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miércoles, 31 de julio de 2019

EL PERRO DE COMBATE EN LA ANTIGUEDAD. NUESTRO MEJOR AMIGO DESDE EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS

Escrito por Federico Romero Díaz

La relación entre perros y humanos es muy antigua y obedeció a un interés mutuo. Siempre hicimos un buen equipo en el cada parte conocía a la perfección la función que le correspondía: en la caza los perros estaban encargados de cansar a las presas y acorralarlas. A cambio el ser humano se encargaba de matar y de dejar una parte del alimento obtenido a los canes.

El origen del perro esta en el cannis lupus o lobo, que acabará derivando en nuestras distintas razas de perros. Debido a los a los cruces selectivos que el ser humano irá haciendo a lo largo de la historia irán surgiendo las diferentes razas que hoy conocemos. Ese es el origen de las razas de perros, creadas para ser usadas para fines concretos como la caza, la guerra, la compañía, la vigilancia, etc

En este artículo nos centraremos en el perro de combate en la Antigüedad.
Legionario romano con un cane corso
ANTECEDENTES MITOLÓGICOS

Para analizar el origen de la relación entre perro y ser humano debemos remontarnos a los relatos mitológicos. Según Homero, Vulcano fabricó un perro forjado en bronce para regalárselo a Zeus, que a su vez lo regaló a Europa para obtener sus favores.

Acteón sorprende a Artemisa bañándose desnuda y es castigado. Se le convierte en ciervo y es devorado por sus propios perros. Ares con sus perros voraces y carniceros siembra la destrucción y la muerte. Homero nos cuenta como Ulises tenía un perro llamado Argos que esperó 20 años la vuelta de su amo. Tras su llegada el animal, muy viejo ya, murió de alegría al verlo de nuevo.

ASIRIA Y GRECIA

La mayor parte de las grandes civilizaciones los usaron para vigilar y combatir. Por ejemplo el rey ilirio Aliates atacó a los cimerios en el siglo VII a. C usando una gran manada de perros de combate. La ciudad de Éfeso se enfrentó a la de Magnesia usando una caballería en la que cada jinete iba acompañado de un perro encargado de desorganizar las formaciones enemigas.

En Grecia son muchos los testimonios de la buena relación entre perros y seres humanos: sabemos que Alcibíades compró un cachorro por una cantidad enorme de dinero y que la mujer de Sócrates, la famosa Jantipa, hizo inhumar a su perro en un promontorio, junto al mar.

En esta época es cuando aparece el moloso. Se trata de un can diseñado para la guerra con un hocico corto y un cuello poderoso, como sus mandíbulas.Su nombre deriva de su zona de origen en el épiro. Hay autores que defienden que fueron introducidos allí por Alejandro MAgno que tenía su perro de combate llamado según unos Periles y según otros Peritas. En Persia estos animales aparecen frecuentemente representados en los reieves del palacio de Asurbanipal en Ninive. Los persas de Jerjes durante las guerras médicas trajeron perros de combate para tratar de desorganizar las compactas formaciones de hoplitas griegos.
Relieve de guerreros asirios con perros. Ninive.

EGIPTO
También en Egipto se usaron los perros de combate. Hay testimonios de su uso tanto en el palacio de Tutankamon como durante la época de PtolomeoII que llegó a utilizar un ejército de 2500 perros. Posiblemente fueran introducidos por los hiscos durante el segundo milenio de nuestra era, cuando invadieron el país. El can era considerado como un animal divino, lo que fue aprovechado por Cambises II que les presentó unas fuerzas compuestas, además de por soldados, por numerosos perros y gatos que hicieron que los egipcios se negaran a luchar contra ellos, por considerarlos animales sagrados.

En la imagen podemos apreciar al emperador Tutankamon matando nubios asistido por perros.


ROMA

Los romanos, con su espíritu práctico, no dejaron pasar la oportunidad de aprovechar las cualidades de estos animales y usaron no solo como vigilantes de sus rebaños, almacenes y casas sino como animales de combate en sus legiones en unidades que podían alcanzar los 80 individuos.Los canes podían llevar complementos de defensa como cotas de maya y también ofensivos como collares de pinchos. Eran perros enormes que en algunos casos sobrepasaban los 80 kilos y eran perfectos para contrarrestar las acciones de guerrilla contra las legiones. De entre las anécdotas más conocidas  destaca la que nos refiere Plutarco: 50 perros y una exigua guarnición defendían la ciudadela de Corinto. Los soldados aprovechando la festividad  de Afrodita se emborracharon, cosa que aprovecharon los enemigos para tomar posición y matar a todos los perros. Solo uno consiguió escapar y avisar a los ciudadanos de Corinto que alertados por los ladridos del can enviaron refuerzos al fuerte y lo recuperaron, salvando a la guarnición.El Senado decidió otorgar al anima un collar de plata grabando en él, el título de "Salvator".Sabemos que Marco Pomponio Mato hacia el 231 a.C. sofocó una revuelta en Cerdeña y utilizó a los perros para dar caza a los rebeldes, refugiados en lugares de difícil acceso.



Marco Terencio Varrón nos describe como debe ser un moloso:

" debe tener una cabeza grande, orejas caídas, los hombros y el cuello gruesos, patas anchas, un ladrido profundo y ser de color blanco con el fin de reconocerlo más fácilmente en la oscuridad(....) debe llevar un collar de cuero tachonado de clavos para proteger el cuello"

Los romanos tambiés se vieron obligados a luchar contra ellos. El cónsul Fabius se vio atacado por una enorme jauría de perros lanzados por el rey de los avernos Bituito en el 120 a.C.; Julio Cesar en el 55 a.C, cuando invadió Britania debió enfrentarse también a los mastines ingleses cuya ferocidad le produjo admiración.

Dada la ferocidad que estos perros podían demostrar, los romanos también los utilizaron en la arena de los anfiteatros, en ejecuciones, combates contra otras bestias, etc. Al parecer la idea se le ocurrió al emperador Claudio, que al comprobar su bravura en el campo de batalla durante la conquista de Britania decidió enviar algunos a Roma para que allí fueran empleados en los espectáculos públicos para ejecutar a condenados o luchar contra otras fieras.

Representación de perro de combate. Metropolitan Museum of art New York. Segunda mitad del segundo milenio a.C. Mesopotamia.

Había otras razas de perros como el vertragus, parecido al galgo y utilizado para la caza menor, o el canis melitae que se usaba en los puertos para cazar roedores o de mascota.

Como hemos visto la historia del ser humano y el perro viene de muy antiguo siendo siempre una historia de colaboración mutua y leal amistad.










martes, 16 de julio de 2019

LA ESCULTURA GRIEGA TAMBIÉN PODÍA SER TOSCA Y DESPROPORCIONADA. UNA RESEÑA A "EL MUNDO CLÁSICO: UNA BREVE INTRODUCCIÓN"

Escrita por Federico Romero Díaz

Desde el Renacimiento se nos ha trasmitido una visión del  mundo clásico en equilibrio, lleno de belleza, luz y racionalidad, cuando la realidad es que como ejemplifican los relieves de los frisos del Templo de Apolo en Basas también las esculturas griegas pueden ser toscas y desproporcionadas, siendo el mundo griego y el romano por herencia el resultado de la tensión entre lo equilibrado y mesurado, entre la belleza y la armonía por un lado, y el desenfreno y la violencia por otro. Reflexiones como estas, las podemos extraer de "El mundo clásico: Una breve introducción" escrito por la ahora célebre Mary Beard y el profesor John Henderson. La obra, que se publicó en inglés en 1995, se lanzó en nuestro idioma en el 2016. Este solo es uno de los muchos puntos sorprendentes de este ensayo que es mucho más de lo que dice su título. Se trata de algo mucho más importante que una simple introducción al mundo clásico.

El libro tiene una estructura muy curiosa y chocante a la vez porque organiza su estructura, su mensaje en torno al Templo de Apolo Epicureo en Basas, que está en medio de un páramo en la mítica y a la vez real región de la Arcadia. Es un lugar celebre por los relieves de su friso. Los autores utilizan las historias que en ellos se nos cuentan para introducirnos en un interesante estudio del mundo clásico. 

Vista de Grecia: el templo de Apolo en Figalia, pintura de Karl Briulov (1835), Moscú, Museo Puskin.
A pesar de la destreza narrativa de la que se hace gala a lo largo de sus escasas 200 páginas debemos advertir que a veces es bastante erudita y desde luego poco iniciática. Siendo más la lectura de un amante de la Antigüedad ya versado que la de un neófito en la cultura clásica.

Un aspecto que se debe resaltar es su punto de vista. Es de esperar que una obra que habla de algo tan universal como el mundo clásico  utilice menos referentes culturales británicos. Hubiera sido mejor hacer menciones culturales más generales que el resto de los lectores de otros países hubiéramos entendido mejor. No obstante, la obra esta llena de comentarios interesantes como la evolución de la arqueología, desde unos inicios que se acercaban peligrosamente al simple expolio, al actual orientado a la interpretación y a la conservación. En sus escasas 200 páginas se tocan temas como el arte, la literatura, la religión, la mitología, la política, la historia, etc dando una esplendida y amplia visión de ese mundo tan lejano y tan presente aún entre nosotros.

Estamos ante una obra imprescindible para el amante de la Antigüedad, ya que nos descubre nuevos aspectos sobre nuestra propia cultura y presente y diferentes maneras de entender nuestro pasado, nuestra Antigüedad.