miércoles, 31 de mayo de 2023

EL DEPORTE REY DE LOS ROMANOS. LAS CARRERAS DEL CIRCO A LO LARGO DE SU HISTORIA.

En contra de lo que podamos pensar, el autentico espectáculo de masas del mundo romano, el fenómeno que atraía a miles de seguidores de algunas de las cuatro facciones identificadas con cuatro colores diferentes fueron las carreras del circo. El origen de este espectáculo en Roma se remonta a los momentos más remotos de su historia. Todo parece indicar que los romanos le deben la afición a las competiciones del circo a los etruscos que, a su vez lo importaron de la Magna Grecia, la zona del sur de Italia donde se ubicaban numerosas ciudades fundadas por los griegos. 

Un día cualquiera en las gradas del circo.

Orígenes legendarios e inicios republicanos.

Según Tito Livio (35.7-9) fueron los mismos Rómulo y Remo los primeros en celebrarlas. Es al rey de Roma Tarquinio Prisco(616-579 a.C) al que se le atribuye el mérito de la creación del Circo Máximo en una depresión situada entre las colinas del Palatino y el Aventino. Independientemente de que sean ciertos o no, es indiscutible que en el imaginario colectivo romano se tenía consciencia de que las carreras del circo se celebraban desde época muy remota. Inicialmente tuvieron el mismo carácter de las que celebraban etruscos y griegos: como competición entre nobles, que, además eran los únicos con capacidad para permitirse el coste que suponía la adquisición y mantenimiento de los equipos y caballos necesarios. Competían por el simple prestigio, por el afán de ganar y el honor que esto suponía.

Así siguió siendo no solo durante el periodo que conocemos como monarquía, también durante la primera fase de la República. Por ejemplo Manio Valerio Máximo, dictador en Roma en el 494 a.C, vencedor de los sabinos, fue el primero en disfrutar, al menos que nosotros sepamos, del honor de recibir un palco privado en el Circo Máximo, además del derecho de poder trasmitírselo en herencia a sus descendientes.

Auriga griego. Bajorrelieve del último cuarto del siglo VI a. C. procedente de Cícico, Museo Arq. de Estambul.(W.Commons)

Cambio de paradigma

A medida que avancen los siglos el dinero privado en la organización de este tipo de espectáculos irá dejando paso al dinero público. El estado irá aumentando la cantidad de recursos destinados a la celebración de las carreras de carros, especialmente en los grandes festivales como por ejemplo los ludi romani dedicados a Júpiter que se empezaron a celebrar en el 366 a.C y que con los años pasaron de celebrarse en un solo día a ocupar una quincena de septiembre entera.

Hay un momento, no sabemos exactamente cual, en la última fase de la República, en el que se produce el gran cambio: se abandona la influencia griega y las carreras dejan de ser una competición entre nobles, ahora se convierten en un fenómeno popular, el Estado deja de organizar directamente el espectáculo y decide subcontratarlo. Surgen las facciones, presentes en todos los circos de la geografía romana. Primero la roja (rusata) y la blanca (albata) y después las que se mostrarán como las más poderosas: la verde (praesinia) y la azul (veneta).

Ahora la celebración de carreras se ha convertido en un factor de prestigio político que muchas de las grandes figuras del final de la República utilizarán para ganarse el favor de los romanos y prosperar políticamente.

Hay muchas incógnitas sobre algunos aspectos claves del deporte rey en Roma. Por ejemplo, no está claro que diferenciaba a una facción de la otra, ni que razones llevaban a una determinada persona a seguir a la una o a la otra. Lo que sí sabemos es que se dieron, al igual que en la actualidad casos de auténtico fanatismo. Por ejemplo, un aficionado de la facción russata se arrojó al fuego de la pira funeraria de su auriga favorito Félix, porque ya no podía soportar la vida sin su héroe(Plinio, NH7.186)

Mosaico romano representando una carrera de carros en el Circo, primera mitad del siglo II d. C., Museo Arqueológico de Lyon

Alto Imperio

Los sucesivos emperadores irán añadiendo gradas, mejorando las instalaciones del Circo Máximo, embelleciendo un edificio que llegará a tener capacidad para 250.000 espectadores. Pocos edificios de espectáculos, hoy día pueden comparársele en capacidad. Vamos a ir analizando lo más destacable de cada emperador en relación a las carreras del circo.

El mismo Augusto se mostrará como un maestro en la utilización política de estos ludi circensi. Tras el gran incendio del 31 a.C construyó en piedra la parte baja del graderío destinada a la nobleza y recuperó festividades como los Ludi Saeculares o los Ludi Martiales en los que celebró entre otros espectáculos numerosas carreras de carros. El mismo en la “Res Gestae” una especie de biografía en la que el propio Augusto recopila todos su "méritos" afirma que:

“Los gastos que afrontó en espectáculos escénicos y juegos de gladiadores, en atletas, en cacerías, en las naumaquias.. son incalculables”.

Tiberio no gustaba de estos juegos aunque nunca dejó de celebrarlos, ya que era consciente de lo importantes que eran política y socialmente. Calígula era por el contrario un fanático de las carreras de carros y un acérrimo seguidor de la factio de los verdes. Son muchas las anécdotas que le relacionan con el mundo del circo: adoraba a su caballo Incitatus al que cubrió con una manta de púrpura y piedras preciosas y al que le construyó un pesebre de mármol y marfil.; aumentó el número de carreras que se podían disfrutar desde el amanecer hasta el anochecer, edificó un circo propio conocido como el Circo de Cayo (su verdadero nombre)y Nerón entre el mons Vaticnus y el Tíber. Incluso para molestar a los senadores y ganarse al pueblo, alteró el orden de sentarse en las gradas.

Escena de la película Calígula (Tinto Brass, 1979)

Claudio supuso una vuelta a la armonía, perdida con su sobrino. Puso límite a los excesos de los verdes y creó asientos específicos para los senadores, para resarcirles de la humillación a la que les sometió Calígula. Impidió la  picaresca que recurría a incumplimientos en los ritos religiosos previos a las carreras para conseguir que estas se repitieran y sobre todo invirtió en la reforma del Circo Máximo, construyendo en piedra las gradas que todavía estaban realizadas en madera, además de colocar metas doradas y cárceres( lugar desde el que se iniciaban las carreras) de mármol y piedra.

Alienación para la carrera. Ulpiano Checa

Nerón, al igual que Calígula, era otro apasionado de las carreras del Circo Máximo. Practicaba como auriga públicamente. Incluso llegó a participar en varias carreras. En los Juegos Olímpicos de Grecia ganó varios trofeos, incluso a pesar de no participar o de caerse en plena competición. Al edificio del Circo Máximo añadió un arco del triunfo en uno de sus extremos. A él se le atribuye la costumbre de lanzar un pañuelo al suelo para señalar el comienzo de las carreras. Estableció cual debía ser el puesto adecuado para la clase ecuestre. Un dato curioso, Suetonio nos cuenta que asesinó a Popea de una patada cuando estaba embarazada, porque esta le echo en cara que llegara tarde al hogar a causa del entrenamiento como auriga. Vitelio uno de los cuatro emperadores del 69 d.C era otro fanático, en este caso de la factio de los azules, de las carreras de carros. Sufrió una grave caída en una carrera que le dejó incapacitado para poder seguir practicando como auriga.



Domiciano(81-96) fue el más generoso de los Flavios con las carreras del Circo Máximo. Suetonio nos cuenta que llegó a asesinar a ricos senadores y caballeros para poder quedarse con sus fortunas y poder así financiar los gastos de las carreras de carros en las que además, subastaba entre el pueblo que le amaba, generosos premios contenidos en boletos guardados en bolas que se lanzaban al público. Se le llegó a acusar de escándalo por su relación amorosa con París, el pantomimo y bailarín de los verdes. El asunto se cerró con Juvenal exiliado en Egipto por sus críticas y con Paris muerto según unos y exiliado en Antioquía según otros.


Los Antoninos.

Cuando Nerva llegó al trono se encontró con las arcas del tesoro vacías. Hubo que hacer recortes y una de las cosas en las que se decidió ahorrar fue en la celebración de espectáculos públicos. Curiosamente con su su sucesor, Trajano se llega a uno de los momentos de gran esplendor en la celebración de las carreras del circo Máximo. Los enormes botines procedentes de las campañas de Roma en Dacia servirán, entre otras muchas cosas, para forrar toda la estructura del edificio en mármol. Añadió nuevas gradas al lugar que pasó a poder albergar a 250.000 personas. Es con este emperador cuando Juvenal acuña la expresión panen et circensis para criticar el adormecimiento y la falta de interés por la política del pueblo romano satisfecho con espectáculos y alimentos gratuitos distribuidos por el Estado. Adriano un apasionado de las luchas de gladiadores y de la caza, se limitó a mantener lo hecho, al igual que su sucesor Antonino Pío que se vio obligado a reconstruir el Coliseo tras un incendio que lo destruyó en parte y a reparar el Circo Máximo tras el derrumbamiento de una parte de las gradas que supusieron la muerte de unas 1.000 personas del público. Lucio Vero un fervoroso seguidor de los verdes era el propietario del caballo Volucris(alado) al que colmó de comodidades de la misma manera que muchos años atrás lo hizo Calígula con Incitatus. Marco Aurelio, el emperador filosofo, no gustaba de las carreras, pero conocedor de su importancia social y política mantuvo su celebración. El último de los antoninos, Cómodo (180-193), además de entrenar y exhibirse como gladiador gustaba mucho de las carreras del circo, era seguidor de los verdes. Contaba con carros capaces de medir las distancias reales que se recorrían

El emperador Cómodo en el Coliseo Edwin Howland Blashfield (1848-1936).

Los Severos

La llegada al trono imperial del militar norteafricano Septimio Severo costó mucha sangre romana, ya que tuvo que luchar contra otros dos grandes generales para convertirse en emperador: Pescenio Niger en Oriente y Clodio Albino en Occidente. El circo, durante este periodo de luchas civiles seguirá aumentando su importancia. Tras la destrucción de Bizancio por las tropas de Severo lo primero que se manda reconstruir en la ciudad que había osado oponerse a Severo fue el circo.

Vista aérea Ciudad de Constantinopla en el siglo IV.

El de Roma servirá como lugar donde el público manifieste libremente al emperador su disgusto por la continuación de las luchas civiles entre romanos o donde protesten contra los abusos del poderoso Prefecto del Pretorio y amigo de Severo, Plauciano. Nos cuenta Dion Casio que el odio entre Caracalla y Geta, los dos hijos del emperador se originó cuando ambos eran niños, en una carrera de ponis, en la que ambos competían. Al parecer Caracalla se cayó y se rompió la pierna. Al parecer ambos eran muy aficionados a las carreras, Geta a la factio de los verdes y Caracalla a la de los azules. El asesinato de Geta a manos de su hermano fue seguido del exterminio de más de 20.000 seguidores de los verdes fieles a Geta, entre ellos el famoso auriga Euprepes con más de 782 victorias en su currículo deportivo.

Caracalla también practicaba, aunque a diferencia de Nerón o Calígula en privado, como auriga. Tenía un circo desmontable que se llevaba en sus campañas militares para poder seguir disfrutando siempre de su pasión. Heliogábalo era fiel a los verdes y tras su asesinato algunos personajes de esta facción como Protógenes o Cordio fueron ejecutados. Alejandro Severo el último de su dinastía, debido al estado ruinoso de las arcas romanas, tratará de poner cordura en los gastos del circo y de implicar más a los senadores romanos en los gastos que implicaban.

En las fuentes se nos cuenta que Heliogábalo otro apasionado de las carreras del circo, guiaba en el circo de Cayo y Nerón, en la colina Vaticana una cuadriga tirada por elefantes sobre una pista cubierta de sepulcros. Tuvo que destruir algunos de ellos para poder practicar su afición sin obstáculos.


Crisis del Siglo III

A su muerte en el 238 se abre el periodo de anarquía militar, de problemas en todos los aspectos conocidos como la Crisis del siglo III, que no finalizará hasta la llegada al poder de Diocleciano en el 284.

A pesar de lo que podamos imaginar, las carreras de carros no se dejaron de celebrar, asociándose a las festividades religiosas y al patrocinio de personajes poderosos. Filipo el Árabe durante la celebración de los Juegos Seculares por los 1.00 años de la existencia de Roma, Galieno, o Probo son solo algunos de los numerosos emperadores que se sucedieron en este turbulento periodo y que podemos asociar a la celebración de carreras de carros.

Elefantes en el circo. Andrea di Leone 1635-1640. (W. Commons)

La pasión por las carreras de carros se había convertido en una autentica constante en la historia de Roma que no dejará de crecer con el paso de los siglos. Tras la cada del imperio en Occidente seguirán aún celebrándose carreras en muchas de las ciudades de esos nuevos reinos bárbaros, mientras que en el Oriente, al abrigo del patrocinio imperial se convertirá en el lugar por excelencia en el que el pueblo y el poder imperial se encuentren. Allí se celebrarán las coronaciones de los nuevos emperadores, se iniciaran revueltas que harán tambalear el orden establecido, se reclutarán defensores que defiendan la ciudad de las agresiones externas, etc aunque esa es ya otra historia.

BIBLIOGRAFIA 

Álvarez, D.--Panem et circenses, Madrid: Alianza, 2018.

Ciceron.-- Cartas a Ätico, Gredos, 1996

Juvenal.-- Sátiras.Alianza.2010.

Plinio el Joven.-- Epistolas

Polibio.--Historia de Roma, Alianza, 2008

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