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lunes, 21 de septiembre de 2020

"LA MÁSCARA ALANA" UN VIAJE POR UN IMPERIO EN DESINTEGRACIÓN. BREVE RESEÑA

31 de diciembre del 406 d.C, una enorme masa constituida por vándalos, alanos y suevos cruzan la superficie helada del Rin y se plantan en territorio romano. El verano de ese mismo año las mermadas legiones de Roma, que se han tenido que concentrar para acabar con la invasión goda de Radagasio en Italia, se ven impotentes para repeler esta invasión. Las prosperas ciudades, de la Galia primero y de Hispania después, serán objeto de su saqueo. En este marco convulso se desarrolla la novela que nos ocupa hoy " La máscara alana" de Alberto Martínez Díaz.

Invasiones Bárbaras de principios del siglo V.


El autor

Alberto Martínez Díaz es Licenciado en derecho y en ingeniería. Ha desarrollado su trabajo como funcionario en la Administración General del Estado. Se dedica a la divulgación del arte y la historia desde su HA Historia y Arte, siendo además miembro de Divulgadores de la Historia. Tras su primera novela publicada "la máscara alana", tiene ya muy avanzadas sus dos próximas obras tituladas "La doncella en la nieve" y " Las brumas del sueño".

La novela 

Como muy bien se indica en la cubierta del libro "esta no es la clásica novela de romanos de la república o la época imperial". Estamos ante un relato que se desarrolla en el Bajo Imperio Romano, entre el 395 a 407, un auténtico reto literario por lo complicado y a veces poco conocido que es
este periodo desde el punto de vista histórico.

En cuanto a la trama no podemos desvelar demasiado. Un chaman alano tiene unas visiones, inspiradas por sus dioses sobre una niña que tendrá una gran importancia en la historia de su pueblo. El envío de algunos de sus fieles hasta la villa de Emérita Augusta, donde vive la niña, con la misión de capturarla, desencadena una acción que no da al lector un minuto de reposo.

Maqueta de emérita Augusta en época romana


Otro mérito que le encuentro a la novela es que, a lo largo de sus 319 páginas nos encontramos varios géneros que combinan perfectamente con el género histórico. Es una novela de amor con dos historias muy bien construidas para integrarse con la trama general de la obra. Es también una novela de viaje por ese mundo del Bajo Imperio Romano. Un largo viaje que comienza en el lado no romano del Danubio, en el extremo oriental del Imperio para llegar al norte a las orillas del Rin. Desde allí aprovechan el frío que ha congelado las orillas del gran río, cruzan su superficie helada y penetran en la Galia, donde encuentran escasa oposición para extenderse primero por ese territorio romano y por Hispania después. El movimiento de los protagonistas por esa geografía, por ejemplo el de algunos de sus protagonistas como Flavio  o el visigodo Ramiro, desde Emérita Augusta hasta la recién saqueada Arelate es un  perfecto pretexto para mostrarnos ese Bajo Imperio en la que las ciudades, carentes de la pujanza del pasado, tienen problemas económicos para mantener guarniciones con las que combatir el bandolerismo, la deserción de las milicias, los abusos de los poderosos, el adecuado mantenimiento de las infraestructuras de las ciudades etc. El último género que detecto en este relato es el de aventuras. Los protagonistas, tanto alanos, como romanos se ven envueltos en conspiraciones y luchas que a veces les superan, pero que les hacen mejorar y esforzarse al máximo.

En la novela histórica es importante pensar en el lector. No todo el mundo conoce la geografía de la Antigüedad, ni conoce el significado de palabras latinas usadas en la construcción del relato, ni sabe distinguir entre los personajes que si fueron reales de los ficticios, etc. En " La mascara alana" podemos encontrar tres mapas que nos ayudan a orientarnos a la perfección en el relato, una relación de personajes reales y ficticios y por último un glosario con el significado de las palabras latinas usadas en la obra que demuestran como Alberto Martínez Díaz se preocupa de sus lectores.

En conclusión, estamos ante un autor de un enorme talento narrativo, que combina a la perfección con el rigor histórico. Por ejemplo (sabemos que visitó personalmente todas las ciudades que aparecen en esta historia) y ha invertido mucho esfuerzo en documentarse históricamente. Con sus dos próximas novelas promete proporcionarnos muchas horas de entretenida lectura.

En conclusión pdemos decir que esta novela es un gran relato histórico, con las gotas justas de amor, aventura y viajes . Un imprescindible que debemos tener en nuestros estantes.

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jueves, 27 de agosto de 2020

DON JULIÁN, EL ÚLTIMO ROMANO DE ÁFRICA. ACTUALIZACIÓN DE SU FIGURA.



Escrito por Federico Romero Díaz . Ilustración de portada de @historicamentecorrecto

Con la figura del conde don Julián sucede algo parecido que con Rodrigo Díaz de Vivar. El paso de los siglos ha ido añadiendo sucesivas capas al personaje real hasta deformarlo y hacerlo casi irreconocible ¿Quieres saber que hay de real y que hay de falso en su leyenda?

Las fuerzas romano-orientales del comes don Julián y los musulmanes de Musa en costa africana de Ceuta( Ilustración creada para HRA por @históricamentecorrecto)

LA LEYENDA DEL CONDE DON JULIÁN

Cuenta el mito que don Julián era un conde visigodo que gobernaba para el rey Rodrigo la ciudad de Ceuta. El rey abusa de su hija, que había sido enviada a la corte de Toledo por su padre y este, enojado, traiciona al reino visigodo y facilita a los árabes el paso a la península ibérica que será conquistada para el islam.

La leyenda se originó ya en el siglo IX cuando los historiadores musulmanes Al-Razi y Abd al Hakam introducen la historia de la violación de la hija de Julián. En el XI Ishaq ibin Zayyat afirma erróneamente que Julián era uno de los gobernadores que "el rey de España tenía en esas fechas en el Norte de África" y esta versión se difunde a los cronistas cristianos( Historia legionense; Crónica Najerense, Crónica de Tudela, etc)durante los siglos XII y XIII. En el XV Pedro del Corral en su Crónica Sarracina recoge y desarrolla más la leyenda que, se continua perpetuando en el XVI a través de obras como "La verdadera historia del rey don Rodrigo escrita por Miguel de Luna.



En el XVII aparece la misma historia en "El último godo" de Lope de Vega; En el XVIII se ocupan del tema conocidos autores como Moratín(padre)en la "Hormesinda" en 1770 o el propio Jovellanos "Perder el reino y poder por querer a una mujer". Incluso la fama de nuestro ya mítico conde don Julián será el tema de algunas obras del Romanticismo fuera de nuestras fronteras como la tragedia "Count Julian"(1812) de Walter Savage. También aparece mencionado en la obra de Walter Scott " The vision of don Roderik". En pleno siglo XX Juan Goitisolo escribe "Reivindicación del conde don Julián" y así la leyenda, que no la verdad histórica, ha llegado hasta nuestros días. 



EL VERDADERO COMES JULIÁN

Los textos más cercanos a su momento histórico, finales del siglo VII, principios del VIII son claros. El cronista árabe, Albaladuri, ya en el siglo IX, se refiere a nuestro protagonista como "comandante del estrecho". Tiene todo el sentido, autores como José Soto Chica han demostrado utilizando crónicas que hasta ahora no habían sido tenidas en cuenta, que en una fecha tan tardía como el 685 Septem, es decir la actual Ceuta, aún permanecía en poder bizantino. Tanto es así que el propio emperador Justiniano II en el 686 en una carta dirigida al papa del momento le enumera los diferentes ejércitos con los que cuenta el Imperio, siendo uno de ellos el Septenciano que tenía un carácter marítimo. A Julián como gobernante de esa zona, le correspondía el título de strategos y como jefe de la flota bizantina el de comes o navarjos.

Sabemos con certeza que la presencia romano-oriental, en el extremo occidental del Mediterráneo, se mantuvo al menos desde la época de Justiniano ,década de los 30 del siglo VI, hasta la conquista o, más bien pacto, con los musulmanes en el 709-710.



Por otra parte tampoco hay constancia del dominio visigodo de la ciudad de Ceuta. Sabemos que Teudis fracasó estrepitosamente en un intento de conquista de la ciudad en el 548, pero nada más. Por otro lado era un lugar de refugio de nobles godos exiliados tras las luchas por el trono. Se han encontrado objetos atribuibles a los godos, pero esto solo demuestra que había una "natural relación comercial" entre dos áreas independientes políticamente entre sí; por una parte la Hispania goda y por otra el Thema Septenciano, dependiente del Imperio Romano de Oriente. Tenemos certeza por las fuentes de que Ceuta se encontraba en manos bizantinas en el 687 y lo más probable es que lo siguiera estando cuando llegó Musa ibn Nusayr en el 709.

En cuanto a su estructura territorial sabemos por Ananías de Sirak en su Geografía y por Juan de Chipre que escribió en el 630 una Descriptio Orbis que la Tingitana o Mauritania Segunda tenía dos ciudades que actuaban además como bases navales:  Septem( Ceuta) y Tingis( Tánger) a las que hay que añadir una tercera en territorio de la península ibérica llamada Mesopotaminoi, que es el nombre griego con el que en el siglo VII se designaba a la antigua Iulia Traducta, actual Algeciras. La existencia de este enclave y su adscripción a la Tingitana ha sido demostrada en un reciente estudio por José Soto Chica y Ana María Berenjeno y es de una importancia enorme ya que alarga la presencia bizantina en el territorio hispano hasta la invasión árabe. Desde esa triple posición, el gobernador de la Tingitania tenía un control casi absoluto del tráfico marítimo en el Estrecho. Estas fuentes romanas son corroboradas por la descripción que en el siglo IX hace el granadino Ibin Habib, que además alude a "un comandante del Estrecho"; por el egipcio Ibn Abd al Hakam y el iraquí Al Baladuri.

El final del siglo VII en el Norte de África, está marcado los continuos avances y retrocesos de los árabes que desde Egipto en un primer momento y desde sus bases en Pentápolis y Trípoli después, entablan una dura pugna con los ejércitos romanos, apoyados por tribus de aliados bereberes muy romanizados tras los largos siglos de convivencia. El comandante árabe encargado de conquistar la parte más occidental del África bizantina será Musa ibn Nusayr que llega a Cairuán en el 707 y  realiza sus campañas en Bizakia y Numidia, en el 708-709 cuando ataca las Mauritanias y toma Tánger .

Es por lo tanto una época en la que se producen continuos cambios políticos, territoriales y administrativos. Tras la caída definitiva de Cartago en el 698 y la derrota de la Kahina que supone el final de la resistencia romano-bereber en la Tingitana prima, aparece la figura de Julián, al que todas las fuentes islámicas califican de rum o romano. Ibn Al-Athir afirma que Julián no solo era romano, sino que ostentaba el título de Patricio, un título que ningún gobernador godo hubiera podido exhibir.

La presencia de perso-armenios queda atestiguada por la llegada de contingentes de este origen junto a los generales Belisario y Salomón para enfrentarse a los vándalos. Su presencia en puestos de responsabilidad se extiende en el Norte de África hasta la conquista árabe. La dinastía de uno de los emperadores más conocidos, Heraclio hijo de Heraclio el viejo, exarca de Cartago, tiene ese origen. Incluso hay testimonios de la presencia de armenios en el reino visigodo.

Como ya hemos indicado anteriormente, la campaña de venganza del repuesto Justiniano II contra los altos cargos que sirvieron o fueron nombrados bajo el gobierno de Leoncio y la caída del resto de territorios bizantinos en África, dejaba en una posición muy delicada a Julián que se vio obligado a entenderse con los musulmanes de Tariq y Musa que ya habían ocupado Tingis en el 708.

Representación de la Batalla de Guadalete, Julio 711.

A pesar de esa pérdida Julián seguía manteniendo una posición muy sólida en Ceuta y Algeciras. El pacto, firmado entre el 709 y el 710, entre el gobernador bizantino y los árabes fue lo más práctico para ambas partes. Había que aprovechar la situación de división interna del reino visigodo entre la facción  de los partidarios de la familia de Witiza y la de Rodrigo ocupado en su lucha contra los vascones del norte. Era una oportunidad de oro para ambas partes que pasaron al otro lado del Estrecho usando Algeciras como punto de desembarco. Las fuentes musulmanas son claras, Julián, acabó pactando y colaborando con Musa y Tariq. Otro factor a tener muy en cuenta es el aislamiento tanto de los romanos orientales como de los árabes en una zona habitada mayoritariamente por bereberes, escasamente islamizados en esos momentos. La invasión del reino visigodo era la solución perfecta tanto para los árabes como para los romanos de Julián  que unían fuerzas además así se desviaba la belicosidad de estas tribus bereberes hacia nuevas empresas. Mediante la promesa de ganima (botín) conseguían un aliado muy valioso que incrementaría las filas de su ejército frente a las fuerzas visigodas. Romanos y árabes colaborando entre sí y atrayéndose a los bereberes podían de esta forma conservar sus respectivos territorios y fijarse nuevas metas de conquista.

Guerreo bereber siglo VIII Christos Giannopoulos


Esta documentada en fuentes islámicas la intervención de Julián y sus fieles en la conquista de la ciudad sevillana de Carmona, así como también hay testimonios de sus hijos, ya convertidos al islam con nombres como Balacayas, que según Eduardo Saavedra, autor de "Estudios sobre la invasión de los árabes en España" provenía de Vologeses.

Las diferentes capas que van formando la ficción histórica de Julián servirán primero a los intereses árabes para legitimar su control de la Península, del Norte de África y sobre los bereberes y las rutas que controlaban el rico comercio de oro desde el corazón de África. A los cristianos para justificar "la pérdida de las Españas" por la perfidia de su rey y la traición de uno de sus vasallos. Pasados los siglos y como dice Carlos Martínez Carrasco " después durante los años de Protectorado español sería retomado como parte del discurso nacionalista justificador de la presencia española en esa parte de África".

CONCLUSIÓN

El comes Julián era un alto cargo al servicio del Imperio Romano de Oriente, que se vio aislado y sin apoyo por las divisiones políticas internas en Constantinopla, frente a la amenaza de las belicosas tribus bereberes y frente al avance de los árabes que ya habían ocupado una de sus tres ciudades más importantes, Tíngis. Lo más practico para Julián, árabes y bereberes fue unir fuerzas y saltar al otro lado del Estrecho aprovechando los medios navales de los propios romanos y la debilidad por la división interna del reino visigodo. Siglos después las narraciones musulmanas primero y las cristianas después fueron añadiéndole diferentes capas a la historia que acabaron por deformar hasta hacerla casi irreconocible en nuestros días.



BIBLIOGRAFÍA

Martínez Carrasco, Carlos.-- El último patricio romano de Spania. Una relectura de la figura del "Conde don Julián".-- Universidad de Granada.
Berenjeno Borrego, A.M y Soto Chica, J.M(2014) Mesopotaminoi. Algeciras, nuevas aportaciones y reflexiones para la posible identificación.
Soto Chica, José.-- Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura. Madrid: Despertaferro Ediciones, 2019.
Ananías de Sirak.-- Geografía.( Traducido por R.H Hebsen, 1992).
Arce; J.--Esperando a los árabes. Los visigodos en Hispania. Madrid 2011
García Moreno, L.A.--España(702-719). La conquista musulmana. Sevilla. 2013
Arsenal, L.-- Godos de Hispania, Madrid: Edaf, 2020; 2ª ed.

miércoles, 26 de agosto de 2020

LIGNVM EN ROMA, EL PASADO SIEMPRE VUELVE. BREVE RESEÑA

«Nuestros actos, más pronto o más tarde, tienen consecuencias pues el pasado siempre vuelve, por tiempo que pase y por distancia que pongas entre ese lugar y tú. Todos los cabos sueltos que quedaron sin atar retornan a tu vida y lo hacen cuando menos lo esperas, cuando crees que lo tienes todo encarrilado y libre de peligro».


Con estas acertadas palabras extraídas de Lignvm en Roma. El pasado siempre vuelve he querido empezar esta reseña de esta tercera entrega y, espero que no sea la última, de la trilogía de Lignvm. Pinchar en los enlaces si queréis leer las reseñas de la primera y segunda entrega de esta trilogía.



Ahora nuestro protagonista, el legionario Aurelio Vitalis, continua su vida cotidiana en la Dacia, llevando la logística de los almacenes que abastecen a las legiones allí destinadas en plena campaña de Trajano contra los dacios y sus aliados sármatas y roxolanos. En esta parte de la novela es clave la construcción del famoso puente sobre el Danubio, diseñado por encargo de Trajano por el arquitecto Apolodoro de Damasco.


Después se le ordena viajar a la ciudad eterna a responder por una muerte relacionada con su partida de la capital, cuando se alistó en su legión. Viajaremos a través del Imperio y viviremos alguna aventura hasta llegar por fin a Roma, donde es confinado en el Castra praetoria donde nuevos retos pondrán a Aurelio y a sus compañeros en una difícil situación que nuestro protagonista deberá por todos los medios de superar para asegurarle a su familia y a él mismo un futuro.

Es cierto que cuando he escrito sobre estas novelas he utilizado el término "aventura", aunque tal vez no sea el término más adecuado. Estas tres novelas son una magnífica recopilación de ejemplos de como era la vida cotidiana, el día a día de un romano cualquiera, de un humilde legionario, de un esclavo, etc. Son en su conjunto un magnífico relato de la vida auténtica del "romano de a pie", de ese perfecto "don nadie" que con su sudor y con su sangre ha construido esos grandes imperios que conocemos.

Recreación del puente sobre el Danubio diseñado por Apolodoro de Damasco.
Disfruto mucho con un recurso muy típico de Ángel Portillo, el autor de estas novelas, el de introducir en medio de la narración fábulas romanas que aportan nuevos matices a la historia que en ese momento nos esta contando. Como en las anteriores es excelente el dominio que demuestra en las descripciones de la indumentaria de los personajes y en sus costumbres religiosas. Se nota su larga experiencia como recreador histórico en el grupo "Barcino Oriens" y su larga trayectoria como activo divulgador (en podcast, vídeos y artículos) adscrito al grupo de Divulgadores de la Historia

El autor : Ángel Portillo


Por supuesto no podemos dejar de admirar la capacidad narrativa del autor al reproducir tal cual la mentalidad de un romano de esa época sin filtros presentistas que distorsionen la verdad histórica de su narración. Es muy valiente por su parte al correr el riesgo de herir las sensibilidades de algunos de sus lectores por anteponer la "verdad histórica" a la que se debe todo divulgador. Nuestro protagonista se desespera con los esclavos a los que considera poco más que animales estúpidos a los que hay que decírselo todo, supedita a la mujer a la obediencia total al "pater familias",  mira con pena a todo aquel que no tiene la condición de ciudadano romano, ya que nunca podrá ser alguien verdaderamente bueno, etc. Y a pesar de ello es capaz de sentir verdadero amor por su esposa, y la amistad más sincera por sus compañeros de armas, aunque sean simples auxiliares pendientes aún de obtener la preciada ciudadanía. Sus protagonistas son , al fin y al cabo auténticos habitantes de la Roma del siglo I D.C. En definitiva es un acercamiento a la Antigüedad en todos sus aspectos, sin filtros de ningún tipo, algo muy difícil de encontrar en novela histórica.

Las tres novelas forman en realidad una única historia que el autor nos va ofreciendo a plazos. Tal vez su único defecto sea que te quedas con ganas de saber como sigue. Os puedo anticipar que las historias de Lignvm, las historias de Aurelio Vitalis seguirán entreteniéndonos en próximas entregas.





sábado, 22 de agosto de 2020

POMPEYA Y LA CRUEL NATURALEZA

POMPEYA Y LA CRUEL NATURALEZA

Escrito por Marcos Uyá Esteban



Aquel 24 de agosto (u octubre) del año 79, la vida para los habitantes de Pompeya y la ciudad misma cambió para siempre. El azar y el destino quisieron que uno de los mayores volcanes con más actividad del planeta rugiera con todo su poder aquella mañana de tal manera que no solo llegaría a sepultar Pompeya, sino a la vecina ciudad de Herculano, también a Oplontis y causaría daños graves en Estabia. El horror de aquellos habitantes que intentaban huir despavoridos a todas direcciones para salvar su vida, fue uno de los episodios más trágicos y negros de la historia de Roma, una puñalada mortal en pleno corazón de Italia, y más para la capital, Roma, que estaba expectante para la inauguración del flamante Anfiteatro Flavio, conocido como el Coliseo. En este pequeño artículo vamos a desgranar qué es lo que ocurrió exactamente.

Una tambaleante ciudad

La ciudad de Pompeya tuvo sus orígenes probablemente en el siglo VI a. C. Situada en la región de Campania, en las fértiles faldas del monte Vesubio y resguardada por el golfo de Nápoles, fue construida encima de restos de erupciones anteriores y tenía al río Sarno como eje hacia el mar, protegido por lagunas que propiciaban el desembarco de mercancías, que en aquellos tiempos estaba más cerca que en la actualidad. Alcanzó cierta relevancia hacia el año 80 a. C. cuando el dictador Lucio Cornelio Sila, la convirtió en colonia con el nombre de Colonia Cornelia Veneria Pompeiorum, a pesar de que sus habitantes habían luchado en contra de él, pero fue el método de ganarse adeptos, transformando la ciudad con un estatus jurídico superior y dando la ciudadanía romana a todos sus componentes.

Durante los ciento cincuenta años siguientes la ciudad distó de ser tranquila en términos sismológicos, puesto que los terremotos sacudían sus cimientos cada cierto tiempo, como si Pompeya estuviese encima de unos delgados y endebles zancos, siendo los más conocidos los acaecidos en marzo del año 37 d. C., en febrero del año 62 o 63, el del 64 en la vecina Nápoles, cuando su teatro colapsó coincidiendo con una visita del emperador Nerón que acostumbraba a dar recitales interminables a base de rapsodas, y los “temblores” de los días previos a la catástrofe del año 79.

La naturaleza a veces da señales, y es conveniente no ignorarlas. Los días anteriores al fatídico desenlace, una serie de indicios presagiaban lo peor. En aquel momento Pompeya, con una población de entre diez y veinte mil habitantes, estaba llena de andamios cuyos obreros, que reparaban los daños acaecidos casi dos décadas antes cubriendo paredes con yeso fresco, debieron de quedarse absolutamente perplejos cuando el acueducto dejó de transportar agua, y es que las sacudidas habían desviado la pendiente del mismo enderezándolo, dejando a las fuentes sin suministro de agua. Pero una de las señales que jamás se deben de ignorar, son la de los animales. Los gatos, como si fueran una especie de “detectores sísmicos”, empezaron a huir, los perros a aullar lastimosamente de manera inquieta e incansable y las aves migratorias levantaron el vuelo y a huir de la zona. 

El despertar de un gigante dormido

A la una de la tarde (hora séptima para los romanos) del día 24 todo cambió. El desarrollo de la erupción y todos los detalles asociados a la misma lo conocemos gracias al impagable testimonio de Plinio el Joven, que en aquel momento era un imberbe adolescente ávido de aprender nuevas cosas que dejó en dos cartas escritas al historiador Tácito la magnitud de la tragedia (Epístolas 6, 16 y 6, 20). En el día de los acontecimientos, se encontraba junto a su madre y su tío Plinio el Viejo en Miseno, situado a unos 31 km al oeste de Pompeya, en la otra punta de la bahía de Nápoles. Plinio el Viejo, otro hombre inquieto, era el prefecto de la flota marítima de Miseno, que controlaba la parte occidental del mar Mediterráneo. Ambos fueron testigos a distancia de lo que se estaba desarrollando y el testimonio de Plinio el Joven contiene una descripción pormenorizada paso por paso del avance de la erupción, lo que sería bautizado posteriormente por los vulcanólogos como de tipo pliniana, dentro de la clasificación de las llamadas erupciones magmáticas. 


Plinio el Joven y su madre en Miseno. Pintura de Angelica Kauffmann (1785)

Lo primero que ocurrió en el Vesubio es que el tapón que bloqueaba la salida del cráter explotó por los aires, dando lugar a una enorme columna de humo, anunciando la erupción volcánica, de materias volcánicas y gas, más livianos que el aire, que se elevaban hacia al cielo, agrandando la columna en su parte más alta, dando la forma, como diría Plinio el Joven, de un pino gigante, y alcanzó la nada desdeñable altura de 32 km, oscureciendo el cielo y tapando la luz del Sol. Esto convirtió los alrededores en un manto de tinieblas propio de la llegada del Apocalipsis, para un cristiano, o el despertar de Vulcano, el dios romano del fuego, visiblemente encolerizado.

Poco después, una lluvia de cenizas y lapilli empezó a caer sobre Pompeya, puesto que el viento, de componente sureste, arrastraba estos materiales hacía allí. El lapilli es un material poco pesado, y probablemente no hiciera mucho daño, pero la acumulación del mismo, no dejó de caer incesantemente durante ocho horas, más la ceniza, debió de ser muy molesto para los habitantes, aunque no tenían la idea de que lo peor estaba por llegar. En efecto, tras estos lapilli, empezaron a caer piedras pómez, que a pesar de ser una roca volcánica porosa de baja densidad, puede alcanzar grandes tamaños y varios kilogramos de peso, los suficientes para aplastar la cabeza o cuerpo de una persona. Además, esa piedra pómez empezó a acumularse sobre los tejados de las casas, acumulando peso en la misma, y provocando derrumbes que provocaron la muerte de los habitantes que se habían refugiado en el interior en pos de intentar ponerse a salvo de la erupción. Los que permanecían fuera, aparte de soportar la lluvia, cada vez les costaba más y más coger aire, puesto que las finas cenizas más las emanaciones gaseosas penetraban en los pulmones dificultando el proceso respiratorio y provocando episodios de asfixia.

Mapa de la expansión de la erupción del Vesubio del año 79 d.C

El flujo piroclástico: un enemigo letal

Mientras tanto, en Herculano, ciudad en donde vivían las clases más pudientes en grandes y fastuosas casas y villas, unos cinco mil habitantes en total, las cosas eran diferentes. Al estar más cerca del cráter, apenas 5 km, y dada la dirección del viento, no sufrió la lluvia de ceniza, lapilli y piedra pómez, pero sí que sería presa de uno de los efectos más devastadores de la erupción: el famoso y temido flujo piroclástico, una nube de gas muy caliente, ceniza y roca que se desliza por las laderas de los volcanes, alcanzando una velocidad de más de 300 km por hora. Y lo que ocurrió es que empezaron a sucederse oleadas de este flujo que alcanzó primero Herculano, unas doce horas después de la erupción, convirtiendo a la ciudad en una ratonera. Un testimonio de ello son los restos de una veintena de esqueletos apiñados en los cobertizos donde se amarraban los barcos, que en su vano intento de protegerse, fueron abrasados irremediablemente por el flujo, que estaría a unos 500 grados centígrados, y tuvieron una muerte instantánea, aunque estudios recientes sugieren que en esos cobertizos en realidad fueron una especie de horno y las personas alojadas allí murieran cocidas de manera más lenta y dolorosa.

Esqueletos de las víctimas que intentaron ocultarse bajo las bóvedas de los cobertizos
En Pompeya, se sucedieron oleadas del flujo que no alcanzaron la ciudad, hasta que la cuarta y la más devastadora, que ocurrió ya al día siguiente sobre las 7:30 de la mañana, penetraría a gran velocidad derribando parcial o totalmente todas las estructuras que encontraba en su camino. La diferencia con respecto a Herculano es que este flujo estaba a menor temperatura, unos 300 grados, debido a que Pompeya está al doble de distancia del Vesubio que Herculano, lo que proporcionó la famosa estampa de las figuras conservadas en el último instante de su vida, como si fueran fotografías de la época. La temperatura no tan elevada hizo que las personas muriesen al instante pero no para vaporizar la carne de sus cuerpos, al contrario que en Herculano. La lenta desaparición de la carne, hizo que quedase una capa vacía entre el ropaje que llevaban y el esqueleto, lo que fue aprovechado en el siglo XIX por el arqueólogo y numismático italiano Fiorelli para verter yeso líquido en la capa vacía, dejándolo endurecer y retirando las cenizas sobrantes, dando el aspecto actual de las figuras que revelan los detalles de su último aliento antes de morir.

 “Víctima sentada” de Pompeya, por la postura en la que se encontró el cuerpo.


En Miseno, Plinio el Viejo, como comandante de la flota, tomó una decisión, ir a socorrer a aquellos que habían podido escapar de la ciudad y se amontonaban en las playas gritando desesperadamente en busca de auxilio y también, de paso, estudiar el fenómeno más de cerca. Usando los barcos de la armada, intentó atravesar la bahía de Nápoles, pero el fuerte oleaje propiciado por pequeños seísmos, más la lluvia de cenizas y lapilli que se sucedían cada vez que se acercaba más y más la zona, le obligaron a hacer noche en Estabia con la intención de partir al día siguiente, pero, cuando iba a hacerlo, murió asfixiado por emanar dióxido de azufre, cuando se dirigía al barco. A pesar de no conseguir su objetivo, la valentía de Plinio el Viejo hizo que fuera uno de los precursores de la protección civil en casos de situaciones de emergencia ante desastres naturales.

La duración de la erupción fue de casi dos días. El día 26 ya no quedaba rastro.  Si alguien hubiese pasado por allí sin tener constancia de la existencia de una ciudad, habría seguido su camino sin percatarse. Es imposible calcular el número de víctimas, aunque en Pompeya se han recuperado 1150 cuerpos y en Herculano unos 350. Y aunque hubo supervivientes, tanto Pompeya como Herculano, también Oplontis, cayeron en el olvido durante más de 1500 años, a pesar de que posteriores autores latinos hablasen de estas ciudades. Estabia, poco tiempo más tarde, volvería a ser habitada. Habría que esperar al siglo XVIII con los redescubrimientos de Herculano primero y Pompeya después, para dar cuenta de la magnitud de la catástrofe y para entender el estilo de vida de los ciudadanos romanos en el día a día.

La controversia de la fecha

La última erupción del Vesubio fue en 1944 y por ahora permanece dormido, pero una de las cuestiones más controvertidas, y que se acentúa cada vez más hoy en día, es saber con exactitud si la catástrofe ocurrió el 24 de agosto o, como muchos piensan a través de evidencias descubiertas en los últimos años, el 24 de octubre. Las pruebas inclinan a pensar en la segunda fecha a pesar de que en el relato de Plinio el Joven establece la fecha el 24 de agosto (nueve días antes de las kalendas de septiembre), pero quizás se debe a un error de transcripción en la Edad Media. Muchos arqueólogos y expertos en Historia creen que sucedió en octubre puesto que se han encontrado frutos más propios del otoño (nueces, higos o castañas), ánforas con la recogida de la vendimia, algunos braseros y estufas que indican que a finales de octubre las noches eran ya frías, y, lo más importante, una moneda romana que indica la XV salutación imperial de Tito, el emperador romano de entonces, cuya datación no podría ser antes del 7 de septiembre del 79. Pero por si fuera poco, una inscripción hallada en 2018 escrita en carbón que pone la fecha de 16 días antes de las kalendas de noviembre, es decir, el 17 de octubre, una semana antes de la erupción, parece dar el espaldarazo definitivo a la cuestión. Sea como fuere, Pompeya siempre quedará en nuestras retinas como el fin de una ciudad y el nacimiento de un mito legendario que ha servido para la creación de numerosas obras artísticas, cinematográficas y literarias.

Estatua del emperador Tito. Museo del Louvre.


viernes, 7 de agosto de 2020

PERVIVENCIAS PAGANAS EN LA TARDOANTIGUEDAD. EL SACRIFICIO HUMANO DE PÉRGAMO (617)

En muchas ocasiones los libros de texto nos presentan la historia como una sucesión de periodos diferentes que se van alternando a lo largo del tiempo. Se equivocan. Un ejemplo evidente: tras la caída del Imperio Romano de Occidente los habitantes de Italia no se acostaron una noche siendo ciudadanos romanos para despertarse al día siguiente siendo "bárbaros".


Los cambios reales, sobre todo en los aspectos culturales,  sociales y religiosos se suceden despacio y muy gradualmente. El sentimiento de ser "romano" pervivió durante siglos no solo en el imaginario de los habitantes de ese Imperio que ya no existía en Occidente, sino también en los textos legales de esas zonas que diferenciaban claramente entre romanos , godos, francos, etc. La religión no fue una excepción y a pesar de los esfuerzos de la Iglesia por ir asimilando o borrando las huellas de la antigua religión romana esta permanecerá por siglos bien arraigada en las costumbres y en el corazón de la mayoría, en especial en el campo y en algunas regiones tanto en Oriente como en Occidente. Los materiales de los antiguos templos son ahora utilizados en los nuevos edificios cristianos y en reparar acueductos, calzadas, puentes, etc. Las rentas que antes les nutrían son ahora desviadas a otros usos como el pago de soldadas. No obstante muchos antiguos templos se salvarán, especialmente en Occidente, al ser reconvertidos en iglesias cristianas.

El senador Símaco ya denunciaba que la aristocracia y el funcionariado se adaptaron y aceptaron pronto el cristianismo, al suponer su nueva condición religiosa mayores posibilidades de promoción. No obstante, gran parte del pueblo y parte de esa aristocracia siguió aferrándose a las antiguas prácticas a pesar de los duros castigos que, según va pasando el tiempo, les imponen desde el poder. En el siglo V las leyes hacen alusión a reuniones de paganos en las propiedades imperiales (395), a la realización de sacrificios (423) y de connivencias por parte de las autoridades que hacen la "vista gorda" y se abstienen de su misión de reprimir y controlar las ceremonias paganas. Estas leyes respondían a  la pervivencia de las viejas tradiciones, que se mantenían más claramente en el mundo rural, pero también en el urbano Irán mezclándose con las cristianas que, poco a poco, las irán asimilando aunque en algunos casos la Iglesia recurrirá a su prohibición. Hay que señalar que las leyes que persiguen estas prácticas paganas son mucho más numerosas en el próspero Oriente que en Occidente, sumido ya en las guerras contra los bárbaros, en la descomposición de sus provincias, en una aguda crisis económica, etc.

Con respecto a las celebraciones lúdicas de carácter pagano, el poder siempre se tratará de evitar revueltas.

El magistrado presidente de la pompa circense cabalga en un carro llevado por dos caballos. Detrás de él están los nobles jóvenes que lideran la parada en caballos (opus sectile del siglo IV de la Basílica de Júnio Basso). Wikimedia commons.
Poco a poco se van suprimiendo o asfixiando por falta de presupuesto y ya en la primera mitad del siglo V podemos decir que se ha conseguido reducirlas a una mínima expresión, exceptuando las carreras de carros que perduraran en el tiempo en Oriente. en el 396 se priva a los sacerdotes paganos de todos los privilegios y exenciones que habían acumulado durante años y se les carga también con obligaciones fiscales para organizar entretenimientos en sus ciudades. En Roma o en Cartago se estableció la pena de muerte para aquellos que no abandonaran la ciudad. Un recurso muy utilizado es el de no reconocer como festivos las fechas señaladas para las celebraciones paganas y prohibir representaciones teatrales los domingos, en Navidad o Pascua.Otra herramienta muy útil en este proceso fue la persecución por parte de las autoridades de los colectivos que se ganaban la vida trabajando en estas actividad. A finales del siglo IV se impide a actores, venatores, aurigas  y a cualquier otro que trabajara en este tipo de actividades ocupar un lugar de honor en ceremonias públicas. También se establecían normas sobre su aspecto y atuendos; a los gladiadores se les impide trabajar como escoltas; se les prohíbe trabar amistad con miembros del gremio de panaderos; se les obliga a organizar a su costa, ya en pleno siglo V, diversiones y entretenimientos en sus municipios; los adivinos y portaestandartes deben pagar impuestos especiales, etc,convirtiéndolos en grupos marginales de la sociedad. Para la Iglesia era inconcebible que existieran personas que convirtieran la risa y el ocio en su modo de vida. Representaban un mal ejemplo demasiado llamativo para artesanos, obreros y curiales, atados ya por nacimiento, a una condición social sujeta a duras obligaciones económicas.

Vamos ahora a enumerar algunas de las manifestaciones más notables de esa pervivencia de la religión romana a lo largo de los siglos posteriores a la instauración del cristianismo como religión oficial.

Representación de las Lupercalia. Wikimedia commons
Las noticias que tenemos de ceremonias religiosas paganas, que habían conformado las sociedades romana o griega, llegan hasta fechas tan tardías como el siglo VIII pero si hablamos de  ritos religiosos aparentemente cristianos pero con origen pagano nos iríamos al siglo XII. En el siglo V, VI y aún en el VII el número de ciudadanos paganos en Oriente era importante. Juan de Éfeso nos lo indica en sus escritos donde nos indica que los paganos celebran su culto públicamente en Asia Menor a mediados del siglo VI. También conocemos la pervivencia del paganismo en las academias y escuelas filosóficas en lugares como Atenas o Alejandría. Es también muy curiosa la pervivencia del paganismo entre los descendientes de los espartanos todavía en el siglo VIII era básicamente una región pagana.

ASEDIO DE PÉRGAMO POR LAS FUERZAS DEL CALIFATO OMEYA. SACRIFICIO HUMANO. AÑO 716

Pérgamo no es el único ejemplo, aunque si el más impactante. Las ciudades en situaciones adversas recurrían con frecuencia a la realización de ritos paganos que a veces, eran anteriores a los dioses greco-romanos llegando incluso al sacrificio humano, poco frecuente pero muy documentado en todas las religiones de la Antigüedad. Recordemos el sacrificio humano de dos parejas de esclavos que se realizó en Roma cuando Aníbal se acercó a sus murallas. En la misma Roma en el 410 una parte del Senado presionó al Papa de Roma para que se realizara determinados sacrificios que los salvara del ejército de Alarico que, en ese momento, asediaba la ciudad. En el 494 el papa Liberio se vio obligado a autorizar la celebración de las Lupercales para poner fin a una hambruna provocada por una sequía que, en aquel momento hacía sufrir a la ciudad.

Aníbal. Pntado por Goya en 1770. Museos Capitolinos. Roma.
Preparando el camino para un gran ejército árabe destinado a asediar Constantinopla, Maslama in Abd al Malik, gobernador omeya de Armenia, Djazira y Azerbaiyán se dispuso a asediar la ciudad de Pérgamo que controlaba el acceso a los Dardanelos. Los defensores bizantinos aterrorizados ante la magnitud de las tropas que se les venían encima decidieron practicar un sacrificio humano, antiguo rito que siendo poco frecuente si que está documentado en la Antigüedad en muchas religiones. Según las fuentes cristianas, guiados por un "hechicero" eligieron a una joven que se disponía a tener en breve a su primer hijo, colocaron un gran caldero en las murallas y la sacrificaron abriéndole el vientre y extrayéndo el feto que arrojaron al caldero lleno de agua hirviendo. Después todos los defensores de la ciudad mojaron la manga de su brazo derecho en ese líquido en la creencia de que eso les daría la victoria y evitaría la entrada de las tropas omeyas en la ciudad.

Guerreros omeyas. Manuscrito musulman de la Magamat Al -Hariri 
El sacrificio fue en vano puesto que finalmente los árabes consiguieron entrar en la ciudad que fue destruida y posteriormente, tras el fracaso de los musulmanes en el asedio de Constantinopla, abandonada. Sus habitantes fueron pasados a cuchillo o reducidos a la esclavitud y de nada les sirvió ese sacrificio humano. Los cronistas cristianos, como el patriarca Nicéforo  o Teofanes el Confesor, que escriben sobre los hechos casi 100 años después pero que beben en fuentes contemporáneas al suceso, mostraron el hecho como ejemplo de como los defensores engañados por el diablo se condenaron inútilmente.

Otro ejemplo de la pervivencia y de la fuerza que el paganismo mantenía en ciertos lugares nos lo ofrece la ciudad de Gerasa, al norte del actual Jordania, allí aún en el siglo VIII y ya bajo dominio Omeya se seguía practicando el ancestral del baño de las jóvenes de la ciudad en una piscina rodeada de un bosque sagrado de abetos. Durante esas fiestas las mujeres eran libres de acostarse con el hombre que desearan.

La última mención que tenemos de un sacrificio humano nos lleva al siglo IX, en el Peloponeso en el Promontorio de Itume, donde se sacrificó un niño para atraer el favor de los dioses.

A modo de conclusión podemos dar por cierta la pervivencia de costumbres y ritos paganos en los siglos de la Tardonatiguedad y los primeros de la Alta Edad Media, pudiendo explicarlos desde la perspectiva de su poca "peligrosidad social" para el poder imperial, que si bien se mostró severo con su existencia, fundamentalmente para complacer a la Iglesia, no mostró nunca el grado de dureza que empleará con las diversas herejías cristianas que fueron surgiendo a lo largo de los siglos y que en muchos casos si que supusieron una amenaza real para el poder político y religioso establecido.

Biografía

Fuente principal

Este artículo esta basado en la charla daa por José Soto Chica en Diálogos de la Romanidad

Otras fuentes

Jordán Montes, J.F.-- La pervivencia del paganismo en el reinado de Honorio. Universidad de Murcia
Sánchez Andujar, Isabel María.-- Pervivéncias paganas en la Hispania Tardoantigua(ss IV-VII). Una aproximación desde la religiosidad popular. 2016.




martes, 4 de agosto de 2020

LA ESPADA DE DIOS. LA ORGANIZACIÓN, ESTRUCTURA Y LOGÍSTICA DE LOS EJÉRCITOS DE MAHOMA.

Escrito por Federico Romero Díaz

Tendemos a imaginarnos a los primeros guerreros árabes como intrépidos soldados, que visten amplios ropajes, llevan turbantes en la cabeza y montan sobre nerviosos caballos. También van armados con tan solo una lanza y una curvada cimitarra, pero nos equivocamos. Su aspecto era muy similar al resto de los guerreros romanos o persas de su tiempo. En los ejércitos de estos dos grandes imperios llevaban algunas de sus tribus sirviendo como federados desde siglos. Eran predominantemente soldados de infantería ya que la caballería en ese momento era muy escasa y lucían las mismas espadas, yelmos y cotas de maya que los compañeros de otras naciones que servían en las huestes dePersia o Constantinopla. Vamos a conocer la historia de estos primeros guerreros del Islam.



En el año 632 Mahoma había culminado un largo camino de diez años para asentar su poder en la Península arábiga. En el 630 entraba victorioso en La Meca. A excepción del nordeste, toda Arabia estaba bajo su mando. Hacía unas decenas de años esta península era un espacio donde persas y romanos de Oriente luchaban por ampliar sus territorios de influencia. Los lakmíes, al nordeste eran aliados de Persia y los gasaníes, del noroeste, de los bizantinos. Ambas potencias se desangraron en una larga guerra de 25 años casi ininterrumpidos(603-628) que los debilitó en gran medida y que creó un vació de poder que hizo posible que el proyecto de Mahoma llegara a buen puerto. Los árabes que en el pasado habían luchado entre sí al servicio de uno de los dos grandes imperios estaban ahora bajo un solo mando y en condiciones de desafiar el dominio de sus antiguos amos.

Los primeros guerreros árabes(622-661) conquistarán gran parte del mundo en apenas tres generaciones. Vamos a conocerlos más en                                                                detalle.




MIEMBROS Y ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO

COMPOSICIÓN

Una de las ventajas que tenían los árabes, es que en las tribus beduinas, todos los hombres libres estaban preparados militarmente y se esperaba de ellos que supieran defender sus poblados. Portaban armas y tenían experiencia en guerras tribales. La base de la organización del ejército árabe era la tribu y los clanes que la componían. Los mejores caudillos de las tribus, rú us, ra´is (arraez en castellano)desempeñaban el papel de oficiales, que a veces tenían el papel de adalid enfrentándose en luchas singulares contra otros campeones enemigos. A estos grupos tribales le seguían pequeños grupos de mujeres y niños que se encargaban del ganado que alimentaba al ejército, de montar los campamentos, curar a los soldados, etc. A estas unidades se sumaron a partir del 629 unidades de yemeníes como los abna (infantería y caballería pesada) ya experimentadas al servicio de Persia y Constantinopla.. Otro cuerpo a destacar eran los ahabis, reclutados entre las tribus árabes de Sudán, Eritrea y sur de Egipto.Muy feroces equipados con espadas cortas y rectas, escudos de piel de elefante y larga lanza. Fueron claves en la conquista de Egipto(639-642); los asawira eran persas que se unieron a los árabes tras la derrota del último de sus reyes. Mantuvieron una entidad diferenciada del resto hasta finales del siglo VIII y se asentaron en torno a Basora; los hamra (hombres rojos) eran los antiguos dailamitas del ejército persa, una infantería pesada excelente, muy bien retribuida que fue asentada en torno a la base fortificada de Kufa. Tribus árabes  cristianas del nordeste de Arabia y judías del norte también integraron las fuerzas de los primeros ejércitos musulmanes.

Los mercenarios, al principio no fueron muchos,pero fueron creciendo en número a medida que avanzamos en el siglo VII. Por ejemplo, en la conquista  Persia. En el Norte de África participaron barcos con tripulaciones egipcias, cristianos coptos, grupos de bereberes, etc.

MANDO Y FINANCIACIÓN

Se considera que fue el califa Omar el que estableció la estructura de este ejército. Fue el primero en crear un censo militar, el establecimiento de tributos regulares, la creación de grandes bases militares en los territorios ocupados desde donde seguir lanzándose a la conquista de otros, creó centros de cría de caballos para el ejército y de fabricación de armas en grandes centros de producción. Mantuvo los  sistemas fiscales y administrativos de los territorios sometidos respetando a los funcionarios bizantinos o persas que en ellos trabajaban.Fue, poco a poco, borrando la organización tribal del ejército para sustituirla por otra muy similar a la del ejército bizantino o sasánida.


Sitio de Edesa  (634-638). Wikimedia commons
El jefe supremo de los ejércitos era el Califa que encargaba a los valíes o gobernadores de un territorio determinado reclutar una fuerza. Este gobernador se encargaba de reunir a los soldados, proveerlos de armas y comida y enviarlos a Medina, el nuevo centro de poder. Desde allí, al mando del valí más cercano al destino de las tropas, o al mando de un emir, elegido por el califa se dirigían a su destino.

Los emires nombraban a oficiales de menor graduación para dirigir unidades más pequeñas. por ejemplo los umara al-tabiya al cargo de 1000 hombres divididas en unidades de 100 al cargo de un umara al-Asur y los umara al-urafá de 10 guerreros.

Inicialmente los guerreros musulmanes cobraban por un lado de la parte que le correspondía de la cantidad asignada a su tribu y por otra de su parte en los botines y tasas impuestas a las poblaciones conquistadas. En este momento de formación del ejército, la segunda era bastante más importante que la primera. Los infantes cobraban tres veces menos que los jinetes, ya que estos debían mantener sus caballos. Debían también costearse su equipo y si el soldado moría en batalla su familia recibía la parte que le correspondía. La importancia de los botines hacía que estos primeros guerreros musulmanes se mostraran más interesados en los botines que en la conquista y que si se les ofrecía la cuantía adecuada, podían desistir de su ataque. La conquista de Palestina, Siria y Egipto proporcionaron al califa los recursos necesarios para crear un sistema de pago más regular. 


Movimientos árabes en la conquista de Palestina Wikimedia commons


Un hecho clave en la obtención de estos recursos fue  la política de los conquistadores musulmanes de mantener en sus puestos a los funcionarios de la administración romana o persa en los territorios que conquistaban, usando estos aparatos fiscales y administrativos como la herramienta perfecta para exigir a los territorios conquistados contribuciones en dinero, soldados, marineros o comida para sus ejércitos.  Los nuevos recursos permitieron también a los árabes crear grandes bases en las zonas fronterizas de esos nuevos territorios desde donde poder por un lado lanzar nuevas campañas de saqueo y por otro lado consolidar su dominio aplastando rebeliones. Mantener el ejército no era barato por ejemplo un infante dailamita ( mercenario) cobraba unos 25 dirhems de plata al año. Los jinetes cobraban tres veces más que los soldados de infantería ya que debían de responsabilizarse del mantenimiento de sus monturas. Además de la paga fija, los guerreros tenían derecho a su parte del botín y en caso de muerte del combatiente tanto la paga como la parte del botín eran entregados a la familia del fallecido.

En cuanto al tamaño de los primeros ejércitos musulmanes , debemos explicar que no era muy grande eran pequeños ejércitos en un primer momento pero fueron creciendo a medida que acumulaban victorias y territorios conquistados: 385 personas en el 625, 3000 en la Batalla de Zanja en el 627, 10.000 en la entrada de Mahoma a la Meca en el 630, 13.000 en varios grupos entre los años 633 y 634 en la conquista de Palestina, ya en el 636 luchando en dos frentes Siria e Iraq los ejércitos árabes combinaban unos 54.000 guerreros en total. Su capacidad demográfica era muy débil por lo que reclutaron en los primeros momentos de una manera masiva contingentes de soldados nativos en las tierras que ocupaban.

EQUIPAMIENTO Y ABASTECIMIENTO Y ESTRATEGIA

En estos primeros momentos se aprecia por parte árabe un gran interés por hacerse con armamento, vía saqueo de los vencidos o mediante la imposición de entregas de equipamiento a los nuevos territorios sometidos. La incorporación de las tribus árabes de religión judía y cristiana del norte de Arabia fronterizos con bizantinos y persas y de las ciudades yemeníes, les proporcionó guerreros tan bien equipados como los persas o los romanos, además de artesanos expertos que fueron asentados en centros de fabricación de armas propios( Kufa, Fustat, Basora, etc)


Inicialmente los grupos de guerreros árabes no llevaban casi tren de abastecimiento. Tan solo algunos muchachos y mujeres marchaban por detrás de ellos llevando algunas cabezas de ganado. Se esperaba que el soldado llevara su alimento para los primeros días de la campaña y que luego vivieran de lo que fueran saqueando. Esto les hacía mucho más móviles que sus oponentes persas o romanos que portaban largas caravanas de carros con sus ejércitos

El soldado árabe se parecía mucho en su armamento a sus homólogos persas o bizantinos. El arma fundamental era la espada recta de dos filos,al menos durante los siglos VII y VIII, no curvas como se suele pensar. Se prefería por su calidad el acero indio, más flexible y resistente. Las de caballería eran más largas que las de los infantes. Eran muy valoradas, a veces recibían nombre propio y pasaban de padres a hijos. La lanza o rumh tenían unos 2.5 m para los soldados de a pié. Contaban con una poderosa moharra larga y ancha y asta de madera de morera muy flexible. Los caballeros llevaban la misma lanza pero un metro más larga aproximadamente. También portaban venablos, dardos parecidos a las célebres plumbatae romanas y arco largo (hiyazi) que eran capaces de matar a un guerrero con cota de malla a cien metros, daga de hoja ancha y empuñadura de hueso, mazas, etc. Para defenderse llevaban largas cotas de malla(dir´)similar a la de sus oponentes persas o bizantinos. Los árabes tenían la peculiaridad de que a veces usaban dos interponiendo entre ambas un tejido acolchado.También usaban armaduras de varias capas de cuero endurecido(de buey o vaca), yelmos de influencia sasánida o a partir del 640 de influencia centroasiática que acababan en pico, escudos grandes y redondos. A partir de la segunda mitad del VII se extendió el uso del estribo por influencia de los ávaros. En cuanto a la ropa grandes lienzos que se enrollaban en el cuerpo, un paño corto para la cabeza(´imana), pantalones de tipo persa(sirwal), sandalias cerradas con suela reforzada. Como curiosidad llevaban el pelo largo que a veces se recogían en cuatro grandes trenzas(trenzas sarracenas).
Guerreros árabes del siglo VII.
Los primeros ejércitos árabes eran , como ya hemos comentado, escasos en efectivos y caballería, pero tan bien armados como los de sus oponentes romanos o persas. Su gran ventaja era la rapidez. Tanto la infantería como la caballería acudía a la batalla montada en mulas o dromedarios y sin el entorpecimiento de un pesado tren de abastecimiento ni grandes máquinas de asedio. Esto les hacía llegar al campo de batalla rápidamente y descansados. La caballería no combatía en dromedario usado solo como transporte, debido a lo difícil que es hacerles obedecer en determinadas situaciones en el combate. Tanto la caballería como la infantería inspiradas en el genio táctico de generales como Jalid ,"la espada de Dios" adoptaron novedosos planteamientos tácticos que les fueron muy útiles en campaña.

Ya antes de la aparición de Mahoma o de Abu Bakr, grupos de árabes saqueaban las fronteras persas y bizantinas en busca de botín en una zona que, tras cruento enfrentamiento entre los dos grandes imperios, había quedado desprotegida. A partir del 628 ya serán los árabes de Mahoma los que se aprovechen de la situación saqueando o exigiendo plata y oro para no hacerlo. Pero la guerra había dejado agotados a ambos imperios tanto económicamente como militarmente. Además había otros frentes a los que acudir (guerras internas, los ávaros, etc). Esta falta de atención será aprovechada por Mahoma que se hace con la ciudad de Ayla y desde allí en el 636 penetra a la conquista del sur de Palestina iniciando una expansión fuera de Arabia que va a cambiar el mundo para siempre, aunque esa es ya otra historia.

BIBLIOGRAFIA

Este artículo esta basado en el libro:
Soto Chica, José.--Imperios y bárbaros. La Guerra en la Edad Oscura.-- Madrid: Ediciones Despertaferro, 2019.

OTRA BIBLIOGRAFÍA
Nicolle, David (1994).-- Yarmuk AD 636: La conquista musulmana de Siria.-- Osprey Publishing.
Kaegi, Walter E. (1992). Byzantium and the Early Islamic ConquestCambridge University Press.



jueves, 16 de julio de 2020

EL OCASO DE LOS HUNOS. SU SUPUESTA DESAPARICIÓN DE LA HISTORIA TRAS LA MUERTE DE ATILA.

escrito por Federico Romero Díaz

¿Y tras la muerte de Atila que pasa con los hunos?¿qué sucedió para que en muy pocos años pasarán de ser casi imbatibles a casi desaparecer como pueblo?

Casi todos los amantes de la Antigüedad conocemos el papel que jugaron los hunos a lo largo de su existencia. Sabemos como desde las estepas centrales de Asia Central, esta confederación de pueblos de procedencia étnica variada fue desplazándose hacia Occidente, provocando antes de llegar al limes romano graves problemas en las fronteras de los imperios de China y Persia. A medida que avanzaban hacia el Oeste fueron amalgamando a los diferentes pueblos que caían bajo su dominio.

Territorios bajo dominio huno en la segunda mitad del siglo V d.C. Wikimedia Commons.
Tras entrar en contacto con Roma en el siglo IV d.C y servir en sus ejércitos como mercenarios fueron experimentando un progresivo proceso de unificación entre sus diferentes clanes y tribus que culminó poniendo a la inmensa mayoría de los hunos bajo el mando de un único jefe, Atila. El caudillo dominaba un basto imperio de miles de kilómetros cuadrados en el que no solo se encontraban los hunos sino multitud de pueblos que habían cedido ante su avance como los godos, los hérulos, los gépidos, los sármatas, los alanos, los esciros, los rugios, etc. Puso a los dos imperios romanos contra las cuerdas exigiéndoles enormes tributos y saqueando sus ciudades y territorios cuando se negaban a pagarlos. A pesar de su derrota en la Batalla de los Campos Cataláunicos en el 451 el jefe de los hunos aún se permitió devastar todo el norte de Italia al año siguiente. Solo la inesperada muerte de Atila en el 453, en su noche de bodas, pudo aliviar la presión sobre los romanos.

Morte di Attila, Ferenc Paczka. Wikimedia Commons

Vamos a ponerle nombre y fechas al proceso de construcción del los hunos como potencia europea. Entre los años 350 y 410 los únicos hunos de los que los romanos tenían noticia eran los miembros de algunos grupos de saqueadores o de mercenarios al servicio de Roma. En el 441 Bleda y Atila realizaron el primer ataque contra territorio romano en muy pocos años se convirtieron en un poderoso imperio. Si asombroso fue su ascenso, más sorprendente fue el desplome de su poder, en el 469, solo dieciséis años después de la muerte de Atila, los últimos hunos trataban de encontrar asilo en las fronteras de Roma en Oriente.

Jordanes, que dice basarse en los textos de Casiodoro, afirma que el origen del desplome huno radica en el enfrentamiento entre los hijos de Atila. Al menos tres de ellos aparecen como cabecillas de grupos importantes de hunos( Dindzico, Ellac y Hernac) aunque es posible que hubiera más participantes es esa disputa por el poder. La guerra civil se desató entre los diferentes aspirantes, cosa que fue aprovechada por uno de los grupos germánicos sometidos al imperio huno, los gépidos, para rebelarse y dejar de contribuir con dinero y tropas a sus antiguos amos. En el 454, a orillas del río Nedao se libró la batalla entre los gépidos rebeldes encabezados por Ardarico y sus aliados ( no esta claro si todo se dirimió en una sola batalla o si fueron varios enfrentamientos ni exactamente que pueblos se aliaron con ellos) y las fuerzas del imperio huno. En la batalla fallece el hijo de Atila, Ellac y las fuerzas hunas huyen al este de los Carapatos y al norte del Mar Negro, lo que supuso que los múltiples pueblos vasallos ( godos, suevos, alanos, hérulos, rugos, sármatas, esciros, etc) se vieran de repente libres del dominio huno. Los hijos de Atila no obstante fueron capaces entre el 454 y el 460 de desencadenar ataques contra estos antiguos aliados y contra el Imperio Romano desde sus bases en los Cárpatos. Es curioso constatar que todavía en el 467 y 468 cuando Dindzico, otro de los hijos de Atila, lanza un ataque contra el Imperio Romano de Oriente lo hace contando con un nutrido grupo de guerreros godos, lo que demuestra que al menos en su territorio los hunos siguieron teniendo un poder más que considerable sobre otros pueblos vecinos. Sin embargo la división entre las diferentes tribus de hunos supuso una debilidad insalvable que les impidió aprovecharse de las luchas entre suevos, godos y esciros en la región del medio Danubio. El corte en tributos y soldados de los pueblos vasallos fue debilitándolos aún más y acabaron por convertirse en víctimas de sus antiguos vasallos. La posición de Dindzico y Hernac, los dos hijos de Atila que aún quedaban con vida a mediados de la década de 460 era insostenible en el norte del Danubio ante el empuje de los godos dirigidos por los Amalos. Trataron de atacar el limes, pero el general romano Anagastes los derrotó y exhibió la cabeza de Dinzcico en Constantinopla.

El grupo de Hernac fue capaz de adaptarse a la nueva situación y cedió ante los romanos siendo su clan reinstalado junto al Danubio en la "Pequeña Escitia", en la actual frontera entre Rumanía y Bulgaria. El poderío huno independiente al norte del Danubio había desaparecido de una manera brusca y total. la incorporación de este grupo de hunos como auxiliares del Imperio fue trascendente en diferentes aspectos. Por ejemplo fueron los causantes de la adopción del arco compuesto asimétrico en el ejército del Imperio, proporcionándole una importante ventaja en las décadas siguientes frente a sus enemigos persas, vándalos, ostrogodos, etc en las campañas de Belisario y Narses, entre otras. Se puede rastrear su existencia como federados del Imperio hasta bien entrada la segunda mitad del siglo VI. Poco a poco se irán mezclando co los pueblos que les rodean hasta perder su rastro.

Los hunos, a diferencia de los romanos no fueron capaces de integrar a sus pueblos vasallos que siguieron siendo gobernados por sus propios reyes o jefes y conservando casi intactas su estructura político-social. Tras la muerte de Atila y el corte de las continuas conquistas territoriales y botín en las que se basaba el imperio huno aumentó entre los pueblos sometidos el deseo de liberarse de su dominio. La independencia, que no se consiguió sin derramamiento de mucha sangre, fue más fácil en los territorios alejados del núcleo en el que se asentaba el poder huno( en torno a los Cárpatos) que en las regiones más periféricas.



Batalla entre hunos y Alanos. Grabado de Johan Nepomuk Geiger. 1870.



La gran masa de hunos derrotados se establecieron en lo que hoy son las llanuras de Ucrania donde formaron tres grupos, los onoguros, los cutriguros y los utriguros. Estos pueblos se consideraban descendientes de los hunos de Atila y son la base del pueblo búlgaro. De estos pueblos surgieron varias ramas que en algún caso han llegado hasta nuestros días. Hablamos de los Hunos del Caucaso, asentados en el actual Daguestán, un pequeño pueblo de miles de personas que curiosamente se asientan muy cercanos a los restos de otro gran pueblo nómada de la Antigüedad, los avaros.

 Los hunos no desaparecen de la historia, aunque su recuerdo quedará grabado con fuego y sangre en la memoria de sus víctimas llegando hasta nuestros días pero además, como ya hemos indicado han sido capaces de pervivir hasta nuestros días no solo representados en los "Hunos del Caucaso" sino formando la base étnica del pueblo búlgaro( que proviene de onogur) sino también de los húngaros donde además con los años se mezclan con los magiares.






BIBLOGRAFÍA.

Jordanes.--Historia goda(Getica)
Heather, Peter.--La caída del Imperio Romano.-- Crítica, 1999
José Soto Chica.--Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura.-- Desperta Ferro Ediciones, 2019
Goldworthy, Adrian.--La caída del Imperio Romano.El ocaso de Occidente.-- La esfera de los libros, 2009.