El siglo IV d.C. no fue solo la época de la recuperación de las fronteras romanas y de la superación de la conocida como Anarquía Militar del siglo III. Fue también un siglo de lucha religiosa del cristianismo contra el paganismo y de las diferentes maneras en las que el mensaje de Cristo fue interpretado dentro de la propia iglesia cristiana. Nicenos y arrianos, favorecidos por las ideas del emperador de turno -- los arrianos por emperadores como Valente o Constancio II y los nicenos por otros como Teodosio-- se enfrentaron en varios concilios por la supremacía entre los cristianos En medio de este agitado ambiente religioso, destaca una figura cuyo nombre hoy resulta chocante para muchos: Lucifer de Cagliari (C. 300-370). No no hablamos de ningún ser demoniaco, hablamos de un santo de la Iglesia Católica, aunque bueno lleva pensándose su santidad desde el siglo XVII. Este obispo fue el "martillo de herejes" más radical de su tiempo, un obispo que prefirió el exilio y el aislamiento antes que ceder un milímetro en su interpretación de la fe.
Representación ficticia (IA) de San Lucifer, basada en las imágenes conservadas del santo del siglo XVI y XVII . |
El emperador Constancio II, hijo del gran Constantino, a pesar de que su padre, había presidido el célebre primer concilio de Nicea en el 325, en el que se condenaron las doctrinas arrianas, fue un ferviente arriano y siempre vio en esta corriente cristiana una herramienta política perfecta que favoreció frente a la versión nicena de múltiples maneras.
Sin embargo, en el año 354, se encontró con un duro opositor a su política religiosa, llegado desde la isla de Cerdeña. Lucifer, obispo de Cagliari, no veía en el arrianismo una opción teológica, sino una blasfemia absoluta. Su nombre, Lux-ferre (portador de z), era para él una misión: iluminar la oscuridad del error imperial, defender la ortodoxia católica. Sabemos que en el año 355 fue enviado por el papa Liberio al Concilio de Milán como defensor de San Atanasio
Lucifer frente a Constancio II
Este concilio fue el momento cumbre de su vida . El emperador Constancio II, actuando como un "obispo de obispos", exigió que todos los presentes firmaran la condena de San Atanasio, el gran defensor de la ortodoxia nicena frente a otras corrientes como el arrianismo. Mientras muchos obispos vacilaron ante el poder del augusto y se plegaron a sus exigencias doctrinales, Lucifer se mantuvo firme. Las crónicas nos dejan constancia de su violencia verbal que era tal que enojó al propio Emperador. Lucifer sentenciaba en sus discursos. Para él, Constancio no era solo un político equivocado, era el Anticristo. Como resultado de su insolencia, fue desterrado junto a otros obispos nicenos como Osio de Córdoba, Dionisio de Milán, Hilario de Poitiers, Eusebio de Vercelli e incluso el mismo papa Liberio. Pero el destierro fue su combustible. Durante su cautiverio en Palestina y Egipto, escribió tratados con títulos que hoy consideraríamos "ataques de odio" contra la máxima autoridad del mundo romano. Su pluma era un estilete cargado de citas bíblicas utilizadas como proyectiles en obras como Ad Constanetium Augustum pro Sancto Athanasio Libri II. En el 361, en un contexto de enfrentamiento civil entre Constancio II y su sobrino Juliano, conocido después como el Apostata, muere Constancio y se inicia un periodo de tolerancia hacia las corrientes cristianas y hacia el propio paganismo que permitirá la vuelta de los exiliados nicenos.
| Busto de Constancio II, . |
El Cisma Luciferino
El regreso de los exiliados. La Iglesia, liderada ahora por figuras más diplomáticas como Atanasio o Hilario de Poitiers, decidió perdonar a los obispos que habían sido "arrianos por miedo" o conveniencia. Algo que entraba en confrontación con las creencias de los más ortodoxos nicenos como Lucifer.
En el concilio de Alejandría (362), Atanasio defendió una actitud de perdón respecto a numerosos obispos que habían suscrito fórmulas arrianas, Lucifer montó en cólera. ¿Cómo podía la Iglesia pura mezclarse con los traidores? Para él, la comunión con un obispo arrepentido era lo mismo que hacerla con un hereje y contaminaba a toda la congregación. Se separó de la corriente principal y fundó su propio movimiento: los **Luciferinos**. No eran herejes en la doctrina (creían lo mismo que Roma determinaba como correcto dogmáticamente hablando), pero si que tenían una visión totalmente distinta sobre como tratar a los antiguos arrianos o a los nicenos que se habían plegado a las amenazas de Constancio II. Si un obispo había apostatado de su fe nicena debía perder su poder en la Iglesia, independientemente de la sinceridad de su arrepentimiento. LA falta de apoyos desde la Iglesia le llevó a refugiarse en su isla con su congregación. Se convirtieron en una secta de "puros", convencidos de que ellos eran los únicos que no habían doblado la rodilla ante el emperador. Este rigorismo extremo lo llevó a morir aislado en su Cerdeña natal hacia el año 370, separado de la misma Iglesia que él creía estar protegiendo. Murió en el 370 convencido de la rectitud de sus ideas
La Paradoja de su Santidad y el Estigma del Nombre
¿Cómo es posible que un hombre que murió en cisma sea hoy "San Lucifer"? La respuesta reside en la geografía y la identidad sarda. En Cerdeña, Lucifer fue visto siempre como un héroe local que plantó cara a la tiranía extranjera (la de Constantinopla y Milán).
En el siglo XVII, durante una fiebre de excavaciones arqueológicas en Cagliari para encontrar reliquias paleocristianas (en competencia con otras diócesis), se halló una losa que rezaba: *"Hic jacet B. Luciferus Eps"* (Aquí yace el Bienaventurado Lucifer, Obispo). Este hallazgo "rehabilitó" oficialmente su figura.
Sin embargo, a medida que la lengua evolucionó y el nombre "Lucifer" se convirtió en el nombre propio del Diablo en el imaginario colectivo (debido a interpretaciones medievales de Isaías 14:12), la figura del santo quedó relegada a la oscuridad de los archivos.
Hoy, San Lucifer es una curiosidad histórica que nos recuerda que, en el mundo romano, el siglo IV fue un siglo no solo de luchas civiles y contra los bárbaros, también lo fue de confrontaciones religiosas fratricidas, del cristianismo contra otras religiones y , sobre todo dentro del propio cristianismo.
Obra escrita
Lucifer fue un escritor prolífico. de entre sus obras hay que destacar:
Epistola ad Eusebium (355): Defensa ferrea de Atanasio y crítica a los obispos arrianos o cómplices del arrianismo.
De non conveniendo cum Haereticis (357): Argumenta contra el diálogo y cualquier tipo de cesión con los herejes.
Ad Constantium Augustum pro Sancto Athanasio, Libri II (360): Una diatriba contra el emperador Constancio II al que acusa de tiranía religiosa.
Es curioso ver como sus textos, combinaban un estilosencillo con un tono airado, lo que le valió tanto detractores como seguidores entre sus contemporáneos.
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