viernes, 3 de marzo de 2017

CORDUBA, LA CIUDAD REBELDE AL PODER VISIGODO

ESCRITO POR FEDERICO ROMERO DIAZ
Todas las ciudades tienen un pasado, aunque el de algunas es más interesante. Córdoba tiene una historia apasionante. Lo curioso es que a mí lo que más me atrae de su pasado es su época visigoda. Durante gran parte de este periodo, en alianza con otras ciudades de la Bética o en solitario la ciudad permaneció independiente del poder visigodo. En otras ocasiones los rebeldes al trono se asocian a su poderosa oligarquía hispanorromana para hacer frente al poder del Reino de Toledo. Llegan incluso a estar durante algún periodo bajo en gobierno bizantino. En defnitiva, el marco ideal para una buena novela.
Con la caída del imperio romano, y las invasiones bárbaras, Corduba fue saqueada por los vándalos, ocupándola, temporalmente, en el año 411.
A inicios de la época visigótica, Corduba, junto a otras ciudades de la Bética como Híspalis, son prácticamente independientes. Aunque el Imperio Romano de Occidente había desaparecido, la ciudad se siguió rigiendo por instituciones romanas.
El rey Agila I profanó la tumba de San Acisclo mártir, motivo por el cual la ciudad se rebeló. Durante el levantamiento de Atanagildo, éste pidió ayuda al emperador Justiniano I de Bizancio para derrotar al rey Agila. Éste accedió a enviarle un contingente, y acabó ocupando Corduba en el año 550, derrotando a Agila y muriendo su hijo en la batalla. Los bizantinos también ocuparon parte de la Bética, con el apoyo de sus ciudadanos, que deseaban volver al Imperio Romano, convirtiéndose en la provincia Spania del Imperio Romano de Oriente.. Atanagildo intentó conquistar la ciudad en el 568, sin éxito.
El rey Leovigildo, en el año 572, aprovechando la guerra que libraba el emperador Justino II contra los persas, tomó Corduba. Debido a este hecho, el prestigio de Leovigildo subió tanto que por primera vez un rey visigodo se atrevió a usar los símbolos de la realeza: cetro, corona y manto, acuñando moneda en su propio nombre. Pese a ello la ciudad volvió al poco tiempo a formar parte del imperio bizantino.
Hermenegildo, hijo de Leovigildo y duque de la Bética, se convirtió al catolicismo y se rebeló contra su padre, de religión arriana, siendo apoyado en el año 579 por Corduba y otras ciudades béticas y del Valle del Guadiana. Hermenegildo fue derrotado en Hispalis en el año 584, refugiándose en Corduba, que vuelve a ser tomada por los visigodos.Apresado por su padre y es exiliado a Valentia Edetanorum.
A mediados del siglo VI se construyeron monumentos como una iglesia situada en el emplazamiento del actual convento de Santa Clara (de fuerte influencia bizantina, con la planta en cruz inscrita, siguiendo los modelos de Ravena y Constantinopla), la iglesia de los tres santos (San Fausto, San Genaro y San Marcial), situada bajo la actual iglesia de San Pedro, la iglesia martirial de San Acisclo (construida en el complejo palatino de Maximiano Hercúleo) y la Basílica de San Vicente Mártir.
La ciudad, por motivos religiosos (por la fuerte implantación del catolicismo frente al arrianismo) y por afinidad al imperio romano, tardó en aceptar el poder visigodo, lo que demostró mediante numerosas revueltas. Esto provocó una disminución de su influencia en el reino visigótico, frente a otras ciudades como Hispalis.