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martes, 13 de octubre de 2020

La odisea de la Mesa de Salomón, el Missorium y otros objetos sagrados. El destino del tesoro real visigodo.

Escrito por Federico Romero Díaz

Estamos en el año 410 d. C, el godo Alarico se ha plantado por tercera vez en dos años ante los muros de Roma. Esta frustrado tras el repetido fracaso de sus negociaciones con Honorio. No ve la manera de formar parte de ese imperio que una vez y otra vez se niega a negociar así que, esta vez, decide saquear la antigua capital. La vieja Urbs no estaba preparada para el cerco, no podía aguantar un nuevo asedio, el hambre y la enfermedad se extendían por sus calles y el 24 de agosto la Puerta Salaria fue abierta desde dentro dejando el paso libre a los visigodos.

Alarico durante el asedio de Roma.
 
Aunque hubo los robos, violaciones y asesinatos, inevitables en estas situaciones, Alarico organizó con cierto orden el saqueo de Roma. Las familias más ricas pagaron enormes sumas por su libertad e integridad, no hubo matanzas en masa ni la población fue esclavizada masivamente. Tras abandonar la ciudad, el botín, que los carros de los visigodos transportaban en su marcha al sur de Italia, era inmenso. En ellos se transportaban también los trofeos y tesoros sagrados que Roma había acumulado en sus campañas a lo largo de siglos. Habían sido depositados y conservados en el Forum Pacis de Vespasiano y otros lugares sagrados de la ciudad. Ahora pasaron a integrar el tesoro real visigodo.

Saqueo visigodo de Roma

Sabemos que, ya en en la Galia y después en Hispania, cotidianamente los reyes godos visitaban el tesoro regio de un modo casi ritual y que además existía un dignatario que lo controlaba, el conde del tesoro. De esas riquezas dependía la legitimidad del monarca, pues se usaban para el pago a sus seguidores. A veces viajaba con el rey en sus campañas, aunque eso a veces demostró no ser una buena idea. Por ejemplo el rey Agila (549-555), lo llevaba con él cuando una sublevación lo derrotó en Córdoba. Consiguió huir a Mérida pero, separado de su tesoro, fue asesinado allí por sus propias huestes.

Por este tipo de sucesos las riquezas reales permanecieron , probablemente en la sede del poder regio, Toledo.

 

Vamos a seguir la pista a través de los siglos a ese tesoro y a algunos de los objetos más notables que lo componían.

La Mesa de Salomón: era uno de los objetos sagrados del sancta santorum del Templo de Salomón. Fue durante siglos la pieza principal de ese tesoro que los godos exhibían con orgullo como muestra de su importancia a lo largo de la historia. La encargó Salomón para el Templo de Jerusalén a mediados del siglo X a. C y allí estuvo hasta que en el siglo VI a. C Nabucodonosor la llevará como parte del botín a Babilonia tras saquear la capital de los judíos que, gracias a Ciro, volverán a disfrutar de esos objetos en su templo en el 539 a. C.

La Mesa les fue devuelta tras la toma de Babilonia junto a varios miles de objetos saqueados en Jerusalén. Allí, en el Templo que Herodes el grande mandó construir, seguía junto a la menorá y otros valiosos objetos en el 70 d.C. En ese año, Tito, futuro emperador e hijo de Vespasiano, arrasa la ciudad y los tesoros de su templo son transportados como trofeos a Roma, recordemos el relieve del Arco de Tito de la capital que muestra a legionarios romanos transportado en paseo triunfal por legionarios romanos.

Uno de los posibles aspectos de la Mesa de Salomón.

Allí permanecieron estos tesoros hasta el 410 cuando son incorporados por Alarico al tesoro real visigodo. A la muerte del rey en el Sur de Italia, algunos objetos de ese tesoro son enterrados con él pero la mesa no. Procopio la describe como de oro y cuajada de esmeraldas y algunas fuentes árabes, siglos más tarde, corroborarán esta descripción. La Mesa de Salomón viaja con sus nuevos dueños por la Galia, y se almacena en Tolosa hasta que la derrota de Vouille (507) ante los francos de Clodoveo obliga a su traslado primero a Carcasona donde la llegada de los ostrogodos en apoyo de sus "primos" visigodos evita in extremis que la mesa caiga en manos francas. El gran monarca ostrogodo Teodorico I, manda el traslado del tesoro visigodo, pueblo que ahora regenta, a la segura Rávena. Allí permanecerá hasta que, tras su muerte en el 526, su nieto Amalarico, ahora rey de los visigodos, reclame la vuelta del tesoro real. La nueva derrota que los francos le infringen hace que los visigodos pierdan una parte de ese tesoro pero la mesa logra salvarse junto a los objetos más valiosos. 

Otra interpretación de la Mesa de Salomón basada en la Biblia.

La caída del reino visigodo a manos del islam supuso que los objetos más valiosos de su tesoro fueran enviados como trofeo a Damasco. La Mesa de Salomón era su objeto más destacado. Ibn Abd al -Hakam hacia el 860 nos cuenta la peripecia de este precioso objeto hasta llegar manos musulmanas:

    "...Se indicó a Tariq que la mesa estaba en un castillo llamado Firas, a dos días de Toledo, gobernando por el hijo de una hermana de Rodrigo. Envió a decirle a Tariq que le concedía protección a él y a los suyos. El se presentó a Tariq, el cual le concedió el aman y le dio garantías. El jefe árabe le dijo: "Entregame la Mesa" y él la dio..."

La Mesa fue llevada por Musa ibn Nusair, el Conquistador, ante el Califa de Damasco. A partir del 715/716 se pierde la pista histórica de este fabuloso objeto. Posiblemente fue desmontada, aunque tampoco hay certeza de que así fuera.

La menorá era un candelabro de oro de siete brazos de un talento de peso, es decir unos 34 kilos. Lo mandó hacer Yahvé a Moisés. Al igual que la Mesa de Salomón fue trasladada y exhibida a Roma por Tito en el 70 donde tras ser exhibida en paseo triunfal permaneció sin grandes sobresaltos hasta el 455, año en el que Roma sufre un segundo saqueo, esta vez por los vándalos de Genserico que se la llevan a Cartago, la capital de su reino. Curiosamente Alarico no se la llevó en el saqueo visigodo de la ciudad en el 410.


Relieve del Arco de Tito en el que legionarios transportan la menorá.

En Cartago permanecerá hasta que Belisario, al mando de las legiones de Oriente acabe con la existencia del reino de los vándalos en el Norte de África.. En el 534/534 es mostrada en el abarrotado hipódromo de Constantinopla en el triunfo de Belisario. Según Procopio un judío hizo reflexionar al emperador Justiniano sobre la terrible suerte que habían corrido todas las ciudades que guardaron la menorá: Jerusalén, Babilonia, Roma y Cartago. Esto hizo reflexionar al Emperador que envió el objeto lejos de Constantinopla, a Jerusalén, de donde hacia siglos había salido. En la ciudad sagrada se le pierde la pista tras el saqueo de los persas en el 614.

El missorium o gran bandeja de oro que Aecio mandó regalar al  visigodo Turismundo tras la batalla de los Campos Cataláunicos, en la que visigodos, romanos y otros pueblos derrotaron a la confederación liderada por los hunos de Atila. Estaba fabricado en oro y gemas preciosas y pesaba unos 163 kilos. Sabemos que en época de Sisenando(631/636) aún seguía en manos godas.


Missorium
 de Hércules luchando con el León de Nemea. Siglo VI a.C.

Trató de usarlo como medio de pago para conseguir el apoyo armado de los francos frente a su rival Suintila, pero sus nobles se negaron a que un objeto tan valioso fuera entregado, debiendo pagar el monarca casi 200.000 sueldos de oro para conseguirlo. Se cree que al igual que la mesa de Salomón acabó en manos árabes tras la caída del reino visigodo viajando a Damasco donde se le pierde la pista.

La historia de estos objetos preciosos es, en cierta medida, el reflejo de nuestra historia. Fueron pasando a lo a lo largo de los siglos de unos pueblos que primero fueron conquistadores y que con el paso de los siglos pasaron a ser conquistados. Finalmente su alto valor llevó a los gobernantes más ambiciosos o tal vez más necesitados económicamente a aprovecharse no de su enorme valor como símbolos, si no del valor intrínseco que esos objetos, realizados en materiales preciosos tenían, desapareciendo de nuestra vista para siempre.

Si deseáis saber más os remitimos a nuestra bibliografía.

Fuente principal



Bibliografía para ampliar




Amaya y el tesoro real visigodo. Aula de Estudios Riojanos.

Novelas relacionadas

José Clavo Poyato.--El último tesoro visigodo.







jueves, 8 de octubre de 2020

Origen y primera expansión del islam.

Escrito por Federico Romero Díaz El islam nace en la península arábiga, a principios del silo VII. Antes de hablar de su expansión por el resto del mundo deberíamos saber cómo era ese territorio antes de la predicación de Mahoma. Podríamos distinguir tres zonas diferenciadas: --La zona más al norte estaba influenciada por el imperio romano de Oriente aunque un poco más al este eran aliados tradicionales de los persas. La primera estaba habitada por los gasaníes y la segunda por los lakmíes. Ambas tribus llevaban mucho tiempo sirviendo a persas y romanos como aliados y mercenarios. --La zona central estaba dominada por los nómadas aunque también contaba con ciudades comerciales como Medina o La Meca, donde se encontraba la Kaaba, roca de origen meteórico que se había convertido en centro de peregrinación de los politeístas preislámicos. La existencia de ese peregrinaje, unida a la influencia cristiana, judía y sasánida en La Meca, la hacían más cercana al monoteísmo, haciendo posible el surgimiento del islam en esa ciudad. --Al Sur estaba la conocida como Arabia Feliz donde se habían desarrollado algunas ciudades en la costa, gracias a su posición de privilegio en las rutas comerciales entre la India y Egipto.
Los árabes estaban organizados en tribus que frecuentemente guerreaban entre sí. Sus creencias religiosas eran cristianas, judías o animistas. Estos últimos atribuían un carácter sagrado a piedras, arboles, etc. Tendemos a imaginarlos como intrépidos soldados, que visten amplios ropajes, llevan turbantes en la cabeza y montan sobre nerviosos caballos, armados con tan solo una lanza y una curvada cimitarra, pero nos equivocamos. Su aspecto era muy similar al resto de los guerreros romanos o persas de su tiempo. Algunas de sus tribus llevaban siglos sirviendo como aliados o mercenarios en los ejércitos de estos dos grandes imperios. Eran predominantemente soldados de infantería ya que la caballería en ese momento era muy escasa y lucían las mismas espadas, yelmos y cotas de maya que los compañeros de otras naciones que servían en las huestes de Persia o Constantinopla. Curiosamente los primeros soldados del islam llegaban al campo de batalla prácticamente sin bagaje que les entorpeciera en sus desplaamientos, vivían sobre el terreno y normalmente los rebaños de ganado de cabras y ovejas que les sustentaban les seguían con días de retraso. Ellos se desplazaban en mulas o en camellos y solo en el campo de batalla usaban sus caballos que lógicamente estaban mucho más frescos que los de sus enemigos. La demografía de los árabes nunca hubiera podido mantener la expansión casi continua y en varios frentes que los musulmanes llevaron a cabo. Para nutrir sus ejércitos de soldados, incorporaban a grandes contingentes de guerreros de los pueblos sometidos, mediante pactos, mediante su contratación como mercenarios o por la fuerza en función de las circunstancias. Los árabes, étnicamente hablando fueron una minoría privilegiada en ese primer imperio islámico.
Cuando Mahoma, comerciante de La Meca, comenzó su predicación en el 610 ya era un hombre maduro, tenía unos 40 años. Tras una visión del arcángel Gabriel comienza a predicar contra la impiedad y la corrupción de la élite de su ciudad. Va a poco perfilando su doctrina, en el 619 ya reconoce que Alá es su único Dios, siendo el mismo el último de sus enviados, al igual que Abraham, Moisés y Jesús. Sin demasiados seguidores y enfrentados a los poderosos de La Meca, en el 622 se ve obligado a huir a la vecina ciudad de Yatrib, conocida después como Medina. Este suceso, conocido como Hégira servirá a los musulmanes de todo el mundo para fijar ese año como el primer año de su calendario. En Medina sus enseñanzas tienen éxito y funda la primera comunidad de creyentes de fe islámica, la umma, en la que religión y estado estarán profundamente unidos. Las fueras de los musulmanes van creciendo en número gracias a la incorporación y conversión de los guerreros de las tribus sometidas. Cuando Mahoma muere en el 632 ha conseguido unificar a casi toda Arabia. Dos años antes había conquistado La Meca a la cabeza de 10.000 guerreros.
La convertirá en la capital religiosa, siendo Medina la capital política del nuevo estado que estaba creándose. En esa fecha ya ha establecido los pilares de la nueva religión que serán: el Corán o palabra de Dios revelada y la sunna, que es un conjunto de tradiciones y sentencias atribuidas a Mahoma que los musulmanes deben seguir. A la muerte del profeta se inicia el periodo de los califas ortodoxos que va del 632 al 661. Las tensiones por la sucesión se solucionan con la proclamación de Abu Bakr(632-634) que derrota a las pocas tribus árabes que aún no se habían sometido al islam. A su muerte le sucederá Omar(634-644), también suegro de Mahoma. Los musulmanes consiguen varias victorias sobre el imperio romano de oriente. Omar conquista Siria, entrando en Damasco en el 635, Palestina (Jerusalén cae en el 638) . Su general Amr ibn al-as ocupa Egipto siendo Alejandría evacuada por los bizantinos en el 642, allí se funda Fustat, muy cerca de lo que en el futuro será la ciudad de El Cairo. Persia tampoco escapa a la expansión islámica y su capital Cesifonte cae en el 638. Y Ninive en el 641, llegando los musulmanes hasta Armenia. Omar transforma el estado árabe en un imperio teocrático proclamándose Príncipe de los Creyentes. Organiza para ello una administración en las tierras ocupadas en la que el jefe de las tropas de ocupación es al mismo tiempo el delegado de asuntos civiles, religiosos y judiciales del califa aunque mantiene, en lo esencial, la administración romana o persa preexistente. Respetó las creencias religiosas de los conquistados que bajo el estatuto de “dimmíes” o protegidos pagaban un impuesto específico. Fundó varias bases avanzadas en el límite de las nuevas conquistas que luego se convertirán en populosas ciudades. Será asesinado en Medina en el 644.
Utman, yerno de Mahoma, será su sucesor y gobernará del 644 al 656. Continuará con la política expansiva de su antecesor. Derrota a los bizantinos cuando trataban de recuperar Egipto y desde allí lanza campañas de saqueo sobre el Norte del África bizantina hasta Cartago. Funda la base avanzada de Barca y se establece el límite entre romanos y árabes en torno a la Tripolitania. También supo hacer frente a Constantinopla en el mar y saqueó Chipre y Rodas derrotando a los romanos en la Batalla de los Mástiles en 655. Morirá también asesinado, siendo sustituido por otro yerno de Mahoma, Alí. Su nombramiento no va a ser aceptado por todos y deberá imponerse militarmente a los seguidores de Aixa, la viuda de Mahoma, en la batalla del Camello o de Yámal, junto a Basora en el 656. Trasladará la capital a la base de Kufa(Irak) perdiendo Medina su importancia política. En Siria su gobernador Muawiya, de la poderosa familia de los Omeyas, tampoco reconocerá su autoridad. Ambos acaban sometiéndose a un arbitraje que tras un tiempo falla a favor del omeya. Alí se repliega a su feudo de Kufa en Irak, aunque morirá asesinado en el 661. Está muerte supondrá la división del Islam en sus dos grandes ramas los chiíes que piensan que el Califa debe pertenecer a la familia de Alí y sus descendientes y que tienen en cuenta como fuente de ley los dictámenes de los imanes. Son el 15 por cien aproximadamente de todos los musulmanes y son mayoría en zonas como Azerbayán, Bahreim, Sur de Líbano y sobre todo en Irak e Irán. La otra gran rama son los sunníes, que reconocen como válidos y aplicables los testimonios de Mahoma recogidos en la Suna, siendo la tendencia mayoritaria en el islam. Por último están los jariyíes, una facción de los musulmanes que dejaron de apoyar a Alí en el 657 y que a diferencia de las dos anteriores defienden que el califa puede ser cualquier musulmán elegido por la comunidad que debe elegir para ese puesto al más digno de entre los creyentes. Son mayoría en el sultanato de Omán, en Zanzíbar y en algunas partes del Magreb. Alí ha muerto, han pasado 20 años desde la muerte de Mahoma y el islam ya se ha hecho dueño de toda la península arábiga, ha conquistado el imperio persa y arrebatado a los romanos de Oriente Palestina, convirtiendo Jerusalén en una de las ciudades santas del islam, Siria, Egipto y la Tripolitania. ¿Cuáles habían sido las claves de ese éxito?:  El afán de botín de las tribus árabes que facilitó su unión bajo un solo mando.  Las disputas religiosas y las tensiones fiscales en zonas como Siria, Palestina o Egipto facilitaron que los pobladores de esos lugares vieran con buenos ojos a los musulmanes. Además los nuevos conquistadores ofrecían a las ciudades que capitulaban buenas condiciones respetando gran parte de las propiedades y creencias de las élites locales y manteniendo lo esencial de la administración preexistente. A cambio, los no musulmanes debían pagar un impuesto especial, nutriéndose las guarniciones árabes de los ingresos de las antiguas tierras públicas y de la imposición de un impuesto personal que se unía a los ya existentes. Los musulmanes por el contrario solo estaban obligados a la limosna, tal y como se establece en el Corán, es decir a pagar un porcentaje de su renta. Esta discriminación fiscal estimulará las conversiones a esta nueva fe.  Tanto el Imperio Romano de Oriente como la Persia de los sasánidas estaban agotadas económica y militarmente después de 25 años de guerra casi ininterrumpida.
Los califas omeyas (661-750) Los Omeyas eran una de las familias más poderosas de Arabia. Su acceso al poder supuso la centralización de la administración en la nueva capital Damasco. Hicieron hincapié en el carácter teocrático del poder del Califa que además se rodeó de una Shura o consejo de notables de diferentes tribus. El imperio omeya será esencialmente árabe, siendo estos claramente privilegiados sobre el resto de pueblos. La continuidad de sus conquistas será un excelente medio de aplazar las querellas religiosas. Muhawiya(661-680) se impuso desde su puesto de gobernador de Siria primero a su rival Alí y después a uno de los hijos de este. Es el responsable del traslado de la capital a Damasco y fracasa frente a Constantinopla en su gran ofensiva, fijándose una frontera más estable en torno al Taurus. Al Oeste conquista Kabul, Bujara y se inicia la conquista del territorio de Samarkanda. Su hijo Yazid I(680-683) vence y acaba con la vida de otro de los hijos de Alí, Husain(10/10/680) en Kerbala, que se convertirá así en centro de peregrinación de los chiitas que instituyen ese día como día de duelo. Tras los breves Muawiya II y Marwan I llega al poder Abd-el –Malik (685-705) que derrota a chiitas y jariyitas y restablece la unidad del Imperio. Impulsa la gran expansión musulmana por el norte de África, con la conquista de Cartago en el 698. Funda en la actual Túnez la ciudad de Kairuan donde se construirá una gran mezquita. Los musulmanes penetran hasta Marruecos y crean un sistema monetario basado en la dualidad entre el dinar de oro y el dírhen de plata. También estableció el árabe como idioma oficial de la administración reemplazando al griego y al persa. Acabará las obras de la Cúpula de la Roca. Su hijo y sucesor Walid I (705-715) impulsará la finalización de la Mequita de Al –Aqsa, ambas en la explanada de las mezquitas en Jerusalén. Con este sultán los Omeyas alcanzan su máxima extensión territorial conquistan la Transoxiana, la región del Indo y a partir del 711 el reino visigodo de Toledo. El fracaso en el asedio de Constantinopla en el 718, la detención de la conquista en Hispania y el Sur de Francia, tras la derrota de Poitiers en el 732, marcaron el final del Islam clásico. Los problemas sociales y religiosos facilitaron la derrota del último omeya Marwan II(744-750) en la batalla del gran Zab, un afluente del Tigris. De la matanza de la familia omeya solo escapa Abd- al Rahman, que marcha a la península ibérica y funda el emirato independiente de Córdoba en el 756. A los Omeyas les sucederán los llamados califas abasís (750-1258) que trasladarán su capital a Bagdad. El islam bajo su gobierno experimentará nuevos avances en África y Asia y retrocesos en otras zonas como la península ibérica, aunque esa es ya otra historia.