tío Constantino había confiado el control de la frontera danubiana, y a Anibaliano, el esposo de su propia hermana Constantina. Esta carnicería dejó a Constancio II y sus hermanos Constantino II y Constante como los únicos dueños del Imperio. De esta purga solo sobrevivieron dos niños: Galo y el futuro emperador Juliano, salvados únicamente por su corta edad.

    La ejecución de Galo César

La desconfianza de Constancio II no se mitigó con los años. el ambiente en su corte destacó por las continuas conspiraciones, reales o ficticias , que se desarrollaban en torno al augusto. En 351, necesitando ayuda para gobernar un imperio asediado por usurpadores y bárbaros, elevó a su primo superviviente, Galo, al rango de César en el este y lo casó con su hermana Constancia. Sin embargo, la gestión de Galo en Antioquía fue caótica y violenta. Temiendo que Galo pudiera convertirse en un rival o que su impopularidad provocara una revuelta, Constancio lo llamó a Occidente con promesas de amistad.

En el trayecto, Galo fue despojado de sus insignias imperiales, arrestado y enviado a Pola (el mismo escenario de la muerte de Crispo). Allí fue interrogado y ejecutado por orden de Constancio en 354. Constancio II operaba bajo una paranoia constante, exacerbada por la influencia de eunucos y cortesanos que veían en cualquier miembro de la familia imperial a un traidor potencial. Al final este miedo a un posible rival dentro de la familia se materializó en un trato inmerecido a su sobrino Juliano, hermano de Galo y brillante estratega que acabó por usurpar el poder y rebelarse contra su tío. Solo la oportuna muerte de Constancio II y su generosidad al nombrar a Juliano sucesor, evitaron una nueva y sangrienta guerra civil en el 361.

     Representación de Juliano,   el Apóstata                                        
                                                                                     

El sangriento equilibrio del siglo IV

La transición del sistema colegiado de la Tetrarquía a la monarquía hereditaria no fue un proceso de pacificación, sino una lucha de "suma cero". El siglo IV fue una época donde la legitimidad se escribía con sangre. Constantino eliminó a su suegro, a su cuñado, a su hijo y a su esposa para forjar un imperio unido. Licinio aniquiló a las familias de sus predecesores para borrar la competencia y acabó siendo víctima de su cuñado Constantino. Y finalmente, Constancio II masacró a sus tíos y primos para que el poder no se fragmentara y para evitar que nadie, a parte de sus hermanos estuviera a su mismo nivel en el sistema de    poder imperial.

Este "sangriento juego de poder" transformó la naturaleza del emperador: ya no era solo el primer ciudadano o el general supremo, sino un monarca sagrado cuya seguridad dependía del aislamiento de su entorno. El hecho de que la Iglesia y los panegiristas posteriores silenciaran o justificaran estos crímenes solo es la prueba del éxito de la dinastía constantiniana en imponer su narrativa. Sin embargo, los hechos descritos en estos textos nos recuerdan que la "Paz de Constantino" fue, en realidad, una paz construida sobre las cenizas de su propia familia.

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