Búsqueda de artículos

miércoles, 5 de octubre de 2022

CARRERA Y MUERTE DE LUSIO QUIETO: DE PRÍNCIPE DE LOS MAURI A GENERAL ROMANO,SENADOR, CÓNSUL Y GOBERNADOR DE SIRIA

Una colaboración de Iván La Cioppa para HRA.

Audaz, valiente, impetuoso, despiadado, fiel: son tan solo una parte de los adjetivos con los que se puede describir a Lusio Quieto, uno de los personajes más singulares del imperio de Trajano; el primer bárbaro, y además de tez morena, en ascender a la cumbre del Imperio. Su historia demuestra la apertura y la clarividencia de Trajano al igual que la forma de pensar de la sociedad romana que, por una parte desconfiaba de los “no romanos”, sin embargo premiaba a los que destacaban en nombre de Roma, más allá de toda diversidad.

La fuente principal sobre su vida es Dión Casio. El célebre historiador nos cuenta que Quieto era hijo de un cacique de la tribu de los Mauri, asentada en Mauritania Tingitana. Cuando Calígula mandó asesinar a Ptolomeo de Mauritania, hijo de Juba II, una imponente sublevación estalló contra los romanos y el padre de Quieto apoyó al Imperio, ayudando a sofocar el levantamiento. Por la lealtad mostrada a Roma, fue honrado con el regalo de la ciudadanía romana y otros privilegios.

Jinete mauro de la guardia de Trajano(principios del siglo II)

No sabemos nada de la juventud de Quieto. Su nombre entra en la historia de Roma durante el reinado de Domiciano, por el que luchó al mando de una unidad de jinetes mauritianos de su propia tribu. Por los servicios prestados, fue elevado al rango de «eques» (literalmente, “caballero” pero, por razones que desconocemos, fue dado de baja con deshonra del ejército y enviado de vuelta a su tierra. Volvemos a perderle la pista hasta las Guerras Dacias de Trajano, que reincorpora a Quieto en su rango, pues necesita a un comandante hábil y, sobre todo, a su formidable unidad de caballería ligera, leal sólo a él. La elección del «Princeps» fue afortunada porque el mauro fue decisivo en la victoria sobre los Dacios: gracias a su caballería en la primera campaña, los Romanos consiguieron sitiar Sarmizegetusa, lo que obligó a Decébalo a pedir la paz.

Lusio Quieto al frente de la caballería numida ataca a los dacios. 

En el 115 d.C. lo encontramos en la Campaña Parta donde, al mando de la retaguardia, compuesta por sus mauros pero también por tropas legionarias, hizo posible para los romanos una retirada táctica, salvándolos del desastre. Con su caballería él solo logró someter a los amardos en Armenia (esta noticia también la confirma Temistio, hombre de letras y político al servicio de Teodosio). Más tarde, sitió y saqueó brutalmente ciudades como Nisibe, Singara, Babilonia y, según informó Arriano, mató en batalla a Sanatrace, comandante del ejército parto. Estas acciones permitieron a las legiones cruzar el Éufrates sin inconveniente alguno y aumentaron la reputación de hombre sin escrúpulos que se había ganado el príncipe mauro.


En plena Campaña Parta, de repente, estalló una gran revuelta entre los Judíos y Trajano envió a Quieto para sofocarla. Aquí se mostró implacable y feroz al reprimir el levantamiento tanto que la guerra que siguió tomó su nombre griego, “Guerra de Kitos”, y durante siglos la memoria negativa del comandante bárbaro se conservó en fuentes judías, como en los actos de Sharbel y Barsamya del siglo V. Basta con recordar el exterminio de todos los judíos que sobrevivieron al sitio de Lydda (un hecho mencionado en el Talmud) y el trato especial reservado a Edesa, que fue arrasada y su rey Abgar VII ejecutado. Para sellar la victoria sobre los rebeldes, Quieto mandó erigir una gran estatua de Trajano entre las ruinas del templo de Jerusalén.

Tras estos nuevos éxitos, la carrera de Quieto recibió un gran impulso porque fue nombrado senador, cónsul y, finalmente, gobernador de Siria: honores jamás concedidos a un bárbaro hasta entonces y que le acarrearon incontables enemigos en Roma y en el entorno del emperador.

Lamentablemente, la fortuna de Lusio Quieto estaba destinada a terminar prematuramente.

El 8 de agosto de 117, Trajano murió y Adriano fue proclamado emperador. Uno de sus primeros actos, según relata la «Historia Augusta», fue la destitución de toda la caballería maura a la que consideraba como una amenaza a su poder al igual que su comandante y luego la desautorización del propio Quieto. A estas alturas, los enemigos del Mauro tenían campo libre. El prefecto Attiano, que siempre le fue hostil y celoso de los honores que le había tributado el difunto «Optimus princeps», presionó al Senado que lo acusó de haber tomado parte en una conspiración contra Adriano con Celso, Palma y Nigrino. La sentencia a la pena capital era segura y, para escapar de la ejecución, Quieto intentó volver a Mauritania, entre su gente, pero fue detenido por el camino y ajusticiado. Esta noticia también se menciona en el Talmud, subrayando el hecho de que fue un acto inesperado. 

Finalmente, sus enemigos lograron eliminar al hombre pero, con razón, el juicio de la historia lo hizo inmortal.

Así terminaba la parábola de un hombre que se había enfrentado al destino sin miedo y lo había doblegado a su voluntad gracias a su carisma y gran talento militar. En los siglos siguientes, a pesar de sus detractores, se conservó un recuerdo positivo de Lusio Quieto. Lo elogian como un gran general Arriano, Dión Casio y, en el Bajo Imperio, Temistio y Amiano Marcelino, quien incluso lo cuenta entre los mejores comandantes de toda la historia romana. De gran importancia es también la consideración en que lo tiene el emperador Mauricio en su manual militar «Strategikon» (Στρατηγικόν).

Finalmente, sus enemigos lograron eliminar al hombre pero, con razón, el juicio de la historia lo hizo inmortal.


jueves, 8 de septiembre de 2022

SINGIDUNUM, LA CIUDAD ENTRE LOS DOS RÍOS. LA FASE ROMANA DE LA ACTUAL BELGRADO.

Una colaboración de Iván La Cioppa

Puede que no todos sepan que Belgrado, la capital de Serbia, también fue una próspera ciudad romana, con el nombre de Singidunum. El área fue ocupada antiguamente por la tribu celta de los Escordiscos que, en la colina de Kalemegdan, en el punto donde el Sava desemboca en el Danubio, fundaron un pueblo llamado Singidun ("fuerte redondo", en idioma celta), citado en las fuentes por primera vez en 279 a.C.

Recreación  de la ciudad vista desde el río

A principios del siglo I, Dion Casio nos cuenta que los Romanos conquistaron definitivamente la zona, fundando la provincia de «Moesia Superior» y romanizando el nombre de la ciudad en Singidunum. La ciudad se encontraba en un lugar estratégico y se utilizó de base para la flota de Panonia y punto de partida para las campañas dacias de Domiciano y Trajano.

En la colina de Kalemegdan se construyó un fuerte permanente, tripulado por la Legio IIII «Flavia Felix», que fue fundamental para la defensa del Limes, además de hacerse cargo de la construcción de un importante puente sobre el Sava.



Un emperador, Joviano, nació en Sigindunum en 332 d.C.  y otro, Graciano el Joven, murió en la misma ciudad en 383 d.C.. Tras el colapsarse de la frontera del Danubio y las continuas invasiones bárbaras, la ciudad fue saqueada varias veces y perdió su antigua importancia. El golpe de gracia se produjo en el año 442 d.C., cuando fue ocupada por los Hunos que vendieron a todos los habitantes romanos como esclavos.

En 630 d.C. la zona fue ocupada por poblaciones de origen eslavo que llegaron a cambiar el nombre de la ciudad de Singidunum a Beograd (“ciudad blanca”, en lengua eslava), nombre citado por primera vez en una carta del Papa Juan VIII. al príncipe búlgaro Boris I Mihail en el año 878 d.C.  

Hoy en día, parte de la ciudad todavía muestra el antiguo trazado romano. Hay varios vestigios romanos que aún se pueden admirar: entre ellas por ejemplo secciones de los muros del fuerte legionario, el sarcófago de Glyconiano y muchas estatuas e inscripciones que se conservan en el “Kalemegdan Lapidarium” de Belgrado.


Fortificaciones de base romana rematadas por muros medievales en Belgrado.

OTROS ARTÍCULOS DE IVÁN LA CIOPPA EN HRA

EL VINO, ALIMENTO SAGRADO Y PRODUCTO SOCIAL.









martes, 6 de septiembre de 2022

HISTORIAS DESCONOCIDAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. BREVE RESEÑA AL NUEVO LIBRO DE JUANJO ORTIZ

Muchos son los libros que cuentan historias curiosas o poco conocidas sobre la Segunda Guerra Mundial, un periodo que en lo particular, a mí me apasiona ( no solo de Roma vive el enamorado de la historia). La clave de estos libros es que es necesario que el autor tenga un profundo conocimiento del periodo del que habla y por supuesto capacidad para contarlo de la manera más divertida manteniendo el respeto necesario por la verdad. 

Para ese período y para ese tipo de libro la persona perfecta es el historiador Juanjo Ortiz uno de los miembros más activos de Divulgadores de la Historia y la persona que está detrás del gran blog El Cajón de Grisom.

En Historias desconocidas sobre la Segunda Guerra Mundial te vas a encontrar los sucesos más curiosos que nunca se han narrado sobre este conflicto que para bien o para mal ha marcado nuestro pasado más reciente, nuestro presente y por la pinta que tiene nuestro futuro. en el nos sorprende dando respuestas a preguntas tan intrigantes como: 


"¿Sabías que los Aliados crearon un pasaporte falso de Hitler?, ¿o que el Führer estuvo a punto de casarse con la hermana del fundador de Falange?, ¿sabes que los Foo Fighters no son solamente un grupo de música?, ¿conoces la historia del hotel edificado sobre la frontera entre Francia y Suiza que sirvió como refugio para la Resistencia francesa? ¿y la de los aviones británicos Spitfire pintados de color rosa o el pasado nazi de Hollywood?"

El AUTOR
Ojo, todas estas sorprendentes historias no te las cuenta cualquiera. Juanjo Ortiz (Madrid, 1965) es historiador y divulgador. Su interés por la Segunda Guerra Mundial viene desde que era adolescente y esta pasión —y cierto frikismo— le llevaron a crear el blog EL CAJÓN DE GRISOM en 2011; un referente en la divulgación de la Segunda Guerra Mundial donde se contienen las pequeñas historias contenidas en el mayor conflicto del siglo XX. En 2020 se lanzó a la aventura del podcast con LA TRINCHERA. En 2016 fue redactor en la, ya desaparecida, revista especializada en la Segunda Guerra Mundial WW2 Global Project Magazine y colaboró en la edición del libro de texto de 1º de ESO ¿Somos lo que consumimos? de la editorial brasileña Base Editorial. En la actualidad es miembro de la asociación Divulgadores de la Historia y colabora con la revista Muy Historia, así como con el programa de radio Onda Local de Andalucía Istopia Historia, diversos canales de Youtube de divulgación histórica y con otros blogueros.

El autor
 Estamos en definitiva ante un gran acierto del equipo de la editorial Pinolia que ha apostado por la experiencia y la solvencia de un historiador veterano en este arte tan complicado que es la divulgación. Juanjo Ortiz nos ha dejado una amena obra perfecta tanto para expertos como para principiantes que se ván a ver inmersos en las historias de un conflicto tan fascinante y terrible a la vez.




Pinchar en este enlace por si queréis comprar o saber más sobre la obra.

Artículos relacionados

TORPEDOS HUMANOS ITALIANOS FRENTE A LA ROYAL NAVY EN EL PUERTO DE ALEJANDRÍA.

PRIMERA GUERRA MUNDIAL PARA PRINCIPIANTES. TODO LO QUE DEBES CONOCER SOBRE LA "GRAN GUERRA"









domingo, 21 de agosto de 2022

HISTORIA DE LOS PICTOS

Un texto de Marcos Uyá para HRA 

A lo largo de la historia y de la cultura popular, los pictos siempre han sido asociados a la idea de guerreros bravos, valientes, feroces, tenaces, agresivos y sin escrúpulos, con una imagen exótica y misteriosa vista como personajes prácticamente desnudos y pintados o tatuados de azul, y como los indómitos habitantes del norte de Britania, cuya función principal era esperar agazapados en frondosos y tupidos bosques o lugares cubiertos por el frío hielo, para asaltar a las legiones romanas o a cualquiera que se les interpusiese en su camino

Sin embargo, esta imagen, sin ser falsa, es incompleta. En realidad, también fueron una confederación de tribus con unas costumbres basadas en un cierto aislamiento gracias a su peculiar geografía, y al factor climático, que servía de frontera natural que les permitiría desarrollar su propia economía y sociedad con respecto al resto de la isla, ocupada por los britanos y posteriormente romanos y anglosajones. Vamos a descubrir un poco más sobre ellos.

Quienes eran los pictos

La palabra picto significa literalmente «tatuado», práctica que ya hacían sus antecesores los caledonios, pero también puede derivar de la palabra celta pehta o peitha, que literalmente alude a «luchador», aunque también podría asociarse a «pies duros» que hacen referencia a su resistencia, relacionada a la hora de luchar. Otras explicaciones, es que se utilizara el término para especificar y designar a aquellos que no pertenecían bajo frontera romana, contemplando la posibilidad de un resurgimiento de los orígenes aborígenes de los habitantes del norte de la isla frente al dominio romano. 


También se suele relacionar el término picto con los llamados pictones, una tribu gala que habitaba al sur del río Loira en la Galia, y que al comerciar precisamente con las islas británicas tal vez sugiera un movimiento de carácter migratorio, con lo que de ahí derivaría el nombre de pictos. Por último, se descarta la posibilidad de un origen escita, puesto que, si bien pictos y sármatas sirvieron al ejército romano en Britania, esta suposición no tiene base empírica alguna, a pesar de que autores medievales como Geoffrey of Monmouth, un cronista medieval del siglo XII, afirmase que los pictos procedían originalmente de Scythia. Geoffrey describió cómo, durante el reinado del emperador Claudio, los pictos llegaron en una flota de barcos comandados por su líder Rodric durante el reinado de un legendario rey británico llamado Marius. Según Geoffrey, Rodric desembarcó en el norte de Inglaterra y comenzó a arrasar el país hasta que Marius derrotó a los pictos en una batalla, pero luego les permitió quedarse, otorgándoles la provincia de Caithness, en el extremo noreste de Escocia.

Un poco de historia

Los romanos usaron por primera vez el nombre de pictos, en el año 297 d. C., en un panegírico, dentro de una obra llamada Panegyrici Latini, de autor desconocido, que podría haber sido Eumenio, al césar Constancio, más conocido como Constancio Cloro, que había sido nombrado por el emperador Diocleciano tras instaurar el sistema de la Tetrarquía.

Moneda de Constancio "Cloro"

En el siglo IV aparecen de nuevo junto con otros pueblos como los escotos, que acaban de llegar de la actual Irlanda, los oscuros atacotos, y sajones, hecho que se recoge en la llamada Res Gestae. Posteriormente, otros autores como Pacatus, nombran ataques de los pictos en el contexto de la usurpación en Britania de Magno Máximo contra Teodosio en el 383, o el poeta Claudiano, que cita la creciente hostilidad picta en el momento que saben que Roma va a abandonar la isla, algo que sucede a principios del siglo V, en tiempos del emperador de occidente Honorio, en donde en los respectivos consulados de Honorio, Eutropio y Estilicón más las guerras contra los godos del 402, nombran esta problemática. 

Abundan también las referencias sobre ellos en los siglos V y VI después de Cristo. Otra obra, interesante, es la de Constantino de Lyon, la Vita Germani episcopi Autissiodorensis, que habla sobre Germanius, el obispo de Auxerre, en donde se describe que los pictos se unen con los sajones para hacer la guerra contra los britanos. Pero, posiblemente, la mejor evidencia sobre los pictos en la antigüedad tardía, la encontramos en San Gildas, historiador y eclesiástico, que en su obra De excidio Britanniae, escrita hacia el 540, nos da una descripción precisa sobre estas gentes, las cuales las encasilla como feroces guerreros que, junto a los escotos, asaltan y pelean contra los britanos. Otra fuente es la de Beda el Venerable con su Historia ecclesiastica gentis Anglorum, escrita entre el 730 y 731, pero se basa en testimonios anteriores como el de Gildas o Constantino de Lyon.

Durante el siglo VI y VII, a la vez que al sur de Britania se formaba la llamada Heptarquía Anglosajona, en la actual Escocia también van a surgir algunos reinos pictos tras la retirada romana. En total hubo siete, que formarían la llamada Pictland, y que experimentaron luchas internas, destacando el ascenso de Fortriu en la parte noreste, y la detención de los anglosajones en su avance hacia Escocia tras perder en el 685 la batalla de Dun Nechtain contra una configuración de pictos comandados por el rey de Fortriu Bridei III.

Precisamente, tras la muerte de Bridei III en el año 706 d. C. marca el comienzo de un período inestable en la historia de los pictos cuando sus reyes lucharon en una serie de guerras contra los escotos que formaron el reino de Dál Riata. Estas guerras terminaron en el año 793 d. C. cuando un rey picto, llamado Constantin mac Fergal, colocó a su hijo Domnall en el trono de Dál Riata y lo mismo intentaron hacer con el reino vecino de Strathclyde, conocido también como Alt Clut, pero sin éxito. A Constantin mac Fergal se le atribuye una especie de unión entre los pictos y los escotos, que derivarían a escoceses, y fue el primer gobernante escocés en ser conocido como Ard Righ, o «Gran Rey» de los escoceses. Sin embargo, pictos y los escoceses pronto se enfrentaron a otra amenaza proveniente del norte: los vikingos que, desde principios del siglo IX, asaltaron las costas escocesas con una regularidad cada vez mayor. Al principio, se trataron simplemente de incursiones, pero pronto los vikingos decidieron asentarse en parte de la isla fundando el reino de York, destruyendo el de Northumbria, debilitando el reino de Strathclyde y colonizando las islas del norte, formando el llamado reino vikingo de Mann. 

Tras varias derrotas de los pictos y escoceses contra los vikingos, posteriormente, Cináed mac Ailpín, más conocido en la historia escocesa como Kenneth MacAlpin, subió al poder y logró unificar de nuevo a los escoceses y los pictos y sentar las bases para una nación escocesa unida. Llegó al trono en el año 843 d. C. y extendió su reino en el momento de su muerte, en el año 858 d. C. más que cualquier otro monarca antes que él. Muchos estudiosos señalan la ascensión de Kenneth MacAlpin y sus descendientes inmediatos como el principio del fin de la cultura picta en Escocia y la transición al reino de Alba. Probablemente ya en el siglo XI, todos los habitantes del norte de Alba se habían convertido en escoceses totalmente gaelizados y la identidad picta se había olvidado, pasándose a llamar entonces el reino de Escocia.


Sociedad

La sociedad picta estaba basada en el clan, usada como mecanismo de protección entre los distintos grupos familiares, prestando especial atención al elemento ya citado del parentesco, en donde se daba extremada importancia a la genealogía, con un ancestro real o mitológico. Dentro de cada clan, había una especie de subjefe que recibía el nombre de «higher man» u hombre superior. Después, y raíz de los descubrimientos arqueológicos, podría existir una especie de «clase media» compuesta por artesanos, cazadores, metalistas, agricultores, ganaderos y fabricantes de armas. También había esclavos, como lo reflejó san Columba en su visita a los pictos del norte cuando constató que había una esclava de Dál Riata entre ellos. Por último, se constata la figura de los llamados «druidas» que, si bien no alcanzarían la importancia religiosa como entre los britanos y galos, tenían su papel trascendente en la sociedad, no como únicamente sacerdotes, sino como filósofos, poetas, educadores, compositores, hacedores de leyes, consejeros políticos, profetas o astrónomos. Fueron de los pocos que escaparían de la cristianización.

Un aspecto importante, recogido en las fuentes, es la conformación de una sucesión matrilineal, esto es, que no es que las mujeres fueran reinas, sino que el linaje proviene de las líneas de sangre de la madre o, dicho de otro modo, por los descendientes por la línea materna. Sin embargo, esto no fue común hasta finales del periodo picto, y, mientras tanto, la elección de un rey se hacía a través de los nobles en un complicado proceso en donde el candidato tenía que demostrar que sus ascendentes provenían de la nobleza y que debía de casarse con la «princesa» de uno de los siete reinos. Así se conformaban uniones estables y de larga duración.


Religión

Parecer ser que los pictos estaban adscritos al politeísmo celta, adorando a deidades celtas y teniendo una cierta veneración animista, es decir, la creencia de que árboles, animales o cosas pudieran tener un espíritu propio. Sin embargo, de los pictos sabemos más sobre sus aspectos religiosos a la llegada del cristianismo gracias a la labor misionera de algunos monjes. El primer misionero cristiano que realmente empezó a cristianizar fue san Ninian, nacido hacia el 360 d. C., el llamado apóstol de los pictos del sur, por su labor evangélica entre estas gentes. Otro misionero importante en esta labor fue san Kentigerno, con su misión cerca del istmo de Clyde, y fundador de la actual Glasgow. Sin embargo, una serie de acontecimientos, como una rebelión anticristiana en Strathclyde, le obligaron a ir a Gales, para finalmente volver en los últimos años de su vida cerca de Kilmacolm, donde sería visitado por san Columba.

De éste último, su obra la conocemos en la llamada Chronicle of Ireland y la Pictish Chronicle. De la primera, tenemos textos que refieren a la cristianización de Escocia por parte de San Columba, que nombra la enseñanza de Columba entre los «túatha toi» (literalmente los pueblos situados al lado del río Tay) que podrían hacer referencia a los pictos, y también otro documento en donde se nombra a ellos en repetidas ocasiones en la titulada Life of St. Columba, escrita por Adomnán, abad del monasterio de Iona. De todo ello, parece ser que san Columba llegó al norte de la isla hacia el 563, concretamente a la península de Kyntire, y, aparte de ser misionero, destacó por sus labores de diplomático entre las tribus pictas, realizando supuestos milagros como el desterrar a una supuesta bestia en un lago (se identifica con el Lago Ness) tras haber matado a un picto. También visitó al entonces rey pagano Bridei I de Fortriu, aunque no consiguió convertirlo. Además, fundó varias iglesias en las islas Hébridas y el monasterio de Iona. 

Tampoco hay que olvidar otros aspectos como las famosas representaciones en monolito, las llamadas «piedras pictas», en la que se esculpían o dibujaban mediante grabados todo tipo de de animales, especialmente caballos, peces o serpientes, estos últimos para los druidas era símbolo de la sabiduría y, sobre todo, figuras geométricas como ruedas que parecen representar carros o símbolos astrológicos e incluso religiosos. También hay algunas piedras que representan posibles escenas de batalla y guerreros en posición de combate. El problema es que hasta hoy, esclarecer su significado es aún un misterio, siendo una hipótesis las representaciones de la vida de algunos difuntos, e incluso nombres, linaje y parentescos.

Escena de batalla de la piedra picta de Aberlemno, que
se presume muestra escenas de la batalla de 
Dunnichen

La guerra

Para los pictos, la guerra fue elemento fundamental dentro de la sociedad picta y para su supervivencia. En efecto, desde niños, los guerreros pictos recibían un entrenamiento basado en la agilidad, fuerza, destreza, puntería y comunicación; y se entrenaban en todo tipo de combates. Finalmente, el aspirante, cuando llegaba a la edad adulta, y tras un largo periodo de entrenamiento, tenía que hacer una prueba pública para demostrar estar capacitado para la lucha. Si la superaba, incluso podría conseguir una especie de trofeo de guerra que demostraba que estaba preparado para la batalla. En raras ocasiones, y en tiempos de guerra, el aspirante podía luchar en la batalla y se le declaraba apto si como trofeo traía la cabeza decapitada del líder enemigo. 

Guerrero picto del siglo I d.C



El guerrero picto, como se ha dicho, ha tenido fama de ser tosco, rudo, feroz, tenaz y a veces inconsciente, pero todo eso se debe a un sentimiento de lealtad y de llamada del deber para luchar no sólo por su tribu sino por su clan. Además, solía estar representado por los famosos tatuajes, aunque no se sabe si eran realmente como tal o pinturas, que se extraía de una planta llamada isantis tinctoria, que se adherían a su cuerpo durante largo tiempo, pero que le daban un aspecto más intimidante y terrorífico. Los pictos luchaban tanto en modalidad de infantería y caballería, pero, por desgracia, las evidencias arqueológicas son pobres en el sentido de que nos puedan dar una información fiable sobre su estructura en batalla, y las escritas tampoco nos la aclaran. Lo que sí es seguro es que no formaban ejércitos permanentes y unidos, ya que cada tribu poseía el suyo propio, y el número no era demasiado alto, con lo cual se le podría catalogar como bandas de guerreros, muy afines y con un vínculo de pertenencia muy arraigado, si bien en época de los reyes cada reino llegó a tener un ejército semiprofesionalizado que servía al rey.

OTROS ARTÍCULOS DEL AUTOR EN HRA

POMPEYA Y LA CRUEL NATURALEZA

LA DESCENDENCIA DE MARCO AURELIO Y FAUSTINA MENOR. UNA CUESTIÓN PARA RESOLVER



jueves, 18 de agosto de 2022

ORIGEN DE LA EXPRESIÓN "LEVANTARSE CON EL PIE DERECHO"

 Un texto de Iván La Cioppa 

Empezar con el pie derecho ” es una locución que forma parte de nuestro día a día pero ¿qué significa y dónde nació? Pues su origen se debe a los antiguos romanos que eran muy supersticiosos. Parece mentira que una civilización que conquistó gran parte del mundo conocido y tan bien organizada se dejara influir tanto por creencias antiguas y extrañas. Por ejemplo, los romanos pensaban que el pie derecho estaba bien mientras que el izquierdo traía mala suerte. 


Por eso, empezaban todas sus tareas diarias moviendo siempre primero su pie afortunado. Por ejemplo, por la mañana, al levantarse, el primer pie que tocaba el suelo tenía que ser el derecho, de lo contrario tenían que volver a acostarse y levantarse de la cama de la manera correcta.



Al entrar en sus casas, debían respetar la misma regla. Y es más, con motivo de fiestas y recepciones, había un esclavo llamado "atriensis" que se quedaba todo el tiempo al lado de la puerta de entrada de la domus, recordando a los invitados que entraran con el pie derecho.

Como nos cuenta Petronio en esta breve cita de su Satyricon:

"Antes de que pudiéramos entrar al comedor, uno de los jóvenes, al que se le había encomendado esta tarea, gritó: "¡Con el pie derecho!""



Incluso en el ejército se respetaba la misma regla: los legionarios, de hecho, siempre debían iniciar a marchar con el pie derecho.

Traducción del italiano por Alice Croce Ortega 



lunes, 11 de julio de 2022

TURISMO EN EL IMPERIO ROMANO

Texto de Fernando Lillo Redonet, doctor en Filología Clásica, catedrático de Instituto y autor de Hotel Roma. Turismo en el imperio romano (Confluencias, 2022)

Es evidente que el turismo de masas es un invento del siglo XX, pero en el Imperio romano existían desplazamientos que hoy podríamos calificar de turísticos. Los romanos viajaban, entre otras cosas, para descansar, para conocer destinos culturales, visitar reliquias y santuarios, recobrar la salud o acudir a eventos deportivos. Ciertamente las clases más acomodadas eran las que tenían más tiempo y posibilidades para ello. Sin embargo, tenemos testimonios de gente corriente que también se desplazaba y dejaba constancia de ello en inscripciones y grafitis. 

Columna y basílica del Foro de Trajano, uno de los espacios más fastuosos de la Roma imperial.

La Roma imperial era un hervidero de personas procedentes de todas partes animadas por diversas motivaciones. Una de ellas podía ser contemplar sus maravillas. Tal como el turista moderno queda extasiado ante la grandeza del Panteón, el enorme tamaño del Coliseo y del estadio de Domiciano (hoy Piazza Navona), el visitante antiguo admiraba estos lugares que entonces lucían en todo su esplendor. El foro de Trajano, del que conservamos su famosa columna y restos de su basílica, era uno de los lugares más bellos de la urbe en el siglo IV d. C. con una estatua ecuestre de Trajano que causaba admiración en el centro de la plaza. Pero Roma era también un lugar para abandonar cuando apretaba el calor o se quería reposar tranquilo lejos del tráfico, los ruidos y los malos olores de una urbe masificada. Los que podían se retiraban a una villa de recreo en las cercanías, buscando el fresco y el silencio. Los menos pudientes también poseían pequeñas fincas más modestas. 

Para los más viajeros existían paraísos cercanos como el golfo de Nápoles, que podríamos considerar la Costa Azul de los romanos. Allí se emplazaban lujosas villas, establecimientos balnearios de aguas salutíferas y lagos para paseos en barca que hacían las delicias de los visitantes y eran el blanco de las críticas de los moralistas. Como souvenir de tan hermoso lugar los más ricos se llevaban botellas de cristal que contenían grabados con las vistas de los atractivos de la zona. Más al sur Sicilia tenía no solo atractivos culturales, sino también naturales. A la belleza de Siracusa con sus misteriosas latomías, una cantera convertida en cárcel que aún hoy es objeto de visita, o la fuente Aretusa, un manantial de agua dulce que se decía corría bajo el mar desde Grecia, se añadía la visita al volcán Etna y a los lagos Palicos, dos géiseres de los que todavía nos queda uno. 

Grecia era un destino cultural de primer orden. Los aristócratas romanos que podían permitírselo ampliaban allí sus estudios con los mejores maestros de retóricas como hicieron Cicerón y Julio César. El general Paulo Emilio en el 168 a. C. realizó una visita política y cultural que constituye un verdadero tour: Atenas, Delfos, Corinto, Olimpia…

Templo de Lindos en la isla de Rodas que fue en la Antigüedad un verdadero museo de reliquias mitológicas.

Todavía más lejos, Egipto constituía el destino exótico por excelencia con grandes atractivos turísticos que se ofrecían al visitante ilustre y a la gente corriente. Usualmente se comenzaba por Alejandría, con su puerto muy bien comunicado con Roma y el famoso faro, una de las siete maravillas del mundo. Luego se bajaba hasta las pirámides y la esfinge donde los turistas dejaban inscripciones y grafitis como memoria de su paso. No faltaban los espectáculos para turistas como el ofrecido en las pirámides por gente de una población cercana que subía por ellas hasta la cima con gran habilidad o el cocodrilo sagrado de Cocodrilópolis al que se le ofrecían dulces, vino y frutas. Los famosos Colosos de Memnón era visitados por los turistas romanos, sobre todo uno de ellos, el situado al norte, porque se creía que era la estatua de Memnón, hijo de la Aurora. El atractivo del lugar era que al amanecer se podía escuchar la voz de Memnón. La estatua emitía un sonido extraño producido por la dilatación por el calor o por el viento entre las rendijas. Si uno lo oía, dejaba constancia escrita de ello en inscripciones que todavía pueden verse en los pies y piernas del coloso. El propio emperador Adriano acudió al lugar y no solo escucho la voz de Memnón, sino que lo hizo tres veces. En la actualidad se visitan las tumbas del Valle de los Reyes. También se hacía con algunas en la Antigüedad e incluso una se creía que era la del legendario Memnón. Les llamaban “siringes”, galerías, por su forma, y los turistas, acompañados por un guía a la luz de las antorchas, escuchaban extasiados las explicaciones sobre las pinturas y los misteriosos jeroglíficos. Luego algunos dejaban en las paredes expresiones de admiración sobre la maravilla que habían visto. Como última etapa, la isla de File, sede de un santuario de Isis, era un destino frecuentado por peregrinos que iban en busca de buena suerte, salud, riqueza y larga vida. 

Uno de los Colosos de Memnón identificado en la Antigüedad              
 con el personaje mitológico del mismo nombre.

El turismo cultural incluía la visita a reliquias mitológicas que estaban custodiadas en los templos, verdaderos museos de la época. En Sición, cerca de Corinto, el templo de Apolo albergaba la tela de Penélope y la clámide y coraza de Ulises, entre otros tesoros. En Lindos (Rodas) el templo de Atenea custodiaba los brazaletes de Helena de Troya y armas de Hércules. Un templo de Metaponto tenía las herramientas con las que Epeo había construido el caballo de Troya. 

Con la llegada del cristianismo comenzaron las peregrinaciones, bien a Roma para visitar las basílicas de san Pedro y san Pablo y los restos de los primeros mártires, bien a Tierra Santa para visitar los Santos Lugares. En el último caso tenemos el precioso testimonio de Egeria, una mujer del siglo IV d. C., que dejó escrito su viaje, el primero que tenemos de manos de una mujer, mostrando las hondas impresiones que le causaban los lugares y paisajes. 

   El proceso de curación por “incubación”.
Relieve del santuario de Anfiarao en Oropo.
Museo Arqueológico de Atenas
Además del turismo cultural, abundaba el de salud. Los santuarios de aguas salutíferas estaban llenos de peregrinos que buscaban recuperarse. Al final, si lo conseguían, dejaban un exvoto o un ara que certificara que las divinidades asociadas a las aguas habían sido propicias. Los santuarios de Asclepio (Esculapio), dios de la medicina, como los de Epidauro, Cos o Pérgamo acogían a multitud de personas, a veces venidas de lugares muy lejanos. Los peregrinos dormían en un pórtico y el dios se les aparecía en sueños curándolos o dictándoles un remedio. Algunos, como el de Pérgamo, eran verdaderos complejos de salud incluyendo una biblioteca, un teatro, templos, fuentes y edificios para técnicas curativas. También aquí un   exvoto era la prueba de la salud recuperada y había también inscripciones que contaban historias de los “milagros” ocurridos en ellos. En Epidauro a un hombre calvo le había crecido el pelo tras dormir en el santuario porque el dios le había frotado la cabeza con un ungüento; otro, que era de naturaleza débil, se había curado y como prueba había transportado una gran piedra hasta el santuario que todos podían contemplar in situ.

Por último, el turismo deportivo era un fenómeno ya conocido en la Antigüedad. Infinidad de gente acudía al santuario de Olimpia para contemplar cada cuatro años los Juegos Olímpicos y también había muchos fans que se desplazaban para ver juegos de gladiadores en las localidades vecinas.

Fuera rico o del montón, el turista romano tenía muchos motivos para viajar y volver distinto a su lugar de origen. Y como puede deducirse de lo expuesto, estas motivaciones siguen en gran medida presentes en nuestro tiempo con algunos cambios. No hay duda de que seguimos siendo muy romanos en nuestros gustos turísticos. 

Os dejamos este enlace por si queréis comenzar a leerlo o comprar un ejemplar.


TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

jueves, 7 de julio de 2022

"LOS ANTIGUOS ESLAVOS". LOS GRANDES DESCONOCIDOS DE LA HISTORIA EUROPEA. BREVE RESEÑA.


Los eslavos son el pueblo más numeroso de Europa en el presente y sin embargo su historia es  desconocida en Occidente, especialmente su historia antigua. Es por ello que obras como "Los antiguos eslavos" de la profesora Susana Torres Prieto publicado por la editorial Síntesis en su colección "Temas de Historia Antigua" adquieran una importancia especial al darnos a conocer el pasado de este pueblo que dio lugar, con el paso de los siglos al nacimiento de muchos de los países que componen el mosaico europeo. 

En la obra se nos tratan de explicar las diferencias culturales, políticas y religiosas entre Europa Oriental y Occidental y de la aportación de los eslavos a la historia europea en la Edad Media, acabando por construir un mundo mucho más próximo al occidental del que podríamos imaginar.

No son fuentes lo que nos falta sobre los eslavos, estas son numerosas y de procedencia variada por ejemplo las bizantinas como Procopio que escribió que los eslavos "pelean a pie, avanzando sobre el enemigo, llevando en sus manos pequeños escudos y lanzas, pero nunca llevan armadura". El Strategikon dice que los eslavos “Están armados con lanzas cortas, cada uno lleva dos, uno de ellos con un gran escudo”.

El armamento de los primeros eslavos consistía en tres jabalinas o lanzas cortas, y también algún cuchillo o un hacha, ondas y arcos similares a las utilizadas por los nómadas de la estepa.Con el paso del tiempo en su avance hacia el oeste evolucionan y ya durante los siglos VI y VII y cada guerrero lleva a la batalla su propio escudo, espadas y las primeras protecciones, en muchos casos capturadas a sus rivales..



Procopio escribió que los eslavos «pelean a pie, avanzando sobre el enemigo, llevando en sus manos pequeños escudos y lanzas, pero nunca llevan armadura«. El Strategikon dice que los eslavos “Están armados con lanzas cortas, cada uno lleva dos, uno de ellos con un gran escudo”.





Ahora hablemos de la autora: Susana Torres Prieto, ha desarrollado su carrera académica como docente e investigadora en la áreas de Estudios Medievales y Eslavos. Es especialista en la literatura y cultura de Rusia desde la Edad media hasta nuestros días, así como en los medios y contextos de transmisión del conocimiento. Ha sido profesora en diferentes universidades españolas y extranjeras y, miembro de varios equipos de investigación internacionales y directora del suyo propio, es en la actualidad Investigadora de la Cátedra de Management Fundación Bancaria ‘La Caixa’. Es asimismo miembro de varias sociedades científicas internacionales.

La obra comienza con las primeras noticias que las fuentes que el imperio romano nos ofrece sobre los eslavos en el siglo VI, aunque no serán ni mucho menos las únicas. También se tratan las francas y carolinas, las del clero alemán, las que dan los viajeros árabes, la evidencia lingüística y la arqueológica, etc. Es en este aspecto una obra de fuertes y sólidos pilares académicos pero que no pierde la amenidad en la narración, siendo accesible para casi todos los públicos.

La obra hace un barrido histórico muy completo abarcando desde su llagada desde el Este y sus relaciones con Constantinopla. Nos habla de los primeros estados eslavos, de su relación con los ávaros, de la Confederación del Samo, de la gran Moravia, del primer Imperio Búlgaro, de los enclaves de los rus, del paso del paganismo al cristianismo, de como les afectó la llegada de los nuevos invasores desde el Este: la Horda de Oro primero y los otomanos, después, de los países, etc

Me ha gustado especialmente, y esto no es una cosa corriente que se pueda ver mucho en los ensayos históricos, la inserción de algunos textos traducidos de esas fuentes, antes mencionadas, al final de la obra. Su lectura permitirá al lector curioso llegar a sus propias conclusiones sobre numerosos aspectos y detalles con ellos relacionados.

 Para concluir no nos queda más que recomendar "Los antiguos eslavos" como un libro imprescindible y muy valioso que nos permite dedicar una tranquila mirada a un pueblo que compone hoy más de la mitad de la Unión Europea y que apenas conocemos y que viene a cubrir las carencias que sobre este pueblo existen en la bibliografía en castellano.

Os dejamos este enlace por si queréis comprar o comenzar a leerlo.











martes, 5 de julio de 2022

LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO DEL 79 TUVO LUGAR EN OCTUBRE. NUEVA CONFIRMACIÓN

 La erupción de Vesubio del 79 d.C. tuvo lugar en octubre

Un texto de Maribel Velasco.

Se confirma que la terrible erupción del Vesubio del 79 d.C. no se produjo entre el 24 y el 25 de agosto, como se pensaba, sino entre el 24 y el 25 de octubre. Así lo indica la investigación multidisciplinar e internacional liderada por Italia y que se ha publicado en la revista Earth-Science Reviews. 

 


El trabajo examina diferentes aspectos de la erupción del 79 d.C., integrando datos históricos, estratigráficos, sedimentológicos, petrológicos, geofísicos, paleoclimáticos y de modelado de los procesos magmáticos y eruptivos de uno de los sucesos más famosos y devastadores que han afectado la zona volcánica. El artículo parte de la redefinición de la fecha de la erupción, que habría ocurrido en el otoño del 79 d.C. y no el 24 agosto, como se suponía en el pasado, y continúa con el análisis vulcanológico de sitios cercanos al volcán y luego progresivamente trasladados hasta miles de kilómetros de distancia, donde se encontraron rastros de la erupción en forma de finas cenizas.

 


Distribución de la ceniza en el Mediterráneo durante la erupción del 79 d.C.

El estudio "La erupción del Vesubio en el año 79 EC: una lección del pasado y la necesidad de un enfoque multidisciplinar para el desarrollo de la vulcanología” fue realizado por el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (Ingv) en colaboración con el Instituto de Geología Ambiental y Geoingeniería del Consejo Nacional de Investigaciones (Igag-Cnr), el Centro Interdepartamental para el Estudio de los Efectos del Cambio Climático (Cirsec) y el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Pisa, el Laboratoire Magmas et Volcans de Clermont-Ferrand (Lmv) en Francia y la Escuela de Ingeniería y Ciencias Físicas (Eps) de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo en el Reino Unido. La investigación se realizó en el contexto del proyecto de investigación 'Pianeta Dinamico' financiado por el Ingv.

Tras casi 2.000 años, las investigaciones de campo, análisis de laboratorio y relectura de fuentes históricas han permitido establecer que la erupción se produjo en 8 fases y reconstruirlas. La primera, por ejemplo, muy violenta, levantó una columna de hasta 8 kilómetros de altura que esparció el material piroclástico en zonas cercanas. Las cenizas cayeron hasta Grecia y la caldera, al colapsar, generó otros fenómenos como el desplazamiento de flujos piroclásticos de alta densidad y coladas de fango volcánico.

La reconstrucción, la más detallada hasta ahora, abre el camino a nuevos frentes de investigación sobre eventos similares. 


Desde el siglo XIII, la fecha del 24 de agosto ha sido objeto de debate entre historiadores, y posteriormente también entre arqueólogos y geólogos, pero resulta inconsistente por muchas evidencias. Por ejemplo, quedaban como interrogantes los hallazgos de frutos típicamente otoñales, las gruesas túnicas que vestían los habitantes o el vino almacenado ya en las dolia (tinajas) que no concordaban con la fecha del 24-25 de agosto. La pista más importante sobre la inexactitud de la fecha surgió en 2018 con el descubrimiento de una inscripción en el muro del atrio de la llamada “Casa con Jardín” de Pompeya, durante las excavaciones que se realizaban en la Regio V, en donde se lee: XVI (ante) K(alendas) Nov(embres) in[d]ulsit pro masumis esurit[ioni], “el decimosexto día antes de las calendas de noviembre se entregó una gran cantidad de comida”. La escritura realizada a carboncillo, frágil y evanescente, no hubiera podido durar mucho tiempo, lo que indica que fue hecha unos días antes de la erupción y que esta, ciertamente, ocurrió después del 17 de octubre.

 

Grafito en la pared de la Casa con Jardín.         

La teoría de la erupción del 24 de agosto proviene del único relato de un testigo ocular del suceso, descrito por Plinio el Joven en dos cartas a Tácito muchos años después. El escritor romano, entonces de 17 años, observó la erupción a unos 30 kilómetros en el cabo Miseno, al otro lado del golfo de Nápoles. En una de las cartas, Plinio el Joven especificó la fecha de la erupción, pero lo hizo "a la romana": Non[um] Kal[endas] septembres, "nueve días antes de las calendas de septiembre". Por "calendas" se entendía el primer día de cada mes en el calendario romano, por tanto, las calendas de septiembre eran el 1 de septiembre, y retrocediendo nueve días llegamos efectivamente al 24 de agosto. Es preciso tener en cuenta que los romanos contaban todos los días, tanto el inicial como el final.

Las cartas originales de Plinio el Joven no se conservan, solo sus copias realizadas durante la Edad Media por amanuenses y que hoy se guardan en algunas bibliotecas, como la vaticana, donde en el folio 87 del códice Laurenciano Mediceo, de 1498, se lee, precisamente, la fecha del 24 de agosto. En la quietud de los monasterios, durante generaciones, los monjes transcribían a mano innumerables obras de autores antiguos, salvando así un patrimonio extraordinario a lo largo de los siglos. Pero, como es natural, en ocasiones cometían errores de transcripción. 

La Biblioteca Girolamini de Nápoles alberga cerca de 170.00 obras, entre las que se encuentran numerosos manuscritos, 120 incunables, 5.000 cinquecentinas y unas 6.500 composiciones musicales del siglo XIV al XIX. Entre todos esos volúmenes antiguos, hay uno realmente hermoso, el códice Oratorianus, que data de 1501. En él también se pueden leer las palabras de Plinio el Joven en otra copia, pero… la fecha es diferente. No se mencionan las calendas de septiembre, ¡sino las calendas de noviembre! El texto es claro: … Kl. Nove(m)bris… 

¿Qué había pasado? Pues que se hicieron copias de las copias e, indudablemente, con el tiempo se irían añadiendo errores aleatorios en los textos, a veces incluso en la fecha de la erupción. De hecho, existen hasta tres grandes familias de copias. De los ejemplares de los que se disponían, los estudiosos confiaron en el más antiguo, que teóricamente estaría libre de errores. Por eso, durante generaciones y siglos se ha considerado válida la fecha del 24 al 25 de agosto como la de la erupción, y escuelas enteras de eruditos la han tomado como referencia. Pero, evidentemente, ya era el resultado de un error de los escribas con respecto a la fecha original indicada por Plinio el Joven.


Fuentes:

I tre giorni di Pompei. Angela Alberto (2016)

rainews.it

ansa.it

ilfattostorico.com

TE PUEDE INTERESAR


domingo, 3 de julio de 2022

LA BARBA EN LA ANTIGUA ROMA. MUCHO MÁS QUE UNA OPCIÓN ESTÉTICA.

Una colaboración de Iván La Cioppa

En el imaginario colectivo, siempre imaginamos al antiguo romano con el pelo corto y el rostro afeitado. Bueno, pues no fue siempre así. Al principio, durante la época más antigua, los romanos portaban una barba de longitud mediana, al estilo etrusco, según confirman varias fuentes.

Varrón, en su «De re rustica» (II, 11, 10), hace referencia a estatuas masculinas de largas barbas que denotan la antigüedad de las obras.

Tito Livio nos cuenta que, durante el saqueo de Roma en el 387 a.C., uno de los galos invasores tiró de la barba al senador Marco Papirio.


También en la onomástica tenemos referencias a la barba. Basta con pensar en la familia Domicio Enobarbo, así llamada aludiendo a su característica barba rojiza: familia de la que formaba parte el emperador Nerón, nacido como Lucio Domicio Enobarbo.

Otro ejemplo ligado al nombre fue Escipión Barbato, abuelo de Escipión el Africano quien, diferenciándose de su antepasado, según Plinio el Viejo («Naturalis Historia», VII, 211) introdujo una auténtica revolución en la moda de la época, luciendo siempre un afeitado impecable. Muchos comenzaron a seguir el ejemplo de este héroe y gran líder, y uno de ellos fue su ilustre sobrino Escipión Emiliano: éste lucía un rostro lampiño incluso durante un juicio, donde, según la costumbre, el acusado se presentaba con una barba descuidada como un signo de contrición por la falsedad de los cargos.

Pronto, por tanto, la barba se dejó de lado hasta ser considerada un signo distintivo de los bárbaros. Los Escipiones, por ejemplo, exhibían sus lisas mejillas comparándose con los barbudos cartagineses, contra los que luchaban.

Esta tradición se observa por ejemplo en una moneda del siglo I con la efigie de Marco Claudio Marcelo, conquistador de Sicilia, el primero en ser retratado sin barba.

Debido a esta moda, se instauró el ritual de la «Depositio Barbae», con el que todo joven romano, a quien Cicerón llamaba «iuvenis barbatulus», se afeitaba por primera vez y ofrecía a los dioses su primera barba, llamada «vel lanugo», encerrada en un píxide. La ceremonia solía tener lugar alrededor de los 21 años de edad, como lo demuestra el epitafio del joven Laetilio Gallo, fallecido poco antes de esta edad.



"Llevaba una barba sin afeitar cuando me enfrenté a mi muerte".  Augusto fue una excepción a la regla, según Dion Casio, porque realizó su ritual a la edad de 25 años, muy posiblemente porque padecía de escaso crecimiento del vello facial. Sin embargo, Suetonio afirma que, en la vejez, al enterarse de la masacre de Teutoburgo, de la desesperación, se dejó crecer la barba y el pelo en señal de luto.

En cuanto a la «Depositio Barbae», es curiosa la anécdota del emperador Claudio que, debido a la falta de consideración y desprecio que le tenía su propia familia, celebró su ritual a medianoche y escondido en un palanquín en el Capitolio.

La moda del rostro sin vello hizo la fortuna de los «tonsores» (barberos), traídos por primera vez de Sicilia a Roma por Publio Ticino Menea en el 299 a.C.

Los ricos podían beneficiarse de «tonsores» personales, a menudo de verdaderos artistas como el de Augusto y el de Marcial, famosos por la delicadeza y precisión de su toque.

Los menos pudientes, en cambio, debían contentarse con las «tonstrinae», que eran barberías públicas. Lamentablemente, la navaja utilizada para el afeitado era muy rudimentaria: consistía en una media luna de bronce o hierro afilada en piedras que a menudo perdían el filo. No se utilizaban ungüentos ni nada que suavizara la piel, como mucho se humedecía un poco el rostro con agua fresca. De forma que los cortes y excoriaciones como consecuencia del afeitado se volvieron muy comunes.

Navaja romana

En este tema, los versos de Marcial son ejemplares:

"Las estigmas que tengo en mi barbilla son tantas como ostenta el  hocico de un boxeador jubilado, y no me las hizo mi mujer, loca de furor, con sus uñas, sino el brazo perverso de Antíoco y su maldita cuchilla".

Precisamente por eso los militares, enzarzados en marchas y batallas, no solían afeitarse, y preferían portar una barba corta y ordenada que cuidaban con unas tijeras, menos peligrosas que la navaja. De esta forma, evitaban ir a la batalla ya heridos por haberse afeitado y también gozaban de una protección adicional contra el frío que, además, hacía que la piel  se volviera aún más seca y menos propensa al afeitado.                                                                         

Algunas fuentes informan, sin embargo, que los legionarios de César se afeitaban puntualmente pero sólo para seguir el ejemplo de su carismático comandante. Así que no era una regla definitiva.

Generalmente se cree que Adriano restauró la moda de la barba, debido a su pasión por la filosofía griega.

Sin embargo, sabemos que Nerón ya lucía una barba corta que se unía a las patillas por debajo del mentón. No se sabe si su elección estuvo ligada a su pasión por la filosofía griega o al deseo de evitar las cicatrices del «tonsor».

Además, en algunas escenas de la Columna de Trajano, podemos ver legionarios con barba corta que confirman esta costumbre incluso antes del advenimiento de Adriano.

Legionarios con barba en la columna de Trajano.

Afeitarse más tarde volvió a estar de moda con Constantino y sus sucesores. La única excepción fue su sobrino Juliano que, yendo a contracorriente, luce su barba al estilo de los filósofos griegos. Por ello fue duramente criticado por los cristianos de Antioquía que consideraban su barba pasada de moda, además de un símbolo de paganismo. Juliano respondió a estas invectivas escribiendo una obra satírica titulada «Misopògon» (Μισοπώγων), el enemigo de la barba.

Paradójicamente, los propios cristianos llevaban barba, eso sí, siguiendo ejemplos totalmente distintos.

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios, por Edward Armitage (1875).

Podemos afirmar sin lugar a duda que, a lo largo de los siglos, llevar o no barba siempre ha tenido un significado muy concreto, ya sea espiritual, político o social.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

LOS AFEITADOS EN LA ANTIGUA ROMA